Antares veía a su padre fijamente después de escuchar la manera en la que maldecía, al contrario que los demás jóvenes a Antares poco o nada le importaba lo que pudieran opinar sus familiares de esa época, puesto que ella no pertenecía a ese tiempo y consideraba que no les debía ningún tipo de explicación.
Ella sólo respondía ante su madre y su padre, pese a tenerlos delante, ellos no eran quienes la habían criado con tanto cariño y esmero, en igualdad de condiciones que con el resto de sus hermanos por supuesto. Si bien es verdad, sus progenitores ahora en la edad de pubertos inseguros a punto de alcanzar la mayoría de edad eran bastante pasionales y que decir de su abuelo con su recién estrenada conducta tolerante, así que por el bien propio y su entera seguridad, Antares había demostrado tener la astucia de su padre y la inteligencia de su madre al conjurar un hechizo protector sobre sí misma antes de enfrentarse a las bestias y subir a la palestra.
-¿Hay algún problema?- Preguntó con voz tierna, aunque en el fondo podía esclarecer un tono venenoso que no pasó desapercibido por las serpientes.
-¿Por qué él?- Dijo Draco con el ceño fruncido.
Antares esbozó un mueca que simulaba ser un sonrisa irónica, él quería información pues bien, eso tendría.- Digamos que probé el producto, me gustó y me lo quedé.- Albus desde su asiento se sonrojó sin poder evitarlo al recordar la forma en la que había empezado su historia.
- Mi hijo no es una cosa.- Renegó Harry.
-Ahora mismo Harry Potter, mi novio es más mío que tuyo.-
-¿Qué?- Preguntó contrariado.
-Todavía no es tu hijo, mientras que en este mismo momento el sigue siendo mi novio. Tú todavía no lo has concebido, así que podríamos decir que es más mío que tuyo.- Harry no supo cómo discutir aquella afirmación y simplemente se quedó calladito con cara de ofendido. Hermione admiraba la fortaleza de la joven, no pudo evitar pensar que a pesar de ser valiente era demasiado fría y cínica, sin duda había sacado los genes de su familia paterna.
-Bien, veamos que os puedo enseñar...- Con unas cuantas florituras en su varita y cogida de la mano de Ares, Antares formó la enorme pantalla de humo tan conocida ya por los presentes.
Era un día de primavera en Londres, el día del cumpleaños del heredero de los Malfoy se acercaba, lo que generaba gran revuelo en la mansión. Su abuela se estaba encargando de la celebración de un día tan especial, se había propuesto tirar la mansión por la ventana, al fin y al cabo era su único nieto.
Hermione miraba por la ventana de la habitación de su hijo hacia los jardines admirando todo lo que su suegra estaba organizando, no quería quitarle la ilusión de organizar el evento, pero consideraba que era un poco exagerado para un bebé de dos años. Se giró y observó al niño más maravilloso que pudiera existir, era la viva copia de su padre, pero había heredado su carácter, también su afición por los libros, siempre estaba deseoso de que le leyeran un cuento, y honestamente para Hermione eran los ratos que más apreciaba en todo el día.
Sonrió cuando vio a su hijo fruncir el ceño mientras hablaba con sus juguetes, era un niño muy mimado, aunque Draco y ella intentaban que no fuera caprichoso, y lo lograban. Hasta que se metían los abuelos de por medio, vivir con Lucius y Narcisa era algo que los padres de Hermione no veían con buenos ojos, ya que consideraban que convivían más con su nieto que ellos mismos. Por eso, cada que lo veían le daban un obsequio, Hermione intentaba que se relajaran un poco pues tenían al niño cada día después de la guardería, pero ellos hacían oídos sordos a todo lo que su hija decía. Y esa era la razón de por qué el niño tenía una habitación para él solo llena de juguetes, al final, el niño no tocaba ni la mitad pero al ser regalos de sus padres y suegros, Hermione no se atrevía a regalarlos a la beneficencia. Mañana el niño recibiría el regalo más grande y tanto Hermione como Draco esperaban que lo recibiera con mucho amor.
Por la tarde, todos, salvo Lucius, estaban reunidos en el salón principal donde solían hacer su vida cotidiana, faltaba una hora para la cena y mientras esperaban acostumbraban a charlar acerca de su día.
-Draco, querido, tienes que venir mañana a las instalaciones de NarMa, necesito saber tu opinión acerca de la reforma que tengo pensada hacer, tu padre está de acuerdo pero quisiera conocer tu opinión también.-
-Por supuesto, madre, a la hora del almuerzo me reuniré contigo.-
-Hermione, tú también deberías venir, al fin y al cabo eres la abogada principal de las empresas, quiero saber que todo está en orden.-
-Está bien, Narcisa. Scorpius, deja eso.- Dijo mirando como su hijo tiraba de las cortinas.- No puedes estirarlas, a los elfos les ha costado mucho esfuerzo colocarlas, y a tu abuela hacerlas.- El niño se tiró al suelo cayendo sentado de culo y miró hacia otro lado con cara angelical, como si la cosa no fuera con él.- Muy bonito, jovencito, ignorando a tu madre.- Draco se adelanto y tomó a su hijo en brazos, mirándolo fijamente, el niño como buen Malfoy no se amedrentó y le mantuvo la mirada a su padre.
-Obedece a tu madre, o no tendrás galletas. Y créeme cuando te digo que me sé todos los trucos de tus abuelos para darte galletas a escondidas, recuerda que antes de ti, yo fui el mimado, socio.-
Scorpius vio la batalla contra su padre perdida y se refugió en su cuello, exclamando.- ¡Jooooo!- Draco quiso mantener su expresión seria pero una sonrisa enternecida punzaba por salir. Quienes no se contuvieron fueron Hermione y Narcisa que observaban la escena enternecidas.
En ese momento, Lucius entraba en la sala presuroso, y extrañamente contento.
-Por fin.- Murmuró frente a su esposa.- Por fin somos definitivamente libres.- Cogió con ambas manos la cara de su esposa y frete a su hijo, su nuera y su nieto, la besó ardientemente.
- Por Merlín, parece que la va a absorber.- Se escuchó asqueado desde lo alto desde la chimenea Abraxas Malfoy.
-Lucius, ¿a qué se debe tanta efusividad?- Preguntó Narcisa sorprendida cuando su marido la soltó. Draco los miraba con una cara de contrariedad y ciertas náuseas, era la primera vez que sus padres se besaban de tal manera frente a él.
-Somos libres, nuestra familia es libre. El apellido Malfoy está limpio.- Dijo mirando a su familia con alegría mal contenida, mientras alzaba un sobre. Narcisa con una gran sonrisa abrazó a su marido, después se abalanzó a su hijo y nieto. Hermione observaba la escena con una sonrisa sincera.
-Enhorabuena.- Dijo Hermione tomando a Scorp en sus brazos.
- Lo mejor es que mi nieto no tendrá que verse envuelto en todo esto.- Dijo Narcisa mirando al bebé con devoción.
- Qué mejor para celebrarlo que un cumpleaños infantil.- Dijo Draco con algo de sarcasmo.
- Cállate, tú padre está celoso de la fiesta que te he organizado, mi precioso bebé.- Dijo mientras arrancaba al niño de los brazos de su madre.
- ¡Qué sorpresa verte con mi nieto en brazos!- Exclamó Jane Granger con tono irónico.
-Oh, Jane, querida, no es tan extraño pasamos la mayoría del tiempo juntos, cuando están en la oficina soy yo quien lo cuida aquí en casa.- Dijo con cara inocente pero un tono algo venenoso.
Jamás lo admitirían, pero ambas se apreciaban, interiormente hablando claro. Ambas reconocían que la otra era una mujer y madre coraje.
Narcisa admiraba la entereza de Jane para perdonar a su hija por borrarle la memoria, y hacer de cuenta que nada había pasado. Ella no sabía sería capaz de perdonar algo así, aún cuando fuera por protegerla.
Jane, sin embargo, admiraba lo fuerte y regia que podía llegar a ser esa mujer con facciones tan delicadas que en su opinión si le daba un guantazo la tumbaría, pero en innumerables ocasiones le había demostrado la fortaleza que sin duda todas las mujeres poseían.
Se retaron con la mirada la una a la otra, Hermione y Draco rodaron los ojos al igual que sus padres, quiénes sí que mantenían una relación cordial, exclusivamente por su nieto claro está.
-Mientras vosotras termináis de retaros con la mirada nosotros vamos a acostar a Scorp para que duerma la siesta.- Dijo Draco cogiendo a su esposa de la mano y cogiendo a su hijo de los brazos de su madre, quien se negaba a soltarlo hasta que el niño empezó a retorcerse incómodo.
Ambas matriarcas tenían torcido el gesto, su hijo y yerno les había arrebatado una hora sagrada. Acostar a su amado nieto a la siesta, algo que no perdonarían fácilmente al pobre joven.
En los largos pasillos de la mansión, la pequeña familia se dirigía a la habitación del pequeño, quien seguía en brazos de su padre mientras su madre jugaba con sus manitas y le cantaba una canción, adormeciéndolo.
Al llegar a la estancia solo tuvieron que acostar al niño en la cuna y poner en funcionamiento el móvil de constelaciones sobre ella. Cogieron uno de los monitores de bebés y lo llevaron consigo por si el pequeño despertaba.
Al salir de la habitación ambos exhalaron un profundo suspiro.
-No pienso bajar ahí abajo.- Dijo Draco mirando seriamente a su mujer.
-Por una vez en la vida estamos de acuerdo, por Merlín, son lo suficientemente mayores como para saber comportarse, sobre todo tus padres con todas esas reglas de protocolo, parecen niños.-
-Bueno, tus padres no es que sean mejores que los míos, por si no te has dado cuenta quien ha comenzado hoy la pelea ha sido tu madre. Y no sé si recuerdas, querida, que tus padres tienen un negocio, por lo tanto también deben seguir un protocolo de cara al público, no creo que tu madre esté todo el día con cara de perro.-
-¿Acabas de decir que mi madre tiene cara de perro, QUERIDO?- La voz de Hermione provocó en el rubio un escalofrío por toda su columna vertebral, estaba en problemas.
-Bueno, no ha entrado con una sonrisa brillante.-
-Eres un imbécil. No sé por qué me casé contigo.-
-Porque soy guapo, tengo buenos genes así que soy un buen donante de semen, además de que soy el único al que tu mal humor le parece endemoniadamente sensual. También soy inteligente y sabes perfectamente que podemos estar horas discutiendo un tema, ¿con quién más puedes hacer eso?-
-Punto número 1: te lo tienes demasiado creído, punto número 2: tienes unos fetiches muy raros, punto número 3: ahí te tengo que dar la razón, es de personas maduras saber cuando reconocer que la otra persona tiene razón, pero no discutiríamos tanto si tu admitieras la mayoría de las veces que yo tengo razón, como al final resulta ser, y punto número 4: no vas a distraerme del tema, has dicho que mi madre tiene cara de perro además de insinuar que mis padres no son lo suficientemente profesionales en su trabajo. Repito: ERES UN IMBÉCIL.- Estaban en la puerta de su habitación, Hermione fue más rápida y entró en ella cerrándole la puerta a su marido en las narices. Draco resopló frustrado y se dirigió a su despacho lejos de su mujer, sus padres y sus suegros. Y donde le esperaba un buen whisky de fuego.
Al día siguiente y después de mucho rogar que Hermione lo dejara dormir en su cama, Draco se levantaba para tomar un ducha y bajar a desayunar, Hermione seguía dormida y no pensaba despertarla hasta más tarde, hoy era un día muy ajetreado en la mansión y ella necesitaría fuerzas.
Al llegar al comedor se encontró con su suegro que lo recibió con una amable sonrisa, había logrado establecer una muy buena relación con John, hasta tal punto que Granger lo estimaba como el hijo que nunca tuvo.
-Buenos días, John, espero que todo en la mansión esté siendo de vuestro agrado.-
El señor Granger esbozó una sonrisa agradecida.- Por supuesto Draco, como siempre todo está perfecto, jamás creí estar en una mansión así, menos poder dormir en ella. Recuerda que Jane y yo venimos de familias humildes, con mucho trabajo y esfuerzo logramos darla a nuestra princesa una estabilidad acomodada, pero sin duda nada comparado con esto.- Y es que John estaba desde el primer momento maravillado con la casa de sus consuegros, más cuando consiguió aceptar a Draco como alguien de su familia, porque no era fácil sabiendo que el había sido el niño que se metía con su adorada hija. Tanto Draco como sus consuegros les habían dado libre albedrío para que tanto él como su mujer vagaran por la mansión y sus terrenos a sus anchas. Eso sí, Lucius a regañadientes.
-Esta es tu casa John, ya lo sabes.- Su suegro le devolvió la sonrisa agradecido, sin duda, no se había equivocado al darle la oportunidad a Draco, era un hombre que maduró bajo mucha presión y que corrigió sus errores para intentar ser alguien mejor.
-Gracias, ¿y cuándo empezará el cumpleaños de mi nieto?-
-La fiesta infantil será esta tarde, y vendrán sus amigos de la guardería, pero esta mañana tendremos una pequeña reunión con los amigos más allegados de la familia y sus hijos claro, se quedarán a comer y disfrutarán de la fiesta.-
En ese momento Narcisa entraba con un enfurruñado Scorpius. Al llegar junto a Draco, lo sentó en su regazo puesto que se negaba a estar en su trona.
-No sé qué le pasa, está muy irritado. Estero que se le pase para su fiesta. Buenos días John.- Tras saludarlo empezaron una amena conversación.
Draco miraba al pequeño que estaba cruzado de brazos y con los mofletes hinchados.- Socio.- Llamó al niño, pero él se hizo el sordo.- Scorpius, mírame.- Dijo en un tono más serio. El niño lo miró con el ceño fruncido.- ¿Qué pasa?- Él se limitó a encogerse de hombros y girarse. Su padre se acercó a su cabeza y la besó.- Si me dices lo que te pasa, podría convencer a tus abuelas y a tu madre de que jugar un partido de quidditch antes de tu fiesta es una magnífica idea. Incluso convencería a tu abuelo Lucius de que juegue con nosotros.- En niño negó con la cabeza y Draco se dio por vencido en esa ocasión.
Más tarde, cuando las amistades más cercanas a la familia ya habían llegado y tras la comida, los niños fueron llegando el pequeño se mostró en todo momento algo reacio, pero con el ambiente mágico y divertido de la fiesta, poco a poco, Scorpius fue cambiando la cara y pasó la tarde jugando con sus amigos.
Era el momento de abrir los regalos, Hermione estaba muy emocionada aunque eso no había impedido que se diera cuenta de que su pequeño tesoro estaba más apagado de lo normal. Habló con Draco al respecto y este le comento lo que había pasado por la mañana. La castaña solo esperaba que todo mejorara cuando le dieran su regalo. O bueno, uno de ellos.
El momento había llegado delante de todos sus familiares y amigos, Draco cogió la mano de Hermione y avanzaron un par de pasos hasta el pequeño.
-Scorpius.- Lo llamó su madre. El pequeño se giró hacia los adultos con curiosidad.- Tenemos muchos regalos para ti, pero tenemos uno muy especial.- Hermione y Draco se agacharon a su altura y muy emocionada Hermione le dio la noticia.- Dentro de unos meses, vas a tener otra personita con la que jugar. Scorp vas a tener un hermanito.- Dijo Hermione con una amplia sonrisa. Todos exclamaron contentos y emocionados ante la maravillosa noticia, incluso Narcisa y Jane se abrazaron mientras lloraban a lágrima viva, el único que permanecía serio y para nada feliz con la buena nueva era el pequeño cumpleañero. Draco lo notó junto a su mujer y fue esta última la que intentó sacar palabra de su bebé.- Scorp, ¿no te alegra la noticia?, ya no te vas a aburrir nunca más, y vas a ser un gran hermano mayor.-
-¡NO! NO ESTOY CONTENTO, YO NO TERO UN HERMANO, NI OSTERO A VOSOTROS, OS ODIO.- Y salió corriendo escaleras arriba, esquivando a suabuelo cuando intentó atraparlo. Todos quedaron muy sorprendidos por la actituddel pequeño, pero quienes no solo estaba sorprendidos sino además muy dolidoseran sus padres. A Hermione poco a poco se le iban humedeciendo los ojos y Draco por momentos iba frunciendo el ceño.
-Hermione...- Susurró Harry.
-Ahora no.- Se levantó y fue por donde su hijo había salido siendo seguida por Draco.
-¿Qué bicho le ha picado?, lleva todo el puto día así.-
-No lo sé, pero nos ha dicho que nos odia. Él nunca había reaccionado así nunca, con nada. Y eso me preocupa.- Hermione ya no podía retener las lágrimas. Cuando llegaron a la puerta del niño desde fuera se podían oír los fuerte sollozos. Entraron y lo que vieron los dejó estáticos. Toda la habitación era un completo desastre salvo por la cama que seguía intacta si no fuera porque estaba elevada unos metros de alto. Lamparas, muebles, infinidad de juguetes estaban hechos polvo por toda la habitación. El niño lloraba desconsoladamente tumbado bocabajo en su cama. Solo había una cosa capaz de aquello: Brote de magia involuntaria. Scorpius, además de muy enfadado, había demostrado que en su interior albergaba un gran poder, una esencia mágica increíble y arrolladora. Sería un magnífico mago.
-Scorpius.- Llamó su padre, sorprendido pero con un claro tono demandante, autoritario. El bebé asomó su cabeza y la cama fue descendiendo hasta estar otra vez en su lugar. Draco se acercó a la cama dejando atrás a su mujer que seguía en la puerta. Paralizada.
-PAPI.- Gritó el pequeño rubio llorando desconsoladamente, mientras se tiraba a los brazos de su padre. Cada vez se veía peor y los adultos estaban empezando a preocuparse seriamente porque le diera un ataque de ansiedad. Draco acarició su espalda suavemente intentando calmarlo, con la mirada llamó a Hermione, que se fue acercando paulatinamente.
-Scorpius, mírame.- El niño sin soltarse del cuello de su padre, lo miró. El mayor aprovechó para examinarlo por si estaba herido pero afortunadamente no era así. Le limpió las lágrimas con sus pulgares.- Tranquilízate, y explícanos que es lo que te pasa.- Al principio, al niño le costó un poco, y debido al desesperado llanto no dejaba de tener espasmos.
- Ya no me teréis.- Y al terminar de decirlo volvió a estellar en un llanto casi agónico.
-Bebé... ¿por qué dices eso? Eres lo que más queremos en el mundo.- Dijo Hermione dulcemente mientra acariciando su cabeza.
-Nooo, yo lo oí.- Dijo Scorp.
-¿Qué oíste?-
-Esta mañana tuve una pesadilla y fui a buscar a mami y le hablaba a su barriga. Dijo te había alguien dentro y te lo íbais a terer muchísimo.- El niño perdió la calma que había conseguido reunir y estalló otra vez en llanto.- ¡PAPI, MAMI SE HA TOMIDO A ALGUIEN!- Volvió a acurrucarse en el regazo de su padre mirando de reojo a su madre que empezaba a comprender la situación.- También dijo que iba a usar mi ropa y mis juguetes.- Y ahí estaba el problema, Scorpius había escuchado cuando hablaba con su vientre, que solo tenía una pequeña elevación. Había oído como soñaba despierta con su bebé haciendo de hermano mayor y su inocente y celoso niño lo había malinterpretado todo, lo miró con lágrimas en los ojos y una tierna sonrisa, su corazón se encogió al verlo tan compungido. Draco lo apretó entre sus brazos.- Yo no tero dar mis juguetes, ni que me dejéis de hacer taso.-
-Mi bebé.- Quitó a Scorp de los brazos de su padre y lo arrulló.- Yo no me he comido a nadie. Aquí hay un hermanito que te va a adorar mucho.- Hizo que el pequeño lo mirara a los ojos. Tan Malfoy.- Y no tienes que compartir tus cosas si no quieres, yo esperaba que como hermano mayor te gustaría cederle tus cosas al bebé, pero se me olvidaba que eres muy Malfoy. Y los Malfoy no comparten nada. Así que te podrás quedar tus cosas, aunque tendremos que comprar nuevas porque estas están destrozadas.- Dijo con voz dulce.
-¿Y por qué tiene que ser un bebé? Yo soy vuestro bebé.-
-Porque él o ella será más pequeño y tú, poco a poco estás creciendo y dejando de ser un bebé.- Le explicó su padre despacio.- Scorp, por muchos hermanos que tengas, tú siempre serás el mayor y además de tener la responsabilidad de velar por tus hermanos, siempre serás el heredero. Como mi heredero y más importante como mi hijo y mi sangre jamás te voy a dejar de querer o de intentar ser el mejor padre que pueda ser para ti, nunca dudes que te queremos, ni hoy que tienes dos años, ni el día que tengas quince y seas un puberto insoportable.- Eso logró hacer reír a su hijo.- Además, tus abuelos jamás dejarán de regalarte cosas.- Y Hermione no pudo estar más de acuerdo.
El pequeño se incorporó.- ¿Entonces no te has tomido a nadie?- Hermione negó con ternura.- ¿Os tedáis a dormir tonmigo?-
-Por supuesto que sí.- Cuando ya estaban acostados y el niño se terminaba de relajar volvió a hablar.
-Lo siento.- Lo adultos se miraron sin comprender.- Por decir te os odio. Yo os tero muchííííííísimo.-
-Y nosotros a ti. Más que a nada.-
-¿Estoy tastigado?- Los adultos se miraron burlonamente.
-No, pero como escarmiento, tendrás que aguantar al monstruo de las cosquillas.- Y el Hermione atacó a su hijo haciéndolo reír como un desquiciado.
La pantalla se nubló y después de unos segundos volvió a clarearse hasta dejar una nueva imagen.
Después del café que tomaron tras la primera borrachera de la castaña no se volvieron a ver hasta que Draco necesitó aclarar un papeleo sobre los elfos que trabajaban para él, para ello necesitaba aclarar las clausula de la ley contra un trabajo forzado para criaturas mágicas no humanas. Le acusaban de no respetar los horarios, cuando fuera de horario había pillado a un elfo limpiando. No era su culpa que fueran unos maníacos y obsesos de la limpieza. El elfo en cuestión había sufrido una penalización laboral, lo que lo impedía trabajar durante un mes y eso estaba volviendo loco tanto al pobre trabajador como a su jefe.
Draco por su parte había sido obligado a pagar una multa, eso le daba igual, el dinero no era problema alguno. Pero que Trudie estuviera en su oficina día a día, rogando porque lo volviera a poner activo le agobiaba bastante. Así que, necesitaba firmar cualquier cosa que le devolviera al elfo su puesto de trabajo y a él la calma a su oficina.
En el departamento del ministerio encargado de todos esos tejemanejes había armado un pequeño conflicto, no era su culpa por supuesto, lo que había pasado era que le habían negado una audiencia. Y a él no le negaba nada nadie. Y menos en lo concerniente al trabajo.
Por lo que irrumpió en el despacho del director, tras unas palabras con él, Sawyer, el director de aquel sector en el ministerio, le pasó con su mano derecha, la abogada Granger. Al tener el permiso para entrar en el minúsculo despacho, Draco quedó sorprendido. Granger estaba sentada tras un escritorio y rodeada de pilas y pilas de documentos, contrastaba bastante con la oficina de su jefe que apenas tenía algún papel sobre su escritorio, Draco creía entender algo de burocracia y si su instinto no le fallaba Granger estaba haciendo su trabajo y el de su jefe. Lo que no tenía ningún sentido en todo aquello era porqué la castaña lo consentía.
-Malfoy, pasa y siéntate, hagamos esto rápido porque tengo demasiado papeleo que dejar en orden para mañana, son documentos muy urgentes.-
-Te veo ocupada, Granger.- Dijo Malfoy con el sarcasmo plasmado en la voz.
-Dejemos las tonterías aparte, Malfoy, no estoy para aguantar estupideces. Y ahora, ¿en qué puedo ayudarte?-
-Necesito que me firmes estos permisos de reincorporación.- La castaña los miró con desgana por encima y empezó a negar.
-Esto es demasiado reciente, el elfo en cuestión tiene que cumplir un cupo de 20 días mínimo, como sanción, en las que el jefe le seguirá pagando como si estuviera trabajando, por razones obvias el elfo que ha sido sometido a acciones laborales fuera de horario tiene el deber de asistir a un curso totalmente gratuito en el que se le proporcionará la ayuda necesaria para no tener que ser sometido, ni consentir que intenten someterlo.- Recitó la castaña parte de la ley impuesta de memoria.- Ahora Malfoy, si tu elfo está de acuerdo en volver a incorporarse al trabajo, deberás volver en diez días que es el tiempo que falta para cumplir con la fecha mínima.-
-No, no, no, Granger, no lo entiendes, tienes que firmarlo, yo ya he hablado con tu jefe y está de acuerdo.-
-Pues de estar de acuerdo, que lo hubiera firmado él mismo puesto que tiene más poder su firma que la mía.-
-Ya, bueno, eso discútelo con él. A mí me han mandado aquí porque tú era quien debe firmar esta documentación, así que por favor toma este papel y fírmalo.-
-Se acabó.- Dijo Hermione de mala leche, se levantó de su asiento y se dirigió a la salida varita en mano.
-Granger, ¿se puede saber adónde narices vas?- Preguntó el rubio con sorna pero a la vez confundido.
La castaña ni se molestó en responder, salió de la oficina con un objetivo claro. Mandar a su jefe a la mierda.
-Sí, Cindy, por supuesto que también tengo ganas de verte y no te preocupes por mi esposa, ya le he dicho que tengo un congreso en Bulgaria.- De repente, la puerta fue abierta bruscamente, Sawyer se quedó con la boca abierta al ver a su sumisa empleada heroína de guerra en la puerta echando humo por las orejas.
-Señor Sawyer, ¿me puede explicar por qué el señor Malfoy ha ido a que YO le firme un documento que no me corresponde? ¿Es tan sumamente vago que no puede ni siquiera hacer eso? ¿O es que es tan tonto que no sabe escribir y solo vale para meterle los cuernos a su mujer?-
-Señorita Granger, creo que se extralimitando, recuerde que soy su jefe y me debe un respeto. No crea que por ser heroína de guerra puede tratar a sus superiores como le dé la gana.-
-Perdóneme, pero con todo respeto usted es un esclavista del que he aguantado de todo, y si he aguantado es porque necesito este trabajo, pero todo tiene un límite y usted hace meses que lo sobrepasó. Ya no va a tener que chantajearme con despedirme, por que RENUNCIO. Me parece indignante que al mando de un departamento tan importante como es este, que lucha por la igualdad, al mando esté un inútil, misógino, que no sabe hacer su trabajo.- Se dio la vuelta dispuesta a salir, sin siquiera reparar en Malfoy, el cual la había seguido, pero antes de salir se volvió a girar.- Ah, pero esto no se va a quedar así, señor Sawyer, su esposa y la prensa sabrán en lo que se dedica en sus horas laborales, sin olvidarme del ministro, claro. Prefiero quedarme sin trabajo sabiendo que se hará justicia y que usted reciba su merecido.- Ahora sí abandonó el despacho.
Draco desde su posición hizo contacto visual con el jefe del departamento. Le inclinó la cabeza en señal de despedida y salió detrás de la furiosa leona, dejando al hombre rojo de la furia y mudo del desconcierto.
La encontró a la salida del ministerio, sentada en la baldosa, tal y como el día que en que la volvió a ver.
-Siento no tener hoy pañuelos.- Dijo el chico con voz solemne.
La chica hizo un sonido de desagrado mientras rodaba los ojos.- Malfoy, como has podido ver en este momento no estoy de humor para aguantarte. Me acabo de quedar sin el trabajo de mierda que necesitaba para mantenerme...-
-¿Por qué no lo habías denunciado antes?-
-Porque estoy harta de los problemas, además si no eres sordo me habrás oído decir que necesitaba el trabajo y el dinero. Y decírselo a Kinsley hubiera sido el camino fácil, no me gusta ser un chivata.-
Se sumieron en un incómodo silencio, el rubio por segunda vez en su vida se sintió culpable con una molestia en el estómago. Del bolsillo sacó una tarjeta y se la entregó.
-¿Qué es esto?- Dijo viéndola contrariada.
-Bueno, no puedo evitar pensar que si has mandado a la mierda a tu jefe ha sido en parte mi culpa. Así que, considéralo mi forma de disculparme, si te interesa puedes ver las instalaciones y bueno, tengo entendido que eres una de las mejores abogadas, y yo trabajo con los mejores, por lo que estaría dispuesto a contratarte.-
-¿Es una broma?-
-No, de hecho, me vendría bien tener en mi equipo, últimamente Theo está saturado porque los demás abogados no son lo suficientemente eficientes de lo que mi empresa necesita.- No queriendo recibir una negativa inmediata de la mujer, se desapareció delante de ella. También fue un método para prevenir una discusión que seguramente vendría.
El grupo más famoso de serpientes estaban reunidas en la Mansión Malfoy.
-Esta noche me apetece salir, ¿quién se viene conmigo? ¿Theo?-
-Lo siento, Draco, pero ya he quedado con Luna para ir a cenar, tal vez podamos pasarnos después.-
-¿Blaise?-
-Cuenta conmigo, hermano.-
-Perfecto, ¿Pans?-
La morena soltó un bufido.- No puedo irme de fiesta con vosotros, mi toque de queda es hasta las 10 pm. pero me encantaría quedarme a cenar hace mucho que no disfrutamos de una cena juntos.-
-¿Toque de queda? ¿Qué cojones, Pansy?- Preguntó Blaise
-El imbécil de Weasley me ha puesto toque de queda, según él por seguridad, pero sé perfectamente que lo hace para molestar. Así que, o estoy a las 10 pm. en punto o me quedo en la calle porque cierra la puerta con seguridad.- Mientras ella torcía el gesto en señal de frustración, sus amigos estallaban en carcajadas.
-Weasley ha espabilado, yo lo creía tonto hasta para molestar a las personas.-
-No tiene gracia, mi vida es una mierda desde que ese desgraciado llegó a mi vida.-
-Sí, nuestras vidas son una mierda pero que le vamos a hacer. ¡Tinkie!-
-¿Sí, amo?-
-Prepara la cena para tres personas, por favor, porque supongo que la preñada de Daphne no vendrá porque su perro guardián la tiene encerrada.-
-No supongas tanto sobre mí, Draco Malfoy.- Dijo Daphne entrando por la puerta con su gran barriga de siete meses.
-Wow, mirad todos a mi amiga, y lo bien que le sienta su embarazo, estás relucientemente preciosa, cariño.- Dijo Blaise mientras se acercaba a ella y la ayudaba a llegar al sofá para acomodarse.
-Adulador.- Dijo la rubia con una sonrisa tierna después de darle un beso en la mejilla.
-¿Y San Potter?- Preguntó Pansy.
-Oh, fue a una cena con sus amigos, quería que fuera pero preferí que tuvieran su espacio. Creo que después irán a un antro, pero yo me iré a casa a descansar.-
-En ese caso, nuestros fantásticos amigos te acompañarán a casa para asegurarse de tu comodidad y seguridad, y después de que les digas donde encontrar a Granger y sus amigos se irán encantados a perseguirlos.- Dijo Theo mientras recogía la chaqueta de su traje y le guiñaba un ojo a Draco que lo asesinaba con la mirada.
-Oh, Draco, ¿por fin has admitido que te gusta para algo más que una noche?
-No, porque sencillamente no tengo nada que admitir.-
-Ya... claro, y yo puedo llegar a la lata de sardinas pasada la madrugada.- Refunfuñó por lo bajo Pansy.
-Draco, admítelo, te gusta, no es el fin del mundo.-
-No sé en que idioma os tengo que decir que Hermione Granger no me gusta.-
-Draco, si no te gustara jamás le hubieras ofrecido trabajo, tú no tienes compasión con nadie.-
-Bueno, yo provoqué que la despidieran.-
-Draco, más bien fuiste el detonante para que explotara y mandara a la mierda a su jefe. No tenías la obligación de hacer nada.-
-Bueno, como sea, lo importante es que es una de las mejores abogadas del Mundo Mágico y esta trabajando para mí, además de que fue agradable ver la cara de mi padre cuando la vio aparecer por la empresa.-
-El día que tengas los cojones suficientes para admitir que te gusta, ese día revivirá Merlín.- Dijo Blaise, antes de sumirse en una conversación con Daphne y los demás dejando al rubio pensativo.
Después de la cena, y de asegurarse que Daphne cómodamente dormida en la Grimmauld Place, fue al antro en que la rubia aseguró que se encontraba su amado junto a sus amigos.
Harry al verlo aparecer fue el primero en marcharse para hacerle compañía a la madre de su hijo. Ronald, decidió que era hora de irse en el momento que vio que Pansy estaba en una conversación muy acaramelada con un moreno de muy buen ver. Neville y Hermione se encontraban hablando de plantas y pociones, Luna y Theo estaban en su propio mundo, Ginny bebía y bailaba bajo la atenta mirada de varios hombres, entre los que destacaba uno en concreto.
Hermione y Neville se encontraban conversando sobre las clases del chico, y nuevas especies que habitaban en el Lago Negro. Draco se encontraba en un punto estratégico donde observándola. Sabía que sus amigos tenían razón y que por poco que fuera la muchacha le gustaba.
Siempre había sido así, la odiaba, pero también le intrigaba y eso hacía que siempre tuviera un ojo sobre ella. Pero era demasiado orgulloso como para admitir tener alguna especie de interés por la castaña.
Aunque su orgullo no iba a impedir que él consintiera que otros tipos se le acercaran a la que sin saberlo era su presa intocable. Por eso cuando vio que un muchacho se le acercaba y empezaban a entablar una conversación en la que a la leona se la veía de lo más cómoda, decidió intervenir... y arruinarlo.
-Por eso creo que la labor de un elfo va más allá que trabajar por un salario mínimo y un mal trato de parte de sus jefes.- Decía la castaña totalmente sumida en su discurso, mientras el papanatas del hombre que la acompañaba la deba la razón con la cabeza y pero se la comía con la mirada.
-Completamente de acuerdo, ¿qué te parece si seguimos la conversación en un sitio más reservado?-
La muchacha no tuvo tiempo de contestar, puesto que una voz fría e imponente se le adelantó.- ¿Se puede saber dónde cojones pretendes llevar a mi novia?- Hermione y su acompañante palidecieron en el acto. Una de la ira y el otro por el pavor que le dio la cara amenazante de Draco, así que se levantó en el más absoluto silencio y se fue apresuradamente.
-Eres el mismo imbécil de siempre, no has cambiado en nada, era un chico muy simpático y me has dejado como una chica fácil delante de él. Además, ¿tú novia? ¡Pero si no me soportas!-
Neville desde su posición observó como el hurón albino soltaba una maldición y salía detrás de la castaña. Al salir la vio andando sin rumbo fijo y por las zancadas rápidas que daba se notaba que estaba muy enfadada. Pese a ello y gracias a la altura del rubio no le costó mucho alcanzarla.
-No entiendo por qué te pones así, se notaba que el chico no te estaba haciendo caso, solo te quería pasa una noche.-
-¿Y tú lo sabes porque eres así, no? pero claro el ladrón cree que todos son de su condición.- Dijo irónicamente Hermione.- Que sepas que el hecho de que seas mi jefe no te da derecho a meterte en mi vida privada, ese chico era mi problema, el tipo de relación que quería llevar conmigo, era mi problema. Así JAMÁS vuelvas a inmiscuirte en mi...- Como todo un clásico, el rubio la calló con sus labios. Era la única manera de que dejara de recriminarle tonterías, se notaba que llevaba alguna copa, no iba borracha pero sí contentilla. Hermione le pegaba por donde podía, puñetazos, alguna patada, hasta que le dio en la espinilla. Draco la soltó quejándose.
-¡Au! Mujer, ¿es que estás loca? con razón no tienes novio, por Merlín, ¿de qué son tus zapatos, de plomo?- Hermione lo observaba y contra todo pronóstico se echó a reír como nunca.- Definitivamente estás mal de la cabeza.- Se lamentó el rubio.
-Vamos, Malfoy, solo ha sido una patadita de nada para que aprendas a no besarme si yo no lo deseo.-
-¿Y cuándo es eso?- La chica lo miró con una ceja enarcada.
-Pues... ahora.- Lo cogió por el cuello de la camisa y lo besó con ganas. Segundos después y a causa del dichoso aire se separaron.- Nunca me obligues a nada, Malfoy, o te quedarás sin descendencia. Y quiero muchos hijos.- Con eso último se fue de vuelta al antro riéndose como la mismísima Bellatrix Lestrange dejando al muchacho pensando en su última frase.
El beso que se habían dado estaba en todos los periódicos de la prensa rosa de ambos mundos. Granger se había mostrado bastante pasiva con el tema, salvo porque no quería que la plantilla de personal la considerara una lagarta que iba tras el jefe para tener ciertos privilegios, y no precisamente por su brillante trabajo.
Draco, por el contrario estaba hastiado, Potter y Weasley se habían presentado en su maldita oficina para montar un circo, teniendo que ocuparse seguridad de sacar al pelirrojo. Harry se había quedado mirándolo en silencio pero con una mirada de odio que se lo decía todo.
-Malfoy, te lo advierto, como Hermione tenga un solo quebradero de cabeza por tu culpa, te juro que te haré la vida imposible.- Dijo Harry muy serio. Draco no se inmutó, por el contrario se le quedó mirando desafiante.- No permitiré que le hagas daño a mi mejor amiga.
-¿Y si es ella quien me hace daño a mí, Potter? ¿Acaso no ha sido ella la que hasta el momento no ha querido comunicarse conmigo? dime Potter, ¿qué pasará si es ella quien me daña? ¿Le harás un templo? o ¿tal vez debo llamar a Daphne para que me defienda? Mira Potter no te metas en esto.-
-Tú te metiste entre Daphne y yo.- Dijo Harry con brusquedad.
-Porque la dejaste jodidamente sola durante los primeros meses de embarazo, porque eres tan tonto que confundes a las mujeres. TUVO UN RIESGO DE ABORTO Y TÚ NO ESTUVISTE AHÍ PARA ELLA.-
Daphne entró en ese momento.- Harry, es hora de irnos, me siento muy cansada, ¿todo bien?
-Sí, solo compartíamos opiniones.- Contestó el rubio a su amiga con tono indiferente.
-Perfecto, Draco, tus padres están esperando para entrar, así que mejor que no los hagamos esperar.-
Hasta ahí quedó el recuerdo, porque Antares se desmayó en ese momento, cortando cualquier escena que hubiera dado Lucius Malfoy, la familia Granger al completo se levantaron para auxiliar a la pequeña heredera, junto con Mcgonagall, Albus, y el resto de viajeros.
-Abran paso, Hagrid, ayúdame a llevarla a la enfermería, Poppy, adelántate y prepara todo para examinarla, atención todos –dijo dirigiéndose a su alrededor- entiendo la preocupación que esto puede generar, pero he de pedirles a todos aquellos que no sean familiares directos que vuelvan a sus asientos y esperen pacientemente noticia sobre la señorita Malfoy, les prometo que serán los primeros informados. A regañadientes acataron la petición de la directora.
Una hora más tarde, los Malfoy se enteraron que Antares sufría de anemia, por lo que el desgaste que supuso emplear una magia tan potente durante tanto rato, la agotó demasiado llevándola al desmayo. Pomfrey decretó que lo mejor era que pasara la noche en la enfermería, en observación. Scorpius, tras mucho batallar con la directora y la enfermera, se quedó al cuidado de su hermana menor.
Hermione tenía mucho que pensar, sabía que la directora Mcgonagall sentía cierta debilidad hacia ella, por lo que se tomó el atrevimiento de pedirle su despacho por un rato para utilizar el pensadero y revivir los recuerdos de los chicos. Era increíble el giro de 360° que daría su vida. Los revivió uno a uno, ilusionándose con sus hijos, emocionándose cada vez que veía como se volvía a reunir con sus padres, la relación irrompible con sus amigos, pero sobre todo revivió cientos de veces el recuerdo de su boda. Era increíble, no le cabía en la cabeza como llegaría a cambiar Draco Malfoy, cambiar... ¿pero es que acaso alguna vez lo había llegado a conocer verdaderamente? La respuesta estaba clara, no. Draco Malfoy era completamente ilegible, un tempano de hielo en cuanto a sentimientos.
Pensaba todo esto saliendo del despacho y yendo de camino a la torre de Premios Anuales. Al llegar a la Sala Común lo vio sentado con una copa de whiskey de fuego, ¿cómo se las apañaba para meter al castillo bebidas alcohólicas y que no lo pillaran?, peor aún, ¿cómo coño era Premio Anual con semejante comportamiento?
-¿Quieres un trago, Granger?- Preguntó con una sonrisa socarrona.
-Yo no bebo alcohol.-
-El vino es una excepción, ¿no?- Sabía que estaba haciendo referencia al recuerdo que les había enseñado Scorpius, y como siguiera riéndose de ella se iba a tragar el whiskey con copa incluida.
-No sabía que eras tan gracioso.- Apuntó con veneno en la voz.
-De hecho, no sabes nada de mí.- Dijo alzando la copa y brindando por ello.
-¿Qué debería saber del gran Draco Malfoy?, sé que eres buen estudiante, por algo estás aquí, en esta torre. Sé que quieres a tu madre incluso por encima de tu vida misma.- Se quedó callada. No sabía nada más de Draco Malfoy.
-¿Ya se acabó la lista?, oh, qué pena. Creo que he sido testigo de la lista más corta jamás hecha por Hermione Granger, todo un fenómeno.- Su tono sarcástico e hiriente hizo que los nervios de Hermione se crisparan.
-Entonces ayúdame a conocerte mejor, es muy fácil decir que la gente no te conoce, pero tú tampoco haces el mínimo esfuerzo porque la gente te conozca. Siempre has sido un maldito niño mimado y prepotente, después durante la guerra eras alguien taciturno y después de ella simplemente ignoras a todo aquel que no sea de tu círculo social. Como yo, una sangre sucia.- Si quería discutir, Hermione sin duda no se iba a quedar callada.
-¿Y en tu brillante cabeza no se te ha ocurrido pensar que yo no quiero que la gente me conozca?, mejor aún, ¿no se te ha ocurrido pensar que la gente no quiere conocerme? antes solo me querían por lo que podían obtener a través de mí, luego simplemente mi vida se fue a la mierda y ahora lo único que quiero es vivir tranquilo con mi familia y los pocos amigos que sí se dignan a hablarme. ¿Círculo social dices?, ¿qué círculo social? El apellido Malfoy es la lacra de la sociedad, antes de toda la mierda de la guerra yo tenía una vida Granger, expectativas, antes de todo eso mi vida estaba hecha, sí, pero era estable y buena. Tenía un compromiso con Astoria Greengrass, compromiso que fue anulado después de los juicios, iba a llevar las empresas Malfoy pero, puf, se evaporaron, iba a ser alguien grande Granger, para eso me habían criado y sin embargo ahora mismo valgo menos que una cucaracha. Así que, ¿por qué no me iluminas?, ¿quién estaría dando saltos de alegría por conocer toda la mierda que guardo dentro?- Mientras hablaba se iba acercando poco a poco a la castaña con la clara intención de intimidarla, sin saber que estaba consiguiendo un efecto que difería mucho de la intimidación, se asemejaba más a la excitación.
Como toda una leona, Hermione no se dejó amedrentar pero también cometió el error que todos los leones cometían, actuó con impulsividad.- Yo.- Dijo mortalmente seria y con determinación mirándolo a los ojos. Se retaron con la mirada como tantas veces habían hecho, Draco intentaba ver a través de sus ojos si la chica mentía, también intentaba acceder a su mente por medio de legeremancia pero como siempre la muy condenada tenía que ser la mejor en todo y la oclumancia no iba a ser menos.
Sin preverlo siquiera la castaña se vio acorralada por el rubio contra la pared, y en un abrir y cerrar de ojos estaba disfrutando del beso más apasionado que jamás le habían dado. No sabía si estaba bien o mal considerando la información que los jóvenes del futuro le habían traído pero no pudo evitar dejarse llevar por el beso. Un beso no hacía daño a nadie y más si quien te lo daba era un buen besador. Se dijo a sí misma la castaña.
Hermione no sabía cuánto tiempo había transcurrido, Malfoy parecía ajeno a todo lo que no fueran sus labios y su cuerpo, al que repartía suaves caricia que poco a poco iban subiendo a un tono más fogoso. Supo que la situación estaba adquiriendo otro rumbo cuando el rubio apretó su trasero como si fueran pelotas anti-estrés, se separó ligeramente de sus labios para dejar escapar un jadeo, que podía ser confundido con un ahogado gemido. A Draco, al escuchar tan excitante sonido, se le oscurecieron los ojos como a un cazador que ha visto la más apetitosa presa. Hermione se sintió así al mirarlo a los ojos, como una inofensiva gacela ante un leopardo hambriento.
El rubio volvió a atacar su boca mientras la cogía en brazos y la llevaba al sofá de la sala, sentir como la lengua del rubio buscaba la suya con urgencia, era algo que creaba una insana urgencia en el centro de su intimidad que con Ron nunca había sentido. Y eso le preocupaba. No se habían tratado lo suficiente como para que eso pasara. Malfoy volvió a acariciarla y ella pensó que se iba a derretir por dentro, ¿por qué demonios Ronald nunca la había tocado así?, de esa manera no se sentiría tan rara, cuando apartaba la mano de una curva de su cuerpo ansiaba que le salieran veinte manos más de los costados para que la siguiera tocando. Era adictivo, por el amor a Merlín.
Pero sabía que tenía que parar aquella locura que estaba surgiendo entre ellos o de lo contrario las consecuencias podrían ser nefastas para los jóvenes del futuro sobre todo para sus hijos.
- No, para.- Dijo mientras sentía como el muchacho dejaba un camino de besos desde su cuello hasta el valle de sus pechos, al cual tenía acceso mientras le desabrochaba la camisa.
-¿Por qué tengo que parar? Tú lo deseas tanto como yo.-
-Por... Porque yo soy virgen.- Dijo Hermione totalmente sonrojada y sin mirarle a la cara. Draco la miró contrariado, es verdad que nunca había estado con una de su especie pero no dudaba de sus facultades amatorias, sabría sobrellevar la situación y la haría disfrutar como solo él sabía.- Pareces tonto.- Dijo al ver si cara de contrariedad.- Si hacemos... eso, podríamos cambiar el futuro, ¿o acaso no recuerdas que mi primera vez es en nuestra luna de miel?-
Draco lo pensó por varios segundo pero al ver el escote de la leona se decidió. La tomó en brazos y la llevó a un sofá mientras la besaba con ansias.
-Draco no...- Pero un gemido salió de lo más profundo de su garganta cuando el rubio aprisionó sus pechos, y después empezaba a pellizcarle los pezones. Decidido sacó las manos de debajo de su camisa y se la quitó, no demoró en quitarle también el sujetador. Quedó satisfecho con lo que la leona guardaba tan celosamente, bajó hasta quedar a la altura de sus pechos y les sopló, provocando un escalofrío en la muchacha, además de ponerle de punta todas sus zonas erógenas. Después cogió uno con la mano empezando a masajearlo, no quería que el otro pasara envidia de su compañero así que se lo metió a la boca y empezó a lamer, mordisquear y mamar, arrancando jadeos y suspiros de la muchacha, y obviamente algún que otro gemido que intentaba retener.
Hermione se sentía en el séptimo cielo, no recordaba cuando había sentido tanto placer a la vez, era algo indescriptible lo que aquel chico le estaba haciendo sentir, tanto era el placer que se olvidó de su causa por pararlo. Ahora solo sabía una cosa, necesitaba más.
Draco pronto siguió su camino dejando un reguero de besos por el cuerpo de la castaña, formando un camino para no perderse. Fue bajando hasta llegar a la zona sur de su cuerpo, topándose con una muy molesta falda que sobraba en aquellos momentos. Se la fue quitando lentamente mientras jugaba con la paciencia de la chica, la tentaba y jugaba con la prenda hasta que finalmente la molesta falda fue retirada y con ello se llevó consigo las bragas que sorprendentemente eran rojas y de encaje.
Draco siempre había pensado que el cajón de la ropa interior de la muchacha estaría plagado de bragas y sujetadores que se asemejaban más bien a los que llevaría su tatarabuela. Pero he ahí la agradable sorpresa que le había dado su arbusto con patas.
Fue besando hasta llegar al centro de calor. Y no pudo evitar una sonrisa al ver la zona totalmente suave y depilada. Subió la mirada hasta los ojos de la castaña que lo miraban desde arriba totalmente sonrojada pero con los ojos vidriosos del deseo. Esbozó una sonrisa sibilina y todavía mirándola la lamió. Comenzando un trabajo que no dejaba de arrancarle gemidos a la chica.
Tenía a Draco Malfoy entre sus piernas, y lo peor de todo es que si el muy albino osaba separarse de su vagina era capaz de lanzarle un Avada Kedabra, algo que no había hecho ni en la guerra cuando estaba rodeada de mortífagos que querían su cabeza. ¿Cuándo se había vuelto tan pervertida? Ella siempre se había resistido a los placeres carnales, sobre todo si no había un sentimiento de por medio, a ella no le iba el sexo casual como al rubio que estaba atareado en sus bajos. Y entonces llegaba la pregunta que llevaba haciéndose todo el día, ¿acaso sentía algo más allá de la atracción por el rubio? Claro que no, no se pueden cambiar años de repudio y pseudo-odio en una semana.
-Granger, cállate ya y deja de pensar tan alto, me estas desconcentrando y cuando hago un trabajo me gusta hacerlo bien, si piensas tan alto no puedo estar al cien por ciento en la faena. Y por favor, todos saben que estas enamorada de mí, o ¿acaso piensas que no se nota que se te cae la baba cada vez que hay un partido gryffindor contra slytherin y te quedas mirándome? Ahora cállate y disfruta por una maldita vez en tu vida.- Dicho esto volvió a pasar su lengua desde la estrecha entrada de la joven hasta el clítoris, arrancando de la boca de la joven gemidos cada vez más agudos. Hasta que se convirtieron gritos de puro placer. Y el rubio se aventuró todavía más y le metió uno de sus largos dedos. La chica jadeó, sintiendo que se quedaba sin aire, Draco esperó alguna mueca de dolor pero esta jamás llegó, se la veía un poco incómoda pero estaba demasiado lubricada como para que no se adaptara a la intrusión de su dedo con facilidad, fue un paso más allá e introdujo otro dedo. Así con dos dedos en el interior de su sabelotodo favorita empezó de nuevo a usar de una forma divina su lengua, mientras movía su manos al compás de las caderas de la muchacha que danzaba en un baile primitivo en una búsqueda ciega de su liberación.
Draco no perdía detalle de la muchacha, verdaderamente era un descubrimiento para él, era una leona pasional, entregada al sexo sin ella saberlo y ese secreto solo lo sabía él. Vio como arqueaba la espalda como una perfecta contorsionista y sabía perfectamente lo que significaba así que aumentó la rapidez en sus movimientos. La castaña estaba fuera de sí, no sabía por qué se sentía así de bien. Desde luego los libros no especificaban semejante placer. Estaba completamente sonrojada por los alaridos que daba y sofocada porque sentía que algo grande se formaba en su bajo vientre y cada vez se hacía más y más grande hasta que explotó en convulsiones, gritos, sollozos y la expresión de pleno éxtasis. El rubio dio un último lengüetazo probando cada gota de la esencia de la castaña. La miraba con una sonrisa socarrona y un brillo extraño en los ojos.
Se echó al lado de la castaña echándola sobre su pecho descubierto. Tenía un problema entre las piernas pero ya vería como lo solucionaba.
-¿Agotada?- Rió al sentir un leve golpe en su pecho.
-Cállate.- Se removió incómoda al sentir algo duro.- Me estoy clavando algo.-
-Te aseguro que si te lo clavara gritarías del gusto.- La leona entendió el doble sentido del comentario y se levantó como si el rubio tuviera la peste. Lo que lo hizo reír todavía más.- No esperarías que después de lo que ha pasado no me iba a excitar, ¿verdad?, Granger no soy de piedra y digamos que tus gemidos son demasiado seductores y tentadores. Por no hablar de tu cuerpo...- La recorrió de arriba abajo, conforme bajaba la mirada sus pupilas se iban dilatando.
La castaña por el contrario tenía la mirada fija en el enorme, sí enorme, bulto que el rubio tenía en la entrepierna. De hecho, la castaña no se explicaba a sí misma como todavía no había taladrado el pantalón.
-Así que, ¿te gusta lo que ves?- Preguntó Draco con una sonrisa descarada en la cara, mientras ponía sus brazos por detrás de su cabeza y se recostaba en ellos. Hermione enrojeció todavía más.
- NO.- Gritó rotundamente y exagerando su reacción sin proponérselo.
-Ya. Cualquiera lo diría por como lo miras.-
-No seas idiota, Malfoy. Yo no lo miro de ninguna manera.- Clavó su mirada en el suelo, para tratar de pensar con frialdad, fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba desnuda. Corriendo cogió un cojín y se tapó.
- Es inútil que te tapes, ahora ya te conozco ENTERA.-
-Eres... OGH, no puedo contigo.- Lo miró enfadada y sin querer se dio cuenta nuevamente del bulto, no desaparecía.- ¿Qué vas a hacer con eso?
-Me daré un baño en el Baño de Prefectos.- Nadar un rato en agua fría lo ayudaría porque ni por asomo la castaña le ayudaría con su gran problema.
-¿¡No pensarás pasearte por ahí con eso?! ¡Imagínate que alguna chica te ve!, ¡SE ASUSTARÍA!-
Draco estalló en carcajadas y rio como nunca lo había hecho en su vida.- Ay, Granger, me matas. Te aseguro que si me cruzo con alguna chica, el asustado seré yo.- La chica lo miró con incredulidad.- Granger, si salgo afuera con semejante erección corro el riesgo de ser asaltado sexualmente por alguna loca desquiciada. No te imaginas los estragos que corro diariamente en mi vida al ser tan guapo y tener este cuerpo.- Dijo dramatizando.
- Bueno, pues tú verás lo que haces pero no puedes andar por aquí en medio con eso.-
-Se llama erección, Granger. E-REC-CIÓN. No es tan difícil, y como no me quieras ayudar tú no veo otra cosa, yo no me masturbo me parece demasiado mundano y soez, y te aseguro que una ducha de agua fría no me va a ayudar. Un baño, bueno, pero ¿una ducha? No, señor.-
-¿Qué yo te ayude?, yo no sé cómo podría ayudarte.- El rubio la miró con la mirada entornada, era imposible que fuera tan inocente con 18 años, ¿es que Weasley pis era un eunuco acaso? Y ¿cómo coño aguantaría él sin hacer nada hasta el día que se casara con ella? Aunque viendo lo que habían hecho minutos antes se daba una ligera idea, pero seguía sin tener sentido, supuso que el amor lo idiotizaría de tal manera que el sexo pasaría a segundo grado. Eso, o la leona le golpeó en las bolas. La recorrió de pies a cabeza y se levantó de su asiento.
Se aproximó a ella lentamente evaluando a su presa.
-Se me ocurre una manera. Devuélveme el favor.-
La castaña abrió la boca dispuesta a rechistar. Él se lo impidió con un dedo.-Antes de negarte, dame tu mano.- Retiró su mano y caminó rodeándola. Recorriendo un vez más sus curvas. Deleitándose con sus caderas y rozando el cielo cuando vio aquel perfecto melocotón con forma de corazón, no pudo resistir la tentación y se presionó con ella. La acarició tenuemente con la yema de sus dedos. Solo un roce, pero lo suficiente para poner los sentidos de la leona alerta. Le retiró el pelo y se acercó para susurrarle.- Dame tu mano.- Mordió el lóbulo, arrancando un jadeo de Hermione y se retiró, poniéndose nuevamente frente a la castaña y le ofreció la mano.
Con recelo se la dio, él mirándola a los ojos la entrelazó con la suya y la dirigió a su paquete, le lanzó una mirada desafiante retándola. Reto que la leona aceptó. No por nada era una leona y si bien no tenía ni idea de lo que hacía, ella no era una cobarde y haría frente a la situación, a la curiosidad y a su propio deseo sexual. Se aproximó a él con la decisión plasmada en su rostro, lo besó candentemente mientras empezaba a soltar su cinturón y desabrochar el pantalón.
Cogió la cara del chico entre sus manos y profundizó el beso. Sus lenguas jugaban o más bien, luchaban una contra la otra en una batalla cargada de sensualidad. Fue bajando sus manos por el extenso y trabajado pecho, hasta llegar a la cinturilla del pantalón, tiró de la prenda y la deslizó hacia abajo junto con los bóxers, conforme bajaban las prendas, ella se iba agachando mientras miraba al rubio de forma pícara, como hacía Ginny cuando se insinuaba a Harry, no recordaba tener otro referente. Así que intentó hacer su propia técnica de seducción y al ver rebotar el amiguito completamente erecto del rubio supo que algo estaba haciendo bien. Se levantó solo para darle un pequeño empujón al rubio y así sentarlo en el sofá, se inclinó sobre él para besar brevemente sus labios y fue haciendo un reguero de besos hasta su lugar de destino. El jadeaba mientras la veía bajar.
Estaba sonrojada como la grana pero eso no menguó su resolución de hacer al rubio disfrutar tanto como lo había hecho ella. Optó por mezclar la sensualidad con la inocencia, además de que tampoco sabía cómo interactuar con ese mástil.
-¿Qué debo hacer, Draco?-Preguntó la muchacha en un susurro mientras se ponía de rodillas, la abrió al rubio las piernas y se posicionó en medio de ellas a gatas. El rubio jadeó, esa chica no era legal, ella no era la comelibros de hacía un rato, que el santísimo Salazar lo tuviera en su gloria porque hoy él se iba a ir al mismo infierno de la mano de esa diosa.
- Primero acaríciame.- Hermione vio como tragaba duro y la nuez subía y bajaba.
Con la mano temblorosa pero decidida Hermione recorrió la longitud con su mano, la palpó y acarició durante unos minutos en los que se familiarizaba con la situación, miraba fijamente aquel famoso órgano entre las chicas del colegio, le fascinó sentir como cada vez se endurecía más y más bajo su tacto. No pudo evitar morderse el labio inferior mientras sentía las venas marcadas y palpables. El rubio soltó un gruñido y cerró los ojos fuertemente después de ver el acto involuntario de la chica. Comprobado. La pelos de arbusto lo mataría.
-Ahora agárralo, pero no con mucha fuerza. Y empieza a hacer movimientos ascendentes y descendentes, ve aumentando el ritmo.- Hermione empezó con la inseguridad de una principiante, pero no lo hacía mal, con movimiento suaves lentos y constantes. Poco a poco, iba cogiendo más confianza en sí misma y el trabajo que estaba haciendo. Se dejaba guiar por los jadeos y gemidos del rubio, que iban aumentando con el pasar de los segundos. En un momento dado Hermione aceleró apretando levemente el mástil en su mano y el rubio pegó un bote en el asiento, alzando la pelvis.
Había algo en lo que hasta el momento la muchacha no había reparado hasta que los sintió rebotar contra ella. Miró fijamente al rubio y sin pensarlo mucho cogió con una mano los testículos del muchacho y comenzó a estimularlos. Draco gimió de pleno placer, sin duda alguna era la mejor experiencia manual que había tenido.
Los movimientos cada vez eran más rápidos y Hermione empezaba a sentir dolor en su mano, sin quererlo apretó con un poco de fuerza el pene de Draco y este soltó un gemido ronco demasiado fuerte.
Sin soportar más la molestia en su mano, paró. Dejando al rubio a las puertas del cielo. La castaña estaba un poco avergonzada por la loca idea que había cruzado por su brillante mente, era algo que había leído hacía tiempo en un libro y solo esperaba que fuera del agrado del rubio. Subió y besó a Draco, para después volver a bajar a su intimidad.
Sin demora, tomó aire y lo soltó. Después cogió el miembro y le dio un beso en el glande. Draco gruñó de placer. Le dio una lamida al falo intrigada por la reacción del muchacho. Poco a poco se lo fue metiendo en la boca y simuló estar lamiendo y chupando una paleta para hacer más llevaderas las arcadas. Cuando sintió que había llegado a su tope aguanto el impulso de sacarlo y movió la lengua alrededor.
Santo Merlín. Sentir los labios calientes y húmedos de Granger en su miembro era la cosa más sensual y maravillosa que había experimentado en su asquerosa vida. Para colmo saber que era él, precisamente ÉL, el idiota que la estaba introduciendo al mundo de la lujuria era todavía más excitante.
Sentir como su dulce y tímida lengua se paseaba por el tronco de su pene lo hacía rozar la locura. Gemidos salían de su boca entreabierta y Hermione no podía evitar sentirse sensual, sexy y deseada, con el control de la situación. Mantenían el contacto visual, él con los ojos entrecerrados vidriosos a causa del deseo y ella con la llama encendida en la mirada siempre fija en su amante.
Después de unos instantes Draco cogió la cabeza de Hermione y no pudo evitar balancear sus caderas hasta que segundos des pues sacó su miembro deprisa.
-¿Pasa algo?- Preguntó Hermione jadeante.
-No... No quiero correrme en tu boca.-
-Oh. ¿Sabe mal?-
-Nunca lo he probado.- Draco se estaba masturbando a sí mismo buscando la liberación, que no llegaba porque no podía concentrarse.
-Déjame hacerlo a mí.- Draco creyó que se refería a su alivio vía manual así que paró. Oh, sorpresa divina la que se llevó al ver que la castaña volvía a tomar posesión de su miembro con su boca divina.
Y hasta ahí llegó Draco, se corrió en la boca de la castaña, mirando al techo. Muerto de gusto y placer.
La chica tragó y después se quedó mirándolo satisfecha. ¿Quién era frígida ahora? El sabor era algo nuevo y raro pero tolerable.
-¿Agotado?- Preguntó ella con ironía y burla.
-Mucho.- Se sinceró el muchacho.- Has estado sublime, Granger. Debo darle la razón al equipo educativo del colegio, llevan razón. Aprendes rápido, y muy bien.- Vio como le brillaban los ojos con superioridad y él no iba a quedar como alguien inferior, eso nunca.- Aunque, también hay que tener en cuenta al gran profesor que has tenido. Además, por tus gritos deduzco que yo también he estado de matrícula de honor.-
La castaña torció el gesto.- La diferencia es que yo no tengo experiencia alguna, y tú te has tirado a todas la chicas del colegio.-
-Eso no es cierto.- La castaña alzó una ceja.- A las de primero y segundo no, tampoco soy un morboso.- Y ella rodó los ojos sin poder evitarlo. Él se aproximó a ella y la besó apasionadamente.- Hay mucho que te puedo enseñar sin necesidad de penetración.- Volvió a juntar sus labios con los de la leona y ella se abandonó al beso, al fin y al cabo sería su marido y desde hacía rato se sentía bien estando desnuda frente a él. Independientemente de que era el primer chico que la veía sin nada de ropa.
Se levantaron y fueron a ciegas por toda la sala común hasta quedar apoyados en la puerta. Se acariciaban, se exploraban y la cosa se volvía más acalorada por momentos.
-¿¡HERMIONEEEE!? ¿ESTÁS DESPIERTA?- Gritó Ronald desde fuera.
Hermione se separó espantada, mirando al rubio con pavor. Draco se llevó un dedo a la boca en señal de que hiciera el más absoluto silencio.
-Ron, no grites, si nos descubren estaremos en un gran lío y con todo lo que está pasando no tengo ganas de que reporten a la academia de aurores.- Dijo la voz de Harry que estaba oculto en su capa de invisibilidad.
-¿Y cómo quieres que sepamos si está despierta? ¿Vía lechuza? ¡HERMIONEEEEE! TENGO UN NUEVO EJEMPLAR DE HISTORIA DE LA MAGIAAAA.-
-Ron, lo digo enserio, Malfoy también duerme aquí si nos pilla se chivará.-
-Maldito hurón desteñido.- Refunfuñó Ronald.
Dentro los cuerpos desnudos seguía entrelazados de pie contra la puerta, Hermione temblaba de los nervios, ¿qué dirían sus amigos si la descubrían en aquella situación? ¡LA MATARÍAN!
-Potter puede escuchar tus pensamientos, deja la mente en blanco.- Le susurró Draco al oído.
-Eh, Harry, he oído algo mira pega tú también la oreja.- Dijo Ron al otro lado de la puerta.
-Weasley si no te vas de una puta vez mañana tu puto culo estará colgado en la Torre de Astronomía junto con el de San Potter. Hoy estoy de buen humor y os daré diez segundos para que os vayáis al agujero del que no deberíais haber salido.- Pronunció Draco alto, claro y de mala leche. Después tomó a Hermione en brazos, mientras escuchaba al Ronald mandarlo al carajo y sin que la castaña reaccionara.
Entró en su habitación y dejó a la chica en el centro de la cama.- Madre mía, Malfoy, ¡casi nos pillan!, ¿por qué me has traído aquí? no pienso hacer nada más contigo esta noche.
-Sí, que lo harás.-
-¿Cómo? ¿Acaso me vas a obligar?
-Podría, pero lo harás encantada.-
-Eres imbécil, yo me voy de aquí no pienso hacer ninguna porquería, y si la hago es porque así lo deseo no porque un idiota me obliga.-
-No sé qué habrá pensado tu nueva mente retorcida y que solo piensa en sexo pero yo me refería a dormir.- Draco se acostó con una sonrisa burlesca, la había engañado.
-Tú... ¡HURÓN APROVECHADO!- Se acercó a la cama y cogió una almohada para intentar, no sé ¿ahogarlo?
Él la cogió por la cintura y la puso contra su cuerpo.- Buenas noches, Granger. Te aconsejo que no te muevas si no quieres despertar a alguien que reside en mis bajos. Si no te quieres dormir perfecto, pero estate quieta que mi cara debe lucir bien por la mañana, es muy difícil mantener una belleza como la mía.- Hizo una mueca al sentir un codazo en sus costillas, pero después de unos breves minutos empezó a sentir la respiración acompasada de la desnuda castaña. Y entonces él se permitió reunirse con Morfeo, abrazado a la chica que estaba acurrucada contra él.
