N/T: Hello! Lamento haber estado tanto tiempo desaparecida, gracias por insistir Pao Potter, pero no tenías que preocuparte, no estaba actualizando no porque no me comentaran, después de todo la historia no es mía, sino de Aspen y la razón por la que no actualizaba es porque no me daba el tiempo, ya terminamos todas las pruebas en mi universidad así que empezaré a actualizar tan rápido como sea posible. Nuevamente la historia ni los personajes son míos, son de Aspen in the Sunlight/Mercredi y JK Rowling respectivamente.

Capítulo Veintiséis: Quemándose.

AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO

Harry despertó sintiendo una ola de dolor a través de todo su cuerpo, aunque después de un momento notó que las agujas habían desaparecido. Estaba de pie, la cual era una posición extraña y desconcertante para estar al despertar, ¿Cierto? Tal vez no; podía sentar magia rodeándolo, sosteniéndolo, dando soporte a sus músculos que de otra forma serían lo mismo que un montón de tela rasgada. Su mente se sentía similar. Lenta, perdida. Casi en blanco.

Sacudió la cabeza para aclararla, su cabello estaba tan tieso y empapado de sudor que se mantuvo pegado a su cabeza, y parpadeó violentamente al sentir la agonía que solían ser sus ojos, intentando ajustarse al hecho de que todo el mundo ahora era una masa negra sin forma. Era demasiado como para aceptarlo tan rápidamente, demasiado como para creerlo. Seguía esperando que cada parpadeo le ayudara a ver nuevamente.

Aunque sus esperanzas no tenían sentido. Todo lo que lograba era darse ganas de vomitar, el dolor de sus ojos bajaba por la parte trasera de su cráneo hasta su columna haciéndole creer que se desmayaría nuevamente.

Una opción tentadora, pero aún a pesar de su dolor de cabeza ya estaba comenzando a pensar más claramente, y sabía que rendirse ante el miedo y el dolor no era su mejor opción. Tenía que estar listo para escapar, ¿Verdad? Incluso estando ciego, tenía que estar listo para tomar la oportunidad que se le presentara.

Lo que debe ser, lo que debe ser…

Aunque ya estaba comenzando a hacerse muy difícil creer que de verdad iba a lograr salir de esto, aún con sueños proféticos, una impresión que fue reforzada cuando la magia que lo estaba sosteniendo comenzó a desaparecer lentamente, y tuvo que pararse por su cuenta.

Intentó dar un paso hacia delante, y no pudo, y solo entonces notó su posición –en más de una forma. Grandes cadenas pesadas estaban sosteniendo sus muñecas, que estaban atadas tras algún tipo de pilar. De piedra, pensó, al sentir el frío hiriendo su espalda y trasero. Seguía desnudo, el viento golpeaba sus rodillas, y podía oír a su rededor el murmullo de voces en algún lugar bajo él, dónde Voldemort conversaba con sus Mortifagos.

Abajo…

Entonces tenía que estar en algún tipo de plataforma.

Estaba siendo mostrado, para el sacrificio.

Comenzó a Occluir nuevamente, aunque esta vez no era para proteger sus pensamientos, sino su sanidad mental. Un miedo que nunca antes había conocido se había anidado en su pecho, pero sabía que sumergirse en su fuego mental le ayudaba a ser más estoico. Por lo menos, algunas veces.

Y algo que también le ayudaba, era pensar otra cosa que no fuera él.

El fuego danzaba en su mente cuando dejó sus pensamientos en libertad. Dudley. ¿Qué pasó con Dudley? ¿Sobrevivió a la destrucción de la casa de Tío Vernon? ¿Se habrá quedado allí como un idiota, hasta que un Mortifago haya notado su boca abierta? ¿Y qué hay de Sals, y Remus? Sals estaba enferma, Sals se sentía horrible en mi mano. Tan quieta, tan helada, muchísimo más de lo que debía estar, incluso en ese sótano. ¿Habrá logrado subir las escaleras hasta Remus? ¿Y qué hay si lo hizo? ¿En qué estaba pensando, mandando a Sals a advertirle? Él no habla parsel. Y en cualquier caso, ¿Qué tal si no hubiese un lugar al que Sals pudiera llegar? No sé cómo fue que Malfoy me atrapó, ¡Aunque pareció que había destruido todo el edificio sobre mi cabeza! ¿Y si Remus está muerto-?

Una voz desde el exterior lo sacó de sus pensamientos. Lucius.

-Mi Señor, mi señor más querido. La hora se acerca.

Pareció que Voldemort se había Aparecido directamente a su lado, en un segundo estaba completamente solo en la plataforma, y el siguiente una ráfaga de aire helado lo envolvió al mismo tiempo que una voz siseaba en su oído.

-Así es –Voldemort anunció con voz rota, su voz casi estallando por la anticipación- Colagusano. El cuchillo.

El filo de un cuchillo acarició su mejilla.

-Recuerdas este cuchillo, ¿No es así, mi dulce muchacho? Lo has visto antes- -Una risa suave rompió la oración en partes- Ah, pero no puedes ver, ¿Verdad? Que pena. Sin magia, sin visión.

Harry se estremeció. Habría estado más que feliz de haber escupido en el rostro de Voldemort –o por lo menos cerca de ello- pero la falta de humedad en su boca arruinó ese plan. Su voz salió ronca, rota, más débil que antes. A decir verdad, tan débil que le asqueó, pero por lo menos no se acobardó.

-Vete… a la… mierda… Tom.

-Mi señor –La voz suave de Lucius resonó, mucho más cerca que antes –Estaría honrado de ser quien lo desangre por usted, si así lo desea.

Escuchó el sonido de túnicas rozando madera, y el cabello de alguien siendo removido. Su audición estaba innaturalmente sensible, casi sobrenatural. Había oído que eso sucedía cuando uno era ciego, ¿Pero no se suponía que se demoraba un tiempo en pasar? Lo único que podía pensar era que su magia tenía que ver, amplificando hasta el sonido más insignificante hasta que llenara todo su universo. La sensación era extraña, pero ayudaba en cierta forma.

-Severus, las pociones –Dijo Voldemort, y Harry escuchó pasos acercándose, botas en la tierra, y luego alguien subiendo a la plataforma.

Pensó en gritar más insultos sobre traición y cosas por el estilo, pero la verdad no le daba la energía. O tal vez era otra cosa. La simple presencia de Snape a su lado lo hacía estremecerse violentamente. Imágenes llenaban su mente, la sensación de ser sostenido fuertemente, ser atrapado para que Lucius pudiera clavar las agujas. Un rugido en sus oídos casi lo hizo desmayarse antes de que lo forzara a desaparecer al tomar una bocanada de aire.

Inhaló más veces, más rápido. La sensación de que estaba hiperventilando se mezclo con la que le decía que no estaba respirando en absoluto. Se forzó a detenerse, a calmarse, a pensar en el fuego que ardía dentro de su mente. A escuchar, y estar atento.

El tintineó del cristal cuando se abrió un frasco, y un aroma atravesando el aire. Canela, clavo de olor, y otras cosas que no pudo identificar, aunque Merlín sabía que las había olido cientos de veces durante la clase de Pociones.

-Solo le falta el toque final –Snape explicó, la posición de su voz lo hizo suponer que también estaba arrodillado. Se contuvo a penas de patear en la dirección que escuchaba la voz, y esta vez, la violencia no sería una farsa para engañar a Voldemort.

-Ah sí, sangre fresca -¿Voldemort estaba de verdad lamiéndose los labios? Suena como eso, pensó, logrando dejar de pensar en Snape. Notó con disgusto que podía oler la hoja del cuchillo, podía oler su propia sangre de la última vez aún en ella. ¿O acaso era también la de Colagusano? Otra visión atravesó su mente, una más antigua. Colagusano, cortándose la mano, la visión tan asquerosa que la mera memoria lo hizo sentirse mal. ¿Colagusano habría usado el mismo cuchillo, el mismo con el que cortó a Harry?

De momento no podría recordar, pero decidió que la idea de su sangre mezclada con la de Pettigrew era una de las cosas más asquerosas que había escuchado en su vida.

Fue casi un alivio que nadie le hubiese dado el tiempo para seguir pensando en ello. Alguien se movió detrás de él –Lucius, pensó—y sin más preámbulos levantó las cadenas hacia su antebrazo y cortó su muñeca izquierda. Fue extraño que no doliera. ¿Acaso sus brazos estaban insensibilizados por haberlos tenido detrás de él por tanto tiempo? ¿O era que después de todas las agujas, sus terminaciones nerviosas habían alcanzado su límite? De cualquier forma, fue un alivio que la verdad no doliera más que cuando se atravesó la mano con la pluma.

Sintió sangre deslizándose por sus dedos, aunque esa sensación también parecía acallada, y se tardó en notar que sus dedos estaban tocando algo hecho de cristal. Estaba sangrando dentro del frasco, completando la Poción. La escuchó espumeando al momento de revivir su sangre, olió el aroma condimentado nuevamente, aunque esta vez parecía que los condimentos se habían podrido y agriado. Cuánto tiempo lo tuvieron sangrando, no lo sabía. Parecieron horas, pero también pareció que pasó tan solo un segundo. Harry dejó caer su cabeza hacia delante, sus mandíbulas relajadas, y deseó desesperadamente que incluso si lo iban a quemar como habían dicho, que alguien le diera un puto vaso de agua primero.

Otro tintineo de cristal, cerraron la poción, pero Harry aún sentía su sangre cayendo por sus dedos. La oyó cayendo contra la plataforma, salpicando contra la madera.

-"La Pesadilla de un Enemigo" –Voldemort murmuró extasiado mientras removía el líquido del frasco, como si es tuviera sosteniendo el frasco a la luz de la luna para examinar su contenido- Pero es más potente que las otras pociones que has hecho para mí, Severus.

-Sin duda, mi Señor –Respondió Snape.

-Quémenlo. Ahora –Fue la respuesta inmediata que resonó en la oscuridad que reinaba la mente de Harry.

No había leña a sus pies, ni una fogata arreglada cuidadosamente, pero estos eran magos. No necesitaban accesorios para sus teatralidades.

-Incendio Conflagare –Lucius entonó calmadamente.

Y Harry comenzó a quemarse de adentro para fuera, su núcleo mágico ardía como una antorcha, el fuego ardiendo hasta el fondo de su alma.

Extrañamente era una sensación familiar, no era tan distinto del fuego mental que podía crear por si mismo. Sin pensarlo o decidirlo conscientemente se sintió entrando en la imagen mental de su fuego, más completamente que nunca antes. Fuego, quemando, fuego voraz, fuego persiguiendo los demonios de su mente, desde su núcleo.

Fuegofuegofuegofuego…

Poderes oscuros lo tragaron hasta que se ahogaba en las llamas. Pero estas eran sus llamas, o más bien, estas llamas eran él mismo; no le podían hacer daño. Pero estas llamas existían en el mismísimo núcleo de su ser mágico, ese núcleo que nunca había terminado de quemarse, que había vuelto a la vida en sueños, y en Parsel, y el fuego mismo.

Ahora su núcleo estaba en llamas, pero no importaba. Cuando se trataba de fuego en su interior, Harry estaba en control. Fuego batallaba contra fuego al pelear Harry contra el hechizo de Malfoy. Peleó contra la intrusión a su núcleo, la forzó a retroceder, a medida que imágenes de Snape aparecían en su mente. Imágenes duras del año pasado. Fuerzame a salir, Potter. Fuerzame a salir.

No había sabido cómo hacerlo en ese entonces, pero ahora sí. Podía empujar pensamiento con pensamiento; no era muy distinto empujar fuego con fuego.

Así que Harry empujó, su consciencia ligada a la pelea, su cuerpo agotándose con el esfuerzo, su cabeza levantándose, ojos ciegos quemándose con poder, aunque la pelea era meramente mental.

Un pulso de poder chasqueó en su interior, una ola de poder tan feroz que por un momento pensó que lo iba a hacer pedazos mientras atravesaba sus músculos y se desbordaba por su piel. Antes la había sentido remover las piedras, pero esa oleada era mucho más poderosa. Gritos aparecieron por todas direcciones, los Mortifagos se esparcían, aun cuando Voldemort continuaba lanzando hechizos. Aunque incluso su voz sonaba como si viniera de más lejos. ¿Lo había empujado el golpe de magia?

Intentó imaginárselo, pero el contenido de los hechizos llamó su atención. De nuevo eran maldiciones de fuego, pero estas eran literales, diseñadas para prenderlo en fuego desde afuera para adentro.

-¡Fuegarum diablare! ¡Inferno!

Humo comenzó subir por su cuerpo, calentando sus pies, llenando sus fosas nasales con el aroma agrio.

Y entonces, pareció que todo pasó al mismo tiempo. Alguien alto y duro lo envolvió en sus brazos, tomando el pilar entre ellos, presionando todo su cuerpo contra las túnicas que olían vagamente a ajenjo y lavanda, y aceite de clavo de olor.

Sabía quién era incluso antes de oír la voz, o sentir el tacto de cabello contra su rostro. Cabello que había sentido antes, cuando Snape lo había sostenido en el hospital, o durante las prácticas de Occlumancia.

Aguas curativas lo envolvieron nuevamente al momento que fue abrazado, y escuchó la voz del profesor contra su oído, pero cálido, tan cálido. No era frío como Voldemort. Una ola de calor para guiar las aguas de su alma por cada miembro, cada hueso adolorido.

-Sostente Harry.

Fue todo lo que dijo, solo esas tres palabras, antes de que algo hirviendo fuese empujado contra su hombro, conectando los dedos de Snape con su piel.

El tiro familiar detrás de su ombligo lo sacó del lugar de la reunión, liberó sus manos de las cadenas, y lo envió contra un prado húmedo que olía fuertemente a clavo de olor. Una túnica lo envolvió, y lo levantaron, acurrucado firmemente contra el pecho de Snape, y avanzó. No había una insensibilidad piadosa, no ahora. Cada paso abría sus heridas, y Harry lloró suavemente, pero luego lo dejaron en una especie de cama, su cuerpo de puesto de tal forma que no pudiese moverse por si mismo.

Sintió una mano acariciando su frente, pero se mantuvo lejos de sus ojos.

Escuchó un hechizo, sintió una varita tocándolo suavemente aquí y allí, ligera como una pluma. ¿Ese era un hechizo siendo lanzado? Un hechizo largo… o tal vez eran varias, mezclándose en sus oídos. Intentó descifrarlos, pero su cabeza estaba llena de algodón, y de todas formas, no tenían sentido. Pero eso no importaba. Sintió su estomago llenándose de algo cálido y húmedo que limpiaba sus venas, sintió el dolor arrastrándose por cada nervio comenzar a desaparecer.

-…-mire –Fue lo último que escuchó antes de ser enviado lentamente a un espiral de cansancio y mareo que lo arrastraron bajo las aguas curativas en su alma.

AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO

Lo próximo que supo fue que estaba en la enfermería, aromas familiares lo rodeaban, y las manos de alguien estaban sosteniendo las suyas fuertemente. Manos retorcidas, huesudas por la edad. Harry alejó sus manos, y se giró incómodamente hacia un lado, siendo atravesado por el dolor, aunque era manejable. Incluso sus ojos dolían un poco, asumiendo que aún tuviese ojos. No lo sabía, no quería tocarlos para enterarse, y ciertamente no quería preguntar.

Así que en lugar de eso preguntó.

-¿Remus?

-No, es Albus –El director respondió calmadamente.

Soy ciego, no idiota, quiso responder, pero no estaba tan medicado como para hacerlo.

-Estaba preguntando por él, no si usted era él –Gruñó.

-Lo siento, Harry –Sonó la voz suave del profesor- Remus Lupin no puede estar aquí.

-¿Está. Bien? –Enunció exageradamente, para que no hubieran más males entendidos.

-Oh sí, por supuesto –Dumbledore murmuró.

-¡No hay 'por supuesto' en esto, no desde mi punto de vista! –Harry gritó, justo antes de que la última palabra lo hiciera reír descontroladamente, hasta que con un grito furioso se forzó a parar. No iba a desmoronarse por esto; no lo iba a hacer- ¡No tengo puta idea de lo que pasó! ¡A nadie! ¿Snape está bien?

-El Profesor Snape volverá en unos momento con unas pociones que está preparando para ti –Respondió, calmo frente a la tormenta- Para restaurar tu visión. Aunque puede que tome un tiempo para que funcionen. No sabemos cuánto.

-¿Me va a decir que demonios pasó en mi supuesta guarida o no?

-La dejaste –El director suspiró, acercando una mano para tocarlo, esta vez suavemente en el brazo.

-No –Harry dijo cortantemente- No. No quiero que me toquen ¿Está bien? Me… trae recuerdos.

-Está bien –Las túnicas de Dumbledore hicieron ruido mientras él se acomodaba en la silla- ¿Necesitas algo, Harry?

-¡Necesito saber sobre Remus! ¡Y Sals! ¡Y Dudley! ¡Y qué quiere decir, ¿Salí? No soy tan tonto como para hacer eso! Y si Snape tenía un traslador, ¿Por qué esperó tanto para sacarme de ese infierno? ¿Sabe lo que ese imbécil me hizo? ¿Qué mierda le pasa a todo el mundo? ¡Hable maldita sea!

Otra voz hizo eco en la dirección de la entrada. Y era la última que esperaba oír –bueno, después de Voldemort de todas formas.

-Oh, vamos, Director –La voz de Draco Malfoy, tan similar a la de su padre, se abrió paso por la habitación- Tiene que quitarle puntos a Gryffindor por un lenguaje como ese.

Dumbledore no tuvo que pedirle a Malfoy que saliera. Antes de que el director pudiese decir algo, Harry se había sentado de golpe en la cama, al carajo con el dolor, y estaba gritando con una ira incoherente, sus manos alcanzaron a ciegas algo que tirarle a la maldita voz. Un florero con flores, algo con frutas, y luego varios frascos de pociones salieron volando, juzgando por los sonidos y aromas al chocar contra las paredes.

-Que mal que no me diste –Malfoy dijo, su voz llena de satisfacción, pero entonces, toda su actitud cambió completamente- Oh, mierda. Mira, no quise decir eso, Potter. Solo vine a… oh, a la mierda. Te hablo cuando te sientas mejor. Ten, atrapa.

Un paquete pequeño calló en su cama justo cuando escuchó a Malfoy marchándose.

-Diez puntos menos para Slytherin por lenguaje –El director murmuró, un poco de humor filtrándose en su voz- Ah… Parece que el Sr Malfoy te dio algo, Harry. ¿Te gustaría desenvolverlo? ¿O lo hago yo?

-Ja. De ninguna manera –Más sonidos de fondo, túnicas, pasos, y el sonido de hechizos limpiadores para arreglar el desastre junto a la puerta. Luego la puerta se cerró y se le puso seguro, aunque Harry no creía que estuviese siquiera protegida por hechizos. Eso era extraño. Aunque nuevamente, Voldemort sabía que su magia no servía, y estaba seguro como el demonio de que sabía que estaba ciego, y a menos que sus memorias estuviesen equivocadas, también ya sabía que Snape era leal a Dumbledore. Y Harry. Así que tal vez, ya no habían secretos por esconder.

-Creo que tal vez sería lo mejor si no fuésemos interrumpidos nuevamente –Dijo el director luego de volver a su silla- Tengo mucho por decir, aunque estoy seguro de que no comprenderás la historia completamente hasta que el trabajo del Profesor Snape alcance un punto en el que pueda unirse a nosotros.

-¿Cuándo va a ser eso? –Harry gruñó, inseguro de si la emoción que sentía era miedo, o renuencia, o preocupación, o ira, o incluso esperanza. Se despojó del sentimiento llenando su mente con fuego por unos segundos. Un truco útil, y estaba feliz de saber que aún podía hacerlo, aun cuando una parte de él le advertía que no podía usarlo cada vez que sus emociones lo sobrepasaran. No es saludable, casi podía oír a Remus diciendo.

Y no lo era, lo supo en un instante, porque comenzó a temblar, temblores violentos que lo movían de pies a cabeza a medida que el fuego lo consumía y recordaba cómo se había sentido estando parado allí encadenado, desnudo, indefenso, mientras Lucius intentaba prenderle fuego de adentro para afuera, mientras Voldemort intentaba quemarlo con llamas reales…

Harry detuvo todo intento de Occluir, todo intento de proteger sus pensamientos y mente y a si mismo, y entonces fue que lo notó.

-¿Qué hay con eso de que Remus Lupin no puede estar aquí? –Presionó, pánico llenando todo su ser, porque la respuesta era obvia, ¿No?- ¡No puede estar aquí! –Jadeó- ¡Esa es la peor mentira que he escuchado! ¡Remus movería cielo, mar y tierra para estar aquí conmigo, Remus mataría a cualquiera que se pusiera en su camino, Remus nunca, nunca, ni en un millón de años me dejaría despertar solo después de todo lo que pasó! Está muerto, ¿Verdad? Muerto, muerto, muerto como Sirius—

-¡Está incapacitado! –El director interrumpió, levantando la voz por sobre la suya. Eso era tan inusual que lo calló inmediatamente- Cuando desapareciste, el Profesor Snape dejó todo lo demás de lado para buscarte e idear un rescate. Todo lo demás, Harry. ¿Entiendes?

Oh, Merlín.

-Sí –Gimió, llenándose de culpa, aun cuando no era culpa suya, las cosas simplemente habían pasado- Quiere decir la Matalobos… Snape dijo que había arruinado una poción y tuvo que empezarla otra vez, iba a trabajar en eso ese día, el día que Malfoy me encontró –Nuevamente se llenó de pánico. Pánico ciego que lo llamaba desesperadamente a ver la expresión del director- Usted dijo incapacitado. ¿Pero dijo que estaba seguro…?

-Está en mala forma. Más bien… un poco desgarrado, y no se está recuperando como siempre. Han pasado años, sabes, desde que el Profesor Lupin ha tenido que pasar su tiempo lunar sin la ayuda de la Poción Matalobos. Pero estará bien, Harry, de verdad. Solo necesita tiempo. Estoy seguro de que vendrá a verte en cuanto pueda.

-Sí, está bien –Respondió, tragándose el resto de su pánico- ¿Así que cómo entró Lucius a mi casa? Porque yo no salí.

-¿Estás seguro de que quieres escuchar todo ahora, Harry? La Señorita Granger y el Sr Weasley han expresado un gran deseo –aunque demanda sería la palabra más adecuada, creo yo—de ser informados a penas despertaras. Estarían aquí ahora, faltando a todas las clases y comidas si no los hubiésemos hecho irse –Dumbledore rió suavemente- Repetidamente. Me temo que tuve que confiscar tu capa de invisibilidad, Harry. Pero no temas; te la devolveré. Dudo que quieras salir a pasear en estos momentos.

La verdad era que no se sentía tan bien como para tener visitas, ni siquiera sus amigos. A demás, reconocía la mal dirección por lo que era. Lo estaban manejando, justo como había sido siempre, controlado por Dumbledore como una especie de marioneta bailando a su ritmo. El director quería distraerlo, probablemente esperando que se recostara a descansar. Pero Harry necesitaba oír la verdad. Necesitaba entender.

-Por favor –Suspiró, recostándose contra las almohadas- Explíqueme lo que sucedió. No más secretos. Solo dígame. Todo lo que sepa. Y no se olvide de Dudley –El cansancio comenzó a clamarlo, aunque se sentía lo suficientemente despierto como para escuchar por horas si así lo necesitaba- Um, es mi primo. No estoy seguro si es que sabía eso. Vamos, hable. Necesito saber.

AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO

A Continuación en Un Año Como Ningún Otro:

Capítulo Veintisiete: Explicaciones.