Una semana después…
Subían las escaleras de la clínica lentamente. El rostro de la joven mama de ojos verdes era todo un poema. Su hermana le sonrió intentando tranquilizarla. Sacaría uno de esos temas de conversación que sabía, despertaba su curiosidad.
-¿Sabes una cosa? Es una suerte que te enamoraras tú de Ace y no yo.-Nerumi alzó el rostro.-Imagínate cómo hubiese sido la situación al revés.-Rió.
-Un completo desastre.-Sonrió la hermana menor.-No me esperaba para nada que mamá y Roger…bueno, ya sabes…
-Hay tantas historias detrás de cada capítulo de nuestra vida, que necesitaríamos mil años para conocerlas todas a fondo.
-Quizás podría ser una buena idea preguntarle a papá algún día.-Llegaron a la sala de espera y se sentaron.
-¿Y si no lo sabe? No me gustaría que se sintiera mal por eso.-Hanon suspiró.
-Si mamá lo hizo tendría un motivo razonable para ello.
-¿Quién sabe…? Lo importante es que nosotras no hayamos cambiado nuestra relación por eso.-Nerumi asintió.
-Eres mi hermana después de todo. Completa o media, qué más da.-Rió la menor.-Era lógico que nos lo tomáramos con calma. Después de todo…ninguno de ellos vive…-Hanon agachó el rostro con un deje de tristeza en la mirada.
-Sí, es una lástima…-Nerumi le agarró la mano con cariño. Su hermana mayor alzó la vista dedicándole una tierna sonrisa. De pronto, el megáfono las avisó de que les tocaba entrar a la consulta. La de ojos verdes se tensó como nunca.
-Oh Dios…estoy atacada de los nervios.-Se detuvo delante de la puerta de Doi.
-Si no te hubieses acostado con los dos con un día de diferencia, no estaríamos aquí con el alma en vilo. Pero es lo que hay, así que afrontemos esto rápido y con filosofía.-Hanon abrió la puerta. Nerumi suspiró hondo, cerró los ojos contó hasta cinco y siguió a su hermana dentro de la habitación.
Doi las recibió con una bonita sonrisa.
-Por Dios, que sea rápido.-Hanon se sentó al mismo tiempo que el médico soltaba una pequeña carcajada por ese comentario.
-¿Es posible que se me suba la tensión?-Nerumi empezó a abanicarse, sentía el calor recorrer su cuerpo de punta a punta.
-Es posible. Por eso te he hecho una manzanilla.-Doi le tendió la taza. Nerumi bebió sintiendo como le temblaba el pulso.
-¿Y?-Hanon fue directa al grano.
-Bien, veamos, comencemos por el principio.-Doi colocó los papeles de los análisis delante de las hermanas.-Tal y como vimos en los resultados anteriores, serán mellizos. Eso quiere decir que están dentro de dos bolsas amnióticas diferentes. Así que analizamos cada una y comparamos los caracteres con los de las muestras de los "padres".-Nerumi volvió a beber.-El resultado es que uno de ellos coincide. Pero el otro no.-La mama embarazada abrió los ojos de par en par.
-¿Qué? ¿Eso qué quiere decir?-Hanon no entendía nada de lo que estaba pasando.
-Nerumi, estabas ovulando en el momento en el que produjo la fecundación. Tus ovarios expulsaron dos óvulos. Ibas a tener mellizos de todas formas. Así que cada uno de tus hijos, procede de la fecundación de un óvulo y un espermatozoide distinto. Y aquí está la respuesta a la pregunta de la semana pasada, ya que en uno de ellos ganó Ace y en el otro, Sabo. No pasaron ni veinticuatro horas de diferencia entre un acto y otro, así que…
-Espera un segundo, ¿está diciendo que uno de los mellizos de mi hermana es de Ace y el otro de Sabo?-Hanon repitió las palabras del doctor totalmente incrédula. Doi asintió. Ambas hermanas se miraron. Aun intentaban asimilar toda aquella información. Durante un par de minutos, el silencio se hizo por completo en la sala. Hasta que la menor de las hermanas habló.
-Bueno, ahora me siento la mitad de culpable...-Suspiró resignada. Hanon sonrió amplio mordiéndose el labio.
-Es increíble.
-Lo es.-Doi volvió a pronunciarse.-Pasa muy pocas veces, es realmente raro que la madre tenga relaciones con hombres diferentes de un día para otro.-Los colores subieron a las mejillas de Neru. Hanon soltó una carcajada.
-Sí que es excepcional.
-¡Oi! Has venido a apoyarme Hanon.-La regañó la menor.
-¿Y se puede saber a qué padre corresponde cada peque?-La curiosidad de la morena no tenía límites. El médico asintió.
-Esa parte es la más sencilla de saber…
…
Entró en casa sintiendo sus pulsaciones más apaciguadas de lo normal. Doc la saludó como siempre llenando la casa de ladridos. Ella lo acarició y subió las escaleras. Sabía que Ace estaría allí terminando de montar las cunas. Cuando llegó al umbral de la puerta se asomó para apoyarse después sobre él. Por unos segundos se quedó totalmente extasiada con la visión del pirata concentrado en las piezas de madera y los tornillos.
Se mordió el labio.
En realidad era más afortunada de lo que verdaderamente merecía. Él era perfecto. En todos los aspectos. Siempre le había sido fiel. Siempre había confiado en ella. ¿Por qué no le había correspondido de la misma forma? ¿Acaso Sabo había podido llegar a superar ese amor que sentía por el moreno así como así? Para su resignación, sabía que un poco sí. Sin embargo, estar con Ace le llenaba tanto que todo lo demás no importaba lo suficiente como para dejarlo marchar…
-Neru, ¿cuándo has llegado?-Su voz hacía que su corazón latiera a mil por hora. Estaba convencida de que no dejaría de quererle, jamás.
-Hace poco.-Sonrió acercándose a él.- ¿Cómo va el trabajo? Está quedando fabulosa.-Nerumi acarició las maderas admirando el bonito mobiliario.
-Quedan un par de cajones por montar. ¿Cómo ha ido el médico?
-Todo va genial.-Colocó una mano sobre su enorme vientre.-Y si todo sale bien, en un mes y cinco días tendremos nuevos inquilinos.-Ace amplió la línea curva de sus labios.- ¡Oi! Mira, ven.-Neru agarró la mano del pecoso y la colocó sobre su barriga. Al momento, Ace sintió unos golpecitos bajo la piel.
-¡Se mueven!-Nerumi asintió feliz.-Hola chicos. Pronto estarías fuera de ese sitio tan estrecho.-Les habló. La joven mamá no pudo contener una carcajada.
-Oi Ace, ¿recuerdas que la semana pasada decidimos el nombre del niño?-El pirata asintió.-Creo que ya tengo el nombre de la niña.
-¿Cuál?
-Mary.-Ace abrió los ojos de par en par, un pálpito recorrió su cuerpo. Ese nombre, sonaba increíblemente bien. Era como si, la pequeña que aún no había nacido, se hubiese llamado siempre así.
-Mary…-Nerumi se mordió el labio deseando que aceptase.-Me encanta.
-¿De verdad?-Ace afirmó su propuesta.
-¡Genial! Pues Ed y Mary van a tomarse un baño con mami.
-¡Oi! ¿No ibas a ayudarme?
-¡Después del baño!-La joven había salido de la habitación con una bonita sonrisa. Ace resopló. Pero de repente, la voz de su mujer volvió a llamar su atención.- ¿Quieres unirte?-Neru se asomó por el umbral con una gigantesca sonrisa pícara.
-¡Yo lleno la bañera!-Y en un santiamén, Ace se levantó del suelo y la siguió.
Diez minutos después ambos se acomodaban sobre la blanca porcelana llena de agua caliente y espuma. Neru apoyó su cabeza sobre el hombro derecho del comandante. Sonrió.
-¿Cuánto tiempo ha pasado?-Rozó con las yemas de sus dedos el antebrazo del pecoso.
-¿De qué?-Ace deslizó la mano que le quedaba libre por el vientre de la joven.
-Desde que me encontraste en Libertad y me llevaste contigo.-La nostalgia se apoderó de su voz. El moreno sonrió.
-Muchos años.
-Demasiados…-Nerumi giró el rostro y alzó la mirada hacia él.-Ace, quiero que sepas, que has sido la mejor decisión que he tomado en toda mi vida.-Se mordió el labio. Una parte de ella sentía como la culpa le oprimía el pecho.-Y que siempre serás mi elección.
-¿Por qué dices eso?-Ace clavó sus ojos en ella con seriedad. La joven mamá agachó el rostro, pero él le agarró de la barbilla y lo volvió a alzar.- ¿Qué ocurre? Deja de engañarme. Estas muy rara desde hace tiempo. Me he dado cuenta de que algo no va bien.-Un nudo se afianzó en la garganta de Nerumi. Sabía que no podría vivir así sabiendo la verdad, ocultándole algo totalmente inevitable de descubrir.
Así que era el momento. La hora de confesar. Asumiría cualquier cosa. Se había autoconvencido de ello durante aquella semana de incertidumbre hasta conocer los resultados. Respiró hondo sintiendo como se le aceleraba el pulso por momentos, pero no dejó de mirarle a los ojos.
-Hace una semana, fui a ver a Doi.-Ace escuchaba atento.-Necesitaba saber la verdad sobre algo.-Nerumi agarró la mano que el pecoso tenía sobre su vientre.-Verás…-la voz le empezó a temblar,-el día que volviste después de rescatar a Gray, aquella noche, nos acostamos. Y al día siguiente, yo…quedé con Sabo para almorzar…y…-Neru agachó el rostro, sintiendo como Ace quitaba la mano de su estómago. Se mordió el labio. Suspiró un par de veces antes de echarse a llorar.
-¿Y?-El pecoso lo sabía. Siempre lo intuyó. Era algo totalmente lógico que su hermano quisiera un momento así de único con ella. Aunque solo fuera una vez en su vida. Sabía que siempre la necesitó. Pero quería oírlo de sus labios.
-Me…confesó lo que sentía por mí desde hacía años.-Los colores se le subieron a las mejillas cuando recordó ese instante.-Pero no nos…quedamos ahí…-Tragó saliva. Vio como la mirada del pecoso se llenaba de dolor. Agachó el rostro.-Nos dejamos llevar por el momento y lo…hicimos...-Al soltar aquello, un enorme nudo lleno de remordimientos, se liberó.-Siete meses y tres semanas después, aquí estamos. Con dos bebes en camino. Mellizos. Uno es tuyo.-Nerumi afianzó el poco valor que le quedaba y volvió a mirarlo a los ojos.-El otro es de él…
Una fina lágrima descendió por su mejilla derecha hasta caer sobre el agua caliente que mojaba sus cuerpos. Sin decir absolutamente nada, el pecoso se incorporó y salió de la bañera. Se colocó una toalla a la cintura y cerró la puerta de un portazo. Nerumi se llevó las manos al rostro y empezó a llorar desconsoladamente. Temblaba. Sabía que esa confesión podía significar el final de su maravillosa relación. Pero al menos, no seguiría viviendo con esa mentira…
Quince minutos más tarde, cuando pudo sentirse con la fuerza suficiente, salió del baño cubierta por su albornoz blanco. Ace estaba tumbado en la cama. Triste. Dolido. Miraba al techo serio con cierto brillo en sus ojos. Ella pasó por su lado, cogió su ropa y fue hacia la puerta dando pasitos cortos desconsoladores. Agarró el pomo de metal, pero antes de girarlo la voz del moreno retumbó entre aquellas cuatro paredes.
-¿A dónde vas?-Su tono de voz grave, la sobresaltó.
-Voy a dormir en la habitación de Rouge.-Las lágrimas volvieron a sus mejillas.-No quiero que estés mal. Ni que te sientas horrible por mi culpa. Supongo que necesitas pensar muchas cosas.-Al oírla, Ace se incorporó. Observó su espalda, y como se encogía. La oía llorar. Chistó con la lengua sintiendo como la debilidad de sus emociones le embriagaba el alma.
Sabía que sería capaz de perdonarle cualquier cosa.
-Ni hablar. Aunque te parezca una locura no tengo nada que pensar.-Él había machacado su orgullo tanto como ella.-No hace falta que te vayas.-Pero, a pesar de todo, resopló.-Dios, voy a matar a Sabo en cuanto le vea.-Nerumi se giró alarmada. Había sentido la ira en la garganta del pecoso.
-¿Qué? No, espera un segundo,-se acercó a la cama estrujando la ropa contra su pecho,-la culpa es totalmente mía, yo no debí dejarme llevar por…
-¿Le quieres?
-Ace…
-Contesta. Necesito saberlo.-Frunció un tanto el ceño. Nerumi tragó saliva pesadamente. Le vibrara todo el cuerpo. Aun así, fue sincera.
-Sí. Le quiero.
-¿Y a mí?-Neru se mordió el labio un instante. Sabía que todas aquellas preguntas le sacarían la culpa palmo a palmo. Ella asintió.
-También.-Ace arqueó las cejas desconcertado y Nerumi quiso explicarse un poco más.-Pero es un amor totalmente diferente. Con Sabo es como una especie de atracción adolescente totalmente innecesaria pero inevitable, lo que siento por ti es mucho más profundo que la simple pasión y el deseo de pasar unos cuantos meses solo con él. Ace, me das protección, cariño, ternura. Sigo sintiendo ese mariposeo cada vez que te veo por las mañanas y tengo ganas de acostarme contigo cada noche. Es un amor mucho más seguro y duradero. Siempre serás mi elección.-Unos finos rastros de lágrimas recorrieron sus mejillas. Ace suspiró agachando el rostro unos segundos. Él se había sentido igual de culpable que ella pero mucho tiempo más. Y si ella era capaz de tener el valor suficiente como decirle la verdad, él también debía de hacerlo.
-Y tú la mía.-Clavó sus ojos en ella tendiéndole una mano. Nerumi la observó desconcertada, pero después la agarró sintiendo como Ace la guiaba hasta sentarse en la cama frente a él. Aun estrujaba su pijama con fuerza.-Escucha Neru, creo que tampoco he sido muy sincero contigo estos años. Y puedo…entender perfectamente cómo te sientes aunque te parezca absurdo.-La joven se mordió el labio. Las lágrimas descendían sin control por sus sonrosados pómulos.
-¿Qué quieres decir?-Ace suspiró entrelazando los dedos de sus manos.
-¿Recuerdas la noche que dormí en el bar de Makino con Ai?-La castaña asintió.-No solo dormimos.-Nerumi entrecerró los labios llena de sorpresa. Le había dado un vuelco al corazón. Ace la miraba decidido y firme. Era imposible que estuviese mintiendo solo para sentirse mejor.-Me gustaba.-Continuó.-Me atraía muchísimo. Y…para colmo bebimos…-La joven apretó la ropa que tenía entre los dedos con más ahínco.-Sé que esa no es excusa pero…-Ace suspiró,-no pude evitarlo y simplemente pasó.-Nerumi le apartó la mirada. Sentía la rabia recorrer cada poro de su piel.-Algunos meses después, apareció embarazada.-El llanto de su mujer aumentó, se había llevado una mano al pecho. Pero él no dejó de hablar.-Pensé que era mío.
-¿La trajiste aquí para que se reconciliara conmigo aun sabiendo algo así?-Negó. No podía creérselo.
-Era lo mejor. Por aquel entonces no estaba al cien por cien seguro de ello. Y ella me daba largas cada vez que le sacaba el tema. Además, me dijo que no era mío. Habló de ese empresario que después resultó ser Sabo.-Suspiró.-Me sentí un completo idiota. ¿Cómo podía estar haciéndote ese daño? ¿Cómo podía quererte a ti y necesitarla a ella también? No entendía absolutamente nada de lo que me pasaba y decidí pasar un tupido velo por toda esa historia.-Le agarró la mano a la joven. Ella entrelazó sus dedos con los de él.-Cuando apareció Sabo afirmando su historia de amor, di por sentado que era suyo. Solo tienes que mirarlo ahora para darte cuenta de Kyle que es clavado a él.
-Así que, ambos somos culpables de un desliz…-Aun no se atrevía a mirarlo a los ojos.
-Siempre la necesitaré. La echo de menos cada día. Pero…tú lo superas todo. Siempre serás mi elección.-Neru alzó la mirada llorosa hacia la suya. Suspiró. Unos minutos de silencio se apoderaron de la habitación. Hasta que Ace rompió el silencio.-No me importa que uno de esos mellizos sea de Sabo siempre que te quedes conmigo. Daría cualquier cosa por no perderte para siempre. Aunque quiero…que seas feliz…
-Lo seré si me quedo a tu lado. Lo seré si me perdonas…
-Por supuesto que te perdono Neru.-El pecoso se adelantó a ella y la refugió en sus brazos. Ella se aferró a ellos con fuerza sintiendo sus lágrimas caer de nuevo a toda velocidad.-Perdóname tu a mí…-La joven asintió entre sus brazos.
-No te enfades con Sabo, por favor…
-No te enfades con Aiko, ni con Kyle…-Neru negó enérgicamente.- ¿Él sabe lo del bebé?
-Le dije que existía una posibilidad. Pero nada más. Además cuando hablé con él pensaba que solo era uno. Ace, quiero que tú seas su padre aunque lleve su sangre.
-Eso no es algo justo.
-Me da igual.
-Pero a mí no. Yo sigo teniendo dudas a veces sobre Kyle, y me habría gustado tener esa respuesta clara en mis manos.-La separó de él y le apartó las lágrimas con una bonita sonrisa. Era demasiado bueno. Nunca se lo merecería lo suficiente, pensó la castaña.-Así que no se lo diremos a nadie más, pero él debe saberlo. Será muy feliz. Cumplirás algo que siempre soñó.
-Dios…No digas esas cosas…Me siento horrible, no te merezco para nada…Cómo he podido acerté algo así…-Él la silenció alzándole el rostro y apoderándose de sus labios. Pero ella se separó sintiendo como se le encogía el corazón.-Además hay una pega, Aiko está muerta. Pero Sabo no…
Ace mordió el labio. Sabía perfectamente qué quería decir su mujer con esa frase.
-¿Qué quieres hacer? ¿Quieres quedarte con él? ¿Qué necesitas? Aceptaré tu decisión Neru, lo único que me importa es que seas feliz. Siempre te lo he dicho.-Entonces ella realizó la pregunta clave que daría lugar a un paso hacia delante o hacia atrás en su relación.
-¿Confiarías en mí si Sabo vuelve?-Ace clavó sus ojos en ella. La habitación se llenó de un tenso silencio.-Me lo imaginaba…-Agachó el rostro.
-Quizás al principio me cueste. Al fin y al cabo, él te mira de la misma forma que yo. ¿Qué puedo hacer contra eso? Además, es mi hermano. Entiéndeme.-Ella asintió.
-Por supuesto que lo comprendo. Pero…
-Nerumi.-La llamo por su nombre completo sin ningún tipo de diminutivo. Eso le sacó un vuelco al corazón.-Creo que eres tú la que necesita pensarse a fondo las cosas.
Esa noche ninguno durmió junto al otro.
Tumbada en la inmensa cama, totalmente sola, Nerumi no pudo dejar de pensar en todas las cosas que había vivido junto a Ace. Y quizás, solo quizás, se estaba empezando a dar cuenta de que todos esos sentimientos fueron declarados cuando ella era una niña. Había pasado la mitad de su vida junto a él. Sentía que había explorado pocas opciones y que simplemente se decantó por la más difícil desde el principio. Suspiró.
La única historia que había tenido fuera de esa relación había sido Mihawk. Otro desliz.
Se mordió el labio con fuerza. Dejar a Ace sería como abandonar a su suerte todos sus recuerdos. ¿Pero ella quería retenerlo a su lado solo por los recuerdos? Además estaban sus hijos. ¿Y si no aceptaban su decisión? Rápidamente negó aquella idea. Había criado a Gray y Rouge para que fuesen lo suficientemente independientes de pensamiento. Pero y si terminaba quedándose con Sabo y se ¿equivocaba?
Se mordió el labio. Para más confusión, estaba segura de que no habría error posible. Con el revolucionario sería muy feliz. Sin embargo, ¿y si le pasaba como con el pecoso? Había demasiadas preguntas y muy pocas respuestas.
Sintió a Ace entrar en el dormitorio en cuanto la luz del sol salió por el horizonte. Se notaba que estaba tan inquieto como ella.
-Oi, Neru…-Se sentó justo a su lado en la cama. Ella lo miró con los ojos llorosos.-He estado pensando que quizás, para poder decidir algo así, tienes que probar la otra cara de la moneda.-Susurró.-Creo que podría ser una buena opción marcharme una temporada.-Esa noticia la alarmó. Rauda y veloz se incorporó sobre las sábanas con el rostro lleno de angustia. Ace la observaba sereno con una pequeña sonrisa en sus labios.-Avisaré a Sabo para que se quede aquí contigo. Yo volveré cuando nazcan los niños.-Llevó una de sus manos al vientre de la joven.-Después ya veremos cómo solucionar esta situación, ¿de acuerdo?-Le acarició las mejillas con ternura, apartando sus lágrimas.
Ella quiso detenerlo. Gritarle que no se fuera. Pero la voz no salió de su garganta. Simplemente se quedó observando su espalda mientras salía de la habitación en completo silencio.
Ese fue el momento más desgarrador que vivía desde hacía años. Por primera vez se sintió terriblemente pequeña e innecesaria en ese mundo. Todos sufrían por su culpa. Decidiese una cosa u otra, alguien saldría perjudicado tarde o temprano. Pero si no hacía algo…
Se incorporó de la cama a toda velocidad. Con suerte aun no estaría lejos de casa. Quizás tendría una mínima posibilidad de alcanzarle. Ni siquiera se colocó un abrigo. Bajó las escaleras presta seguida de Doc.
La lluvia y un fino viento frío la recibieron al salir al porche. Sintió como el agua le calaba el camisón de mangas cortas que llevaba puesto. Sus pies descalzos tocaron la fina hierba mojada. Pudo ver a Ace alejarse de la casa con la mochila al hombro y el sombrero puesto. Ella gritó su nombre.
-¡Ace!-Sentía su respiración acelerarse y las lágrimas de sus mejillas fundirse con el agua que caía del cielo. Al oírla, él se volvió. Con los ojos abiertos de par en par, soltó la mochila sobre la hierba y empezó a caminar en dirección a su mujer. Nerumi lo imitó y cuando lo tuvo lo suficientemente cerca se aferró a su camisa dando rienda suelta al llanto.
-Dios Nerumi, vuelve dentro, vas a resfriarte y…
-No te…vayas…-La oyó entre sollozos llenos de sufrimiento hundida entre sus brazos.-Por favor…No te vayas…-Temblaba.
-Hablemos dentro de casa. Oi, Neru…-Él intentó separarla pero fue totalmente en vano.
-No…-Negó.-No necesito a Sabo para vivir…-Un fino hilo de voz salía de sus labios.-Te necesito a ti…Ace…-La lluvia empezó a caer con más fuerza.-Quédate conmigo…No te vayas…Esa es mi decisión.-Repitió.-No tengo nada que pensar…Nada…-Comprendió en aquel instante, que no quería a Ace por los recuerdos. Le amaba porque siempre había tenido la capacidad de salvarla de sí misma…
El pecoso sintió un fuerte vuelco en su corazón. Se mordió el labio. Y poco a poco, correspondió al abrazo de la joven castaña.
-Por fa…
-No me iré.-Ace la interrumpió apoyando la barbilla en su cabellera rizada. Con su sombrero lograba evitar que se mojara un poco, al menos. Sonrió.-Estoy aquí, no me marcharé. Te lo prometo.
Neru estrujó los bordes de la camisa con sus manos. El alivio le embriagó el corazón. Pero aun tiritaba. Y de pronto, sintió un fuerte dolor en el bajo vientre que le sacó un grito afligido de la garganta. Perdió fuerza en las piernas y notó como se venía abajo.
Ace la agarró sobresaltado agachándose junto a ella. Nerumi volvió a sentir otra punzada más. Le faltaba el aire.
-¡Neru! Oi, ¿qué pasa?-La inquietud se apoderó de los ojos del pecoso.- ¿Qué te duele? ¡Oi!-Ella hincó las rodillas en el suelo. Empezó a respirar entre cortadamente. De pronto, sintió una fuerte bajada de líquido de su interior. Se llevó una mano a la zona de bajo vientre palpando qué ocurría, luego la alzó. Sus ojos se abrieron de par en par.- ¿Qué pasa?-El rostro de Nerumi lleno de espanto le hizo temblar. Le mostró la mano ensangrentada.
-Ace…-Un leve tono de voz salió de su garganta. El nombrado la miró. Estaba pálida. Un fino hilo de sangre descendía por la comisura de sus labios amoratados.
Rápidamente, el pecoso la cogió en brazos y la llevó dentro de casa tumbándola sobre el sofá. La joven de ojos verdes empezó respirar agitadamente sintiendo ese dolor intenso que había notado al dar a luz muchos años atrás.
-¡Ace! Creo que vienen ya.-Gritó echándose hacia atrás mientras sentía la sangre fluir. El moreno la observó totalmente desubicado. Aún faltaba un mes para que cumpliera, ¿qué estaba pasando?
-Oi, Neru, respira.-Fue a por el Den a toda velocidad.- ¡¿Cómo es posible que vayas a dar a luz si aún queda un mes?!-Ella negó sintiendo unas terribles nauseas.
-Ace…-Le agarró del brazo para llamar su atención. Ella sabía que algo estaba saliendo mal. El pecoso la miró con los ojos abiertos de par en par.-Algo…no va…bien…-El dolor parecía incrementarse por momentos…
