LEYENDA PENDRAGON

LIBRO I: LA PROFECÍA

Capítulo 25: "¡POR ALBIÓN Y POR LA REINA!"

Paso montañoso del dragón rampante, tierra media, límites de Camelot.

La mujer de cabello rojo y armadura oscura con casco de lobo detiene su montura en lo alto de la última colina del largo paso montañoso que había elegido como camino para el ejército de doscientos hombres que la acompañaban, era sin duda el camino más largo y difícil el que había elegido para conducir a sus hombres desde el polo Sur de Albión, hasta el centro de la isla y su capital, pasando por las escarpadas montañas heladas y nebulosas del condado de Valaquia, hasta su destino. Beryl de Gaheris sonrió al mirar abajo del paso montañoso, en la llanura de Camelot, las almenas y torres del castillo en construcción y las murallas también levantadas parcialmente de la ciudad que en el pasado había sido la gloria del reino, la casa y capital del rey Uther Pendragon y su esposa, la reina Serenity.

Abajo, la ciudad parecía pequeña y muy indefensa ante ese ataque sorpresa que había sido meticulosamente planeado por Lady Neherenia Le Fay, para demostrar al incipiente reino y a su nobel reina Serena Pendragon, el poder del reino oscuro, mientras los soldados pasaban el camino, Beryl presionó en su mano el colgante de roca oscura del cual emanaba un brillo rojo intenso, tan rojo como los ojos de la pequeña niña que su ama protegía como el mayor tesoro, y al presionar la piedra, sintió emanar el tremendo poder potenciado que la sangre oscura del monstruo de la Montaña Prohibida y la de la pequeña niña Mordred le habían conferido, y sus ojos de ordinario negros destellaron con brillos rojos, eso era lo que ella siempre había buscado, ese poder recóndito y a veces prohibido que siendo una simple curandera de su primitivo pueblo sabía que existía pero jamás había estado a su alcance hasta ese momento, y ya que lo tenía, no iba a desperdiciarlo, ahora no sería igual que con el fallido ataque del Tementur, ahora iba a demostrar a su señora que era capaz de manejar y dominar semejante poder.

—Lady Beryl, los hombres han pasado por completo, y están algo agotados, han sido dos días de marcha forzada… ¿Será posible descansar? —se atreve a preguntar a su superior uno de los oficiales del ejército oscuro.

—Háganlo, Fander, descansen y tomen fuerza, porque al primer rayo de sol de la mañana, atacaré sin piedad a la frágil, débil y desolada ciudad de Camelot, y cuando los monstruos acaben con todo, deberán entrar a tomar posesión de lo que quede para nuestro amo y señor, Ghen, y hondear la bandera del lobo de Le Fay en la torre del palacio. —sugiere la hechicera, su oficial asiente, confiado y seguro de lograr su propósito, pues con semejante poder oscuro, era imposible no vencer, así que deja sola a la hechicera y va a dar las órdenes pertinentes a sus soldados, mientras Beryl sigue de pie en la roca, mirando a lo lejos la silueta de la ciudad de la reina Pendragon, que se recorta en un destello de luna, la noche seguía cayendo sobre el valle de la ciudad, y solo el sonido de los aullidos de los lobos, se oía en la planicie.

A lo lejos, en la torre Norte del palacio de Camelot, una de las pocas que estaban en pie ya reconstruida, destellaba una débil luz de una única vela, y en el dintel de la ventana, se encontraba la alta joven castaña con el rostro pintado y su ropa de pelaje de animales, quien llevaba su hacha en la espalda.

—Es la señal del contingente de Lord Le Fay, los soldados del reino oscuro cruzaron el paso montañoso y acampan en el valle, ahora mismo sin que se den cuenta están siendo rodeados por los magos del santuario y por los seres de lava amigos de Lord Le Fay, de modo que tenemos a la presa en la trampa. —informa Makoto Sagramore a sus dos compañeras y al hechicero, que aguardaban en la torre, sentados en torno a una mesa.

—Vayamos a prepararnos para la batalla, es nuestro turno, seguramente por la mañana atacarán. —responde valerosa la joven de cabello aguamarina, poniéndose de pie.

—Sigamos entonces el plan, avisen a los soldados que icen las banderas para que todo habitante permanezca en sus casas, que el ejército plateado aguarde en contingentes ordenados en cada puerta de la muralla, los arqueros de Badevire estarán en la parte de arriba y el puente se cerrará cuando crucen las armadas de Sagramore y Percival, sin excepción. —indica el mago de cabello blanco, mientras las tres chicas asienten. —y recuerden algo importante, que nos ayudará a seguir el plan, la intención principal es provocar a Beryl para que deje salir todo el poder del medallón, solo así estará vulnerable en sus poderes para poderla atacar, los fomorianos y los aprendices de Arcano están ocultos en el bosque, camuflados con las técnicas de Sagramore, pero no atacarán hasta que logremos eso, así que habrá que resistir el ataque lo más posible. —puntualiza Artemis.

—Me hago cargo de trasmitir las órdenes de combate y seguridad, Lord Nimue y no se preocupe, haremos nuestra parte adecuadamente. —responde decidida la alta chica de cabello oscuros y ojos rojizos.

—Hágalo, Lady Sagramore, y que la diosa nos acompañe a todos en este día, en que se decide y juega el futuro de Camelot. —afirma el arcano del cristal de plata.

—¡Por la Reina y por Albión! —grita con su mano en el pecho la valiente castaña, y tanto Lady Michiru Percival, como Lady Setsuna Badevire, responden a su vez: "¡Por la Reina y Por Albión!" alejándose juntas a cumplir su misión en el delicado plan de ataque que habían elaborado juntas.

Mientras tanto, Artemis Nimue camina hacia la ventana y mira las lejanas montañas hacia el bosque, sin querer, siente un fuerte escalofrío recorrer su cuerpo, y reconoce esa sensación: miedo…a pesar de lo calculado y fino del plan, aún algo podía salir mal, con el poder oscuro nunca se tiene certeza de nada, y el arcano sabía que, si las cosas no marchaban de la forma prevista, él era quizá el único defensor con dones mágicos que quedaba a la ciudad y a su gente, así que, consciente de ello, se hincó en el suelo de la torre, dejó a un lado su báculo sagrado, y cerró los ojos concentrando su poder espiritual y su energía en la palma de sus manos, levemente separadas, si iba a combatir mágicamente, como no lo hacía desde tiempos del rey Uther, tendría que hacer uso de todo su poder, y hacerlo, requería meditación y fuerza espiritual; poco a poco la respiración acompasada del hechicero fue encendiendo en torno a su cuerpo una leve luz blanca que lo cubrió por completo, al tiempo que unos signos sagrados de luz se formaban en un círculo del suelo, el cual giraba con velocidad, y hacía flotar a Artemis Nimue en medio de este, así era el poder dormido de los arcanos sagrados, así era su preparación para toda batalla, así era su conexión con el poder interno, y así sería como el arcano protegería Camelot, no solo el reino oscuro tenía de su lado poderosos hechiceros, también Albión y la diosa, tenían a los suyos y si de verdad quería provocar a Beryl para que el ataque tuviera éxito, iba a necesitar de toda su fuerza…

Interior del castillo Gawain, Uppsala, Norte de Albión.

En medio de la oscuridad de aquel túnel ominoso y horrible, donde pasaba en marcha constante el río de desechos del interior de la ciudad de hielo, una pesada alcantarilla de metal se remueve, rompiendo con su eco metálico la quietud de la cloaca subterránea, primero con un leve movimiento y poco después con un golpe sordo que la bota con fuerza de su enmohecido gozne, y deja salir por esta al ave roja, seguida de dos cuervos negros, que emergen del agujero, para después permitir el paso a la joven de cabello negro que se impulsa con sus manos y saca su cuerpo del terrible abismo donde cae incesante el agua putrefacta.

La muchacha de cabello oscuro pasea sus ojos amatista de halcón entrenado, por el rededor de la cloaca apestosa y asiente, antes de asomar la cabeza al interior del agujero.

— ¡Perímetro seguro! ¡Pueden subir! —dice la chica y mete el brazo dentro del agujero para ayudar a subir a la adolescente rubia primero, y después a la joven de cabello azul, quien carga a su guepardo de las nieves, y al final, Rei Lancelot ayuda a subir a la anciana bibliotecaria. Serena, una vez arriba, alza el dorso de su brazo y el ave roja se posa en ella.

—Sváva, ¿Estamos dentro? ¿Es este el sitio por el que entraremos a las mazmorras? —pregunta Ami Gawain a la anciana guerrera de la orden sagrada de Uggla, quien da unos pasos entre el piso anegado de suciedad y se acerca a una pared apartando la lama maloliente, poco a poco, en el muro, surge el emblema de la serpiente enroscada.

—Muy segura, mi señora, estamos en el ala Oeste del calabozo, si seguimos por ese sendero entraremos por debajo, removemos la última rejilla de metal y estaremos dentro, sé muy bien donde tienen a la señora Skadi y a los príncipes, si es que no los han movido de lugar. —señala la anciana Sváva el túnel oscuro.

—Si los cambiaron de mazmorra, Quíone los encontrará, ella conoce muy bien por el olfato a mis hermanos y a mi madre. —responde Ami Gawain.

—Vamos entonces sin pérdida de tiempo, porque además de no soportar mucho la pestilencia, tenemos el tiempo medido. Phobos, Deimos, adelante y atentas a cualquier peligro. —ordena Lady Lancelot a sus dos cuervos que graznan y avanzan volando primero, seguidos de las cuatro mujeres que caminan, no sin dificultad, por el agua anegada de suciedad de la alcantarilla, la cual les llega casi a la rodilla.

—Su majestad… ¿Está segura de lo que quiere hacer? No es que quiera contradecir una decisión suya pero… ¿Sabe lo que significa para la misión retrasarse en ir por mi familia en vez de ir directamente por Lady Galathine? —inquiere Ami Gawain a su señora y reina, quien sonríe, soltando al ave de fuego de su brazo para que vuele e ilumine el oscuro pasaje, antes de responder.

—Lo sé muy bien, Ami, y aun así quiero hacerlo. —firme la joven soberana.

—Pero…unos minutos de retraso significan dejar al ejército de Camelot a merced de los monstruos del reino Oscuro…

—Lo sé, soy muy consciente de ello, lo pensé bastante cuando paramos para descansar, pero valorando las opciones, me decido por la que mi corazón me dice que es la correcta, no voy a enfrentar a ese monstruo de Galathine con la valentía que necesitan de mí sin saber que tu madre y tus hermanos están a salvo. —afirma la heredera de Uher Pendragon, con esa forma suya tan sencilla de explicar los problemas, como si rescatar a la familia Gawain fuera algo sumamente sencillo.

—Además, Lady Gawain, no subestime a la gente de Bors, ni a los soldados del ejército dorado de Lady Tristán, unos son viejos combatientes de monstruos del reino oscuro en las dunas del Sur y otros tienen tantas ganas de ser heroicos como su señora, le garantizo que unos minutos de retraso solo les darán tiempo de entrar en calor para la batalla, es más, si no les permitimos pelear, se molestarán, conozco a Haruka. —afirma a su lado la capitana de la reina, y la joven de cabello azul asiente, dándose cuenta que la iniciativa de su reina y señora, que en otro contexto parecería inapropiada y poco racional, ahora era secundada por Rei Lancelot por un motivo que quizá no fuera el más adecuado: solidaridad con ella y con su dolor por su familia, y si antes la lealtad de Ami Gawain ya era por completo de Serena Pendragon, luego de ese día, fuera o no posible salvar a su madre y hermanos, toda su fidelidad y fuerzas serán completas para su reina.

Luego de un momento, Sávava se detuvo en el camino del túnel de inmundicia, al llegar a un recodo de los tubos de desagüe, donde este se dividía en dos, un camino que seguía en forma horizontal y otro con unas escaleras de enmohecido metal.

—Es por aquí, arriba llegaremos a las mazmorras, al fondo está el pozo de los prisioneros, pero hay que ir con cuidado, no sé si lo tenga vigilado. —afirma la anciana bibliotecaria.

—Ahora lo sabremos, Phobos, Deimos… —ordena la chica de cabello negro, mientras los dos cuervos pasan volando por las rendijas de la reja superior, un momento todas las mujeres guardan silencio, expectantes, atentas al silencio, donde únicamente el brillo del plumaje de Garuda ilumina las coladeras, hasta que uno de los cuervos regresa y se posa en el hombro de Lady Lancelot, emitiendo un graznido extraño. —No hay guardias, nadie está en la explanada, así que vamos arriba de prisa. —interpreta la heredera de Benwick y todas asienten, ella misma sube primero, y con su cuchillo pequeño remueve las orillas de la vieja, enlamada y enmohecida coladera de metal, para después empujarla con su hombro, hasta que cede con un chirrido sordo y permite el paso hacia la nueva y oscura estancia, que, ya dentro de las mazmorras de palacio, por fin esta libre del agua de desechos que corría por abajo. Rei Lancelot de nuevo ayuda a subir a Serena, a Sváva y a Ami, quien carga a Quíone. Una vez arriba, las dos chicas órnico, en un destello de humo morado, regresan a su forma humana.

—Y aquí estamos, las mazmorras debajo de Uppsala, no se han usado por siglos, de hecho esta ala del castillo estaba sellada, no sé cómo Galathine la encontró. —comenta Ami Gawain.

—Si es una dearg-dul, le gustarán los lugares helados, oscuros y lúgubres, así debió dar con este sitio. —corrige Rei Lancelot la duda de su compañera. Todas emprenden el camino, siguiendo a Sváva, a paso veloz, alumbradas por las flamas que desprende el fénix rojo, quien vuela delante.

—Me alegra dejar atrás ese lodazal de inmundicias, el olor era terrible. —afirma la reina rubia.

—Ve acostumbrándote al aroma, Sere, porque se quedará contigo varios días. —bromea Rei Lancelot, despeinando un poco a la joven reina rubia, que sonríe ante su broma, pero en ese momento la voz de Ami Gawain resuena por la mazmorra.

— ¡Quíone! —grita a su leopardo de las nieves, quien no la obedece y corre con fuerza por las oscuras mazmorras.

— ¡Síganla! Seguramente olió a alguien de la familia Gawain. —apremia Rei Lancelot, y todas las mujeres corren de prisa, siguiendo al gato blanco entre los oscuros pasadizos, de escaleras intrincadas y celdas oscuras y abandonadas a los lados, hasta llegar a lo más profundo del pasaje, donde se acaba el camino, y se puede ver la orilla de un pozo profundo y terrible. El felino blanco ruge en la orilla de este, dando vueltas en círculos, desesperado por la demora de su ama y las demás.

— ¡Ahí está! ¡El pozo de los condenados! ¡Ahí tienen a mi señora! —grita Sváva y todas se detienen en la orilla, con sus corazones palpitando de lo fuerte de la carrera, y en el caso de Ami, a la expectación e incertidumbre por su familia. Las cuatro mujeres y las chicas órnico se miran unas a otras, deteniéndose de las paredes laterales al abismo oscuro.

—Alguien tiene que asomarse, y asegurarse que siguen con vida. —propone Rei Lancelot.

—Lo haré yo…—valiente Ami Gawain. —Es mi deber…—añade y todas asienten, así que la heredera de Gawain, avanza con paso lento y vacilante hacia la orilla del profundo pozo. Rei Lancelot hace una señal con su mano y Garuda, el ave de fuego, sobrevuela encima de la guerrera de Uppsala, para iluminar el oscuro precipicio, Ami respira agitada, se hinca en el suelo y mira hacia abajo, aunque la profundidad del pozo hace difícil la visibilidad aún con la luz del ave de fuego. — ¡Índigo! ¡Azur! ¡Soy yo! ¡Soy Ami! ¡Madre! ¡Si están abajo den alguna señal de vida! —grita la muchacha con voz cargada de angustia y miedo, y su voz hace eco en las paredes del oscuro pozo sin recibir respuesta. — ¡Índigo! ¡Azur! ¡Madre! —grita de nuevo Ami, pero nadie abajo le responde y ella, desesperada, golpea con sus puños la roca. — ¡Alguien conteste por Selene!

Nada, un silencio sepulcral invade la estancia, la joven reina intercambia una mirada con Rei Lancelot y ella asiente, acercándose a la joven heredera Gawain y posando su mano en su hombro.

—Lady Gawain, así no sabrá lo que desea, hay que bajar, sea lo que sea que espere abajo es mejor saber a seguir con la incertidumbre. —señala Lady Lancelot hacia arriba, ya que, colgando del techo de la cueva, estaba un cuadro de madera con una soga y un carrete que permitía bajar, seguramente a los prisioneros de antaño, Ami se levanta y asiente, porque ya Phobos y Deimos descolgaban la soga que estaba atada a la pared, para bajar el artefacto. —No podemos ir todas, solo bajaremos nosotras tres, Phobos, Deimos y Sváva permanecerán arriba para bajarnos y para subirnos. —propone la campeona de la Reina, Serena Pendragon asiente y se acerca a Ami, tomando su mano.

—Ten fe, Ami, estarán con vida. —anima la soberana, mientras la joven de cabello azul solo asiente sin contradecir. Rei Lancelot es la primera en saltar al cuadro de madera que pende del precipicio y cuya cuerda es tensada por las gemelas órnico. Tras ella salta la desesperada Quíone, quien sigue ronroneando y caminando en círculos evidentemente nerviosa y alerta al peligro con su instinto animal agudizado.

—Andando, Sere, Lady Gawain. —anima ella y alarga su brazo para ayudar a subir a ambas mujeres, luego asiente y tanto Phobos como Deimos comienzan a bajar el cuadro de madera, deslizando la cuerda por el carrete del techo. Mientras bajan, un silencio terrible y aplastante envuelve a las tres mujeres, y solo el aleteo del ave de fuego que las acompaña se escucha en la boca del pozo oscuro, cuyas paredes heladas de picudas y filosas rocas negras demuestran que los constructores de aquel sitio querían estar muy seguros de que nadie escapara de él.

Al final, el cuadro de madera llega abajo del pozo, y las tres mujeres y el leopardo blanco salen de ahí caminando por el piso de la cueva.

—Quíone, busca a mi familia. —anima Ami a la hembra de leopardo que olfatea un poco y después corre.

—Tengan cuidado y no se separen. —indica Rei Lancelot, sacando su espada de su funda, y poniéndose en guardia, avanza siguiendo al guepardo blanco que iba delante, indicando el rastro que olfateaba, seguida de Ami Gawain y de la reina, mientras Garuda vuela en círculos sobre ellas, iluminando la cueva. De repente, la reina Serena pisa algo que cruje y mira abajo, tomándolo con sus manos.

—Esto es… ¿Un hueso? —duda la reina, impresionada.

—Lo es, y humano, parte de una falange. —asegura Rei, esperando a la heredera Pendragon, y sonriendo ante el gesto de asombro y miedo de la adolescente rubia, quien tira al suelo el hueso, espantada.

—¡Lady Lancelot! ¡Su majestad! ¡Quíone los encontró! —grita Ami Gawain, y ambas chicas asienten y corren hacia donde las llama la heredera Gawain, y al llegar, pueden ver claramente con la luz del fuego que desprende Garuda, a dos adolescentes de cabello azul, más claro que el de Ami, golpeados y sangrantes, con evidentes marcas de garras en sus brazos y rostros, sujetos con muchas cadenas a la pared de la cueva, ambos al parecer inconscientes, pues permanecen yertos por completo en posición vertical, atados a la pared de cabeza.

—¿Están…?—pregunta impresionada Serena Pendragon, sin atreverse a añadir ni la palabra "vivos" ni la palabra "muertos" por no saber cuál sonaría peor.

—Primero hay que bajarlos de ahí, y después comprobarlo…a un lado. —pide la heredera de Benwick y libera a uno de ellos con su espada da dos tajos certeros que, al parecer, solo dan al aire, por el sonido de la delgada espada al cortar el viento, pero enseguida el mayor de los príncipes cae al suelo, ya sin las esposas oscuras que rodeaban sus muñecas y Ami Gawain corre a sostenerlo, y Rei hace otro tanto con el segundo niño, liberándolo y recibiéndolo en sus brazos. Serena de inmediato se acerca a ella y se quita su capa.

—Aquí, Rei…recuéstalo. —pide la reina, y la joven pelinegra lo hace enseguida. —eso que hiciste con la espada fue…genial…quiero aprenderlo. —pide ella, Rei asiente.

—Si salimos de esta te enseñaré, ahora a tomar su pulso. —posa la chica de Benwick su mano en el cuello del niño, para sentir su pulso.

— ¿Vive? —pregunta angustiada la reina, Lady Lancelot tarda en responder y asiente.

—Débilmente pero aún tiene pulso. —responde.

—Azur también está con vida, gracias a la diosa. —Respira aliviada Ami, abrazando al inerte adolescente, Serena Pendragon asiente y acaricia el rostro lleno de arañazos del menor de los Gawain.

—Llegamos a tiempo, pobres niños… ¿Por qué estaban de cabeza? —pregunta la adolescente rubia.

—Porque así se irriga mejor la sangre, los estaba preparando para alimentarse. —responde la heredera Lancelot.

—Te refieres a… a… —duda la soberana, sin atreverse a poner nombre a quien había colgado así a los príncipes, Lady Lancelot asiente y lentamente se pone de pie, con su espada en la mano, justo cuando una sombra negra pasa de prisa tras ellas, y es perfectamente percibida por las tres.

—No estamos solos, creo que el dearg-dul nos está rondando, así que saquen sus armas si quieren salir con vida de aquí. —pide la chica de cabello oscuro. Ami Gawain asiente y se levanta del suelo, dejando ahí a su hermano y llevando su mano a su espalda desenfunda su lanza plateada.

-¡Pero Rei! ¡No podemos lastimar a la madre de Ami! —duda Serena, sin levantarse, pero justo en ese momento un rugido animalesco tras ellas las hace mirar a la parte oscura de la cueva, mientras Quíone tiene los pelos de su lomo encrespados y luce a la defensiva.

—Ya no es mi madre, su alteza, si lo fuera, Quíone la reconocería, al parecer llegamos tarde para ella y ya es un Draugr, hay que enfrentarla y salvar a mis hermanos, que parece que son los únicos que aún tienen esperanza. —afirma con aplomo Lady Gawain, con su arma en su brazo, lista para el ataque. Serena, asombrada y triste, asiente y se pone de pie, limpiando las lágrimas de su mejilla, y desenfundando a Excálibur, se coloca en medio de las dos guerreras.

—Garuda, algo de luz. —pide Rei Lancelor al ave de su hombro que grazna y eleva el vuelo en círculos en torno al pozo, mientras sus alas se encienden e iluminan la horrible estancia, llena de paja sucia, huesos humanos y rocas. —¡Ahí!... —señala Lady Lancelot en el fondo de la cueva a una figura animalesca que, en cuatro patas, corre y se oculta de la luz del fuego del fénix, Serena siente un dolor en su pecho al ver al extraño ser que ruge y del cual solo destacan sus blancos colmillos y dos ojos rojos brillantes…¿Era esa Lady Skadi? ¿En eso la había convertido Erzebeth Galathine? La reina mira a su lado a Ami, buscando en el rostro de la joven algo de dolor o angustia, pero ella sigue firme e impertérrita con su lanza en guardia, como quien ha asimilado que aquel ser no es más su madre.

—Enfrentarla las tres no es buena idea, voy a mantenerla ocupada un poco, tengo más experiencia que ustedes combatiendo con un dearg-dul, y mientras tantosuban a los príncipes a la camilla de madera y sáquenlos. Después que alguien baje por mí. —pide Rei y Ami, a su lado, asiente.

—Es lo mejor, vamos, majestad. —responde la chica de cabello azul y toma del brazo a Serena, jalándola hacia atrás.

—Selene…por favor…que aún haya esperanza para ella…ilumíname, ayúdame a saber qué hacer… —suplica quedamente la joven reina, al ver avanzar a su amiga con su poderosa espada de fuego, hacia el rincón del pozo donde se oculta el ser animalesco.

Sala del trono del palacio de Uppasla.

Un soldado del reino oscuro avanzaba por en medio de la imponente sala del trono del vencido reino de Uppsala, hasta llegar frente al trono con la efigie del leopardo de las nieves, donde solía estar su señora en aquellos momentos previos al amanecer, y al llegar frente al torno, se da cuenta que este se encuentra vacío, y que no hay rastro de Lady Erzebeth Galathine, a pesar de que su guardia personal afirmaba que no había salido de la sala del torno en toda la noche, sin embargo, hay otra cosa que al soldado, por más curtido que estuviera en las batallas a las que lo enviaban, le hacía sentir un escalofrío de miedo.

Tras las cortinas largas y pesadas laterales a la sala del trono, se escuchaban unos gritos de angustia, temor y dolor, gritos humanos, desgarradores y horribles, que lo clavaron en su sitio y lo hicieron temblar, recordando que cada noche, uno de los desgraciados sobrevivientes de la toma de la ciudad, era seleccionado por la guardia de Galathine y enviado ahí, a la sala del trono, la cual se cerraba con candados y nadie entraba ni salía, hasta que su líder terminaba la horrible tarea de alimentarse y pasaban por el cadáver seco de sangre. Todos lo sabían, pero saberlo era diferente a casi presenciarlo, y si no fuese tan urgente el motivo de su interrupción, ya había huido despavorido de temor del lugar, así que, ocultando su temor lo más posible, intentó reunir valor y hablar.

—La…Lady Galathine…—la voz se cortaba en su garganta y no lograba ser tan fuerte como deseaba, así que intentó una vez más. —¡LADY GALATHINE! ¡ES URGENTE SU PRESENCIA! ¡EL EJÉRCITO DE CAMELOT ESTÁ A LAS AFUERAS DE LA MURALLA! —casi escupió el pobre soldado toda la información urgente que lo llevó a interrumpir el sagrado ritual alimenticio de su señora, y respirando agitado aguardó una respuesta. De repente los gemidos de dolor de la pobre víctima cesaron y un silencio sepulcral hizo presa de la sala del trono, y justo cuando el guardia iba a repetir su grito, sintió un escalofrío y una presencia en su espalda que lo hizo girarse.

— ¿El ejército de Camelot aquí? ... ¡Imposible! —era la mismísima mujer de ojos rojos y cabello rubio, quien había parecido de la nada tras él, y luego del susto inicial, el balbuceante hombre asintió.

—Es…es la verdad, mi señora…hace un momento me lo avisaron y lo vi yo mismo desde la torre de la muralla, están afuera, tras la llanura, son muchos, y hondean la bandera del dragón y el unicornio. —responde el soldado, Galathine pasa a su lado y sube las escaleras hacia el trono, sentándose en este, mientras limpia con un pañuelo restos de sangre de la comisura de sus labios.

— ¿Qué decía el último informe de la inútil de Zoicyte? —duda la general.

—Decía puntualmente que ella tenía vigilado al ejército de Camelot en la frontera, que no se habían movido de la zona de campamento. —repite el informe el soldado, Galathine frota un poco su barbilla.

—Entonces esto fue una trampa, una cuidadosa trampa orquestada seguramente por esa reina adolescente y estúpida a quien ellos siguen, y caímos en ella, el ejército de la frontera era solo un señuelo, el verdadero ejército de Camelot es este, y estoy casi segura que entre ellos, viene la heredera Pendragon…—una risotada estridente salió de los rojos labios de la mujer, que desconcertó por completo al guardia, quien esperaba sin duda alguna explosión de ira, más que aquella risa.

—Lady Galathine… ¿Qué hacemos? ¿Damos orden de preparar filas? ¿Armamos a la gente? —duda el hombre.

—Hazlo si te sientes más seguro así, Theleón, pero no será necesario que ni uno solo de tus hombres luche. Si la heredera Pendragon tuvo la osadía de intentar engañarnos, ahora sufrirá las consecuencias y sabría lo que es desafiar al reino oscuro. Me haré cargo y le daré a ella y a su armada el mejor recibimiento que pudieron pedir, aun mejor que el que usé con el Ejército Gélido y sus hombres. —decidida Galathine, se coloca su capa oscura y camina al lado del soldado saliendo de la sala del trono. —lleva a tu gente a la orilla de la muralla, ordena que desde ahí, vislumbren por si mismos el poder del reino oscuro al que sirven, estaré en la torre del vigía, y desde ahí, lanzaré sobre el miserable ejército de Camelot toda la fuerza y furia de los monstruos del caos, y cuando los aplaste, como los gusanos que son, yo misma traeré prisionera a la heredera Pendragon. —afirma con decisión la mujer de ojos rojizos, Theleón asiente sin entender del todo los planes de su general, pero sabiendo que no debe contradecirla.

—Como ordene mi señora, ahora mismo nos movilizamos. —decide este y se aleja por el pasillo en dirección opuesta a la de Galathine, quien cruza ahora el patio de armas hacia la alta torre del vigía, la más prominente de la muralla de hielo, presionando en su mano derecha el colgante oscuro que llevaba al pecho, el cual lanza leves rayos negros y una sonrisa distiende sus labios rojos, mostrando sus puntiagudos colmillos. Ella sabía el enorme poder de esa piedra, bañada no solo con la sangre de Ghen, su amo, sino con la de la niña de cabello rosado que era la culminación del poder oscuro y el poder de la diosa de Albión, la niña de luz y sombras había compartido con ella parte de su poder y no iba a desperdiciarlo, además, Neherenia Le Fay fue muy clara cuando le ordenó lo que haría, y Galathine era obediente, y calculadora: "Quiero viva a Serena Pendragon, con los demás haz lo que te plazca" había dicho su ama, y con esa autorización seguramente sería más divertido acabar con el ejército de Camelot de lo que había sido aplastar al de Gawain.

A lo lejos, la mujer de ojos rojos puede ver perfectamente las sombras del ejército de Camelot, que, sin importar la neblina y el frío, parecen alzarse desafiantes con sus estandartes en los límites del valle helado frente a la ciudad, así que sonríe sádicamente y hace una incisión con sus uñas largas en su palma, dejando salir unas gotas de sangre negra y viscosa sobre el medallón que comienza a destellar y a proyectar en el suelo de la torre unos círculos de luz morada con signos cabalísticos y extraños.

—¡Hibna setna rethirni bendomir! ¡Himba setna rethirni bendomir! —pronuncia la mujer de ojos rojos la invocación para que el poder oscuro del medallón haga surgir a los engendros del mal, y una descarga de rayos morados enciende el cielo y cae en el balcón de la torre del vigía, comenzando el terrible hechizo.

Valle de hielo, frente a las murallas de Uppsala.

El ejército de Camelot, se detiene con una fuerte orden del capitán Ghillenhall en una ordenada fila horizontal justo frente a las murallas de hielo de la inexpugnable capital del Norte. Arriba de un peñasco congelado, destaca la efigie de la heredera Pendragon, que cabalga a lomos del unicornio blanco, y es flanqueada por Lady Luna Merlín, Lady Haruka Boors, el coronel Rudbek de Uppsala, el fornido Pellinor de Antor y Molly Harwe, su consejera de confianza. Los soldados de Camelot, Bors, Gawain y Tristán pueden ver a su reina y señora desde abajo y eso les da confianza y seguridad de ir a la batalla pues la fuerza de la diosa y la espada sagrada que ya todos habían visto claramente en el bosque, estaba de su lado, así que aguardaban pacientemente cualquier orden de ataque o estrategia que la reina tomara y que sus superiores les comunicaran.

Sin embargo, en lo alto del peñasco, una discusión muy diferente se llevaba a cabo, y esta era encabezada por la hechicera de cabello azul.

—Ya estamos delante de la ciudad… ¿Y ahora?... ¿Qué seguridad tenemos de que ese grupo suicida que viajó por el camino subterráneo haya logrado su misión? O que siquiera estén con vida. —lanza la interrogante Luna.

—No tenemos más garantía que la fe en la Reina Serena y la confianza en que el plan que trazó resultará de forma correcta. —respondió Lady Minako Tristán, enfundada en la armadura real que cubre la suplantación.

—Entonces no sabemos nada concreto, muy bien, Lady Tristán, ya que secundó esta locura, ahora dígame qué procede, porque aguardar aquí a que la ventisca matutina de Gawain nos congele no me parece buena idea. —sigue enfadada la hechicera.

—Mi prima dijo que cuando estuvieran dentro del palacio de Uppsala, mostraría una señal lo suficientemente visible para que lo supiéramos, porque abriría las puertas desde dentro. —indica Haruka Bors.

— ¿Y qué señal es esa, Lady Bors? —pregunta el fiel Pellinor, quien ocupaba la posición de protector personal de la reina al lado de Minako Tristán.

—No lo sé. —responde la joven del desierto, Luna Merlín niega con la cabeza.

—Este plan no tiene orden o garantía alguna, y a estas alturas no podemos depender de él, seguramente ya notaron nuestra presencia dentro de las murallas, si no es que ya le informaron a Galathine, así que podemos esperar un ataque de un momento a otro, y creo que el valle de hielo que tenemos delante se volverá pronto una segura tumba para todos, porque sin Serena aquí y sin el poder de la Diosa y Excálibur, nuestro destino no será distinto al de la gente de Gawain. —afirma Luna desesperanzada.

—Me parece, Lady Merlín, que subestima sobremanera a nuestra gente, todos están ansiosos por combatir por Camelot y la reina, y si bien Lady Galathine puede tener mucho poder e invocar a muchos monstruos oscuros, creo que somos suficientes para dar batalla, al menos mientras la reina y las demás cumplen con su propósito dentro del palacio. —afirmó la rubia joven que usaba la armadura de Pendragon.

—Lady Tristán tiene razón, mi gente lleva semanas esperando pelear, y son los que más experiencia tienen en combate con el reino oscuro, de modo que solicito ser la primer línea de combate. —pide la guerrera rubia del desierto.

—Concedido. — responde Minako, que estaba comenzando a tomar muy en serio el hecho de representar ante todos a la reina.

—Un momento, Lady Tristán, le recuerdo que no es usted la reina, solo está representando un necesario papel. —tercia Luna.

—Lo sé, Lady Merlín, pero debemos actuar de prisa y elegir lo mejor, lo que la reina Serena elegiría por el bien de todos, y usted olvida que yo también soy líder de mi gente y guerrera. —añade altiva Minako mostrando el legendario orgullo de su familiar y ganando una sonrisa de Haruka, quien asiente y olvida por un momento sus rencillas pasadas con la "Guerrera Dorada". Luna carraspea un poco pero no la contradice, reconociendo en cierto modo esa capacidad de liderazgo de la heredera Tristán que ella siempre admiraba. —la gente de Bors y la gente de refuerzo de Gawain serán primera línea de combate, e irán a la vanguardia, supongo que ambos ejércitos están ansiosos de cercenar cabezas de monstruos, sea por venganza o sea por diversión. —dice Mina.

—Delo por hecho, todos los soldados de Gawain desean cruzar sus armas con esos engendros que asesinaron a sus familias. —afirma el coronel rubio del "Ejército Gélido".

—Los guerreros dorados de Tristán, serán línea de combate intermedia, solo actuarán en caso de ser necesario como apoyo, y la gente de la guardia de Camelot se quedará en retaguardia resguardando las provisiones que Lady Harwe custodia. En mi caso, solo intervendré de ser muy necesario, no por falta de ganas o temor al combate, sino por resguardar la farsa necesaria ya que evidentemente en cuanto desenfunde mi espada se notará que no es Excálibur y no queremos eso —puntualiza Minako. —y una cosa más, si la señal de Lady Lancelot es visible para todos, y si la reina consigue inutilizar el medallón maligno, todos los ejércitos sin excepción van a concentrase en tomar la ciudad y en entrar a sangre y fuego por las puertas de la muralla, porque eso significará que solo quedan dentro soldados oscuros y la victoria es nuestra.

—Quiera la diosa que sea así, y que mi hermana lo consiga. —completa la plegaria la joven Molly Harwe y todos asienten.

—Entonces a dar las órdenes pertinentes y movilizarnos de prisa, quiero ver las formaciones que ordené antes que despunte el primer rayo de sol, y recuerden todos, lo que hacemos, es por Albión y por la Reina. —asegura la joven rubia, y todos asienten, sin gritar la consigna pero repitiéndola con claridad con sus manos en sus pechos.

—Por Albión y por la Reina. —aseguran los guerreros y todos se dispersan, dejando solas a la hechicera y a Lady Minako Tristán, quienes miran delante de sí la neblina helada que se va levantando poco a poco, con la inminente salida del sol. En un momento solo quedan en el peñasco del inicio del valle congelado Luna, Pellinor, y Minako Tristán, mirando el despliegue del ejército que como una gran maquinaria se pone en movimiento.

—Iré abajo a ponerme delante con el ejército de Bors, mis poderes pueden aminorar un poco los inminentes estragos que causarán los monstruos oscuros, porque si de algo estamos ciertos es que los poderes de Galathine son por mucho superiores a todo lo que hemos visto antes, quédese lo suficientemente lejos del combate, Lady Tristán, y baje de aquí solo de ser necesario. —asegura la hechicera.

—Así lo haré, Lady Merlín, nadie tiene más interés en que esta farsa resulte que yo, tenga cuidado, y no pierda la fe en la Diosa ni en la heredera Pendragon. —pide la heredera de Cornualles, Luna asiente y espolea su montura para bajar del peñasco hacia el valle congelado, Minako Tristán mira a lo lejos, las altas murallas congeladas de la capital del Norte y la mole impresionante del palacio de Uppsala incrustado en la montaña, cuando nota a lo lejos, en la alta torre del vigía en donde antes su amiga tenía su refugio y estudio, un intenso destello morado, y muchos rayos de luz del mismo color que de expanden y estrellan en el hielo comenzando a desquebrajarlo con un sismo que se expande por toda la explanada, señal inequívoca de que los monstruos del reino oscuro están por emerger. —está por comenzar… Ami, tienen que lograrlo, deben lograrlo, y de prisa…—suplica la rubia guerrera y alarga la mano, Pellinor se acerca a ella y le coloca la alta asta del estandarte de Camelot, la bandera dorada y plateada del dragón y el unicornio, Minako la hondea como señal del inicio del ataque y de inmediato resuenan las trompetas tocando a avanzada, abajo, un clamor imponente de todos los soldados de Camelot, Bors, Tristán y Gawain, rugen con una sola voz:

—¡POR ALBIÓN Y POR LA REINA! —antes de lanzarse al combate.

Ciudad de Camelot, valle del dragón.

Antes de que el sol despunte por el horizonte, lentamente se abre la enorme puerta de madera y metal que comunica el interior de la ciudad con tierra, cruzando el estanque que rodea la ciudad real de Albión con un chirrido de cadenas, y por esta, salen en ordenadas filas los guerreros de armaduras plateadas y capas azules de Percival montados en caballos y tras ellos, los altos hombres de las selvas de Sagramore, montados en osos y felinos y luciendo sus cuerpos pintados y sus armas listas; en cuestión de minutos, todo lo largo de la ciudad de frente al paso montañoso, se haya cubierta por las dos armadas reales, que hondean los estandartes del tiburón rampante y del oso rugiente.

Delante de todo ese imponente ejército, se encuentran las dos herederas, de Sagramore y de Percival, vestidas para el combate y prestas a iniciar, la alta castaña lleva su cabello recogido, su traje de combate de pieles y su hacha en la espalda, con el rostro y brazos pintados con símbolos color verde, mientras a su lado, en una bella yegua blanca, hermosa y perfecta pero imponente en su armadura de escamas plateadas, aguarda Michiru Percival con su casco con forma de cabeza de tiburón y unas plumas aguamarina en su cimera.

—Muy bien, aquí estamos, recuerde lo que hablamos en los entrenamientos con los soldados, concéntrese en cercenarles la cabeza o partirlos por mitad, porque heridas leves no los detienen. —afirma Makoto Sagramore, Michiru asiente y lleva sus manos a su espalda, de donde desenfunda un largo tridente plateado.

—Estaba esperando un momento adecuado para usarlo, era de mi padre, él se enfrentó antes con este tipo de engendros, y aunque yo no lo he hecho en mi vida, Ruka me entrenó bien y sé cómo acabarlos, en teoría, claro. —afirma la joven heredera Percival, pero justo en ese instante unos rayos de luz morada comienzan a formarse en el cielo, justo en el paso montañoso del bosque, y caen con estrépito y poder en la llanura, causando un leve temblor de la tierra y asustando un poco a los animales que se mueve inquietos.

— ¿Qué diablos fue eso? —pregunta Michiru.

—La ocasión de poner en práctica lo que le enseñó Bors. ¡Saferus! ¡Toquen a Ataque! —grita Makoto con voz potente de mando a uno de sus oficiales, que asiente y hace sonar un cuerno con sonido sordo y potente, cuyo ruido se replica por todas las compañías de ataque de Sagramore, Michiru por su cuenta toma de su cinto una caracola blanca y la hace sonar, armónica y agudamente, y también el mismo sonido se replica por la llanura de Camelot y las armadas se movilizan como una sola masa.

Lady Makoto Sagramore y Lady Michiru Percival cabalgan a la cabeza de sus armadas, en alarde de valor y arrojo, dirigiéndose a la llanura central de Camelot antes de los bosques donde la tierra comienza a desquebrajarse y a abrirse para hacer surgir a los horribles engendros.

— ¡Vamos a aguantar todo lo posible hasta que Lord Le Fay logre atacar a Beryl! ¡Debe estar en el punto más alto de invocación de bestias para que su guardia esté más baja y él pueda vencerla! —grita la alta castaña, y la de cabello aguamarina asiente.

— ¡Eso significa un buen periodo de acción antes de que ocurra! ¡Veamos si la convenzo de lo bueno de mi entrenamiento y que en Carboneck no solo somos artistas sino guerreros! —responde sonriente Michiru Percival girando su tridente en círculos.

—¡Guarde sus trucos para cuando corte cabezas de engendro! ¡Y no olvide la señal de Setsuna! — le recuerda Makoto con su lanza en alto y lanza una exclamación de batalla semejante a un grito agudo y temible, que es repetida por todo el ejército de Sagramore, que resuenan en la llanura con ferocidad propia de los combatientes experimentados al ir al encuentro de las bestias amorfas y terribles que van surgiendo, mientras el ordenado ejército de los tiburones del mar de Percival avanzan como una mecánica falange tras su señora, el encuentro de las dos feroces armadas con el primer contingente de horribles monstruos que Beryl hace surgir de la tierra es inminente, y es observado con cuidado y atención desde lo alto de las murallas por Artemis Nimue y por Setsuna Badevire, quien usa su armadura de combate y su bella lechuza blanca en su otro brazo, mientras deja su alto arco apoyado en la muralla. Todos los arqueros de Valaquia que aguardan a lo largo de esta, llevan también sus lechuzas en sus brazos.

—Ya inició. —comenta la seria heredera de Valaquia al arcano del cristal de plata, quien asiente y gira en su mano un reloj de arena dejándolo encima de la muralla, y permitiendo que la arena comience a bajar.

—Vamos a esperar que el número de bestias sea mayor y considerable como para usar el truco de las flechas con la poción mágica, o de otro modo no valdrá la pena tanta planeación, y a rogar a la Diosa que los ejércitos de Sagramore y Percival resistan. Tenemos que provocarla lo suficiente para que lleve al punto máximo el poder del cristal oscuro y baje por completo la guardia o Lord Le Fay no tendrá oportunidad alguna. —reafirma Artemis, Setsuna asiente.

—Confíe en la fuerza y valor de las armadas de Makoto y Michiru, hace tiempo que desean acción y sirve muy bien para nuestro plan, por nuestra parte estamos listos para dar la señal cuando la arena lo indique. —afirma la joven de cabello verde, dejando vagar su mirada rojiza por el valle de Camelot, donde se lleva a cabo la cruenta batalla de los dos ejércitos contra los primeros engendros deformes y feroces que se baten contra ellos. Artemis Nimue suspira aliviado al ver el arrojo y valor con que los osos de las selvas y los guerreros de las islas están cercenando cabezas y extremidades de los animales del Caos, y presiona su mano en su báculo sagrado recordando los tiempos de su juventud cuando acompañaba a Uther Pendragon en la primera línea de combate, ahora sus poderes de arcano son mayores y sabe que de ser necesario intervendría desde la muralla con todo su poder para provocar a Beryl, lo cual era el objetivo, hacerla desatar todo el poder oscuro y rogar porque Diamante Le Fay, sus seres de lava y los aprendices acabaran con el ejército oscuro.

—Paciencia, Fe y Orden. —repite Artemis como consigna de lo que deben respetar en ese plan en que se están jugando la seguridad de todo Albión. —Luna, Rei… mi señora Serena, que la Diosa proteja sus pasos si es que están enfrentándose a lo mismo que nosotros. —ora en su mente el hechicero a la diosa de la luna, teniendo en mente a su reina y a las dos personas que más ama y sus ojos azules se clavan en el reloj de arena cuya marcha le parece mucho más lenta de lo normal.

Pozo de los condenados, interior de las mazmorras del palacio de Uppsala.

Serena Pendragon ayuda a Ami Gawain a jalar de los pies a los dos inertes príncipes y subirlos a la base de madera que los bajó a ese lugar, sintiendo su corazón acelerado por el temor y mirando de vez en vez hacia atrás, donde Rei Lancelot se acerca lentamente, seguida de Quíone, hacia el escondite del dearg-dul.

Serena ve a su amiga y capitana tomar su poderosa espada y hacerse un corte en el dedo pulgar, dejando salir la sangre que gotea en el suelo.

—Vamos, Lady Skadi, sé que lleva días sin comer, venga aquí, huela que apetitosa es mi sangre… —provoca valiente la guerrera de Benwick y la sombra hace algunos sonidos guturales y se mueve por las sombras de la cueva olfateando el ambiente y al fin se muestra delante de la guerrera de Benwick; en apariencia, sigue siendo la bella esposa de Freyr Gawain, aunque ya tiene todas las características de un dearg-dul, la piel pálida y translúcida, con las venas palpitantes y azules, los ojos rojos inyectados de sangre, las uñas largas y negras y los dos blancos y picudos colmillos que sobresalen de sus rojos labios, además, no anda, sino que flota por las sombras de la cueva, emitiendo gruñidos guturales e inhumanos, y agazapándose como fiera a punto de saltar sobre su presa, Rei se coloca en guardia atenta a cada movimiento del dearg-dul, y en un instante este salta sobre ella atacándola con sus garras mientras la joven guerrera se defiende como puede con su espada.

El ave roja de fuego alumbra volando en círculos todo el fondo del pozo y en el momento que los dos jóvenes príncipes están arriba, Ami Gawain jala la cuerda y grita:

— ¡Suban ahora! —arriba resuena el eco de su voz y de pronto la cuerda se tensa y se escucha el chirrido del mecanismo de poleas que la hace subir, pero justo en ese momento un rugido feroz y animalesco resuena en la cueva, Skadi Gawian empuja con fuerza descomunal a Rei Lancelot que se estrella en la pared de la cueva, y corre en cuatro patas con una velocidad impresionante hacia la tarima, furiosa por ver que se llevan a sus presas.

—¡Maldita sea! ¡No a ellos, a mí! —grita la guerrera de fuego y reponiéndose del golpe corre tras el ser sediento de sangre. —¡Ami, suban ya!

—¡Phobos, Deimos de prisa! —grita Ami, aterrada, abajo, Quíone, quien sí es capaz de correr a la misma velocidad del dearg-dul, ruge y le salta encima enterrando sus garras en su espalda, pero la mujer de ojos rojos se revuelve y sujetando al guepardo del cuello también lo estrella en la pared.

—¡Quíone! ¡No! —se alarma Serena al ver desde arriba lo que le hizo a la guepardo, pero todo pasa en fracciones de segundo, Rei Lancelot intenta alcanzar a Lady Skadi Gawain, pero esta salta encima de la tarima que se aleja y trata de llevarse al menor de los Gawain, jalándolo del pie.

—¡Jamás te llevarás a Índigo! — Ami reacciona y con su lanza de un tajo firme y certero, entierra la punta de esta en el hombro de la bestia de colmillos puntiagudos que ruge y se revuelve jalando con una fuerza descomunal a la chica con todo y la lanza, y dándole un tajo con sus garras en el abdomen, la empuja derribándola debajo de la tarima que sigue subiendo.

—¡Ami! —grita atemorizada Serena, pero Ami Gawain cae pesadamente en el suelo abajo del pozo, y Rei Lancelot llega a su lado y la ayuda a incorporarse.

—¡Se quedó arriba a solas con mis hermanos y la reina! ¡Tenemos que alcanzarla! —Desesperada la chica de cabello azul, pero Rei Lancelot niega con la cabeza.

—Ya es imposible, no podemos saltar como salta un dearg-dul…ahora todo depende de Serena. —afirma la guerrera de fuego. —¡Phobos, Deimos! ¡Detengan el ascenso! —grita Rei con fuerza y es obedecida, pues la tarima de madera queda suspendida en medio del pozo.

—Selene los proteja…—ora Ami Gawain preocupada por el destino de todos.

Arriba de la tarima, una temblorosa Serena respira agitada, con la Excálibir desenvainada, delante de los dos inertes príncipes de Gawain, mientras Lady Skadi se saca la lanza plateada del hombro y la arroja debajo de la tarima para después caminar en círculos acercándose a ella.

—La…Lady Skadi…sé que dentro de sí me escucha y sabe quién soy…quién es usted…no es un dearg-dul es la reina de Uppsala, la madre de Ami y de estos niños, una buena madre, que los ama y jamás los lastimaría, por favor recupere la conciencia, ¡Por Favor! —intenta la reina rubia hacerla entender y unas gotas de sudor frío caen por su frente. La mujer sonríe sádicamente y Serena puede ver perfectamente por entre la tela rasgada de su vestido, cómo la herida de la lanza de Ami se va cerrando de prisa, regenerando la piel blanca y sin una gota de sangre.

— ¿Qué te hace creer que no soy consciente, niña?...lo soy, soy plenamente consciente de quien era y de quien soy ahora, y me gusta lo que soy. —habla por primera vez la mujer de cabello blanco, haciendo que la joven reina la mire aún más aterrada.

—Pero…es imposible… ¿Sabe que es Lady Skadi y así iba a dañar a sus hijos? —asustada pregunta Serena.

—No hay salida para mí, ya me cansé de luchar contra algo más fuerte que yo, llevo días sin alimento y debo elegir por instinto, o ellos o yo, y en este punto, me elijo a mí misma, así que apártate, de igual forma ellos están muy débiles y no van a sobrevivir mucho, simple selección natural, niña, y en atención a ti y a tus acompañantes, lárguense de aquí mientras los devoro, porque puede ser que no sacie mi hambre y entonces no tenga tanta compasión. —asegura la mujer de ojos rojos, Serena la mira asustada. —solo una corrección, ya no soy Lady Skadi Gawain, todo eso quedó en un difuso sueño, he vuelto a nacer hoy, y mi transformación estará completa cuando me alimente.

— ¡No si yo la detengo! ¡Nunca dejaré que lastime más a estos niños! ¡Aún si eso significa que tenga que luchar contra usted aunque no quiera! —la enfrenta la chica, Skadi sonríe.

—Entonces serán tres presas y no dos. —afirma la dearg-dul y se lanza sobre ella con ataques letales de sus garras, Serena apenas puede contenerla y evitar que las afiladas garras negras la lastimen interponiendo a Excálibur entre ella y los ataques, hasta que en un punto ambas quedan casi rostro con rostro, mirándose y haciendo fuerza, Skadi con sus garras sobre la espada.

—¡Por favor! ¡Puedo curarla, Lady Gawain! —valiente pide la reina, pero otra risotada de la mujer de cabello blanco es su respuesta.

— ¿Y quién te dice que quiero ser curada? ¡APÁRTATE! ¡NO LO PEDIRÉ DOS VECES! —asegura la mujer pero Serena no se mueve aunque la inestable tarima de madera se balancea peligrosamente en medio del pozo por la batalla de ambas mujeres.

— ¡Aunque no quiera voy a curarla! ¡Lo haré! ¡Ami y sus hijos merecen que vuelva a ser su madre! ¡Quiero curarla! ¡Quiero con todas las fuerzas de mi corazón que vuelva a ser la de antes!—pide con toda su fe la joven reina, y en ese momento un destello de luz plateada emerge de su frente, dibujando en ella la media luna símbolo de su estirpe sagrada, y la luz destellante colorea del mismo poder plateado la espada sagrada de Albión y cambia de color el cabello rubio de Serena por el tono planeado que adquiría siempre que usaba sus dones divinos.

—¡NOO! ¡Esa luz me quema! —se encoge Skadi Gawain, apartándose unos pasos atrás y cubriendo su rostro con sus manos. Serena se da cuenta que fue su fuerte deseo de curar a la mujer lo que encendió de nuevo su don, pero ahora no es el mismo poder desbocado e intenso que en las dos batallas anteriores salió de ella, sino algo cálido que brilla en su frente y en su pecho, junto al cristal de plata que forma su armadura, y ella puede sentir el poder fluir desde su interior, regenerador y revitalizador, era otro tipo de poder, el mismo de su familia materna pero no enfocado a atacar, sino a curar, y aunque no lo entiende del todo, una intuición interior le dice qué hacer, y lentamente se acerca a la mujer.

—Lady Skadi, debe recordar, debe volver a ser la valiente reina que sacrificó todo por su gente y la amorosa madre que daría la vida por sus hijos, usted no es el animal sediento de sangre en que la quieren convertir, no puede darse por vencida al final del combate, debe luchar, debe dejarme curarla. —avanza hacia ella Serena destellante de luz plateada.

—¡NO! ¡APÁRTATE! —aterrado el dearg-dul, llega al límite de la tarima de madera, y se hinca en este, Serena se da cuenta que con la luz plateada que sale de ella, la piel blanca de la mujer comienza a quemarse, como si fuera expuesta a una llama, pero aun así la reina se sigue acercando, orando en su mente a la diosa y a su madre para que le indiquen que hacer, porque el dolor de la pobre mujer es evidente, y al estar ya muy cerca de ella, nota enseguida las dos redondas aperturas de su cuello, las marcas con sangre seca de dos colmillos cerca de las venas, y alarga su mano brillante de luz plateada, posándola encima de esas marcas y entonces un terrible grito de Skadi Gawain resuena con eco doloroso por todo el pozo, lanzando un destello de luz blanca mucho más fuerte e intenso y proyectando la media luna de la frente de Serena en la de la mujer, quien sujeta con sus dos manos con fuerza el brazo de la heredera Pendragon, enterrando en su piel sus uñas, pero la jovencita, valiente, no aparta su mano de esa herida del cuello de la madre de Ami.

—¡Vuelva a ser quien era, Lady Gawain, su familia y su pueblo la necesitan!… —suplica Serena y unas lágrimas suyas caen sobre el rostro de la mujer hincada, y entonces los ojos rojos de fiera lastimada cambian de color, y vuelven a ser los ojos azules de la reina de Uppsala.

—Mi señora…la heredera Pendragon…la esperanza de Albión…al fin la he visto… Gracias. —dice la mujer con una sonrisa y entonces cierra los ojos y se desvanece. Serena se apresura y la detiene antes de que caiga de espaldas al abismo y la abraza llorosa.

—Lady Gawian, estará bien, sé que estará bien, gracias a Selene la recuperamos. — dice la reina rubia emocionada.

Abajo de la cueva, Lady Lancelot y Ami Gawain miran todo, preocupadas y asustadas a la vez por notar el destello de poder plateado que surge de la tarima y que poco a poco se va apagando.

—¡Serena! ¡Estás bien! ¡Qué pasa! —grita desesperada Rei Lancelot haciendo eco con sus manos y aguardando una respuesta que demora en llegar.

—¡Estamos bien los cuatro! ¡Phobos, Deimos, bajen la tarima! —resuena al fin la voz de la reina Pendragon haciendo sonreír aliviadas a las dos guerreras al ver que las poleas giran y el pedazo de madera baja poco a poco hacia ellas. Ami es la primera de las dos en correr y llegar a la tarima, para ver a sus dos hermanos aun inertes pero por completo curados de sus anteriores heridas y golpes, y a la reina Serena, ahora con el cabello plateado, abrazando a su madre desmayada.

—Su alteza… ¿Qué pasó? —pregunta Ami.

—Ella quería devorar a tus hermanos, no quería que la curara, luchamos y de repente surgió este poder de mi pecho, no como en el bosque ni con el Trementur, no fuerte y desbocado, sino suave y cálido, entonces me acerqué a ella y toqué la herida de su cuello y creo que volvió a la normalidad, Ami. —explica la joven reina, dejando en el suelo a la inerte mujer mientras Rei revisa el pulso de los dos chicos.

—Sere usó el poder de su familia, el poder de los Igraine, pero ahora en ciclo de creación y no de dominación, curó a tus hermanos, y parece que también a tu madre. —opina la heredera Lancelot.

—No podemos estar del todo seguras de eso, porque los colmillos y las uñas siguen siendo de un Draugr. —afirma, cautelosa, Ami Gawain, al ver a su madre desmayada.

—Pero sus ojos volvieron a la normalidad, yo la vi, me reconoció y me dio las gracias, ya no era un dearg-dul, de verdad ya no lo era, Ami. —asegura la adolescente soberana.

—No lo sabremos hasta que despierte…hay algo más que creo que no han notado. La media luna de la frente de Serena quedó pintada en la de Lady Gawain. —indica Rei Lancelot y extiende su mano hacia el cabello blanco que cubría parcialmente el rostro de la reina de Uppsala, dejando ver en efecto la marca de la dinastía Igraine en la frente de la mujer.

—Es verdad…nunca había visto nada así, solo con Ante, que es mi hermano. —afirma la adolescente rubia. Ami Gawain sonríe.

—Sé que no es buen momento para decir esto, pero creo que ninguna de las dos sabe el apellido de soltera de mi madre. Ella se llama Skadi Drachenblaud Igraine. —indica Ami, dejando perplejas a ambas chicas.

—¿Igraine? ¿Cómo mi madre? —cuestiona Serena, Ami asiente.

—La madre de mi madre, llamada Nerthus, era prima en segundo grado de mi señora la reina Serenty Igraine hija de Hermes Igraine, hermano de Apolo Igraine, su abuelo, su alteza, y se casó con un noble de Gawain, aquí la conoció a mi padre y se enamoraron, pero mi madre conservó los rasgos de los Igraine, cabello blanco con destellos plateados y algo de los dones naturales de la familia de la diosa. —indica la chica de cabello azul.

—Entonces Lady Skadi es…prima mía y de Ante, eso los hace a ti y a tus hermanos sobrinos míos. —hila todo la historia la reina. — ¡Por qué no me lo dijiste antes Ami! ¡Somos familia! —se emociona Serena abrazando a la chica de Gawain quien sonríe.

—Iba a hacerlo en algún momento, pero no se dio la oportunidad, además no quería que mi parentesco lejano con usted influyera de forma alguna en sus decisiones reales o cargos que me encomendara, mi señora. —se excusa Lady Gawain. Serena sonríe y besa su mejilla.

—Debiste hacerlo, siempre me hace feliz descubrir rastros de mi pasado, saber que no estoy sola, que tengo familia, a Ante, y ahora a ustedes. —responde la reina.

—Lady Skadi está despertando. —indica Lady Lancelot con cautela, y tanto la reina como Ami Gawain se hacen a un lado, mirando atentas el despertar de la mujer de cabello blanco, quien poco a poco se incorpora, sentándose primero con sus mano en el rostro, frotando su cara e intentando enfocar la vista, Skadi Gawain se pone de pie pero sigue de espaldas a las tres guerreras.

— ¿Madre? —es Ami la primera en hablar dirigiéndose a ella, y la mujer gira el rostro, mirando a la chica con ojos llorosos de emoción, mientras abre sus brazos y Ami, segura de que es de nuevo su madre al ver sus ojos azules tan parecidos a los suyos y esa sonrisa, corre a ella y ambas se abrazan con cariño.

—Ami…mi pequeña dottir…—la llama ella con la palabra para "hija" en lengua de Gawain besando su cabeza, y hasta ese momento, una muy emocionada Serena se da cuenta de que la valerosa y siempre ecuánime y controlada Lady Ami Gawain, se permite mostrar las emociones que había estado conteniendo por semanas, pues nota que llora en el pecho de su madre y ella misma siente un nudo en la garganta por la emoción de ese encuentro.

—Madre, pensé que nunca te abrazaría de nuevo, que te habíamos perdido para siempre. —confiesa la chica con sentimiento, Skadi sonríe y limpia las lágrimas de las mejillas de su hija.

—Así fue, por momentos no era dueña de mis actos, estaba en un limbo lejano gobernada por instintos, veía la realidad pero no tenía control sobre ella, siento haberte lastimando...

—No fue nada, la armadura resistió tus garras. —responde la guerrera de cabello azul.

—Gracias a Selene, le debo mi salvación a la hija de la diosa, a nuestra reina y señora, la heredera Pendragon. —mira ahora Skadi a la adolescente de cabello plateado quien impulsiva y emotiva como era siempre corre y se abraza de ambas.

—¡Lady Skadi! ¡Me alegra tanto verla bien! ¡Tuve tanto miedo! ¡No quería lastimarla! —deja salir Serena todas sus emociones con esa forma de ser suya siempre transparente, Skadi la abraza con cariño y besa su cabeza.

—Mi señora, sin duda es usted la gran esperanza de Albión, el poder de la diosa fluye en su alma, y regenera y sana todo como dicen las profecías, gracias por devolverme mi conciencia, mi control y mi humanidad. —responde la bella mujer y toma las manos de Serena sonriéndole agradecida.

—Somos familia…primas…—sonríe ella también emocionada, Skadi asiente.

—Lo somos, mi familia materna era Igraine, una rama secundaria sin derecho al trono pero que conserva parte de la herencia de la diosa. La sangre Igraine me ayudó a resistir el veneno de Draug más de lo que ordinariamente alguien resistiría y también a soportar la curación, otro hubiese muerto. —indica la reina de Uppsala.

—Madre… ¿La reina fue capaz de curarte para siempre? ¿Ya no serás un Draug? —pregunta preocupada Ami Gawain, su madre niega con la cabeza.

—Lamento mucho decepcionarlas, cariño, pero no es así. A estas alturas el veneno es ya parte de mí, he sufrido la transformación completa, y creo que mientras viva no dejaré de ser un Draug, pero hay algo que sí hizo por mí la reina Pendragon con el poder del cristal de plata, me devolvió mi humanidad, el control sobre mis emociones y mis instintos, ahora soy un ser mitad Draug, y mitad humano y no el animal sediento de sangre en que debí convertirme. —asegura la mujer de cabello blanco.

—Habría querido curarla por completo, Lady Skadi. —se excusa preocupada Serena.

—Lo hizo, me ayudó más de lo que supone, su alteza, detuvo la última fase del proceso evitando que asesinara a mis hijos y me alimentara de ellos, por ello nunca será como Galathine quien de humana ya no tiene nada, por la gracia de la diosa y por mi sangre Igraine, volví a mi conciencia humana. —afirma la mujer.

—Índigo y Azur están bien y a salvo, la luz del poder de la diosa curó sus heridas. —le informa Ami.

—Pobres hijos míos, fueron muy valientes, incluso cuando debieron enfrentarme a mí…—asegura Skadi y se acerca a ellos, besando sus frentes, después, estando hincada en la tarima de madera, se acerca a ella el guepardo de las nieves, ronroneando tranquilo, un poco herido del lomo por su último ataque. —¡Quíone!...mi valiente Quíone. —abraza Skadi del cuello a la felina que ya no le teme ni le huye. —lamento tanto haberte herido, como siempre fuiste la mejor guardiana de mi familia. —dice la reina conmovida.

—Lamento ser quien interrumpa la emotiva reunión, pero una vez que se arregló todo hay que salir de aquí y continuar con la misión, afuera debe estarse llevando a cabo una batalla terrible y cada segundo significa vidas de los nuestros que se pierden. —apremia Rei Lancelot, quien lleva en el brazo al ave roja. Skadi se levanta y mira a Rei asintiendo.

—Supongo es usted la gran guerrera del Sur, de las tierras de fuego de Benwick. Tuve el honor de conocer a su padre, el valiente Ban Lancelot y a su madre, la reina Elein, de quien es usted una copia fiel en belleza y porte, aunque tiene la valentía y arrojo del rey. —afirma Skadi.

—Es Rei Lancelot, la de los cánticos, la mejor guerrera de Albión y la nombré campeona de la reina y capitana de mis tropas, además es mi mejor amiga. —presume Serena tomándose del brazo de la chica de cabello negro.

—Hagamos las presentaciones arriba que apremia el tiempo. —afirma la hija de Artemis Nimue y las cuatro mujeres suben a la tarima de madera, mientras Rei da la orden a las gemelas cuervo de subirla por fin, con todas arriba, Quíone y los príncipes.

Una vez fuera del pozo, una muy emocionada Sváva abraza a su señora, también con lágrimas en los ojos, mientras Phobos y Deimos cargan a los príncipes y los tienden en las capas de la reina y de Ami y tratan de reanimarlos dándoles a beber un poco de licor de una de las bolsas de víveres que conservaban.

—¡Mi señora Skadi! ¡Gracias a la diosa está a salvo! —llora la bibliotecaria emocionada.

—Mi fiel Sváva, sé que mucho de esto te lo debo a ti y a tu tesón y fuerza para sobrevivir. —afirma Skadi.

— ¡Madre!...Azur e Índigo están reaccionando. —la llama Ami y ella se acerca al suelo a abrazar a sus hijos, ambos niños en cuando recuperan la conciencia, se lanzan al cuello de su madre emocionados y felices, y luego al de Ami en una reunión emotiva y muy necesaria para la familia real de Gawain.

—¿Lo ves, Rei? Valió la pena cambiar el plan, te dije que no iba a luchar concentrada hasta saber a salvo a la familia de Ami, que resultó también ser mi familia. —dice emocionada la reina al lado de su amiga que asiente y palmea su espalda.

—Fuiste muy valiente allá abajo, y no lo digo solo por el poder de la diosa que usaste, sino antes, por haberte decidido a enfrentar a Lady Skadi aun contra tus sentimientos y defender a los príncipes. Estoy empezando a aprender algo importante de ti. —afirma la heredera de Benwick.

— ¿Aprender tú de mí? ¿Qué cosa, Rei? —pregunta la Reina, incrédula.

—Que cuando sigues a tu corazón y tus instintos, de alguna forma te las arreglas y todo sale bien, así que le tendré siempre fe a tus corazonadas. —promete la pelinegra, Serena le sonríe y asiente agradecida con su amiga.

—Su alteza, la familia real de Gawain en su totalidad, incluida mi madre, Skadi, y mis dos hermanos, Azur e Índigo, estamos a sus órdenes para la misión de toma del castillo. —dice Ami Gawain, indicándole a Serena que el tiempo de emotividad había pasado, y a su lado, los dos chicos de cabello azul, miran a Serena asombrados, mientras su madre los toma de los hombros.

—Madre… ¿es ella la reina Pendragon? ¿La salvadora de nuestra tierra? —pregunta el niño menor.

—Lo es, Índigo, la reina Serena Pendragon de Igraine, nuestra reina y señora, la hija de la diosa, y quien me curó y los salvó. —responde Skadi.

—Mi señora, tiene la lealtad de los hijos de Freyr Gawain como soldados suyos como tiene ya la de mi hermana Ami. —afirma serio y valiente el mayor.

—Gracias a ambos, son unos muchachos muy valientes.

—Su alteza, toda mi familia quiere ayudar ahora en la misión, si es que nos lo permite. —indica Ami Gawain.

—Claro que lo permito y lo agradezco, Ami, el punto es que…en realidad no tengo un plan a partir de aquí. —confiesa la adolescente de cabello plateado, algo preocupada.

—Tu no lo tienes pero yo sí. —interviene Lady Lancelot, acariciando a Garuda. Todos miran a la guerrera de Benwick. —Lady Gawain… ¿Hay posibilidad de contar con soldados leales a la causa que organicen desde dentro una neutralización rápida de los guerreros oscuros? Los necesito inutilizados para poder abrir las puertas de la ciudad.

—No lo sé, no tengo idea de cuanta gente de Gawain sobrevivió o dónde estén. —responde la muchacha.

—Nosotros sí lo sabemos, hermana. —interviene Azur Gawain. —son muchos, unos soldados y otras personas civiles, están prisioneros en el fuerte Oeste.

—Entonces habrá que rescatarlos, y armarlos para que contrarresten al ejército oscuro que presumo no debe ser mayor a una centena, si seguimos la lógica de ataques del reino oscuro que nunca arriesga a sus hombres cuando el trabajo pesado lo hacen los monstruos.

—Podemos hacernos cargo de liberar a la gente y de liderar el ataque desde dentro. —afirma Ami.

—Muy bien, entonces encárguense los Gawain de eso, Phobos y Deimos irán a la muralla para abrir las puertas al ejército y que puedan entrar a la ciudad directamente, porque las murallas son inexpugnables. —indica Rei Lancelot.

—No le será fácil, Lady Lancelot, en las torres de la muralla es donde más soldados se concentran para tener control absoluto en la entrada. —añade Sváva.

—Descuide, no será problema para nosotros. —afirma una de las gemelas sonriente ante el peligro.

—Y finalmente, Serena, tú deberás ir directamente a donde sea que Lady Galatine esté dirigiendo el ataque e invocando a los monstruos para destruir el medallón; yo iré contigo para protegerte y para distraerla, como era el plan original. —asegura Lady Lancelot. —Lady Gawain ¿Tiene alguna idea de dónde encontrar a ese monstruo?

—Para dirigir un ataque de las proporciones que debe ser este, solo hay un lugar del castillo en que ella podrá hacerlo, la torre del vigía. —infiere inteligente Ami Gawain, y todos asienten.

—Entonces ahí nos dirigiremos. —acepta valiente la reina Pendragon.

—Un momento, Lady Lancelot, su alteza, si me lo permiten, quiero sugerir un pequeño cambio en la distribución. —interviene Lady Skadi Gawain.

—Adelante, Lady Gawain, la escuchamos. —accede Serena.

—Su plan es muy inteligente y seguramente será efectivo, Lady Lancelot, salvo por una cosa…Erzebeth Galathine no es alguien fácil de vencer, ni de distraer, y usted no tendría mucha oportunidad si pretende enfrentarla y correría el peligro de morir o terminar volviéndose lo que soy yo. —ecuánime y realista propone la mujer. —en cambio, si la idea es distraerla y quitarle el medallón, para que la reina lo destruya, creo que yo tendría más posibilidades y menor riesgo, ya que en cierta forma ahora soy como ella, para mal y para bien, incluidas sus habilidades.

—Eso tiene mucho sentido. —apoya Ami a su madre.

—Lady Lancelot, permítame a mí ir con la reina a buscar a Galathine, y usted apoye a sus guerreras en la importante misión de abrir las puertas de la muralla. —indica Skadi, Rei la mira un momento.

—Comprendo lo pertinente de su sugerencia, Lady Skadi, pero además de mi deber y mi amistad con Serena, tengo una promesa personal que hice sobre mi honor y la memoria de mis antepasados de cuidar por mí misma cada paso de la reina y protegerla de todo peligro con mi vida. —afirma Lady Lancelot. Serena frunce el ceño un poco al oír eso. ¿Rei juró por su honor protegerla con su vida? ¿A quién?

—Tiene mi palabra de que la reina será protegida por mí igual que si se tratara de usted. —responde la reina de Uppsala.

—Además yo se cuidarme sola, y tengo muy clara la misión, no intervenir en la batalla ni delatar mi presencia hasta que le quiten ese maldito medallón y lo destruya con Excálibur. —responde Serena y toma el brazo de la guerrera de fuego. — ¡Vamos, Rei! El plan de Lady Skadi es muy bueno, di que sí.

—Si tú lo apruebas yo no tengo nada que objetar, Serena, la reina eres tú. —afirma la chica pelinegra.

—Sea así entonces, yo iré con Lady Skadi y Rei con Phobos y Deimos, pero démonos prisa en movilizarnos y distribuirnos. —apremia la reina adolescente y todos asienten, comenzando la marcha por las mazmorras subterráneas en dirección a la salida, iluminados por Garuda, que vuela delante de todos. El grupo se detiene junto a las escaleras que indican el final de la galería subterránea donde además hay una puerta de madera.

—Habrá guardias afuera sin duda. —infiere la bibliotecaria bajando la voz, pues se pueden ver por fuera las sombras de personas y el sonido de pasos que caminan de un lado a otro.

—Y habrá que deshacerse de ellos lo más silenciosamente posible, no queremos delatar nuestra presencia. —indica Ami Gawain.

—Déjenme eso a mí, seré discreta y además de verdad necesitaré fuerzas suficientes para enfrentar a Galathine. Cuando haya terminado, los llamaré. —indica Skadi Gawain y todos asienten, permitiéndole subir ella sola los escalones, y abrir la puerta, permaneciendo ocultos en las sombras en silencio y pegados a los muros.

—Rei… ¿Qué quiso decir Lady Skadi con que necesitará fuerza suficientes? —pregunta en voz baja la reina a su amiga, Lady Lancelot sonríe y en ese justo momento, se escucha el chirrido de la puerta que se abre y unas voces, acompañadas de gritos de espanto. Ami, abraza a sus hermanos y cierra los ojos y Serena, asustada y sobresaltada, presiona su mano en el brazo de su amiga.

—Justo eso, ella necesitaba alimentarse, estaba muy débil, y nunca mejor que con los guardias del ejército oscuro. —afirma la guerrera de cabello oscuro.

— ¿Alimentarse? ¿Quieres decir beber su sangre? —impresionada la reina Serena.

—Justamente eso, se alimenta y a la vez nos quita de encima un gran lio. —responde como si nada Rei Lancelot.

—Ya pueden salir. —se escucha la voz de la reina de Uppsala arriba, así que todos suben las escaleras de las mazmorras, saliendo al fin al pasillo lateral del palacio, donde pueden verse en el suelo, de espaldas, a cuatro soldados del ejército oscuro incoscientes y con heridas de colmillos en sus cuellos.

—Están...están... —balbucea la reina impresionda.

—No lo están, únicamente debilitados, jamás asesinaría, no soy como Galathine. —responde la reina de Uppsala.

—Vamos, Serena, no te detengas. —la jala del brazo Rei Lancelot, hasta que todos salen de los subterráneos a un amplio patio con estatuas de guerreros y fuentes congeladas.

—Aquí nos separamos, cada grupo sabe su misión, háganla lo más de prisa posible. —indica con voz de mando la guerrera de Benwick y todos asienten. —Por Albión y por la Reina. —dice ella el lema de todo el ejército de Camelot, poniendo su mano en el pecho, y tanto la familia real de Gawain como Sváva, Phobos y Deimos, repiten la consigna.

—¡Por Albión y por la Reina! —dicen todos, incluidos los pequeños príncipes, que parecen emocionados y felices de ir con su hermana, y más de recibir de manos de las gemelas órnico unos cuchillos de combate de Bewnwick que ajustan en sus cintos. Serena posa su mano en el hombro de su amiga antes de alejarse con Lady Skadi.

—Rei, estaré bien, no te preocupes por mí. —sonríe la reina.

—Sé que lo estarás, eres inteligente, valiente y tienes el poder de la diosa de tu lado, además vas protegida por alguien mucho mejor y más fuerte que yo. —afirma la heredera de Benwcik.

—Dime algo… ¿A quién le prometiste que me cuidarías personalmente? —inquiere la joven soberana.

—Es mi deber como tu amiga y capitana, Serena. —evade ella.

—Eso lo sé, pero dijiste que le prometiste a alguien con tu palabra de honor cuidarme en persona, aún a costa de tu vida… ¿A quién? ¿A Luna? ¿A tu padre?

—No, a Lord Le Fay. Sabes bien que tenía mucho temor de que vinieras a esta misión y para calmarlo le di mi promesa de que siempre te cuidaría en persona, creo que no lo cumpliré del todo, pero si me guardas el secreto y no se lo dices, estamos a mano. —despeina un poco Rei Lancelot el cabello ahora plateado de su amiga. Ella rola los ojos.

—Tú y Ante me sobreprotegen a veces ¿Sabes?...puedo cuidarme sola, y te juro que no haré nada tonto, me ceñiré al plan porque muchas vidas dependen de mí. —asegura con sabiduría Serena.

—Así habla la reina a la que sirvo con mi vida. Estoy muy orgullosa de ti, Sere, así que ve a esa torre y acaba con ese medallón. Vamos a ganar, lo sé. —asegura Rei Lancelot.

—Ganaremos, cuídate también y no te arriesgues a lo tonto por abrir las puertas. —sugiere Serena, y ambas estrechan sus manos.

—Es la primera vez que me das un consejo tu a mí, ¿te das cuenta que ya eres toda una líder responsable? —dice entre broma y en serio la guerrera de ojos amatista.

—Su alteza, hora de irnos. —interrumpe Skadi Gawain, Serena asiente y suelta la mano de su amiga.

—Lista para irnos, Lady Gawain. —afirma y se aleja corriendo a su lado, en dirección a la alta torre del vigía, mientras los demás también se dispersan a cumplir sus consignas, a lo lejos, Serena escucha el clamor inequívoco de la batalla y los rugidos feroces de los monstruos oscuros, y su corazón se encoge pensando en la suerte y destino de todos esos valerosos soldados que con fe en ella la siguieron hasta el inhóspito paraje de hielo y ahora también por ella estaban sacrificando sus vidas, y su mano se crispa en el puño de Excálibur, comprendiendo mejor que nunca que todo su pueblo dependía de sus buenas decisiones, mientras corría por el patio de las estatuas con las efigies de todos los duques de Gawain, levantó sus ojos arriba y vio el destello morado que salía de lo alto de la torre, ahí estaba Lady Erzebeth Galathine, y ese enorme poder oscuro era el del medallón que ella iba a destruir. Todos sus súbditos habían gritado con valor la consigna "Por Albión y por la Reina" y ahora, ella diría otra para darse valor a sí misma: "Por Albión y por mi gente"…

NOTAS FINALES: No muy a tiempo, pero al menos a un mes de distancia estoy actualizando, gracias a todos los que aún tienen fe en esta historia y en la escritora que se abre paso en medio de mil tareas del posgrado para entrar a este mundo de fantasía y batallas.

Espero vaya avanzando acertadamente todo y que la situación de Lady Skadi haya sido entendible, Serena Pendragon va aprendiendo como y en qué circunstancias funcionan las dos reliquias de su familia: con el peligro la espada de su padre, con el deseo de ayudar a otros el cristal de su madre, y aunque recién descubre sus posibilidades ya está en camino de ser la valiente reina que esperan de ella. Por cierto, la familia de Gawain en las leyendas artúricas sí es de la estirpe real y familia de Arturo, nada está sacado de la manga, únicamente sabiamente mezclado con el universo Sailor Moon y espero esa mezcla siga siendo equilibrada.

De nuevo gracias a quienes se asoman a mi imaginación y ya tengo el propósito de actualizar así sea cada mes, viene ahora si la secuencia de las dos batallas simultáneas decisivas para la consolidación del reino, nos vemos en el siguiente =)

"Cuanto más complicado, mejor, cuanto más imposible, más bello".

EBOLI.