Buen Día!
Gracias por leer y por sus mensajes.
Los personajes de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer.
Edward
La quietud reinaba en el ambiente a medida que todos se quedaron dormidos. Por mi parte no había querido dormir, sentía que si lo hacía seria victima de algo más grande que yo mismo, algo que ni siquiera mis sueños podían llegar a controlar.
Mire a la mujer tendida en la cama, tan indemne e inconsciente de lo que pasaba a su alrededor, ofreciéndonos también inconsistentemente esa protección que ahora estaba desfalleciendo lentamente.
Lo podía sentir, en todos, no podía hacer nada por nosotros porque todos habíamos comenzado a morir lentamente, Alice especialmente.
Su cuerpo parecía haber sido víctima de un lapidamento funesto y ahora respiraba agitadamente en su cama, al cuidado ferviente, pero nada efectivo de Jasper.
¿En donde estaba ahora nuestra salvación?, tal vez muriendo en su tiempo porque no había llegado a nosotros, Alice no resistiría otra noche y solo era cuestión de tiempo para que alguno de nosotros cayera siguiéndola.
Las dudas, esas que había intentado apartar de mí en tiempo retornaban en toda su magnitud cada vez que me permitía pensar en ellas.
Parecía que eran como fantasmas, viejos recriminatorios que se apoderaban de mí sin opción de hacer nada, como algo oscuro e insoslayable que no me permitía hacer nada más que sentirlos.
Fui a ver a Alice otra vez, inclinándome sobre su cama y tomando la mano que ella débilmente me ofrecía. La mire por largo rato también mientras esos miles de pensamientos vagaban por mi mente.
Deje la mano de Alice que me miro compasivamente, como si intentara hacerme entender que no tenía miedo de morir en cualquier momento, ella confiaba en que las cosas terminarían pronto, confiaba en que Bella nos salvaría, quise muchas veces que me contagiara su entusiasmo y su fe. Podía ver, por la mirada de Jasper antes de quedarse dormido en su regazo, que la confianza de él también estaba comenzando a minar al ver el estado deplorable en que se encontraba Alice, todos estábamos comenzando a enfermarnos y las heridas de todos comenzaban a aparecer con mayor frecuencia y más dolorosas que nunca. Sabía que Jasper tenía muchos deseos de acudir al cuerpo inerte de Bella y sacudirla hasta que despertara o que algo la hiciera reaccionar y nos dijera de una vez lo que iba a pasar con todos los miembros de la familia.
Me levante totalmente ignorando la mirada de interrogación de Alice, ella debía saber que me pasaba, pero no quería decir nada, total seguramente ni fuerzas le quedaban para asimilar todo lo que estaba por suceder.
Habíamos fallado, finalmente podía verlo ahora, de nada había servido tener esperanzas cuando todo se estaba reduciendo a la historia que se repitió durante cientos de años, la historia de vida y muerte de la familia Cullen.
Quise salir, correr, el encierro también estaba aportando a que todos nos portáramos de esa manera tan irascible, llevábamos así meses, y aunque unos atrás me había prometido no dudar de mi hermosa esposa, ahora ya no había nada que hacer, el pesimismo se fundía con la realidad para dar paso a lo que el destino tenía planeado con nosotros. Ya no renaceríamos en la esperanza de salvación, seriamos los últimos Cullen en unirnos a las filas de familias condenadas a través de los tiempos.
Me eche de cualquier manera en uno de los sillones y frote mis sienes intentando aliviar la tensión. Pero nada de lo que hacía podía ayudarme, nada podía hacerme sentir bien de ninguna manera.
Me levante por sí solo y subí las escaleras lentamente hacia la habitación de Bella. La contemple desde el marco de la puerta, oscura la habitación, clara ella y su pijama, quieto su cuerpo, casi como un cadáver sin luz.
No supe por cuánto tiempo me quede ahí, mirándola, llamándola en silencio con mi mente, esperando que despertara repentinamente sonriendo, diciéndome que había encontrado la manera de salvarnos, de proteger nuestras vidas.
Escuche un ruido detrás de mí, y cuando me di la vuelta vi que Jacob estaba saliendo del baño, apretaba contra su boca una de las toallas blancas que Esme se empeñaba en tener a la orden en el baño, se agarraba el flanco con fuerza y tosía de manera alarmante, corrí hacia el antes de que se cayera al suelo y su cabeza chocara contra el marco de la escalera.
-¡Jacob! – lo llame alarmado intentando que se diera la vuelta, soltó la toalla de una mano que estaba lacerada y la toalla misma estaba cubierta de sangre. Jacob se sacudía con fuerza como si una fuerza invisible lo estuviera golpeando. A lo lejos, en la habitación de Ben escuche los mismos gruñidos y supe que le estaba pasando lo mismo. - ¡Carlisle! – sabía que estaba agotado y que intentaba descansar lo más que los dolores lo dejaban pero la situación se estaba descontrolando con demasiada prisa.
Escuche los pasos de Carlisle detrás de mí al mismo tiempo que un gemido ahogado salía detrás de él.
Se trataba de Ángela que estaba mirando la manera en la que convulsionaba Jacob sin ninguna manera de poder ayudarlo.
Carlisle lo examino como pudo, con la preocupación acerada en su rostro. Templando fuerzas lo pudo detener el tiempo suficiente para palpar su pulso y revisar su sangrienta garganta.
Cuando Jacob se quedo quieto la casa comenzó a vibrar de una manera peligrosa. Los que estábamos presentes nos miramos el tiempo suficiente antes de que las paredes comenzaran a despedazarse de una manera rápida y estrepitosa. Carlisle me miro después de ver el resto de la casa que estaba comenzando a removerse como si estuviera presa de un terremoto.
- Esta muerto – dijo señalando a Jacob, Ángela grito detrás de mí cuando comprendimos que la hora había llegado, en los siguientes minutos seriamos testigos de la muerte de cada uno de ellos.
Deje a Jacob en el piso y corrí hacia la habitación de Bella pero había dado dos pasos hacia ella cuando la casa volvió a sacudirse con fuerza y la puerta de la habitación se cerró sola y de un golpe fuerte.
- ¡No! ¡No! – grite cuando pude estabilizarme y corrí a aporrear la puerta, cerré mi mano en torno a la chapa pero estaba tan caliente que tuve que retirarla enseguida. Finalmente ocurría lo que mis dudas habían presentido terriblemente mal.
Me di la vuelta maldiciéndola, maldiciendome y corrí a la habitación de cada uno de ellos. Gritando que debían salir, no se me ocurría que mas podía hacer, no podía decirles la manera de intentar salvarles por que las heridas aparecian de la nada, involuntariamente y ellos no podían hacer nada.
Baje corriendo la escalera escuchando el nombre de todos llamándome desesperados. Puse mi mano en el conjunto de candado que Carlisle había puesto en la casa y el acceso restringido a esta desapareció para dar paso al camino de la arboleda de hiedra hacia la salida.
Me di la vuelta para mirarlos mientras otro temblor fuerte recorría la casa destruyéndolo todo en ella.
Rosalíe corrió hacia la salida y estaba a punto de alcanzarla cuando fue expelida nuevamente hacia la casa por una fuerza invisible.
Una risa sonora, maligna se dejo escuchar, comprendí que el también estaba ahí, o por lo menos lo que había quedado de él a través de los años, supuse que su alma había vivido todo este tiempo en la esperanza de lograr apoderarse del poder y cuando lo tuviera utilizarlo para hacerse un cuerpo o algo similar, Vlad, aquel ser que había maldecido a la familia.
Estaba ahí, dispuesto a todo.
Mire hacia las escaleras y hacia el pasillo de las habitaciones. La de Bella continuaba cerrada.
Nuevamente la casa se sacudió solo que esta vez continuo haciéndolo sin control, todos caíamos, intentando resguardarnos de todos los escombros de la casa que se derrumbaba sobre nosotros.
Las mujeres gritaban, cada una de ellas estaba con su pareja, con su consorte del destino, pude ver la figura encorvada de Ángela cerniéndose sobre el cadáver de Jacob, protegiéndolo de la devastación que se estaba comenzando a formar. Era un cuadro terrible.
Rogué a miles de deidades por que todo se detuviera, porque nada fuera como la masacre que se había repetido a través de los años, pero nada daba resultado.
Nada.
Mire hacia la puerta de hiedra nuevamente y salí corriendo por ella y para sorpresa y maldición para mí no me detuvo para nada. Corrí hasta que el aire de la noche me devolvió el viento que hacia al correr.
Grite al maldito cielo esperando que algo se liberara, que algo pasara en ese momento que salvar a mis seres queridos, ni siquiera gritaba salvación por mí, por Bella, sino por ellos, nadie merecía morir en la manera en que ellos lo estaban haciendo.
Escuchaba todavía los gritos de las mujeres amortiguados por los sonidos de la casa destruyéndose, caí de rodillas y me cogí la cabeza con desesperación. Era suficiente.
- Edward…- murmuro una voz detrás de mí. Creí que estaba soñando, creía que todo se había reducido al momento en que esa voz que creía conocer pronunciara mi nombre de la manera suplicante en que lo había hecho.
Sin darme la vuelta me puse de pie, mire hacia el cielo nuevamente el cual a pesar de ser de noche parecía adivinarse oscuro, como si una nube de polvo y atrocidades estuviera cubriéndolo. Finalmente me di la vuelta controlando el impulso de pensar que finalmente había muerto y estaba alucinando.
Y ahí estaba ella, ensangrentada, rota, con dos dagas en la mano y mirándome con lagrimas en los ojos.
- Tienes que hacerlo -dijo levantando su mano en la que llevaba las dagas y mirándome suplicante.
No, eso no.
Había tenido visiones de ese momento, en que cientos de años atrás había previsto un escenario igual a este en el que ella me miraba de la misma manera mientras la horda de los de la inquisición asesinaban a Jacob y a Ben quienes habían intentado retrasar el momento de la muerte de todos.
- de nada va a servir, Bella – aun no podía creer que después de estar deseando meses atrás que ella estuviera así, frente a mí, para poder decirle cuanto la amaba, las únicas palabras que salieran de mi boca fueran esas.
-Confía en mí – pidió ella llorosamente, izando las dagas una vez más hacia mí.
No lo hacia
¿Por qué me era tan difícil? ¿Acaso no la amaba lo suficiente? ¿Acaso no creía tener claridad respecto a mis sentimientos hacia ella?
La oscuridad volvió a envolverme nuevamente, justo como aquella mañana funesta, casi podía comenzar a oír los gritos de la gente alrededor de nosotros.
Bella cerró los ojos con fuerza y dos lágrimas se deslizaron lentamente de sus ojos hacia el resto de su cara, cuyo ceño se apretó como si estuviera concentrándose.
Quise acercarme, pero la oscuridad me hizo permanecer en mi sitio mientras asistía indemne a nuestra propia muerte una vez más.
- Lo siento mucho – dijo ella abriendo los ojos, que brillaban de una manera casi anormal.
Levanto la mano que contenía las dagas y cuando las miro una de ellas salió disparada a una velocidad alarmante y se clavo en mi pecho inyectándome de tal dolor que grite sin poder controlarme. Era un dolor que no venía de la herida, era un dolor que salía desde lo más profundo de mi ser y alma, un dolor mas allá del físico, un dolor espiritual.
Bella me miraba fijamente, como si estuviera evaluando la situación.
- confía en mí – pidió la voz llorosa otra vez – confía en nuestro hijo.
Era un malnacido, me dije mientras asistía sin poder hacer nada a la muerte de Bella, mía y de mi hijo otra vez, ¿a que había venido a este mundo? La sangre manaba del vientre de Bella y dejaba traslucir la forma de su cuerpo manchando sus piernas, sus pies, y el pasto donde estábamos parados.
- por favor, Edward – dijo ella una vez más.
Un calor desconocido comenzó a manar de mi herida, hacia afuera, como si algo estuviera siendo expulsado de mí en ese momento.
- Te he amado en el pasado. Te amo en el presente. Quiero pasar el resto de mi vida amándote, quiero pasar la eternidad después de la muerte amándote. – murmuro ella mientras levantaba hacia mí la daga que yo debía clavar en su corazón.
Cientos de años antes había clavado esa daga con la firme intención de matarla y no con la intención de salvar la vida de mi familia. Mis intenciones habían sido opacadas por la firme presencia de Vlad dentro de mí, al cual deje entrar sin consideración dudando del poder de la primera mujer, de Amelia, aquella que tenía en sus manos la posibilidad de salvarnos.
Camine hacia ella mientras luchaba internamente con la fuerza que quería tirar de mí hacia atrás.
"No lo hagas, fallara, lo sabes bien, lo hizo en el pasado, seis veces para ser exactos, ¿por qué crees que ahora si va a funcionar?" susurraba esa voz malévola dentro de mí.
Levante la mano y la daga, como por voluntad propia voló hacia mí para quedar en su empuñadura ajustada por mi mano, y la punta afilada en dirección hacia ella.
Bella me miro en silencio, como si intentara leer en mí la batalla de voluntades que se estaba llevando a cabo en mi interior.
- confío en ti – dijo un momento antes de que su mirada se moviera hacia mi mano y esta, como si estuviera siendo impulsada por una fuerza invisible, se abalanzara sobre ella hasta clavar hasta la misma empuñadura la daga, justo en su corazón.
Retrocedí horrorizado cuando pensé que había sido la fuerza oscura de Vlad la que me había impulsado a actuar así, dañándola una vez más, haciéndome el culpable real de la desgracia.
Recordé ese momento años antes, cuando dominado por la fuerza de Vlad la había asesinado sin contemplaciones, estas eran mis dudas, finamente había sucumbido a ellas.
L tierra comenzó a estremecerse bajo nosotros, intente alcanzarla pero ella dio un paso hacia atrás sonriendo tristemente.
¿Que había hecho?
Una grieta enorme se abrió el piso, una grita que brillaba como si debajo de ella hubiera una luz de flashes blancos.
Bella dio dos pasos más hacia atrás y diciéndome adiós con la mano se lanzo hacia la grieta al mismo tiempo que esta brillaba mas y mas y de ella comenzaban a salir figuras de color blanco perlado, como fantasmas de la noche que salieron disparados como balas hacia el cielo, que en ese momento ya no estaba opaco por la negrura sino que brillaba inmensamente como si estuviera con las puertas abiertas recibiendo a lo que sea que salía de la tierra en su dirección.
El dolor en mi pecho dejo de pulsar, mire hacia mí mismo y me di cuenta de que la daga había desaparecido. La daga que Bella había clavado en mi corazón había desaparecido en el momento en que ella desapareció.
Cuando una de las figuras miro directamente hacia mis ojos me di cuenta de que era Alice, o varias de ellas según pude hallarle formas. Eran ellos. Los Cullen de las generaciones anteriores. Estaban entrando al cielo. Tal como estaba prometido.
Caí de rodillas ante la magnitud de lo que estaba ocurriendo a mí alrededor. Rece por cada uno de ellos, por que encontraran la paz tan anhelada en el cielo después de años y años de permanecer en el limbo del olvido.
Cuando termino la grieta se cerró como por arte de magia y comprendí que todo había terminado.
Me puse de pie y corrí hacia la casa intentando abrirme paso por la cantidad de escombros que habían caído en el paso de la puerta de hiedra.
Toses, se oían toses y voces pidiendo ayuda.
Me abrí paso más fácil de lo que mostraban esos mismos escombros y llegue a la primera persona, alojada bajo la mesa de él recibido de la casa, bien protegida.
Era Esme.
La ayude a salir debajo de la mesa y la abrace con fuerza desmedida, demasiado feliz de volver a verla.
- Mama…- murmure contra su cabello perdiéndome en su olor materno, ese que me había permitido vivir después de que mis verdaderos padres desaparecieran de mi vida.
-Oh hijo, gracias a los cielos que estás vivo – me decía ella llorando contra mi pecho mientras se daba cuenta, era consciente de que aun estaba viva. – donde…- pudo decir entre hipidos – ¿donde están los demás?
Con la ayuda de ella comenzamos a encontrar a los demás miembros de la familia que habían caído intentando protegerse del desastre de la casa viniéndose abajo.
Todos, sin excepción, estaban vivos. Jacob estaba vivo, con la cabeza en el regazo de Ángela que no se había separado de él en ningún momento y sin ningún tipo de protección, aun así no habían sido víctimas de ningún tipo de escombro.
Ella lo había logrado.
Había liberado la maldición.
Subí las escaleras mientras todos me contemplaban en silencio. Sabían a donde me dirigía, pues había hecho ese camino más veces de las que podía contar. La puerta estaba semiabierta. La puerta de esa habitación en donde había transcurrido toda la desesperación de mi alma.
No merecía estar vivo, no después de lo que había hecho. En su propia cara, frente a ella y a mi propio hijo había desdeñado sus poderes, había dudado de sus capacidades, la había condenado a morir mientras nosotros seguíamos vivos. Mi familia, mi querida familia vivía, pero ella, ella se había ido. Se había ido con ellos.
Abrí la puerta totalmente.
La cama estaba vacía. No había sido una alucinación después de todo, ni su espíritu, había sido la Bella real, que había despertado de su letargo para venir a salvarnos.
Las sabanas estaban impregnadas de sangre, pero no era olor a sangre lo que impregnaba la habitación, era olor a rosas… a rosas negras.
Di los pasos que me hacían falta para llegar a la cama. Me arrodille ante ella, como si Bella aun se encontrara acostada ahí.
Y llore, llore por lo que había hecho. Llore por el destino que me esperaba sin ella. Llore porque al final de todo y de nada a la vez, había descubierto que aun con mis dudas, me había enamorado de ella. No porque hubiera finalmente salvado a mi familia ni a mí, no porque me hubiera dado su cuerpo ni su alma, llore porque comprendí por fin las palabras que ella me dijo antes de obligarme a apuñalarla.
Ella me había amado. Y nunca supe como corresponderle.
Baje corriendo las escaleras y salí de la casa para gritar a mi antojo, pero me quede de piedra cuando vi a Bella en el suelo de pasto inmóvil…si…muerta
Di unos pasos vacilantes hacia su forma inerte pensando que este seguía siendo mi castigo….
No me sentí capaz de acercarme más que unos metros, su vientre no estaba hinchado ni su camisón tenía sangre pero ella estaba indudablemente muerta, su pecho no se movía…no hacía nada.
Y ya no había bebe en sus entrañas…nada que pudiera recordármela mas allá de mis propios recuerdos borrosos.
Sentí una mano en mi hombro pero aunque no moví mi hombro para quitarla la ignore completamente, concentrado solamente en el descubrimiento real de mis sentimientos, porque si antes había "creído" que la amaba, ahora me daba cuenta que era cierto, y había mucho más.
Pero ahora, aunque todos se habían salvado, mi sentido egoísta me decía realistamente que este era el precio a pagar, vivir, estar vivo, pero sin ella a mi lado.
La mano se fue de mi hombro y los pasos de los demás también se desvanecieron en el sonido de la noche, seguido solamente por los otros sonidos que hacían todos ellos al intentar levantar algo del desorden y la destrucción en que se había convertido nuestra vivienda, alejados de este encuentro.
- lo siento, Bella – dije para mi mismo mientras volvía a rezar, esta vez para que donde fuera que se encontrara ella, tuviera la paz que le fue negada en esta ultima vida que le toco vivir, huérfana, con sufrimientos, y con mi desprecio.
Me quede de pie mirándola hasta que Carlisle se acerco detrás de mí y susurro a los demás que era hora de levantarla de ahí…por que había que darle cristiana sepultura.
Bella
Aparte mi camisón hacia mis piernas y comencé a bajar las escaleras mientras la casa a mi alrededor parecía caerse a pedazos. Algo la estaba atacando y podía darme una idea clara de quien lo estaba haciendo.
Pise escombros y corte mis pies pero lo que tenía en mis manos y lo que debía hacer era más importante que cualquier dolor que pudiera llegar a sentir.
En diferentes partes de la casa había un miembro de la familia, caído, muerto. Lo podía sentir en todos los poros de mi piel, si no me daba prisa ellos no podrían volver a la vida. Busque a Edward entre ellos esperando encontrarlo pero no estaba ahí, no estaba presente. Comencé a desesperarme hasta que la voz del niño dentro de mi grito.
"Esta afuera"
Corrí hacia la salida ignorando el dolor que me dio al pasar casi por encima de Carlisle que estaba tendido en el suelo, inmóvil, como una marioneta, un juguete sin vida.
Salí a la oscuridad de la noche intentado enfocar la figura de Edward.
Lo busque ávidamente y finalmente lo encontré, un poco lejos de la disposición de la casa, arrodillado, desesperado, rogando por su familia, y mirando hacia el cielo que había sido cubierto por la misma oscuridad que había anulado el conjuro de Amelia.
Sentí el miedo florecer, pero intente no dejarme vencer por él, había cosas mucho más importantes que yo, personas más importantes que yo.
La hierba amortiguo mis pasos mientras me acercaba a él, intente hacer retroceder la emoción que me dio volver a verlo, en el plano real, en el mío, luche contra el deseo de lanzarme sobre él y besarlo y abrazarlo y de rogarle que me amara un poco.
Pero tampoco había tiempo para eso.
Me acerque lo suficiente para poder controlar sus movimientos en caso de que Vlad consiguiera hacerlo rehusarse a completar el conjuro...
- Edward…- murmure su nombre esperando no tener que repetirlo debido al dolor que me dio hacerlo
El permaneció quieto por unos momentos, luego se puso de pie sin darse la vuelta como si no quisiera verme, volví a censurar pensamientos negativos, Vlad podía apoderarse del menor de ellos y usarlo en su provecho.
Luego lentamente se dio la vuelta, intente inmunizar mi corazón ante esa emoción de volver a verlo, tal como lo había descrito antes. Aferre con fuerza las dagas en mi mano al ser consciente de que Vlad ya estaba apoderándose de él. Tal como esa vez.
El también parecía estar recordando algo por que en el momento en que lo mire el miro hacia mi mano dolorosamente.
- tienes que hacerlo - icé mi mano en dirección a él para que terminara de entender que era lo que quería que hiciera con esa daga, cual era la parte del conjuro que quería que él llevara a cabo.
Pude ver que no confiaba en mí, lo leí en sus ojos, el poder que tenia dentro de mi también podía notarlo, incluso en el olor a duda que el despedía. Comencé a sentir que una fuerza invisible me atacaba punzantemente, hice un esfuerzo mental y esa misma mente mía comenzó a luchar siniestramente contra esa fuerza que intentaba hacerme retroceder. Me dolía como lo hacía, las lágrimas se agolparon en mis ojos.
- de nada va a servir, Bella – dijo Edward después de tenerme unos segundos más con la mano que sostenía las dagas extendida hacia él. Si, lo había perdido, aun podía sentir la esencia de Edward en el pero estaba siendo dominado, rápidamente. O tal vez se tratara de que realmente no me amaba lo suficiente, o no amo a mis antepasadas lo suficiente para poner ese amor en este acto de salvación. No, deja de pensar eso, no haces más que empeorarlo todo, puede que él no crea, pero tú tienes lo suficiente para creer para los dos. Sentí ese acceso inesperado de autoestima y me envalentone solo un poco más.
-Confía en mí – dije mientras la punzada me atacaba con mas fiereza intentando hallar la grieta que le diera acceso a mi mente, pero encontrando fácilmente la de Edward. Le ofrecí las dagas una vez más al tiempo que sentía en los costados de mi mente nuevos ataques.
Me estaba costando trabajo respirar pero hice el esfuerzo de parecer normal y a cambio de ello cerré los ojos para evitar que la debilidad de Edward me atacara al mismo tiempo. Pero aun podía sentirlo, aun podía verlo así siguiera con los ojos cerrados.
En ese momento me ataco la convicción de que debía disculparme con él, por haber llegado tarde, porque tal vez este conjuro no funcionara, por no haber sido lo suficiente para que el me amara, por tantas cosas. Intente que el ataque retrocediera pero estaba comenzando a hallar todas las fisuras que mis últimos pensamientos acababan de hacer a mi mente, me estaba debilitando. Nos estábamos debilitando.
"Ayúdame" rogué al poder, sentía que no podía más, me estaba invadiendo y no la quería dentro de mí. Después de todo había sido la débil que todos creían.
"Tendrás que sacrificarte" murmuro tristemente el poder dentro de mí.
"No me importa" Dije impulsiva, pero verdaderamente "tengo que hacer algo, o todos ellos morirán"
El poder se hizo con el control de mi cuerpo en ese momento, deje de ser una actriz principal para convertirme en una observadora pasiva, tal como había pasado con mi regresión al pasado.
- Lo siento mucho – fue la última frase que pude pronunciar antes de que el poder comenzar a influir en mi cuerpo.
"entra nel tuo corpo, salvare la propria anima"
Escuche el murmullo en mi cabeza al mismo tiempo que el poder levantaba la mano del cuerpo y dirigía la daga rápidamente para ser enclavada en el pecho de Edward. Quise retroceder ante la horrorosa visión que acaba de presenciar, como si esa daga lo hubiera matado.
El grito unos momentos después, presa, tal vez, de un dolor horrible.
"Lo siento, mi amor" dije para mí al mismo tiempo que el poder retrocedía, sin saber realmente porque.
- confía en mí – intente decirle con mi mirada y me sorprendí que aun conservara el mando de mi propia voz – confía en nuestro hijo.
El poder regreso cuando pronuncie esa última palabra, como si llamar a mi hijo lo hubiera activado.
Tarde, muy tarde comprendí que el poder oculto, el poder se había alojado en el alma del hijo que Edward y yo habíamos engendrado, y que cuando me decía que me sacrificara quería decir que sacrificara mi vida y la de él para salvar a Edward y a su familia de vivir en el limbo.
Sentí la sangre cálida y húmeda salir de mi vientre al mismo tiempo que un dolor insoportable rasgaba mi Columba vertebral en dos.
- por favor, Edward – rogué para mí y nuevamente la voz la controle yo. Sentí que el poder invadía mi mente y me obligaba a pronunciar las palabras que decía en ese momento y que, sin saber porque, me llenaron de tristeza de lo ciertas que eran - Te he amado en el pasado. Te amo en el presente. Quiero pasar el resto de mi vida amándote, quiero pasar la eternidad después de la muerte amándote. – mi voz se oía más débil, yo me sentía más débil.
Edward comenzó a caminar lentamente hacia mí, la contorsión de su rostro también hablaba de la lucha que se estaba librando dentro de él.
"El es quien debe sacar a Vlad de sí el tiempo suficiente para que hagamos lo que debemos hacer".
El poder intervino contra la voluntad de Vlad haciendo que Edward recibiera la daga en su mano en ese momento, lista ella para ser clavada dentro de mí.
- confío en ti – dije separándome finalmente del cuerpo en el momento en que el poder considero que la mirada de Edward había estado teñida de la suficiente claridad para manipularlo y que cerrara el rito clavándome la daga en el corazón.
"te pido, destino, que concedas mi deseo. Quiero que todos los Cullen, incluidas las generaciones anteriores y las siguientes hasta el fin de los días, se vean liberadas del yugo de la maldición antigua y encuentren la paz en el cielo cuando sea su verdadero tiempo de morir"
Ese era el deseo que debía pedirle a la daga, el deseo que se pidió durante generaciones y que solo en este momento, conmigo, se podía hacer realidad. Me despedí de mi vida y volé alejándome de todo, de todos.
Mi cuerpo se había quedado en el presente pero yo, mi propia alma parecía haberse quedado vagando, ¿finalmente la que se iba a quedar en el limbo era yo?
Esperaba que encontraran la paz tan anhelada en el cielo después de años y años de permanecer en el limbo del olvido.
Me elevaba y seguía elevándome de manera casi irreal. Cerré los ojos y respire por fin la propia paz.
