Veinticinco.
27.-Te quiero, amor, amor absurdamente,
tontamente, perdido, iluminado,
soñando rosas e inventando estrellas
y diciéndote adiós yendo a tu lado.
Amor mio, mi amor, amor hallado/ Sabines.
169.- Una loca propuesta.
Lo vio pensativo. Bueno, no era exactamente que le estuviera prestando mucha atención, pero después de hablar con Ginny, Ron había quedado ensimismado. No tenía una idea concreta sobre el tema de conversación de ambos hermanos, tan sólo vio a Ginny negar algo, para después irse. Ron miraba con fijeza el punto por donde había desaparecido su hermana. Estuvo así unos segundos, luego dio media vuelta y se dirigió a ellos. Hermione fingió estar muy concentrada en una revista de Corazón de Bruja qué Angelina o Aubrey habían dejado por ahí.
- Oigan... - comenzó Ron tratando de llamar la atención de Harry y Luna, quienes estaban enfrascados en una charla a la cual Hermione había prestado poca atención. - Ya hablé con Neville y en un par de días estará todo listo.
Hermione enarcó una ceja, no sabía a qué se refería. Iba a preguntárselo cuándo la voz entusiasmada de Luna la interrumpió - ¿te refieres al viaje? - Ron asintió y Luna batió palmas - ¡magnífico!
- ¿Puedo saber de qué viaje están hablando? - quiso saber Hermione.
Ron se volvió con una sonrisa que abarcaba toda su cara - de uno al que no puedes negarte - Hermione vio de reojo como Harry se acomodaba las gafas y se hacía el desentendido. Mala señal. Algo absurdo tramaba con toda seguridad Ron y no estaba tan equivocada.
- Se me ocurrió en estos días. Creí que sería bueno viajar todos juntos, recordar nuestra infancia.
- ¿A qué exactamente te refieres? - Hermione habló con pausas, remarcando las palabras, para hacerle ver que no participaría en nada absurdo, sólo que Ron no pareció entender el mensaje.
- ¡Me refiero a hacer un pequeño viaje a Hogwarts!
De ninguna manera. Recordar la infancia y la adolescencia estando las cosas como estaban, le parecía una imprudencia digna de Ronald Weasley. Intentó negarse, pero Luna la animó con alegría infantil. - ¡Vamos! ¡Iremos todos! ¡Ron, Harry, Ginny...!
- Ginny no irá, no puede. - Aclaró Ron y Hermione evitó mirar a Harry, no quería ser muy elocuente.
- Es una lástima que Ginny no vaya - murmuró Luna con algo de desilusión, pero se animó de inmediato para insistir - ¡anda Hermione! ¡Vamos!... Harry también quiere ir, ¿verdad Harry?
Harry asintió sonriendo con precaución. Hermione rodó los ojos. Por lo visto tendría que ceder.
- Está bien, iremos, pero Ronald, te advierto...
- ¡Por un par de días! - interrumpió el susodicho - sólo pasaremos una noche en el castillo. Hermione, te aseguro que no te arrepentirás. - Aseveró Ron con las manos juntas y los ojos brillantes.
Por supuesto que se arrepentiría, pero había aceptado, y tal vez, no era sólo por la petición de Luna. Se levantó presurosa diciendo "disculpen, ahora vuelvo". Y salió con la intención de respirar aire fresco.
170. Willhelmina.
Respirar. Eso era lo que necesitaba. Un poco de aire que aligerara la tensión de sus nervios. Ron la ponía al límite y eso era algo que no debía ya pasar. Sus pasos apresurados la llevaron a las afueras del cobertizo. La noche se anunciaba, pero la suave luz del ocaso le permitió dirigir sus pasos sin problema. Ya ahí, ni siquiera entró en el sitio donde el señor Weasley guardara un sinnúmero de cachivaches muggles, sino que se quedó parada afuera, donde la brisa de la ya casi noche la despejaba. Cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás. Aspirando el olor a hierba. Sintiéndose niña otra vez. Ron era un idiota, pero eligió no pensar en él. Sin embargo el sitio, los ruidos, los aromas, no le ayudaron en mucho. ¿Cómo no recordar la primera vez que pisó la Madriguera y que su caprichosa arquitectura la conquistó para siempre? Casi se vio a si misma, con los labios entreabiertos por el asombro, mientras Ron, cohibido, le decía tímidamente "esta es mi casa" recordó entonces que, al voltear a verlo, Ron la miraba de soslayo con las orejas rojas, murmurando cosas como "sé que a lo mejor estás acostumbrada a cosas más elegantes", "no es la gran cosa, pero estoy muy contento de que estés aquí". Hermione entonces, recordó muy bien, contuvo el impulso de darle un abrazo y un beso en la mejilla, a cambio le regaló una sonrisa y le dijo con prisa y emoción "pero, ¿de qué hablas? ¡Ron! ¡Es la casa más maravillosa que he visto en mi vida!" La mirada azul del chico, resplandeció.
No, estar ahí sola no le ayudaba en mucho. Toda la Madriguera estaba llena de retazos de su historia con Ron. De esa danza impaciente y temerosa que dieran uno alrededor del otro durante años. De sus peleas, complicidades, sus charlas a media voz y esos roces accidentales de manos que la hicieron estremecerse infinidad de veces. Sonrió. Pero su sonrisa se congeló. No tenía por qué sonreír, porque Ron ya no debería de afectarla. Antes de abrir los ojos un ruido la alarmó. Un crujido de hojas, casi imperceptible. Dirigió la mano a su bolsillo, muy despacio. La presencia a sus espaldas era notable. Se volvió con rapidez empuñando su varita, pero alguien sostuvo su mano con fuerza y la atrajo hacia sí. Era una mujer hermosa, a pesar de las visibles cicatrices en la cara. "Hermione Granger" susurró. El aliento fétido le hizo ver de qué se trataba. "Willhelmina", le respondió Hermione tratando de no ceder ante el poder hipnótico de aquella mirada. La mujer sonrió perversamente y la lanzó con fuerza al piso. Hermione no pudo evitar el impacto y se quejó al sentir un terrible dolor en sus costillas. Pero no había tiempo que perder, se levantó como pudo y echó a correr tratando de arrojar lo que encontrara a su paso. Intentando encontrar la varita que se le había perdido al caer. "¿Ya te dijo Ron? ¿Ya te contó sobre mí?" Decía la mujer en su persecución sin prisa, "¿ya te dijo qué nos encontramos a las afueras de Hogsmeade? ¿Ya te dijo lo qué hicimos?" La varita, tenía que encontrar su varita. Correr hasta la Madriguera no era una opción. Nuevamente aquél ser la tomó por un hombro y luego la lanzó al suelo. El golpe casi le hace perder el sentido. Era ilógico, no debía ser tan fuerte. Su varita se dejó entrever entre los matorrales. "Accio", pensó ya muy débil. Sintió la madera chocar con su mano. Willhelmina estaba ya encima de ella. "Tienes suerte, Granger, lástima que Ronald Weasley ya no sea para ti". Acercó su rostro hasta casi rozar su nariz. "¿Qué pasaría si muerdo esta deliciosa piel?" dijo acariciando con impudicia su cuello. Lanzó una terrible carcajada y al momento Hermione sintió cómo dos tenazas en su garganta le cortaban la respiración. No podía morderla, no se atrevería, pero el aire no llegaba ya a sus pulmones. Apuntó con dificultad y pensó ya casi desfalleciendo "lumus solem". Un terrible aullido fue lo último que escuchó.
171.- Dudas y recriminaciones.
Cuando volvió en sí, se encontró con un par de ojos azules llenos de preocupación. Tardó un momento en enfocarlo, más pronto se dio cuenta de que era el mismo pelirrojo al que le lanzaría un maleficio si no se sintiera tan adolorida.
- Sabía que estabas bien - En la voz de Ron había alivio, pero fue suficiente para que Hermione sacara fuerzas con tan sólo recordar lo dicho por Willhelmina.
- ¿Bien? - preguntó con voz aguda - ¿A qué es a lo que llamas bien? ¿A ser casi asesinada por tu dichosa conquista? - inquirió jalándolo por la camisa - ¡auch! - se quejó casi al instante. Todo el cuerpo le dolía.
- ¿Qué sucedió? Ron salió a buscarte y te encontró inconsciente en el jardín. Te trajo de inmediato, muy asustado. - Hasta que Harry habló se dio cuenta de que estaba ahí, al igual que Luna, que la miraba con atención y una taza humeante en las manos.
- Casi nada - murmuró Hermione acariciándose un hombro y haciendo gestos de dolor - que la "conquista" de Ron casi me mata.
- Eso ya lo dijiste - observó Luna acercándole la taza - bébelo, te sentirás mejor.
- ¿Te atacó Willhelmina? - La pregunta directa de Harry dejó pensativa a Hermione, quién incluso, olvidó por un momento mirar con enojo a Ron.
- Fue extraño, no deberían tener tanta fuerza... me refiero a los vampiros, Willhelmina es una de ellos, ¿no? Pues casi me mata a golpes. - Bebió un poco de la poción brindada por Luna. La Ravenclaw la instó para que lo terminara todo. Sí, definitivamente se sentía mejor.
Ron murmuró triunfal - ¿ves cómo era cierto?
- Hay algo más - continuó Hermione - sabía mi nombre. No sé qué importancia tenga eso, pero sabía mi nombre.
- Ahora que lo dices - Harry reflexionó un poco - también sabía el mío.
- Y el mío - agregó Ron - vaya, ¿no será alguna especie de venganza de algún mortífago resentido?
- Los vampiros no se prestarían a eso. Nunca servirían a los magos, Ronald, eso deberías de saberlo - objetó Luna con gravedad. Tres miradas se dirigieron a ella sin que se inmutara.
- Tienes razón Luna, pero si tuvieran una razón muy poderosa, tal vez lo hicieran, ¿o qué otra explicación puede haber para que una hermosa chica quiera asesinarnos?
- Pues ya ni tan hermosa - observó Hermione con acritud - deberías mejorar tus gustos.
- ¿Y qué me dices de los tuyos? "Ay, sí, soy un muggle pedante y odioso".
Y comenzó una batalla verbal. Harry tomó a Luna por el brazo y le murmuró al oído - mejor te acompaño a tu casa. Luna asintió y ambos salieron sin que Ron ni Hermione lo notaran.
172.-La sorpresa de Justin.
Recorrió las camas de los pacientes como cada noche, esperando encontrarse con los mismos resultados de todos los días: ninguna mejoría y si muchas bajas. El terrible mal iba mermando el número de pacientes sin que se pudiera hacer nada al respecto. Justin suspiró agotado. Esa situación estaba muy lejos de resolverse. Era casi imposible si no se hallaban las causas y muchísimo menos una cura. Con la cabeza llena de ideas inconcretas se acercó a la cama de Denisse Creevey. Al verlo, parpadeó confundido. Tardó un segundo en darse cuenta del motivo de ello: el color cubría las mejillas donde hasta hacía algunos días la palidez habitaba, y su respiración, por lo general estertórea, ahora era suave y resultaba casi normal.
173.- A sólo un paso.
Se suponía iba a ser una rápida despedida y terminaron sentados en la escalera de la entrada. Charlando. El frío era soportable y Harry tenía una mirada brillante esa noche y muchas ganas de escucharla. La miraba fijamente y casi podía sentir el cosquilleo qué Luna sentía en el estómago. La chica sonrió con dulce alegría. Era poco de lo que podía tener, pero aun así, estaba contento.
- Siempre has sido muy bueno conmigo - soltó Luna después de hablar un poco sobre Hogwarts y las anécdotas después de salir del colegio - Nunca me viste como los demás.
Harry se acomodó las gafas y volteó a verla, pasando una mano por su pelo ingobernable. Dejó escapar aire. - Los demás no te conocieron. No tuvieron esa fortuna. Si lo hubieran hecho, sabrían la maravillosa persona que eres y que no hay otra como tú en quién se pueda confiar.
- Todos pensaban que estaba loca - dijo Luna sin tristeza. - y siempre se rieron de mí.
- Yo no. Yo jamás lo haría. - apuntó Harry con énfasis mirándola directamente a los ojos. - No eres como todos los demás, eres una persona genuina, y lo más importante es que sé, que suceda lo que suceda, yo puedo contar contigo.
Luna sonrió un momento, pero repentinamente se puso muy seria. - Ginny es muy afortunada de tenerte a su lado. Y tú también, debes de ser muy feliz. Ella es muy bonita...yo jamás podría ser como ella. – Aunque velada, la tristeza esta vez sí estaba presente en lo dicho por la Ravenclaw.
Harry sintió un arrebato de ternura. Solía sucederle con Luna, y lo curioso es que al principio de conocerla, creía que era lástima. Las cosas cambiaron rotundamente. Alargó su mano y tocó su cabello. Si hubiera algún baile podría invitarla de nuevo. - Eres hermosa Luna, siempre lo has sido.
Luna volvió a sonreír - oh, no... no tienes porqué consolarme. Sé muy bien qué sólo intentas ser gentil, pero ¿sabes? Tampoco nadie pensaría que los krisoldos son hermosos y sin embargo despiden un bello perfume.
- ¿Krisoldos? - Los ojos de Harry sonrieron. La imaginación de Luna era algo que nunca había entendido del todo - ¿qué son? ¿flores?
- ¿Flores? – Luna rio - ¡Por supuesto que no! Son unos pequeños insectos que al mover las alas despiden un aroma agradable… aunque si te pican te sacan urticaria.
Harry no supo si tales insectos eran reales o si eran producto de la imaginación de Luna, aun así susurró – ojalá nunca me los encuentre. Luego acomodó el gorro de punto que Luna traía para protegerse del frío al tiempo que le decía. – Y Luna, no intentó ser gentil, en verdad eres hermosa.
– Pero no lo suficiente… - susurró Luna por lo bajo aunque Harry alcanzó a oír. ¿Qué hacer? Tal vez la verdad tendría que salir a flote tarde o temprano. Harry no sabía si Luna ya tenía idea de sus sentimientos hacia ella. Tal vez era necesario dar un primer paso, pero tal vez aún no era el momento. No podía decirle abiertamente que la quería. No sabía que reacción podían tomar los demás si ellos comenzaban a salir. ¿Y si los Weasley se molestaban con ella? ¿Qué tanto le afectaría? ¿Qué tanto le dolería a Luna una enemistad con Ginny? Sintió dolor de cabeza. No sabía qué hacer. Quizás lo mejor sería alejarse. Dejar las cosas como estaban. Pero no podía si en lugar de alejarse se quedaba con Luna, como en esos momentos, sintiendo esa felicidad infantil, casi boba. Por Luna podría creer en krisoldos, o hasta inventarlos, si eso la hacía feliz. Con mil hipogrifos furiosos. Daría lo que fuera en esos momentos por besarla.
- Harry…
Se sobresaltó al darse cuenta de la casi nula distancia entre ellos. Percibió la interrogante en la mirada de Luna, pero decidió que no, que aún no era el momento. Se levantó aturullado diciendo cualquier cosa para despedirse. Luna le dijo adiós con la mano.
174.- ¿Qué pasa con Harry?
Ginny llegó un poco tarde debido a un retraso con unos papeles que esperaba para un trámite del ministerio. Era su turno de cuidar de Lee y Aberforth. Cortés, Ron le propuso que fuera ella primero, para que así durmiera un poco más.
- Ustedes también tienen que descansar - le dijo - creo que propondré que Luna, Hermione y yo nos quedemos a cuidar a nuestros amigos para que ustedes descansen. No tienen muy buena cara últimamente.
Según informaciones no muy claras de Ron. Harry había acompañado a Luna a su casa. De eso ya tenía rato. Y no volvía. Ambos hermanos tomaban el té, esperándolo, sin decirlo abiertamente.
- Oye Ginny... ¿no te parece qué Harry está un poco raro?
Ginny se puso en alerta. - No sé a qué te refieres.
Ron la miró de hito en hito, como evaluando su reacción. -Pues dirás que nunca me fijo de nada, pero anda raro... me parece que hasta contigo.
- ¿Ah, sí?
Ron tragó saliva. - No lo veo muy cariñoso contigo en estos días - Ginny lo miró sorprendida y Ron aclaró alarmado - no es que me guste que tú y él estén en arrumacos todo el tiempo, en realidad me incomoda, bueno, ya no tanto como antes, sin embargo, los noto un poco distanciados, y a Harry lo he visto pensativo. Podría pensar que tienen problemas, si no fuera porqué lo veo sonreír cuando está solo, como si algo lo pusiera contento.
Ginny sintió un puño en el estómago - estará pensativo por el problema que tenemos... y sonríe... qué se yo...
- Tú no te ves contenta. - Concluyó Ron.
-Ron, escucha y quiero que lo tomes con calma y no te entrometas, serás el primero en saberlo si no es que ya lo sabe Hermione.
- ¿Qué cosa? - preguntó Ron intrigado.
- Harry y yo nos hemos dado un tiempo.
- ¿QUÉEEE? - explotó Ron.
- ¡Te dije que lo tomaras con calma!
- Pero... pero... ¿cómo un tiempo? ¿Por qué? ¿Te lo pidió él? ¿Ya no te quiere? - pareció que una idea cruzaba por la mente de Ron - ¡Ah! ¡Por eso sonríe! ¡Estará saliendo con otra persona el muy cretino infiel!
- ¡Ron, por favor! - se exasperó Ginny. Tomó aire para relajarse un poco. - Sí, me pidió un tiempo, pero fue porqué nuestra relación se había estancado, y yo no creería que Harry es infiel, de hecho, que yo sepa, no se despega de ti, de Hermione o de Luna.
- Bueno, eso es verdad - aceptó Ron más relajado. - Tal vez esté preocupado, confundido y teme por ti como la vez anterior.
- Si, tal vez.
Ron asintió contento y le dio una palmada en el hombro. - No te preocupes, ya verás como todo se soluciona y pronto tendremos boda. Quiero comer pastel.
Ginny sonrió débilmente. No estaba muy segura que el vaticinio de Ron se cumpliera. A decir verdad, ella también había notado en Harry esa alegría discreta. Y ese ensimismamiento. Algo no andaba bien, y algo le decía que Harry se escapaba lentamente de sus manos. Pero no sabía a causa de qué... o de quién.
175.- Las sombras de la ceniza.
La idea que cruzaba por la mente de Luna la tomó por un sueño más. Cómo la de los snorckas de cuernos arrugados y esas cosas. No podía pensar otra cosa. Últimamente Harry estaba muy al pendiente de ella y eso la hacía feliz. Tan feliz que debía apresurar su regalo. Trabajó con ahínco en los experimentos, pero se desilusionó al no lograr más que un poco de aroma a tabaco, o flores, o algo así. No lo identificaba muy bien. Releyó el libro (ese que su padre guardara celosamente junto con otro libro bajo varios hechizos por considerarlos muy peligroso), pero no obtuvo más nada. Colocó un pequeño objeto, una piedra, tal vez, dentro de un bolso pequeño y la guardó celosamente entre otras decenas de cosas. - ¿Qué estaré haciendo mal? – preguntó con pesadumbre. El sueño la vencía y no intentó responderse. Se acurrucó en un sillón y pronto se quedó dormida.
Su madre… oía la voz de su madre, llamándola, pero sentía miedo. Se levantó de golpe, asustada, confundida. Su corazón latía con una furia desconocida para ella. Unos pasos. Se volvió con rapidez levantando su varita. Un rumor. Una ráfaga de viento ominoso. Y unas sombras. Tal vez era su imaginación exaltada, pero Luna juraría que esas sombras habían salido de las cenizas donde realizaba sus experimentos. Se encogió de hombros. Tal vez eso indicaba que estaba muy cerca de lograrlo. Extendió su mano hacia una mesita y tomó un frasco. Bebió un poco del contenido y al instante, quedó profundamente dormida.
