QUERIDA ALMA GEMELA

Draco Malfoy:

Su puta madre con los exámenes. En verdad, ¿quién hacía estas condenadas cosas tan difíciles? Por favor, estoy completamente seguro de que si agarráramos a un empleado cualquiera del Ministerio no sabría qué ingredientes exactos lleva la poción para los callos de los pies... ¡ni un Medimago lo sabría! Para eso están los libros de pociones, ¿no? Para decirte qué hacer.

-Maldito examen bastardo.- Le susurré a mi pergamino lleno de preguntas ridículamente difíciles de recordar. Levanté la vista y vi al evaluador del Ministerio, mirándome con soberbia.

Sí, te hablo a ti maldito cabrón. Te crees muy inteligente detrás de ese escritorio, ¿no? Pues me apuesto a que no sabes ni la mitad de las respuestas, capullo.

Por una vez, mi conciencia y yo estábamos de acuerdo en algo, ciertamente. Me obligué a dejar de mirar al tipejo ese y viré la vista unos palmos a mi derecha. Y allí estaba, la única mujer que me podía hacer sonreír de manera inconsciente y sin proponérselo siquiera: Hermione.

Escribía con furia sobre su pergamino y podía ver con claridad cómo su camisa estaba manchada de tinta intermitentemente. Fruncía el ceño con fuerza y vi cómo lo que parecía ser una maldición que decía "estúpidas preguntas absurdas" era murmurada por su malditamente caliente boca. Reí entre dientes y volví a ver mi pergamino, donde seguía estando, casi burlonamente, la maldita pregunta de los callos de los pies. Suspiré y forcé a mi cerebro a recordar esas idioteces a marchas forzadas.

El maldito EXTASIS duró casi 3 horas y media y, cuando por fin el último estudiante dejó su pluma de lado, el imbécil del Ministerio se paró y, con un movimiento de varita, nuestros exámenes desaparecieron. Todos suspiramos y prácticamente nos derretimos en nuestros asientos. Pero pronto volvimos a gemir, recordando que ese sólo había sido el 1ro. En sólo 3 horas estaríamos frente al mismo cabrón junto a algunos Aurores especializados en pociones para rendir el examen práctico... y estaríamos toda la semana así. Casi me dieron ganas de vomitar en perspectiva de la asquerosa semana que tendríamos delante.

Miré a mi novia y la vi tirando ligeramente su pelo enredado mientras se semi-relajaba en su asiento. Volví a gemir, estaría de los nervios esta noche y sabía como el infierno que no me dejaría siquiera besarla.

Me acerqué a ella para acompañarla a nuestra torre así podríamos tomar un merecido café luego de despertarnos a las 6am para hacer una ronda de preguntas rápidas. Merlín, necesito otra ducha. Levantó la vista y me sonrió con cansancio, levantando su mano para que la tomase. La levanté y entrelacé nuestros dedos, acercándola a mí para darle un suave beso. Le sonreí con pereza una vez que nos separamos y ella me miró con amor antes de apoyar su frente en mi mandíbula y respirar hondo.

-Vámonos de aquí, amor. No soporto estar en esta mazmorra con ese imbécil con cara de arrogante ni un minuto más.- Me reí ante su declaración y tiré de ella hasta la puerta mientras agarraba con prisa su mochila y se la colgaba al hombro.

Potter estaba en el pasillo distraído, mirando a cierta pelinegra con escudo de Ravenclaw en vez de estar mirando la poción que marcaba su libro abierto. Sonreí de manera burlona, casi lobunamente. Aclaré mi garganta y Hermione se rió. Él saltó y su pesado tomo cayó al piso.

-Mione, ¿vienes a la torre de Gryffindor? Gin está enferma y de verdad quiere que tu o Blaise pasen por allí, y como él no puede entrar... Puede saberse de qué te ríes, pequeño dragón con cara de hurón?- Terminó diciendo con rabia mientras con un movimiento de varita hacía flotar suavemente su libro hacia sus manos otra vez. Buscó "disimuladamente" por el pasillo y un brillo de decepción cruzó su cara.

-¿Tengo que ir ya, Harry? Es que de verdad necesito pasar por la torre para conseguir un poco de café y terminar de repasar para el examen práctico de pociones, la poción para la gripe y debe estar en su punto de maduración y...- Tiré de su mano y besé su sien mientras hacía círculos en su zona lumbar en un pequeño abrazo mientras susurraba en su oído palabras para que se calme y fulminaba a Potter con la mirada.

-Gracias Potter, ya la estresaste- Él nos miraba boqueando, un tanto alucinado. Al parecer, había olvidado cómo se puso con los MHB. Merlín, hasta yo lo recordaba, y eso que me esforzaba por parecer indiferente a ella.

-Maldición, lo siento Herms. Sólo pasa cuando puedas, ¿sí?- Y se escabulló como una vil rata, dejándome con mi novia hiperventilando y con la mirada semi-perdida. La arrastré por el pasillo hasta que entró en razón otra vez y caminó a mi lado.

-Draco- Me giré.- ¿qué tal te fue en tu examen?- Sus ojos relucían con febrilidad y ansiedad. Sonreí levemente y la besé otra vez.

-Nada de exámenes por ahora, preciosa. Ahora iré, te dejaré en la Torre Gryffindor y me pelearé con Potter para poder esperarte en el salón de los leones. Subirás a la habitación de Ginevra, verás cómo está y luego de eso iremos a la torre para tomar ese café o tal vez directo al Gran Comedor. Luego, entraremos a esa mazmorra otra vez y patearemos traseros en ese examen. Somos los mejores pocionistas del colegio luego de los profesores y McGonagall... y dudo que todos los profesores sean mejores que nosotros. ¿Estás de acuerdo con eso?-

-Pero Draco, necesito ver cómo la poción maduró.- Abrí la boca para protestar y ella la tapó con su mano. La miré, interrogante.- Sólo déjame pasar por allí y luego iremos a la Torre Gryffindor, ¿sí?- Retiró su mano y me dio un corto beso antes de tirar mi mano hacia las escaleras.

Unas horas y varios besos más tarde, estábamos nuevamente en la maldita mazmorra, preparando varias pociones a la vez bajo la dura mirada de varios Aurores calificados.

Miré el pizarrón otra vez, donde estaban anotados los pasos de la poción crece-huesos, la poción de la suerte, la BENDITA poción para los callos de los pies y, ¿en serio?, la poción de la verdad... y el antídoto de la última. Mis cinco calderos humeaban en perfectas condiciones bajo de mis narices, y observé con satisfacción cómo Hermione tenía una cara triunfal sobre sus calderos. Hasta Potter parecía en buen camino. Dando las 3 últimas vueltas en sentido contrario del reloj al antídoto del Veritaserum, apagué el fuego. Tomé una pequeña ampolla y la dejé al lado del caldero, antes de agregar 2 gotas de esencia de lágrima de unicornio a la Felix Felicius y removerla con cuidado. Sacando una ampolla nueva, la dejé al lado del caldero mientras apagaba ese fogón. Removí la crece-huesos, y repetí el proceso de la ampolla y el fuego. La bendita poción para los callos de los pies estaba lista y centré toda mi atención en terminar la poción de la verdad. Cuando mis 5 pociones estaban listas y guardadas en sus respectivas ampollas, levanté mi mano y un examinador se acercó. Las guardó luego de rotularlas con mi nombre y hechizarlas para que nada les pase.

-Excelente, señor Malfoy. Espere afuera, por favor. Y usted también, señorita Granger. Recuerden esperar en el pasillo, ningún estudiante puede irse hasta que todos salgan. Señorita Parkinson, ¿tiene alguna duda?- Y se fue tras Pansy, que tenía su mano levantada. De su 3er caldero salía un intenso vapor gris perla, perturbadoramente parecido al color de mis ojos. Raro.

Hermione me esperaba en la puerta con su mano extendida, y le sonreí mientras la tomaba.

Una vez fuera gritamos con emoción los dos, extasiados. Nos libramos de las pociones con total éxito. La levanté a mi altura mientras nos giraba con alegría.

-Somos libres, preciosa.- Le susurré en su oído. Ella rió y, agarrándome de la nuca, me besó con pasión. Le devolví el beso con entusiasmo, mientras la estrujaba más fuerte contra mi cuerpo.

-Lo somos, amor.- Me dijo con cariño.-Te amo.

Le sonreí.

-Y yo a ti, preciosa. Nada puede hacerme sentir lo contrario. Soy tuyo.

Y volvió a besarme.

"Estoy seguro compañero, y me juego mi alma loca, a que no debe existir boca como esta en mundo entero."

Hermione Granger:

Draco me abrazaba por la cintura mientras escuchaba con atención lo que Theo le decía sobre una carta que había llegado de Azkaban hace apenas unos minutos, donde explicaban que su padre estaba enfermo y él debía enviar las pociones que necesitaba para recuperarse. La cara de muerte de Theo era monumental y Luna, a su lado, trataba de calmarlo inútilmente. Harry hablaba con Blaise sobre... Quidditch. Según lo que él nos dijo cuando llegó a nuestra torre, Ron estaba cuidando a Ginevra en la torre Gryffindor.

-Theo, ¿tu padre se mejorará?- Mi novio sonaba bastante preocupado, aunque creo que es más por la integridad mental de su amigo que la salud del Sr. Nott. Theo asintió y bufó, mientras abrazaba a Luna de forma inconsciente y besaba su mejilla.

-Hubiese sido bueno que los... guardias de Azkaban mandaran esa carta una semana después en consideración que estamos en plena semana de EXTASIS. Verdaderamente, me importa una mierda que tan enfermo puede estar ese capullo que llamaba padre, pero no me ocuparé de ello hasta que termine mi última traducción rúnica el viernes por la tarde en el 4to piso de este castillo.

Luna lo miró con tristeza y se acurrucó aún más en él, consolándolo de manera inconsciente. Todos aquí sabíamos que Theo y su padre tenían una relación de mierda... pero seguía siendo su progenitor. Draco y yo lo miramos preocupados, y me levanté para poder sentarme al lado del malhumorado Slytherin. Lo abracé a la vez que movía mi varita y 6 botellas de cervezas de manteca se acercaron en una hilera hacia nosotros.

-Sólo porque estoy demasiado estresada como para patearte el trasero no lo hago, Theodore. NO hables así de él, o te arrepentirás luego y eso es peor. Así que ahora, toma tu cerveza, abraza a tu preocupada novia y relájate un poco, ¿sí?- Besé su cabeza y volví a levantarme para ir a mi habitación por algunos apuntes de Encantamientos cuando Draco tiró de mí y caí suave, y torpemente a decir verdad, en su regazo. Él me envolvió con sus brazos y me sonreía divertido.

-¿A dónde crees que vas, amor?- Me miraba burlón, porque sabía que iba por algún libro a estudiar. Apenas era martes, y recién habíamos terminado el examen práctico de Transformaciones. Aún podía ver sus ojos un poco verdes, luego de haberlo transformado exitosamente en Harry. Con el paso de las horas, su cabello rubio platinado volvió a su forma original, además de su estatura y sus ojos de mercurio.- Hola otra vez a ti, chica sexy.- Se rió, y yo lo miré con una mezcla de reproche y diversión. Él tuvo que transformarme en Astoria Grengrass, y verdaderamente tengo que decir que no fue un placer estar en el cuerpo de la pequeña muñequita rubia por unas horas.- Al fin puedo ver a mi encantadora novia otra vez. Así que, no irás a ninguna parte hasta que no me beses a justicia. Digo, Astoria es una chica linda, pero no hay nada que se compare contigo y esa maldita boca que me incita a ser un loco.- Reí y acerqué mi boca a sus labios y, sólo para molestarlo, en vez de besarlo me lancé a morder con suavidad su labio inferior. Él gruño cuando me alejé de él y me atrajo hacia él para darme un muy buen beso.

-¡Dejala respirar, hurón!-Nos gritó Harry con Blaise riendo detrás. Con un suspiro, besé levemente a Draco otra vez y miré a mi mejor amigo con mis cejas arqueadas, invitándolo a que siguiese molestándolos. Él me miró de igual manera y volvió a reír.

-Hablan desde la envidia, preciosa. Blaise está hasta las pelotas con Ginevra, al igual que Potter con la McCarthy Ravenclaw y ninguno tiene las agallas como para ir y plantarse ante ellas.- Mi rubio se burló de ellos, pero Blaise y Harry rieron a mandíbula batiente cuando Luna, con toda la inocencia del mundo, le preguntó a Draco:

-¿Así como tu te plantaste a Hermione, Malfoy? Porque, hasta donde yo recuerdo, estabas demasiado ocupado con la cabeza en tu culo como para... plantarte ante ella.- Y Draco enmudeció. Hasta yo reí con ligereza.

-Lo siento, amor. Pero el punto lo tienen ellos.- Lo besé otra vez, y él me miró con reproche, pero con amor. Intenté pararme otra vez, pero no me dejó y lo miré interrogante.

-¿Qué libro quieres, preciosa? Porque, no sé si recuerdas, pero somos magos y puedo hacer que flote hacia ti. Aunque, a decir verdad, es un placer ver ese trasero tuyo bamboleándose por las escaleras...- Levantó sus cejas sugerentemente y tuve que golpear su pecho mientras reía y sentía cómo mis mejillas se calentaban un poco.

-Eres irritante cuando quieres, cariño.- Y con un movimiento de varita, mis apuntes flotaron sobre las cabezas de mis amigos hasta mis manos.

Y en el pecho de mi novio, me dediqué a leer con él los apuntes que el profesor nos envió para poder estar completamente preparados para nuestro EXTASIS. Y cuando Harry y Blaise se calmaron, remolonearon cerca de nosotros para escuchar lo que hablábamos. Theo hablaba en voz baja con Luna en un rincón apartado de nosotros, mientras ella asentía y apretaba suavemente sus manos. Suspiré por preocupación hacia él, pero un beso en mi mejilla por parte de Draco hizo que volviese a prestar atención a nuestra charla sobre los encantamientos desilusionadores. Vi cómo Blaise y Harry practicaban y tuve que reír ante la tonta manera en que Harry logró que sólo las piernas de Blaise se volvieran invisibles. Todos reímos al ver cómo el moreno correteaba gritando de felicidad al ser incapaz de ver sus propias piernas.

Con pereza, Luna y yo preparamos una escueta cena (pizza y cerveza de manteca es una gran opción para cualquier momento) mientras hablábamos sobre banalidades y escuchábamos de fondo un poco de rap. Draco, Theo, Harry y Blaise realizaban una breve competencia de Snap Explosivos cuyo premio era sobre quien obtendría la última porción de pizza.

Cenamos con un poco de prisa, porque mañana nuevos exámenes nos esperaban y de verdad necesitábamos dormir para poder rendir. Eso no impidió que Blaise y Harry contaran mil y un chistes absurdos que hicieron que de la risa casi nos hiciéramos encima o que Luna contestara con esa inocencia irónica que manejaba tan bien. Al despedirnos de ellos, Harry se echó la capa por la cabeza y se fue silbando bajito hacia la torre que hace meses era parte de mí. Theo y Blaise acompañarían a Luna hasta su propia torre y luego darían la vuela que les tocaba hacer como ayudantes de los Premios Anuales, para corroborar que todos estuvieran en sus puestos.

-Ahora sí, preciosa, es hora de que tu y yo nos vayamos a la cama de una vez.- Me levantó y me sonrió, mientras yo acariciaba su cara con amor y dejaba un suave beso en su frente.

-Claro cariño... pero te toca a ti lavar los platos.- Y aproveché su confusión para escabullirme de sus brazos y correr hacia las escaleras que daban a mi cuarto.

-¡Esto no se quedará así, preciosa!- Me gritó desde abajo, y no pude hacer más que reír mientras cerraba la puerta de nuestro baño y con un pequeño movimiento de varita abrí el grifo de agua caliente y procedí a desnudarme y asearme luego del maldito y largo día. Escuché la puerta del cuarto de Draco abrirse y luego vi la cabeza de mi novio flotando en su puerta.

-¡Draco! ¡Sal de aquí, estoy bañándome!- Le grité, un tanto escandalizada.

-Anda ya, Hermione. No es como si fuese la primera vez que te veo desnuda, ¿verdad? Pero por más que quisiera admirar tu cuerpo, preciosa, no lo haré porque no soy de piedra y sé que no dejarás que te toque hasta que termine las semanas de los exámenes, ¿no? Así que, sólo entraré para buscar una cosilla que me olvidé hoy por la mañana aquí...- Y pasó, indignándome ligeramente. Revolée los ojos y me voltée, sacando el jabón de la parte delantera de mi cuerpo... y grité cuando Draco me abrazó por detrás, con sus puños cerrados sobre algún objeto negro tipo caja sobre mi vientre.- En verdad, tu trasero es algo fantástico cariño.- Y se fue tan pronto como llego, riendo. Cuando salí de mi sorpresa, no pude hacer más que reír. Maldito hurón que tengo como novio.

Y una vez que ambos estuvimos aseados y perfectamente cómodos, nos acostamos en mi cama, con Amor Libre sonando levemente de fondo. Y él me miró sonriendo, con cariño, ternura y... amor. Y mientras acariciaba mi mejilla, me dio un pequeño beso antes de abrazarme.

-Te amo, preciosa. Nada ni nadie podrá cambiar aquello, ¿sí? Eres mía y soy tuyo, para siempre.-

-Te amo, Draco. Tanto que duele... y como el infierno que será para siempre. No te dejaría, perdí demasiados años sin ti.

Y me sonrió. Y supe que todo estaría bien, pues esa sonrisa era lo único que importaba.

Pansy Parkinson:

-Estúpida sangresucia...- Mascullé en la oscuridad del baño de los Prefectos. Sólo el vapor que emanaba mi pequeño caldero mandaba una pálida y rosa luz hacia mis facciones. Removí con cuidado y sonreí al ver que la poción tomaba el tono exacto que el libro describía.- Ya casi, ya casi...

Y volví a sonreír. La Amorthentia ya casi estaba lista. Y Draco por fin sería mío... como debía ser.

Nada iba a detenerme, y menos una asquerosa sabelotodo.

-Ya casi, mi Dragón. Sólo unas semanas más, mi precioso rubio. Y todo volverá a la normalidad. Tú solo dame tiempo. Yo iré por ti, amor.

Y volví a remover.

Bueno, ¡buenas madrugadas para todos! Sé que esto es corto, un tanto raro sobre la elaboración de las pociones y demás, pero de verdad quería actualizar y he estado escribiendo en los pocos momentos libres que tuve durante estas semanas.

Creo que las intenciones de esa neurótica de Pansy están muy claras, pero supongo que deberemos esperar a que pase lo que esa loca quiere hacer para ver cómo seguimos con esta pareja de tórtolos acaramelados, ¿no?

En fin, voy a tratar de dormir un poco, porque de verdad son casi las 5am aquí... y si alguien en mi casa me engancha despierta, no creo que las cosas salgan muy bien para mí, jaja.

Gracias a todos/as los que dejaron comentarios en el capítulo anterior, es lindo ver que alguien sigue leyendo este disparate luego de... años. No dejen de comentar, ¡me hacen feliz!

Ahora sí, me voy. Espero que hayan disfrutado de este capítulo que en mi mente es como un pequeño puente para lo que se viene. Y recuerden que los personajes son de J.K Rowling y que sólo tomo prestados los personajes... y eso. Saben que yo no soy la autora intelectual.

Sin más, ¡adiós!

Flor.