Vocaloid es propiedad de Yamaha Corporation.


Capítulo XXVI– Separados

"Quiero que terminemos…"

Rin ahogó su rostro demacrado por el sufrimiento en su esponjoso almohadón celeste, reprimiendo sus sollozos patéticos y frágiles. Sintió cómo su móvil vibraba con ímpetu a su lado, pero decidió no prestarle atención. La gruesa sábana de su cama le cubría de pies a cabeza, protegiéndola del cruel mundo que amenazaba con tragársela en burlas. Len había sembrado en ella sentimientos cálidos y amables, para después arrancárselos brutalmente, sin piedad ni tacto, dejando heridas fríamente abiertas y vulnerables en su magullado pecho.

¡Rin Kasane, abre ahora mismo la estúpida puerta!—Gritó por enésima en la noche la déspota e impaciente voz de Neru, quien llevaba toda la tarde intentando tumbar aquel objeto de madera que se interponía entre ella y su débil y sufrida hermanastra. Teto continuaba de pie, callada y seria, detrás de su melliza—. No me hagas repetirlo una vez más… ¡Estarás en graves problemas cuando mamá regrese a casa! ¡Abre ahora mismo! ¡Rin! Tsk…

—¿En verdad no piensas salir de ahí, Rin?—Se cuestionó para sus adentros la pelirroja una vez que su hermana marchaba hacia la planta baja por la estrecha hilera de escalones al final del pequeño corredor. Su mirada era más compasiva y comprensiva de lo usual. Hasta parecía que Teto anhelaba poder tenderle su mano a Rin en aquellos momentos en los que se hallaba en un hondo despecho. Suspiró cuando escuchó el potente y molesto llamado de Neru a mitad de las escaleras.

La rubia se acurrucó aún más entre sus acogedoras almohadas, debajo de su cálida cobija, tragándose tantas lágrimas que luchaban por salir. Todo a su alrededor se encontraba húmedo debido a su trágico llanto imparable. El golpe que Kyoko le había dado en su rostro aún ardía como fuego sobre su inmaculada mejilla. El engorroso sufrimiento que desgarraba y despedazaba su corazón era lo peor de todo. La única ocasión en la que su pecho había sido oprimido y pisoteado por un dolor tan descomunal como aquel sucedió cuando su padre abandonó su mundo y la dejó en manos de su malvada madrastra. ¡Los cuentos de hadas no existen, los cuentos de hadas no existen, por Dios!

Su teléfono tembló otra vez a su lado y Rin, harta ya de la inquietante sensación a sus espaldas que se repetía periódicamente, descubrió su brazo y palpó su cama en busca del desdichado aparato, aún sin mostrarse por completo fuera de su escondite. Lo agarró y lo introdujo en su oscura cueva. La pantalla abierta deslumbró a Rin por míseros instantes, hasta que su cerebro asimiló quién le llamaba. Frunció el ceño cuando identificó al remitente destapó su cuerpo, revelándose fuera de su madriguera, y aventó el móvil contra la pared. Fue inhumana la fuerza que utilizó, probablemente causada por la fatídica mezcla de rabia y dolor dentro de ella, por lo que el aparato se rompió en tres partes cuando se estrelló contra un cuadro que Rin tenía colgado en su cuarto. El cuadro descendió de forma melodramática y se hizo añicos sobre el piso de madera. Ella gimoteó y retornó a su refugio, chillando y llorando como si no existiese un mañana.

¡Aborrezco el día en que nuestros caminos se cruzaron, Len Kagamine!

El número al que usted ha llamado no se encuentra disponible en este momento—contestó aquella monótona voz mecánica. Len colgó antes de que el pitido enloquecedor hiciera explotar sus sensibles tímpanos. Colocó su celular sobre la mesa del café y gruñó. El remordimiento marcaba cada una de sus facciones. Miki apretó sus puños con brusquedad.

—¿Te lo he dicho ya, verdad? ¿Qué eres el imbécil más horrible que ha podido aparecer en la faz de la Tierra, no? ¿Ya se lo había hecho saber, cierto Kaito?—El aludido asintió en silencio, dirigiendo furtivas miradas hacia Luka y Gackupo, quienes acababan de hacer acto de presencia en el local. Los vio acomodarse en una mesa lejana—. Bien, pero nunca está de más enfatizar lo que ya es obvio para que aquellos de oídos sordos lo entiendan mejor: Len Kagamine, eres el peor estúpido, idiota y patán que ha podido poner un pie en este mundo.

—¡Miki!

—No, no… No me mires con esa expresión acongojada, Len. No te hagas la víctima porque ese papel no te sienta—Miki picó con su tenedor un trozo de pastel de chocolate—. Tú sabes que no pienso morderme la lengua cuando has cometido semejante bobería. Yo soy una persona sincera e imprudente, lo admito, y he tratado de controlarme últimamente… pero este tipo de cosas desencadenan mi lado más primitivo y, ¡ah! me frustra tanto pensar sobre lo que hiciste… Simplemente: ¡ugh!

—¿Ya me disculpé, está bien?—Len mordió sus labios con desespero. Atisbó la pantalla de su celular y entrecerró sus ojos—. Necesito hablar con ella. ¿Por qué no contesta mis llamadas…?

—Oh, no lo sé. Quizás porque le rompiste el corazón… no, no. Perdóname. Sería más apropiado decir que le clavaste un puñal cuando tenía la guardia baja y huiste como un cobarde cuando intentó razonar contigo a pesar de lo traicionada que debía sentirse. Sí, debe ser por eso. ¿No piensas lo mismo, Kaito?

—Miki, tu sarcasmo empieza a enfermarme, ¿sabes?—Le recriminó Len al ver que Kaito no aportaba algún comentario a la discusión. Su mejor amigo, en cambio, había conseguido intercambiar miradas con Gackupo y Luka. A través de disimuladas señas y gesticulaciones, Gackupo le comunicó a Kaito que Miku y Gumi no habían obtenido resultados provechosos de su búsqueda. No había rastro de Rin en ninguna parte. Ellas tenían entendido que si, por malas jugadas del destino, la rubia había dado a parar a su casa, ahí sería imposible contactarla.

—¡Quéjate todo lo que quieras! Soy tu mejor amiga y es necesario que te haga reaccionar cuando te comportas de una manera tan irracional e incoherente. Tienes suerte de que me haya contenido todo este tiempo en propinarte una merecida cachetada, porque en verdad te la mereces. Te mereces eso y mucho más.

—¿No te pareció suficiente la bofetada que Gumi me dio?—Espetó Len con una pena casi visible. Kaito y Miki se cruzaron de brazos y le vieron con la dureza de un imparcial juez.

Por supuesto que no—Miki volvió a atacar el pedazo de torta con su impetuoso cubierto—. ¿O es que te parece poco lo que hiciste? En mi opinión, has cometido un crimen tan imperdonable como un robo y asesinato. Primero, secuestras a Rin y le persuades para que ambos suban a una atracción romántica. Entonces rompes súbitamente con ella. Después, la evades y te alejas de ella, sin tomar en cuenta su opinión en todo este disparate. Nos encuentras agitado y todo temeroso, con tu cara cargada de culpabilidad. Gumi y yo intuimos lo que hiciste, y ella te golpea, para luego marcharse junto con Miku a buscar a una desaparecida Rin. Por último, nos arrastras a Kaito y a mí fuera del parque y nos traes aquí sin concedernos ninguna oportunidad para protestar. Tsk… Eres una gallina. Me exaspera todo lo que has hecho el día de hoy. ¡Tanta cobardía puede resultar contagiosa!

—Ya te lo he dicho, Miki. Era lo mejor para nosotros. Las relaciones a distancia no funcionan…

—¿Lo mejor? ¿Ah sí? ¿En serio crees que rajar su corazón y machacarlo hasta hacerlo trizas después de haberle ilusionado con todas tus cursilerías es lo mejor para ustedes? Por no mencionar la forma en la que te estás lastimando a ti mismo también. ¿Acaso eres masoquista o algún tipo de sádico? Porque, te seré honesta, jamás creí que esconderías esa clase de personalidad.

—¡Miki! ¿Por qué sigues atacándome de esa manera tan cruel? Los he traído conmigo hasta acá para que me aconsejen, no para que me escupan todas sus quejas sobre mis defectos en mi cara.

Ella se puso de pie.

—LE ACABAS DE ROMPER EL CORAZÓN A UNA CHICA DE LA FORMA MÁS VIL POSIBLE... ¡¿Y AÚN TIENES EL DESCARO DE PREGUNTARME POR QUÉ CONTINÚO ATACÁNDOTE?! ¡ERES IMPOSIBLE, LEN! ¡I-M-P-O-S-I-B-L-E!

—¡Miki cálmate!, la gente está empezando a vernos con miradas sospechosas—le reprimió Kaito, haciendo que la furiosa pelirroja se acomodara de nuevo en su asiento, refunfuñando y murmurando su descontento. Len apretó sus palmas contra su rostro y rugió encorajado. Todo había terminado tan mal a su plan inicial. Se suponía que le debía proponer a Rin continuar siendo amigos, pero sus intenciones retrocedieron atemorizadas al percibir las lágrimas formándose en los tibios ojos de la rubia. Tuvo miedo de verla llorar y huyó antes de que Rin pudiese hablar. Miki tenía razón, él era un completo idiota y cobarde.—. Bien, ya fue suficiente. Creo que Len tiene más que presente que lo que hizo ha sido uno de los errores más grandes que ha cometido en toda su vida, no hay necesidad de seguir restregándoselo en su cara.

—¡Claro que hay necesidad! —Replicó Miki, tan rabiosa y encrespada que se asemejaba a un gatito apunto de atacar. Kaito mojó sus dedos con el contenido transparente y rebosante de su vaso, y le salpicó agua fría en el rostro. Ella le miró consternada—. Está bien, prometo tranquilizarme. Ah… Qué horror. Ahora me duele la cabeza.

—Miki, tienes serios problemas de ira. Creo que deberías acudir a un especialista para aprender cómo controlarlos antes de que sufras un derrame o algo así—opinó firmemente el mejor amigo de Len. La pelirroja realizó un mohín, extendió su mano hasta su café y sorbió de éste con pesadez. El líquido cálido relajó sus tensos músculos. Ella suspiró—. Regresando al motivo que nos ha reunido acá, Len, no se me ocurre qué decirte para resolver el caos que has ocasionado con tus acciones precipitadas.

—Kaito, tú tampoco, por favor…

—No, Len. Yo también necesito poner en orden mis pensamientos y esclarecer tu panorama. Nunca entenderé qué estúpido plan concebiste que actuaste de tal manera con Rin. Tus acciones son ilógicas, carecen de total sentido…

—Yo sé que todos somos unos tontos en el amor—intervino Miki con más calma—, pero tú has cruzado el límite de ese estamento. Cada día me sorprendes más, Lenny.

—Prácticamente le acortejaste en el parque, le demostraste un meloso cariño y luego… ¡boom! Le emboscas con la bomba de su ruptura. ¿Qué tus pensamientos no siguen una línea de cohesión y coherencia? Por Dios. No puedo imaginarme lo pasmada que debió quedar Rin ante tus palabras.

Len permaneció mudo. Miki secundaba cada mención de Kaito con fervorosos asentimientos. La pelirroja no podía encontrarse más indignada y enfurecida por el comportamiento de su mejor amigo.

—Pero, sabes… creo que entiendo el porqué de tus actos—Miki se atragantó con su café ipso facto y escupió parte de lo que se suponía debía estar bajando por su garganta cuando Kaito llegó a aquel punto de la conversación. Ella le observó con espanto y contrariedad—. Aunque te empeñes en decir que lo único que persigues con tu decisión es su bienestar y yo no sé qué tonterías más, lo único que buscas es tu propia comodidad, Len. Tienes miedo a salir herido otra vez, así que has roto toda conexión antes de que el dolor se vuelva más profundo.

—¿Qué? —Repitieron de forma unísona sus interlocutores. Len con sus ojos celestes palpitantes de terror y angustia, y Miki con sus orbes cafés encendidos con curiosidad—. ¿A qué te refieres con eso?

—Espero que ambos perdonen mi impertinencia, no obstante, ésta es la única forma de asentar las cosas. Len, ¿recuerdas cómo te pusiste cuando Miki y tú terminaron?

—¿Ah? —Interrumpió confundida la pelirroja—. ¿Por qué sacas eso a flote justamente en estos momentos?

—Shh, no pedí tu intervención, Miki. Len, ¿lo recuerdas, no? ¿Recuerdas cómo creíste que Miki sería capaz de llenar ese vacío que tu madre había dejado cuando te abandonó? ¿Recuerdas que lloraste durante una semana entera por saber que una de las personas en las que más confiabas te había dado la espalda por segunda vez en tu vida?

—¿Q-Qué?—La voz de Miki sonó quebrada y arrepentida. Ella no tenía ni idea de que Len, actuando sin intenciones, le había transformado en el reemplazo que debía brindarle la seguridad y el amor que su madre había renunciado a darle tras su partida—. ¿U-Una semana? Oh Dios mío, Len yo…

—No te molestes—le cortó él antes de que ella pudiese disculparse—, esto ya ha quedado discutido. ¿O me equivoco? Nos hemos reconciliado en Okinawa, así que no tienes por qué atormentarte, Miki. Está bien, Kaito, sí lo recuerdo. Lo recuerdo perfectamente. Creí que mi mundo se acabaría cuando Miki rompió conmigo después de haberse enamorado de tu hermano. ¿Cuál es tu punto?

—¿Te imaginas revivir ese pánico y sufrimiento?—Len se congeló al analizar a fondo lo que aquella respuesta implicaba. Miró con asombro a su mejor amigo. ¿Cuándo Kaito se había vuelto tan observador? ¿Cómo era posible que lo conociese de esa forma? Len apartó los ojos, intimidados por ser las ventanas abiertas de su alma, y calló—Sí, eso pensé. ¿Ya te has dado cuenta de cómo funciona tu subconsciente?

—¿Qué? Ya va, deténganse ahí—Miki habló suavemente—. No he comprendido nada. ¿A qué te refieres con todo eso, Kaito? Explica todo lo que tengas que decir en japonés, por favor.

—Es parte de la naturaleza humana—Kaito enfrentó los intrigados orbes café de Miki—. Len solo está resguardándose de un trauma. No sé si lo notaste, Miki, pero las innumerables excusas que Len utilizó como basamento para sustentar su lamentable ruptura se relacionaban con la desconfianza, la infidelidad, la tensión que surge cuando hay deslealtad...

—Ahora que lo dices, estás en todo lo correcto—cayó en cuenta la dubitativa pelirroja—. ¡Santo cielo! No sabía que pensabas de esa manera, Len...

—Rompió con Rin por la simple razón de no querer salir lastimado por su separación, tal como sucedió con ustedes dos. Su mente le convenció de que, estando lejos, Rin posiblemente encontraría alguien más que pudiese permanecer a su lado y ocupar "la vacante" que él está dejando detrás de sí. Armar todo ese drama en su cabeza impulsó a Len a romper su lazo antes de que la aflicción se volviese insoportablemente real. Es una cosa sencilla de entender, ¿no? Detienes la causa antes de que se produzca la consecuencia.

—¿Y ya? —Miki le vio ligeramente estupefacta—. ¿Eso es todo? ¿Rompiste con Rin por una trivialidad como ésa?

—¿Trivialidad dices? ¿Acaso tú sabes cómo se siente que la persona que más amas te haga sufrir como un miserable? ¿Alguna vez han puesto en juego tus emociones de tal manera que tu mundo se resquiebra en tus narices sin que tú te sientas capaz de hacer algo? Oh, espera… Es obvio que no lo entiendas, ¿sabes por qué? Porque tú eres el tipo de personas que ocasiona esa clase de dolor a los demás. ¡No eres más que una ignorante e hipócrita, Miki! Hasta que no sientas lo que yo viví entonces no tienes derecho a criticarme. ¡Jamás debí pedir tu ayuda! ¡Jamás!

Len se escabulló lejos de su mesa y se largó hecho una fiera de la cafetería, dejando atrás su teléfono sobre el mesón y a un par de amigos en total parálisis. La pelirroja llevó su mano a su frente y se reprochó sus palabras tan descuidadas y apáticas. Kaito se hundió en su asiento y contuvo un alarido de molestia. Vieron a Luka y a Gackupo aproximarse después de que Len se hubiese esfumado como un huracán lejos de ahí.

—Si traes malas noticias—habló Kaito cuando vio a Gackupo con intenciones de articular algo—, entonces guárdalas para ti mismo. No estoy de ánimos para estas cosas. Agh.

—Kaito, en este tipo de circunstancias solo nos queda una persona a la que recurrir—retomó la palabra Miki—. Deberíamos ir a hablar con Shizuka-san.

—Ni de broma—advirtió Kaito—. Eso solo empeoraría las cosas.

—¿Entonces qué haremos?—Cuestionó Luka.

—Esperar a que las cosas caigan por su propio peso.

...

—Estoy empezando a preocuparme—insistió Gumi, asomando su mata esmeralda por el marco de su aula de clases. Miku y ella se encontraban bloqueando la entrada mientras esperaban que alguien de su interés cruzase el pasillo—. Ha transcurrido una semana y media, Miku, y no tenemos noticias relevantes sobre ella. Estoy considerando llamar a la policía.

—No, no. Eso complicaría las cosas, Gumi. Lo sabes bien. Solo le originaríamos a Rin más problemas de los que tiene—aseguró ella, moviendo presa de los nervios sus largas manos—. Debemos confiar en las palabras de Neru. Si ha dicho que Rin está enferma...

—Yo no pienso tragarme los cuentos de esa arpía doble-cara. ¿Acaso has olvidado lo insensible que puede ser la madrastra de Rin? Kyoko la enviaría a la escuela aunque tuviese fiebre de 50 grados que la hiciese delirar. Puedo jurar que Rin no está enferma—Gumi pateó el suelo con fastidio—. Algo debió suceder y esas viles mentirosas han prometido no abrir su boca. Ugh. Hasta que no compruebe personalmente que Rin está sana y salva, no creeré las palabras de nadie más.

Un carraspeo le dio fin a la conversación entre las dos amigas. Miku se quitó del camino al diferenciar las figuras de Kaito y Len esperando pacientemente en el pasillo a que ellas dos se apartaran de la entrada del salón. A pesar de las devotas plegarias de Miku, que buscaban impedir que aquel encuentro se tornase en un atentado de la relativa paz que había en la clase, el demonio que habitaba en las profundidades de Gumi le obligó a alardear sobre su terquedad e imprudencia. Gumi estaba demasiado preocupada por la sospechosa ausencia de Rin y bastante enojada por su ruptura con Len que no lo dejaría libre ahora que la oportunidad de encararle se le presentaba en una bandeja de plata.

—Gumi, dales un permiso—pidió Miku amablemente, temiendo lo peor al notar la sombría mirada que había adoptado su mejor amiga cuando había distinguido el rostro inexpresivo de Len frente a ella.

—Gumi, escucha a Miku. Déjanos pasar—suplicó Kaito también de la manera más cortés posible. No obstante, la Kamui ya se había decidido.

—Lo lamento, Miku. Si esto te incomoda, puedes esperarme dentro del aula—Miku negó con desespero—. Ya no pienso callarme más. Probablemente tu egocentrismo te haya impedido percatarte de la ausencia de Rin, Len Kagamine, pero no debes preocuparte; estoy aquí para hacerte ver más allá de tu venda egoísta y ponerte en el lugar que te mereces. Mi amiga está desaparecida. Ni Miku ni yo sabemos algo sobre ella. Tampoco Dell, ni Luna, ni Haku tienen información sobre su paradero y estado actual. Y sus hermanastras se niegan a revelar algo sobre ella. ¿Sabes qué creo? Que tu estupidez, lastimosamente, le ha afectado mucho más de lo que tú crees. Siempre he creído que Rin es una persona admirable, que soporta cada obstáculo y esconde su dolor con una sonrisa. Siempre fue así, hasta que tú llegaste y derrumbaste todas sus defensas. Hasta que tú te involucraste en su vida y le diste más razones para sonreír pese a su desgraciada situación familiar. ¿Y qué decidiste hacer después de ilusionarle y enseñarle todo eso? Abandonarla con recuerdos amargos.

—Gumi, basta ya—Miku sintió el rencor inexplicable que ardía en las palabras de su amiga. Intentó interponerse, pero ella no le prestó cuidado. Len permaneció de pie, con su rostro indescifrable.

—Conozco a Rin desde hace mucho tiempo, y cuando las personas se alejan de ella y la hieren, suele tomárselo muy a pecho. Se ciega y se acusa de ser culpable de todo. Por esa razón, Miku y yo nos hemos encargado personalmente de mantener a cualquier idiota con intenciones bobas lejos de ella. Supongo que no vimos venir que tú también entrarías en ese combo de idiotas.

—¡Megumi Kamui, la campana está por sonar!—Miku haló su manga.

—Casi termino, ¡mantente quieta!—Le espetó a Miku—. ¡No sé que rayos le habrás dicho a Rin en esa noria, pero si tus acciones insensatas la han lastimado, haré que tu conciencia pague hasta el más mísero centavo! ¡Acércate otra vez a ella y te arrepentirás por haberte involucrado en nuestras vidas!

—Gumi, ya basta, no hay necesidad de tantas amenazas—la relajada voz de Rin irrumpió la conversación, atrayendo la atención instantánea de Gumi, Miku y Kaito. Len se alarmó. Se disponía a deslizarse dentro del salón cuando las palabras de Gumi atraparon su curiosidad.

—¡Rin! ¿Qué rayos le pasó a tu pierna?—Ambas chicas salieron disparadas a ayudar a Rin a cargar su maletín y a sostenerse adecuadamente sobre sus muletas. Miku le examinó con total confusión.

—¿Cómo fue que esto sucedió? Ah. No necesito saber. ¿Tiene algo que ver con Kyoko, cierto?—Rin movió su cabellera rubia, dándoles un gesto negativo—. ¿Entonces, qué pasó?

—No, fue un accidente. Me caí por las escaleras y terminé con un esguince de segundo grado—Rin volvió su mirada al frente y se arrepintió. Len estaba evaluando su condición. Ella frunció el ceño—. Miku, Gumi... Tengo algo importante que contarles. ¿Podríamos hablar en el salón? Me incomoda permanecer de pie...

—¡Claro!—Gumi ayudó a Rin a avanzar con más facilidad y, cuando vio que ni Len ni Kaito habían conseguido salir del shock después de ver a Rin cojeando, se enojó—. ¿Qué hacen ahí parados? Quítense.

—Gumi—Miku mordió su lengua—. Basta con tanta altanería. No podemos continuar con esta guerra, por amor a Dios...

—¿Qué guerra?—Inquirió Rin, extrañada—. No hay ninguna razón por la que debamos estar peleados, ¿o sí?

Len y Kaito le observaron confundidos. Gumi jadeó.

—¿Por casualidad cuando te caíste de las escaleras te golpeaste en la cabeza y ahora sufres de amnesia o algo por el estilo? Porque, de lo contrario, yo tengo una larga lista de razones por las que deberías estar destruida o enojada ahora mismo.

—¿Debería? Pero yo estoy muy bien—Rin sonrió débilmente—. Kyoko me ayudó a comprender algo durante esta semana que estuve ausente. No debo mortificarme por cosas que para los demás resultan insignificantes—ella le dirigió una mirada efímera a Len—. Si no tuvo ningún tipo de dificultad para dejarme de forma tan fría, entonces es sensato pensar que tanto la ruptura como la relación en sí no significaron algo para él. Si él no les da importancia, ¿por qué debería hacerlo yo?

Miku y Gumi se enfrentaron a lo que más temían: ver a Rin reprimiendo sus emociones, negándose a sí misma, otra vez por causa de un tercero. Rin avanzó hasta la entrada del salón, miró a Len por el rabillo de sus ojos, y se regresó.

—No hay necesidad de lamentarse por el pasado. Lo hecho, hecho está.

Continuará...


Ok. Sé que muchas me odiarán después de esto, ¡pero no se preocupen! No me perdonaría si le diera un final triste a esta historia.

En primer lugar, sé que les debo una disculpa a todas las lectoras que siguen este fic por mi prolongada ausencia, por lo mucho que me ha costado sentarme y escribir este capítulo. En verdad, lo siento muchísimo. Cuando vi cuánto tiempo había pasado sin mis actualizaciones me avergoncé de mí misma y huí otra vez, pero la conciencia me carcomía viva. No quería dejar algo que había comenzado incompleto.

Perdonen la larga espera, y que el capítulo sea tan corto. Espero que me comprendan, estaba algo triste porque empecé a dudar si mis historias eran interesantes o si mi redacción era buena o cosas por el estilo, y terminé encerrándome en una absurda depresión y decidí dejar a un lado estos fics.

Lo lamento, otra vez.

Pero he regresado, y esta vez pienso tomarme muy en serio mis proyectos. Verán, cuando empecé a escribir resultaba tan divertido y tan nuevo que lo hacía con mucho ánimo. Pero mis tareas y compromisos aumentaron y continuar los fics de alguna forma se convirtió en otro deber más. Sin embargo, una lectora me hizo recordar lo mucho que disfruto sentarme y dejar que mi imaginación trace los destinos de cada personaje. ¡Muchísimas gracias!

Quiero agradecerles a todas por seguir este fic, por ser tan pacientes conmigo, ¡Gracias!

Las quiero muchísimo, y sus reviews me animan a continuar. Gracias por su apoyo, ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS!

Estaré por aquí más seguido, creo que subiré otro capítulo esta semana.

Les suplico sean amables conmigo :)

Atentamente, Jess.