Capítulo 26: Dos lados.

Mantenme cerca
en tus sueños.


Ese día todo cambió. Después de unos segundos de que abrí mis ojos, noté algo diferente, algo sorprendente… ya no había dolor en mi cabeza y más importante aún, podía pensar y hasta podía tener recuerdos. ¡Recuerdos!

Claro que mi cuerpo era muy diferente al que estuve usando desde hace años, mi rango de visión no era el más óptimo, tenía garras demasiado desproporcionadas para mis manos, pero el precio por esta increíble claridad mental era muy poco. Llegaba a un lugar y sabía exactamente donde estaba además del cómo llegué ahí. Y lo mejor de todo, al siguiente día podía recordar todos los eventos del día anterior… fascinante.

Con el pasar de los días, me percaté que el procesamiento de mi pensar se desarrolló a niveles insospechados. Mis pensamientos tenían pensamientos y yo podía observar todo el proceso. Estaba por encima del mundo de los sentidos, me encontraba en mi propia mente y por primera vez era dueño completamente de todas mis acciones y pensares.

Todo este potencial, los demás pokemon también tenían estas capacidades, pero no aprovechaban al máximo toda esa agilidad mental, y cómo podían, desde que nacieron su mente tuvo todas esas características, a diferencia de un desastre de sentimientos y pensamientos que parecen no provenir de alguna parte ni avanzar en alguna dirección. Se les había vuelto algo común, cotidiano, no podían apreciar ese regalo, no podían estar agradecidos por ello, no cómo yo.

Los días transcurrieron y aún me di cuenta de algo más sobre mí. Tenía hambre, una que no saciaba con todas las bayas y frutos del mundo. Empezó sutilmente, primero unas cuantas batallas, pero después los combates se transformaron, y todos terminaban con el mismo resultado, solamente un pokemon respirando. Ciertamente había muchos pokemon más fuertes que yo, pero nadie podía utilizar todo el potencial de sus capacidades intelectuales, puede que ellos tuvieran más habilidades especiales o músculos más desarrollados, pero mis hazañas cognitivas superaron por mucho cualquier truco que pudieran emplear. Estaba en la cima de la cadena de mando, era invencible.

Estando en el pináculo de mi felicidad, un buen día desperté para toparme con un curioso artefacto frente a mí, este tenía dos espejos transparentes.
"Ponlos frente a tus ojos," escuché de un bulto negro a cierta distancia. Obedecí y todo el mundo se volvió nítido, podía percibir las cosas con una mayor calidad de detalle, vi a un, ¿absol? Eso sí fue extraño, rara vez se suelen ver a los absol, más aún, este tenía la cara blanca y un collar con plumas negras.

"Gracias por el regalo, absol desconocido. Aunque me temo que estás en mi territorio, así que tendré que pedir que te retires," Sugerí amablemente a lo que él no se inmutó en lo más mínimo.
"De acuerdo, si no respondes con mi advertencia, me veo obligado a utilizar la fuerza," dije confiado, ese absol no parecía ser un oponente muy fuerte. Crucé mis garras frente a mi pecho y esperé a que él se aproximara el ataque.

"No quiero pelear, Cameron."

Mi nombre, nadie realmente sabía mi nombre desde que… él no sólo sabía quién era yo, sino, qué era yo. No tenía sentido, mi conducta no podía asemejarse nada al errático día a día de un psyduck, no frecuentaba los mismos lugares y mis pasatiempos cambiaron a unos que exigían más de mis nuevas capacidades. La única respuesta lógica era…

"¡Lo siento! ¡Por favor perdóname!" Caí en mis rodillas y supliqué. "Por favor perdona mi insolencia, yo no sabía que eras tú, mi salvador."

"Levántate Cameron, no hace falta que hagas todo eso."

Me levanté con lágrimas en los ojos.

"Cameron, te di una oportunidad, un regalo y te he estado observando. Tú eres justo lo que necesitó para mi organización. Ven conmigo, y te enseñaré a que afines tus habilidades, juntos podremos hacer un gran bien para todo este mundo."

Mi salvador requería de mi ayuda, no lo iba a decepcionar. "Soy su humilde sirviente, Maestro."


El pokemon de grandes garras blancas se levantó del suelo terroso sobre el que reposó. Estiró sus brazos y piernas para quitarse el sueño de encima. Sabía que su adversario llegaría pronto.

Miró alrededor con su atención sobre varios cactos distribuidos en el cuarto pequeño donde se encontró. A su espalda hubo una pared con el número "99" impreso, además de varios botones de colores, uno de ellos, de color rojo, estuvo cerca del suelo y fue más grande que los otros. A un lado de este, se encontró una gruesa puerta de hierro.

"Esto puede ser el fin, pero estaré contento si con esto puedo hacer feliz a mi Maestro. Él me dijo lo qué tenía que hacer, así que todo estará bien mientras aún pueda servirle al Maestro," pensó cuando el pato amarrillo entró en la habitación.

–Hola otra vez, Ke. –dijo el pokemon oscuro sonriendo sólo de un lado de su cara e hizo una pequeña reverencia–. Siempre es un gusto.

El pato amarillo lo miró inexpresivamente, se acomodó la capa café maltratada que cubrió la mitad izquierda de su cuerpo.

–Entiendo que no quieras hablar, es decir, tiene sentido que estés enojado. Yo me quedé con tu cuerpo, maté a tu maestro y a tú, ¿compañera? ¿Amiga? ¿Novia? –dijo esto último mientras movió sus manos en círculos fingiendo una cara de confusión–. La verdad nunca supe bien la relación entre ustedes.

El brazo derecho del pato se tensó inmediatamente y sus delgadas garras largas con manchas grises se mostraron.

–Así me gusta, estimado Ke. Si ya estás listo te voy a explicar la batalla. –Se ajustó sus lentes en su cara. –Cómo ya sabes, mi tipaje me protege totalmente a tus ataques psíquicos, por si tu mente primitiva lo había olvidado. Además, las plantas espinosas que ves a lo largo de la habitación tienen la particularidad de absorber instantáneamente el agua, así que cualquier movimiento como chorro de agua está fuera de la mesa. –Cameron señaló hacia el techo. –Por último, seguro que ya notaste que la iluminación de todo el lugar no está basada en antorchas ni alguna clase de llama, es una precaución extra desde la última vez que jugaste con Printher. –Dio un paso al frente y pegó a su cuerpo sus garras cruzadas. –Así que será una batalla garra contra garra. –Sonrió de oreja a oreja. –Una verdadera batalla de Garra helada a muerte, como las que estoy seguro has enfrentado muchas veces en el pasado.

Ambos al mismo tiempo dieron un pequeño salto hacia atrás y dieron un arañazo al aire, Ke con la garra derecha y Cameron con la izquierda.

El pato se sorprendió un segundo, pero su cara inexpresiva regresó rápidamente.

El pokemon oscuro cruzó los brazos frente a él y esperó el ataque.

Ke dio un gran salto mientras trató de arañar con la mano derecha, pero Cameron interceptó su brazo y desvió su mano hacia arriba haciéndole perder el equilibrio.

El pato cayó al suelo, aunque de inmediato se puso en pie apoyado en su mano derecha. Vio la expresión burlona de su oponente y, sin pensarlo, fue al ataque.

Mientras Ke tiraba un arañazo tras con su mano derecha, Cameron esquivaba sin dificultad cada uno.

En un momento, el pato respiró hondo y lanzo un pequeño torrente de agua de su pico, el cual enseguida cambió su dirección del enemigo al de uno de los cactos.

–Vamos, Ke. No hay porque ser tan desconfiado. Te dije que no intentaras nada con el agua. ¿Eres idiota o sólo estás siendo psyduck? –El pokemon con garras blancas dijo eso último con una risa fingida.

Él no cambió su falta de expresión, sólo dio un fuerte arañazo que su oponente desvió hacia uno de los cactos, el cual terminó partido en tres.

Ke se detuvo para mirar su mano derecha, pero después de un segundo, emprendió la ofensiva de nuevo.

Cada arañazo que dio no logró tocar a su enemigo, más aún, lo único que terminó desgarrado y herido fue el montón de cactos en la habitación.

En medio del cuarto, con varios pedazos de plantas y espinas rotas en el suelo, el pato comenzó a bufar y a sudar mucho.

–¿Acaso estás cansado? Ya me lo imagino. Haber subido todas esas escaleras, combatir a tantos pokemon. Debes estar exhausto –dijo mirando hacia abajo al pato que de repente guardó sus garras y puso su mano derecha en su cabeza amarilla–. Parece que no estás tan cansado como para intentar ataques psíquicos, pero es totalmente inútil, como ya te dije.

–Psy ya –murmuró a la vez que flotaron todos los pedazos de cactos que antes estuvieron en el suelo. Al unísono todos los trozos se estrellaron contra el pokemon oscuro.

–¡Yaaah! –Cameron dio un gran grito de dolor mientras se quitó de encima los cactos y todas las espinas que pudo. – ¡Maldición! ¡Ahora sí ya me hiciste enfurecer!

El pokemon con grandes garras corrió hacia la pared llena de botones y presionó uno de color azul. De pronto, la habitación se volvió muy fría y oscura. El suelo bajo sus pies, además de las paredes comenzaron a llenarse de hielo, hasta los cactos y trozos de ellos se congelaron totalmente.

Cameron caminó lentamente hasta Ke.

–Nada mejor que una fresca ventisca, ¿no, Ke? Un pokemon tipo agua como tú debe estar helándose hasta los huesos, mientras que un verdadero weavile como yo, se siente extremadamente cómodo. ¿Cuánto tiempo crees que puedas soportar este frío? –dijo acomodándose los lentes–. Que comience la verdadera batalla. Todo o nada.

Ke no podía dejar de temblar, pero su expresión en la cara permaneció igual. Frente a él, Cameron volvió a cruzar las garras.

Inesperadamente de atrás del pato salió un bicho con pelaje blanco en el cuerpo.
–¡Cielos, Ke! ¡Hace mucho frío! –dijo Kable.

Ambos contendientes se quedaron paralizados ante la intromisión de ese tercero.

–Descuiden, chicos. No quiero distraerlos de su pelea, sólo déjenme pasar por aquí y…

Cameron se entrometió en el camino del bicho. –Nada de eso, Kable. Para pasar al siguiente piso primero acabas con el piso en el que estás. ¿Qué aquí hay únicamente exploradores novatos? Deberían volver cuando…–No pudo terminar la oración al recibir un gran arañazo que lo empujó un par de metros.

–¿Qué pasó con Light? –Cuestionó el pato al insecto.

–Está bien. Pude liberarlo y regresó al pueblo para ir por refuerzos.

–De acuerdo, Kable, vete de aquí. Puedes subir, pero recuerda que Advance es todo mío. –Indicó el pato, tras lo que se lanzó contra el pokemon oscuro.

Cuando el insecto con pelaje desapareció de su vista. Ke y Cameron intercambiaron fuertes choques de garras, el pato con su derecha y el otro con ambas. Pero no se causaron el mayor daño.

Ke dio un pequeño salto hacia atrás, tembló mucho, pero logró concentrarse y escupió un delgado chorro de agua hacia Cameron. Este lo deshizo en el aire con una garra, pero no se percató cuando el pato le dio un rasguño en la cara con su mano derecha. Volteó su mano y le dio otro rasguño a contra pulso, luego tacleó a su oponente dejándolo en el suelo.

Él quiso arañar a su oponente de nuevo, pero una sensación invadió todo su cuerpo. Se estremeció tanto que cayó sentado. El frío. Todo ese tiempo bajo esa temperatura empezó a causarle estragos. Notó como sus plumas se estuvieron llenando de escarcha y hasta sus tres pelos en la cima de su cabeza se vieron cubiertos con pedazos de hielo.

Cameron se levantó con heridas leves que tuvieron sangre congelada pegada a ellas. –No lamento decir que te lo dije –Cerró los ojos y volteó la cabeza en señal de negativa–. Te di la ventaja de decirte mis planes y ni aun así pudiste hacer algo. No sé lo que mi maestro vio en ti. Eres tan patético como cualquier psyduck.

El ave acuática no dijo nada y permaneció sentado en su lugar temblando.

–¿Aún nada, Ke? No sabía que fueras tan rencoroso. Te gané en una batalla justa –dijo aproximándose a él.

El pato guardó sus garras y puso su mano derecha en su cabeza.

–¡Otra vez con eso! Tal vez te funcionó antes, pero yo conozco los poderes psíquicos. Requieren concentración y energía. Y creo que en este punto no te queda mucho de las dos. Menos aún para mover todos los cactos congelados, o lo que sea que estés pensando hacer. –Colocó sus garras justo debajo de la cabeza del pato. –Ya me divertí suficiente. Es hora de terminar.

Sin previo aviso, una lanza de madera con punta de roca afilada pasó rozando la cabeza del pokemon oscuro. Con gran sorpresa, volteó a ver a la pared percatándose que una pequeña estalactita de hielo estuvo presionando un botón verde en la pared.

–¡Desgraciado! –gritó Cameron, pero cuando volteó sólo vio la capa sucia que antes estuvo sobre Ke, ahora en el aire entre ellos dos. "No tiene energías para saltar hacia ningún lado, seguro que trata de atacarme," pensó y en un rápido movimiento direccionó su garra derecha hacia el frente.

La garra de Cameron chocó fuertemente contra algo muy resistente e hizo un sonido resonante que retumbó en todo el cuarto. En un instante, las garras en su mano derecha estallaron en trizas ante el impacto. Esto provocó que cayera de espaldas del asombro, no pudo comprender lo que pasó hasta que lo vio a él.

La capa de tela café ya en el suelo dejo ver a un pato amarillo con algo atado con gruesas vendas blancas a su brazo izquierdo, era una especie de pico largo con tres cuernos formando un tridente, esto último siendo color dorado y de apariencia metálica. Las tres puntas afiladas del tridente apuntaron a la misma dirección que el brazo del pato, hacia adelante.

"¡No! ¡Eso pertenecía a Printher! ¡¿Cómo?! Supe que cuando encontraron su cadáver no estaba completo, pero… ¡¿Qué pasa aquí?! ¡Ke! ¡Es un monstruo!" Ahora quién estuvo temblando fue Cameron.

Ke no perdió el tiempo y arañó a Cameron con el tridente en su brazo. Esto causó una gruesa, aunque no muy profunda, herida en su pecho. Cameron se arrastró por el suelo tratando de huir como pudo, mientras Ke dio pequeños pasos lentos hacia él.

–¡Ke! ¡Por favor! ¡Piedad! –dijo mientras se arrastró–. No sería una batalla justa si me matas por la espalda. – Se esforzó aún más para arrastrarse, pero el pato no se detuvo.

El pokemon oscuro juntó todas sus fuerzas con las que saltó hacia la pared y presionó el gran botón rojo. Automáticamente un anillo amarillo lo rodeó y desapareció.

El pato abrió los ojos de la impresión y se tomó unos segundos para volver en sí y volver a su expresión vacía. Presionó el botón azul y el hielo se comenzó a derretir rápidamente. Se tiró al suelo y sostuvo las dos heridas circulares en su estómago, las hojas que antes las cubrieron ya no estuvieron ahí.