26. Órdago
Permitidme que ponga la nota con la explicación del título del capítulo al principio.
Órdago: Del vasco or dago 'ahí está'. 1. m. En el juego del mus, envite del resto..(Diccionario de la lengua española. RAE)
El órdago es un envite en el que se apuesta el juego completo, y si se acepta, el jugador que gane ese lance ganaría el juego sin importar los tantos que haya habido hasta el momento. (Wikipedia)
Los personajes de Blue Exorcist son obra de Kazue Kato y la finalidad de este relato es solo entretener.
-¡Señor!
Cuando el exorcista encargado de vigilar las cámaras de seguridad llamó a Angel con urgencia por haber efectuado un descubrimiento muy relevante, todos los pensamientos de arrepentimiento de Yukio por el recién enfrentamiento con el Paladín quedaron apartados por la estupefacción.
Allí en una de las pantallas, los más de cuarenta exorcistas que se encontraban en el cuarto de operaciones, podían ver cómo Rin sujetaba las manos a la inconsciente Shiemi en su habitación de aislamiento de la enfermería.
¿Cómo podía hacerle eso a él, a su hermano, que había vuelto a la orden solo para protegerle, cómo no pensaba en Shura quien se había llevado una bronca descomunal de Angel, o en el pobre Kuro quien había estado a punto de ser eliminado? No, Rin, siempre pensaba en sí mismo, e ignorando en el peligro que los que querían protegerle se exponían, volvía al Vaticano donde no le podía aguardar más que un destino: la muerte.
Yukio respiró hondo.
Cierto que Rin aún no sabía que él había retomado su puesto de exorcista, pero daba igual, siempre lo tenía que arruinar todo.
-Seguro que se lo ha contado Mephisto –tener a su lado a Shura con Kuro, aún en brazos, le permitió volver a centrarse a Yukio. El asintió mientras veía como ella apretaba su puño con rabia y Kuro llamaba a Rin lleno de alegría. Yukio trató de ignorar la incomodidad de la verdad del significado de poder entender al familiar de Rin: Mephisto le había sellado su corazón demoniaco en aquella caja de plata pero en él quedaban remanentes de sus poderes como la telepatía o los sueños reveladores.
Obligó a su imaginación de dejar de recrearse con la imagen de un victorioso Mephisto tras haber conseguido su objetivo: la vuelta de Yukio a la orden.
Si lo pensaba con calma, ¿Quién era él para criticar la forma irreflexiva de actuar de Rin? El mismo también actuaba irracionalmente en ocasiones, sobretodo al aceptar ofrecimientos de reyes demonios. Ser temerario debía formar parte de los genes de los Okumura.
Tenía que pensar una estrategia para salvar a Rin mientras aún reinara el desconcierto en la sala de control, antes de que alguien diese la orden de apresar a su hermano.
Trató de ignorar el dolor al contemplar todo el cariño que Rin mostraba hacia Shiemi en ese momento al acariciarla lleno de culpa.
Ella era la víctima colateral del plan insensato de su hermano al crear el portal en la Basílica de San Pedro. ¿Cómo podría aceptar como marido alguien que no sabía protegerla?
-¡Yukio! – El codazo de Shura le hizo parar de revolcarse en el lodo de los pensamientos negativos. Ella le señalaba al grupo de cuatro eclesiásticos que acababan de entrar en la sala de control sin duda al ser avisados de la noticia de la vuelta del Anticristo. Yukio reconoció entre ellos al cardenal Hernández. Sabía que temía a Rin tanto como a Satán. Si el cardenal dirigía el apresamiento del Anticristo, podía asegurarse la cátedra de San Pedro y con ello la destitución del actual Papa, quien siempre había expresado una actitud conciliadora hacia su hermano.
Miró a la enfermera encargada de vigilar a Shiemi que, tras haber sido llamada por Angel, le esperaba para acompañarle a la enfermería a visitarla. Una visita que ya no se podía producir. O tal vez, sí.
Supo en ese instante qué debía hacer.
Separándose de Shura y Kuro, se dirigió con resolución hacia un más que llegado a su límite Angel quien se pasaba en ese momento las manos por la cara intentando cerciorase de que efectivamente el mayor de los Okumura era más estúpido de lo que pensaba.
-Con su permiso, señor –. El Paladín le miró sorprendido porque se dirigiese a él con tanto respecto después del casi desafío anterior a su autoridad.
Yukio notó como todas las miradas de la sala se centraban en él. Respiró hondo, no era la primera vez que se enfrentaba a una situación semejante, así que sabía que podía dominar toda aquella tensión con facilidad.
-Permítame que sea yo quien aprese a Rin Okumura.
Un esperado coro de murmullos de asombro siguió a su petición, pero él ignoró los movimientos de su colegas avisándose los unos a los otros de que se preparaba otra escena entretenida entre el hermano del Anticristo y el Paladín.
Angel también era consciente de la expectación que la petición de Yukio había despertado y éste último sabía que Angel, por su egocentrismo no iba aceptar con facilidad dejarle a él al mando de esa tarea.
Los ojos de Angel trataron de ser hostiles al fijarlos en los suyos cómo tratando de convencerse que Yukio no estaba tratando de colgarse medallas a su regreso a lo orden. Ese escrutinio sirvió a Yukio para constatar el agotamiento mental del Paladín y que en el fondo deseaba que alguien le ofreciese un nuevo rumbo a seguir en aquella crisis.
Pero Angel no había llegado tan alto en la orden sin haber demostrado repetidas veces que sabía manejar las vicisitudes de las misiones y, sobretodo, anticipar una traición.
Sacudiendo la cabeza y, con ello su larga melena, recuperó la fuerza en su voz para objetar:
-Okumura, usted estaba con la señorita Kiragure cuando esta le dejo escapar.
Naturalmente, Shura, no dejaría que Angel vertiese más acusaciones de incompetencia sin protestar, pero Yukio silenció las quejas de Shura con una réplica apropiada.
-Quien entró en mi habitación de la universidad no era mi hermano mayor, sino un rey demonio.
Entre los gritos de sorpresa, Yukio oyó a Shura preguntándole si había perdido la sesera contando aquello.
-Rin Okumura ha jurado fidelidad a Satán y es ahora el noveno rey de Gehenna.
La sala de control se convirtió en un tumulto de gritos de todos los exorcistas pasmados al conocer que lo que siempre habían temido desde que se supo de la existencia del hijo de Satán se había convertido en una realidad: la conquista de Assiah por parte de Gehenna.
Angel trató de mantener la compostura mientras hacía una seña a Lightning para hablar con él, quien se acercó con esa sonrisa enigmática con la que guardaba para sí sus pensamientos e intenciones.
-Yukio, por favor, no sigas contándoles más. Sé que es un plan para salvar a Rin, pero él teme convertirse en un rey, no hagas que los demás conozcan su debilidad.
Yukio tuvo que controlar el mostrar su asombro por las palabras de Kuro. El Sith le observaba moviendo las dos colas nervioso mientras Shura trataba de calmarle acariciándole. Tuvo que contener una sonrisa al ver en la forma en que Shura se mordía los labios aguantando la risa, una señal clara de que sabía que él estaba siguiendo una estrategia. La confianza de ella en él, le dio el ánimo para continuar.
-Tranquilo, Kuro. Pronto podrás estar de nuevo con Rin y entretodos arreglaremos este entuerto.
Para sí mismo, añadió: como siempre.
El rostro de Kuro brilló con una sonrisa de esperanza, y Yukio se hubiese sentido muy satisfecho de calmar al familiar de Rin, sino fuera porque vio la expresión confundida de Shura. Maldita sea. Shura se había dado cuenta que acabada de emplear la telepatía.
Yukio trató de obviar las consecuencias que iba a tener aquello. A Shura no le había contado la verdad sobre la desaparición de sus poderes demoniacos, él se había hecho el ignorante de cual había sido el motivo, con los reproches de Rin ya había tenido bastante. Pero ella en ese momento lo había notado. Quizá al volver a su antiguo mundo del exorcismo, el tener contacto con los demonios potenciaba su uso. ¿Quizá la caja de plata no podía contenerlos? No, no podía estar pasando. Con desagrado tuvo claro que debería hablar sobre ello con Mephisto. Todo lo que le venía en el futuro era muy desagradable e incómodo, empezando con una explicación sobre ello a Shura. Aunque si tenía la oportunidad de aclarárselo, antes de que o matasen a Rin o el Antipapa acabara con Assiah, no se quejaría del rapapolvo que, sin duda, le pegaría ella.
Tras inspirar aire, prosiguió con la misma firmeza anterior, señalando el monitor donde su hermano salía, habló a todos los presentes de la sala.
-Rin Okumura es ahora el Antipapa.
El cardenal Hernández alzó la voz también en mitad del tumulto, que las revelaciones de Yukio habían provocado, para exigir a Angel que esa amenaza debía ser eliminada cuanto antes.
Yukio supo que era muy arriesgado seguir con su órdago extiéndelo hasta el cardenal, pero la vida de Rin estaba en sus manos.
-Eminencia, solo porque sé cuan peligroso es Rin Okumura ahora he regresado a la orden.
El cardenal le miró sin ocultar que también a él le temía.
-Tú también llevas la sangre de Satán en tus venas – le acusó señalándole con un dedo índice tembloroso.
Aquel era el gran "pero" que anulaba toda la confianza que sus colegas pudieran tener con él y lo que le había condenado a quedarse relegado de ocupar puestos importantes, a pesar de sus dotes y sus esfuerzos.
Notando el cardenal que sus acusaciones habían calado en el ánimo de su audiencia creando recelo hacia Yukio, les hizo a todos saber:
-Yo siempre estuve en contra que los Okumura profanasen la Santa Sede con su sangre maldita. Son hijos del diablo.
Yukio notó como la tensión hacia que ese algo despertase dentro de él. No, debía calmarse. Pero, ¿cómo se atrevía ese prelado que nunca había salido de la comodidad de sus habitaciones cardenalicias a insultarle así?
Dominó el ardor de la rabia y tratando de disimular el resentimiento por aquellos vagos que opinaban sobre los exorcistas sin tener ni idea de los peligros que corrían cada día, se la jugó el todo por el todo.
-Sabido es mi origen, pero no por ello no he dejado de dar hasta mi último aliento para salvaguardar Assiah en todos mis años de servicio activo – para dar más golpe de efecto a sus palabras desenfundó las dos pistolas. - El anterior Paladín, el padre Fujimoto, me las dio con el fin que yo ejecutara al Anticristo si su parte demoniaca vencía a la humana. Estoy aquí para cumplir la promesa que le hice a mi padre.
El silencio se apoderó de todos los presentes.
Yukio notaba como el sudor le resbalaba por la nuca. Si su órdago fallaba, todo estaría perdido.
Solo quedaba esperar. Tratando de evitar que su cuerpo siguiese mostrando más la tensión, miró fijamente a quien debía darle la respuesta.
Angel volvía a hablar por lo bajo con Lightning intentando obviar las exigencias del cardenal Hernández, quien fue invitado a mantenerse alejado por Bourguignon. Los dos miraban a Yukio de soslayo. Al fin, tras asentir los dos con la cabeza se separaron y Lightning fue a hablar con el cardenal para tratar de serenarle.
Angel miro de nuevo el monitor de la enfermería donde Rin seguía sujetando con las manos a Shiemi con total abatimiento, ignorando cómo una muy nerviosa Kamiki señalaba hacia la cámara de seguridad advirtiéndole que estaba viéndolos.
El rostro extenuado del Paladín vibró con un inesperado regocijo.
-De acuerdo, Okumura, atrape al Anticristo.
A Yukio le dio muy mala espina aquella sonrisita, pero así evitaba que otros exorcistas fueran en busca de Rin por el momento.
-Estoy totalmente conforme con el cardenal Hernández que Rin Okumura seguirá siendo una amenaza mientras siga con vida.
Aquel reconocimiento fue más que suficiente para que el cardenal dejara de alborotar más, pero el mal presentimiento de Yukio al ver tanta seguridad en Angel no hacía más que aumentar.
-Como el Grigori le condenará a muerte, usted será el encargado de la sentencia.
Todo seguía en silencio y las palabras de la voz inusualmente calmada de Angel resonaban en aquella sala donde se estaba haciendo historia.
-Con la muerte de Rin Okumura se cerrara un ciclo tumultuoso donde siempre ha latido el peligro del fin de Assiah y devolveremos la paz a la humanidad.
Yukio vio la seña de Lighitning aconsejándole que aquello quizá sobrara, pero Angel se crecía ante una audiencia pendiente de él. Era su momento de gloria, su revancha por la humillación que el propio Yukio le había proporcionado anteriormente en ese mismo escenario.
-Como agradecimiento a ese servicio a Assiah, yo mismo apoyaré su ascenso a exorcista de primera clase, y con gusto, le invito a formar parte de la Legión Angelical.
Solo faltaron los aplausos ante el discurso de Angel y quizá se notó su decepción porque solo el cardenal Hernández lo hiciera animando al resto a aplaudir también. Solamente los otros prelados le siguieron con poco ánimo viendo el desconcierto que se había adueñado de los exorcistas.
Yukio les comprendía bien. Rin había luchado con ellos, más de una vez sino hubiese sido por los poderes de su hermano, las misiones hubiesen acabado de forma desfavorable. Rin, a pesar de llevar en su sangre el legado del dios de Gehenna, o tal vez, gracias a ello, se había convertido en uno de los mejores exorcistas de Assiah y , en ese momento, se le pensaba ejecutar, si ni siquiera la posibilidad de defenderse.
Yukio solo podía dar una respuesta al ofrecimiento de Angel.
Con una reverencia, aceptó:
-Será para mí un gran honor.
Mientras los presentes en aquel cuarto dejaban de contener el aliento y un alboroto crecía por el compartir el asombro de lo que acababan de presenciar, Yukio levantó la cabeza.
No, aquella sonrisa de complacencia de Angel no significaba nada bueno. ¿Quizá sabía que todo era mentira? No se atrevía a mirar a Lightning, no quería que su ánimo flaquease si encontraba cualquier señal de que sabía que era todo falso. Quizá estaba conduciendo a Rin y, tal vez así mismo, a una trampa.
Ellos dos habían salido de cosas peores, así que no perdería la esperanza.
-¡Yo voy también! –anunció con algo de descaro Shura poniéndose a la misma altura que Yukio, lo que aprovechó Kuro para saltar al hombro derecho de Yukio.
-¡Y yo!
Pero Yukio no quería que ni que Shura ni que Kuro le acompañasen. La unión que tenían con Rin podía dificultar la maniobra que Yukio planteaba hacer.
Por fortuna no tuvo él que luchar para que Shura viniese.
-¡No, Shura, tú te quedas! Te di una oportunidad y fracasaste.
Nunca Yukio se alegró tanto de una decisión de Angel. Aunque Shura, desde luego, no iba a estar conforme y se abalanzó hacia Angel, recobrando las fuerzas para protestar que le habían faltado antes cuando había sido amonestada con contundencia delante de todos por dejar escapar a Rin.
-Oye, calvito, me sacaste de la cárcel para que te ayudase en esta crisis. No me vas a relegar a la sombra.
-Rin Okumura fue tu alumno, y ese vínculo que tienes con él no te permite actuar con objetividad. Me equivoqué al traerte de vuelta porque solo has hecho que interferir en nuestra labor. Creo que es mejor que regreses a tu celda.
-No te atreverás.
Angel dio orden a dos exorcistas para que custodiaran a Shura a las celdas femeninas del Vaticano, para posteriormente mandarla a Tokio. Shura apretó los puños dispuesta al gusto de insultar a Angel y este esperaba que ella actuase así, pues al fin de cuentas no podía quedarse sin hacer nada mientras daban caza a Rin. Pero era Yukio quien había conseguido esa cuestionable misión, así que aprovechó los escasos segundos antes de que fueran a por ella en algo más productivo.
Como despidiéndose de Yukio, le abrazó con fuerza, lo que provocó un maullido en Kuro que a punto estuvo de caer, pero aguantó el equilibrio clavándole las uñas en el hombro a Yukio.
Yukio no pudo evitar un gritito, que Shura obvió pues aún apretó más su cuerpo contra el suyo, lo que le provocó una gran presión sobre su pecho. Esa calidez hizo sentir un poco de sosiego en el espíritu revuelto de él mientras ella le susurraba al oído:
-Nunca dejarás de asombrarme con tus "yukiadas", pero si Rin acaba con una de tus balas en el cuerpo, te mataré.
Yukio adivinó que Shura se refería a todas las veces que Rin había acabado disparado por Yukio como parte de su plan y estaba muy claro por cómo le apretó el brazo derecho para darle ánimos que sabía que iba a hacer lo posible para salvar a Rin. Yukio tuvo que esforzarse para no corresponder esa muestra de apoyo. Si él estaba dispuesto a matar a su hermano mayor por el bien de Assiah no podía mostrar ninguna debilidad.
-¿"Yukiadas"? –repitió Yukio lo que provocó una risita pícara en Shura.
-Cuando tienes tanto tiempo libre en la cárcel, una encuentra motes para todo, incluso para lo que tú haces.
Shura consiguió que al final él sonriera. Ella hizo amago de soltarse pero volvió a pegarse más a él.
-Ten cuidado, Yukio. No me fío ni de Angel ni de Lightning. Quiero volver a veros a los con vida, ¿de acuerdo?
La respuesta afirmativa de Yukio no pudo escucharla ella pues fue separada por él con rudeza por los dos exorcistas encargados de encerrarla por orden de Angel. La bondad de hermana mayor con que ella se había despedido de él, se transformó en agresividad luchadora hasta el final mientras le repetía a Angel una y otra vez que aquello se lo pagaría.
Cuando Shura se fue, Yukio sintió el vértigo de estar completamente solo. Bueno, no totalmente.
-Kuro, deberías irte tú también. Puede ser muy peligroso.
-No, yo puedo ayudarte a controlar tú miedo si Rin vuelve a actuar como un rey de Gehenna.
¿Miedo? Sí, había sentido realmente miedo. El viejo gato conocía muy bien a ambos hermanos Okumura.
-Está bien, Kuro, pero ten cuidado.
-Yo cuidaré de los dos.
Era como que al tener al familiar de Rin con él, tenía la fuerza de su hermano, y Yukio sintió que todo iba a salir bien.
Pero no fue Kuro el único que quiso unirse a Yukio. A su izquierda aparecieron en ese instante, Suguro, Miwa y, para desagrado de él, Shima. Se imaginó enseguida lo que querían.
-No podéis venir conmigo, Okumura es potencialmente peligroso.
La áspera negación a una propuesta que ni siquiera ellos habían hecho, hizo que el trio de Kioto, se mirasen entre ellos con desconcierto, pero Miwa enseguida replicó con mucho tacto.
-Okumura es nuestro amigo, si existe la esperanza de salvarle, nosotros queremos contribuir.
No, no les quería con él, era una misión para él solo.
-Mi objetivo es ejecutarle – les recordó desabrido señalando sus pistolas.
Esa sonrisita de Shima. Maldita sea. Shima era un experto en el mentir y en las dobles intenciones. Si Shima sabía que todo era un engaño, Lightning también lo habría sospechado sin duda. Su plan para salvar a Rin se estaba convirtiendo efectivamente en una trampa.
Quizá Angel había hecho todo aquel teatro de concederle su petición de apresar y ejecutar a Rin, como revancha de haberle dejado en evidencia delante de sus subordinados. Que fuese descubierto tratando de salvar a Rin, podía costarle su degradación en la orden, o su expulsión. Ya no sería nada en la vida. Su carrera de medicina perdida para una vuelta al exorcismo realmente corta.
Pero si su hermano moría, ¿qué porras importaba todo?
Quizá no era mala idea que ellos le acompañasen. Nunca dejarían que a Rin le pasase nada.
-Debería autorizarlo Angel .
Para su desconcierto, los tres se miraron con entusiasmo.
-Lightning ya nos ha dado el permiso -le informó Suguro sin perder esa seriedad suya que a Yukio tanto agradaba.
Aquello cada vez pintaba peor. ¿Por qué dejaba Lightning que le acompañasen? ¿Pero cuándo habían hablado con él? Debería haber sido cuando Shura se estaba despidiendo. ¡Maldita sea! ¡Todos le habían visto abrazado a ella! ¿Cómo no lo había evitado?
-¡Los amigos de Rin vamos en su ayuda!
La exclamación llena de entusiasmo de Kuro, hizo que Yukio se enfadase por sí mismo por esas reacciones suyas tan a destiempo. Pero no podía evitarlo. Eran tan propias de él como elaborar planes arriesgando el todo por el todo, eran, y Shura le había puesto un nombre totalmente acertado, "yukiadas"
La sonrisa de Yukio la malinterpretaron los otros como que le satisfacía que se hubiesen agregado a la misión.
Yukio miró hacia el monitor de nuevo, a Shiemi, a su hermano y rezó con convicción interiormente para que Dios no dudase en ayudar a un medio demonio.
Nota: Ya que puse la nota del final al principio, es aquí donde quiero,como siempre, daros a todos las gracias por leer.
