ADVERTENCIA: Este capítulo contiene una escena que a mi parecer es muy violenta, se recomienda discreción, menores están advertidos.
Que lo disfruten.
TEMPORADA 2: BÚSQUEDA
.
.
Capítulo XXV
.
.
"Lo que estás buscando no está allá afuera Hiccup, sino aquí…"
(Astrid HTTYD 2)
.
.
.
Si alguien está leyendo está carta, es porque ya no estoy, ruego a los dioses por quien la tenga se la entregue a Hiccup próximo jefe de Berk, pues creo que estoy en peligro, a la vez hago responsable al jefe Eero por si algo me llega a pasar, él es el culpable,
Hiccup, tengo miedo, tu abuelo ha estado fingiendo, no quiere que tú y yo estemos juntos, está dispuesto a casarte con esa otra mujer a como dé lugar y me amenazado con hacerle daño a Dagur y Windshear, a quien ha dominado con el veneno de la flor de dragón, e incluso me amenazó con hacerle daño a Toothless sino cedo a su capricho de dejarte. Estoy desesperada, te amo y no quisiera perderte, pero no puedo poner en riesgo a los demás, no me queda de otra más que someterme a lo que él quiere, aunque se parta el corazón verte casándote con esa mujer.
No estoy segura de mi futuro, tu abuelo me citó en el bosque en tres días, no sé con qué propósito, sin embargo siento que no es para algo bueno, por eso si estás leyendo esto es porque definitivamente algo me pasó.
No se me ocurre otra manera de desahogar toda está presión que me está consumiendo, quiero que sepas que pase lo que pase te amo y todo lo que hago es por ti.
Espero que está carta realmente haya llegado a tus manos y no a las de Eero.
Te ama,
Heather.
Era la decima vez que leía la carta, Hiccup arrugó el pedazo de papel, apretándolo entre su puño para poder contener la ira que sentía hacia su abuelo, aquel viejo convenenciero que sólo arruinaba la vida de los demás; y el cómo todo un tonto caía en sus estúpidos juegos.
Aun lado de él, estaba Astrid, haciéndole la curación debida en la mano que se había lastimado por su arrebato de ira, no decía nada, sólo le limpiaba delicadamente cada nudillo, le ponía el desinfectante y pronto procedió a ponerle un pequeño vendaje.
Verla tan atenta en su labor, sólo hizo pensar a Hiccup que ella era también otra víctima, tanto como Heather, él sólo era el peón del juego, un títere de su abuelo que manejaba a su antojo.
—Siento haber reaccionado así…
—Descuida.—suspiró ella.—Es normal,… creo que cualquiera reaccionaría así…
—Es qué…—Hiccup apretó los ojos tratando de contenerse.—Lo que hizo…—bajó la cabeza decepcionado de su abuelo paterno.
—Tranquilo.—trató Astrid de confortarlo acariciando su hombro.
Desde que le había sugerido buscar a la berserker, Hiccup no había hecho comentario alguno, aún seguía tan abrumado para procesarlo, con toda las implicaciones; sin embargo, estaba plenamente convencida de que era lo más apropiado por hacer.
— ¿Qué harás?—preguntó sintiendo la comezón en su garganta, después de todo a él correspondía aquella decisión.— ¿La buscarás?
Hiccup levantó la cabeza para verla a los ojos, sus azules orbes lucían tan tranquilos y confortantes a comparación de los suyos que los sentía irritados y llorosos.
— ¿Tú qué harías?
La esclava emitió un largo suspiro, no esperaba que su marido quisiera considerar su opinión.
—Iría a buscarla.—respondió sin más, con el corazón partiéndosele por dentro, recordando a la vez su experiencia en aquel barco con Ryker, una situación que se imaginó para la desdichada Heather.—Puede que esté en peligro.
Hiccup volvió a apretar los ojos, lo sabía, había esa posibilidad de que su ex novia estuviera en peligro y en el peor de los casos muerta, sabía que debía buscarla, era lo correcto, pero lo que no era correcto era serle infiel a su esposa, aunque fuera en pensamiento.
—Hiccup…
El jefe despertó de sus pensamientos, restregó su recién curada mano por sus ojos para tratar de aliviar la irritación.
—Es lo correcto.—determinó con seriedad.—Pero ¿qué hay de nosotros?
— ¿Nosotros?—repitió Astrid abochornada.
— ¡Sí!—exclamó.—Es que tú y yo… lo que pasó ayer…—recordó Hiccup mordiendo su labio inferior, viendo atentamente a los de ella, le había encantado besarla, no podía negarlo.
Inconscientemente Astrid también mordió su labio, más no se atrevió a mirarlo, ella también había estado pensándolo detenidamente desde que encontró la carta, determinó que lo mejor para Hiccup, era que no le dijera que lo amaba, porque su relación no era más que una farsa, ella no era Camicazi era Astrid, una esclava de la que él ni siquiera tenía en cuenta; eso le recordaba aquella marca.
Además que era claro para ella que Hiccup seguía amando a la susodicha Heather, no quería su lastima, no quería su compromiso y lealtad como le juró aquella vez en la playa, quería su amor, pero este ya era para otra persona.
— ¿Qué hay de qué?—preguntó haciéndose la desentendida, evitando verlo.
—Sabes de lo que hablo… eso que pasó entre nosotros… fue…
—Nos dejamos llevar.—dijo Astrid encarándolo, completamente tranquila
— ¿Ah, sí?—cuestionó el jefe renuente a creerlo.
—Hiccup… no debió pasar… estaba triste y tú has pasado por mucho, creo que nos dejamos llevar. Sabes que tú y yo no tenemos ese tipo de relación.
El jefe quedó incrédulo con la respuesta, entonces ¿ella no había sentido nada? ¿Había sido sólo un asunto de necesidad de afecto?, algo que a los dos les hacía mucha falta.
—Tú y yo sólo somos amigos.—concluyó.
— ¿Amigos?—repitió con incredulidad.
—Así es.—dijo Astrid con una sonrisa.—Mi mejor amigo en realidad.—Confesó apenada.—Pero sólo hasta ahí, estamos casados, pero sabes que las circunstancias en que se dio no fue la más apropiada. Nos hicimos daño y…
—Entiendo.—interrumpió Hiccup. —Gracias por aclarármelo.—dijo con sinceridad. —Entonces… creo que no queda de otra, iré a buscar a Heather… aunque ¿cómo?... y si la encuentro ¿qué?
Astrid suspiró pues cometería otra insensatez que la destruiría, pero que necesitaba para encontrar su propia libertad.
—Quisiera ayudarte a buscarla.—pidió con el corazón acongojado.
Eso sacó de su órbita al jefe, ¿por qué esa mujer se sacrificaba tanto? ¿Era eso? ¿O sólo se quería deshacer de él? ¿O sólo, sin tanto drama, era lo que haría un amigo por alguien?
—Camicazi… va más allá de lo que crees.—respondió acongojado.—Podría encontrarla, pero ¿traerla aquí? ¿Qué se supone qué haré?
— ¿Lo dices por mí?… ¿por qué estamos casado, no es así?
Hiccup asintió apenado. Sentía que iba a ser de esos vikingos que tenía a su disposición a dos mujeres, cuando él sólo quería a una, aunque no sabía precisamente a cuál
—Por eso te digo que me dejes acompañarte en la búsqueda, tengo una idea…
.
.
Bork se encontraba impaciente en su casa, Hiccup le había dejado dicho, que en cuento confesara sus sentimientos iría con Camicazi a su casa para los tres celebrar. Cuando tocaron la puerta, se levantó dando un brinco y ansioso fue atenderla, tratando primero quitar su cara de emoción.
Abrió la puerta, y la emoción se esfumó de su rostro, Hiccup y Camicazi estaban frente a él, pero ambos lucían sombríos. Ambos pasaron, indicándole que tenían algo importante que decirle, aunque por el tono en el que lo dijeron no le gustó para nada.
Antes que nada, le entregaron la carta de Heather, el viejo, al leer quedó incrédulo, ahora comprendía porque sus muchachos estaban tan cabizbajos y serios.
—Heather… ¡ese maldito de Eero! ¿Cómo se atrevió?—del coraje también arrugó la carta.—Hijo… ¿qué harás?—preguntó con angustia, viendo también atentamente a su nuera, la cual estaba callada y cabizbaja.
—Iré a buscarla…
—Pero… pero… pero…—Bork miraba insistentemente a la pareja.—¿Qué hay de…?—insinuó viendo a la chica.—¿Y Berk?
—Camicazi tiene una idea…—resopló Hiccup no muy convencido, pero a falta de ideas no le quedó de otra.
—¿Cuál?
—Yo acompañaré a Hiccup a buscarla.—contó Astrid.—Si la encontramos, él volverá aquí con ella, yo me iré.
—¡¿QUÉ?!—gritó Bork.—¡Pero ustedes están casados! Y hay un trato de por medio con Harald.—trató de persuadirlos de aquella locura.
—Por mi tío no se preocupe, yo lo arreglaré.—Dijo Astrid, recordando la propuesta del rey.—El trato con Berk seguirá. —explicó con simpleza.
—No, pero…¡Esto no puede ser!… ¡ven aquí Hiccup!—tomó su brazo para llevarlo a una de las habitaciones y hablar a solas.—Discúlpanos Camicazi.
A la esclava no le quedó de otra más que esperar.
.
.
—Hiccup, eso que dicen tú y tu mujer son ¡locuras!
—Abuelo… pero ¿qué puedo hacer? ¿Dejar a Heather a su suerte? Si es que sigue viva.
—Entiendo, créeme… esa muchacha también la pasó mal y la estimo, pero una cosa es buscarla y rescatarla y otra es que la sigas amando. Pensé que querías a Camicazi.
—Ella no me quiere, —contó Hiccup cabizbajo.—No al menos como yo creía quererla.
—¿Creíste?
—No lo sé… estoy confundido. La quiero abuelo, pero ¿la amo? Lo mismo pasa con Heather, tal vez tengas razón abuelo, y tenga que tenerlas a los dos enfrente de mi pasa quitarme esa confusión, o lo mejor sería quedarme solo, no merezco nada.
—No digas eso muchacho.—pidió Bork con tristeza.—Piénsalo bien, además… ¿qué pasará con Berk? Hay muchos problemas, no había querido decirte porque apenas te estabas recuperando pero…
— ¿Qué pasó?
—Eero tiene encerrado a los berserkers en pésimas condiciones, arrestó a todos en general, no quiere escuchar razones, Odalys me dijo que ella te había advertido antes… ¿es cierto?
—Sí, aunque yo más bien pensé que era por una enfermedad…
—Pues erraste, sin embargo, Eero se dio cuenta de la revuelta y no hizo nada, al contrario dejó que siguieran, para tener el pretexto perfecto para deshacerse de los berserkers.
—¡MALDITO!¡TODO POR SU CULPA!—golpeó Hiccup el suelo con el bastón con el que todavía tenía apoyarse.— ¡Iré a hablar de inmediato con él!
Salió enfurecido de la habitación, Astrid quiso preguntar, sin embargo Hiccup pasó de lado, dando severos golpeteos con el bastón, no le pareció apropiado importunarlo.
—¿Qué pasó?—preguntó a Bork.
—Ya le dije lo que hizo su abuelo. Irá a hablar con él.
—¿Es bueno dejarlo solo?
—Sí, créeme… es demasiado listo, con todo esto, ya no caerá en sus juegos.
Aun así Astrid no podía ocultar su angustia, Eero era de armas a tomar.
—Hijita… con todo esto ¿cómo te sientes?—preguntó Bork paternalmente.
—¿Eh? Yo… yo… estoy bien.—respondió rápidamente.— ¿Por qué no debería?
—Porque tú quieres a mi nieto lo quieres y esto debe ser difícil para ti.
—Se equivoca.—cortó Astrid fríamente, o al menos eso quería aparentar.—No quiero a su nieto.—dijo evitando ver los ojos del anciano.
—No te creo.
—¡Es la verdad! No lo quiero.—trataba de convencerse a ella misma, pero las palabras incluso le dolían.
—Mírame niña. —pidió Bork tomándola de los brazos. —Veme a la cara y repite lo que me dijiste.
Con dificultad Astrid obedeció y miró fijamente a los ojos del anciano.
—No... lo quiero.— repitió con la voz entrecortada, sus ojos se empezaron a llenar de agua, pero se había prometido ya no llorar más, dejaría toda aquella fragilidad que había tenido en meses atrás para ser la guerrera fuerte y valiente que siempre quiso ser.
Era una Hofferson y estos eran valientes, debía honrar a su familia y a ella misma.
Bork la soltó, había visto y escuchado suficiente, pensó que tal vez lo mejor es que si hiciera ambos ese viaje, para que ella y Hiccup encontraran lo que buscaban.
—Siento si lo he decepcionado. —dijo Astrid apenada.
—Para nada niña. —sonrió el anciano. —Lo que haces es admirable, y me demuestra cuán tanto quieres a mi nieto. —dijo con una risita. —Astrid se sobresaltó, después de todo no lo había convencido. —Sólo espero que las cosas salgan como ustedes quieren. Por el momento… ¿hay algo que pueda hacer por ti?
—De hecho sí. —dijo Astrid suspirando, sonriéndole al anciano.
.
.
.
Cuando Hiccup salió de la casa, hizo el llamado del dragón para atraer a su amigo, fue cuestión de un minuto que Toothless llegara con él. Aun le dolía la pierna, más no era impedimento para que lo montara.
—Vamos con Eero. —pidió al dragón.
El dragón sintió cierta ira por parte de su amigo, sin embargó obedeció y extendió sus alas para alzar el vuelo; sin embargo…
—¡Hiccup!
El llamado de Tuffnut lo detuvo, este venía corriendo hacia alzando su mano para llamarlo.
— ¿Qué pasa?
—Primero que nada, que bueno te encuentres bien. —Dijo el gemelo. —En segundo, podrías ir conmigo, Odalys ha querido hablar contigo.
— ¿Odalys?
—Sí, por favor… está en las celdas.
—Bien, sube que bueno que me dices… también necesito hablar con ella.
El gemelo obedeció y montó al dragón, ambos emprendieron el vuelo hacia las celdas de Berk.
Para Hiccup fue impactante ver las condiciones en las que tenían a los presos, aunque Tuffnut le dijo que estaban un poco mejor, de no haber sido por la intervención de su esposa, algo que enorgulleció al jefe.
— ¡Jefe! —exclamó Odalys feliz de verlo en pie, aunque no completo. —Me alegro que se encuentre bien.
—Perdóname, han sido días difíciles…
—Lo sé, por favor jefe, yo y mucha gente desconocíamos la revuelta e incluso salvé la vida de su abuelo matando a otro berserker.
—No tienes que explicar nada, sé que no tuviste nada que ver, al igual que muchos; tú fuiste la que me advertiste aunque erré en mi teoría, y créeme, sólo hay un culpable de la ira de los berserkers.
Hiccup se golpeaba una y otra vez en su mente. Si Eero no hubiera intervenido en su relación con Heather, no se hubiera desecho de ella y Dagur, este nunca se hubiera vengado, Ran nunca hubiera participado en su venganza y no hubiera perdido aquel hijo que supo que esperaba, nadie estaría sufriendo de no ser por él.
— ¡ABRAN LA MALDITA PUERTA! —Ordenó al vigilante en turno. — ¡LIBERENLA!
—Pero jefe Hiccup, el jefe Eero dijo que…—replicó el vikingo.
—YO soy el jefe… no él, ¿acaso deseas contradecirme?
—Lo siento jefe… pero…
—¡DAME LAS MALDITAS LLAVES! —golpeó Hiccup las rejas con el bastón el cual se partió en dos por el impacto, casi cae, pero Tuffnut lo ayudó a sostenerse.
El guardia asustado procedió a abrir él mismo la celda, al hacerlo, Odalys salió rápidamente y se abrazó al gemelo.
—Haga lo mismo en las celdas de ancianos y niños. —ordenó Hiccup. —Sólo los participantes de la revuelta se quedarán, ¡aclarando!, que se les dará un juicio justo, por lo pronto aliméntelos y denle más abrigo, hace frio.
El guardia refunfuñó y obedeció procediendo a abrir las puertas donde había ancianas de la edad de Gothi y pequeños niños de entr años.
—Tuffnut, encargarte de que todo se haga como lo pedí. —Ordenó Hiccup.
El gemelo asintió, y para hacer rabiar al guardia, le ordenó hacerlo a prisa, mientras tanto Hiccup procedió a acudir con su abuelo.
.
.
— ¡¿Qué hiciste qué?! —exclamó Eero golpeando la bracera del trono de jefe.
—Sabes muy bien que no todos participaron en la revuelta, no es justo. —contestó este con tranquilidad, parte de su plan era no enterarlo de lo que ya sabía.
—No eres nadie para ordenar eso. —contestó Eero con desdén.
—Pensé que era el jefe.
—Pues empiezo a dudar de tus capacidades, hijo. —Eero se puso de pie. —No fuiste capaz de ver que una revuelta se aproximaba.
—¿Y acaso tú si te diste cuenta? —preguntó con burla.
Eero sólo carraspeó. — creo que aun te falta mucho por aprender.
— ¿Para ser como tú? —preguntó inocentemente.
— ¡Exacto! Aunque por lo pronto creo que necesitarás ayuda.
—Bien y supongo que tú serás esa ayuda, entonces ¡dime!… ¿cuándo juzgaremos a los berserkers?
—Es una semana…—contestó Eero receloso de la actitud de su nieto.
.
.
.
Durante el transcurso de aquella semana, Hiccup mandó a llamar a Alberick junto con su esposa y a Mia, estos acudieron rápidamente al saber las noticias y no tardaron en llegar gracias a los dragones.
A los tres, les sorprendió ver el nuevo estado del jefe Hiccup y lo mal que lo estaba pasando Berk. El motivo de su invitación, fue en parte plan de Hiccup pues sabía cuál sería el destino de los berserkers traidores.
—Exilio.
Determinó Eero orgulloso, pretendiendo dejar a los berserkers a la deriva para que murieran náufragos en el mar, aunque lo que no esperaba es que la líder los Silverhead y el jefe de los Kogeorns, les abrieran sus tierras a un nuevo refugio lejos de Berk; fue la manera como ayudaron a Hiccup, concluyendo que los berserkers no tenían culpa alguna, si su venganza tenía más que justificación.
No a todos se le exilió, sin embargo; los que no participaron en la revuelta se le dejó la decisión de quedarse o irse, casi todos se fueron, el mal trago con Berk no lo superaban, más si Eero estaba tomando de nuevo su lugar como jefe. Solamente se quedó Odalys, la que a pesar de querer irse no podía, en parte por el gemelo, otra, por sentir que había traicionado a su pueblo, y la otra razón es porque Hiccup la había enterado sobre lo de Heather y estaba más que dispuesta a ayudarlo a buscar a su amiga, a pesar de la princesa de quien sintió lástima.
.
Luego pasó otra semana.
—Saldré de viaje. —anunció Hiccup ante Eero y algunos vikingos que estaban presentes, entre ellos Snotlout y Fishlegs que aún no se enteraban de lo que había pasado con Heather.
—¿Cómo? —preguntó Eero receloso. — ¿Viajar a dónde?
—No lo sé… por ahí… lo necesito.
—Lo siento, Hiccup, pero eso no es posible. —Determinó Eero autoritariamente—Eres el jefe de Berk.
—¿Quién te entiende abuelo? —dijo con fastidio. —Dices que soy el jefe y no te levantas de mi silla, —señaló con sarcasmo. —Tú sabes y me lo has dicho que no he sido buen jefe.
Los veteranos vikingos, leales al viejo, asintieron estando de acuerdo, para ellos era mejor Eero que Hiccup, contrariamente lo que pensaba la otra parte de la multitud
—Es cierto. —no lo negó Eero. —Pero aun así no te puedes ir.
—Debo viajar. —insistió Hiccup con tranquilidad.
— ¡¿Por qué insistes?! —exclamó Eero perdiendo la paciencia,
— ¡POR QUÉ YO SE LO PEDÍ! —intervino Astrid entrando al gran salón, sorprendiendo a los presentes por tan falta de respeto. —¡ESTOY TAN HARTA DE ESTE LUGAR! —dijo tomando un giro dramático en su actuación y aplicando lo aprendido por Camicazi. —¡Hiccup me PROMETIÓ desde que nos casamos que viajaríamos! ¡Y NO LO HA CUMPLIDO!
—¿Ves abuelo? —señaló Hiccup a su esposa como si fuera una gran molestia. —REALMENTE necesito viajar, creo que eres capaz de hacerte cargo de Berk por lo pronto, a menos que quieras que le pida al abuelo Bork que lo haga.
—¡Claro que no! —dijo Eero viendo tensión en el matrimonio, y si había tensión no habría relaciones y sin relaciones no habría herederos y sin herederos no tendría Bog Burglar. —Pueden viajar… ¿pero lo harán solos?
—No, Snotlout y Fishlegs nos acompañarán. —dijo Hiccup dejando boquiabiertos a su amigos.
—Al igual que los gemelos y Odalys. —dijo Astrid. —necesito sirvientes después de todo. —comentó con vanidad.
—Sí es así. —Dijo Eero no muy convencido con aquel viaje. —Pueden ir…
El matrimonio sonrió falsamente y salió por separado del gran salón, Snotlout y Fishlegs pronto acudieron con Hiccup, desconcertados por la actitud vanidosa y pretenciosa de la esclava; sin embargo cuando su amigo les explicó lo sucedido con Heather, no dudaron en acompañarlo, aunque recelosos aun con la esclava.
.
.
Ya estaba todo hecho, su plan estaba saliendo tal cual cómo quería.
Astrid se encontraba recogiendo las pocas cosas que llevaría al viaje. Ropa y algunos accesorios indispensables. Fue hasta la pequeña mesa donde tenía el estuche de plata que Hiccup le había regalado y lo abrió, acarició el cepillo y el espejo con suavidad, por un momento pensó en llevárselos, ya que habían sido un obsequio que él le había dado, aunque, pronto concluyó que esas cosas debían pertenecer a Heather, todas las atenciones de él hacía ella se las merecía la berserker, pues esta había dado incluso más que ella por Hiccup.
Luego pasó su mirada al pequeño amuleto que el matrimonio Kogeorn le había dado. Ese no lo dejaría, más que nada por su significado. Tomando sólo aquel pequeño amuleto, cerró el estuche y lo dejó en la mesa, la próxima vez que alguien lo abriera sería la chica berserker de la que había escuchado que tenía un hermoso cabello negro.
.
.
—Aquí tienes lo que pediste. —dijo Bork entregándole una caja de madera. —Y también esto. —le otorgó una filosa hacha doble.
Astrid quedó maravillada al ver una nueva hacha como la que tenía, lamentablemente la que Hiccup le había dado se había perdido en el mar.
—Gracias abuelo.
—No, gracias a ti niña… espero volvernos a ver…—dijo con timidez
Astrid sonrió levemente no creía posible aquello, pues si Hiccup encontraba a Heather, ella se iría directamente a Bog Burglar, e incluso había sugerido que la hicieran pasar por muerta para librarse aunque la idea fue desechada por Hiccup.
—Esperemos. —se despidió así del abuelo.
Salió de la fragua encontrándose a su marido en el camino, las últimas dos semanas habían sido difíciles, pues tenía que pretender ser sólo una amiga para él.
— ¿Fuiste a despedirte? —preguntó Hiccup con timidez, seguía sin agradarle para nada la situación.
—Sí, además de que le pedí que me hiciera unas cosas. —señaló con sus ojos el hacha que traía colgada a la espalda así como el estuche.
—Oh… ¿y qué es? —preguntó viendo con curiosidad el estuche.
—De hecho es algo que también es para ti. —abrió la caja mostrando que había varias dagas, de las cuales le hizo la entrega de dos. —Por favor siempre llévalas ocultas contigo, pase lo que pase.
—Eh… claro. —Hiccup las tomó, por una extraña razón sintió una advertencia. —Debo ver al abuelo, le dejaré algunas instrucciones.
—Bien, yo repartiré estas dagas a los chicos. —dijo Astrid sonriéndole levemente.
Hiccup le sonrió de vuelta, sentía que ella hacía demasiado por él, más de lo que haría un buen amigo, y en un impulso arrebatado se lanzó hacia ella para abrazarla, rodeando con brazos su cuello, una parte de él le pedía a gritos sentirla aunque fuera de esa manera.
De la impresión Astrid soltó el estuche, eso ayudó a que estuvieran más cerca, también lo abrazó pasando sus brazos por su cintura, debía aprovechar ese afecto que le deba, sin embargo cuando se percató que uno de los brazos de Hiccup oprimía su cabello, cerca de la marca de esclava, lo empujó para alejarse de él.
—Lo siento. —dijo Hiccup apenado, concluyendo cada vez más que su esposa no lo quería, como él creía.
—No… yo lo siento… es que tengo muchas cosas que hacer. —Astrid se justificó y tomó el estuche para salir huyendo de inmediato de ahí. Se sentí idiota y paranoica con esa marca.
.
.
.
—Tomen, cuídenlas, manténganlas ocultas donde puedan en caso de peligro. —Advertía Astrid a los vikingos que irían al viaje, mientras hacía entrega de las dagas.
—¡¿Y por qué debemos llevarlas?! —preguntó Fishlegs receloso de tomarlas, dejando a la esclava con la mano estirada.
—Gordo, sólo tómalas. —dijo Snotlout con fastidio, arrebatándole a Astrid las que eran para él, para él era mejor llevar más armas a ninguna.
—Si no quieres tomarlas allá tú. —Astrid tomó otro par de dagas para dárselas, insistiendo mentalmente para que las tomara.
Fishlegs las tomó con desprecio viendo receloso a Ruffnut la cual sudaba en frio, cada vez que se presentaba esas situaciones.
—Yo seguiré alistándome. —Avisó Odalys para retirarse, al igual que los gemelos y Astrid no dejaba de ser despreciada por los vikingos quien la acusaban de traidora.
—Yo también me iré. —dijo Astrid. —Saldré a volar un rato con Stormfly.
—Sí a quien le importa. —murmuró Snotlout con fastidio.
Astrid sólo rodó los ojos, no comprendía que pasaba con esos aunque poca importancia le daba, ya no se dejaría afectar por los demás.
Cuando se fue, Ruffnut y Tuffnut suspiraron con alivio, cosa que no pasó desapercibida por los vikingos.
— ¿Y qué pretenden ustedes con esto? —señaló Snotlout las dagas.
— ¡Ya está bueno de tonterías! —exclamó la fastidiada Ruffnut— ¡Iremos a buscar a la chica esa, creo que deberían estar contentos! ¡Por fin se desharán de nosotros!
—Eso es cierto. —se burló Fishlegs viendo el filo de la daga. —La que debió ser la verdadera jefa de Berk volverá.
—Créeme a mí me da igual. —se asqueó Ruffnut con el comentario.
—Pero no a tu amiguita…—observó Snotlout con astucia. —Mejor ya dime… ¿qué pretendió con darnos estás dagas? ¿Qué planea?
—Esas dagas mi estimado y descerebrado amigo, es para que se ¡defiendan! En caso de que nos atrapen, no sabemos con qué clase de peligro nos encontraremos.
El comentario desconcertó a los vikingos. ¿Atraparlos, quién?
—Pueden tirarlas si quieren, pero yo si las llevaré. —dijo Ruffnut tomando firmemente su dagas y ocultándolas en su busto.
—No estamos dispuestos a ser esclavos otra vez. —Comentó Tuffnut al ver los confundidos vikingos. —Ustedes no tiene idea de lo qué es.
—Es cierto, hermano. —siguió la gemela. —No lo saben. Esas armas te pueden ayudar a escapar si así quieren verlo, o por otra parte, como en mi caso, es para ¡SUICIDARME! ¡No pienso volver a ser esclava de nadie.
—Exacto.
Dando un burlón bufido dejaron a los atónitos Snotlout y Fishlges, quienes estaban tan enojados que no habían considerado el dolor de ellos al haber sido esclavos, más de la esposa de su amigo, que aun con tanta cosas se había ofrecido a salvar a Heather y dejar a Hiccup para que estos fueran felices.
— ¿Porque me siento como un tonto? —murmuró Fishlges apretando las dagas entre su puño.
—Por qué es lo eres. —respondió Snotlout cabizbajo. —Ambos lo somos… ya me cansé de esto.
—Sí… Cami… es decir, esa esclava en realidad no tiene la culpa ¿verdad? —concluyó Fishlegs por su propia cuenta.
—Eso creo. —murmuró Snotlout cabizbajo.
.
.
.
Los gemelos al dejar a los vikingos vieron volar al nadder rumbo al bosque oscuro, temerosos por su amiga, montaron a su cremallerus para seguirla, después de un largo recorrido la encontraron junto con su dragón en el mismo risco donde se dio la pelea con Ran y el desquiciado, Astrid miraba fijamente hacia el grisáceo horizonte que era el rumbo a donde partirían al alba.
—Astrid. —llamaron ambos después de que aterrizaron.
— ¿Estás bien con todo esto? —preguntó precavidamente Ruffnut.
—Por supuesto que no. —contestó esta con cierta molestia en su voz. —Pero es lo mejor.
Los gemelos asintieron estando de acuerdo, y caminaron para situarse a un lado de ella, Ruffnut en la izquierda y Tuffnut a la derecha.
—Sigo sin comprender porque te ofreciste a esta locura, bastaba con él viajara solo, o que nos fuéramos de una vez por todas por un rumbo distinto. —comentó la gemela.
—Es una locura, lo sé, pero creo que necesito este viaje para encontrarme a mí misma, ser quien realmente soy y sobre todo…—hizo una pausa apretando algo entre sus manos.
Los gemelos vieron curiosidad, ya que tenía algo rojito que se asomaba, Astrid extendió su mano mostrándoles que era el amuleto que le habían dado Mako y Alberick, aquel que dijeron que era para cuidar los sueños y anhelos del ser amado.
—Quiero que Hiccup sea feliz. Cuidaré sus sueños y anhelos, y cuando por fin la encuentre a ella, habré terminado mi trabajo. —dijo sonriendo nostálgicamente. —Es por eso que me ofrecí a ayudarlo en esta búsqueda.
Los gemelos la comprendieron y en silencio la apoyaron, así era su amiga después de todo, aquella chica que poco a poco se recuperaba de todo los pasado.
¿Y ahora qué les esperaba?
Fijaron su vista en el horizonte, ansiosos de poder encontrar la respuesta a aquella pregunta.
.
.
Mientras tanto, del otro lado de la isla, Hiccup se encontraba haciendo lo mismo, estaba sólo en compañía de Toothless, que restregaba su cabeza cerca de su mano, lo acarició son sutileza, observando de reojo su ahora pierna falsa a la cual le había tenido que hacer muchos ajuste para que pudiera caminar sin sentir tanto dolor.
—Han pasado muchas cosas amigo… ¿qué crees que nos depare el futuro?
El dragón negó con la cabeza sin saber que responderle. "¿y tú?" gruñó en forma de respuesta.
—Yo tampoco sé. —respondió Hiccup para sí mismo, atinando a responder la pregunta de su dragón. —Sólo espero hacer lo correcto por Heather y también… por Camicazi. —suspiró. —quiero que… ella también sea feliz.
Toothless volvió a gruñir nostálgicamente, su amigo estaba nuevamente confundido, sólo esperaba que ese viaje lo despejara de sus dudas y lo ayudara a encontrar la verdadera felicidad.
.
.
.
Hosten.
Mientras tanto, sin estar siquiera enterada de lo que pasaba en el mundo, Heather trabajaba arduamente a la par con Spinel para poder sacar a flote aquel navío que los llevaría de viaje; el dolor y la angustia desparecieron el mismo día en que su querido doctor le mostró el barco, a partir de ese momento se motivó para conseguir sus metas y ayudar a los sueños de quien amaba.
Pero sólo había un pequeño problema.
— ¡¿dónde está el maestro Spinel?! ¡Mi clase empezó hace 5 minutos!—demandó con furia Sigrid.
—Él está ocupado, yo te daré la clase de hoy. —respondió Heather con fastidio.
—Yo quiero que me la dé él, no tú, maldita zorra arribista, para eso mi padre le paga.
— ¡Exacto! Y él te dirá lo mismo que yo te diré… ¡así que apunta lo que te diré si de verdad quieres aprender! —regañó señalando los útiles.
Sigrid sonrió falsamente y tomó sus papeles de apuntes, dio la impresión a Heather de que por fin se callaría y estudiaría; sin embargo.
— ¿Te crees ya muy segura con él, no es así? —dijo con burla en su voz.
—Aunque te pese mocosa.
—Yo no cantaría victoria, porque lo yo quiero siempre lo obtengo. —dijo esta tronando sus dedos. —Y ¡anda! Enséñame para eso te pago.
Heather bufó para sus adentros, generalmente sus amenazas les daba poca importancia, aunque sintió un mal presentimiento, tomaría sus precauciones con aquella chica.
.
.
.
Stavanger.
En este lugar más lejano, el furioso Arie llegaba por fin después de su rotundo fracaso con el plan de estafar al rey, se dirgió rápidamente al lugar donde había dejado a Camicazi y a la nana, a las cuales las interrogaría hasta sacarles la información.
—Ella salió. —contestó Aline, sin darle importancia a la furia del guardaespaldas.
—¡¿A dónde mujer?! ¿Con el permiso de quién?
—¡Ella es la princesa y no tiene que dar explicaciones! —refutó la nana, para nada le agradaba ya el guardaespaldas
—Me las pagarás vieja. —amenazó Arie y salió de la casa golpeando con violencia la puerta, esto advirtió a la anciana que dejó sus quehaceres para buscar a su niña.
.
.
Arie caminaba dando pisotones por todo el pueblo, empujando a cuanta persona se le pusiera enfrente; buscó a Camicazi principalmente en los bares, pero no la encontró, no fue hasta que fue aun mercado lleno de gente donde la vio.
—¡Camicazi! —llamó con desdén, ya que la encontró sonriéndole a un muchacho que estaba detrás de un carretón con verduras que vendía. —¡¿Qué haces?!
—Disculpa. —contestó esta haciéndose la ofendida. —¿Y tú cuándo volviste?
—Eso no tiene importancia. —la tomó del brazo con violencia. —¿Ahora con este? —señaló con desprecio al muchacho y en su ira, ladeó la carreta tirándole toda la mercancía,
—¡¿Qué te pasa?! —gritó Camicazi furiosa y se zafó de su agarre. —Sólo le estaba comprando cosas, además no eres NADIE para decirme qué hacer.
—Por supuesto que sí… ya es hora de que me cumplas, ahora me toca a mí.
— ¿De qué hablas? —preguntó la chica confundida y con cierta repulsión en su voz.
Sin embargo; Arie ya no aguantaba, estaba tan presionado que no podía actuar como aquel hombre serio y firme que siempre era, así lo ponía Camicazi, de la cual estaba locamente enamorado.
— ¡Todo lo que he hecho ha sido por ti! —gritó. —He hecho muchas cosas por ti, y no me arrepiento, y todo para que algún día pudieras corresponderme como quiero, y ya llegó el momento, es hora de que me pagues todo eso.
— ¿Eh? —se burló Camicazi al entender a donde iba. — ¿En serio estás enamorado de mí? ¡Que patético! —se burló. — ¡Tú no eres más que un peón más! ¡¿De dónde sacaste semejante estupidez?
Las risitas y burlas de Camicazi, así como los que lo rodeaban afectó mentalmente al guardaespaldas, que se dejó caer de rodillas frente a ella.
—Esos comentarios… me decías que me querías…—contestó por primera vez con debilidad.
—¡Ay, Arie… que ingenuo eres! —Camicazi empezó reír tanto que el estómago le dolía. —Por supuesto que no te amo, ¿cómo crees que una princesa como YO podría estar con alguien como TÚ? —señaló con desprecio, cesó su risa dando un gran suspiro. —Sabes, ya no te necesito… toma tu paga por lo que has hecho. —le arrojó un pequeño saco con oro. — ¡Y desaparece de mi vista!
Camicazi le pagó los inconvenientes al chico de la carreta y se alejó, dejando herido al guardaespaldas, cuyo orgullo quedó destrozado, este tomó su saco de oro y se fue al primera bar que encontró.
.
.
—Camicazi. —llamó su nana, la cual lucía desesperada, casi llegaba a casa cuándo la vio corriendo por todos lados a lo lejos.
— ¿Qué pasa nana? —preguntó esta preocupada.
—Es que Arie volvió y temí por usted… ¿no se lo ha encontrado?
—Ay… a ese no me lo recuerdes, no te preocupes, ya lo puse en su lugar, no era más que una astilla molesta de la cual ya me deshice.
—Como quieras hay que tomar precauciones, ese hombre es de armas a tomar.
—Le maté su orgullo nana, no te preocupes… ¿qué puede pasar? —respondió esta con una sonrisa.
La nana no muy convencida asintió, y la acompañó de regreso a casa, ambas ignorantes de que una desgracia ocurriría.
.
.
.
El ambiente se empezó a nublar, el cielo comenzó a soplar fuertemente dando la advertencia que una de las tantas tormentas de la temporada se aproximaban.
Había pasado un día, desde el vergonzoso encuentro con Arie; ahora Camicazi y Aline descansaban tranquilamente en la casa, cuando un golpe brusco en la puerta se escuchó.
— ¿Qué fue eso? —preguntó Camicazi con recelo.
—Debe ser algo que lleva arrastrando el viento. —contestó la nana pensando en un pedazo de madera que ya les había obstruido la puerta.
Se acercó a esta para quitar lo que fuera que había golpeado sin embargo, antes de que llegara esta se abrió con violencia, mostrando a un furioso Arie que arremetió contra Aline con una bofetada.
— ¡Nana! ¿Arie, qué haces?! —exclamó Camicazi con horror.
—Le dije que me las pagaía. —contestó torpemente, tambaleante debido a todo el alcohol que había ingerido.
— ¡Estás ebrio! ¡Lárgate de mi casa!
—¡Nuetra casa! —demandó Arie. — ¡Tú serás mi esposa!
—¡Estás LOCO! —gritó Camicazi, tratando de acudir con su inconsciente nana. —¡largate! ¿Qué parte de no te amo no entiendes?
—¿Por qué me haces esto? —preguntó Arie empezando a llorar. —Yo que tanto te quiero, torturé, maté por ti…—contó lloroso. —Para que pudieras ser libre.
— Espera…¿Qué dijiste? — Un escalofrío recorrió el cuerpo de la esclava.
—Esclavo… pretendiente… todo aquel que interfiera… lo maté y TÚ… me traicionaste. —lloró. —¡TÚ LE DIJISTE AL REY!
—¡¿Qué?! Maldito asesino —gritó ella de vuelta. —¡Y por supuesto que escribí a mi tío diciéndole la verdad! ¡Ya no podía con la culpa, maldito imbécil! ¡Cuando fue todo por obra tuya!¡Vete de aquí, VETE!
—¡NOOOO! Serás mía… aunque sea a la fuerza. —amenazó el hombre empezando a sacarse el cintillo del pantalón.
Eso alertó los sentidos de la esclava, ¿acaso él pretendía…?
—Arie… no… vete. —rogó con sutileza. Pero este no escuchó y se acercó amenazadoramente hacia ella. —¡Arie… por favor!
—Déjela en paz. —amenazó Aline, detrás de él, ya se había recuperado del tremendo golpe y estaba dispuesta a salvar a su niña a toda a costa.
—¡Nana! —exclamó la chica asustada por lo que fuera a pasar.
—¡arggg, le dije que no se metiera! —gruñó Arie y enseguida la encaró sacando su espada y atravesándola con violencia con esta.
Camicazi ahogó un grito al ver a su nana herida, la cual desbordó sangre por la boca antes de caer muerta en el piso.
— ¡nana! —chilló al ver a la única persona que la quería muerta; sin embargo no pudo llorarle como se debía pues enseguida Arie volvió hacia para acabar lo que tenía en mente.
—¡ahora será mía! —corrió hacia ella para atraparla.
Camicazi lo esquivó empezando una persecución, que la llevó a correr a la cocina donde había otra puerta por donde podía escapar; sin embargo Arie la alcanzó antes de que pudiera llegar a ella y la azotó contra el piso.
Se puso encima de ella, y le arrancó el vestido, dejando su busto expuesto, sólo con el corsé. El hombre se deleitó con la escena y la tocó morbosamente, al mismo tiempo que Camicazi pataleaba y gritaba por que la dejara en paz.
— ¡Cállate! —la abofeteó en la mejilla tan fuerte que se silenció.
Arie entonces procedió a quitarse el pantalón, pero debido aquel cintillo se le atoró se vio en la necesidad de ponerse de pie para deshacerse; esto fue aprovechado por Camicazi, que a pesar de estar aturdida por el golpe tuvo la suficiente fuerza para ponerse en pie.
— ¡¿A dónde vas?! —exclamó el hombre apenas deshaciéndose del cintillo, aunque fue demasiado tarde pues Camicazi había huido.
En las afueras, llovía a cantaros y no había ni una sola alma en la calle.
—¡Auxilio! —gritó la chica al mismo tiempo que un trueno retumbaba con fuerza haciendo temblar la tierra.
Tocó con insistencias algunas de las puertas de las casas vecinas, pero nadie abrió, estaba sola y asustada. Pretendió escapar por un callejón que daba directo a los comercios, los cuales de seguro aún estaba en funcionamiento.
Corrió empapada por la calle en dirección al callejón, cuando de repente, cayó debido a un bache en el piso, se reincorporó rápidamente, sin embargo sintió que alguien la jaloneó del vestido. Con temor vio que se trataba del enloquecido Arie, que arremetió contra ella dándole otro golpe en la cara, para enseguida someterla contra él y cubrirle la boca.
— ¿Qué se siente? —preguntó enloquecido. —Me rompiste el corazón, me humillaste…
Camicazi sólo lloraba, tratando a toda costa de zafarse de su captor; su corazón le dio un vuelco cuando Arie la llevó al callejón donde la tiro al piso boca abajo.
—Arie… por favor. —rogó. — ¡AUXILIO! —gritó, más suplicas eran acalladas con la lluvia.
—Nadie te escuchará. Ahora sí serás mía. —procedió Arie a subirle el vestido y manosearla con perversión.
—¡NO, NO, NO, POR FAVOR! —rogó Camicazi, sintiendo como poco a poco el hombre se deshacía de sus prendas íntimas. — ¡NO, DEJAME!
Arie la volvió a azotar contra el suelo para callarla, una y otra vez, no le importaba violarla desmayada, cuando vio que la había sometido lo suficiente, procedió con lo inevitable y la hizo suya con violencia.
Camicazi no podía emitir grito, alguno, Arie la estaba tomando con rudeza y no era capaz de defenderse, le dolía, sentía que la estaba destrozando por dentro. En su agonía, recordó a la esclava a la que no le importó sacrificar su pureza, a su tío al cual le había mentido para librarse del compromiso, así como a los esclavos que torturó. ¿Acaso era su castigo?
—¡CAMICAZI! —llamó Arie completamente excitado con la joven, que sólo apretaba la uñas contra la tierra, totalmente perturbada con lo que le estaba haciendo. —¡ERES MÍA… SERÁS LA MADRE DE MI HIJOS!
Aquello conmocionó más a la princesa, ¿acaso era la vida que le esperaba? ¿Arie la tomaría cuantas veces quisiera, a la hora que quisiera, cuándo quisiera?
—¡NO! —gritó tratando de zafarse de él, pero Arie oprimió su cara contra la tierra para evitar que se moviera, y así llegar al climax de su enferma obsesión por ella.
Camicazi sollozaba ya no podía con el dolor, perdió la esperanza, era la vida que le esperaba.
— ¡Oye tú!
De repente dejó de sentir a Arie en ella, con la visión borrosa debido a las lágrimas y la lluvia vio que había una silueta de una persona, el responsable de haberle quitado a su guardaespaldas de encima.
Ambos hombre empezaron a forcejear, o es lo que alcanzó a percibir cuando ambos se posicionaron para pelear.
— ¡¿Tú quién eres?! —protestó el ebrio de Arie.
—Maldito… ¿te gusta tomar a las mujeres a la fuerza? —defendió aquel hombre
—MI ESPOSA. —reclamó Arie lanzándose hacia él.
El hombre era hábil y del mismo tamaño que él, Arie a torpes golpes pretendió matarlo, había dejado su espada clavada en la nana, por lo que quería ahorcarlo, como había hecho con uno de los pretendientes de Camicazi.
A pesar de ebriedad logró tumbarlo al suelo y puso sus manos alrededor de su cuello, el hombre lo sostuvo con firmeza y le dio una patada en los bajos, que tenía demasiados expuestos. Cuando Arie se reincorporó, pretendió embestirlo, sin embargo el hombre lo esquivó de tal modo que Arie cayó torpemente afuera del callejón.
— ¡Rompe cráneos! —gritó el hombre desconocido y enseguida un dragón enorme apareció tomando a Arie por el costado para luego alzarlo y soltarlo en un establo para yaks que estaba rodeado de un barandal de fierro con puntas de picos.
—Vigílalo chico. —ordenó el hombre al dragón, pues debía llamar a las autoridades de Stavanger.
Arie, humillado, gritó y pretendió huir a pesar del amenazante dragón, se trepó encima de la baranda dispuesto a cruzarla.
— ¡Quédate ahí! —advirtió el hombre.
—Nadie me dice que hacer… ¡te mataré; maldito! —amenazó Arie, sin embargo; un paso en falso en la baranda lo hizo tropezarse, cayendo encima de esta, justo por en medio de su cuello, provocándole así una muerte instantánea.
El desconocido sólo resopló, pero poca importancia le dio, volvió al callejón para ayudar a la víctima; esta aún seguía tirada en el piso con su ropa destrozada y su vista hacia un punto perdido. Temió que hubiera muerto por la violencia a la que fue sometida.
—Oye. —le tocó la mejilla la cual estaba helada, como respuesta de esta sólo rodó sus ojos para verlo más no se movía, un movimiento que fue suficiente para dar a entender al desconocido que aún seguía con vida.
No perdió tiempo, de un bolso que colgaba del cuerno de su dragón, sacó una manta que aún estaba seca, se la puso encima para después proceder a cargarla y llevarla con él.
Camicazi no sabía qué pasaba, pensó que ahora él se aprovecharía de ella, más no importaba, ya la habían tomado a la fuerza, la vida simplemente dejó de importarle.
Continuará.
Bien, pues esto es lo que pasó. Aclaro, no pretendo influenciar en esta clase de conductas a alguien. ¿Camicazi se lo merecía? Por supuesto que no, nadie merece ser tratado así, eso lo único que tengo que decir.
Ya saben quién es el misterioso hombre? Decidí usar el nombre del dragón en español, si se lo preguntan también será de la misma clase, pero como si fuera uno distinto al de Stoick,
Sección de comentarios y dudas:
Alexandra: jajajaj está bien, gracias. XD. Saludos.
Violeta: pues sí, pero creo que abordaron el tema con madurez, como debe ser, además con la cabeza, fría, pero bueno faltan muchas cosas por pasar que les hará encontrar lo que quieren. Saludos.
Melody: Pues nadie tiene la culpa a excepción de Eero, pero ese viejo las pagará de igual manera. Saludos.
Jessy Brown: pues no, pero tal vez ayude, viajar a veces te libera y contesta tus respuestas, lo digo por experiencia ;). Saludos.
Flopi: Así es, lo único lamentable es que este volvió a tomar su lugar como jefe, pero Hiccup por el momento tiene otras cosas que atender. Saludos.
Guest: lo siento .Saludos.
Unbreakablewarrior: un trago amargo lo sé, pero de que lo necesitan, lo necesitan, en especial Hiccup. Saludos.
HeiMao3: Pues Arie se desquitó y de la peor forma, pero ya murió, me pareció mejor dejarlo así ya que no le veía más caso al personaje, cuando Astrid y los gemelos están dispuestos sanar, claro que no fue el mismo caso de Camicazi, quien tuvo la horrible experiencia. Saludos.,
Steffani: Todo se fue al grano por decir así, pero creo que es momento de sanar, y cuando ya lo hagan sabrán qué .
Diane: XD, ya murió quién más odiabas. Lo de Ranita se me hizo tierno XDD, le quedaba, lastima que murieron, y pues el hiccstrid será amistoso por el momento, aunque habrá uno que otro momento. Saludos.
Maylu: yeiii te inspiraste con el review, que risa con lo de taco de ojo XDD y eres la única que pidió Hotcakes, quueeeeee? XDD, me morí de la risa. Saludos.
DlyDragon: Casi resumes la segunda temporada, pero créeme, lo necesitarán, jijiiji. Saludos.
Lucero: Así es, todo aquello pequeños detalles deberán de contar cuando la gran verdad sea rebelada, aún falta para eso. Saludos.
Hiccstrid: Pues así pasaron, pero creeme, los ayudará a fortalecer su relación, o tal vez no XD, muchas cosas pueden pasar. Saludos.
Astridpine: Sorry T-T) no fue mi intención.
Mad lady: pues lo de búsqueda va creo que en general, unos buscarán personas, otros respuestas y al final ahí todo estará, es lo único que puedo decir. Saludos.
Elvimar:
Crodry: eso, tú si sabes, yo también la canté cuando escribí el final de temporada. y sí habrá complicaciones entre parejas. Saludos.,
Vivi: Creo que la respuesta con Camicazi quedó más que aclarada, sufrió una horrible experiencia. Saludos.
Sigir: ya esta aquí el capítulo, espero te haya gustado. Saludos.
Brower: Así es, lagrimas formaron parte de la primera temporada, es momento de sanar. Saludos.
Dark hime: Creo que la respuesta con Arie ya quedó resuelta, el maldito murió y todo por su torpeza, fue mejor así, para darle oportunidad a los personajes de sanar, a excepción de Camicazi, que apenas empieza a sufrir. Por lo pronto el único que quedará igual será Eero. Saludos.
Tris: primera vez que concuerdo contigo, definitivamente no hay motivo de odiar a Hiccup o a Heather, pues se supone que la libertad es decidir lo mejor para ti, creo que Astrid pensó más bien en Hiccup, pero también tiene un propósito para ella. Saludos,
Ezio2160: lo siento, es lo único que me queda por decir. Saludos.
Amai do: que bueno que escuchaste la canción así se siente más, y bueno desgracias ocurren y otras más, pero bueno ya lo leerás. Saludos. PD no sé si quedó violento el capítulo. Saludos,.
Dragon Viking: lo siento, no odies a Heather, nadie está exento de pasarla mal en este fic XD. Saludos.
A los favoritos, seguidores y lectores anónimos. Hasta la próxima. Saludos.
21 de agosto de 2016
