Bueno, aquí, después de tanto tiempo de ausencia, os dejo este nuevo capítulo, desarrollado, en cierta modo, como un relato a parte a partir de la identidad del narrador.
No voy a presentar excusas por la tardanza porque sería un ridiculez. Ya expliqué mi situación en el capítulo anterior y las cosas no han variado demasiado, salvo que ahora, además, ya he comenzado la universidad. Aun así, ha ritmo lento, seguiré escribiendo mientras hay uno de vosotros que todavía espere la continuación de esta historia.
Aclarado esto, espero que disfrutéis del capítulo, dedicado a los que me han brindado su apoyo casi desde el principio.
El misterio de los Skywalker, por Han Solo
Han Solo se aburría. Con los pies apoyados encima de la mesa, el periódico sostenido en una mano, y la otra cargada con un blaster, trataba de perder el tiempo lo más amenamente posible. Su jefe le había informado por la mañana que los gemelos se tomaría el día libre hoy, para poder estar con su madre, y por tanto que no era necesario que los despertara temprano para asistir a la Academia.
Bien. Genial. Valía por su parte. Pero ya era casi medio día y los malditos mocosos seguían sin despertar. ¡Y diablos! Él se aburría. Era sólo en esos momentos cuando echaba de menos el servicio activo ejercito. Y sin embargo, no se arrepentía.
Si alguien le hubiera dicho hacía unos meses que hacer de niñero para los dos críos de Darth Vader sería tan entretenido, le hubiera estampado el puño en la cara. Pero lo era. Diablos si lo era.
Y no sólo porque fuera tan jodidamente divertido molestar a su ex-alteza, o porque la habilidad de Luke para las maquinas y el pilotaje le hubiera hecho adoptarlo casi como un hermano menor, o porque entre ambos y sus trucos de magia le habían hecho replantearse a él, el escéptico Han Sólo, todo lo que creía sobre la esencia del universo.
No. Lo más fascinante de todo, era lo que tenía que ver con su padre. El aterrador Darth Vader. Tan aterrador como misterioso.
Hacía un tiempo Han se había burlado de sus compañeros, y del terror que les causaba la sólo mención del hombre – o maquina – de la armadura negra. No obstante, después de observar en primer línea como Vader estrangulaba a un hombre sin necesidad si quiera de tocarlo, las ganas de reír se le habían esfumado.
Y aun así, seguía sin parecerle tan terrible como el resto.
Es cierto que lo había matado, pero también es cierto que por culpa de la cobardía e ineptitud de aquel piloto cinco hombres más habían muerto. Y hubieran sido más si Darth Vader no hubiera salido en persona, con su astronave, para tomar el control de la batalla y evitarlo.
En aquella ocasión Vader se había ganado su respeto, tanto como una saludable ración de temor. Pero nada de lo que había observado o aprendido de él, lo preparaba para lo que había descubierto en aquella casa. El padre bajo la armadura, el hombre tras la máscara... ¿el esposo perdido?
Y todavía recordaba sus palabras.
Usted me gusta teniente. Me recuerda a alguien que conocí hace muchos años...
Se llamaba Anakin Skywalker.
Yo lo mate.
La primera vez que Vader lo menciono, habría jurado que él nombre lo sonaba. Y nada más abandonar su presencia, en el primer terminal de holored que encontró, había descubierto por qué.
Anakin Skywalker había sido un famoso jedi, uno más de los desaparecidos durante las purgas, apodado el héroe sin miedo. Pero Han no lo conocía por eso. Se acordaba de él porque había sido su ídolo de pequeño, el primer ser humano en correr y ganar el Clásico de Boonta Eve, y nada menos que a la escalofriante edad de nueve años.
Sin embargo, pese a todo, no le impacto tanto el saber que estaba muerto, como el modo de expresarse que Darth Vader había elegido. Como si hubiera algo más, como si su relación con Skywalker superara con mucho la relación entre depredador y presa, entre jedi y sith.
Y luego las palabras de ella...
No volverá a llamarme Lady Vader. Mi verdadera nombre es Padmé Skywalker Amidala. Son tres nombres para que elija el que guste, ¿está claro?
Skywalker... Anakin Skywalker. Padmé Skywalker.
Algo, un sexto sentido que nunca fallaba, decía a Han que dicho apellido escondía más secretos de los que una vez soñó encontrar, y que todos estaban relacionados con su jefe. Su jefe y su familia.
Y sin fuerza a la que recurrir o desprovisto de todo truco de magia, Han Solo estaba dispuesto a llegar al final de ese asunto. Aunque solo fuera para matar el aburrimiento.
xXxXxXx
Padmé despertó muchas horas después de la madrugada, cerca ya del medio día, y descubrió que sus hijos continuaban dormidos a su lado. Pero no había restos de su marido. Se pregunto si lo ocurrido la noche anterior no habría sido algo más que un sueño, pero todavía podía sentir su presencia embriagando la propia... sus palabras calmándola en la oscuridad, su abrazo...
¿Había hecho mal al exponerse de esa manera ante Darth Vader?
Pero no. Él no había sido Darth Vader en ese momento. Puede que ahora lo fuera, decididamente lo había sido en el pasado y probablemente lo continuaría siendo en el futuro, pero en ese instante... en ese pequeño instante compartido... ella lo había sentido: Anakin, su Anakin.
Su Anni.
Entonces, ¿cómo quedaban las cosas? ¿Cómo afectaba esto a su vida? ¿Acaso cabía la remota posibilidad de que una pequeña parte del corazón de su esposo todavía perdurara en el interior de esa armadura negra? Y de ser así, ¿tenía ella alguna posibilidad de extraerla a la luz? ¿Siquiera quería hacerlo? ¿Perdonarle? ¿Pasar todo por alto y volver a lo que eran antes?
Padmé no tenía respuesta para ninguna de esas preguntas, y sin embargo, con sólo recordar su abrazo...
- ¿Mamá? – la pequeña figura que reposaba a su lado se volvió hacia ella, con los ojos entreabiertos y una inmensa sonrisa
- Buenos días, Leia... – sonrió a su hija, olvidando inmediatamente todo su conflicto. Amaba tanto a sus hijos... y se sentía tan feliz de estar por fin a su lado... Ellos eran lo más importante –. ¿Has descansado bien?
La niña asintió, mordiéndose en labio, y Padmé no pudo resistir la tentación de inclinarse hacía ella y depositar un suave beso en su frente. Para su sorpresa y felicidad, Leia le sonrió y se lo devolvió en sus mejilla.
- ¿Y tú? ¿Has dormido bien?
Una corriente de emociones intensas, entre las que sobresalía la culpa y la embriaguez, sacudió su estómago ante la inocente pregunta de su hija. Aun así, se esforzó en mantener la sonrisa con naturalidad.
- Ha sido una gran noche – respondió sin mentir, haciendo gala de toda su diplomacia.
Un quejido ahogado y varios bostezos interrumpieron sus siguientes palabras. Padmé giró el rostro para ver como su hijo se revolvía bajo las sábanas, insatisfecho al ser despertado. Sin embargo, bastó un leve contacto de ella con sus ojos azules, para que Luke olvidara toda desgana, apartara las sabanas y se arrojara hacia sus brazos con efusividad.
- ¡Mamá! – exclamó con alegría –. Pensé que todo había sido un sueño, que tú nunca habías aparecido de verdad y yo nunca podría conocerte... Por eso no quería despertar.
- Oh, Luke... – Padmé se emociono ante la sencillez y pureza de sentimientos que demostraba su hijo, sin los mismos complejos de Leia para mostrar sus emociones. Tan parecido a su padre... – Soy real, Luke, ¿lo ves? Y no voy a irme a ningún lado. No podría dejaros – sonrió a Leia sin romper el abrazo, que observaba con una mezcla de envidia y desaprobación la efusividad de su hermano.
Los rugidos del estómago del niño interrumpieron antes de que él pudiera responder a su madre. Bajo la vista avergonzado.
- Lo siento...
- Luke es simplemente incapaz de controlar su estómago – lo regañó su hermana, bajo la vista de su madre.
- ¡Leia! – protestó él, aumentando sus colores.
- ¿Qué? Es verdad...
- Al menos yo si se controlar mis suspiros cada vez que Han me habla o sonríe.
- ¡Luke, eso es mentira! – se cruzó de brazos la ex-princesa – ¡Retíralo ahora mismo!
Pero su hermano sólo le sacó la lengua.
Padmé observó a sus hijos discutir por algo tan nimio, y no pudo evitarlo: se echo a reír como hacía diez años que no reía. Al principio pensó de forma fugaz que sus desentrenadas mejillas le impediría un acto tan simple, y sin embargo, la risa se extendió por su rostro de forma natural. Prácticamente no podía parar.
Luke y Leia la observaron atónitos los primeros instantes, pero la risa era contagiosa. Apenas unos momentos después, los tres continuaban carcajeándose tumbados sobre el colchón.
- ¡Ahora verás! – Luke se semi incorporó sobre la cama, cogió una almohada, y la sacudió contra su hermana divertido –. ¡Esto es por burlarte de mi estómago!
- ¡Eh...! – la ex-princesa protestó, tratando inútilmente de ponerse seria –. No seas infantil, Luke. Yo no hago esas cosas – Pero un nuevo golpe directo a su costado le hizo cambiar de idea –. Espera... ¡Te vas a enterar! – amenazó, tomando otra de las almohadas y lazándose a por él.
Padmé observó, sin dejar de reír, como sus hijos comenzaban una guerra de almohadas. La puntería de Leia era certera, pero su hermano se había apoderado de dos almohadas, por lo que tenía munición. Viéndose desarmada, la niña retrocedió.
- ¡Ríndete! – amenazó teatralmente su gemelo, acercándose a ella con los dos cojines en la mano.
- Ni en tus sueños, Luke – Liea sonrió, alzó la mano, y se valió de la fuerza para estampar su cojín perdido contra la cara de su hermano, despiste que le valió para conseguir armarse de nuevo.
- ¡Tramposa! ¡Eso o es justo! – Luke se volvió hacia su madre –. Mamá, dile que eso no es justo.
- Suficiente los dos – Padmé se incorporó, capturó a sus hijos, y los volvió a arrastrar hasta la cama –. Ahora vais a recibir el castigo por pelear entre vosotros – y sin más dilación, lanzó contra ellos un ataque de cosquillas.
- No... basta, basta...
Ambos niños se agitaban sin parar de reír, aprisionados por el cuerpo de su madre.
- Nos rendimos, ¿verdad que sí, Leia?
- Si... Por favor, mamá. Nos rendimos.
- Mmm... – su madre los liberó suavemente, mirándolos con desconfianza –. ¿Lo decís de verdad?
Basto una simple mirada entre ambos para que contestaran al unísono:
- ¡No!
Y se arrojaran contra su madre, reanudado la encarnizada lucha de cosquillas.
Varios minutos después, fue Padmé quien anunció su rendición, exhausta, reafirmándose contra la cama. Luke y Leia también se dejaron caer a su lado, la lucha los había agotado a los tres. Sin embargo, también había actuado de forma misteriosa.
Más unidos, más confianza... Como si el dolor y el pesar que acarrean diez años de distancia hubieran desaparecido. No del todo, pero casi.
- Entonces, Luke – preguntó su madre, volviéndose hacía el niño con las mejillas aun sonrosadas –. ¿Es ya hora del desayuno?
xXxXxXx
- ¡Han! – Luke corrió hacía él desde la puerta, interrumpiendo sus cavilaciones.
- ¿Qué hay, niño? – lo saludó el teniente, sacudiéndole el cabello –. ¿Sabes que ya es casi la hora de comer?
- ¿Y por qué no nos has despertado? – cuestionó Leia desde la puerta, frunciéndole el ceño.
- Ordenes de vuestro padre – respondió con inmediatez –. Hoy tenéis el día libre; para que lo disfrutéis con vuestra hermosa madre.
- Buenos días, teniente.
Han elevó la vista para encontrar a Padmé inclinando hacía él la cabeza desde la puerta, con una sonrisa divertida. Evidentemente acababa de llegar, los gemelos se había adelantado corriendo. Por primera vez, se percató de sus viejas botas reformadas sobre la mesa, y trato de tomar una postura más correcta, disimulando la vergüenza.
Leia sonrió de medio lado.
- Esto... milady... Buenos días... – seguía sin saber como debía llamarla –.
- Padmé esta bien – lo ayudó la mujer, consciente del nerviosismo que había generado en él el día anterior, y del apego que Leia y Luke le profesaban.
- Padmé – Sólo asintió –. Usted puede llamarme Han. Así es como estos cri... niños, lo hacen – trató de mantenerse sereno pese a sus equivocaciones, mientras veía a Leia burlarse de él, evidentemente complacida por el cambio de roles –. Lord Vader me ha dejado a su completa disposición.
Para su sorpresa, Padmé comenzó a reír suavemente, divertida.
- Está bien, Han. Parece que mis hijos lo quieren, eso nos convierte en amigos – le sonrió mientras tomaba asiento frente a Luke en la mesa –. Le avisare si necesito alguna cosa.
- Han se encarga de nuestra seguridad, mamá – explicó Luke, cómodamente sentado al lado de Han –. De eso y de espantar a los buitres.
Padmé arqueó las cejas, sin comprender.
- ¿Buitres?
- Así es como estos dos energúmenos llaman a la prensa – señaló Leia, poniendo los ojos en blanco.
- Buitres... – Padmé lo medito un momento, para después sonreír de lado –. Nunca se me ocurrió ese apodo. Vuestro padre solía referirse a ellos como carroñeros en mis tiempos de senadora... Aunque en el fondo le encantaba ver su cara apareciendo en la holored y todas esas personas coreándole...
- ¿De verdad? – Luke parecía recoger a cuenta gotas cualquier información sobre su padre, mostrando una devoción asombrosa.
Padmé asintió sin permitirse a sí misma entristecerse.
Solo no pudo resistirse.
- ¿Vos fuisteis senadora? – cuestiono interesado.
- En los tiempos de la antigua Republica, si.
- Mi madre fue escogida reina electa de Naboo cuando tenía catorce años – informó Leia con orgullo –. Se mantuvo en el cargo dos legislaturas. Frustró la invasión al planeta por parte de la federación de comercio en el primer año de su reinado, forjando amistad con los nativos gungans para salvar a su pueblo. Y aunque sus súbditos quisieron cambiar la constitución para que continuara en el cargo ella rechazó tal cambio. Entonces la nueva reina le pidió que fuera senadora, y ella se convirtió en uno de los más activos defensores en contra de la creación del ejercito clon, participo activamente en la lucha, y formó parte de la delegación de los 2000, previendo la amenaza que suponía el canciller Palpatine, y exigiéndole que devolviera sus poderes de emergencia y detuviera los conflictos, para dar paso a la diplomacia.
Padmé no podía creerlo. Miró a su hija entre atónita, agradecida y admirada.
- Leia... ¿dónde has aprendido todo eso?
- La mayor parte me la dijo papá – respondió la niña con desenvoltura –. El resto lo leí en la holo-red.
La antigua senadora tuvo mucho cuidado en mantener sus rasgos serenos y inamovibles, aunque su corazón latía agitado. No comprendía porque daba tanta importancia a algo tan nimio, pero todo su cuerpo quería gritar: ¡¿Tú padre te hablo de mi?
En lugar de eso dijo:
- No creí que la holo-red guardara esos datos. Supuse que la censura del imperio los habría eliminado.
- Bueno, algunos si – reconoció su hija –. Pero R2 todavía guarda en sus archivos los datos que se registraban en la antigua Republica, junto algunas grabaciones. Es muy útil para averiguar ese tipo de cosas.
Padmé parpadeo varias veces. ¿R2? Esa si era toda una sorpresa.
- ¿Conoces a R2?
Leia asintió, sonriente.
- Él y 3P0 fueron mis droides en Alderaan. Papá se sorprendió mucho al encontrarlos entre mis cosas.
- Puedo entenderlo... – ella también se había sorprendido. Parecía que todo su pasado aparecía de repente para volver a su lado. Sin duda un choque habría sido más difícil de aceptar para Vader que para ella. Y sin embargo, los había conservado. Sonrió –. Parece que fue ayer cuando tu padre me presento 3PO... o cuando me lo entregó como regalo de bodas.
- ¿Papá te dio a 3PO como regalos de bodas? – Luke parecía atónito –. Él sólo me dijo que lo había construido cuando era un niño.
- Y así fue – explicó su madre–. Pero también fue mi regalo de bodas. A los jedi no se les permite tener posesiones, por eso me entrego a 3PO, y me pidió que lo cuidara.
En ese punto de la conversación, la mente de Han era un cúmulo de información que giraba sin sentido. Demasiadas cosas en demasiado poco tiempo. Por ahora, la esposa de Vader no resultaba ser sólo su esposa, sino también una antigua reina y senadora, que había luchado por su pueblo y contra la formación del imperio. Luego entraban los jedi, algo relacionado con ¿qué...? ¿Darth Vader había sido un jedi?
Y la última cosa que no podía creer:
- Esperad un momento, ¿me estáis diciendo que la versión infantil de Darth Vader fue quien construyó a ese pedazo hojalata? –Liea y Luke asintieron –. Bueno, eso explicaría las tendencias homicidas que le entran a uno cuando esta cerca.
Incluso Padmé sonrió un poco.
xXxXxXx
Tras completar la comida, Padmé había insistido en visitar a los droides, y aunque se desilusionó un tanto al ver que la memoria del droide de protocolo había sido borrada, el entusiasmo de R2 al reconocerla convalidó con creces ese incidente.
De algún modo recordó a la antigua senadora que algunas cosas se habían ido para siempre, pero que otras seguían iguales.
- Lo siento, milady – se disculpó el droide, con su típica voz acolchada –. Pero me temo que se equivoca. No recuerdo haberla conocido nunca.
- ¿Estás seguro? – inquirió extrañada.
- Me parece que mi padre adoptivo comento algo de un borrado de memoria – recordó Leia.
- ¿Borrado de memoria? – 3PO parecía horrorizado –. Señorita Leia, debe ser un error. Le aseguró que no hay constancia alguna de ese hecho en mi base de datos.
- Pedazo de chatarra amnésica... – se carcajeó una voz; Han Solo no podía desaprovechar la oportunidad de burlarse de él.
- ¡Oh, por el amo Darth Vader! ¡Qué grosero! R2, ¿dónde estás? Nuestra nueva ama quiere conocernos... y si me preguntas, parece mucho más correcta que el alma Leia.
Eso había sido todo. Después un confuso concierto de silbidos de reconocimiento y entusiasmo, un 3P0 todavía más confuso, dudando de la cordura de su compañero, que no hacía más que hablar de una senadora de Naboo, y un joven caballero jedi llamado Anakin Skywalker – ¡Oh! ¡Si el amo Vader lo escuchaba! – y que para colmo, parecía muy a gusto con el teniente Solo burlándose de él.
- También me alegro de verte, R2 – Padmé se arrodilló a su lado, acariciándole la cubierta delantera –. A pasado mucho tiempo desde la última vez... Es bueno ver que al menos tú todavía te acuerdas de mi.
El droide tripeo animosamente, mudando un poco más tarde a un tono melancólico. Aunque ella no poseía el don de su esposo para comprender al astromecanico, Padmé se figuró lo que estaba diciendo.
- Si, lo se. Pero fue mejor así. Leia te necesitaba.
Una nueva tanda de silbidos.
- ¿Tú crees? – el droide silbó reafirmándose –. No se si algún días las cosas volverán a ser las mismas R2, pero me alegra ver que no has perdido la esperanza.
.Pi.
- Si, yo también lo hecho de menos – una nueva contestación. Padmé sonrió levemente –. Si, estoy segura que, de algún modo, Anakin también nos hecha de menos. Pero no se si eso será suficiente para que vuelva a nosotros.
Han, quien hasta ese momento había estado guardando las distancias, se acercó un poco. Por desgracia la conversación finalizó pocos silbidos después, sin destacar nada relevante.
Y sin embargo, allí estaba el nombre, Anakin. Ella lo había hecho mención; así que el droide astro mecánico también formaba parte de la historia de los Skywalker.
Miles de teorías descabelladas surcaron su mente en ese momento, cada cual más descabellada.
Lo único que tenía claro por el momento, era que Vader y Anakin se habían conocido en el pasado, probablemente durante la infancia. Quizá hubieran sido amigos, o incluso hermanos. Evidentemente, se había distanciado con el paso del tiempo, al punto de que el primero había enviado a la tumba al segundo.
Han se preguntaba hasta que punto habían tenido que ver Padmé en dicho distanciamiento – y posterior asesinato –.
Las acciones de la mujer dejaban muy claro que ella seguía queriendo a Skywalker, pero al teniente le asombraba con que tranquilidad dejaba exponer esta verdad ante sus hijos. ¡Si incluso pareciese a veces que este era el verdadero padre los gemelos!
Tampoco disimulaba su incomodidad ante la presencia o mención de Vader, aunque en el escaso momento que los había visto juntos, Han no había percibido odio o rechazo, más bien... confusión, resentimiento. Como si ella no estuviera muy segura de deber quererlo. Como si él hubiera hecho un acto demasiado monstruoso en el pasado, y ella debatiera consigo mismo sobre si concederle el perdón o no hacerlo.
Tal vez la muerte de Skywalker tuviera que ver en el asunto. Tal vez Vader se hubiera enamorado de Padmé cuando está estaba con Anakin, y hubiera matado al jedi para quedarse con ella. O quizá Padmé hubiera mantenido un romance con Anakin pero luego lo había dejado por Vader, y luego Vader hubiese matado a Anakin por ser un jedi y Padmé se había enfadado.
Aunque eso seguía sin explicar donde había estado todos esos años desaparecida. Además, ¿no era que los jedi tenían que permanecer jodidamente vírgenes en toda su vida? Bah... si fuera por opinión de Han Solo, Skywalker de seguro había roto el celibato el primer día...
Observó una vez más como la mujer, ahora sabía, una antigua ex– reina y senadora, acompañaba a Luke mientras este le mostraba todos los modelos estelares que había construido, escuchándolo con atención y alabando su talento. Y como permanecía atenta a Leia mientras estaba le enseñaba sus proyectos y deberes del colegio. Y se prometió una vez más, a sí mismo, que tarde o temprano desentrañaría el misterio que entrañaba esa familia Vader-Skywalker.
Después de todo, ¿qué podía perder?
Nada más que su cuello si cierto Lord Sith de armadura negra se enteraba.
Hasta aquí entonces. ¿Qué os ha parecido?
Un capítulo algo más relajado de la tensión Vader/Padmé de los anteriores, pero desde mi punto de vista, muy divertido.
En fin tomodachis, espero que os haya gustado.
Esperando vuestros comentarios me despido hasta el próximo capítulo.
ByeBye.
¿reviews?
