Hola! Traemos nueva actu del fic después de estas semanas que pasaron, aprovechando estos días libres para publicar la continuación de la historia. No hay mucho que decir esta vez, tenemos poco tiempo libre, pero buscamos hacer un espacio para escribir el fic, así que las actualizaciones serán un poco tardadas, por otra parte, este capitulo en especifico ha salido muy largo, y se podría decir que este capitulo es el comienzo de un nuevo arco en la historia, habrá personajes nuevos, y yo personalmente me encuentro muy feliz por uno en especifico, aunque Marie no tanto, seguro en el transcurso de este capitulo y el que sigue, sabrán a quien me refiero y el porque jajaja. En fin, les dejamos la actualización, esperemos les guste!
Capítulo 22: Posesivo corazón.
– Sabes, Kibou, quizás debiste haber sido encontrado por otras personas. – Le dije con un irónico tono en la voz a nuestro cachorro, quien a regañadientes los policías habían aceptado traer consigo en el auto.
Él sólo podía lloriquear y asomar su pequeña nariz por las rendijas de su jaula. Inclusive Kibou se estaba adaptando a la situación…
– No te preocupes, la comida de la cárcel es casi igual de buena que tus croquetas… Creo… – Intenté subirle el ánimo.
Cosa que obtuvo la respuesta contraría, puesto que Kibou pareció entender mis palabras, lo que ocasionó que comenzará a aullar en un vehemente y desgarrador lamento. Cierto… Olvidaba que los Huskys ladraban, pero mayormente aullaban.
– ¿Podrían callar a ese perro? – Uno de los policías exclamó, notoriamente fastidiado por los llantos de Kibou.
– Inclusive quieren quitarnos nuestro derecho a la libre expresión. Dan muy mala imagen, ¿Saben? – Reproché.
– Usted. – Uno de ellos se dirigió a Sensei, quien se mantenía en completo silencio. – Si no los calla les vamos a imponer cargos por desobediencia a la ley. – Indicó con seriedad. Al parecer nuestro amigo era bastante temperamental.
– No pueden hacer algo como eso. Ustedes son los que se aprovechan de su posición, y además en el artículo número… –
– Ishi… –
Mi voz se quedó atascada en medio de mi garganta, pues unos atrevidos labios se encontraron con los míos, drenando la fuerza de mi cuerpo y las ordenes de mi cerebro para así dejarme por completo a la merced de ese sorpresivo beso que no satisfecho con dejarme en tal estado tan deprimente, introdujo su lengua en mi boca, probando cada espacio de esta, y acallando a las palabras que ni aún deseándolo podrían ya ser profesadas. Sólo entonces, cuando seguro estaba de haber suavizado el filo de mi lengua, se separó de mí, no sin antes dejar marcados mis labios al morderlos sin vergüenza alguna.
– ¿Así está mejor? – Preguntó con una sonrisa.
Todos dentro del auto habían quedado atónitos por semejante escena que sus ojos habían presenciado, inclusive el conductor no perdió detalle al haber puesto su mira en el espejo retrovisor. Yo por mi parte me encontraba debatiéndome sobre qué emoción tendría el poder sobre mí, si la sorpresa de la osada acción de Sensei, o la vergüenza de haber sido visto por todos.
Me decidí mejor por mantenerme callado en todo lo que restaba del camino. Inclusive Kibou se había calmado y ahora solamente nos miraba desde su jaula. Ahí acostado, daba la impresión de que se había resignado a ser un prisionero.
Llevé mis pensamientos a un lugar alejado del panorama. Debía ser lo más apegado a la realidad, ya que los dos éramos inocentes. No teníamos porque temer, pruebas tampoco había que nos inculparan, el arresto había sido ocasionado por meras teorías. Lo más normal en estos casos era que interrogaran a las personas allegadas a la víctima, tal era el caso de Sensei quien fue su prometido, pero yo… Yo estaba anexado a este caso gracias a otro asesinato perpetrado de semejante manera. Y aunque en ninguno de ellos había participado realmente, lo cierto es que estaba seguro que ambos mantenían cierta relación conmigo que me unían en esa trampa mortal en la que no debía de caer.
Alguien estaba jugando sus cartas, oculto de mis conocimientos, escondido entre las sombras e ideando un plan para atraparme entre 4 paredes de las cuales no podría escapar hasta decir la verdad. Ese era el deseo que alimentaba el poder en sus artimañas, la ambición por destruirme, y la sed… La sed insaciable de venganza que en nuestro mutuo pecado compartíamos por el otro. Pero me encontraba en desventaja, yo quien juraba no usar el engaño y el disfraz a mi favor, ahora me veía seducido por la tentación que me ofrecía, quien quizás era… Mi única salvación.
Llegamos a una de las delegaciones cercanas. Nos encaminaron sin decir palabra hasta la celda donde nos mantendrían hasta el interrogatorio. Estuvieron a punto de introducirnos en esta, pero…
– ¿Qué no teníamos el derecho a una llamada telefónica? – Pregunté, al mirar duramente a los ojos a uno de los policías, quien hacía una mueca muestra de su irritación, y a regañadientes me tomaba del hombro con la intención de llevarme al teléfono. – No, déjela a él. Yo no la necesito. –
El hombre bufó de molestia por haber exigido una llamada y ni siquiera tener el deseo de hacer una.
– Sensei, llame a Kirishima-San, dígale lo que ocurre, y pídale que cuide a Kibou mientras nosotros estamos aquí. Le llamaría yo, pero en realidad… – Desvié la mirada. Me encontraba apenado de que mi jefe supiese la situación en la que estaba su subordinado.
Él fue incapaz de responder, pues a la brevedad había sido arrastrado por el guardia hacía donde se encontraba el teléfono.
Sólo esperaba que esto no se complicara aún más.
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No puedo creer que en verdad estemos metidos en este lío. Además de que la actitud de Ishi no ayuda mucho… Es una suerte de que haya podido callarlo con aquel beso, sólo espero que funcione en las próximas horas.
– ¿Zen? Soy yo, necesito un favor. – Dije luego de macar su número.
– ¡¿Kyo?! ¿Eres tú? ¿Qué pasó? ¿Por qué de repente desapareces como si nada y ahora…? ¿Dónde estás? ¿Y Shizuku-Kun? –
No dejaba de hacer preguntas una tras otra. Es normal… Después de todo Ishi y yo estuvimos fuera por mucho tiempo.
– Sí… Soy yo… Bueno los detalles no puedo dártelos por ahora pero, Ishi está bien, está conmigo… ¿Podrías por favor venir a la comisaría? Verás… Mi cachorro no puede quedarse con los- –
– ¿Qué?, ¡¿Qué?! – Al parecer no lo tomó muy bien… – ¿Estás en Japón? ¡SERÁS IDIOTA! ¡Eres la primicia en todos los periódicos y regresas como si nada! ¡Y TIENES EL DESCARO DE METER A SHIZUKU-KUN EN TUS PROBLEMAS, GRANDISIMO IDIOTA! – Sí… Eso me dejará sordo por unos minutos…
– ¿Podrías calmarte por favor? – Suspiré con molestia. – Zen, necesito que vengas a la comisaría ya. Mi cachorro no puede quedarse aquí. A los policías les molesta por alguna razón. En fin, ¿Vendrás o no? –
– ¿Un cachorro? Estás de broma… ¡ESTÁS SIENDO SEVERAMENTE ACUSADO Y TE FUISTE A VACACIONAR QUIEN SABE DONDE, METIENDO A SHIZUKU-KUN EN TUS PROBLEMAS Y ENCIMA TE HACES DE UN CACHORRO! –
– Sí, sí, sí. Escucharé los regaños que quieras cuando vengas acá. Ahora por favor ven a esta dirección. – Le indiqué en dónde nos tenían y el número del lugar.
– No puedo creer lo que tiene que pasar Shizuku-Kun por tu culpa. De seguro lo arrestaron por haberlo visto a tu lado. Ni si quiera tienes sensatez. – Dijo bastante molesto. – ¿Tienes idea del caos que es la editorial debido a ti? Tú y tu estupidez de huir… Y luego lo que pasó con esa mujer. Los teléfonos no paran de sonar. Eres una maldita celebridad aquí y montas semejante show. –
Esperen… Ya lo dijo dos veces… Pero… ¿Sólo yo soy el buscado? ¿Ishi no está involucrado en nada?… Esto no pinta nada bien… ¿Alguien lo está encubriendo?
– Zen, basta ya. Se acabó el tiempo de mi llamada. Ven aquí y regáñame si quieres. Sólo necesito que estés un momento. Y no te alteres, Max se encargará de todo. – Suspiré resignado. – Vamos, que Ishi fue el de la idea. –
– Ishi, Ishi… ¿Qué demonios hiciste cuando lo arrastraste contigo? ¿Por qué ahora lo llamas por su nombre? – ¡Ups!
– Porque… Pasaron muchas cosas y él se abrió a mí. Nos hemos vuelto muy buenos amigos y colegas. Te juro por todo lo puro que aún me queda que no le he puesto un dedo encima. – Traté de convencerlo. – Además… Ya conoces a Ishi… Él no se prestaría para estas cosas, es más, si lo intentará me daría un gran golpe. ¿No crees? –
–…No sé porqué no te creo nada… Pero lo dejaré pasar por ahora. Iré en seguida… Y más te vale que Shizuku-Kun esté en una pieza y libre al instante. No me importa si te dan 20 años de cárcel, ese muchacho no tiene nada que ver con tus tonterías. – Me dijo severamente luego de colgar.
Vaya… Menos mal somos amigos…
Luego de terminar la llamada, inmediatamente me dirigieron a la celda en donde se encontraba Ishi.
– ¿Dónde pusieron a Kibou? – Pregunté puesto que no lo veía. – Llamé a Zen para que lo viniera a recoger, no creo que demore mucho. –
– Dijeron que lo tendrían en la recepción. Y que si no venían por él se lo llevarían a la perrera. – Dijo Ishi, con molestia en la voz y en su rostro. Estaba bastante enfurruñado con la situación.
– No te preocupes… No le pasará nada a Kibou. – Revolví su cabello y acaricié sus mejillas. – Y ahora… Supongo que nos llevarán a declarar. – Dije vagamente puesto que no me importaba en lo absoluto, lo que sí me preocupaba era…– Ishi… No vayas a decir nada, absolutamente nada hasta que vengan los abogados de Max. ¿Entendiste? – Dije preocupado.
Conociéndolo, dudo mucho que pueda mantenerse en silencio.
– ¿Abogados? – La confusión se posó en su rostro por segundos, para después cambiar por la indiferencia misma. – Yo no necesito de uno. Creo que olvida que me recibí de abogado en la universidad. Mire, inclusive tengo cedula profesional. – Me mostró la credencial que guardaba en su billetera. – Aunque nunca he ejercido… Debería saber que tuve bastantes propuestas para unirme a varios bufetes jurídicos. –
Y ahora parece que se está jactando de su capacidad… De la cual no dudo, pero…
– Voy a estar bien. Además estos tipos son unos estúpidos… Se tragaran cualquier cosa que les diga siempre y cuando tenga sentido. – Apuntó a decir.
– Es por esa misma razón que te pido que no digas nada. No dudo de tu capacidad pero, por favor no digas nada… Estoy seguro que estarás en lo correcto pero, también los llegarás a irritar. – Confesé lo que temía. – Espera a que vengan nuestros respectivos abogados, no quiero que te quedes aquí innecesariamente. – Suspiré llevándome las manos al rostro por el cansancio. – Por favor… No digas nada… Hazlo por mí… – Lo miré tratando de convencerlo. – Vamos Ishi… Pórtate bien… Si lo haces, te aseguro que mañana mismo saldremos de aquí juntos. Iremos a mi departamento a ver a Kibou y podremos descansar de lo que sucederá hoy. ¿Prefieres dormir en una celda que en mis brazos? – Acaricié sus mejillas y su cabello con una de mis manos, manteniéndola cerca de su rostro mientras peinaba con mis dedos su cabello.
– Kyo-San… – Me miró con calidez a los ojos, mientras acariciaba con suavidad mi mejilla. – Ninguno de nosotros va a dormir esta noche aquí… Se lo puedo asegurar. – Su sonrisa y su tono de voz representaba la total seguridad que tenía de la situación.
– Espero que no… Porque quiero comerte a besos… – Le dije con una sonrisa mientras besaba su mejilla.
En verdad espero que esto se solucione lo más pronto posible.
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– ¿Shizuku Ishi? – Me levanté de la cama al ser llamado por uno de los policías. – Será interrogado en este momento. – Abrió la celda e indicó que le siguiera.
La tranquilidad mecía los posibles miedos que luchaban por emerger de mi inseguridad y causar estragos en mi exterior, sin embargo quería el apoyo que ni el más cruel de los demonios podría arrebatarme con sus frías garras.
– Regresaré pronto, Sensei. – Le sonreí suavemente, y una de mis miradas buscó la calma que sólo su presencia era capaz de otorgarme.
El policía que me había llamado se estaba impacientando, y no tuve más remedio que seguirlo hasta la pequeña sala donde se llevaban a cabo los interrogatorios.
– ¿Y si me quita las esposas? – Pregunté al hombre que me miraba con duro gesto.
Él sin decir palabra me libró de ellas.
Miré frente a mí las dos figuras que pretendían infligir el miedo en mi interior, pero yo inclusive pensaba que… Lo disfrutaría. Y con aquel atrevido pensamiento me senté con toda serenidad en la silla frente a ellos.
– Soy el detective Uchimura y él mi compañero Yamamoto, ambos estamos a cargo del caso de asesinato de Fukuoka Naoko. – Se presentó uno de los detectives.
Para mi sorpresa ambos no tenían ni los 40 años de edad. Y aunque su expresión era de suma seriedad y dureza no eran capaces de esconder su juventud, ¿Será lo mismo con su experiencia? Eso estoy por verlo.
– Antes de iniciar el interrogatorio quisiera recordarle que tiene derecho a permanecer en silencio hasta que tenga un abogado. – Indicó su compañero, puesto que se dio cuenta que no contaba con alguno.
– Estoy bien. No necesito de un abogado. Puedo defenderme solo. – Contesté sin rastro alguno de dubitación.
– Sí, en el archivo dice que te graduaste en la universidad de Tokio en la facultad de derecho. – Uchimura-San dio un rápido vistazo en los documentos que tenía en sus manos.
Me pregunto qué tantas mentiras habrá llenando mi expediente…
– El mejor de mi generación, por cierto. – Dije sin una pizca de humildad presente. Sensei me estaba contagiando sus malas costumbres.
– Eres bastante inteligente por lo que puedo ver… Los tipos malos por lo general lo son. – Yamamoto-San apuntó a decir de forma perspicaz.
Tuve que mantener una sonrisa reclusa en la línea de mis labios al escuchar tal comentario. Había conocido tantas personas malas, carentes de materia gris.
– Y es por eso que ustedes son los tipos buenos, ¿No? – Una burla escapó de mi boca.
Oh… Por esto es que Sensei no quería que hablara… ¿Pero qué puedo hacer? Desde que tengo memoria jamás he podido tragarme mis comentarios.
– Basta de bromas. ¿Conoces a esta persona? – Uchimura-San no se tomó muy bien mi sentido del humor y en su lugar me acercó una carpeta para analizar su contenido.
En silencio la abrí para entonces encontrarme con las fotografías del cuerpo brutalmente apuñalado de… Naohiro Eisuke.
– Bueno, puedo decir que alguien en verdad le tenía odio. – No me inmuté ni un poco por lo crudo de las fotografías.
– ¿Lo conoces? – Yamamoto-San repitió la pregunta, irritado.
– No realmente. – Mentí sin problema.
Si quería tener la victoria a las calumnias debía de contraatacar con el arma del engaño. Si aceptaba cierta relación con él podrían encontrarse con algo un tanto sucio y poco conveniente para mí.
– Había tomado temporalmente el trabajo de pianista en un restaurante. No conocí a ese tipo hasta el día que fue encontrado asesinado. Él me había dicho que sufría de artritis y que ya no podía volver a ser el pianista estrella del lugar. – Solté un pequeño bufido por lo ridículo que me parecía. – Por eso él intentó utilizarme mediante… Amenazas. – Dejé que el silencio hiciese su parte al sembrar la duda en mis queridos amigos.
– ¿Amenazas? ¿De qué tipo? – Cuestionó Yamamoto-San.
– ¿Qué acaso no es obvio? – Le dediqué mirada de hastío. – Amenazó con matarme. Inclusive estuvo a punto de hacerlo puesto que había rechazado el ser utilizado de esa manera, pero llegó el dueño del lugar y ese hombre no tuvo de otra que dejarme. – Expliqué. – Yo temía, no sólo por mi seguridad sino también la de mi amiga quien trabajaba conmigo, por eso le presentamos ese mismo día nuestra renuncia al dueño. Además de que ese día viajé a Kamakura y regresé días después. – Concluí mi coartada.
Sin embargo mi mente retumbaba en palabras que no lograba descifrar, tal y como si estuviese olvidando algo importante.
– Me parece todo esto muy razonable, pero sí ustedes renunciaron de esa manera tan propia, no entiendo entonces porque a pesar de que los demás empleados te mencionaron en las investigaciones como antiguo compañero suyo, los expedientes tuyos y de tu amiga eran los únicos que no estaban en el archivos de trabajadores, inclusive los datos de los que se dan de baja se mantienen guardados. ¿Cómo explicas eso? – Un brillo que se anticipaba a la victoria vi deslumbrar en los ojos de Uchimura-San.
Eso era lo que retumbaba en mi cabeza. Aquella noche en un intento por mantenernos en el anonimato, destruí en su totalidad la información tanto de Alice como la mía para que ese hombre jamás nos encontrara. Pero él había muerto antes de poder buscarlo, y en su lugar fue la policía quien encontró extraño este hecho. La medida de seguridad que tomé, se ha vuelto en mi contra… Era tan irónico que me daban ganas de reírme de mi propia mala suerte.
Debo decir algo rápido, si no pareceré en verdad sospechoso… Pero desconozco lo que Furakawa-San dijo a los policías… Esto es una prueba… Si digo algo contrarío a lo que él dijo entonces sabrán que he estado mintiendo, pero si permanezco callado lo sabrán de igual forma…
– Desconozco la razón por la cual nuestros archivos no estaban, no obstante cuando le dimos nuestra renuncia a Furakawa-San, no me atreví a decirle la razón exacta, me límite tan sólo a decir que estábamos en peligro. Por lo que pienso que él mismo destruyó o escondió nuestros archivos como una medida de seguridad para lo que desconocía. – Di mi respuesta, con hermético semblante. Aun si mi interior se encontraba ansioso por saber si había cometido un error, no era capaz de expresarlo al exterior.
– En efecto, eso hizo. – Mi corazón se tranquilizó al escuchar las palabras que mi interior anhelaba con desesperación escuchar.
Había acertado en mi respuesta, un simple… Golpe de suerte. Debía agradecerle a Furakawa-San por protegerme de esa manera, incluso después de lo que le había hecho, para mí eso había sido una traición a favor de mi salvación, y él a pesar de eso… Me cubrió ante la ley.
– ¿Y cuál fue tu relación con la víctima en cuestión? –
Había pasado la primera prueba, quizás la más difícil por los oscuros secretos que recelosamente quería mantener escondidos. Ahora pasábamos a un tema mucho más sencillo de tratar… La muerte de esa mujer.
– Simplemente era la prometida de mi Mangaka a cargo, Ijuuin-Sensei. – Contesté, carente de emoción visible.
– ¿Y con Ijuuin Kyo? Nuestras sospechas hace poco fueron comprobadas gracias a él, pero… ¿Qué tienes que decirnos sobre eso? – Yamamoto-San afiló la mirada ante la pregunta que podría ser esencial para ellos.
– No me agrada que me pidan hablar sobre mi vida privada, pero es necesario, así que tendré que hacerlo. – Cuando menos aquí… No mentiría. – Nosotros manteníamos una relación meramente laboral, pero con el tiempo y la convivencia las cosas simplemente… Se dieron. – Me encogí de hombros para restarle importancia a los hechos. – Sin embargo, él siempre ha tenido fama de mujeriego, ni siquiera teníamos nada serio y yo le dejé en claro que no quería nada con él más que nuestra relación laboral. Después de eso desconozco que fue lo que sucedió pero cuando menos lo esperé su prometida se había sumado a la situación. –
– ¿Entonces sentiste celos y eso te orilló a asesinarla? – Uchimura-San dijo aquello, casi en una afirmación.
– En verdad, ustedes… –
Aquella teoría tan simple provocó que una natural e inusual risa saliera de mis labios. Era increíble que tratándose de detectives su mente no pudiese crear una teoría mejor elaborada.
– ¿Es que acaso ustedes entrenan su inteligencia deductiva con los dramas de la televisión? – Pregunté con burla, pues mi voz aún estaba afectada por la risa que me provocaron.
– Limítate a contestar, nosotros somos los que hacemos las preguntas. – Yamamoto-San frunció el ceño, adueñado por el enojo que mi burla hacia ellos había despertado.
– Esa mujer estaba loca, ¿Saben? –
Creo que hice bastante mal en no subestimarlos. En verdad… Podré divertirme con ellos.
– Tenía sospechas de que Sensei no la amaba por causa mía, y cuando le notifiqué que estaba en lo correcto fue como si hubiese encendido una hoguera en plena inquisición… Jamás hagan enojar a una mujer… Son realmente peligrosas. – Fingí estremecerme por el miedo.
– ¿Ella hizo algo? – Ambos hombres se apoyaron en la mesa en señal de interés.
– Hace poco estuve en el hospital. Quizás ustedes lo saben, pero fui golpeado por unos tipos hasta el punto en que casi me matan si no hubiese sido porque me intervinieron a tiempo. –
Recordé al extraño y enigmático hombre que había marcado en mí una diferencia entre la vida y la muerte. ¿Habrá sido realidad o sólo un producto de mi mente para aligerar el dolor de mi alma?
– Las palabras de uno de ellos me hicieron darme cuenta que esa mujer los había enviado para sacarme de su camino y casarse con Sensei. Aunque eso también es como sacado de un drama, ¿Verdad?, No la culpo, ella también carecía de astucia, por eso no digan que los tipos malos son inteligentes, que se pueden topar con alguien como ella. – Los miré con presunción. Obviamente ellos estaban en desventaja.
– ¡Silencio! –
Uchida-San perdió el control de su semblante inerte, y estalló en furia al levantarse abruptamente de la silla, y llenar la sala con el desagradable y profundo estallido de su mano contra la mesa de metal.
¿No se supone que los detectives deben de tener un temple de acero? Supongo que Uchida-San tiene una personalidad muy explosiva.
– ¡Esa mujer fue brutalmente asesinada de una manera realmente cruel y sanguinaria, no deberías hablar así de ella! – Sus ojos reflejaban el fuego de la ira consumiendo toda razón que pudo haberse asomado en él.
Bien, no es explosivo, es… Sentimental, y estúpido.
– No está siendo para nada objetivo, Uchida-San. Ella ha sido una víctima, pero eso no la deslinda de tener maldad en su corazón. No la ponga en lo alto de un altar sólo porque ahora se la están comiendo los gusanos. – No hubo señal en mí que mostrara perturbación por sus reacciones. Se estaba irritando y eso era lo que quería lograr.
– Uchida, tranquilízate. A pesar de todo él tiene razón. Te quiere provocar, así que no le des el gusto. – Yamamoto-San quien parecía el más centrado de los dos supo ver muy bien mis intenciones y logró calmar a su compañero.
– ¿Por qué no le notificaste nada de esto a la policía? – Preguntó Uchida-San, con el soplo de su voz al límite después de haberse descontrolado de tal manera.
– ¿Para qué? Era mi declaración contra la de una señorita de elite. Y no me van a negar que sus superiores por debajo del agua, le den preferencia a quien tenga más que ofrecer. Además hacer eso era arriesgado, por lo poco fructífero que miraba su encarcelamiento, y el riesgo de que atentara contra mi vida o la de alguien cercano a mí. – Expliqué con seriedad e intente que el reproche en mi voz no se colara.
– Entonces piensas que el sistema no funciona, ¿No? ¿Por eso preferiste hacer justicia con tu propia mano y cobrarte su vida? – Yamamoto-San merecía una estrella por haber mostrado no ser tan estúpido como pensaba, quizás se la daría si ese fuese el caso.
– Suena bastante creíble en realidad, pero… Tomando en cuenta que mi vida corría de un peligro constante hasta que ella se casara con Sensei… ¿Por qué iba a esperar tanto tiempo para hacerlo? Por favor… Si yo fuera a cometer un asesinato cuando menos vería que fuese equivalente lo que obtendría con respecto a los riesgos implicados. Ni siquiera podrían decir que la asesiné para que no se casara con Sensei… Ella fue encontrada muerta mucho después de haber sido plantada en el altar. No hay ninguna razón para que yo me hubiese visto en la necesidad de tomarme la molestia de quitarle la vida. – Confesé con el frío helando la expresión de mi rostro. – Este asesinato no parece haber sido premeditado, en realidad se dio de una forma tan poco discreta que deja a pensar que la persona actuó en un impulso arrebatado. –
De pronto guardé silencio. Ahora me daba cuenta de un hecho clave que había estado ignorando todo este tiempo… Tengo razón en lo que digo… La forma en la que fue asesinada, o más bien… El momento, sí, el momento en que sucedió deja a pensar que la persona que lo hizo actuó meramente por impulso, y no en un plan realmente estructurado… Si ellos hubieran sido, seguro la habrían matado antes de su boda frustrada, de esa forma habría una razón creíble para hacerme parecer el culpable, no obstante el asesinato se llevó a cabo mucho después de este hecho, lo que me dejaba sin motivo para que las personas pensaran que yo era el asesino…
¿Ellos se equivocaron de esa manera? ¿Está bien pensar que ello se debe a un mero error? Ó… ¿He estado culpando a la persona incorrecta?
– ¿Shizuku-San? – Uno de ellos me llamó al observar el estado absorto en el que había entrado.
– Esta persona obviamente quiere ser notada. – Hablé sin siquiera esperar una pregunta de su parte. ¿Quién lo hizo? ¿Por qué lo hizo? – Les muestra el cuerpo sin la menor duda, como diciendo "Miren, puedo matar a quien quiera, pero ustedes no me descubrirán" este sujeto se mueve por su egocentrismo y se jacta de su superioridad. – Me suena conocido…
– Tú también pareces ser egocéntrico. – Dijo, Uchida-San.
– Sí, lo soy, pero no soy ningún tonto. Lo que esta persona hace es arriesgado, casi una locura. Dejar el cuerpo de tu crimen al alcance de la ley es obviamente darle un gran avance a la policía para que te atrapen. Y aunque tenga la total seguridad de que nunca será descubierto, jamás está demás ser precavido… Si yo hubiese sido, les aseguro que ni siquiera hubieran encontrado un cuerpo ni pista alguna. – Señalé con tranquilidad a la vez que dejaba caer mi cuerpo en la silla, tal y como si estuviese teniendo una charla cualquiera con el vecino. – Pero a esta persona parece no importarle en lo absoluto, lo que le convierte en un total estúpido por confiarse demasiado. Y ya dejamos en claro que soy astuto, ¿Verdad? – Una sonrisa de suficiencia encontró su lugar en mis labios.
Ya no me importaba tanto lidiar con ellos. Ahora me encontraba ensimismado en la tarea de descubrir al verdadero asesino. Si ésta persona es impulsiva, y tiene total seguridad de su anonimato, entonces… ¿Qué tengo que ver yo en todo esto? ¿Qué le motiva? ¿Qué lo impulsa a matar a estas personas que se entrometen en mi camino? Tal como si…
– Uchida, Yamamoto. – De pronto entró en escena un hombre mayor a ellos. La insignia en su camisa me indicó que se trataba de su superior. – Tengo órdenes de que dejen en libertad a este joven. Así que espero que ya hayan terminado su interrogatorio. – Les dijo con seria voz.
– Pero jefe, este chico… – Yamamoto-San quiso oponerse.
– Lo siento muchachos, pero no tenemos pruebas en su contra, está en la ley, ya que lo interrogaron, y no sacaron nada, no nos queda de otra que dejarlo en libertad. – Explicó, dando la impresión que ni él estaba contento con la situación.
– Bien, siendo así, creo que me pasaré a retirar. – Me levanté de la silla.
No comprendía muy bien quién estaba detrás de todo esto, pero disfrutaría la situación. Me llenaba de placer darme cuenta que ellos sabían que yo guardaba más de lo que les mostraba, pero que a pesar de ello, jamás… Nunca podrían arrancar las palabras de mi boca, pues las pruebas que me inculpaban… No existían.
Salí de la sala y al instante coincidí con Sensei quien también había sido liberado después del interrogatorio.
– ¿Lo ve? – Le sonreí. – Le dije que ninguno de los dos iba a dormir esta noche aquí. Y ni siquiera necesité abogado, fue… Bastante fácil. – Una sonrisa presuntuosa se escapó para mostrarse en mis labios.
Esos tipos seguro estaban muy molestos por la gran oportunidad que no supieron alcanzar.
– ¿Por qué siempre haces que me preocupe? – Mi buen humor se deprimió con increíble rapidez al escuchar el usual tono de regaño en su voz. – Pero bueno… Me alegra que estés bien después de todo. – El alivió era notable en el suspiró que dejó escapar. – Lo único que me molesta es el asesino de Naoko… Supongo que, quiera o no, deberé investigarlo a mi manera. – Dijo pensativo.
Mis nervios se dispararon casi tan rápido al igual que mi buen humor que había huido acobardado hace algunos momentos atrás. A pesar de querer mantenerme tranquilo e impasible, no podía evitar que me perturbara la idea de él hurgando en la basura.
– En fin, ¿Nos vamos? – Los escalofríos causados por el naciente temor fueron calentados en un instante ante el contacto de su mano tomando la mía, y la luz que de su sonrisa ahuyentaba mis preocupaciones.
¿Por qué no puedo simplemente ser feliz sin temer que mi pasado resucite?
– Ah… Sobre eso, Sensei, bueno… – Me comencé a sentir nervioso, lo cual logró que mirara al suelo. – Creo que sería mejor que no nos vieran juntos por un tiempo, cuando menos por unos días… Me enteré que por alguna razón no salí en los periódicos, y usted nada más salga tendrá a los reporteros encima… Si me ven con usted seguro se darán cuenta que soy su amante, y… Usted sabe, soy un hombre, y la noticia de que usted salga conmigo no creo que sea tan mala, pero en este momento que su nombre está en boca de todos no creo que lo mejore… Por eso, bueno… –
No sabía que más decir, me sentía terrible por decir aquellas palabras. Pero no deseaba causarle más escándalos por mi culpa, porque lo sabía… El asesinato de esa mujer, fue por causa mía, ¿Cual? No lo sé, pero yo estaba implicado.
– ¿…Es eso lo que quieres…? – Sentí la frialdad colarse entre mis huesos al escuchar la seriedad y dureza en su voz. No era ningún buen preludio a nada.
– Yo… Lo que quiero es que usted no tenga problemas, por eso… Sí, eso es lo que quiero. – Contesté, y me armé de todo valor para verlo a los ojos. Era lo menos que se merecía.
– Después de todo lo que hablamos de estar juntos… Y de que podemos seguir adelante con el apoyo del otro… Además, como si me importara lo que dijeran de mí… ¿Cuántos escándalos no has leído ya? –
La molestia tomó forma en sus palabras y en la manera en que me acorralaba contra la pared más cercana, probando el punto de que le importaba poco la opinión de los demás.
– Búscame cuando creas que es aceptable el que se conozca nuestra relación…–
Miré como se daba la vuelta con la intención de irse, dejando libre el paso para mí, pero para transitar un camino desolado y oscuro, lejos de toda calidez y compañía anhelada.
– ¡Kyo-San! – Mi cuerpo actuó por cuenta propia y mi mano capturó un pequeño trozo de su camisa para mantenerlo cerca de mi corazón. El vehemente impulso que motivaba mis acciones para no perder lo que iluminaba mis profundas tinieblas me llevaron a aferrarme a esa luz antes de que se alejara y me dejara en la oscuridad de mis errores.
No quisiera equivocarme, ¿Podría ser lo suficiente egoísta para mantenerlo atado a mí sin importar el ensuciarlo?
– No me deje… Por favor… No me deje. – Susurré mientras enterraba mi dolor en su espalda, y mis brazos acercaban su cuerpo contra el mío. – Yo… Yo no me avergüenzo de nuestra relación, ni pienso que sea algo malo lo que estamos haciendo. Es sólo que… Me siento culpable de pensar que yo podría causarle algún problema, pero… Lo siento, siempre me equivoco, ¿No es así? – Afiancé mi abrazo con el temor implacable motivando mis miedos. – A pesar de que le había dicho que nunca más dudaría, que sería feliz junto a usted sin importar que. Lo mejor para usted no es que no le cause problemas, lo mejor que puedo hacer es permanecer a su lado a pesar de todo, por eso… No me deje, yo… Quiero estar con usted… – Confesé el verdadero deseo que llenaba de ilusión a mi corazón.
Lo único que quería era estar a solas con él para poder disfrutar de la intimidad de nuestro mutuo silencio, sabiendo que ambos conocíamos el sentir del otro que llenaba cualquier vacío existente.
–…Pareciera que… Siempre actúas sin pensar. – Se volteó para envolverme entre sus brazos y aferrarme al cálido cuerpo que mi piel tanto necesitaba. – O más bien, soy yo el que lo hace. Lo siento… –
El bajo susurro de su voz, junto con las suaves caricias en mi espalda, tranquilizaron la inquietud anidada en mi interior y me llevaron a un estado completo de relajación y paz.
– No voy a dejarte… Y mucho menos ahora que tienes esa cara… – La ternura con la que me hablaba llenó los vacios de una soledad a la que temía volver a experimentar, pero sabía que mientras estuviese protegido entre sus brazos la soledad jamás volvería a tocar la puerta de mi vida. – ¿Vamos a casa? Duerme conmigo hoy, ¿Sí? – Levanté un poco el rostro para encontrarme con la suplica y el anhelo bailando entrelazados en su mirar.
Asentí en silencio, sabiendo bien que mi rostro no estaba exento del pequeño sonrojo que él provocaba hacer aparecer en mis mejillas. No dije palabra. Sus ojos me habían drenado por completo y se habían robado toda habla, pues mi voz se había perdido entre el fuerte latir de mi corazón. Lo único que quería era perderme en ese abrazo y así jamás ser encontrado.
–…Qué lindo eres… – Expresó con una radiante sonrisa que logré contemplar en su totalidad al juntar nuestras frentes. – Busquemos a Kibou y luego vayamos a descansar. El viaje fue muy largo y no descansaste lo suficiente… –
Recordé con un suave estremecer las imágenes y sensaciones que me azotaron durante aquel viaje, aun a pesar de que él me tuvo entre sus brazos todo el tiempo, la aversión a estar encerrado me había angustiado lo suficiente como para ganar más que nada un cansancio interno que externo.
– Tiene razón, y… – No pude evitar soltar un largo suspiro. – Creo que Kirishima-San estará incontrolable… Si no hubiera pedido un tiempo libre del trabajo lo hubiera dejado en un gran problema… – Reflexioné.
Pensaba entonces que quizás una parte de mí sabía que yo regresaría. A pesar de decidir que a Japón no volvería, en vez de renunciar a la editorial, simplemente pedí permiso para faltar por un tiempo.
– ¿Tiempo libre?, ¿Cuál tiempo libre? – Preguntó curioso y confundido.
Me reprendí por lo estúpido que había sido al bajar mi guardia y hablar con una libertad que no podía permitirme.
– P-Pues eso… Tiempo libre. – Desvié la mirada al percatarme que había dicho algo incorrecto frente a la persona incorrecta. – Recuerde que iba a viajar, y pues… No me iba a ir sin pedir permiso a la editorial. – Quise restarle importancia para que Sensei no preguntara más detalles sobre tal "viaje"
– Por cierto… Cuéntame más sobre aquel viaje. ¿A dónde ibas a ir y con qué fin? – Para mi mala fortuna él seguía preguntando mientras el taxi que esperábamos se estaba tomando su tiempo para aparecer.
– Bueno eso… – Intenté mantener las piezas de mí unidas para que él no notara como el nervio comenzaba a atacarme. – Kazuo estaba muy preocupado por mi falta de interés en las cosas, y como su solvencia económica era muy buena, me invitó a que viajara con él a Londres. Después de mucho pedírmelo terminé aceptando, pero al final de todo lo dejé plantado en el aeropuerto por irme con usted. Supongo que le debo una buena disculpa, después de todo lo hizo por estar preocupado por mí. – Terminé de explicar sobre el viaje jamás consumado. Aunque ciertas cosas eran mentira, la mayoría tenían cierta veracidad.
– ¿Estás seguro que sólo son amigos? – Preguntó. – Él… ¿No está detrás de ti verdad? ¿Le dijiste que eras mío, no? – Noté una extraña nota posesiva colándose entre palabra y palabra que expresaba.
– ¿Qué? – No me esperaba algo como eso por lo que tardé un poco más de lo normal en reaccionar. – ¿Kazuo? ¿Andar detrás de mí? Eso es algo… – No pude evitar el imaginar algo como eso, lo que causó que comenzara a reír divertido por la idea tan bizarra que se había hecho Sensei. – Oh no se preocupe por eso… Kazuo tiene novia. – Aclaré, afectado por el buen humor que había regresado. – Lo hubiera escuchado cuando le dije que la amante con la que usted se había escapado no era "ella" sino "él" y que se trataba de mí. – Mis palabras se veían interrumpidas por la risa que no podía dejar de emitir.
–…Aún así eres sólo mío… –
Una sonrisa escapó de mis labios al observar como volteaba el rostro apenado por su actitud infantil y posesiva. Verlo reaccionar así era algo que fácilmente podría amar.
– Justo a tiempo… –
Maldije internamente al conductor del taxi que había llegado justo a tiempo para interrumpir la escena que tanto me estaba gustando.
– Subamos ya. – Indicó, al pararse el auto frente a nosotros y entrar en él.
Ambos fuimos al departamento de Kirishima-San para recoger a Kibou. Yo había permanecido dentro del taxi, pues Sensei no quería que escuchara la manera en que mi jefe lo regañaba y se compadecía de mí y mi fidelidad a mi Mangaka, cuando en realidad se había tratado de una huida de amantes para tener una improvisada… Luna de miel…
Desconocía si Sensei le diría la relación que tenía conmigo, más confiaba en su criterio y decisión. No me atreví a preguntarle aquel detalle por miedo a que lo mal interpretara, por tal razón, llegamos a su departamento sin decir palabra alguna.
De pronto me paré en seco dentro de la sala de estar. Kazuo había entrado a este lugar y había hurgado por doquier para encontrar la carta que le había entregado a Sensei.
Un incontrolable miedo buscaba inmiscuirse en mi tranquilidad para robarme el aliento y hacerme temblar de inseguridad. En mi interior tan sólo podía desear a mi suerte que él hubiese olvidado por completo el asunto.
¿Qué me estaba pasando que últimamente dejaba tantos cabos sueltos a mi paso?
– Kibou, este será tu nuevo hogar. ¿Te gusta? –
Le dijo al cachorro al bajarlo de sus brazos y este salir prácticamente corriendo por todos lados. Llegó a subirse al sofá y tomó unos papeles entre sus fauces.
– Hey… ¡Kibou! – Trató de agarrarlo y con suerte lo alcanzó, teniendo intacto lo que Kibou había tomado para jugar. – ¿Por qué estás tan inquieto? – Se quejó molesto. – Creo que me faltan unas hojas más… Ishi, ¿Me alcanzas aquellas? –
– Claro. – Tomé las hojas que Sensei indicaba y al levantarlas en el aire una pequeña fotografía cayó al suelo.
Guardé completo silencio al tomar la fotografía y darme cuenta de "cual" se trataba.
– Sensei… ¿No habíamos quedado en que borraría esta foto? – Se la mostré, y mis ojos lo miraron de forma acusatoria. Se trataba de aquella vergonzosa foto de mí durmiendo y con el cuello lleno de marcas de sus besos. – Y no sólo no la borró, sino que también la imprimió. Es de mala educación tener fotos de los demás en su poder sin la autorización de la persona implicada… ¿No cree que es de muy mal gusto? – Le reproché con bastante disgusto.
– No es de mala educación, ¿De dónde sacas eso? – Me la quitó al instante. – Es mía… Además de que quiero tener una foto tuya. Deberías tener una foto mía también…Tomémonos una foto juntos y así tendremos un recuerdo. – Dijo con una sonrisa en su rostro por su nueva idea.
– ¿Una foto… Juntos? –
La pena no tardó en llegar y hacerse presente en mis mejillas. No era capaz de imaginar posible tal cosa, era como si se tratara de un sueño ajeno a la realidad, y sí… Sonaba extraño, pero en verdad así era como me sentía con respecto a ello. Como si la estrella a la que había perseguido por tantos años, ahora la tuviera prácticamente quemándome con su luz. Claro que… Nunca le diría a él un pensamiento tan vergonzoso como ese.
– S-Supongo que prefiero una foto "normal" para que usted la tenga, que una como "esa". – Señalé con la mirada la foto que Sensei protegía de mí. Aun así fue inevitable que mi expresión no denotara la aversión que sentía por el tema de las fotografías.
– ¿Es que no te gustan las fotos? – Revolvió mi cabello en un gesto cariñoso. – Porque, quiero que armemos un álbum lleno de fotos, ¿No crees que sería divertido? –
– P-Pero… –
Mi replica fue silenciada por sus labios que sabía era la mejor arma para atacarme y así arrancar toda queja que pudiese rechazar sus deseos.
– Que sólo sea una foto… – Y en efecto, dejé que mi voluntad se resignara. – No creo soportar todo un álbum… – Dije con penumbra. Estaba seguro que con eso dejaba bastante en claro que no me agradaban las fotos.
– Pero… Quiero que tengamos muchos recuerdos juntos… –
Intentó debilitar mi postura al volver a unir sus labios en los míos. Al hacerlo era como si me golpeara de la forma más suave y dulce posible pero a la vez lo suficientemente hábil como para ir directo a mi punto frágil y destrozarlo a su antojo.
– Para cuando hayamos envejecido sentarnos a platicar de cuanto nos divertíamos cuando aún estábamos jóvenes. – Transmitió el sincero deseo que se anidaba en su alma mediante la suavidad y la calidez de sus labios buscando los míos en un beso devoto.
Permití que sus labios se adueñaran de los míos mientras sus palabras atravesaban con dulzura mi corazón. Él inclusive pensaba en un futuro junto conmigo, le ilusionaba imaginarse nuestro día a día unidos por el sentimiento que compartíamos. Él, soñaba conmigo… Al igual que yo soñaba con él desde hacía tantos años en soledad.
– Sensei, falta mucho para eso… – Indiqué, con el pequeño hilo de voz que me había dejado aquel beso. – ¿Cómo es que tiene planeadas esas cosas? – Intenté mostrarme lo más tranquilo posible, sin embargo en mi interior un revuelo de sentimientos causaba impetuosos estragos de emoción en mi corazón. No era el único que deseaba algo como eso…
– No lo tengo planeado. – Sus brazos se envolvieron alrededor de mi cuerpo y al hacerlo unió las emociones que despertaba en mí su compañía. – La verdad es que no tengo idea de lo sucederá en el futuro… Lo único que sé en este momento es que deseo pasar el resto de mi vida contigo. – Tomó mi rostro entre sus manos para que mis ojos se fundieran en las emociones que brillaban en los suyos. – De lo único que estoy seguro es de que te amo tanto que envejeceré junto a ti… – Unió su frente a la mía y pronto fui una víctima encantada por una suave sonrisa que se formaba en sus labios, la cual, me dejaba frágil a cualquiera de sus acciones… – ¿Está bien si me quedo contigo para siempre, Ishi? –
Mis ojos cayeron bajo el hechizo de su profunda mirada. No podía mirar otra cosa que no fuese al hombre que tenía frente a mí. Mi alma se encontraba totalmente desnuda ante él, y estaba seguro que podía ver perfectamente la suave marea de intensos colores que él había hecho nacer.
– Está bien, porque yo… También quiero… Lo mismo. – Dije en un leve susurro, al tiempo en que mis brazos correspondían con timidez al abrazo que unía nuestros cuerpos.
– Te amo, Ishi… – Su boca buscó a la mía y degustaba de ella al besarme con un desenfrenado deseo que me dejaba sin oportunidad de tomar aire. – No puedo vivir sin ti… – Su cuerpo encajó perfectamente al mío. Me sentía tranquilo por recuperar lo que creía me hacía falta para estar completo. – Te amo tanto… – Susurró con sus labios rozando los míos y le fue imposible no utilizar su lengua para saborearlos.
– Yo… – Sentía a flor de piel la calidez que su cuerpo emanaba con dulzura y llamaba a las fuerzas de mi corazón para latir con desenfreno. – También… Lo amo, Sen… – Me interrumpí a mí mismo. – Kyo-San. – Me corregí y al instante de decir su nombre sentí un extraño estremecer que nacía desde mi corazón y viajaba por mi piel causando el vértigo en mí.
No fui el único que fue víctima de una reacción ya que al instante en que lo llamé por su nombre sus labios se fundieron con los míos en un desesperado arrebato de emoción que clamaba por ser descargada en la furia de sus hambrientos besos.
– Haré que digas mi nombre toda la noche… – De pronto me tomó de la cadera para acercarme a su cuerpo y que así hiciese un intimo y peligroso contacto con el suyo. No fui capaz de procesar lo que había pasado cuando mis sentidos fueron sacudidos, estremecidos por sus manos acariciando mi cuerpo por debajo de mi camiseta.
–…N-No, espere… – Puse mi mano en su pecho, al tratar de alejarlo.
Me aterraba lo seductor que me parecía su cuerpo contra el mío, aquel calor que me enajenaba los sentidos, el susurro de su voz que me hipnotizaba la razón, y su tacto… El suave acariciar de sus manos que sembraban el deseo y la insana adicción de exigir mucho más de él…
Esto en lo que me estaba convirtiendo… Me aterraba.
– Pensé que íbamos a descansar. – Dije, y escondí la duda en mi voz. Estaba consciente que una parte de mí… Lo deseaba. – A-Además hace tanto tiempo que usted no ha publicado su manga, que creo debería aprovechar el tiempo para comenzar el Storyboard. – Intenté convencerlo para desistir. Si yo no lograba hacerlo cambiar de opinión, sería otro el que terminaría por desistir.
– Que tonterías dices…– Me guió hasta el sillón y aprovechándose de mi propia desorientación logró que me sentará encima de él en una posición algo… –…No puedo esperar hasta terminar con el manuscrito… Son muchos días. – El deseo ahora era el único que hablaba en su voz.
Me congelé y casi al instante comencé a derretirme por la forma en que comenzó a lamer mi cuello y sus dedos se entrelazaban en mi cabello para detener todo intento de huir de sus demandantes besos.
Logré encontrar una fisura entre sus besos para alejarme del sofocante calor que estaba a punto de quemar mis débiles intentos por resistirme a sus avances.
– Sí… Pero si se distrae por mi culpa serán aún más días… Ade- –
Fui atacado por la tempestiva tormenta de besos torrenciales que uno tras otro marcaba a mis labios y deseaba silenciar toda posible replica del raciocinio que no quería dejarse vencer por mis instintos más bajos.
– E-Es lo que le digo… – Logré zafarme de sus besos, pero cada vez me era más difícil hacerlo. – Le aseguro que no serán muchos días, así que pórtese bien. – Me levanté del sillón, y juré que había escuchado los cantos de mi victoria.
No obstante había sido muy pronto ya que él me tomó de la cadera y me hizo caer al suelo siendo ahora su cuerpo sobre el mío la cárcel perfecta para mantenerme bajo la voluntad de su deseo.
Me sentía como si fuese su presa y él mi cazador. Sólo que dudo que me vaya a desollar…
– No huyas de mí… – Utilizó la ponzoña de sus besos para anestesiar mi cuello.
– ¡O-Oiga! – Me quejé por la poca atención que le daba a mis replicas.
– Quédate quieto y deja que te devore, Ishi. –
– ¿De…Devorar? –
Repetí para mi mismo un tanto confuso pero no pude continuar mis quejas dado que él me ignoró y acarició mi torso por debajo de mi ropa en un diestro toque que levantaba otros ánimos y calentaba la frialdad de mis pensamientos para dejarme extraviado en el hechizo de sus manos en la piel que le rogaba su calor.
No obstante pude romper su encantó al llegar a mi oído el ruido de sus dedos desabrochando la hebilla de mi pantalón.
– ¿Cómo quiere que me deje así como así? – Reproché molesto por su actitud, sin embargo mi cuerpo me traicionaba al erizarse ante el tacto de sus cálidas manos quienes se deslizaban por mi piel y dejaban a su paso llamas de insondable deseo. – Ha-Hablo en serio. – Mi voz tembló al escuchar el sonido del cierre de mi pantalón.
– Yo también hablo en serio… – No tuvo compasión en golpear en un débil punto de mi cuerpo al masajear de forma indirecta mi miembro, pues aún nos separaba la tela de mi bóxer. Sin embargo el calor de su mano tocándome me provocaba desear que no hubiese nada que me separara de él, aún si eso mismo significaba la propia ruina de mi voluntad.
– ¡…Ngh…! – Ahogué un tímido gemido que deseaba salir liberado a causa de las caricias indirectas que sentía arder en mi parte baja. Solamente se encontraba rozando sus dedos en la sensibilidad de mi miembro y este no tardaba en despertar ante el calor de sus caricias.
–…Así que ríndete…– Quizás se dio cuenta del gran trabajo que me estaba tomando el acallar mis gemidos, que decidió ayudarme a sellar mi boca con la suya en la intensidad de un ardiente beso cargado en deseos que debían ser saciados sin importar qué.
– H-Hágame caso… – Recuperé un poco de fuerza para poner distancia entre nuestros labios. – Le aseguro que le servirá mucho el tiempo que no pierda…– Intenté convencerlo una vez.
La razón aún luchaba por vencer la lascivia que era llamada por la seducción del hombre que pretendía dominarme mediante su toque, ya que mi autocontrol era golpeado una y otra vez con cada beso y cada caricia que me orillaba a sucumbir al éxtasis que él podía otorgarme
– Para mí, tú vienes primero y el trabajo después… –Tomó mi miembro directamente y comenzó a deslizar sus dedos alrededor de este para llamar a la lujuria y que esta mantuviera en silencio la molesta voz del deber en mi cabeza.
– E-Eso no—Aah… –Las reacciones ante el delirante calor al que era sometido mi miembro no se hizo esperar, y prontamente me vi traicionado por mi voz que dejaba libre el placer convertido en gemidos.
– Ahora, sólo calla y utiliza tu boca para gemir y decir mi nombre… Gatito… – Me susurró al oído y al escuchar el apodo cariñoso con que me llamaba todas mis barreras cayeron destruidas en un rápido instante en que él aprovechó para introducir mi erección en su boca y masturbarme en un ágil y diestro movimiento donde bajaba y subía de forma lenta y rítmica. Era demasiado para mí el sentir el calor de su boca y la fricción de sus labios por mi longitud pero él no tuvo compasión al utilizar su lengua que se enrollaba en mí al compás de su excitante vaivén.
– A-Aun así… Mhg… Es… – Un último esfuerzo deseaba librar de toda lujuria a mi cuerpo. No podía dejarme llevar por lo placentero que era sentirlo de esa forma tan seductora, pero…
Él comenzó a lamer con delicadeza la punta de mi miembro mediante círculos para después volver a tomarme en su boca y aumentar la velocidad con que su lengua memorizaba mi sabor y forma. Su técnica al masturbarme era experimentada y tan llena de entusiasmo y deseo que pude saber lo mucho que él disfrutaba deleitarme en sus caricias. Y con ese nuevo descubrimiento yo de nuevo me vi preso de las increíbles sensaciones que nacían allí y viajaban a lo largo de mi cuerpo en un delirio placentero.
– Uhm… Ky-Kyo-San… Ahh… – Mis dedos se entrelazaron entre el cabello de la persona contra la que había perdido. Mi orgullo jamás aceptaría que frente a él la batalla estaría perdida mucho antes de comenzarla, por eso los intentos fallidos jamás faltaban, aún si en el fondo sabía que nunca sería capaz de negar el recibir lo que él cual demonio me ofrecía en cada caricia.
Me estremecía con cada tacto de su húmeda lengua en mí, y la manera en que sus labios me masturbaban se estaba volviendo peligrosa para la fortaleza de mi razón aparentemente presente. No obstante lo único que podía escuchar dentro de mi mente era el eco de mis gemidos que entonados eran uno tras otro siguiendo el ritmo con que él me engullía y me enredaba entre las redes de placer que me mantenían preso en lujuria desenfrenada.
– Definitivamente, me he conseguido un novio muy erótico… – Se alejó un poco para jactarse por la manera en que ahora clamaba su nombre entre gemidos de placer, pero no iba a dejarme ir fácilmente ya que al instante volvió a poseerme dentro de su boca e intercaló su mano en la tarea de masturbarme.
Estaba tan absorto en cada uno de esos movimientos que me importó muy poco replicar el que me despojara de mi pantalón y ropa interior y que inclusive al hacerlo paseara sus manos por mis muslos y agarrara mis nalgas con un notable deseo que había sido por fin consumado.
– Y yo… Umn… A uno muy… Ahh… ¡Pervertido…! –
Aunque deseaba darle cierto tono de reproche a mi voz, los jadeos que se intercalaban con gemidos le hicieron perder toda la firmeza y molestia que me causaba por la manera en que sus manos me tocaban sin siquiera dudar un segundo. Era como si él se creyera dueño de mi cuerpo… ¿Pero qué cosas decía? Yo mismo se lo había otorgado junto con todo lo que tengo, y ahora que me encontraba hundido en el placer que me daban sus caricias no tenía el derecho de quejarme… No cuando tanto mi cuerpo como mi mente sabían que estaba disfrutando del momento.
– ¡Oh!… ¿Quién es el pervertido aquí? –
Aumentó las caricias en mi miembro y en ellas se dedicó a saborear cada parte de mí mediante su boca y lengua, era como si fuese un delicioso alimento que se derretía en su boca mientras más lo probara.
– Estás tan mojado que mi mano resbala tan fácilmente… – Afirmó con la lujuria ensombreciendo su tono de voz. Ni siquiera me atreví a ver sus ojos pues sabía que ellos también se encontraban oscurecidos por la pasión.
– Uhm… Eso no… ¡No es verdad…! – Negué lo obvio.
Mi cuerpo me decía muy bien hasta que punto de excitación él me estaba orillando. Pero una parte de mí aún se negaba a darle la razón. A pesar de ser consciente de la realidad, no quería complacerlo inclusive también con mis palabras.
– ¿Quieres tenerme dentro de ti, Ishi? – Se acercó a mi oído para susurrarme e ir a mi cuello para hacer arder mi piel al lamerla y trazar un húmedo camino hasta mis labios. – Abre la boca… – Llevó sus dedos cerca de mis labios hasta llegar a rozarlos. –…Lubrícalos… Sé un buen chico. –
¿Lu-Lubricarlos? Quiere que yo…
– ¡¿Q-Qué?! –
Quedé atónito por varios segundos en los que me mantuve intercalando mi mirada entre sus dedos cerca de mis labios, y sus ojos que se clavaban en los míos con insistencia y profundidad. Era como si ellos hablaran por él y me dijeran que lo hiciera mucho más fácil para mí y me rindiera de una vez para sólo dedicarme a disfrutar.
Me parecía algo realmente vergonzoso por lo lascivo que resultaba y por significar una respuesta positiva a su pregunta. Pero el deseo que supuraba de mi cuerpo y la lujuria que me destrozaba por sentirlo mucho más me estaba matando lenta y tortuosamente, por lo que mi rostro se vio embargado por el color carmín de la vergüenza mientras abría mi boca y permitía que sus dedos entraran y así comenzar a lubricarlos utilizando mi lengua y labios.
Había caído ante sus tentaciones y ahora estaba obedeciendo sus caprichos sin derecho a réplica alguna. Lo quería, pero no lo quería a la vez… Lo que sentía era tan contradictorio que sólo podía ser guiado por el sentimiento que me embargaba en el momento: El deseo.
– Que erótico, Ishi… – Interrumpió mi labor para arrebatarme la camisa y así dejarme totalmente desnudo. Procedió a besarme con intensidad en los labios, y en mi parte baja pude sentir como los dedos que había lubricado ahora tanteaban el contorno de mi entrada en suaves caricias que buscaban relajar el lugar.
– Ahh… – Un gemido inundó mi garganta al sentir como esos dedos irrumpían y se hacían paso dentro de mí. Recordaba entonces las memorias de lo sucedido no hace tanto. Las sensaciones y la manera en que mi cuerpo reaccionaba ante su tacto eran las mismas, sin embargo, una extraña excitación se hacía presente ahora que conocía lo que vendría después. Él no tardó nada para convertirme en lo que ahora me daba miedo ser.
– Aunque no crees que… ¿Deberías desvestirme?…Para poder entrar en ti… – Acarició mi oído con la profundidad de su aterciopelada voz y continuó besando mi cuerpo mientras sus dedos seguían masajeando mi interior para acostumbrarme a una intromisión mucho más grande.
– ¡¿Qu-Qué?! ¡Unh…! –
No pude permitir que la sorpresa me atacara por tanto tiempo, ya que la ansiedad del instante me carcomía en excitación e impuro deseo. El poco orgullo que quedaba aún moribundo me decía "No" pero mi creciente e inevitable libido gritaba aún más fuerte "Sí" por lo que al final mis pensamientos se vieron inundados por esa simple palabra que como respuesta inmediata hicieron que mi cuerpo se moviera, y aún algo dubitativo y abochornado por mi actitud complaciente a él, desabroché su pantalón y me deshice de él junto con su ropa interior.
Demás estaba decir que había quedado realmente anonadado al observar como su miembro ya se encontraba en su totalidad erecto por la excitación… Me parecía increíble aquel hecho tomando en cuenta que no lo había siquiera acariciado, y el fugaz pensamiento de que se debía al simple hecho de acariciarme provocó que mi rostro ardiera por la pena.
–…Buen chico… Te haré sentir mejor ahora mismo… – Unió sus labios con los míos mientras sacaba sus dedos de mi interior y los suplantaba por su propio miembro el cual ingresaba lo más lento posible para no causarme dolor, pero…
– ¡Ngh…! – Intenté refrenar un quejido de mi boca el cual había nacido de la sensación causada por su miembro abriéndose paso en mi interior.
Aún no estaba acostumbrado a algo como eso, y el simple hecho de sentir como mis entrañas se amoldaban lentamente a él me hacía temblar en una nueva excitación que irradiaba tanto dolor como placer. Jamás había pensado que existiera algo semejante capaz de hacer sentir algo tan contradictorio, pero él me había hecho conocer esa sensación tan demencial de estar mi cuerpo fundiéndose con el suyo y convertirnos en uno sólo.
– Relájate… – Me susurró con una voz que transmitía calma pues había notado lo mucho que se me dificultaba acostumbrarme a él. Al haber ingresado a mí, se detuvo unos minutos para dedicarse a marcar mi cuerpo mediante besos y caricias mientras esperaba que mi interior terminara por aceptar su calor y acostumbrarse a él.
– K-Kyo-San… – Jadeé débilmente su nombre mientras mis manos se aferraban a su espalda. Había recordado su recomendación, e intenté relajar mi cuerpo, aún si una sensación pulsante inundaba mi interior. Buscaba encontrar mi propio equilibrio entre el dolor, el placer y lo cálidos que me resultaban sus besos y caricias en mi piel.
–…Dime cuando estés listo… – Me susurró mientras mordía mis labios y continuaba depositando besos en mi cuello y pecho, de la mismo forma en que sus manos recorrían mi cuerpo y disfrutaban del roce contra mi piel y la forma en que esta reaccionaba al erizarse ante su tacto.
Con el paso de los minutos había logrado tranquilizar las sensaciones incomodas y pude perderme en la delicadeza con que él trataba de confortarme del dolor que pudiese estar sintiendo, sin embargo aquel dolor se había esfumado y llevado consigo toda duda que me hiciese temer por entregarme al placer. De pronto estaba sintiendo lo caliente que él estaba dentro de mí, la excitación que lo embargaba y enfermaba de deseo me estaba contagiando de igual forma, y la lujuria de nuevo se presentaba para hacer de mi cuerpo y mis acciones el medio para conseguir su placer, pues sin siquiera haber sido consciente de mis propios pensamientos, moví levemente mis caderas ocasionando una suave estocada que me hizo contraerme con fiereza al instante. Esa era mi señal de que estaba listo y que aunque no lo dijera, deseaba que saciáramos juntos el hambre que teníamos del otro.
Él se quedó en silencio observándome de forma fija y me fue inevitable no sonrojarme al llenar mi mente con los posibles pensamientos que él tenía sobre mí y la forma en que había tomado la iniciativa. El ver su mirada encendida en lujuria me hizo darme cuenta que mi acción lo había provocado aún más y por consiguiente el fuego de su deseo por poseerme se había vuelto tan apasionado y salvaje como para poder quemarme en el proceso.
–…Mueve tus caderas como yo… – Probé de sus labios la pasión que miraba arder en sus ojos y en ese mismo instante se aferró a mis caderas para comenzar a embestirme en un lento vaivén. –…Haz que te desee aún más, Ishi… – Tomó entre su mano mi erección para comenzar a masturbarme y aumentar la profundidad y velocidad de las estocadas en mi cuerpo.
– Eso… ¡Mnh…! – Un placer sin igual se apoderaba de mi cuerpo y mente. Cada embestida con que me hacía suyo tomaba total control de mis decisiones pues me enajenaban de lujuria mientras la pasión aprovechaba la fragilidad de mi ser y me tomaba preso de sus deseos más recónditos, ocasionando que escuchará sus palabras y comenzara a mover suavemente mis caderas en un tímido intento por sincronizar mis movimientos con los de él y así llegar al ritmo que nos daría uno de los placeres más prohibidos y deseados.
– Aahh… Kyo-San… Unh… – Me sentía ahogar de placer, aunque la falta de aire por mi respiración entrecortada lograba hacer doler mi pecho, mi voz no podía perderse del disfrute de entonar los gemidos que distorsionaban toda razón que tuviese el valor de entrometerse entre la excitación que me dominaba. – E-Esto no… Ngh… – Me abracé con suma fiereza a su cuello, acortando aún más la distancia entre nuestros cuerpos que vibraban sin cesar al compartir el mutuo calor que nuestras pieles emanaban al rozarse una con la otra.
– Eres muy lindo… – Aprovechó que tenía frente a frente nuestros rostros para devorar mi boca en desenfrenados besos de pasión al tiempo que siguió moviéndose dentro de mí para dejar en claro quién era mi dueño, y quien era el único que podía hacerme doblegar en exquisito placer –…Tan lindo… – Continuó haciéndome probar de sus labios la desesperación y fiereza del deseo que le quemaba todo control existente, mientras sus manos sujetaban mi cadera y le ayudaba a darle firmeza a las estocadas que se aceleraban gradualmente.
– ¡Ngh…! – Estaba seguro que si no nos separábamos pronto me quedaría sin aire que respirar, pero los besos eran tan adictivos, como un veneno que sabía me mataría mientras más lo consumiera pero que aún así buscaba una y otra vez para morir satisfecho.
– Se siente tan bien estar dentro de ti… Y por lo que veo también te gusta… – Escuché deleite en su voz. – Ah… Estás apretándome… Muy fuerte… Gatito. – Susurró en mi oído y supe que él al igual que yo estaba disfrutando de las sensaciones.
– Umh… E-Eso no… Ahh… No es ver-… ¡Verdad…! – Negué en un jadeo, y al instante como contrariando mis palabras, mi cuerpo se retorció en insano placer por las estocadas que me embargaban una tras otra y le daban la llave al deseo para que liberara un frenético torrente de pasión que me ayudaba a disfrutar aún más de lo que él me daba.
– ¿Ah, no?… – Se detuvo un momento para salir de mí y sentarse. – ¿Qué te parece si cambiamos de posición? – Me levantó del suelo en el que estaba acostado para guiarme cerca suyo y hacer que me sentara encima de él donde su miembro volvía a invadirme con su calor.
– N-No, espe—Aahh… – Un sonoro gemido invadió mi garganta y obligó a mis replicas a mantenerse en el silencio de mi mente, ya que aquella posición me hacía sentir como su miembro se clavaba dentro de mí con mucha más profundidad que antes. Era como si él pudiese abarcar hasta los lugares más recónditos de mis entrañas y que estas reaccionaran al instante contrayéndose alrededor suyo.
La sensación era mucho más viva y placentera que antes por lo que busqué mi apoyo al aferrarme casi con violencia a su cuerpo
– Agárrate bien de mí, no quiero que te lastimes. – Mi corazón se calentó por la dulzura con que me besó pero de nuevo recordé la pasión del momento cuando comenzó nuevamente con las estocadas. – Así es más fácil besarte y admirar tu lindo rostro. – Supe sin duda alguna que mi rostro se había sonrojado por la ternura con que lo había dicho mientras mordía mis labios y tomaba mi miembro para masturbarme al tiempo que su otra mano movía mis caderas.
–…Ngh… K-Kyo-San… No haga todo… Al mismo tiem—Ahh…! – Mis dedos se entrelazaron casi con violencia entre sus cabellos al sentir como una estocada especialmente profunda había tocado un punto en mi interior que era el interruptor mismo para hacerme delirar en desenfrenado placer.
– Muévete conmigo… Si es que claro, deseas disfrutarlo más… – Dijo con una sonrisa. Lamió mi cuello mientras aumentaba la velocidad de las embestidas y las caricias de su mano en mi miembro.
Entre el infinito mar de lascivia en el cual naufragaba logré encontrarme con la vergüenza al percatarme que él era consciente de lo mucho que estaba disfrutando del placer. La posibilidad de hacer algo como eso llenó de color mi rostro, pero la lujuria no tenía limites y no dejaría libre mi mente hasta haber saciado sus egoístas deseos, así que guiándome por ella, comencé a mover mis caderas, y descubrí entonces que aquello hacía mucho más placentero la manera en que él entraba y salía de mí, ya que los movimientos se tornaban más certeros y rápidos
–…Te deseo tanto… No puedo controlarme cuando te tengo frente a mí, Ishi. – Dejó sus besos marcados en la piel de mi cuello y bajó hasta mis pezones para acariciarlos con su lengua y morderlos suavemente conforme su deseo y el volumen de mis gemidos se lo exigiesen.
– De-Debería aprender a… Ahh… Controlarse… – Me sentí como todo un hipócrita al jadear aquellas palabras. Yo era el primero que necesitaba con urgencia regresar a la normalidad y esconder ese lado que se dejaba llevar por el descontrol y el deseo mismo
– Quiero llenarte de placer, y que me deseas tanto como yo a ti. – Confesó el deseo de su corazón y volvió a tomar mis labios en un ardiente beso al mismo tiempo que aumentaba la profundidad de sus embestidas, siendo vehementes y certeros sus movimientos dentro de mí.
– Hng… K-Kyo-San, yo… Ya no… Mnh… Voy a… ¡Aahh…! – Mi cuerpo había tocado la cima misma del inhumano placer que atormentaba a mí ser. Una fuerte corriente eléctrica me hizo estremecer y encorvar mi espalda al momento de dejar liberada mi esencia en su mano que me masturbaba.
Estaba sumido en el bochorno de haber llegado al clímax primero que él, pero en aquel instante lo único que podía hacer era abrazarme a su figura e intentar tranquilizar mi jadeante respiración.
– Te viniste muy rápido. – Rió levemente. – ¿Te gustó más estar en esta posición verdad? – Observé cómo se asomaba una presuntuosa sonrisa en sus labios.
– ¡¿Qué?! Por… ¡Por supuesto que no es así! – Lo negué con bastante fiereza a pesar de que ambos sabíamos que era todo lo contrario.
–…Por cierto… – Ignoró mis palabras y me agarró fuertemente de la espalda para cargarme y así llevarme a la habitación. –…No creas que ya terminamos… – Indicó mientras me recostaba en la cama. – No te soltaré hasta quedar satisfecho… – Lubricó sus dedos al introducirlos a su boca y llevarlos a mi parte baja para acariciar el contorno de mi entrada.
– Satis—Ngh… – Un leve gemido se escuchó de mí al sentir como acariciaban de nuevo mi interior, el cual se encontraba sensible por la actividad de hace unos minutos.
– Se que ya lo hice pero, quiero estar seguro de que no te lastimes… – Probé la dulzura en sus labios que me besaron. –…Te amo… Quiero que disfrutes al hacer el amor conmigo. – La suavidad en su voz y la delicadeza y cuidado con que acariciaba mi cabello hizo que mi interior se calentara con un sentimiento muy diferente a la lujuria o la pasión.
– Kyo-San… – Susurré su nombre al mirarlo fijamente a los ojos.
Mi corazón palpitaba con tanta fuerza que dolía dentro de mí, más era un dolor que me hacía feliz, pues me daba cuenta lo infinito que era el sentimiento de amor que él tenía por mí. Le preocupaba en todos los sentidos, y en vez de pensar primero en su placer, pensaba en el mío, anteponiendo mis necesidades antes que las suyas. Ese hecho me hacía realmente feliz, la sensación de sentirse amado… Era algo que me llenaba por completo.
– Te amo, Ishi… – Me sonrojé levemente fruto de las dulces palabras que acariciaban mis oídos y de los besos que con delicadeza marcaban los sinceros sentimientos de los que éramos cómplices.
La ternura era lo único que podía saborear en cada uno de sus besos que no paraban y que yo mismo deseaba, no terminaran jamás.
–…No me cansaré de decírtelo… – Estaba tan absorto en la ternura de sus acciones que fue mucho más fácil recibirlo dentro de mí, al sustituir sus dedos por su miembro. Él al notar que era aceptado en mi interior empezó a moverse lentamente dentro de mí.
– Ahh…Umh… – Un temblor recorrió mi ser entero al volverme a unir con él. El suave y lento movimiento de sus caderas me reafirmaba una vez más la preocupación y cuidado con que me trataba, más sin embargo mi cuerpo no podía dejar de implorar en silencio un contacto mucho más intenso con su cuerpo.
– Eres mío… Y solamente mío… – Posó sus labios en todo mi cuerpo para marcarme como suyo, mientras aumentaban las estocadas y mi cuerpo le agradecía por ese hecho mediante la manera en que se tensaba y temblaba en el placer que me daba con cada embestida en mi interior. – Ah… Nadie más que yo puede… Ah… Hacerte sentir el placer que… Estoy dándote. –
– Ahh… Kyo-San… Y-Yo… Mnh…. Soy… Suyo… Ah… ¡Sólo…Suyo…! – Me abracé a su cuerpo tal como si fuésemos una sola entidad que necesitaba estar junta para sobrevivir, porque eso éramos. Dos cuerpos que compartían un mismo corazón y que quedaría incompleto con la ausencia del otro. Y en contraste con aquel dulce sentimiento, estaba la excitación que me causaba el sentir como él deseaba poseerme casi con desesperación.
– No dejes que nadie más que yo te posea… – Aumentó la velocidad y la profundidad de las embestidas como si sólo fuese guiado por ese sentimiento de pertenencia hacia mí. – No quiero compartirte con nadie… – Me besó con violencia y arrebato y tomó de nuevo mi miembro para hacerme delirar aún más en el placer que sólo él podía darme.
–…Por… ¿Por quién me toma? Ngh… ¡Es… Obvio que no… Ahh… D-Dejaría a nadie más hacer… Mnh… Lo que usted… Nhm… Me hace…! – Exclamé un poco ofendido por sus palabras que me hacían sentir en tela de juicio, aunque de nuevo la fuerza de mis gemidos había aligerado el tono brusco de mi voz, pues las embestidas se hacían mucho más profundas y rápidas.
– Muévete Ishi… Haz que te desee mucho más… Hazme saber que me deseas tanto como yo a ti… – Se aferró con fuerza a mis caderas para moverse rítmicamente dentro del sensible lugar que era capaz de enloquecerme.
Me vi seducido por sus palabras y seguí el mismo ritmo que él marcaba con mis caderas. El resultado era tan placentero que me perdía en las sensaciones mientras mi cuerpo parecía alcanzar la realización de todos sus deseos al unirse en equilibrio con la persona a la cual amaba y me daba la felicidad con cada instante que compartía a su lado.
– Soy solamente tuyo, Ishi… – Me abrazó fieramente y nuestros cuerpos quedaron aún más cerca de lo que ya se encontraban. El sentir su piel contra la mía en aquel momento de apasionada intimidad me quemaba de la forma más demencial y exquisita posible. – Te amo con locura…– Sus movimientos se volvieron aún más agiles dentro mío y el ritmo con que su mano me complacía se tornaba frenético en el impulso que dominaba nuestros cuerpos pues el clímax estaba cada vez más cerca para envolvernos en ardiente éxtasis.
Por un momento el aliento se me había sido arrebatado por sus palabras. Entre el placer y el deseo que se apoderaba del ambiente a nuestro alrededor, una gran felicidad envolvió con dulzura mi alma al saberme correspondido por él. Él me pertenecía, sólo yo tenía el derecho para reclamarlo como mío, pensé entonces que podría morir en aquel instante tan sólo con ese pensamiento y el contacto de nuestras pieles que ardían de pasión y nos quemaba poco a poco el corazón.
– ¡Aahh… K-Kyo-San… Kyo-San…! – No podía sentir otra cosa que no fuese el desbordante placer que me hacía delirar al repetir su nombre entre jadeos y gemidos, pues ya perdido estaba en un mar de deseo, donde el pudor y la vergüenza no tenían lugar ni cabida.
–…Ngh… Ishi… Estás apretándome muy fuerte… – Me di cuenta que yo no era el único que reaccionaba por el otro, ya que él, al escuchar como yo sumido en el placer pronunciaba su nombre entre gemidos, logró romper la poca resistencia que aún en él existía y desató la intensidad del lujurioso deseo que le exigía ser saciado mediante las violentas embestidas a mi cuerpo que ya habían perdido toda delicadeza en el acto y ahora entraba y salía de mí en un desenfrenado e intenso vaivén de caderas. – Vente junto a mí, Ishi… Quiero sentirte otra vez… – Violentó mi boca con la furia al que el clímax lo seducía a olvidarse de su mente y dejar el libre paso a sus carnales instintos.
– Ky-Kyo-San… Y-Yo… ¡Aahh…! – Escapé del furor de sus labios para emitir un elevado gemido de placer que marcó la diferencia entre lo que mi cuerpo era capaz de tomar de él. Mi límite había sido tocado y el orgasmo había llegado guiado por la manera en que me hacía el amor. Me abracé casi con violencia a su espalda, inclusive tuve la fugaz noción de que entre todo el éxtasis de placer había clavado mis uñas en la piel de su espalda al tiempo en que me venía entre nuestros abdómenes y experimentaba una vez más la placentera sensación de como él dejaba salir su esencia dentro de mí y al instante me marcaba como suyo en un acto de amor y deseo pasional.
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Luego de recuperar el aliento, entrelacé mis dedos en su cabello para acariciarlo con suavidad.
– ¿Estás bien? Lamento si fui muy rudo al final. – Besé su frente mientras lo abrazaba. – Pero cuando te tengo frente a mí no puedo controlarme… – Le confesé al llenar de besos sus labios.
– Yo… Estoy bien. – Dijo con débil voz puesto que el cansancio le estaba cobrando todo lo sucedido aquel día, por lo que descansó su cabeza en mi pecho. Me alegra saber que Ishi está más que acostumbrado a mí. – No se preocupe… Kyo-San. – Susurró levemente dejando que sus párpados se cerraran a la vez que los latidos de su corazón y su respiración se hacían más calmados. – Kyo-San… – Después de varios minutos en los que parecía que estaba dormido, susurró mi nombre sin siquiera abrir los ojos. – Mañana… Quiero que… Comience a… Trabajar. – No puedo creer que aún dormido me esté dando órdenes… Este chico realmente se aprovecha de su ternura.
– Aun así… No puedo negar que sigues siendo adorable. – Le susurré con suavidad mientras besaba su frente. –…Siempre voy a cuidarte… Aun si me obligas a trabajar hasta la muerte. – Dije con gracia, mientras juntaba nuestras frentes, acomodándome para dormir junto a él.
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– Unh…–
Poco a poco el manto que me cubría en un profundo sueño fue desvaneciéndose hasta que la claridad llenó mi mente al abrir lentamente los ojos. Me fui despabilando al momento en que mis oídos escucharon el lejano sonido de la ducha cayendo. Miré de un lado y luego del otro tan sólo para asegurar que en efecto Sensei no estaba.
– Mnh, de todos modos no tengo trabajo… – Murmuré despreocupado, puesto que Kirishima-San había sido condescendiente conmigo por la situación en la que estuve expuesto y me permitió faltar hoy al trabajo para poder descansar.
Me disponía a retomar el sueño, pero la molestia que me causaba sentir la garganta seca me obligó a levantarme por un vaso con agua.
– ¡…! – Me vi sorprendido al percibir un insistente dolor punzante en mis caderas, al tiempo que mis piernas tal cual si fueran débiles palillos me traicionaron y caí abruptamente en el piso, causando un gran estruendo con el impacto.
Vi desde arriba como Sensei salía de la ducha después de ser alertado por el sonido de algo cayendo al suelo.
– ¿Qué fue eso?… – Me miró desde abajo en el suelo en el que aún me encontraba. – ¿Qué estás haciendo allí?… – Me preguntó con una confusión tan genuina que logró opacar el bochorno de notar que estaba desnudo frente a mí.
Quizás mi rostro dejó que algo de mis emociones se reflejaran pues antes de acercarse a mí tuvo la amabilidad de envolver su cintura en una toalla, mientras llevaba otra hacia sus hombros.
Miré con molestia a Sensei, por supuesto… Aún en el suelo. Creo que tengo un nuevo amigo…
– Nada… Sólo le estaba dando cariños al piso. – Respondí con un sarcástico tono, siendo su compañero mi fulminante mirada.
Sabía muy bien a qué se debía mis múltiples dolencias… Por no decir que también la espalda sufría por su culpa ¿Será siempre así después de… Eso?
– ¿Ah sí?… ¿Por qué mejor no me das cariños a mí?… – No le tomó importancia a mi sarcasmo y tuvo el descaro de sonreírme mientras se ponía a mi altura. Y sí, podría volver a mencionar que sigo en el suelo, por si todavía no ha quedado claro…
– Creo que ya obtuvo demasiados anoche… – Contesté sin prestar mucha atención a mis palabras, puesto que el dolor y la molestia que sentía embargaba mis pensamientos, sin embargo cierto atisbo de lucidez llegó a mi mente tan sólo para ser consciente de mis palabras y que estas llegaran a hacerme enrojecer por el bochorno. – En fin… Será mejor que… – Intenté levantarme, más fallé en el intento al volver a ser preso de la situación de mi cuerpo y mis piernas que no deseaban reaccionar.
Esto es tan… Patético…
– Mmm… –
¿Qué? No me diga… ¡¿Ya se dio cuenta de lo obvio?!
– ¿…Estás bien? –
Estuve a punto de rodar mis ojos con visible fastidio pero la ternura con que me observaba borró toda intención. Me tomó entre sus brazos para levantarme del suelo y subirme a la cama. Se aprovechó de poder manipular mi indispuesto cuerpo y me colocó justo frente a él e hizo que descansara sobre sus piernas.
– ¿Te lastimé verdad?… Lo siento… – Apoyó su cabeza en la curvatura de mi cuello. Dejó de lado toda mofa para hablarme ahora con suavidad, claramente arrepentido por su anterior actitud.
– ¿Eh? – Sus disculpas me dejaron desconcertado. Él realmente era consciente de ser el causante de mi estado, e inclusive lo sentía por ello, cosa que logró hacerme sentir un poco mal por mi actitud hacia él. – Tampoco es la gran cosa… – Susurré. Quería quitarle importancia al asunto.
–…Ibas por algo, ¿No? Puedo ir por aquello, sólo dime que necesitas. Haré lo que quieras hoy, gatito. – Sus labios se curvaron en una sonrisa que me dejó flotando por varios segundos.
– Bueno… Iba por un vaso con agua, pero, primero… – Tomé la toalla que el traía en su hombro y la acerqué a su cabello para secarlo. – Sería bueno que se secara primero. – Sugerí. Me había sentido como toda una madre preocupada por su hijo.
Sin embargo a él no le molestó en nada ese hecho ya que permitió que siguiera secando su cabello hasta que estuve satisfecho con el resultado.
– Ya te lo traigo… – Besó mi frente en cuanto terminé de secar su cabello. – Recuéstate hasta mientras… – Indicó y se levantó de la cama. – Y también creo que es mejor que pases el día conmigo… – Sugirió, aunque pude escuchar en su voz el deseo de que accediera a permanecer a su lado.
– Supongo que es lo mejor… – Contesté antes de que él saliera por la puerta.
Me ponía un poco ansioso el no regresar aún a mi departamento. Había cosas que quería corroborar y otras que se habían quedado pendientes, como…
Mis pensamientos fueron interrumpidos al escuchar los pasos de Sensei que regresaba a mí lado. En cuanto lo vi tuve la intención de volver a sentarme pero él puso una mano en mi hombro para mantenerme acostado y me entregó el vaso con agua.
– No trates de esforzarte… No quiero que te lastimes más… – Explicó, algo preocupado por el estado de mi cuerpo.
– De acuerdo… – Susurré levemente.
No esperaba aquellas palabras. Era quizás un imbécil total en ese tipo de asuntos sobre los sentimientos, ya que a pesar de saber que él se preocupaba por mí, era incapaz de no emocionarme o sentir como mi corazón se contraía con cualquier pequeña muestra de afecto o preocupación. Tal vez era porque en mi vida algo como el amor y el cuidado siempre fueron ausentes, aunque en el fondo sabía que se debía tan sólo a que se trataba de él.
– ¡…! –
Lo estaba mirando fijamente, pero en cuanto comenzó a cambiarse de ropa desvié al instante la vista para no observarlo. Inclusive eso que debería ser tan normal entre… Amantes… Me ponía tan nervioso y apenado que lograba sonrojarme.
– En este momento tengo que ir a una reunión. – Comentó. – Te dejo haciendo el desayuno y regreso enseguida. – Acarició suavemente mi cabello al hablar.
– ¿Va a irse? – Había olvidado la pena de verlo desvestirse y levanté el rostro al escuchar esas palabras. No logré mantener oculta la tristeza que reflejaba mi voz y la ansiedad que en mis ojos se refugiaba y bajé al instante el semblante por aquella reacción tan sincera.
– ¡Ohh…! –Se arrodilló cerca de la cama para quedar a mi altura. – ¿Ya estás extrañándome?… Eres realmente adorable. – Me vio fijamente con una sonrisa en sus labios.
–…E-Eso no…– Me senté al instante con todas la intención de decir algo pero me había quedado sin una respuesta que dar. Era obvio que lo iba a extrañar, pero también era obvio que yo no se lo diría así como así. Por lo que decidí mejor permanecer callado antes de dejarle ver alguna otra parte escondida de mí.
– Por cierto… ¿Me das mi beso de buenos días antes de que vaya a preparar el desayuno? – Preguntó con bastante interés mientras acariciaba mi cabello y mejillas.
– ¿Por qué parece haber un beso para todo? Beso de "buenas noches" de "buenos días"… – Traté de hacerlo parecer algo trivial para mí, ya que esperaba que él desistiera, sin embargo no se inmutó para nada y tal como si no me hubiese escuchado, permaneció esperando con bastante paciencia como si tuviese todo el día a sus pies.
– Quiero que mi gatito me mime. – Decidió confesar cuando se dio cuenta que yo tampoco cedería y juntó nuestras frentes para caer rendido ante la dulzura que había en sus ojos al verme y la delicadeza con que sus manos tomaban mi rostro para mantenerme cercano a él.
La manera en que me miraba con tanta dulzura y me acariciaba con tal suavidad me hacía sentir la persona más querida en el mundo. ¿Cómo podría decirle "No" a él? Inclusive aquella forma en la que me llamaba… Aún no me acostumbraba a ser llamado "gatito" pero no porque me incomodara, sino porque a pesar de apenarme, cada vez que él me llamaba así con ese suave tono en su voz, mi corazón reaccionaba al instante en que palpitaba sin cesar y deseaba salir disparado de mí pecho. Sabía que aquel apodo estaba lleno del más puro y sincero amor que él sentía por mí, y por eso… Cada vez que lo escuchaba era inevitable el no ser atrapado por un sentimiento de calidez. Me gustaba… Es cierto… Me gustaba que me dijera así…
– No sé… Qué haré con usted… – Mi corazón latía con fuerza dentro de mí, me encontraba muy poco preparado para hacerle frente a sus ataques de cariño a los cuales no podía resistirme, por lo que en un acto de valor rompí la escasa distancia entre nuestros rostros para rozar sus labios con los míos en un suave y dulce contacto que había durado tan sólo segundos, los segundos exactos que yo podría soportar antes de que mi corazón explotara.
– En realidad… Son excusas que utilizo para que me beses, si no, no lo harías… – Revolvió mi cabello en un gesto que significaba disculpa, él sabía que no me agradaría su pequeña confesión.
– Eso no es para nada justo. – Lo reprendí con la mirada, aunque mi tono de voz había sido bastante suave a comparación.
Sabía que tenía cierto grado de razón. Era difícil que yo tomara la iniciativa sin estar preparado para ello. ¿Es que siempre iba a tener que lidiar con este sentimiento de vergüenza? Había pensado que nada me inmutaba, que podía reaccionar impasible ante cualquier cosa, pero como era de esperar… Cuando se trataba de él, era como si mis emociones muertas emergieran de la oscuridad y salieran a hacer un desastre de mi mente y mi corazón
– Recuerde tener cuidado con los cuchillos… – Desvié el semblante para esconder el sonrojo que aquel beso me había causado. Aún podía sentir la calidez de sus labios en los míos, y eso… Me hacía sentir extrañamente emocionado y feliz.
– Estaré bien, no te preocupes… – Dijo divertido al ver mi expresión y antes de que pudiese regañarlo por ello, se dirigió a la cocina para preparar el desayuno.
Regresó luego de una hora, con una bandeja en las manos que contenía un desayuno bien elaborado tanto en la preparación como en la presentación.
No pude definir lo feliz que me sentía por algo como eso. Quizás eso era lo que llamaban estar enamorado y sentirse dichoso por cada detalle que tuviera contigo el objeto de tu amor.
– Si las chicas que andan detrás de mí supieran que le estoy llevando el desayuno a la cama a mi amante… ¡Enloquecerían! – Dijo divertido al acercarme la comida. Hubiera sido mucho mejor si él no hubiera mencionado a las tantas mujeres que lo codiciaban, pero entendía que no podía tener todo en la vida.
– Lo bueno es que nunca lo sabrán… – Respondí a su comentario sin mucho interés. No quería ni imaginar las posibles reacciones de sus fans al saber algo como eso. Seguramente se abalanzarían sobre mí con un sin fin de insultos y reclamos por haberles "robado" a Sensei.
– Me pregunto si también debería alimentarte… – Me miró con interés y una sonrisa implícita de que deseaba hacerlo.
– N-No se preocupe… Puedo solo. ¡Itadakimasu! – Contesté al instante de percatarme de sus intenciones. Y le di el primer bocado a la comida que él había preparado para mí. – Umn, está delicioso… – Dije sin pensar por aquel exquisito sabor proveniente de los alimentos. No esperaba que supiera tan bien tomando en cuenta lo poco experimentado que él era en la cocina. – Parece que está mejorando en la cocina y… Eso me recuerda… – Tomé sus manos y las examiné minuciosamente. – No se lastimó, eso me alegra. – Mencioné, aliviado al darme cuenta que no se había cortado ni nada por el estilo.
– Eso es porque tengo a alguien que prueba mis comidas… Además… Cualquier cosa que sea para ti la haré esforzándome en ello… – Me miró tiernamente y me sonrojé al saber que la forma en que me miraba se debía a la manera en que había actuado frente a él sin sentirme nervioso.
– Oh… Ya veo… – Eso fue lo único que logró salir de mis labios. Aquella miraba que me regalaba me capturaba por completo y se robaba la razón que necesitaba mi mente para articular algo mucho más elaborado.
– Bueno… Creo que es hora de que me vaya… – Se levantó a buscar su portafolio. – Deja los platos a un lado, luego vendré a lavarlos… Me llamas si necesitas algo… Y…– Besó mi frente. – Estaré aquí en seguida, ¡No vayas a irte! – Dijo en broma ya que ambos sabíamos que ni siquiera podía levantarme.
– Muy gracioso, Sensei. – Me vengué de él al llamarlo como siempre en un sarcástico tono, no obstante él no se vio afectado por mi comentario y continuó como si nada.
– Mientras tanto Kibou te hará compañía… – Miró a Kibou que ya se había levantado y ahora se subía a la cama para saludarme. – Cuida bien de mi novio, ¿Entendiste? – Se dirigió a nuestro cachorro y este respondió positivo con un enérgico ladrido. – Buen chico. – Acarició su cabeza con aprobación.
¿Buen chico? Eso lo he escuchado antes, pero ¿Cuándo?… Oh… Me dijo de esa misma manera ayer cuando… Esto en específico no me hace feliz…
– ¡Ah! Es verdad… – Me hizo olvidar por completo mi recién descubierta molestia cuando se acercó a mí y depositó un suave beso en mi mejilla. – Te amo… Voy a extrañarte mucho, gatito… – La ternura en su voz me acarició el corazón y juntó nuestras frentes para darme un pequeño beso en la nariz. – Hasta luego. –
– Nos… Vemos… – Dije tardíamente pues él ya se había ido de la habitación. En aquel momento había quedado embelesado por sus acciones que de nuevo fui incapaz de actuar como ameritaba la situación.
– Seguro que él piensa que soy extraño… – Susurré para mí mismo, al tiempo que enterraba mi rostro en la almohada como si con eso pudiese borrar el pasado, o tal vez la culpa que sentía.
La angustia acariciaba con delicadeza mi corazón, tal como si fuese un suave susurro que con su simple briza llegaba a destruir la tranquilidad de mis sentimientos. La felicidad tocaba las puertas de mi presente, pero…
¿Qué me decía que detrás de ellas siempre estaría la buena suerte sonriéndome?
Me aterraba pensar que quizás aquella luz que me cubría podría convertirse en tinieblas en cualquier momento. Lo peor de todo es que sabía que si eso sucedía sería tan sólo por culpa de mis pecados cometidos.
Ayer había tenido la suerte de esquivar mi destino. Porque lo sabía… Tarde o temprano debería de encarar las consecuencias de mis actos. Sin embargo hasta entonces, me vería sufriendo en silencio la angustia de lo desconocido, el ignorar el momento en que todo se derrumbaría y yo sería reducido a una mísera mentira más.
– ¿Estuvo bien el estar con él? – Me pregunté a mi mismo, siendo el silencio mi única contestación.
Temía que la inmundicia ensuciara su figura. Él ya tenía su propio pasado del cual arrepentirse, yo tenía el mío, y lo que ambos queríamos es que ninguno de los dos se viera perjudicado por el otro, no obstante siento que mi silencio no hará otra cosa que más dañarlo.
Quizás… No debí haberle dado una respuesta antes de terminar de limpiar los desastres que dejé a mi paso…
De pronto sentí como alguien tironeaba de mi cabello, como pidiendo por mi atención. Al levantar la mirada me di cuenta que se trataba de Kibou, quien me miraba con sus grandes ojos expectantes.
Aquellos ojos me habían capturado por su misteriosa combinación de colores. El profundo y enigmático gris y aquel suave pero inquietante color ámbar que relumbraba sin cesar. Esos ojos me recordaban a esa persona… Aquella persona que como un rayo de luz llegó a ahuyentar toda tiniebla en la cual había deseado morar para siempre. Él me había guiado al camino correcto para no ceder ante la desdicha que me acogía. Había sido la esperanza que perdida estaba para siempre… Él…
No estoy seguro quien, o qué era… Lo único que sé es que quisiera poder volver a verlo, y agradecerle… Darle las gracias por haberme dado una segunda oportunidad.
– Quizás y en verdad era un ángel y ahora ha sido enviado en ti, Kibou. – Dije con bastante seriedad como si en verdad pensara en esa posibilidad.
Kibou tan sólo me miró con confundidos ojos y al no comprender mis palabras se limitó a lamer repetidas veces mi rostro.
– Bien, bien… Creo que no lo eres. – Reí por lo enérgico que era, y lo tomé entre mis brazos para acariciarlo. – Supongo que será un largo tiempo para que Sensei regrese con nosotros. – Pensé detenidamente en la soledad que sentía dentro de mi corazón.
Siempre me había sentido solo, pero jamás me había entristecido tanto como ahora… Porque ya conocía lo que era tener a alguien a tu lado, y cuando ya no estaba… Era mucho más doloroso que jamás haberlo conocido. Con aquel pensamiento que llenaba mi mente, poco a poco fui arrastrado a un profundo sueño.
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Fue una reunión bastante aburrida… Menos mal terminó temprano, no quiero dejar esperando a Ishi… De seguro se siente solo sin mí… Aunque sinceramente… El que se siente solo y quiere estar en compañía soy yo. Realmente disfruto cada momento que pasamos.
– ¡Ishi, ya regresé! – Anuncié al llegar a casa, subiendo rápidamente a la habitación. – Sabes, en la edito- – ¡Ups! Parece que se quedó dormido junto a Kibou. – En realidad… Ya te has acostumbrado a mí, como yo a ti, ¿No?… – Le susurré, para luego sentarme junto a él y acariciar su cabello. – ¿Tú también deseas ser mimado? – Dije divertido al ver que Kibou se levantó al momento de sentir mi presencia, parándose en sus dos patas sobre mi pecho. – Si no te quedas quieto, lo despertarás. – Le advertí tratando de calmar su gran energía.
– Unh… – Ishi poco a poco abrió los ojos al escuchar voces y sentir el movimiento de la cama. – No me di cuenta cuando llegó, Kyo-San… – Talló sus ojos con pesadez para quitarse el sueño de encima, y después sentarse en la cama y hacer una fugaz mueca de dolor que al instante quiso desaparecer de su rostro.
– Lo siento… – Me volví a disculpar mientras acariciaba sus mejillas.
Él simplemente fijó su insistente mirada en mí, me miraba fijamente y con tanta persistencia, sin si quiera decir una palabra, como si estuviese debatiendo consigo mismo.
– ¿Qué estás haciendo?… Es como si me rogarás que te besara al mirarme de esa forma. – Lo observé divertido. – Ven… Dame un beso… – Lo tomé de la barbilla y besé dulcemente sus labios. – ¿Dormiste bien?… – Revolví su cabello. – ¿Tienes hambre? Puedo ordenar algo para que comamos juntos… –
– ¡…! – Se vio sorprendido por el beso, por el cual, al instante bajó el semblante pues su rostro estaba visiblemente sonrojado.
– Pero primero debería preparar la tina para que te des un baño… ¿Está bien? –
– Me parece bien… – Aceptó sin pensarlo dos veces. – Eso me recuerda… ¿Cómo le fue en la junta? Me imagino que hablaron sobre los planes a futuro para su manga, y el cómo abordarían la… Situación de… Este momento… – Bajó su tono de voz al comentar aquello.
– En la reunión se habló de lo usual… – Dije un tanto molesto. – Isaka-san y Zen abordaron el tema de los periódicos, pero… No es nada que no pueda resolverse. – Le dije para tranquilizarlo, pues, ciertamente lo de la prensa me tiene sin cuidado. Mientras le hablaba fui directo al baño para preparar la tina.
– Hubiera querido estar presente en esa junta, pero como siempre, Kirishima-San saca un pretexto para que no los acompañe. No entiendo cual es el problema. – Dijo algo enfurruñado por el asunto.
– Esto es divertido, tendrás que abrazarme para llevarte cargando hasta el baño… – Me coloqué a su altura y esperé a que él mismo viniera hacia mí para cargarlo.
– ¿Qué?… ¡Yo puedo ir solo! – Exclamó con determinación, e intentó levantarse pero una punzada de dolor le hizo desistir. – Está bien… – Cedió a regañadientes e intentó esconder lo nervioso que le ponía abrazarse a mi cuerpo con fuerza para ser cargado hasta el baño.
– Si te llevara a las juntas, los de ventas terminarían enfadándose contigo por ser muy directo con ellos. – Retomé el tema mientras lo llevaba al baño. – Si prometes comportarte le diré a Zen que te deje asistir con nosotros… Después de todo es parte de tu trabajo y es una buena experiencia para sumar en el futuro… –
– Sólo así ellos entienden. Pero si usted se refiere a ser "sutil" con "comportarme", supongo que… Lo intentaré… – Dijo no muy seguro de poder mantener su boca cerrada ante los certeros comentarios que solía dar.
–…Aún no puedo creer que te tenga junto a mí… Después de todo lo que pasó, el que me sigas amando es un milagro. – Lo besé con suavidad y lo metí en la tina.
– Kyo-San… – Susurró mi nombre, y sus ojos me miraban fijamente, tal como si hubiese sido sorpresivo el escucharme decir esas palabras. – Bueno… Es verdad que muchas cosas pasaron… Pero también es verdad que… Esto que siento es mucho más grande e intenso que cualquier otra cosa… Creo que por eso nunca me di por vencido a pesar de todo… Supongo que siempre he sido muy persistente y obstinado. – Mencionó con una sonrisa en su rostro.
– ¿Eres feliz estando junto a mi Ishi? – Me senté cerca de él y lo miré tiernamente. – ¿Seguirías siendo insistente y obstinado respecto a mí? ¿No dejarás que me aleje nunca de ti?… Porque… Yo lo seré… – Le confesé al tomar un poco de shampoo entre mis manos para luego enredar mis dedos en su cabello, masajeando suavemente su cabeza para que se extendiera la espuma del shampoo y se empezara a relajar.
– Por supuesto que soy feliz junto a usted, Kyo-San. Nunca antes… Había sido tan feliz como lo soy ahora y… Quizás no se lo imagina, pero he estado luchando por este momento largo tiempo. Y ahora que por fin lo he logrado… No pienso por nada del mundo dejar que esa felicidad escape… Es usted mi felicidad, y por eso haré lo que sea para que siga a mi lado. – Interrumpió el labor de mis manos, para entrelazarlas suavemente con las mías.
– Me apegaré a ti y no te dejaré ir de mi lado… Eres solamente mío… Eres mi gatito. – Le di un pequeño beso en el cuello.
– Yo soy suyo, y usted… Usted es mío. – Me miró fijamente con la seriedad adueñándose de sus ojos, y en ellos demostraba la firmeza de sus palabras, que lo afianzaría al acercarse a mi rostro y darme un dulce pero profundo beso en los labios, demostrándome con ello que su posesión hacia mí era verídica.
No pude evitar sonreír por aquel pequeño acto posesivo y adorable de su parte.
– Por supuesto… Mi corazón es tuyo… Puedo morir y volver a la vida tan sólo con un pequeño gesto de tu parte… – Besé repetidas veces sus labios, en un suave y ligero contacto. – Te amo… Si pudiera decirlo o expresarlo de otra forma lo haría, ya que lo que siento por ti no tiene límites… Te amo Ishi… –
Ishi no expresó palabra, pero sus ojos eran la ventana abierta a sus pensamientos y emociones los cuales reflejaban que aunque no me lo dijera, ellos me decían que él sentía lo mismo por mí.
Apoyé mi cabeza en la curvatura de su cuello mientras seguían mis manos entrelazadas a las suyas, y permanecí de esa forma por largos segundos.
– Creo que me estoy empezando a mojar… – Dije divertido. – Iré a pedir sushi para comer… – Besé sus mejillas. – Vuelvo en un segundo para ayudarte a salir de la tina… – Lo besé una vez más.
– Oh, cierto. Lo siento por eso… – Se dio cuenta que me estaba empapando por lo que se alejó de mí. Me encanta ver cómo puedo dejarlo sin defensas con tan sólo besarlo…
Fui a hacer la llamada, preocupándome por pedir el platillo que le gustaba a Ishi.
– Bueno… Llegarán en un momento… Ahora, sólo debo sacarte de la tina…–
Volví al baño y tomando una toalla, sequé su cabello para luego inclinarme y sacarlo de la tina, envolviéndolo en una toalla y llevándolo nuevamente a la cama.
– ¿Debería secarte también y vestirte? – Dije divertido, al momento de ir a buscar una muda de ropa para él.
Muero por el día en que mi armario esté lleno de su ropa, el que sea habitual que se quede a dormir conmigo que, varias de sus cosas se encuentren en mi departamento, al igual mis cosas cuando vaya al suyo… ¿No sería mejor que le ofreciera vivir conmigo?… ¿O es algo apresurado?
– ¿Q-Qué? – Se alteró por la pregunta que fue inesperada. – N-No se preocupe, yo puedo hacerlo solo. – Dijo con certeza y con su rostro sonrojado pues posiblemente se imaginaba un escenario como ese y le daba bastante pena el pensarlo. – Ya ha hecho mucho por mí. En verdad. – Tomó la muda de ropa que le ofrecía. – Emm… Kyo-San… – Me miró fijamente, tal como si esperara algo en especial y me estuviera dando una indirecta.
– ¿Eh?… Ishi… No me digas que… ¿Debo voltearme?… – Lo vi por unos segundos para comprobar la veracidad de sus palabras. – Lo hemos hecho muchas veces, incluso conozco que partes de tu cuerpo son sensibles a mi tacto… ¿Aún así debo hacerlo? – Dije con una sonrisa sabiendo que aquello lo apenaría.
– ¡…! – La expresión abochornada de su rostro y su silencio demostró que estaba en lo cierto. – A-Aún así… Simplemente… ¡Hágalo! – Exclamó.
– ¡Está bien, lo haré! – No pude evitar reírme de aquello. – Haré lo que me pides gatito. – Me di la media vuelta esperando a que se cambiase. – Voy a bajar, al parecer la comida ha llegado. – Le dije aún con algo de risa por lo de antes.
Regresé pronto a la habitación.
– Bien, ¡Es hora de almorzar! ¡Estaba muriendo de hambre! – Me acomodé junto a él para comenzar a comer. – Di "ahhh" – Le indiqué al tomar una pieza de rol y ofrecérsela para que comiera.
– ¿Qué está haciendo? – Preguntó con genuina confusión. – Sé que no puedo moverme con tanta libertad, pero puedo comer por mí solo. – Expresó, algo desconcertado, sin captar el motivo verdadero del porqué lo hacía. A veces Ishi es bastante denso para esto.
– Eso ya lo sé… – Me llevé aquel rol a la boca. – Pero, ¿No crees que el darle de comer a la persona que amas es otra forma de demostrar cariño? – Lo observé con ternura. – Entonces… ¿Este gatito me dejará alimentarlo? – Le dije con ternura mientras volvía a ofrecerle un bocado.
Guardó silencio a mi pregunta. Se había quedado observando el bocado que le ofrecía, tal y como si tuviera sentimientos encontrados por no haber intuido que esas eran mis intenciones, más al final abrió la boca y permitió que le diese de comer.
– Supongo que… Soy algo… Lento… En estas cosas… – Confesó, sin mirarme al rostro, era obvio que se sentía culpable por ser tan insensible. – Aunque… Nunca es demasiado tarde para aprender, ¿No? – Rectificó, al tiempo que algo nervioso tomaba una pieza del rol y la acercaba hacia mí para darme de comer tal y como lo había hecho con él.
– No te preocupes, es normal… Después de todo soy la primera persona con la que sales… – Comí de aquel bocado. – Y tranquilízate… – Dije divertido, acercándole otro bocado el cual tomó aún un poco nervioso. – Somos novios después de todo… Y amo tu forma de ser… – Lo observé tiernamente. – Cada cosa que haces me resulta adorable… Y haces que me enamore más de ti… ¿Cómo haces para enamorarme todos los días? – Le dije con una sonrisa.
– ¿C-Cómo se supone que voy a saber eso…? – A pesar de que le dije que se tranquilizara, esa última pregunta lo puso por demás nervioso. – Aunque… Es algo irónico, ¿No cree? – Dijo después de algunos minutos en silencio. – Es decir… Usted dice que yo tengo mucha paciencia por aguantar algunos aspectos de usted, aunque para mí no son molestia, al contrario… Me gustan. – Bajó el tono de su voz como si eso fuese algo que no deseaba que yo supiese… O más bien, como si yo no lo supiera. – Por otra parte… Usted también me tiene mucha paciencia, porque soy algo retraído e indiferente en cuanto a asuntos… Amorosos… Pero de igual forma eso no afecta a sus sentimientos… Somos iguales en ese aspecto. – Me sonrió y me ofreció otra pieza de rol.
– No creo que sea irónico… – Probé de aquel bocado. – Eso es porque nos amamos… – Le dije luego de besar dulcemente sus labios. – Porque me amas como soy y porque te amo como eres, esa es la razón… – Le sonreí y le ofrecí otra pieza de rol, el cual recibió al comerlo tímidamente.
– No sé como lo logra, Kyo-San… A lo que me refiero es que… – Parece que busca las palabras indicadas. – Usted siempre encuentra la forma más sencilla para comprender las cosas… Mientras yo me complico la vida buscando una respuesta, que al parecer siempre la tengo frente a mí y aun si la encuentro, no puedo evitar el cuestionar si es correcta o no, es ahí cuando entro en toda una encrucijada… – Soltó una leve risa al reflexionar sobre lo que había dicho. Tomó otro bocado, para ofrecérmelo. – Dígame, ¿Cual es su secreto? – Preguntó, interesado.
– No hay ningún secreto. – Reí levemente y abrí mi boca para degustar el bocado. –…Son cosas que se aprenden… Ya sea de buena o mala gana, ¿No crees? Todo lo que he vivido, lo que me ha causado felicidad e incluso tristezas son cosas de las cuales he podido aprender y que de una u otra forma me han ayudado a crecer… Aunque… ¿Sabes? No eres el único que se suele complicar o no entiende ciertas cosas… – Le confesé. – Por ejemplo, hay cosas que he aprendido de ti y que me has enseñado y de las cuales te agradezco, como es el aprender a organizarme mejor e incluso… Me enseñaste a dar siempre lo mejor de mí… – Apegué nuestras frentes. – Y no te martirices Ishi, en realidad… Lo único errado es tener miedo a equivocarse… Además… – Lo besé dulcemente. – Siempre voy a estar contigo, si te equivocas voy a apoyarte… Y si me equivoco, tú harás lo mismo, ¿Verdad? –
– Por supuesto… – Tomó sin dudar mi mano para enlazarla con la mía. – Yo siempre estaré ahí a su lado, para apoyarle. – Apretó con suavidad el agarre de mi mano para que reconociera la firmeza y sinceridad en sus palabras. – Lo apoyaré cada día que pasé sin importar qué. Quiero… Quiero que en mí encuentre ese lugar donde pueda refugiarse cuando se sienta perdido… – Sus ojos estaban llenos de ferviente emoción. – Mi deseo es verlo feliz, y si yo contribuyo a que eso sea posible, entonces será el mayor regalo para mí. – La dulzura tomó lugar en su mirar, y sin evitarlo, una cálida y honesta sonrisa se dibujó en su rostro… De esas que tanto amo observar… Y de las cuales me provoca querer comérmelo a besos.
– Tú ya me haces feliz… Sin ti, simplemente no sabría que hacer… Estoy tan acostumbrado a tenerte a mi lado Ishi… Dependo de ti totalmente… Te amo… – Lo abracé y lo apegué a mi pecho, percibiendo el dulce aroma de su cabello y su cuerpo recién salido de la ducha. – El que me ames, el que estés junto a mí… Inclusive el hecho de que existas y estés aquí, me hace feliz…– Le sonreí al juntar nuestros rostros para poder frotar mi nariz contra la suya. Ya sé que me comporto como un completo estúpido cuando estoy con él… Pero es que no puedo evitarlo.
– ¡…! – En efecto, Ishi no tardó en reaccionar, dado que el color en su rostro se mostraba sin dudar a causa de mis acciones para con él. Y en un intento por no hacerlo notar, escondió su rostro en mi pecho, al tiempo que, a pesar de sentirse avergonzado, correspondía al abrazo que le di.
Era tan increíble… una pequeña acción de mi parte y su corazón comenzaba a latir como loco… Me encantaba saber que Ishi se sentía igual que yo.
– En verdad… Estoy enamorado de usted… – Aquella confesión de amor se sintió tal como si fuese la primera vez que me lo dijera. – No me deje, Kyo-San… – Sus brazos se aferraron con fuerza a mi espalda, cambiando por completo el tono de su voz, a uno de angustia repentina. – No se aleje de mí nunca… No quiero regresar a esa oscuridad que era mi única acompañante, yo… – Su voz parecía a punto de quebrarse en cualquier momento, mostrando de nuevo lo frágil que era en su interior… Mi pequeño gatito… – Jamás… Jamás me ha importado lo que sea capaz de ocurrirme, pero… Si eso pasara, no… No podría soportarlo… – Enterró aun más su rostro en mi pecho.
Deseo saber porqué de repente ese temor… ¿Qué lo hace sentir así?
Tomé su rostro para besar sus labios repetidas veces y así calmarlo un poco.
– Te amo… Y nunca voy a dejarte Ishi… – Lo miré a los ojos. – Jamás voy a apartarme de ti, te amo… – Le susurré. – Te amo… No vayas a olvidar eso… – Besé sus labios. – Te amo tanto Ishi, que no podría respirar sin ti… Tienes mi corazón en tus manos… Mi vida es tuya… Soy enteramente tuyo… – Lo abracé contra mi pecho. – Así que no pienses si quiera en que algún día te dejaré, eso es imposible. Me moriría y me pondría a llorar todo el día porque no tengo a mi gatito. – Le comenté en forma infantil.
Poco a poco la respiración de Ishi fue tranquilizándose, al igual que los latidos de su corazón que habían logrado encontrar un ritmo constante y suave.
– Muchas gracias, Kyo-San… Por estar junto a mí. Yo también… Le pertenezco en su totalidad… No sé qué haría si me falta, en verdad, yo… – No pudo terminar la frase pues ya se encontraba uniendo sus labios con los míos en un suave beso. – Sólo… Permanezcamos así unos minutos… ¿Está bien? – Volvió a refugiarse en mi pecho, mientras se apegaba a mi cuerpo en el abrazo.
– Somos novios… Podemos abrazarnos y besarnos eternamente si así lo deseas…– Le dije con ternura, aún sin saber que era lo que lo estaba atormentando. Lo abracé fuertemente contra mi pecho y le di unos cuantos besos a sus labios, haciendo todo lo posible para que entendiera que nunca iba a dejarlo solo… Que siempre iba a estar para él.
Hubiésemos seguido enredados si no fuera porque el pequeño de cuatro patas subió a la cama y empezó a brincotear.
– Kibou… Vas a tirar todo… – Le dije desganado, dando un pequeño suspiro al separarme de Ishi y levantar los platos. – Ya vuelvo, iré a dejar esto. Agarra a ese pequeño travieso antes de que me enfade, Ishi. –
– Parece que él tiene más energía que nosotros. – Comentó, un tanto divertido por la emoción del cachorro, al tiempo que hacía lo que le pedía y lo tomaba entre sus brazos para que se mantuviera quieto. – No hagas nada o si no te echarán, Kibou. – Le dijo con fingida seriedad a la que el cachorro respondió al bajar sus orejas y dejar de menear la cola, parecía que entendía el significado.
Luego de eso bajé hasta la cocina para dejar todo en orden, y subí inmediatamente a la habitación.
– Por cierto… Estoy empezando a pensar que Kibou gusta de interrumpirnos cuando estamos intimando… – Mencioné al observar al cachorro sospechosamente mientras cambiaba mi ropa, y me quedaba solamente en bóxers.
– ¿Usted cree? Yo pienso que… – Se detuvo abruptamente al percatarse que me había quedado sólo en ropa interior. Es bastante lindo como trata de fingir que no me está observando, cuando no puede quitar su mirada de mí. – E-Eso que tiene en la espalda, son… ¿A-Aruñones? – Tartamudeó al terminar la pregunta.
Ah es cierto… Mientras hacíamos el amor me dejó estas marcas…
– No te preocupes no es nada, sanarán en unos cuantos días… – Me acerqué a él sabiendo que se estaba muriendo de la pena. – ¿Te sientes apenado por eso?… – Subí a la cama y me acerqué a su rostro. – Después de todo es una señal de que disfrutaste enteramente el haber hecho el amor… – Lo observé directamente a los ojos de manera provocativa. – Aunque… Creo que las marcas que me dejaste no se comparan con el dolor que sientes por haberme sobrepasado… – Dije recordando lo que le había hecho.
– Aún así… – A pesar de estar visiblemente apenado por aquellas marcas, no vaciló en acercarse a mí para abrazarme y apoyar su cabeza entre el surco de mi hombro y cuello. – Debe de doler… Esas marcas que dejé en usted anoche… – Acarició con suavidad y cuidado el contorno de mi espalda.
– No podremos hacerlo durante algunos días gracias a mi maravilloso autocontrol… – Expresé con molestia. No me gusta esperar para nada.
– No se preocupe… Sé que podrá aguantarlo. Si pudo soportar tanto tiempo en celibato, ahora unos cuantos días no serán nada. – Parecía olvidar el hecho de que significaría que volveríamos a tener sexo. Estaba mucho más concentrado en tratar de animarme más que nada. – Sea fuerte, ¿Sí? – Me dio un ligero beso en el cuello. ¡Aggh! ¿Cómo espera que me resista a eso?
– Estás torturándome, ¡Eres demasiado tierno! – Lo observé divertido para luego robarle un beso. – Es verdad que me duelen un poco, pero estoy bien… – Besé su frente y me levanté para buscar un ungüento. – Si quieres hacer algo por mí, podrías curarme. – Le entregué el frasco. – En verdad lamento que no puedas pararte… La próxima vez seré más consciente… – Examiné su cuello y me di cuenta que había dejado marcas de mordidas en él, al instante me acerqué para besar suavemente aquellos lugares en su cuello. – Además parece que te mordí también… – Dije apenado, recostándome bocabajo para que Ishi me colocara aquella crema.
– Supongo que… Ninguno de los dos se mide en ese tipo de… Cosas… – Dijo algo avergonzado, era un tema un tanto bochornoso para él. – Aunque es normal que usted siempre deje marcas en mi cuerpo… – Parecía reprocharme en su tono de voz al decir aquello. Pero sin decir nada más, abrió el ungüento y comenzó a aplicarlo en mi espalda, en un suave masaje para cubrir las heridas. Lo hacía con tanto cuidado y delicadeza, que demostraba cual importante era para él. – Pero… Yo también… Anoche fui muy… Impulsivo… – Confesó en voz baja, mientras dibujaba el contorno de las marcas en mi espalda.
– Tienes razón… Siempre te dejo marcas… ¿Te molesta?… Puedo dejar de hacer aquello si quieres… – Me dejé llevar por el suave masaje que me daba. – Y no te preocupes más Ishi, ya te dije que está bien el que me hayas aruñado e incluso el que me hayas mordido. – Dije algo divertido. – Si disfrutaste lo de anoche es más que suficiente para mí… Además… Es una demostración de lo adorablemente posesivo y apasionado que eres. – Comenté sabiendo que se apenaría.
– N-No… No me molesta que me deje… Marcas… – Aunque no puedo verlo, estoy seguro que se ha sonrojado hasta las orejas al decir eso. – Aunque si es un inconveniente en el trabajo… La otra vez Kirishima-San me llamó la atención, pero… Puedo lidiar con ello… – Vaya, vaya… Es un milagro que el trabajo no esté primero que yo.
– Zen debería meterse en sus asuntos… Y no preguntar por las marcas que obviamente te dejo… – Dije con molestia. Que él no pueda manosear a ese gruñón que tiene por amante no es culpa mía. Debería dejarnos disfrutar en paz.
– E-Eso… – El movimiento de sus manos se detuvo por completo y su voz se tornó al instante abochornada. – La verdad es que… Hay algo que… Ha estado molestándome desde… Ayer… – Confesó en un susurro, parecía tener sus reservas en decirlo.
– ¿Qué es Ishi?… – Me senté y pregunté curioso. – ¿Es alguna clase de declaración de amor o muestra de tu cariño? – Sonreí divertido. – Porque si es así, me encantaría escucharlo… – Mencioné, sin dejar de mirarlo a los ojos.
– N-No se trata de eso. – Frunció el ceño levemente molesto por mis insinuaciones, pero al instante cambió la expresión para darle lugar a una más tímida y hasta algo apenada. – Bueno es que… Es en realidad algo… Tonto… Creo… – Ni el mismo parecía encontrar la forma de expresarlo. – Es decir… Es algo normal… Supongo y… Sé que usted… Ha tenido muchas parejas y… – Creo que ya se por donde viene la pregunta. – Ayer nosotros, en el piso… N-No… No me preocupó, pero… Después en esta… Cama… Donde usted seguro… Seguro ha… – Titubeaba en sus palabras, y no era capaz de decir exactamente lo que le molestaba y que obviamente ya sabía que era.
– Ya veo… ¿Te molesta que hayamos hecho el amor aquí, donde antiguamente traía a mis demás parejas, no? – Le pregunté. –…No quiero que pienses que eres uno más de mis parejas casuales… Sólo porque te traje a mi habitación… Es verdad que me revolqué con muchos más aquí… pero…– Trataba de pensar en algo que lo hiciese sentir mejor. – Si te sientes incómodo, puedo comprar otra cama… La que usaríamos solo los dos. – Sugerí. – Aunque no sé si eso ayude a que no pienses más en mí pasado… – Ya que no importaba si cambiaba de cama, de todas formas en este departamento hice y deshice de muchas formas.
Ishi bajó la mirada sin decir palabra. En realidad, daba la impresión de que se había deprimido por mi respuesta y el significado de lo que llevaba consigo.
De un momento a otro, la atmosfera acaramelada de recién casados se había esfumado para tener una incómoda escena entre el silencio de ambos. Vamos… No es como si hubiera tenido la intención de deprimirlo… Si le hubiese mentido se hubiese enfadado.
– Está bien… Así… – El casi mudo susurro de su voz irrumpió. – No quiero que se moleste por culpa de que estoy siendo exagerado con cosas tan… Simples… – Aunque aún no levantaba la mirada para verme, su tono de voz en verdad sonaba decaído, e inclusive arrepentido.
¿Qué puedo decirle? No pensé que se deprimiría por esto… Pensé que me había aceptado aún sabiendo como fui en el pasado… Además… ¿Qué importa lo que hice antes? ¿No estoy con él ahora?
– Lo siento por… –
De pronto se escuchó el sonido de su celular. Ubicó el aparato de su lado de la cama, debajo. Buscó entre su pantalón y lo tomó. En nuestro viaje él había destrozado el que tenía pero logró salvar el chip con su número y después de largos intentos por convencerlo, aceptó que le comprará un celular de repuesto.
– ¿Qué sucede? – Contestó con su usual tono indiferente de voz, pero había cierto trasfondo que expresaba algo parecido a la tristeza. – ¡¿Cómo que no lo hiciste?! – Exclamó dejando de lado todo lo demás, y explotó de un momento a otro en enojo. – ¡¿Y me lo vienes a decir hasta ahora?! ¡Era tan sencillo de hacer! – Dejó que el otro lado hablara, y aunque seguía frunciendo el ceño en molestia, permitió que terminará.
¿Con quién se supone que está hablando? Supongo que se trata de algo serio por como se ha molestado ¿Por qué le está dando toda su atención? Lo peor de todo es que, de seguro no me contará con detalle aquello… No le gusta que me meta en sus cosas… Lo cual es irónico porque somos una pareja… No deberíamos ocultarnos nada…
– Voy para allá, y más vale no hagas nada tonto. – Advirtió a la persona, mientras terminaba la llamada.
Espera… ¿Qué? ¿Se va?, ¿Así sin más? Argh… Debería pensar seriamente en colocar algún chip en su celular o rastrear sus llamadas… Pero si se llegase a enterar… Estaría muerto, de seguro.
– Disculpe, esto en verdad es inoportuno. – Se mostró apenado, aunque en realidad su expresión era de alivio, al parecer aún se sentía incómodo.
– ¿En serio, te vas? – Pregunté incrédulo.
– Tengo que irme. – Avisó, al tiempo que se acomodaba la ropa y hacia su esfuerzo por levantarse.
No lo puedo creer… ¿Está huyendo de mí? ¿Qué es más importante que yo en este momento? Además… Sólo es una cama… Aunque me deshaga de ella, eso no borrará lo que hice en el pasado… Si usamos esa lógica, ni si quiera debería acostarse conmigo… Pero supongo que ya no importa… De todas formas ya se arruinó todo…
– Lo llamo después, y recuerde que tiene que trabajar hoy mismo. –Recalcó.
– Sí claro…– Le contesté. –…Hey… Ishi… Que te vaya- – Ni si quiera me dejó despedirlo. Y ni si quiera se despidió apropiadamente… En fin…
Me tiré en la cama con pesadez. Supongo que tendré que cambiar la cama… Y todas las sábanas… O mejor de departamento… Supongo que aquello es lo más indicado…
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Me sentía aliviado ahora que me encontraba libre de aquella tensa situación que aún el recordarla me provocaba un amargo dolor en el pecho. Yo mismo sabía que era estúpido el haberme sentido herido por algo tan simple y obvio, y sin embargo fue inevitable el no reflejar en mi voz la tristeza que devoraba mi corazón.
Deseaba con todas mis fuerzas huir de ese lugar, por eso, en verdad agradezco el que haya surgido una excusa, pero…
– Wow, llegaste realmente rápido. – Exclamó el joven que había abierto la puerta del departamento al que llamé.
– ¿Dónde está? – Ignoré sus palabras y me auto invité al entrar y cerrar la puerta detrás de mí. – Te di instrucciones muy claras, Kazuo. – Mi afilada mirada encontró su objetivo en aquellos ojos color hazel.
– Ah, sobre eso… – Kazuó rascó su nuca en un gesto despreocupado. – Era mentira. – Sus labios se curvaron en una gran sonrisa burlona.
– ¿Cómo que era mentira? – El duro tono de mi voz llegó a resonar dentro de mi cabeza.
– Por supuesto que hice lo que me pediste. – Sin si quiera inmutarse por mi reacción, fue hacia la sala de estar, donde le seguí, y buscó dentro de los cajones de un mueble continuo al sofá. – ¿Lo ves? – Me mostró una bolsa de plástico que contenía unas cuantas cenizas. – Tu importante carta ahora no son más que cenizas, ¿Qué dramático, no? – Se burló de su propio proceder.
– Sí, bueno… Quemarla fue algo… – Las palabras ya no me quedaban para expresar mi propio desconcierto, pero… – Si es así, ¿Entonces por qué me dijiste por teléfono todo lo contrario? – Mis ojos se bañaron en desconfianza.
– Ah, sobre eso… – Desvió la mirada de la mía, y en seguida tuve el pensamiento de que él se encontraba apenado. – Estabas con ese Mangaka, ¿No? – Noté como sus ojos se fijaban con algo de timidez en cierta parte de mi cuello. Comprendí al instante que en aquel lugar seguro había una marca… Por supuesto, ambos sabemos a quién pertenece.
– Unm, ya veo… – No era mi intención pero al parecer lo había puesto incomodo con mi respuesta.
– ¡N-No es lo que piensas! – Exclamó al instante para negar algo que yo ni siquiera mantenía en mi mente. – Es que… Bueno… – Dejó que su cuerpo se desplomara en el gran sillón que tenía detrás suyo.
Aquello me obligó a dejar vagar mi curiosa mirada por los alrededores tan sólo para darme cuenta de lo espacioso que era el lugar y lo costoso que se miraba toda la decoración presente. Supongo que un estilo de vida como ese fue el que siempre deseó, y lo logró de una forma respetable. Creo que me siento feliz por él.
– Mi novia me dejó por tu culpa. – Soltó las palabras como si todavía no fuese algo ya superado.
– ¿Mi culpa? – Enarqué una ceja, inquisitivo.
– Sí, eso mismo, tu culpa. – Me miraba con algo de reproche al rostro. – Cuando ella regresó del viaje al que había ido se molestó conmigo porque yo me había ido a otro país sin aviso alguno. – Despeinó sus cabellos con irritación. – Por supuesto que no le dije nada. Estaba muy centrado en ayudarte que no fui capaz de pensar en otra cosa ¡Ahora me he quedado sin novia! – Era increíble que a su edad estuviese haciendo una rabieta tan infantil como esa.
– Te dije que no me haría responsable de lo que sucediese. Fuiste tú el que se ofreció de todas formas. – Resumí sin mucho interés sobre su "trágica" historia de amor. –Tú… Lo dices de una forma tan simple, "Me he quedado sin novia" tal como si lo que te importara fuese el hecho de no tener una y no el de perder a la persona. – Recalqué aquella frase que había captado mi atención.
Creo que Kazuo realmente no valoraba a esa persona por lo que era, sino por llevar el título de "novia" algo así como un papel que siempre debe estar interpretado por alguien, fuese quien fuese. Qué cosa más deprimente…
Él mismo reconoció mis palabras al no obtener otra cosa que no fuese el seco silencio por respuesta.
– Pero no te preocupes, si lo que quieres es una novia. Yo conozco a una persona que estaría encantada por serlo. – Dije aquello con un imperturbable semblante pero al venir aquel rostro a mi mente fue inevitable que mi piel no se erizara al instante.
– ¡No quiero ser el novio de esa come hombres! – Objetó casi con pasión desenfrenada. – Es una acosadora sexual… – Noté como sus hombros temblaban ligeramente.
– Bueno, ahora ya sabes cómo se han sentido todas las chicas a las que seguro intentaste conquistar. – Respondí sin interés aparente.
Aunque ser acosado sexualmente no es nada agradable, si lo sabré yo…
De pronto una punzada atravesó mi corazón. Aquel recuerdo no muy lejano que aún mantenía a mis pensamientos reclusos de sus palabras.
– Hablando de chicas, bueno… – La voz de Kazuo me arrastró de nuevo a una realidad mucho más aceptable que mi lista interminable de "cosas para derrumbarme patéticamente" – Bueno, yo… Creo que esto es sólo una curiosidad… Algo… Morbosa. – Noté como su voz temblaba con la inseguridad presente, y sus mejillas se tornaban rojas, una imagen que quizás le hubiera resultado enternecedora a muchas chicas si tomamos en cuenta que Kazuo era un hombre alto y fornido, no una quinceañera que se sonroja como toda una virginal en la flor de su juventud, aunque yo no era el más indicado para criticar.
– ¿Qué es? – Pregunté sin mucho interés en la cuestión, apuntando mi vista vagamente en un objeto del antiguo Egipto. ¿Era original? En verdad se estaba pudriendo en dinero y dudaba casi con certeza que él supiese su verdadero valor histórico más allá de lo que costó en una subasta.
– Bueno, yo… Creo que estás consciente de que yo no sé mucho de estas cosas, pero, umm… – Lo vi al rostro, y adquirí un poco de interés en el asunto cuando lo noté seriamente nervioso y sopesando cada una de sus próximas palabras. – ¿Tú eres la mujer en la relación gay? – Escupió la pregunta de la forma más delicada que creyó posible, pero para mí fue como si me hubiese dado un puñetazo en la cara.
¿La mujer? ¿De dónde rayos sacó algo como eso? Y además, creo haber escuchado cierto tono de desagrado cuando se obligó a sí mismo a decir la palabra "gay" como si fuese algo prohibido, indebido. No es que yo me considerara a mi mismo homosexual, en realidad la sexualidad jamás fue algo que tuviese la suficiente importancia como para tomarla en cuenta, si me gusta esa persona me gusta, sin ningún interés en si es hombre o mujer. Pero descubrí que Kazuo ya me había puesto por sí mismo la etiqueta de gay, y que aquello debía tomarlo como una agresión aún si no había sido esa su intención.
– Sí, Kazuo, yo soy la mujer. Llego al departamento de Sensei me pongo un bonito vestido, unos tacones altos, si ando de buen humor inclusive me maquillo, y comienzo a preparar la cena para esperar a mi hombre. – Lo aniquilé con el intenso frío glaciar de mi inescrutable mirada y los músculos de mi quijada apretados en una dura mueca de seriedad.
– Ya lo pillo, perdón, me he pasado. – Levantó las manos en un ademan de "paz". – Es que no sabía cómo decirlo, es todo esto tan nuevo, casi irreal… – Se pasó una de sus manos por sus cabellos como si estuviese hablando de una conspiración en contra de la humanidad. – ¿Y es igual que con una mujer? Duele, ¿No? – Tuve que controlar el impulso de rodar los ojos ante la postura de Kazuo de continuar preguntando detalles como si se tratase de algún interesante documental de algo fuera de lo común e impensable.
– Para ser un hombre heterosexual, – Resalté con toda intención la última palabra. – Hablas como alguien que tiene más que una curiosidad morbosa… Algún deseo reprimido, tal vez… – Dejé una nota inconclusa al aire.
– ¡No! ¡Dios, eso no! – Saltó al instante y mis oídos golpetearon con el sonido de su estridente negación y su rostro inundado en un profundo y brillante rojo.
Creo que he regresado exitosamente aquel puñetazo.
– En fin… Si ya estas satisfecho con haberme "arruinado" el momento con Sensei, en venganza por ser el culpable de que tu novia te dejara, me gustaría que me dieras lo que me pertenece. –
Por un momento el fugaz pensamiento de hablar sobre lo sucedido con Kazuo se cruzó por mi cabeza pero se esfumó al instante en que recordé que aquel chico no era lo suficiente maduro para darme una buena opinión. No cuando ya me había preguntado si era "la mujer" en mi relación con Sensei. Creo que eso era algo que no iba a superar muy fácilmente si me seguía encontrando con la misma estúpida pregunta.
– Ah, cierto. – Su rostro se ensombreció a la mención de mis palabras. Estoy seguro que no fue fácil hacer aquel pedido de mi parte. – Regreso en seguida. – Se levantó del sillón y fue hacia una de las habitaciones, para regresar con una desgastada y vieja mochila en sus manos. – Yo… No voy a preguntarte nada… – Me ofreció la mochila que tomé de regreso. – Aunque lo haga no me vas a contestar. Pero… Confio en ti… Siempre lo haré, Ishi. – Mis ojos correspondieron la firmeza con que clavaba su mirada en mí. Podía notar claramente como la sinceridad emanaba de sus palabras. Pero yo… No puedo confiar, aun si lo quisiera… Es muy peligroso.
– Gracias, Kazuo. – Sin embargo eso no evitó que le agradeciera con honestidad. Tanto su ayuda como su confianza, aunque algo como eso… No me lo merezca. – Será mejor que me vaya. Tengo muchas cosas con que lidiar después de tanto tiempo ausente. – Tan sólo pensar las pilas de trabajo que esperaban por mí, hacían que mi cabeza doliera.
– Sí, tienes razón… – De alguna forma sentí como si Kazuo se sintiese apenado por algo, sin embargo, no tenía el deseo de averiguarlo en aquel momento. – Iré a visitarte en cuanto pueda. Por mientras, encárgate de cuidarte. Si no te ponen un ojo encima te metes en problemas. – Aquel extraño semblante que había notado se desvaneció con aquella broma.
– Lo importante es que salgo de ellos, ¿No? –
Sin saber el porqué, una mirada de estupor fue lo único que pude ver en el rostro de Kazuo.
– ¿Pasa algo? – Pregunté un poco extrañado por la expresión que no abandonaba su rostro.
– N-No, es solo que… – Inclusive ahora parecía estar lidiando con el asombro. – Acabas de… Sonreír… – Dijo como si todavía dudara que fuese parte de la realidad y no una ilusión de su mente.
– Ah… – Ni siquiera yo me había percatado de mis propias expresiones. – Supongo que… Estoy cambiando… – Fui capaz de expresar a duras penas.
– No… No creo que estés cambiando. – Negó. – Más bien pienso que… Estas descubriendo a la persona que siempre has sido. – Rectificó.
Aquella posibilidad hizo aparecer la imagen del rostro de Sensei llenando mi mente. Su voz en mis oídos y su tacto, aún en mi piel… Esa suave calidez llegó para alejar el amargo y frío dolor que él mismo me había provocado. Lo reafirmaba una vez más… El único que podía hacerme degustar de la exquisita felicidad y a la vez el de hundirme en la oscuridad de la miseria misma, era él… Nadie más que él…
– Nos vemos, Kazuo. – Le di la espalda antes de que él viera el resultado de los resonantes latidos de mi corazón.
Esa sonrisa… Estos latidos… Son sólo por él, pero, entonces… ¿Por qué sigo sintiendo esta ira dentro de mí?
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Después de recorrer todo el camino, llegué sin ningún inconveniente al lugar donde vivía.
Había entrado a aquel departamento donde había sido mi hogar por tantos años, pero ahora que regresaba no era la calidez a la que estaba acostumbrado la que me daba la bienvenida… No, lo único que me ha recibido ha sido el frío silencio de la soledad. Cada rincón que llenaba mis ojos me parecía tan vacío, como si nunca hubiese albergado algún cálido recuerdo en mis memorias que yo quisiera atesorar.
No hay nadie que me reciba con la luz de una sonrisa impulsada por la alegría de verme. No existe voz que llene el vacío del cruel silencio que rodea mis débiles intentos por huir de esta soledad que me busca y se burla de una agónica ilusión que jamás debió de existir.
Aquí… Ya no pertenezco… No puedo llamar mi hogar a un lugar al que no tengo deseos de aferrarme. No hay nadie, estoy… Solo…
– ¡Maldición! – Mordí con fuerza mi labio inferior en un patético intento por mantener el control de mis emociones y que estas no alentaran al dolor derramarse por mis mejillas.
Lo sé… Sé que no estoy realmente solo, que hay personas que se preocupan por mí, que hay… Alguien que me ama, pero… ¡¿Por qué no puedo dejar de sentirme tan miserable?!
Aun si puedo olvidar este odio que llevo por dentro, aun si puedo sonreír con sinceridad y sentir cuando menos un poco la suave brisa de la felicidad acariciar mi rostro… Es imposible para mí olvidar el pasado… No puedo enterrar en las tinieblas quien soy, pero tampoco puedo… Aceptarme…
Sentí como si aquel momento alguien dentro de mí estuviese derramando las lágrimas que mi orgullo no me permitía dejar salir… Alguien, dentro… Muy dentro de mí, y recluido en la soledad de mi cruel indiferencia… Todo lo que no quiero ser… Todo aquello de lo que reniego y me avergüenzo… Está llorando…
Soy el único… El único que puede dañarme de esta forma… Sólo yo… No debe de haber nadie más… Debo ser… El único que tenga el poder de destruirme…
– Pero eso… Ya no es posible… – Lo dejé entrar a mi corazón desde que lo conocí. Plantó sus raíces en él, se arraigó tanto que… No puedo arrancarlo de mí sin llevarse consigo mi propio corazón…
Intenté frenar el tren de mis pensamientos antes de que colapsara en pleno caos. Necesitaba tranquilizarme. Kazuo tenía razón, si las personas que quiero me pierden de vista, si no estoy con ellos… Si me encuentro compartiendo tan sólo mi propia presencia… Me daré cuenta de lo mucho que me odio…
– Debo… Calmarme… – Repetí para mí mismo, esperando que la claridad de mi voz me hiciese recordar el motivo por el cual deseaba no darme por vencido.
Intenté hacer a un lado esos pensamientos mientras me encaminaba hacia la cocina. Esperaba casi con desesperación que el vaso con agua que me servía fuese lo suficiente para alejar las sombras que oscurecían mi camino.
– El único que puede destruirme… No es otro más que él… – Reafirmé con palabras lo que mi corazón sabía pero mi mente negaba.
No necesito más pruebas para entenderlo. Este dolor que palpita punzante en mi pecho es la prueba verídica de la fragilidad a la que mi alma se encuentra expuesta ante él. He desnudado frente a él los miedos e inseguridades que ocultaba con recelo en mi corazón.
Aquella respuesta que obtuve de él… Me dolió… Pero me dolió mucho más al percatarme que él no había encontrado el motivo verdadero de mi sentir.
¿Pensar que por dormir en esa cama donde se acostó con todas sus demás parejas podría yo dar por hecho que también era una de ellas? Qué cosa más cruel, Sensei… Lo último que había pasado por mi cabeza fue algo semejante.
Por supuesto que sé que soy diferente para él. Si no confiara en ello… Si aún estuviese dudoso de la bondad con la que siempre soñé, jamás… Jamás le habría dado lo último que le faltaba tener de mí. Mi corazón ya era suyo de forma incondicional, mis pensamientos no eran más que dirigidos hacia él, mi felicidad, mis sonrisas, inclusive esta tristeza que siento y estas lágrimas que me destruyen por no permitirles el ser libres… Yo le di lo último que aún me quedaba, pero, ¿Con que me quedo yo? Si ni siquiera siento que él sea realmente mío, porque…
Inclusive ahora… No logro arrancar de mi mente aquel insano pensamiento… Él… Me hizo el amor sobre esas sabanas que en algún momento compartió con alguien más, aun si sólo fuese mientras ambos buscaban calentar el frio que dejaba el hueco vacío dentro de sus corazones. Fui suyo… Me entregué a él en aquel lugar donde se entrego a otros…
Esos labios fueron probados por otra boca, el dulce sabor de su esencia y la suavidad irrazonable que había en sus apasionados besos, no soy el único que los conoce… No sólo yo me he derretido entre el calor de sus adictivas caricias. No he sido el único que ha caído entre las garras del placer al que puede guiar con tan sólo un susurro al oído, una caricia cargada con el veneno de la seducción… Otros cuerpos lo han sentido, se han fundido en la desesperación de un insulso deseo sexual, y aunque sé que yo he sido el único que ha logrado entrar en su corazón, no puedo… Soy incapaz de volver a ser tomado en ese lugar sin que estos pensamientos torturen mi distorsionada cordura.
A ellos… A todos ellos que lo han sentido en el asfixiante calor del placer… ¡Los odio… Los odio… Los odio…! Todos ellos deberían de…
– ¡…! – El estridente sonido del cristal hecho trizas contra la pared logró rescatar la razón que estaba siendo devorada por las flamas de ira que lamían toda consciencia dentro de mí.
La sangre comenzaba a brotar de las abiertas heridas de mi mano, pero al igual que esta, que no paraba de bañar de escarlata la palidez de mi piel, el desesperado deseo por hacerlo mío en su totalidad y aquella insana cólera que alentaba a mi oscuridad, tampoco… No ha parado… Ahí sigue, continua hirviendo en mi cabeza las retorcidas imágenes que mi mente recrea una y otra vez. Siempre con un rostro diferente, jamás el mismo cuerpo, ahí, debajo de él, disfrutando el cuerpo que me pertenece… Mancillando el corazón que tanto he querido proteger…
No me necesitas a mí para destruirte después de todo…
Ironía… Ironía y lástima es lo único que sentí de aquella voz proveniente de mí interior. Se burlaba de mí en venganza por hacerlo llorar, pero sentía compasión porqué… Somos el mismo…
Me pregunto si es normal esto que me ocurre… Sé que son… En verdad, estaba ardiendo de celos al imaginar sus antiguas parejas, pero… Este sentimiento que me hace sentir tan enfermo y sediento de venganza…
¿Todos lo sienten?
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– Estoy pensando seriamente en comprar una cama para mi consultorio sólo por ti. – Y eso fue lo primero que Mamoru-Sensei dijo al verme entrar por la puerta de su consultorio en el hospital.
Después de tranquilizarme pude tomarle más atención a la herida de mi mano y tuve que aceptar que el corte había sido lo suficientemente profundo como para tener que ir al hospital a que me atendieran. No tardaron mucho en hacerme pasar con algún doctor para que me tratara, pero…
– Y yo estoy pensando seriamente que tengo una muy mala suerte al siempre resultar ser usted quien me atienda. – Lo miré con cara de pocos amigos. Al parecer el destino se empeñaba en que este hombre tan despreocupado fuese siempre mi doctor. Aunque él me había salvado la vida la última vez y eso siempre iba a agradecérselo. Aún así no podía terminar de agradarme su bromista personalidad.
– Esa mala suerte se terminaría si dejarás de hacer cosas peligrosas por las cuales tengas que venir a que te remienden cual muñeco de trapo, Shizuku-Kun. – Indicó con una burlona sonrisa en sus labios, aunque pude notar cierto regaño en su voz. – ¿Ahora qué te hiciste? – Su vista viajó hacia la mano que mantenía torpemente vendada y él se dedicó a quitarlas para ver el daño.
Mamoru-Sensei se mantuvo en silencio con una mirada inescrutable que se mantenía con firmeza observando los cortes de mi mano. La falta de comentarios provenientes de alguien tan hablador y la forma en que sus ojos se habían tornado serios por alguna razón hizo que me sintiera extrañamente ansioso.
Era bastante incómoda esa sensación por lo que me obligué a decir algo.
– Tuve un pequeño accidente con un vaso de vidrio pero no creo que sea muy grave, y de todas formas… –
– Creo que deberías empezar una terapia para el manejo de la ira, Shizuku-Kun. – Sus palabras me dejaron helado.
– No entiendo a que se refiere con eso, fue un accidente y además soy una persona muy tranquila. – Tuve la desagradable sensación de que me estaba justificando pobremente.
– No entiendo como alguien como tú podría causarse una herida tan profunda como esta por un simple "accidente" con un vaso. – Explicó con la misma seriedad en su semblante. – Más bien se ve como si tú mismo lo hubieras impactado contra algo mientras aún lo sostenías. – Se mantuvo en silencio para observar la reacción de mi rostro, aunque no esperaba que encontrara algo. – Y también deberías de saber que las personas más tranquilas son las que tienen los ataques de ira más intensos que los demás. Por lo general suelen contener sus emociones y las mantienen recluidas en su interior para seguir "tranquilos" pero cuando tocan un límite todo ese enojo acumulado explota y desemboca en cosas como esta. – Levantó mi mano que él mantenía en la suya.
– ¿Es doctor o es psicólogo? – Lo miré con mala cara por sentir que había sido analizado por alguien.
– Debo ser eso y más. – Esbozo una gran sonrisa, desechando la seriedad de antes. – Aún así… Deberías tomar en cuenta mis palabras, Shizuku-Kun. Ese patrón de hacerte daño a ti mismo no es nada sano. –
Desvié la mirada de su rostro. No quería responder nada a lo que había dicho, ni aceptarlo pero tampoco negarlo. Sabía bien que a veces tenía esos impulsos por herirme pero jamás lo creí algo para preocuparse.
– En fin. – Él dejó salir un profundo suspiro resignado por mi falta de cooperación. – Vamos a tratar esto. – Se refirió a la herida de mi mano.
Pasaron algunos minutos en los que él se mantuvo limpiando la herida para después poner algunos puntos en los sitios donde la herida estaba por demás profunda. Bien… Unos más a la lista.
– La cicatriz que tienes en tu costado derecho… – La voz de Mamoru-Sensei me sacó de mis pensamientos. – ¿También te la hiciste tú mismo? – Él continuaba haciendo puntos para cerrar la herida, pero su voz sonaba genuinamente preocupada e interesada en una respuesta.
Por supuesto, después de esa última vez que él me había tratado era obvio que había visto esa pequeña y ya casi inexistente cicatriz en mi costado derecho. Aunque se había mezclado muy bien con mi piel, tanto que ni Sensei se había percatado de ella, supuse que no debí de haber subestimado a un doctor con ojo crítico al cual le era fácil distinguirlas.
– Alice tuvo que volver a remendarme cuando los puntos se volvieron a abrir, ¿Sabe? – No contesté a su pregunta. – Si la hubiese conocido mejor en ese entonces nunca se lo hubiese pedido. – Un genuino temblor me recorrió. En ese momento también fui bastante imprudente.
– Mi querida estudiante fue bastante valiente al hacer algo como eso sin experiencia alguna. – Soltó una gran carcajada. – Y tú… Bueno… –
Se encogió de hombros como haciéndome el favor de mantener para él su opinión sobre mí. Eso no le agradecía, lo que sí agradecía fue que él ya no insistiera en una respuesta para su pregunta obviamente ignorada.
– Eso me recuerda… – Él ya había terminado de curar mi mano cuando me tomó por la barbilla para observar con atención mi cuello. – Ha cicatrizado muy bien desde la última vez que te vi. – Diagnosticó el estado de la vieja herida en mi cuello. – Aunque quise cerrar la herida de la mejor forma posible para que no quedara una fea cicatriz el tiempo no me permitió ese tipo de contemplación. Es bueno que tu piel sea muy cooperativa. – Sentí su comentario como un halago. Aunque a mí en lo particular no me molestaba el hecho de cargar con cicatrices en mi cuerpo, eran mucho peores las del alma.
– Mamoru-Sensei… – Recordé un tema que en su momento jamás pude preguntarle por las diversas situaciones que se dieron. – ¿Quién fue la persona que me llevó al hospital esa noche? – Lo miré fijo a los ojos con la seriedad brillando en ellos.
– No sé a quién te refieres, Shizuku-Kun… – Él se hizo el desentendido pero noté como sus ojos flaquearon al huir por segundos de mi mirada.
– Antes de caer en la inconsciencia pude ver a un extraño hombre. Él me habló e inclusive me cargó en brazos. Pero jamás pude volver a verlo después de eso y nadie me da razón de él. Todo este tiempo he pensado que podría haber sido una ilusión provocada por la hipotermia o la falta de sangre, pero… Recuerdo muy bien el calor de su cuerpo y el tono de su voz que pienso que tuvo que haber sido real. Entonces, ¿Cuál es la verdad? Si usted sabe algo dígamelo por favor… Dígame que no estoy loco por querer aferrarme al recuerdo de un hombre inexistente. – Pude escuchar la ansiedad latente en mi voz, y supe que sin lugar a dudas la desesperación en mis ojos era igual de visible como la que había reinado en mi corazón desde ese momento en que lo conocí y jamás pude volver a saber de él.
– Shizuku-Kun, no… – Estaba a punto de negar todo pero cuando vio la insistencia tan firme en mí se resignó y soltó un profundo suspiro derrotado. – La verdad es que una persona con heretocromia es tan poco común que es imposible olvidarla. – Mi corazón latió con emoción al tener la primera respuesta que aceptaba la existencia de esa persona que ahora sabía, era real.
– ¿Quién es? ¿Por qué lo estaba ocultando? ¿Por qué jamás lo volví a ver? – Sin darme cuenta comencé a lanzar pregunta tras pregunta, pero ¿Cómo no hacerlo? Habían estado tanto tiempo en el silencio de mi mente que ahora se sentía muy bien poder expresarlas y saber que podría obtener una respuesta.
– Tranquilízate un poco, Shizuku-Kun. – Mamoru-Sensei levantó una mano en señal de que me detuviera. – Es cierto que ese hombre existe, y que fue él quien te trajo al hospital, e inclusive fue él quien donó la sangre que tú necesitabas y no teníamos nosotros. – Me sorprendí al conocer eso último. Él no sólo me había salvado al llevarme al hospital si no que también me donó su sangre cuando más la necesitaba. Yo necesito… – Pero no te puedo dar su nombre. – Concluyó, y con eso destruyó todos los planes que ya había comenzado a preparar en mi mente.
– ¡¿Por qué no?! – El obtener una negativa en verdad me afectó pues elevé la voz y me levanté de la silla en la que estaba sentado.
– Él pidió que su identidad quedara anónima, después de todo tuvo que darnos sus datos para registrarte. – Explicó, ignorando mi arrebato emocional. – Deberías de estar satisfecho con saber que no estás loco y que ese hombre si existe. Por algo él no quiso que supieses de su identidad. – Mencionó sin mucho interés y un nuevo sentimiento de enojo me acogió por la simpleza con que trataba el tema.
– No lo entiende, yo debo saber quién es. No me basta con saber que existe, eso no me sirve de nada si no puedo volver a verlo y agradecerle lo que hizo por mí. Si soy incapaz de hacer algo como eso sería como una deuda pendiente, y no podría vivir con algo así. No me importa si él quiso quedar en el anonimato, yo necesito saber quién es. – Exclamé, mientras intentaba controlar el ardor en mi interior que era provocado por las emociones que deseaban ser expresadas.
– No puedo, entiende que esos son sus deseos, como tu salvador, tú deberías de respetar eso. – Y esas emociones quedaron congeladas al observar la seriedad y dureza que había en su voz y semblante.
En verdad… ¿Él no me lo dirá? Pero si no lo hace yo jamás… Jamás podré verlo de nuevo y yo nunca podré…
– Ese hombre salvó mi vida. Me ofreció su mano cuando pensé que todo había terminado. Me ayudó a recordar quién era y lo que aún debía lograr… Si él sólo hubiese sido quien me llevó al hospital y me donó su sangre no sería diferente al haber sido mi verdugo. Por eso… Por eso debo saber quién es, y decirle lo que su acción de esa noche marcó en mí. Quiero decirle todo lo que hay en mi interior que se ha mantenido en silencio por no estar la persona a la que van dirigidos… Necesito que me dé su nombre, por favor. – Jamás creía que me encontraría diciendo los pensamientos tan íntimos de mi mente a alguien como ese doctor despreocupado, pero sabía era lo necesario para que comprendiera la importancia que él tenía para mí y que no se trataba de un simple capricho.
Mamoru-Sensei fue presó de la sorpresa por mi ataque de sinceridad y el cómo me había abierto al expresar mis sentimientos. Posiblemente él no esperaba que llegara tan lejos por algo que él creía era una nimiedad.
– Tu celoso novio no estaría muy contento si escuchara lo que dijiste sobre otro hombre. – El asombro se agotó y en su lugar soltó una gran carcajada divertido por imaginar la posible reacción de Sensei.
Quizás a él le parecía divertida, pero a mí no. Tampoco era ingenuo, sabía que a él no le gustaría escuchar algo como eso, pero… Él debía comprender que era algo totalmente diferente, pero que de igual forma era importante para mí.
– Haré una gran excepción por ti, Shizuku-Kun. – Escuché las campanas de la victoria en esas palabras. – Pero eso sólo porque presiento que si no te lo digo, jamás me dejarás de insistir. Quién diría que eras un joven bastante terco. –
Quizás él esperaba que con ese comentario me molestara, pero estaba muy ocupado conteniendo la emoción de saber que había logrado que me diera su identidad.
Se dio cuenta que no iba a obtener nada con que divertirse y salió del consultorio para regresar después de minutos con una carpeta en sus manos la cual abrió para leer.
– Su nombre es Inoue Kenji. – Cerró de golpe la carpeta y la alejó de mí cuando hice el intento por tomarla para leerla por mí mismo. – No tan rápido jovencito. – Sentí por primera vez la diferencia de edad entre nosotros. Algo no muy agradable en realidad. – Te dije que te daría el nombre, pero ni pienses que te daré su teléfono o inclusive su dirección. Si en verdad quieres volver a verlo, tú mismo buscarás esos datos. Un nombre es más que suficiente para comenzar. – Una maligna sonrisa se formó en su rostro. Sabía muy bien que eso no sería trabajo fácil, y aunque él me lo pudiese facilitar, era claro que no lo haría por el mero placer de hacerme buscar. Es un sádico…
Pero ya puedo ponerle un nombre al rostro que ha rondado mi mente por meses. Ahora sé cómo se llama esa persona que sin esperarlo ni tampoco desearlo se ha vuelto importante para mí.
Inoue Kenji… Ese nombre es mi primera pista para volver a unir nuestros destinos.
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– Hoy de nuevo… Soy el primero en llegar. – Dije para mi mismo en un desanimado tono de voz.
Ya se habían cumplido más de tres meses desde que Shizuku-Kun dejó de venir al trabajo. Todos en la oficina sabíamos que el novato había pedido algún tiempo fuera del trabajo. Al principio hubo muchas quejas, principalmente del grupo de editores que siempre lo molestan, pero él era… Especial por así decirlo ante los ojos de nuestro jefe y el director ejecutivo de la editorial. No es como si me molestara, pero el llegar temprano a la oficina y encontrarla vacía era como un recordatorio de su ausencia. Ya estaba más que acostumbrado a encontrarlo allí, sentado en su silla y comenzando con el trabajo del día.
A pesar de todo me encontraba tranquilo. Todos habíamos pensado que se trataban de unas vacaciones o algo por el estilo, pero ayer gracias a Kirishima-San descubrí que todo este tiempo estuvo con Ijuuin-Sensei…
No es como si desconfiara de Sensei… Sé que muchas cosas apuntan a que él estuvo detrás del asesinato de su prometida, pero realmente no creo que ese hombre tuviese la sangre fría para maquinar y mucho menos llevar a cabo semejante plan. Estoy seguro de ello, porque entonces Shizuku-Kun jamás lo hubiese acompañado tanto tiempo si pensase que su Mangaka a cargo es un asesino.
Lo que me preocupa es que por estar en su compañía él pueda verse involucrado en el escándalo que se ha creado alrededor y aunque la prensa se ha calmado un poco ahora que regresó y no se encontraron pruebas en su contra, es muy cierto que siempre estarán las dudas presentes, y los ojos curiosos de los demás intentando descubrir la verdad.
– Ese chico parece un imán para los problemas. – Expresé en un cansado suspiro.
– Espero que no se esté refiriendo a mí, Aoyama-San. – Busqué con la mirada de donde provenía aquella voz para así encontrar la figura de Shizuku-Kun entrando al departamento. – Usted sería la segunda persona que me dice algo parecido. – Y como si nunca hubiese pasado tanto tiempo, se fue a sentar con tranquilidad en su lugar.
– ¡Shizuku-Kun! – Aún me encontraba un poco desconcertado por verlo después de tanto tiempo, aunque… – ¿Estás bien? – Me sentí un poco imbécil por haber preguntado algo como eso. Si estaba aquí, es porque obviamente estaba bien.
– Sí, bueno… Algo así. – Su mirada vagó hacia su mano derecha que estaba envuelta en un grueso vendaje.
– No fuiste comido por el lobo, ¿Verdad, Shizuku-Kun? – Kirishima-San llegó al departamento justo a tiempo antes de que llenara de preguntas al muchacho.
– ¿Lobo? – ¿A quién se refiere?
– No sé preocupe, he aprendido a domesticarlo con el tiempo. No tuve que jalar de su correa ni una sola vez. – El tono de voz de Shizuku-Kun no reflejaba emoción aparente, pero tuve la impresión de que le resultaba un tanto gracioso.
– Has sabido manejarlo, inclusive después de soportarlo por tanto tiempo en esas condiciones. Siento mucho si Sensei te metió en problemas. – Kirishima-San le regalo una sonrisa como disculpa.
– Está bien. Como su editor, estuve más tranquilo de estar al tanto de todo. –
Bueno, ahora que lo dices… Creo que a cualquiera le hubiera gustado tomar vacaciones de tres meses en algún lugar lejano del país y con los gastos pagados…
– Me gustaría comenzar con todo el trabajo que se quedó pendiente mientras no estuve. – Señaló Shizuku-Kun, pues no observó las usuales pilas de papeleos que se hacían normalmente de un día a otro.
– No te preocupes por eso, Shizuku, nosotros nos hicimos cargo de ello. Fue… Trabajo en equipo. – Una gran sonrisa se formó en su rostro. Era seguro que Kirishima-San estaba recordando lo mucho que se quejaron los demás editores pero como al final terminaron ayudando. Al fin y al cabo era un tipo de karma por haber obligado al novato a sacar tantas copias de cosas innecesarias. – Además, me sentiría un jefe horrible si te dejara hacer tanto papeleo con esa mano tan lastimada. ¿Cómo te lo hiciste? – Agradecía que él preguntara lo que deseaba saber.
– Unh… – Extrañamente Shizuku-Kun se encontró desviando la mirada de nosotros. – Me corté al recoger los restos de un vaso de cristal. – Contestó, con su vista fija en el teclado de su escritorio.
Compartí una silenciosa mirada con Kirishima-San y supe que él estaba pensando lo mismo que yo.
Esa fue… Una horrible excusa.
– Bien… – Por supuesto, tampoco Kirishima-San creyó en tan pobre respuesta. – Ten más cuidado la próxima vez, ¿Sí? – Pero ambos como adultos maduros, no lo forzaríamos a hablar. En verdad… Sigue siendo un mocoso si tiene que dar excusas falsas.
– Ah, y también… Me gustaría pedirle un favor, Kirishima-San… –
– Sí, dime. ¿De qué trata, Shizuku? –
– Me siento un poco culpable ahora que ustedes han hecho mi trabajo, pero… ¿Podría tratar usted con Sensei con lo referente a su manga? –
Tanto Kirishima-San como yo nos sorprendimos por tal petición. ¿Se habían peleado o algo por el estilo? Era extraño que él estuviese evitando a Ijuuin-Sensei…
– Sólo por esta semana. Yo puedo hacerme cargo de otras cosas, lo que sea… – La forma en la que lo estaba pidiendo era como si en verdad no quisiera tener que tratarlo.
– Claro, yo puedo hacerme cargo de mantenerme en contacto con él, pero, ¿Se puede saber el porqué? – Su mirada se tornó inquisitiva.
– Es sólo que he estado mucho tiempo con Sensei. Después de tanto tiempo fuera, debo arreglar unas cuantas cosas en mi departamento. No puedo estar encima de él todo el tiempo. – Explicó el motivo.
Quizás podría sonar convincente pero, había algo en su expresión que aunque inerte como siempre, me decía que algo no estaba bien. Creo que ese don se llama "La experiencia de la edad"
– En eso tienes razón. Creo que necesitas unas vacaciones de Sensei. Te las mereces. – Kirishima-San emitió una pequeña risa por lo cierto que resultaba. – Bien, será mejor que nos pongamos a trabajar todos. A pesar de que nos hicimos cargo de tu trabajo, este no dejará de venir. Así que espéralo. – Advirtió con una amable sonrisa en el rostro.
– Entendido. – Dijo con su serio semblante.
– ¿Y? ¿A qué lugar del mundo te llevó Sensei? – Pregunté con curiosidad, ahora que nuestro jefe se había ido a sentar a su lugar.
– Suiza. – Contestó con tranquilidad.
– ¡¿Suiza?! – Estaba atónito. – ¿Fueron tan lejos? En verdad parece como si hubieran huido. – Dije sin mucho pensar.
– Bueno… Quizás eso hicimos… – No esperé tal respuesta tan sincera. – Esa mujer dio muchos problemas… – Me petrifiqué al escuchar la frialdad con que se refería de alguien que ya no estaba entre nosotros.
– No podría ser que… ¿Estés feliz por su muerte? – No sé porque pero me encontré haciendo una pregunta extraña, él no podría.
– Puede ser. – La forma en la que sus palabras sonaron fueron como si se tratara de un asunto tan simple y sin interés como el color de corbata a elegir.
Me quedé helado en mi silla. Si debía ser sincero una parte de mí no estaba para nada sorprendida. Ese muchacho podía dar una o dos sorpresas en cosas como esta, ¿Por qué? No lo sé, pero no creo querer saberlo… Quizás podría encontrarme con algo que prefiera ignorar…
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Ya habían pasado tres días completos desde que Sensei y yo llegamos a Japón. Desde aquella última vez que nos vimos él y yo no hemos tenido ningún tipo de contacto.
Tres días sin escuchar su voz, sin ver su rostro o contemplar su sonrisa… Me duele cada minuto que paso en silencio y sin su compañía, pero soy incapaz de romper con la rutina que yo mismo he establecido…
No quiero verlo porque… No sé cómo debería de reaccionar ante él después de aquella despedida tan abrupta, y conmigo teniendo tales sentimientos tan impuros como los celos y la rabia… No debería de sentirlos. Su corazón es solamente mío, lo he escuchado y sé que soy la causa de su latir, pero a pesar de ello no soy capaz de regresar a su departamento… No cuando sé que él no sólo tiene memorias que compartir conmigo en aquel lugar, sino también con otras personas que también… También…
Me hundí mucho más en la cama al encontrar cercano el ataque de emociones destructivas que siempre llegaban cuando imaginaba a la persona que amaba con alguien más.
No he podido dormir en días… Me siento tan vacío al dormir sin su compañía, me falta su presencia, me falta su olor, el calor de su cuerpo, el susurro de su voz… Si tan sólo… Pudiese saciar este desesperado deseo por hacerlo mío… Completamente mío…
El curso de mis pensamientos fue interrumpido por la melodía de una llamada entrante en mi celular.
– ¡…! – Mis ojos se llenaron de sorpresa al leer en la pantalla el nombre de quien me llamaba.
Sensei… Él… Está esperando que conteste, pero… ¿Podría ser capaz de mantener una casual conversación con él? ¿Estará enojado? ¿Se sentirá igual de solo y triste que yo? O quizás…
– Sensei, ¿Sucedió algo? – Intenté utilizar el tono más neutral que mis emociones me permitieran.
– "¿Sucedió algo?" – Escuchar el sarcasmo y la molestia encarnando su voz no fue ninguna buena señal. – Sucede que, no he sabido de MI novio durante estos días… ESO sucede. Apuesto a que si no llamaba, no te hubieses comunicado conmigo. – Me reprochó.
Eso desgraciadamente puede ser cierto…
– ¿Por qué demonios me estás evitando Ishi? – Exigió una respuesta.
– N-No… No lo estoy evitando… – Mi voz se convirtió en un débil susurro.
Imaginaba que él podría estar enojado, pero no me encontraba preparado para una confrontación, aún si fuese sólo por teléfono.
– Se lo dije a Kirishima-San, debo arreglar unas cuantas cosas aquí en mi departamento después de estar tanto tiempo fuera… ¿No se lo dijo? –
La mano que sostenía el celular no dejaba de temblar, pero luchaba porque mi voz no le siguiera al instante. A pesar de que me está regañando yo… Estoy feliz de… Escuchar su voz…
– Entonces… Zen debe darme los mensajes de mi novio… ¿Es eso? ¿No es más fácil que mi novio lo haga por sí mismo? – Contestó con molestia y permaneció unos segundos en silencio para tranquilizarse y luego dejar salir un suspiro. –…Ishi… ¿No me extrañas aunque sea un poco? – Mi corazón dolió al escuchar tristeza en su voz. – Durante mucho tiempo compartimos la misma cama… No tienes idea de las veces que despierto queriendo abrazarte y no estás allí… ¿Soy el único que se siente así? –
Enmudecí al escuchar sus palabras y dejé que el tono de su voz acariciara las heridas de mi corazón. Yo no era el único que se ha estado sintiendo solo todo este tiempo… Compartimos el mismo sentimiento de añoranza por el otro. Me reclama como su novio, se molesta por mis acciones porque… Le importo… Yo en verdad soy amado por él, no hay nadie más que ocupe un lugar especial en su corazón… Todas esas personas sólo… Sólo han tenido su cuerpo, pero yo tengo… Yo tengo…
– Me… ¿Me extrañó? – Repetí casi en un jadeo por tal revelación.
No entendía lo que sucedía, quizás era la emoción de saber lo importante que era para él, o tal vez el escuchar su voz después de haberme privado de ella, pero… No podía evitar que un siniestro deseo se inmiscuyera en mi cuerpo y me hiciese temblar ante una tentación que comenzaba a arder dentro de mí.
Sin haberlo si quiera pensado mi mano derecha tocó mi cuerpo… Se deslizaba suavemente por el lienzo de mi piel e imaginaba al instante que eran sus manos quienes memorizaban el calor y la naciente excitación que recorría con desesperación cada rincón de mi ser.
– Dígalo… De nuevo… – Mi voz ahora era un débil susurro que intentaba esconder su verdadera naturaleza.
Me había dejado vencer por aquella oscura seducción y mi mano había encontrado el camino directo hacia mi parte baja la cual había despertado al escuchar la voz de aquel a quien deseaba. No era necesario que él me tocara, porque mi mente recordaba a la perfección el sentir de sus caricias en mí. Mi mano se había vuelto la suya, y era imposible parar ahora que lo imaginaba a él junto a mí, con su respiración golpeando en mi cuello, tan lleno de pasión, y ardiendo en deseo por mí… Sólo por mí…
– Q-Quiero… Escucharlo… – Era incapaz de no dejar que los jadeos se escaparan de mi boca.
Me estaba complaciendo a mi mismo con la imagen de él acariciándome, amándome…Deseándome… Quiero que me ame más… Que me miré más… Quiero que me desee hasta volverlo loco de desesperación… Mío… Él es sólo mío por siempre…
– ¿Cómo no iba a extrañarte? – Respondió. – Extraño abrazarte contra mi pecho… El robarte besos… El susurrarte cuanto te amo cada día… Y el escuchar que también me lo dices… –
Su voz se detuvo por segundos y supe que el prolongado silencio que se había formado de su parte había permitido que los lascivos sonidos que entonaba fueran mucho más claros para permitirle entender la situación en la que yo estaba.
–…Ishi… – Cortó el silencio. –…Incluso… Extraño hacer el amor contigo… – Cambió de contexto rápidamente como si tratara de confirmar lo que escuchaba y ver si había alguna respuesta del otro lado de la línea.
– Ngh… – Un tímido gemido encontró un lugar para huir de la cárcel de mi garganta e ir directo hacia sus oídos. El escuchar que extrañaba el hacerme el amor provocó que mi excitación subiera en un instante. Sí él seguía diciendo esas cosas yo podría morir en medio del éxtasis al que me guiaba.
–…Cuando mis manos recorren tu cuerpo… Cuando empiezo a besarte y a morderte… Y al momento en que susurras mi nombre cuando… Empiezo a saborearte con mi boca… – No entendía porque pero él comenzó a usar esa baja y suave voz que me resultaba tan seductora en los momentos de intimidad o cuando deseaba guiarme al camino de la lujuria, lejos, muy lejos de todo pudor existente.
– Ung… Mnh… – Me sentía tan sucio en aquel momento. El escuchar su voz narrando sus acciones al enredarme entre el placer de sus caricias estaba volviéndome insano en el deseo.
Mi cuerpo lo recordaba muy bien y reaccionaba al evocar cada ardiente memoria que me hacia estremecer en profundo deleite. Mi mano no paraba de moverse por el contorno de mi erección y aunque punzadas de dolor me hicieran temblar, resultaba mucho más placentero al combinarlo con las propias sensaciones que obtenía de acariciarme y escuchar su voz que me estimulaba con cada palabra.
No importaba que el vendaje en mi mano se hubiese deshecho, ni que las heridas que intentaban cerrarse ahora se abrieran por la fricción que ocasionaba en el desenfrenado vaivén que me complacía… Aquel dolor que calaba en mis huesos era exquisito, porque ese mismo dolor me lo había causado la persona que ahora me tenía temblando en sensaciones desbordantes. Todo… El placer y el dolor… Son míos, me pertenecen… Y por eso, ellos mismos pueden enajenarme hasta la muerte.
– Aah… Ghn… – Permití que el placer tomara forma en los gemidos que dejaba salir libres de mi boca. Él ya se había percatado de lo que estaba haciendo imaginándolo a él, e inclusive sabiendo lo desagradable que eso era, él me impulsaba a continuar cada vez más… Más cercano al abismo mismo.
–…Te pones tan húmedo sólo con mis labios saboreándote… Y mis dedos… Cuando los aprietas dentro de ti… Por qué no… – Pude escuchar una pausa algo insegura pero pronto su exquisita voz regresó para deleitarme. –…Utiliza tu dedos para acariciarte allí abajo… Lubrícalos con tu lengua… Y despacio… Entra despacio… Ishi… – Su voz se había excitado al estar en sincronía con las acciones que mi cuerpo no dudaba en hacer para complacerme y volverme esclavo en aquel lascivo intercambio.
– Ung… K-Kyo-San… – Dejé que la excitación de su voz se fundiera con la mía.
Me había acostado de lado para que el celular descansara entre la almohada y mi oído y así poder usar mi mano izquierda. No existía la razón en ningún rincón de mi mente, lo único que era capaz de hacer era seguir sus indicaciones y así lubricar mis dedos y guiarlos hasta mi interior.
– Ngh… Ahh… – Mi cuerpo se estremeció al comenzar a introducir mis propios dedos dentro de mí.
No eran los míos, era Sensei quien en aquel momento irrumpía dentro de mí y me hacia arrodillar a un sentimiento mucho más fuerte que la racionalidad misma. Era el deseo por fundirme en aquel placer que me impulsaba a mover poco a poco mis dedos hasta que estos entraran. Había resultado doloroso y molesto al principio, pero conforme mi interior se acostumbraba a su forma el placer que me daba con mi mano continuaba y alimentaba el hambre que tenía por derretirme entre sus manos.
–…Mueve tus dedos… Combina ese movimiento con tu mano… ¿No se siente bien? – Él no me abandonó en el éxtasis al que mi cuerpo se abrazaba con fiereza y continuó avivando el fuego de mi excitación.
– Ky-Kyo-San… Gnh… K-Kyo-San… Ahh… – Gemía sin parar el nombre de la persona que me acariciaba en mi mente, aun si fuesen mi propia mano y dedos quienes me estimularan, era el pensamiento de él haciéndomelo lo que realmente me volvía demente en aquel lujurioso escenario de pasión.
Yo en verdad… Me he entregado por completo a él…
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De todas las cosas que pensé que haríamos… está es la última que se me vino a la mente…
Lo llamé para avisarle que estoy por llegar a su casa pero… No pensé que… Este gatito ya me esté excitando sin si quiera haberlo visto… No entiendo cómo ni porque… Pero… ¡Dios, esta oportunidad es única!
– Ishi… ¿Te gusta?… – Pregunté al escuchar sus gemidos del otro lado del teléfono.
– Ung… S-Sí… Me… Gusta… ¡Ahh…! – Su voz era asaltada por los gemidos que el placer le obligaba dejar libres de su boca. Los sonidos que llenaban la línea estaban impregnados de excitación, y conforme avanzaban los segundos su voz se distorsionaba a causa de las sensaciones que disfrutaba sin inhibición alguna
–…La forma en la que te lo hago… Me encanta sentir como vibras por dentro cuando juego con mis dedos… Y la forma en la que me aprietas por dentro…–
No puedo soportarlo… ¡Necesito estar allí ya!… Me alegro de haber hecho una copia de sus llaves y bendita mi suerte por ya haber estacionado y estar subiendo las escaleras. Pero… Esperen… Quiero observar por unos minutos el cómo lo hace por sí mismo… Abriré la puerta con cuidado… No quiero desaprovechar esta oportunidad.
– ¡Ngh…! – Los jadeos inmersos en placer seguían llenando el silencio, pero había cierto tono en ellos que sonaba un tanto discordante con aquella escena lasciva, era como si luchase entre el placer y un punzante dolor.
Dios… Creo que moriré… Ishi es tan… Erótico… Tan… Tan erótico…
– ¡Qué buena vista! – Me acerqué, casi abalanzándome, lo tomé de las manos y observé con atención su cuerpo. – Pero que…– Me fijé de inmediato en que su mano derecha se encontraba lastimada… Muy lastimada. – ¡Cómo rayos te hiciste eso! – Olvidé por completo la escena erótica que me había deleitado en un principio y me sentí culpable por haberlo incitado a que se tocara estando así.
– Kyo… San… – Susurró mi nombre mientras sus ojos aún estaban inmersos en su propia incredulidad y confusión. No pareció haberme escuchado, ya que en aquel instante lidiaba con el hecho de que estuviera frente suyo. – Está… Aquí… – De pronto sus ojos se cristalizaron sin motivo aparente y su voz ahora estaba llena de una incomprensible pena. – ¡Lo extrañé…! – Se deshizo de mi agarre para aferrarse a mí mediante un abrazo, que aunque fuerte, los temblores de su cuerpo eran mucho más notorios ahora que estábamos tan juntos. – Me sentía… Muy solo… Yo… – Su voz se entrecortaba entre sollozos que dejaba escapar. Se mostraba vulnerable y frágil tal como si estuviese soportando de una irremediable pena que sólo yo podía disipar. – Vino por mí… ¡Sólo por mí…! – Me estrujó entre sus brazos mientras exclamaba aquellas palabras con fiereza desesperante como si él mismo buscara confirmar aquello.
–…Lo siento…– Hizo que olvidara lo molesto que estaba por haberme evitado todos estos días. – Mi pequeño gatito… Lamento haberme tardado…– Le susurré mientras besaba su frente y lo abrazaba a mí. – No llores más… Vamos… – Besé suavemente sus labios sin parar, tratando que se tranquilizara. – ¿Cómo no iba a venir? No tienes idea lo mucho que te extrañé gatito… Extrañaba tenerte de esta forma entre mis brazos… – Le decía con suavidad.
– ¿En verdad? – Me miraba fijamente con la ansiedad robándose la emoción de sus ojos. – Perdóneme, por favor… Perdóneme, Kyo-San… – Se aferró con fuerza a la tela de mi camisa mientras resonaba el arrepentimiento de su voz. – Todo este tiempo… Me he estado consumiendo en sentimientos tan desagradables… Que no tenía el valor para verlo a los ojos sintiéndome así, pero, a pesar de eso… Me hace muy feliz el verlo porque usted… Usted me ama sólo a mí… Soy al único que mira, el único al que extraña, y aún sabiendo eso yo… – Su voz se cortó abruptamente para evitar romper en sollozos de nuevo, daba la impresión de que pensaba que se miraba patético diciendo ese tipo de cosas, pero era una fuerza mucha más grande la que le obligaba a expresarlo.
– Hey…– Lo seguí abrazando contra mi pecho. –…Gatito…– Lo llamé suavemente por su sobrenombre… Sé que le gusta, siempre pone un rostro embelesado cuando lo hago. –…No llores, gatito…– Acaricié con suavidad su cabello y su espalda tratando de tranquilizarlo. – Detesto verte llorar… Me rompes el corazón… – Le confesé al tratar de calmar sus lágrimas. – ¿Puedo saber por qué me has evitado todo este tiempo? No me digas que seguías molesto por lo de la última vez… ¿Es así? – Me refería a cuando le confesé que, obviamente, no era el único al que había llevado a mi habitación.
Guardó silencio a mi pregunta lo cual, me dio una respuesta afirmativa al no negarlo, sin embargo sus ojos huyeron de mi mirada y todo rastro de tristeza se había desvanecido para traer una fugaz expresión de arrepentimiento.
– Lo siento, le he estado causando problemas a Kirishima-San y a usted. No volverá a suceder. – Se apartó de mi cuerpo para sentarse en el borde de la cama. En aquel momento se había puesto de nuevo aquella mascara de indiferencia para aparentar que nada había pasado. – Eso que hice… – Después de un largo momento de silencio volvió a hablar al haber fijado su vista en su mano lastimada. – Fue desagradable ¿Verdad? – Su voz era una amarga mezcla que dejaba ver lo decepcionado que estaba de sí mismo. – Será mejor que me haga cargo de esto. – Alzó un poco su mano para referirse a sus heridas, y al instante se levantó para ir rumbo al baño.
– ¿Es que piensas que me quedaré aquí sentado? – Dije con cierta molestia.
Detesto cuando se pone de esa forma. Me levanté y lo seguí hasta el baño.
– Deja que yo lo haga. – Tome su mano y con cuidado saqué lo que quedaban de aquellas vendas, para observar con detenimiento las heridas. – ¿Me vas a explicar cómo pasó? – Pregunté seriamente, exigiéndole una respuesta mientras desinfectaba sus heridas.
– Tengo… – El sonido de su voz salió después de una larga pausa. – Una mala costumbre… – Levantó lentamente la vista hacía el espejo destrozado frente suyo, dándome a entender que rompía cosas de cristal seguido. – Estas heridas… No me las hizo el cristal… – Miró sin expresión la mano que estaba tratando. – Fueron causadas por… Mis celos enfermizos… Mi rabia, mi cólera… Y por el odio que siento hacia mí por ser tan inseguro. – Expresó con un tono monótono, vacío. – Me merezco estas heridas… Cada una de ellas. –
– Mmm… – No dije nada respecto a su comentario, simplemente tomé su mano, luego de haber terminado de tratar su herida, y la acerqué a mis labios para besarla con suavidad. –…No vuelvas a lastimarte así…– Dejé salir mi voz, la cual estaba cargada de preocupación y tristeza. –…Por favor…– Le volví a suplicar.
Ishi alzó la mirada que había estado ausente en el silencio que guardaba. Sus ojos se clavaron en los míos, donde cierto reflejo de melancolía se inmiscuía en su mirar.
– Lo que más deseo es ya nunca más tener motivos para hacerlo… – Bajó la mirada que había mantenido firme ante mí. El tono casi inaudible de su voz era casi lastimero.
Él en verdad lo deseaba, no para ya no tener que herirse físicamente, sino para mantener sin heridas a su corazón.
– Kyo-San… – Después de un largo silencio entre ambos, buscó mi mano y la tomó con timidez – ¿Se quedaría esta noche…Conmigo? – Levantó la mirada, casi como si el miedo le dominara por la respuesta desconocida que obtendría.
– Si me prometes no volver a huir de mi gatito. – Contesté acariciando sus mejillas. – Me quedaré todas las veces que quieras… Sólo no te portes mal, ¿De acuerdo? – Me seguí refiriendo a su actitud como la de un gatito travieso y huraño.
– N-Nunca me porto mal… – Desvió la mirada, con un sonrojo en sus mejillas que lo delataba, pues sabía muy bien que a veces su actitud no era la mejor. Suele ser caprichoso y a veces me deja un poco olvidado para darle más importancia al trabajo. – Y no voy a huir… Lo prometo… – Me abrazó por la espalda y escondió su rostro en mi pecho. – Pero usted también tiene que prometérmelo. – Se alejó a un poco para verme con ojos que me culpaban. – No es nada agradable cuando se esconde de mí en fechas de entrega ¿Va bien con el manuscrito, no? – Y de nuevo olvidó el romanticismo para recordar nuestra aburrida relación de trabajo.
– ¿Me pediste que me quedara para hablar de trabajo? – Le contesté al mismo tiempo que mi voz lo regañaba. – Porque si es así, podemos hablar sobre ello mañana en la mañana. –
Miré fijamente sus ojos, que aunque sus palabras hicieron que me molestara, al verlo ese hermoso color que tenían y lo inocentes que eran, hacían que toda molestia que sentía desaparecieran.
– ¡Jaaa! – Me rendí ante sus ojos. – Quiero devorarte…– Le confesé al juntar nuestras frentes.
– Lo siento… – Susurró, apenado. Como era de esperarse, pasó por desapercibido la insinuación que le hice. – A simple vista no daría esa impresión, pero soy un poco torpe con las palabras… – Confesó, con un poco de bochorno. – Pero, ¡Lo aclarare! – Parecía tomárselo muy en serio. – No quiero que se quede para hablar de trabajo, eso bien podría ser por teléfono, quiero que se quede porque… – Tomó una larga pausa. – Después de todo… Yo también me he acostumbrado a dormir entre sus brazos, pero, estos días en los que he estado solo… A pesar de que no me gusta la oscuridad, dormir con la luz encendida se siente… Extraño. – Dijo, puesto que yo lo había acostumbrado a dormir con las luces apagadas.
– Lo que debes hacer es venir y mudarte conmigo… – Dije ya lo que había pasado por mi cabeza hace mucho tiempo. – Así dormirías cómodo siempre. – Le sonreí. – Además de que no dejaría que te lastimaras de esta forma… A menos que, te guste ser regañado. – Lo volví a mirar con molestia por lo que había hecho. – Debes entender que si te lastimas, el daño también lo recibo yo. Me molesta que no te preocupes por ti mismo… Cuando podría dar y hacer lo que sea por ti… Es como si no valoraras lo que trato de hacer…–
– Nunca he hecho algo como eso… – Bajó la mirada mientras negaba en un susurro lo que decía. Mis palabras lo habían avergonzado de cierta forma. – Pero… Lo siento… No puedo mudarme a su departamento. – Contestó a la propuesta de hace un momento, intentaba sonar educado, pero su voz tenía un poco de incomodidad. – Usted lo sabe… Debo quedarme aquí, cuando menos hasta que Alice regrese. –
¿Alice…? ¿Cuántas veces más debo soportar a aquella mujer?
– No puedo irme así como así, y que ella encuentre el lugar vacío, o quien sabe… Quizás la dueña rente el lugar a alguien más con la excusa de que nadie vive aquí. – Intentó desviar la atención de su sombrío estado de ánimo con un sin fin de excusas.
– ¿No quieres vivir con tu novio por esperar a esa mujer? – Dije molesto. – Si el lugar se renta, puede buscar otro, e incluso uno mejor. Si ha estado viviendo como una persona común y corriente es porque ha querido, con toda la herencia que tendrá puede comprarse un hotel para ella sola si así lo quisiera. –
Esa mujer… Sé muy bien que no ve a Ishi como un amigo solamente…
– Esto me recuerda… Cuando huiste de mí y me dejaste plantado en nuestra cita… ¿Pasó algo entre ustedes dos? –
– ¡…! – Ishi levantó la mirada, visiblemente sorprendido por la pregunta que sacaba a la luz. Un tema que pensaba ya olvidado. – ¿A qué viene una pregunta como esa? – Intentó controlar las expresiones de su rostro, pero no era suficiente… Lo conozco lo suficiente como para saber que estaba huyendo de mí. Es más que obvio que está nervioso por la pregunta.
–…Ishi…– Lo tomé del brazo y lo acorralé en una pared. – Mírame a los ojos… No huyas de mí… ¿No te das cuenta que al huir sólo reafirmas que algo pasó? – Mis ojos no dejaban de mirar los suyos. – Dime… ¿Qué pasó? El que nada debe… Nada teme después de todo…–
No tuvo otra opción más que corresponder al contacto visual, pero su mirada temblaba de miedo, al igual que la totalidad de su cuerpo. Se sentía acorralado y el que lo enfrentara de esa forma lo ponía vulnerable.
– S-Si… Si le digo… ¿No se enojará conmigo? – Preguntó con cautela, en un intento por encontrar un poco de seguridad y confianza por hablar.
– Si no lo dices voy a enfadarme mucho más. – Le respondí seriamente sin dejar que bajase la mirada.
– Así que ya está enfadado… – Murmuró para sí mismo con el miedo dominando su voz. – Si le soy sincero, aún me duele recordar esos momentos… – Comenzó a hablar en un modulado tono de voz. – Yo acababa de escuchar su conversación con Usami-Sensei. Y aunque me llevé la impresión equivocada, en ese entonces me dejé llevar por la tormenta que sobre mí caía. Estaba ardiendo de furia por lo iluso que había sido, me sentía… Tan frustrado, tan… Miserable. – Su voz se oscureció al revivir los amargos sentimientos que lo habían enajenado por dentro. – Pero pese a todo… Estaba herido… Esas palabras habían abierto un hueco en mi corazón que para mi desgracia… Sólo usted podía llenar… – Una amarga sonrisa se dibujo en su rostro.
– Lo único que deseaba era olvidar… Olvidar ese dolor, olvidar todas las lágrimas… Olvidarme de usted y de este amor que siento dentro de mí. – Dejó pasar una larga pausa en silencio. – Por eso… Me aproveché de la preocupación que Alice tenía por mí, utilicé el pretexto de que ella me ayudaría de cualquier forma como la amiga que era… Dejé que la tristeza y el dolor cegaran mis ojos y… Busqué inútilmente borrar su recuerdo con el calor de otro cuerpo… Yo… Estuve a punto de acostarme con ella… – Confesó finalmente con la amargura y el arrepentimiento que carcomían su corazón. – Es por eso que me siento tan culpable con ella… Su ex-prometido lo descubrió y lo utilizó para manipularla a su antojo, por eso no ha podido regresar, y el único culpable de eso soy yo. No sabe lo mucho que agradezco el que no hayamos continuado con eso, pero a pesar de todo… Jamás podré perdonarme lo que le hice a ella, ni a usted, porque a pesar de que no éramos novios, sé que la forma en la que actué no fue la mejor… En verdad espero que… Pueda comprenderlo, y… Perdonarme… – Bajó la mirada, temeroso de mi respuesta.
No pude decirle nada, simplemente apreté mis puños con fuerza por lo molesto que me ponía el saber que esa mujer probó a Ishi. Tocó lo que me pertenece sólo a mí. El imaginarme aquello… Me pone de muy mal humor.
–…Sabes que, esa mujer, ¿Está enamorada de ti, verdad? – Traté de calmarme y no descargar mis celos.
– ¿Alice? – Preguntó como si quisiese reafirmar lo que escuchó. Pareciera que cree que es algo imposible. -–Pero ¿Qué cosas dice? Por supuesto que no. – ¿Acaso se lo tomó como un chiste? –He vivido 7 años con ella como para saber que odia a los hombres, ¿De dónde saca algo como eso? ¿Ella se lo dijo? – Tan denso puede llegar a ser… Aún a pesar de vivir tanto tiempo con ella, está tan acostumbrado que nunca imaginó aquella posibilidad, ¿No?
– ¿Acaso te parece que me es gracioso? – Lo miré seriamente. – Ni si quiera te diste cuenta de que te amaba aún cuando te lo confesé varias veces… Eres tan… Tonto para estas cosas. La forma en la que te mira y en la que habla de ti… Es muy fácil darse cuenta si le prestas atención. –
– Kyo-san, ella es mi amiga, y sé muy bien que no quiere ser nada más que eso. – Me hablo con seriedad, mientras correspondía con firmeza el contacto visual. – Alice siempre me ha apoyado como una amiga, e inclusive… Fue gracias a ella que me di cuenta de muchas cosas, lo que me impulsó a dar el último paso en mi relación con usted. – Me notificó de aquello, como si con eso me pudiera convencer. – No tiene porque ponerse a la defensiva con Alice, ella siempre ha estado a favor de nuestra relación, y cuando pasamos nuestros momentos más difíciles, fue ella la que me incitaba a estar con usted. No la trate como si fuese alguien con malas intenciones. –
– Aún así… Esa mujer está enamorada de ti. ¿Debería prohibir que la vieras? – Un pensamiento sumamente egoísta e infantil salió de mi boca. Aún sabiendo que se enfadaría… No podía soportar el hecho de que alguien más lo amara o lo deseara. – Además… Un amigo no se dejaría tocar… ¿Qué le hiciste esa noche Ishi? ¿La tocaste no? Y ella no se resistió en lo absoluto… No importa que tan amigos sean, porque no es cuestión de amistad; si una mujer no te desea, no dejaría que le tocaras ni un sólo cabello. En pocas palabras, te hubiera abierto las piernas sin rechistar si hubieses continuado. – Me estoy pasando de la raya… Ya lo sé… Sé que se enojará… Pero aún así… Si esa mujer no lo deseara… No me habría desafiado por teléfono. – En pocas palabras, o esa mujer te desea sexualmente o, es una zorra que se acuesta con cualquiera. – Se lo dije sin ningún tipo de delicadeza… ¿Tan celoso me encuentro?
El impacto de un golpe seco resonó en las paredes de la habitación haciendo eco en el oído de ambos. Ishi me había abofeteado en la mejilla prácticamente al instante de haber dicho aquellas palabras.
– ¡Largo de aquí! – Ordenó con dureza en la voz y sus ojos que ardían en fuego azul siendo la ira y el enojo sus principales combustibles. Su expresión había cambiado por completo a una totalmente iracunda y desencajada. Era obvio que había tocado uno de sus nervios y él no hizo otra cosa más que reaccionar rabioso. Pensar que esa mujer tiene más valía que yo… Es fastidioso el pensarlo…
–…Como desees…– Le contesté secamente. – No pienso pedir disculpas por nada de lo que dije cuando todo es verdad. – Tomé mis llaves y me dirigí a la puerta. – Buenas noches, gatito. – Aquello último no lo dije con el mismo tono de cariño que solía hacerlo, fue más bien… Sarcástico… Después de todo, ha reaccionado como uno.
No me contestó palabra y simplemente cerró la puerta tras de mí… O más bien, la tiró cuando salí.
Pensar que se pondría así por esa mujer… ¿Cómo no quiere que me encele cuando la protege tanto? Es decir… Ella está enamorada de MI novio… Y no es precisamente porque sea bien parecido… Es porque lo conoce por dentro… Y eso en verdad me enferma.
– ¡Maldición! – Había llegado a mi auto y simplemente recosté mi cabeza en el volante. – No vine para que él se enfadara conmigo…– Di un gran suspiro e intenté calmarme y no pensar en cuanto odiaba a esa mujer por estar cerca de lo que es mío. Lo cual, me hizo reconocer que no tenía idea de lo posesivo y celoso que podría llegar a ser…
Eso… No está bien… No lo había visto durante días… No quiero irme así… No cuando nuestros horarios en la editorial están así de complicados, ¿Cuándo lo volveré a ver, si no? Al final, creo que subiré con el rabo entre las patas a pedirle disculpas… Pero no me retracto de que esa mujer es una zorra. Mientras más lejos esté de mi Ishi, mucho mejor.
Subí rápidamente las escaleras y me detuve en la puerta de su departamento. No sabía si entrar o tocar la puerta.
– De seguro sigue enfadado. – Haga lo que haga sé que lo está. Tomé aire y toqué el timbre esperando a que me abriera, no me atreví a entrar.
Ishi abrió la puerta después de un poco de espera. Su rostro mantenía una dura expresión, pero en cuanto vio que se trataba mí, su gesto se volvió de disgusto.
– ¿Usted de nuevo? Pensé que se había ido. – Dijo secamente, mientras volvía a entrar a su departamento. No cerró la puerta, y estaba la posibilidad de entrar, pero… Es como si me estuviera probando…
– ¿…En verdad quieres que me vaya…? – Le pregunté ya con un tono diferente al de nuestra pequeña pelea, estuve a punto de dar un paso adelante para alcanzar su mano mientras se alejaba de mí, pero me contuve y simplemente me quedé allí parado.
– ¿Por qué lo dice? – Se dio la vuelta para enfrentarme cara a cara. – ¿Acaso le faltó algo más que decir? – Sus ojos me miraban con dureza y sin calor alguno.
No me gusta… Cuando me mira así… Porque me está tratando como a los demás…
– ¿Está mal que esté celoso? – Le respondí, suplicándole que no me mirase de esa forma. –…Eres mío… Me perteneces sólo a mí… Eres lo primero y único que he amado en toda mi vida… Es solo que el hecho de pensar que alguien más que yo sienta algo por ti…– Me disgusta. Me molesta a tal punto que me hace enfadar. –…Eres mío… Ishi… No quiero compartirte… – Le confesé.
– Siente esa misma ira capaz de volver insano cualquier alma que toque, ¿No? –
Sus ojos brillaron en un instante por el interés casi placentero de saber mis sentimientos. Por un fugaz momento, pareció ser otra persona, la cual disfrutaba el sufrimiento que sentía.
– Es cierto… – Sin pensarlo dos veces comenzó a caminar hacia mí para cortar la distancia. – Sentimos lo mismo… Los dos. – Sus ojos ya no me miraban con dureza, sino que parecían estar de cierta forma… Complacidos. – Porqué soy suyo… – Sus brazos envolvieron mi cuello. – Porqué usted es mío… – Fue acercándose hacia mis labios, parecía estar a punto de besarlos pero en su lugar atrapó uno de mis labios en una mordida lo suficientemente fuerte para abrir una herida. – Estamos destinados a dejarnos consumir por estos celos sin sentido. – Lamió el rastro de sangre que caía de mi labio hasta mi barbilla. Su voz tenía cierto tono irónico, divertido, hasta el punto de estar casi al borde de la risa por lo estúpidos que podemos llegar a ser.
–…Qué cruel eres… – Le susurré mientras lo abrazaba a mi cuerpo. – La estoy pasando mal y pareciera que te diviertes…– Le reproché mientras apoyaba mi cabeza en la curvatura de su cuello. – Nunca pensé que podría llegar a ser así de posesivo…– Le hablaba con suavidad.
No sé en qué momento se volvió natural para mí el contarle con sinceridad lo que estoy pensando o sintiendo…
–…Y todo es tu culpa… Deberías hacerte cargo por lo que estoy sintiendo…–
Silencio fue la única respuesta que obtuve, hasta que su cuerpo se tensó abruptamente seguido de un temblor que le acompañó la fuerza con que afianzó el abrazo.
– Lo siento. – Un apenado susurró rompió el silencio. – No quería decir esas cosas… – Se separó un poco de mi cuerpo para ver con algo de timidez la expresión que tenía en mi rostro. Era casi como si temiera que sus palabras me hubiesen afectado. Había regresado a su yo usual, al gatito tierno y adorable capaz de derretirme con sólo mirarme.
– Tonto… – Le susurré. – Está bien… No tienes porqué disculparte. –
– Sólo lo amo a usted… – Lamió afectuosamente la herida que me había hecho en señal de arrepentimiento por haberme mordido. – No tiene que ponerse celoso, aunque… No soy el más indicado para decirlo desde que me he lastimado a mi mismo por no poder controlar mis celos… – Bajó el semblante, un poco incomodo por lo que decía.
Ambos estábamos conscientes que no había razón para sentir celos desde que nuestros sentimientos por el otro estaban claros, pero era mucho más fuerte el sentimiento insano de posesión
– Voy a morderte si vuelves a lastimarte…– Ya sé que lo había regañado antes pero, el ver su mano lastimada me preocupa. – Ah…– Suspiré y lo volví a abrazar contra mi cuerpo. – Entonces… ¿Debo irme? – Le recordé que me había echado no hace mucho y que aún no había sido invitado a pasar.
– No… No se vaya… – Susurró, al tiempo que escondía su rostro en mi pecho. – Es cierto que dije que se fuera, pero… Primero dije que se quedara aquí, conmigo, para… Dormir juntos… – No podía ver su rostro pero estoy casi seguro de que está totalmente sonrojado.
– De todas formas no pensaba irme… Es por eso que regresé…– Le dije divertido al ver como se escondía en mi pecho. – Aunque… Lo que quiero hacer ahora es comerte a besos. – Besé su frente. – ¿Puedo hacerlo? – Le pregunté mirándolo a los ojos, esperando que se sonrojara mucho más que antes aunque, no me sorprendería si no lo entendiera. Es decir… Por más directo que sea tarda un poco en entender cuando quiero hacérselo.
– ¡…! – En efecto, Ishi ardió mucho más en el sonrojo que afectaba sus mejillas. Se había avergonzado ya que utilicé el término "devorar" como si fuese algún alimento delicioso a degustar, pero al contrario de rechazarlo, bajó la mirada, y asintió en silencio con la cabeza.
– Solo haces que te desee mucho más… Es injusto… No puedo resistirme a ti…– Besé su nariz y bajé a sus labios, dándole pequeños besos. – ¿Extrañaste mis besos? – Le pregunté mientras lo besaba con suavidad, para luego intensificar el beso y morder sus labios, ingresando mi lengua en su boca e invitando a jugar a la suya.
– Ngh… Mnh… – Se encontraba demasiado avergonzado como para contestar con sinceridad que había extrañado los besos que solemos darnos en la intimidad, aunque, la principal razón para no contestarme era porque no dejaba de besarlo ni un sólo segundo. En lugar de su respuesta, ahogados jadeos tomaban lugar entre el apasionado y arrebatador beso. Aunque no lo dijera realmente, el que su lengua se viera fácilmente seducida por la mía al unirse al húmedo juego, demostraba lo mucho que le había hecho falta.
– ¿Qué extrañaste de mí? – Le susurré al oído luego de morder su oreja, y continuar devorándolo a besos.
– ¡Unh…! – Se estremeció por la mordida en su oreja y aquel susurro que le había erizado la piel. – De-Debería de… Saberlo… Muy bien… – Jadeó su respuesta por el poco aire que le dejaban los demandantes besos.
¿Extrañaste lo mismo que yo?
– Quiero saberlo… Por eso pregunto…– Susurré en su oído y mordí suavemente aquel lugar. – ¿…No lo dirás? – Detuve los besos para mirarlo a los ojos. –…Al menos guíame… Dame una pista… – Le susurré al empezar a besarlo nuevamente mientras lo tomaba de las caderas y lo unía a las mías, apretando su cuerpo junto al mío. Aproveche a bajar mis manos hasta su parte trasera y agarré sus nalgas. Dios… como me encanta su trasero…
– ¡…! – Se sobresaltó al instante en que disfrutaba de pasar mis manos por sus nalgas y prácticamente saltó hacia atrás como gato asustado buscando huir del peligro, quizás si fuera un gato, ahora estaría erizado su pelaje. – D-De todas formas… Debemos de dormir. – A pesar de que había huido de mí, no dudo en tomar mi mano para guiarme a la habitación. – Tenemos trabajo mañana, debemos ponernos al día. – Se detuvo al estar frente a la cama. – Pero… Si… Si quiere… Hacerlo… Está bien… – No me miraba al rostro, pero sus orejas estaban más que rojas. Esa era su forma de decir indirectamente que él si tenía el deseo de hacer el amor, pero no lo diría con esas exactas palabras.
– Mmm…– Supongo que tendré que ser más sutil con él hasta que se acostumbre. – Ven aquí… – Me coloqué delante de él y levanté su rostro avergonzado. – Entonces, ¿Si puedo comerte? – Le pregunté mientras besaba su cuello. – Déjame demostrarte cuánto te amo…– Besé sus labios mientras lo recostaba en la cama.
– ¡Hng…! – Jadeos se quedaban atrapados en su garganta, mientras húmedos sonidos llenaban el silencio de la habitación, a pesar de que estaba tratando de resistir de que me apoderara de su boca, no tardó mucho para que lo aceptara y su lengua buscara también a la mía con las ansias de entrelazarlas e intercambiar su sabor. Su cuerpo de igual forma, temblaba ante mi tacto que alertaba a su piel al ponerse erizada.
–…El trabajo puede esperar… Si se trata de ti, tú eres mi mayor prioridad…– Atrapé su lengua contra la mía al instante en el que invadí su boca. Mientras que mis manos no podían mantenerse quietas y tuvieron la necesidad de inmiscuirse por debajo de su camiseta para recorrer su torso lentamente.
– E-Eso… – Se separó de mi boca en un intento por recuperar el aliento y no morir asfixiado por la falta de aire que le arrebataban los húmedos y exigentes besos. – Podría traerme… Problemas… – Miró abochornado hacía otro lado. Le avergonzaba ser él mismo quien me pidiera hacer este tipo de cosas pero que al mismo tiempo me reclamara que dejar el trabajo de lado me afectaría.
–…Entonces para que valga la pena, déjame ser tu prioridad también…– Le dije con una sonrisa. –…Pero por ahora… Hablemos de nosotros…– Le susurré al oído mientras continuaba con los besos y las caricias que le daba a su cuerpo. – Detesto hablar de trabajo cuando estoy en la cama contigo…– Tomé sus caderas y las apegué a las mías, empezando a moverme lentamente para frotarme contra él. –…Deseo que mi novio piense en mí… Y en la forma que me hará el amor…– Le susurré. – Deséame también… Quiero que me desees… Hazme saber que me deseas así como yo lo hago respecto a ti… – Detuve el movimiento de mis caderas y mis manos automáticamente empezaron a rozar y juguetear su miembro por sobre su jean, bajé lentamente el cierre y lo dejé a la mitad, tocando suavemente con mis dedos aquel bulto sobre su bóxer.
– Mnh… Ahh… – Pequeños gemidos comenzaron a salir de su boca, aunque daba la impresión de que estaba intentando controlar lo más posible su voz por alguna razón. – N-No haga… Eso… – Llevó una de sus manos hacía las mías para intentar detener el movimiento de mis dedos el cual lo estaba comenzando a despertar y hacerlo sentir bien. – Y-Yo… Lo haré para… Usted… – Un gran sonrojo se mostraba en su rostro, pero a pesar de lo nervioso y apenado que se encontraba, se las arregló para cambiar de posiciones y ponerme debajo de él… Esperen… ¿Qué dijo?
–…Está bien… Soy todo tuyo entonces… Gatito… – Aunque era algo inesperado y confuso, lo dejé ser. Me quedé quieto esperando su adorable ataque.
En silencio, sus temblorosas manos comenzaron a desabrochar los botones de mi camisa, y aunque sus dedos eran algo torpes, logró terminar con todos ellos.
– Si… Si no me mirara tanto… Sería más fácil… – Dijo bastante intimidado al sentir la profunda mirada que le dedicaba, puesto que, esperaba expectante su siguiente movimiento.
– Sabes bien que no dejaré de mirar… Ahora… Sorpréndeme. – Dije tratando de alentarlo.
Al instante fue hacía mi cuello para comenzar a besar la piel que estaba expuesta ante él, y aunque sus besos eran algo tímidos, poco a poco fue arriesgándose un poco al llevar su mano hacía mi pantalón, para así desabrocharlo e inmiscuir su mano dentro y comenzar a acariciarme por sobre el bóxer.
Quizás, al darse cuenta que ya estaba duro y excitado, le dio la seguridad que necesitaba en sus acciones, puesto que comenzó a utilizar su lengua para así lamer las líneas de mi cuerpo y seguir el trayecto desde mi pecho hacia mi abdomen.
Dios… Quisiera tomarlo y empujarlo contra la cama para hacerlo temblar de placer pero… Esto es igual de excitante… Debería darse cuenta que estoy igual de nervioso y ansioso que él.
Aunque su rostro me indicaba lo apenado que estaba, también observaba como disfrutaba al ser capaz de acariciarme y saborearme de aquella forma, tanto que su respiración se había vuelto agitada y su temperatura había subido en respuesta a la excitación que lo estaba poseyendo.
– Y-Yo… Nunca he hecho algo como esto… – Confesó, con su voz temblorosa, al haber llegado a mi parte baja, donde sus manos un tanto torpes habían bajado mis pantalones, con la intención de intentarlo con su boca. – Lo más seguro es que… No se sienta tan bien… Como… Cuando usted… Lo hace… – Miró hacía otro lado para huir de mi mirada.
Eres tan tonto… No es la técnica… No se trata de eso en lo absoluto. ¿Por qué te desvalorizas así?
–…Voy a excitarme y lo voy a disfrutar porque se trata de ti…– Le dije con ya el deseo de sentir su lengua en mi miembro. –…Sólo, trata de hacerlo lento al principio… Abre tu boca y utiliza tus labios y tu lengua…– Le dije esto mientras ingresaba mis dedos en su boca para que los lubricara. –…Tienes que disfrutarlo tú también…– Le dije. – Ahora… Sólo hazlo… ¿Sí?… Me muero de ganas por sentirte… – Y esa era la verdad, ya sabía que nunca le había practicado sexo oral a alguien pero, el sólo hecho de imaginármelo tratando de hacérmelo y esforzándose por complacerme ya me vuelve loco.
– L-Lo intentaré… – No me miró a los ojos, y su expresión nerviosa tampoco había desaparecido, sin embargo, las palabras de hace un momento le dieron seguridad para continuar con ello por lo que sus manos se dedicaron a bajar poco a poco mis bóxers.
¿Por qué se detuvo de repente? Ah… Ya veo porque es… Es como si pensara el cómo iba a hacérmelo y como debería meter mi erección en su boca… Él no lo sabe pero… Está excitándome inconscientemente a su manera.
Acaricié con suavidad sus mejillas haciéndole saber que no tenía porque ponerse nervioso ni exigirse tanto, lo que provocó que de inmediato llevara su lengua a mi miembro.
Me quedé observando con detenimiento aquello, había comenzado a dar pequeñas lamidas en diversos lugares a lo largo de mi erección, era como si poco a poco al hacer eso, se estuviera acostumbrando a aquella practica, puesto que después de unas cuantas lamidas, decidió ser más constante al tomar mi miembro entre sus manos y posar su lengua en la base de este, para así empezar a lamer su totalidad de arriba a abajo en un lento pero constante ritmo. A veces, creo que intenta recordar los movimientos que suelo hacer con él cuando se la estoy chupando… Ya que, al llegar a la punta comenzaba a lamerme con más esmero.
No decía palabra alguna, ni siquiera se atrevía a mirarme a los ojos, pues sabía bien que lo devoraba con la mirada, ansioso porque diera el siguiente paso. El que trate de meter mi erección en su boca… Me muero por sentir el calor y la humedad de su boca en mí… Me tortura el que esté dudando…
–…No hagas que me desespere… – Lo tomé de la barbilla y junté mi lengua con la suya, robándole un húmedo beso. –…Hazme sentir bien…– Le dije con un tono de súplica, puesto que no podía soportar más el hecho de que me torturara con aquellas lamidas… Quería sentir su boca devorándome… – Quiero sentirte… Déjame sentirte gatito… – Relamí la comisura de mis labios con tan sólo imaginar el hecho de que estoy a punto de recibir un oral de mi novio.
– ¡…! – El sonrojo de su rostro se elevó hasta el punto de arder al haber escuchado mi deseo. Se encontraba lo suficiente avergonzado como para no hacer ningún comentario y proseguir con lo que hacía. Sus manos aún se encontraban tomando mi miembro con firmeza, aunque de vez en cuando podía notar lo temblorosas que estaban. No obstante retomó sus acciones y sus labios fueron acercándose poco a poco a mi miembro, donde recibía mi erección en la humedad y calor de su boca.
– Ngh… Mnh… –
Cerró los ojos como si intentara con eso, olvidar lo que precisamente estaba haciendo en ese momento. Una de sus manos intentó encontrar un apoyo al posarla sobre mi muslo, y apretarlo cada vez más fuerte conforme me hacía paso dentro de su boca al ir creciendo dentro de él.
Ahogados jadeos se quedaban atorados en su garganta, ahora que esta era ocupada por mí. Es increíble que poco a poco haya sido capaz de engullirme por completo, aunque, notaba como le era algo difícil el tenerme dentro de su boca, y eso lo demostraba su mano que se aferraba con fuerza a mis muslos.
– Ghn… Hng… – Retomó el movimiento después de haberse adaptado un poco a la situación, por lo que comenzó con un vaivén lento y hasta algo torpe por la manera en que subía y bajaba por mi erección, donde sus labios intentaban causar fricción y su respiración intentaba ser lo más controlada posible para no terminar ahogándose en el proceso.
Su rostro estaba más que rojo, y sus ojos aún se encontraban cerrados, pues en realidad, daba la impresión de que se encontraba avergonzado, no exactamente por lo que estaba haciendo, sino porque era bastante torpe como cualquier novato primerizo.
– Ngh… – Esto… Es inclusive más excitante que en mi imaginación. –…Usa más tu lengua…Mnh… – Coloqué mi mano detrás de su nuca, para empujarlo un poco y marcar el ritmo con el que debía subir y bajar. – Ah… Buen gatito… Lo estás haciendo bien… – Mi mano libre se dedicó a tomarlo del cabello, despeinándolo y levantando su flequillo para observar con detalle su rostro. – ¡Ngh… ¡ – Apreté fuertemente mis labios debido a que en medio del placer que me estaba dando sentí sus dientes rozar en mi contorno, lo cual me causó un pequeño dolor. –…Ten cuidado con los dientes… Me gusta porque me lo estás haciendo tú… No vayas a ahogarte por hacerlo tan rápido… – Lo había separado un poco de mi, y había alcanzado sus labios para besarlo, uniendo mi lengua con la suya, probando el sabor que se había mezclado en su boca al haberme estado probando. – ¿Puedo venirme en tu boca? – Le susurré, puesto que al ser su primera vez, sabía que podía llegar a ahogarse… Y francamente no quiero algo así.
Su rostro hirvió en un profundo sonrojo. Estaba por demás avergonzado por la pregunta que le hacía, pero se notaba que agradecía que tuviera el detalle de preguntarle y no simplemente hacerlo. Estaba tan abochornado por lo que, en silencio, y sin querer encontrarse con mi mirada, asintió con la cabeza.
– V-Voy a continuar, pero… No… No diga nada más… – Dijo en voz baja.
Sin decir nada más, y sin verme a los ojos, volvió a acomodarse entre mis piernas para retomar su trabajo al engullir poco a poco mi miembro, cada vez llegando más profundo y preocupándose por hacerme sentir el contacto de sus labios.
– Mnh… Uhn… – Húmedos sonidos comenzaron a emerger desde su garganta al momento en que continuaba con el vaivén que le había indicado. Enrolló su lengua entre mi miembro y así acariciarme al ritmo en que sus labios se movían de arriba a abajo. – Ngh… – Decidió atreverse a intentar algo nuevo, al haber utilizado una de sus manos para que se encargara de masturbar la base de mi miembro, mientras que sus labios se encargaban de succionar la parte superior, su lengua daba rápidas y pequeñas lamidas en la punta y glande, subiendo la velocidad cada vez más hasta llegar a un ritmo constante.
– ¡Ngh! – En verdad lo estoy disfrutando mucho… Después de esto juro que lo agarraré y le haré el amor hasta que no pueda más. – Ishi… Ahh… Espera… – Si sigue haciendo eso… Demonios… –…Espera un momento… Mnh…– Traté de alejarlo y que bajara la velocidad de su boca masturbándome. Hará que me corra si sigue así… Además… Se ahogará si no la saco aunque sea un poco.
– Ngh… – Se negó a alejarse, al igual que el de detener la velocidad que llevaba en el vaivén de su boca.
Demonios, si sigue así voy a…
– Hgn… Gnn… – Continuó con el vertiginoso deslizar de sus labios alrededor de mi miembro, ahora que había quitado su mano para que así su boca pudiera recibirme por completo al subir y bajar por mi longitud, aprovechando cada que llegaba a la punta para rozarla con su lengua. Continuó de aquella forma, siendo cada vez más precisos y acelerados sus movimientos.
– ¡Ishi… Ngh… Espe! – No pude contenerme más y al no poder librarme de su boca, deposité de mi esencia dentro de la misma luego de haber llegado al orgasmo.
Demonios… Hace tiempo que no me lo hacían… Se sintió bastante bien… Aunque… Parece que no logré apartarme lo suficiente…
– Cough… Cough. – Le dije que eso sucedería si no se apartaba a tiempo.
Unos segundos después pudo recobrar el aliento, y al mismo tiempo, trató de cubrir con su antebrazo su boca, al tiempo que sus ojos huían de mi mirada y su rostro estaba pintado por un sonrojo. Es más, parecía que sentía pena de ser un novato en su totalidad.
– ¡Pff! – No pude aguantar las ganas de reír de lo terriblemente adorable que se veía. – Ven aquí gatito… – Contuve la risa mientras lo sentaba en frente de mí. – Sabes…– Le susurré. –…Lo disfruté mucho… Házmelo de nuevo en otra ocasión, ¿Sí? – Dije luego de empezar a comérmelo a besos y de empujarlo en la cama, besando su cuello y a la vez, bajando una de mis manos para tocar su bóxer… Que ya estaba bastante húmedo por lo de hace un rato… – Esto, definitivamente estorba… – Bajé sus pantalones y mi boca se dirigió sin más preámbulo a su miembro, lamiéndolo y mordiéndolo por sobre su ropa interior. Podía sentir como continuaba mojándose cada vez más. Pero aún así quería torturarlo… Quería enloquecerlo de placer tanto como él lo había hecho hace no más de algunos minutos.
– E-Espe… A-Ahn… – Su voz se cortó abruptamente por los escurridizos gemidos que salían directamente de su garganta, causa del placer y la excitación que era el sentir la humedad de mi lengua, combinándose con la propia humedad de su miembro. – ¡N-No puede… Hnm… Hacer… Eso…! – Intentó alejarme un poco al poner una de sus manos en mi hombro, lo cual era inútil pues, temblaba por mis caricias. – S-Si hace… Ahh… Eso… Me… Unh… Escucharán… – Ahhh, se refiere a los vecinos y a lo fino de estas paredes… Sí claro, como si me importara en un momento como este.
– Que escuchen… Que escuchen el cómo te voy a hacer mío y el cómo lo disfrutas…– Subí para colocarme encima de él y besarlo, mientras mis manos bajaban sus bóxers, tomando directamente su miembro que ya se encontraba bastante duro para empezar a masturbarlo a placer con mis dedos. No podía resistirme y tentarme el hecho de posar mis dedos cerca de su entrada, lo acariciaba mientras mi otra mano subía y bajaba del contorno de su miembro.
– Mng… Unh… – Todo su cuerpo se retorció en el delicioso placer que le estaba dando, al tiempo que su aliento le era arrebatado por los profundos y apasionados besos que recibía, que a pesar de mostrarse renuente ante mis avances, su boca me correspondía con la misma intensidad, tanto que su lengua tomaba la iniciativa al buscar a la mía para que comenzaran a entrelazarse.
–…No pienses que voy a dejar que te quedes callado… Te haré gemir toda la noche…– Mordí su oreja y bajé hasta su miembro para engullirlo por completo, subiendo y bajando de su longitud mientras lo tomaba de la base y acariciaba con suavidad sus testículos.
– N-No… Ung… K-Kyo-San… ¡Ahh…!– Intentó de nuevo alejarme de su miembro, pero una descarga imprevista de desbordante placer le atacó a tal punto de no tener control de su cuerpo. Era débil, muy débil a las sensaciones que le permitía el disfrutar, que aunque no lo dijera, los temblores de su cuerpo, y los gemidos que no podía silenciar, decían lo mucho que disfrutaba de todo, hasta el límite de hacerlo derretir con un simple roce de mis dedos. – P-Por favor… Ngh… No… Ah… ¡N-No siga…! – Su voz prácticamente me rogaba que me detuviera. Y no lo iba a hacer…
– Mnh…– Hice caso omiso a sus súplicas, puesto que quería seguir escuchando sus gemidos y observar como disfrutaba.
Me detuve unos segundos puesto que me vi tentado a pasar mi lengua en su entrada, empezando a lubricarla con mi lengua y besándolo en aquella parte mientras mis manos seguían masturbándolo. Sabiendo por cómo se estremecía y su cuerpo temblaba, estaba a punto de hacerlo llegar al orgasmo…
– Mnn…– Luego de seguir unos segundos más sentí como depositaba un cálido líquido en mi boca, seguido de un sonoro gemido. – Qué bien se sintió eso, ¿No? – Le dije luego de haber tragado con totalidad su esencia, acercándome a sus labios para terminar besándolo. – Tienes un buen sabor…– Relamí mis labios. –…Voy a comerte todo…– Dije con una sonrisa mientras lo mordía, para separarme un poco y sacarme la camisa, haciendo lo mismo con la suya, y así quedar ambos, prácticamente desnudos. –…Tócame también… Soy todo tuyo después de todo… – Le dije mientras juntaba nuestros cuerpos y mis manos no se medían en tocar cada parte de su piel, desde sus piernas, pasando por sus nalgas y espalda, así mismo que por su pecho y brazos.
– ¿Puedo… Tocarlo? – Su mirada se quedaba embelesada, como si el poder tocarme fuese algo casi prohibido, pero ambos sabíamos que él único que se lo prohibía era él mismo. – Usted… Es mío… – Tocó mi rostro con ambas de sus manos, mientras repetía esas palabras para sí mismo como si quisiera confirmar sus palabras. – Mío… Todo mío… – Sus ojos se fundieron en los míos, y al instante sus labios se encontraron con los míos
– Sus labios… Su piel… – Susurró, cuando sus labios comenzaron a marcar la piel de mi cuello, dejando a su paso rojas marcas que eran la muestra de que era mi único dueño. – Sus latidos… Su calor… – Su manó se movió en un suave deslizar por el contorno de mi pecho, abdomen y espalda donde sus dedos intentaban memorizar cada parte, cada línea, y cada centímetro de mi cuerpo. Me acariciaba con tal delicadeza y cuidado como si fuera algo frágil y preciado. – Sea mío, Kyo-San… Sólo mío… – Me miró con el sentimiento a punto de desbordarse de sus ojos. La suplica casi desesperada era tangible en su expresión y tono de voz.
– Siempre he sido tuyo… – Le respondí mientras lo comenzaba a besar. –Tienes derecho sobre mí… Célame más… – Le susurré mientras empezaba a mover mis caderas para apegarme a la suya, frotando de esta forma mi miembro contra su pelvis, y a su vez, sintiendo el suyo propio. – Mnh… Voy a tener que prepararte bien… No tengo un lubricante conmigo por lo que… No puedo entrar todavía en ti… – Le expliqué, puesto que si me dejaba llevar iba a lastimarlo, prefería seguir excitándolo hasta dilatarlo por completo.
– E-Espere… Eso significa que… – Ni siquiera pudo terminar de hacer la pregunta, era más que notorio en su expresión que ahora sentía miedo de hacerlo sin la ayuda del lubricante. – Y… ¿Y si vamos a comprar uno? – Preguntó, algo nervioso, y apenado por haber hecho tal pregunta que demostraba que tenía algo de temor.
Es verdad… Las últimas dos veces que lo hicimos me adelantaba aún sabiendo que faltaba prepararlo. Es obvio que tenga temor…
–…No te preocupes… No lo haré hasta el final…– Está bien por hoy, supongo. Después de todo habrá más oportunidades. Besé su frente y luego llevé mi boca a sus pezones, los cuales comencé a morder y a succionar en mi boca, mientras mi mano volvía a masturbar su miembro.
– Ung… Ky-Kyo-San… – Gimió mi nombre envuelto entre el éxtasis al que lo estaba sometiendo. – Y-Yo… – Enredó sus dedos entre mi cabello para levantar mi rostro y que lo viera a los ojos. – Quiero… Quiero hacerlo, Kyo-San… – Me dijo. – No importa si… Duele… Por favor. – Acarició con suavidad una de mis mejillas, y sus labios se daban por vencidos ante la tentación de besar los míos una vez más.
–…No quiero que duela… Quiero que lo disfrutes…– Le indiqué luego de que dejara de besarme. –…Déjame hacerlo bien… – Abrí sus piernas y dirigí mi boca a su entrada, empezando a lubricarlo con mi lengua, besando aquella parte y mordiendo su entrepierna.
– ¡Ghn…! – Se sobresaltó un poco al sentir mi lengua lubricándolo. Continué preparándolo con mi lengua y saliva hasta atreverme a meter uno de mis dedos, despacio, abriéndome paso en él.
– K-Kyo-San… Mnh… – Su interior se contrajo al instante en que introduje uno de mis dedos. Se sentía por demás caliente y excitado con tan sólo eso, pero aún así, en un acto reflejo sentí como sus caderas se movieron.
–…Buen chico… – Debido a la respuesta de su cuerpo, decidí meter 3 de mis dedos en su interior, lubricando adecuadamente con mi saliva.
– ¿Te duele? – Pregunté preocupado mientras lo alcanzaba para besarlo, y mis dedos seguían penetrándolo. – Esta vez seré suave… Mi lindo gatito… Quiero que disfrutes tanto como yo…– Le susurré al oído mientras me lo comía a besos. Me di cuenta que estaba cada vez más dilatado.
– Kyo-San… Ghn… Yo… – Llevó una de sus manos para tocar mi mejilla y luego dirigirse a mi cabello donde sus dedos se enredarían. – Hhn… E-Estoy bien, ya que… ¡Ahh…! – Había tocado un punto sensible en su interior que ocasionó que sus piernas se aferraran con fuerza a mis caderas, provocando que las suyas propias se elevaran y en consecuencia mis dedos entraran mucho más profundo dentro de él. – Si… Unh… Si usted me… A-Ahh… Lo hace, yo… Mhn… Lo… D-Disfrutaré… – Confesó siendo devorado por el bochorno que se mezclaba con la excitación en su rostro.
Simplemente me dediqué a contemplar el sonrojo en su rostro para luego acercarme a su frente y dedicarle una sonrisa.
– Voy a comerte todo gatito… – Lo mordí suavemente en los labios y empecé a besarlo. – Relájate, ¿Sí? – Le indiqué mientras lo agarraba de las caderas y procedía a entrar en él. Metí la mitad de mi miembro dentro de él de la forma más lenta y delicada que pude y me quedé unos segundos esperando a que se acostumbrara a mí para empezar a moverme.
– Hng… – Cerró instintivamente los ojos para prepararse para lo que venía, sin embargo las experiencias previas, la preparación, y la forma tan cuidadosa con la que entraba en él, dieron como resultado que poco a poco fuese calmándose hasta abrir sus ojos lentamente, aunque eso no evitaba que su cuerpo respondiera ante mí y hormigueos le recorrieran estremeciéndolo.
– ¿Estás bien gatito? – Me encanta mimarlo de esta forma… Y la manera a la que responde a los mimos cuando lo beso o le hablo dulcemente… Me vuelve loco. –…Tú eres el que controla la velocidad y que tan profundo puedo entrar…– Mordí su oreja. – Si me sobrepaso hazme entender que eres mi dueño… Y que debo portarme bien…– Le susurré al oído mientras empezaba a moverme lentamente dentro de él.
– Ahh… Ngh… – Suaves gemidos comenzaron a salir de su boca, en un sonido que no representaba dolor o incomodidad, sino el inicio de una placentera sensación que iba a la par con la moderada velocidad con la que me movía. – K-Kyo-San… Uhg… – Dijo mi nombre con su respiración entrecortada, y sus ojos se clavaron en los míos como si en ellos pudiese confirmar una vez más la lujuria y el deseo que ambos sentíamos por el otro. – ¿N-No dijo que… Mhn… Me… Ahh… C-Comería… Todo…? – Repitió las mismas palabras que yo había dicho anteriormente. – Y-Yo… Gnh… Soy su… Dueño, pero… Ahh… – Su interior se contraía con demanda, el vaivén resultaba placentero, pero poco a poco le dejaba ansias de más. – Usted… Ahh… Me… Atrapó, y… Hnng… Ahora, soy… Su Presa… – Se abrazó a mi cuello para acercar nuestros rostros y degustar mis labios primeramente al lamerlos y después atraparlos en un profundo beso. – Mnh… Puede… Uhg… Devorarme… – Estaba tan excitado que olvidó su pequeño gran pudor y me pidió directamente que lo hiciera mío sin medida.
–…No es justo…– Le repliqué, mientras me rendía a él y entraba por completo en su interior. –…Me tienes a tus pies… Y no es justo…– Mordí su oreja mientras empezaba a subir la velocidad poco a poco, tomándolo firmemente de las caderas mientras lo embestía. – Ah… Qué bueno que ya estés acostumbrándote…– Respiré aliviado. Quiero que disfrute por completo mientras hacemos el amor… Que me desee tanto como yo lo hago y que me posea de forma desmedida y egoísta como yo…
– ¡Aah…! – Su cuerpo se contrajo al instante. – Hgn… K-Kyo-San… – Gimió mi nombre, sumido en las sensaciones que le daban las múltiples embestidas que recibía.
–… ¿Por qué no me haces tuyo, Ishi? – Detuve mis movimientos para sentarme y colocarlo encima de mí.
– ¿Eh? – La confusión se formó en su rostro.
– ¿Está bien si cambiamos de posición? – Dije mientras lo ayudaba a montarme.
– E-Espe… ¡Aah…! – Estuvo a punto de reclamar por lo imprevistas que fueron mis acciones, pero un gemido acalló sus replicas cuando comenzó a sentir que volvía a entrar en él.
–…Aférrate a mí y empieza a moverte… Deséame como yo lo hago, gatito…–
– E-Eso es… Mnh… – Tembló en su totalidad y sus brazos se aferraron a mi espalda. Encontró el apoyo y soporte en mi cuerpo para comenzar a mover sus caderas para elevarse y descender en un ritmo lento, aunque un poco torpe, puesto que era la primera vez que lo intentábamos así. – Si… Ahh… Se vienen a…Ghn…Q-Quejar por… Ngh… Los ruidos, u-usted… ¡Aahh…! – Se detuvo al haber tocado un punto sensible en su interior, uno que despertaba la más grande sensación de placer que podía sentir. – T-Tiene que… ¡Hacerse… Ahh…Cargo! – Exclamó bastante convencido en que él no iba a ser quien daría la cara para disculparse por los inconvenientes que podría crear a los vecinos por interrumpir sus sueños con los gemidos que estaba haciendo.
– Tomaré la responsabilidad. – Le susurré al oído mientras mordía su lóbulo, posando mis manos en su cadera para ayudarlo a moverse. –Mnh… Tú, sólo dedícate a gemir mi nombre… Hazles saber lo bien que te hago sentir…– Mordí su cuello, disfrutando la desnudez de su piel mientras mis manos empezaban a subir por su torso. Delineé con mis dedos su espina dorsal y agarré sus nalgas con mis manos.
Estoy tan cerca de su rostro, sintiendo su respiración agitada y sus gemidos… No pude evitar tomarlo de la nuca y acercarlo más a mí, sintiendo sus labios rozando los míos pero sin llegar a besarlos. A diferencia de él, dejaba escapar unos suaves gemidos y mi respiración sonaba bastante agitada.
Me acerqué a su oído para dejar escapar la sensación placentera que me hacía experimentar el sentirlo apretándome allí dentro, que, aunque quisiera negarlo, ambos somos hombres, somos más visuales y, a diferencia de las mujeres, nos excitamos tan fácilmente… Estoy seguro que también le gusta escucharme gemir… En especial si es él el que me provoca hacerlo.
– Aahh… K-Kyo-San… N-No… – Protestó al instante de empezar a estimularlo al oído. – ¡N-No… Ugn… Haga eso…! – Aunque lo negara, su cuerpo reaccionaba positivamente al elevar sus caderas. – Hgn… ¡N-No… Puedo… Ahh… Más…! – Enredó sus dedos entre mi cabello para alejarme de su oído y acallarme con un beso.
– Mnh… – Aquel beso sólo logró enloquecerme más y me vi obligado a detenerlo bruscamente, dejando de paso un fino hilo de saliva entre nuestras lenguas. – ¡Voy a devorarte! – Le dije excitado mientras lo empujaba en la cama y me colocaba encima de él.
Él no pronunció palabra puesto que se sentía confundido sobre lo que haría en mi siguiente movimiento.
–…Mnh… No dejes de decir… Mi nombre…– Le susurré al oído mientras lo tomaba de las muñecas y mi mano libre se dedicaba a masturbar su miembro, al mismo tiempo que empezaba a embestirlo y a continuar gimiendo en su oído. –…No creas que te escaparas tan fácil…Gatito…– Cada vez que chocaba con su cuerpo deliraba en placer, y su interior apresándome… Su cuerpo me estimulaba de todas las formas posibles, quería morderlo y empujarlo tan fuerte para que entendiera la clase de deseo que sentía hacia a él pero… Aún es muy pronto… –…No hagas que me descontrole…– Le confesé cuando empecé a mover más rápidamente mis caderas.
– ¡N-No… Anhh… No haga… Eso! – Me replicó por mis acciones. Debería dejar de resistirse y aceptar el hecho de que disfruta el que hagamos esto. – Uhn… K-Kyo-San… Ahh… M-Más… Más… ¡L-Lento…! –
–…Ngh… No pienso… Ir más lento cuando me estás deseando de esta forma…– Mordí sus labios y lo seguí embistiendo cada vez más rápido.
– ¡Ahh… Kyo-San… Mnh! – No tardó mucho para que se dejara vencer por las sensaciones ya que al instante se empezó a abrazar con violencia a mi espalda, y sus dedos se clavaron con tal fuerza en mi piel que sentía arder aquellas zonas.
Aún si el que me rasguñase me causaba cierto dolor, no podía negar que aquello era una muestra de que estaba lo suficientemente excitado como para hacerlo perder el control de esa manera.
–…Ishi… Mnh… Ishi… – No podía contener mi deseo por él, por lo que empecé a susurrar y a gemir su nombre cada vez que lo penetraba. Estaba tan dilatado por dentro que mi miembro entraba y salía sin dificultad, el sentir como se contraía cuando lo empujaba y me obligaba a quedarme segundos unido en su interior. –…Deséame más… Pierde el control… Sólo disfruta de lo genial que se siente. – Masturbé con mayor rapidez su miembro combinándolo con el vaivén de mis embestidas que cada vez eran más certeras al notar el punto de placer que lo enloquecía y lo hacía vibrar cada vez que lo golpeaba.
– K-Kyo-San… Unhg… N-No—Ahh…– Ya no era capaz de articular palabras que no fuesen gemidos de satisfacción puesto que se había dejado llevar por la excitación. – Mng… Y-Yo ya… ¡Ngh…! – Fue más obvio cuando comenzó a morder y besar todo lo que tenía a su alcance para marcarme como suyo, mi cuello, clavícula y hombros eran atacados por el pequeño gatito travieso y posesivo.
– ¿Qué haces, gatito…? – Dije con una sonrisa. Ya sabía la respuesta pero, estos ataques de celos que suele tener me vuelven loco.
– ¡Mng…! – Se detuvo al instante en que se dio cuenta que lo observaba, y me mostró un pequeño sonrojo puesto que no podía esconderme sus verdaderas intenciones, que eran las de hacerles saber a los demás, mediantes las marcas, que él era mi único dueño.
–…Soy todo tuyo…– Mordí su oreja mientras lo penetraba más rápido y con mayor fuerza. – Ah…Quiero hacértelo tan duro… Para que delires de placer…– Le confesé. Estaba tan caliente por dentro… Y tan deliciosamente apretado… No aguanto las ganas de venirme dentro de él y marcar su cuerpo como mío.
– ¡Ung… Q-Que cosas… Dice… A-Aah…! – Intentó reclamarme pero su cuerpo lo traicionó al vibrar ante el cambio de velocidad.
–…Muévelas…– Me referí a sus caderas, mientras lo agarraba de las nalgas empujándolo hacia mí. – Haz que… Me venga… Déjame marcarte por dentro…Mnh… Yo también quiero…Nhg… Dejar en claro que me perteneces…– Gemía en su oído suavemente y susurraba su nombre de vez en cuando.
– ¡K-Kyo-San… Ahh…! – Cedió a hacer lo que le pedía al sentirse estimulado por mis gemidos, y comenzó a mover sus caderas junto a las mías. – Hng… Ky-Kyo-San… Ahh… E-Esto… – Se abrazó con fuerza a mi cuello al tiempo en que sus jadeos y gemidos salían disparados uno tras otro. – Y-Yo… Ghn… – Sabía que estaba al límite, por la forma en la que temblaba debajo de mi y como en un intento desesperado de querer intensificar el momento, tomó mis labios con fuerza, ahogando todos y cada uno de sus gemidos en aquel beso.
– Ngh… Ishi…– Despegué un poco mis labios para susurrar su nombre y volver a besarlo, hasta sentir como su interior se contraía sin parar, sabiendo que había llegado al orgasmo derramando de su esencia en mi abdomen y ahogando sus gemidos en mi boca.
No pude resistirme más, así que me corrí dentro de él, mezclando mi esencia junto con lo dilatado de su interior. Era de las cosas que más me excitaban… Y estoy seguro de que a él también le fascina puesto que se estremeció al instante de haberme descargado dentro de él.
–…Mnh…– Me abracé a su cuerpo y empecé a morder su cuello suavemente para luego abalanzarme a sus labios y besarlos.
– ¿Te gustó gatito?- Le pregunté entre besos. – ¿Te dolió? – Junté mi frente con la suya al mismo tiempo que una de mis manos acariciaban suavemente su cabello.
Se mantuvo en silencio incapaz de profesar palabra, no sólo porque sus labios eran demandados por los míos al besarlos, sino también porque era vulnerable a las caricias y atenciones que tenía para con él.
No puedo negarlo… Me encanta mimarlo… Y no pude resistir el hecho de querer besar sus labios nuevamente, por lo que me enredé en su cuerpo al atraparlo con mis piernas y así tenerlo lo suficientemente cerca como para acariciar su espalda con delicadeza al bajar por su espina dorsal con mis dedos. Su cuerpo respondía inmediatamente al erizarse con cada roce, lo disfrutaba, lo sabía, y es por eso que no dejaba de acariciarlo.
– Creo que… – Cuando el jugueteo entre nuestros labios terminó, comenzó a hablar, aunque su rostro estaba enrojecido debido a la casi nula distancia entre nuestros rostros. – Me estoy… Acostumbrando a… Esto… – Confesó, sin evitar el sentirse algo cohibido por lo que significaba. – Además… Usted siempre tiene mucho cuidado y… Eso ayuda mucho… –
¡Le gustó! Es bueno saber que sintió más placer que la última vez que lo hicimos.
– No puedo… ¡Me muero de amor! – Dije enternecido al ver el sonrojo en su rostro y la pena con la que hablaba. Me coloqué encima de él y empecé a comérmelo a besos. – Te amo… Gatito… Te amo… – Repetía una y otra vez mientras lo besaba y le dejaba marcas en el cuello. – Eso es por las marcas que me dejaste antes… Ahora todos sabrán que tengo un neko celoso… – Dije con una sonrisa al imaginármelo.
– Unm… – Desvió la mirada con un leve sonrojo en sus mejillas. No podía o más bien, no sabía cómo argumentar contra algo que era cierto.
– Menos mal que mis fans no se acercan a ti… Las matarías con la mirada si hicieran o dijeran algo que no te gustase. –
– Menos mal que usted se da cuenta, debería decir. – Y al instante se deshizo de su anterior vergüenza y ahora me miraba con recelo. – Es bueno que usted más que nadie esté consciente de eso para que evite una "lamentable" tragedia con sus fans. Después de todo, ellas llegarían hasta donde usted se los permita. – Y no tuvo compasión alguna al recriminarme severamente. – Antes de poner mis ojos sobre ellas, los pondría en usted para estar atento a sus acciones. Ya que sé muy bien lo mucho que le encanta responder a los afectos de sus fans. – Envolvió sus brazos alrededor de mi espalda y en un sólo movimiento me puso debajo suyo. – Más le vale que no coquetee con nadie, porque de otra forma no serán solo ellas las que sufran las consecuencias. –
– Castígame. – Dije con una sonrisa mientras alcanzaba sus labios y los besaba. No podía aguantarme las ganas de quererlo todo para mí después de lo que me había dicho. – Soy tuyo… Célame más… No pienso escapar de ti…– Lo volví a colocar debajo de mi. – Moriría si no estuvieras a mi lado…– Le susurré al mirarlo a los ojos directamente.
Quedé hipnotizado al observar el hermoso color de sus ojos… No podía con ellos… Me atrapaban…
– Los amo… Tus ojos Ishi… Me vuelven loco…– Uní nuestras frentes y así pude contemplar mejor el cristalino color que los caracterizaba… Eran tan puros e inocentes… Y la forma en la que me miran… Con sólo verlos entendía lo mucho que esta persona me amaba… – Vas a matarme…– Le dije tiernamente al besar su frente y acurrucarme en sus brazos. –Y aún así quiero hacerlo envuelto en tus brazos. –
– P-Pero que cosas dice… Kyo-San… – Susurró con un poco de incomodidad. Estoy seguro que se ha dado cuenta de lo cercanos e íntimos que hemos llegado a ser. – Reconozco que… Soy celoso, pero… Usted también lo es. – Afirmó, en un tipo de forma para justificar su anterior muestra de celos.
– Soy celoso y no me importa esconderlo… Es más… Soy bastante posesivo. – Confesé. – Te comeré si me llegas a engañar. – Dije como un niño posesivo al morder sus mejillas.
– Eso me recuerda algo… – Clavó sus ojos con firmeza en mí, aunque en el fondo parecían temblar por lo que desconocía que sucedería. – Yo quisiera… Pedirle algo… –
– ¿Pedirme algo? – Lo miré curioso. – ¿Qué es? –
– Usted es… Mi pareja… – Se sonrojó al afirmar él mismo la relación que teníamos. – Y… Por eso mismo, puede estar seguro que yo siempre le daré su lugar, pase lo que pase… Por eso… –
"Esto no tendrá que ver con cierta persona… ¿O sí?" Dije para mis adentros.
– No quiero que le vuelva a faltar el respeto a Alice. – Lo sabía. – No hay razón para ser hostil o mal educado cuando la otra parte no le ha hecho algo malo o lo ha insultado. – Expresó con un tono serio. – Le pido esto porqué usted es mi amante, y ella mi amiga… Y los dos son importantes para mí, por eso… Quiero que se lleven bien, o cuando menos… Deseo que sean respetuosos uno con el otro para que puedan convivir tranquilamente. ¿Podría hacer eso por mí? – Sus ojos se prendieron a los míos, rogándome con ellos que hiciera caso a su petición. Es injusto si utiliza esos hermosos ojos azules para eso…
–…– Lo miré haciendo un puchero absteniéndome a decirle que lo haría. No quiero hacerlo. Ishi es mío… Y esa mujer… Esa mujer está CLARAMENTE enamorada de él. –…Eres mío… – Susurré posesivamente mientras ocultaba mi molestia y escondía mi rostro en su pecho al abrazarlo con fuerza.
– Pero qué dice, Kyo-San… – Emitió una suave risa, conmovido por la demostración de celos. – Por supuesto que soy suyo…. ¿De quién más si no usted? – Correspondió con ternura al abrazo, mientras su voz había dejado todo rastro de seriedad para ser dulce conmigo. – ¿Qué puedo hacer para que crea enteramente en eso? – Me habla con tanta dulzura… Me está tratando como un niño. – Quizás debería de amarlo mucho más… Aunque creo que ya he rebasado los límites existentes… – Acarició con suavidad mi cabello, y me hizo dejar el escondite de su pecho para que lo viera al rostro. – Tal vez debo de darle muchos besos para demostrarle lo que siento. – Expresó con una sonrisa llena de dulzura, para entonces llenar de besos mi rostro, cada parte existente, mi frente, mejillas, nariz y parpados, hasta llegar a mis labios y besarlos sin parar una y otra vez en pequeños y suaves roces. Es como si disfrutara el verme encaprichado… Sabiendo que con sus acciones puedo ceder tan fácilmente.
– No es justo… – Dije luego de que dejara de atacarme con aquellos besos que me derretían por dentro. –…Lo que haces… No es justo… – Lo miré acusatoriamente mientras seguía abrazado a él. – No prometo llevarme bien con ella pero, no volveré a decir ni a hacer nada que te moleste… Siempre y cuando ella entienda que eres solamente mío… Y que no puede ni si quiera verte. – Al final, si me trata de esa forma… ¿Cómo puedo decirle que no?
– Bueno… Eso de que no pueda verme es un poco complicado desde el punto y momento que vivimos juntos. – Dijo divertido. – Pero me alegro de que lo haya entendido, eso… Me hace muy feliz. – Afianzó el abrazó con ternura. – A-Además… También estoy feliz por… – Desvió la mirada con el rojo llenando sus mejillas. – Bueno, es… La primera vez en… Este lugar… – Confesó en un casi inaudible susurro.
Sólo haces que confirme mi teoría de que en alguna de tus vidas pasadas fuiste un gato… En pocas palabras, estás feliz de que te haya hecho el amor en tu "territorio".
–…Ven a vivir conmigo…– Le susurré. – Te haré el amor en cada rincón de nuestra casa… Así no olvidarás quien es tu dueño, gatito… – Lo mordí y me lo comí a besos. – Quiero poder despertar cada mañana y ver que te tengo en mi pecho acurrucado… Obligarme a dormir separado de ti es una tortura… Cuando ya me acostumbre a abrazarte mientras dormimos… Gatito cruel… – Le hice un puchero, recordándole que deseaba que viviera conmigo y no con esa mujer.
– Vivir… ¿Juntos? – Su expresión se quedó totalmente pasmada, tal y como si eso fuese algo que no se hubiese esperado en ese mismo instante. Creo que, no me esperaba esta reacción. – Si le soy sincero… En este momento no sé… No sabría que responderle… – Contestó después de recuperarse un poco de su estado ensimismado. – Esto es muy… Repentino, digo… Estaba consciente de que eso pasaría con el tiempo, pero… – No encontraba palabras para expresar la manera en la que se sentía con respecto a esa posibilidad. – Podría… ¿Podría darme un poco de tiempo para darle mi respuesta? Quisiera pensarlo, o más bien… Asimilar la idea… – Pidió en voz baja, sin atreverse a verme a los ojos.
–…Umm… – Supongo que no debo de presionarlo con esto… Es verdad… Creo que aún es muy pronto para que vivamos juntos. – No te preocupes… Sólo era una sugerencia de todas formas… – Le sonreí. – De por sí, ya soy feliz con tan sólo poder decirte que te amo cada día… –
– Ya veo… – La expresión de su rostro se serenó, al sentirse aliviado con mi respuesta. – Pero, si se da cuenta… Gracias a nuestros trabajos nos vemos mucho tiempo… Aunque sólo es por ciertas fechas… – Masculló. – Pero siempre puedo hacer visitas a su departamento para ver cómo va con su trabajo o si necesita de mi ayuda usted y sus asistentes. –
– Simplemente ven de visita aunque no tengas trabajo… Quédate conmigo…– Le dije mientras me acurrucaba en su pecho. – Kibou y yo te extrañamos… ¿No nos extrañas? Somos dos cachorros indefensos y tristes cuando no se encuentra nuestro dueño…– Seguía apegado a él, esperando mimos y cariños de su parte.
– Ahora en verdad me siento culpable. – Declaró con una sonrisa en sus labios. – Les recompensaré todo este tiempo que los he dejado abandonados, de eso debe de estar seguro. – Afirmó con certeza, al tiempo que sus dedos ya se encontraban jugueteando con mis mechones de cabello.
¿Por qué no podemos vivir juntos? ¿Por qué aún no? ¿Cuánto tiempo tengo que esperar? ¿Cuánto más? ¿Hay algo que me estás ocultando aún? ¿Por qué puedes convivir con aquella mujer y no conmigo?
Eran cosas que obviamente no iba a preguntarle… Aún a pesar de la cercanía que tenemos, sé que hay cosas que no me ha dicho… Y sé también que le molesta cuando empiezo a indagar más de la cuenta… Sentí el impulso de volver a protestar por aquello pero preferí quedarme en silencio, disfrutando de sus caricias. Lo extrañaba… Extrañaba sentirlo cerca de mí… Extrañaba dormir recostado en su pecho…
Espero que al despertar por la mañana, aún estés a mi lado… Ishi.
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Envuelto estaba entre un cálido y suave manto que me protegía de todo aquello ajeno a nuestra existencia. La tranquilidad guiaba cada una de mis respiraciones, y mi consciencia, aunque ya despierta debido al molesto sonido de las afueras, no deseaba obligar a que mis ojos se abrieran y con ello, desprenderme de aquellos brazos que me sostenían.
– ¡…! – No obstante, mi cuerpo se sobresaltó al escuchar el sonido proveniente detrás de la puerta que estaba siendo tocada por alguien más.
Abrí mis ojos al instante y me di cuenta que la persona que dormía a mi lado no había sido interrumpido en su sueño a causa del ruido que aún permanecía insistente.
Con bastante cuidado me liberé del abrazo que hacía poco me reconfortaba y me levanté de la cama, en busca de mi ropa interior para ponérmela. Estaba bastante contrariado con la imprevista visita. Me reproché múltiples veces el no haberme cerciorado de cerrar la puerta de entrada como era debido. Aunque sabía bien que eso había sido a causa del revuelo causado anoche.
Fui hasta la puerta y con cautela giré la perilla para encontrarme con la persona detrás de ella. Quizás era Kazuo, quien preocupado por quien sabe qué cosa, había hallado la excusa para asegurarse de que no había hecho algo imprudente nuevamente, pero…
– ¡Shizu-Chan…! – Me vi atrapado en un abrazo lleno de entusiasmo y energía, que buscaba, seguramente, el asfixiarme hasta morir.
– ¿Alice? – Dije su nombre, como si invocara a alguien que muerto estaba y que era imposible el que estuviera aquí, en este momento, y… Asfixiándome con su característica euforia. – ¿Qué haces aquí? – Logré preguntar, al zafarme de su abrazo, y fijar mi confusa mirada en su rostro.
Ella seguía igual que la última vez que la había visto. Tal vez un poco más jovial de lo que la recordaba, como si una brisa de aire fresco la hubiese acariciado. Me hizo pensar que posiblemente, mientras ella parecía tan joven y enérgica, yo quizás daba la impresión de haber ganado unos cuantos años de más.
– ¿Sorprendido? – Me sonrió, satisfecha por haber logrado la reacción esperada de mi parte. – Ya he arreglado todos mis problemas. Bueno… Algo así… – Masculló para ella misma.
– ¿Algo así? –
No me gustaba como eso sonaba…
– Hice un trato con Alessandro. – Endurecí la mirada al término de sus palabras. Un trato con ese tipo no sonaba como algo bueno. – En verdad es un buen trato. – Se apresuró a decir antes de que la regañara, o algo por el estilo. – Me dijo que si en un año no me casaba con alguien que quisiera, entonces tendría que ceder a nuestro compromiso. – Anunció con tranquilidad, como si estuviese dando las probabilidades del clima de hoy.
– ¿Cómo pudiste aceptar algo como eso? – Para mi propia sorpresa, me encontraba atónito con la noticia. Ella había accedido a algo bastante serio. Lo peor, era que sabía que parte de la culpa (si no es que toda) era mía.
– Oh, vamos… No es la gran cosa. Un año es suficiente como para que elija con quien voy a arruinar mi vida. – Soltó con ligereza, acompañada por una risa divertida. – Eso es mucho mejor que terminar atada a él… – Fingió un temblor por todo su cuerpo.
Aunque para mí, la sola idea de imaginármelo me hacia rabiar. Ese hombre era bastante bajo a la hora de obtener lo que quería.
– Alice, tú no debiste de aceptar. Estoy seguro que había otras formas, no lo sé, quizás yo pudiera… –
El curso de mi voz fue abruptamente cortado al sentir una fría y pesada atmosfera emanar detrás de mi espalda. Giré en mi lugar para encontrarme con la molesta expresión de Sensei, quien me miraba con endurecido gesto. No entendía bien lo que había encendido el interruptor de su "agradable" personalidad, pero el temblor en mi columna vertebral me advirtió que me mantuviera alejado y con la cautela en alto.
– ¿Hacer qué, Ishi? – Quizás mis instintos de auto preservación no estaban lo suficientemente desarrollados aún, ya que antes de que pudiera dar un paso hacia atrás, él me había acorralado en la pared más cercana.
¿Por qué él tenía que ser más alto que yo? Posiblemente esto sería diferente si hubiese una justa comparación entre ambos.
– ¿No escuchaste que ya lo arregló? – Ni si quiera se molestó en mirar a Alice, quien en silencio observaba la escena. No sabía el motivo de su mal humor, pero me arriesgué a mirar por el rabillo del ojo a nuestro público, para hallar lo entretenida que ella estaba por el show matutino. Seguro piensa que protagonizamos la típica comedia romántica de las 4.
Lo miré al rostro sin decirle palabra. En realidad temía decir algo que tocara algún nervio peligroso en él. A pesar de que me había prometido que no haría nada que me molestara, temía que la presencia tan sorpresiva de Alice lo afectara demasiado.
–…Voy a darme una ducha…– Observé como una pesada capa de cansancio se extendía en sus ojos. Sin decir palabra dio unos cuantos pasos hacia atrás para regresarme el anhelado espacio que me brindaba seguridad contra su inusual mal humor.
Comencé a sentir como un par de ojos fijos se clavaban en mi persona, los cuales provocaron que me girara hacia ellos para así encontrarme con la mirada de Alice y no era cualquier mirada… Era la famosa "mirada" que las mujeres daban a menudo a los hombres que se comportaban mal.
Bien… Tal parece no necesitaba sentirme atraído a ellas para poder ser merecedor de sus preciadas atenciones.
– ¿Qué? – Pregunté, totalmente desconcertado por la forma en que me observaba, por no mencionar que también algo incomodo. No querría nunca más hacerlas enojar si esto era lo que podría obtener a cambio.
– En verdad eres lento Shizu-Chan. – Suspiró con cansancio. – Vamos, lo normal en estos casos es que digas algo como "Hagámoslo juntos". –
– ¿Qué cosa? – Inquirí, aún confuso.
Alice giró los ojos visiblemente exasperada y sin decirme nada más me empujó directo a los brazos de Sensei.
– Trátelo bien, pero no se exceda como anoche… Hasta pena me dio, bueno, quizás al final no tanto por cómo pude escuchar, jajaja. – Y con aquella risa divertida resonando en la habitación, nos dejó a ambos solos.
Esperen… Ella acaba de… ¿Lanzarme a las fauces del lobo?
Y ¿Qué quiso decir con "anoche"?
Todos los colores de mi rostro fueron y vinieron en una montaña de emociones desbordantes. La terrible posibilidad (por no decir realidad) de que ella llegara aquí desde anoche, y que con eso… Fuese capaz de escuchar… Todo…
El creciente bochorno fue tan sólo menguado por la intensa presión que me infringía la mirada del hombre frente a mí.
Un destello de reconocimiento cruzó fugaz por mi mente al captar en su iris el fuego que precariamente intentaba mantenerse controlado en su sitio. Era el mismo calor que había convertido en cuestión de cenizas todo rastro de razón sobreviviente en mí. Aquel fuego que había nacido impulsado por la chispa del egoísmo y la inseguridad que causaba el desenfrenado anhelo de adueñarte de otro ser… Él estaba celoso.
Aun si me tenía aferrado entre sus brazos en aquel preciso momento, aun si mi corazón saltara con ímpetu dentro de mí pecho, preso de la ansiedad del desconcierto… Aun si lo mirara con la suplica silenciosa de saber cuál era su pesar para así sanarlo, aun así… Los celos lo estaban consumiendo.
Tal vez me reprochaba las acciones que había considerado inocentes al despertar primero y alejarme de nuestro lecho para así darle mi atención a Alice. Pero era tanto el tiempo en que no la había visto. Deseaba agradecerle por el último empujón que necesitaba y que ella me había dado en un acto de sincera amistad. ¿Era esa razón suficiente para que sus celos enardecieran?
–…Voy a ducharme… – Repitió en un intento por recuperar la calma y extinguir el fuego que emanaba de su mirar antes de que este abrazara mi piel con su violenta caricia.
– ¡Espere…! – Detuve su marcha hacia el baño al tomarlo del brazo. – Yo, lo hice enojar, ¿Verdad? – Pregunté con cierta timidez.
No comprendía en donde había estado el error, si era culpa de la presencia de Alice, o mis indiferentes acciones, pero la mirada que me dedicaba no era precisamente la cariñosa que yo esperaba a la hora de despertar, y definitivamente no era la que yo quería evocar de su interior.
– Debí de haberlo pensado antes… –
Me sentí culpable al darme cuenta donde estaba el error. Jamás había sido mi intención que mis acciones fuesen malinterpretadas distando bastante de la realidad.
– Es… Normal entre amantes bañarse juntos… ¿Cierto? – Quise reafirmar la idea que Alice había plantado en mi cabeza.
Debía aceptar que no tenía mucha experiencia en estas cosas. ¿A quien quería engañar? Era un total ignorante en este campo recién descubierto. Podía jactarme de extensos conocimientos en reconocidas áreas, pero no hubo libro alguno que me enseñara a lidiar con la vida amorosa.
– Lo siento… No he sido… Un buen amante… – Bajé la mirada apenado y con el rostro enrojecido. No era fácil para mí decir ese tipo de cosas, era como si aquello cuadrara más en alguna pareja de adolescentes primerizos, y no en nosotros, dos adultos, y además… Hombres.
–…Ahhh…–
Mi cuerpo se puso rígido al escuchar el gran suspiro que él expiró, pero mis hombros se dieron el lujo de suavizarse un poco en cuanto sentí como Sensei golpeaba suavemente mi frente con uno de sus dedos. Eso podía tomarlo como una disculpa aceptada, ¿No?
– No digas ese tipo de cosas con ese sonrojo en tu rostro… Sólo me provoca comerte el doble. –
Mi corazón amenazó con dejar de latir cuando observé el inicio de una pequeña sonrisa asomándose en sus labios. Era la sonrisa que dejaba en claro todo abandono de amargura que pudiera opacar la dulzura de la que fui privado tantos años, y que ahora añoraba degustar cada segundo a su lado.
–…Eres el mejor amante que he tenido… – Tal como la adrenalina, sus palabras fluyeron por mis venas, llevando así la sangre a mi corazón y recordándole a este cual era su función. Muy probablemente la de latir para él, y relegando mis funciones vitales a planos secundarios.
Debía comenzar a pensar seriamente en un plan para controlar esos arrebatos de emoción que me ensimismaban lo suficiente como para no darme cuenta que había sido llevado de la mano hacia el baño, y ahora frías gotas golpeaban inclementes mi piel en un intento por robar su calor.
Temblé por la desagradable sensación de estar helando. Por lo general tomaban unos cuantos segundos para que el agua caliente descendiera, pero…
La replica que estaba preparada en mi mente tuvo que quedarse atascada en mi garganta que además luchaba con refrenar un jadeo emocionado al percatarme que nuestros rostros estaban frente a frente a escasos centímetros de distancia, con el calor de sus labios burlándose de los míos al rozarlos y seducirlos con el abrigo perfecto para todo frío invernal. Me ofrecía el beso por el que ya me derretía pero que debía reclamar yo mismo. Una crueldad que me resultaba extrañamente tentadora.
Mis labios temblaron anhelando el cálido contacto con los suyos. Deseaba besarlos, aunque supiese que no debía entregarme a mi apetito en aquel momento, mas fue imposible refrenar el impulso que me hizo perder ante la tentación de cortar la mínima distancia y apoderarme de su boca en un profundo y largo beso donde el agua que corría por nuestros rostros y el sabor de sus labios explotaba exquisito dentro de mi boca, mezclándose con el mío propio, y amenazando con derrumbar la coherencia en mis pensamientos.
– E-Espere… – Me alejé de él al recuperar la consciencia. – Después de todo… Creo que no deberíamos de hacer ese tipo de cosas, y además…– Eché un rápido vistazo tanto en él como en mí. – Nos estamos bañando, pero ni siquiera nos hemos quitado la ropa. – Señalé el hecho de que Sensei me había prácticamente arrastrado al baño y abierto la llave del agua sin miramiento alguno en que aún teníamos puesta la poca ropa que llevábamos y que ahora se apegaba húmeda y fría a nuestros cuerpos. Seguro enfermaríamos después de eso…
– Entonces nos quitaremos la ropa… – Sin objeción alguna, y más rápido que lo que pude imaginar, se deshizo de toda barrera que impedía la intimidad directa entre nuestras pieles. – ¿Supongo que ahora no tienes ninguna queja no? –
Me maldije a mi mismo por el rumbo al que había dirigido la situación, pero una parte oscura y profunda de mi mente alababa mi ingenuidad ahora que él me abrazaba por detrás y los firmes músculos de su pecho se apretaban contra mi espalda. El calor que su piel emanaba domaba sin problema el frío que se instalaba en mí, y le obligaba a huir al reconocerlo como mi único dueño.
Por escasos segundos permití tanto a mi cuerpo y mente relajarse con la sensación protectora de su calor y el suave aroma de su esencia, hasta que unas grandes manos sin poder, ni querer quedarse quietas, comenzaron a extender el jabón por el contorno de mi torso y espalda. Caricias viajaban y burlaban los límites de un simple acto de aseo personal, para sembrar a su paso la lujuria de un toque demandante de pasión, al cual mi cuerpo respondía inclinándose a su tacto en una muda suplica que sus manos comprendieron al satisfacer mis desconocidos deseos y subir por mi pecho hasta llegar a las protuberancias que rogaban por ser objeto de las caricias que suavemente recibían para su exclusivo deleite.
– Ngh… – Logré ahogar un atrevido gemido al apretar mis labios para evitar que saliese sonido alguno. Las caricias que se mezclaban con el agua que nos azotaba, estaban comenzando a propagar el calor en mi cuerpo y a mermar los pobres intentos en mantener la cabeza limpia de toda confusa niebla cargada en excitación.
– ¿No es mejor ducharnos juntos? – Besó mi cuello, dejando una invisible marca que ardía violenta en mi piel. Volteó su cabeza para poder acceder a mis labios, los cuales se ofrecían por voluntad propia ajena a mi mente, al mismo tiempo que el agua que nos cubría completamente iba abandonando la frialdad de su toque y se convertía en agradables caricias que se acoplaban con la temperatura cada vez más caliente en nuestros cuerpos.
– S-Sigo pensando que… Que las personas tienen que ducharse solas… – Contesté, embargado por el contradictorio sentimiento entre alejarme, y a la vez el de anhelar más contacto con esa piel que me parecía tan deliciosa al tacto. – Está… Violando mi espacio personal… – Me quejé a duras penas pues el nerviosismo que comenzaba a sentir era bastante visible. Mi cuerpo reaccionaba al suyo en un acto reflejo, como si dentro de mí supiese que esa era la única verdad absoluta. La verdad que confesaba mi profundo deseo por ser consumido entre el fuego de su placer y deseo.
– Deja de actuar así… Si en verdad no quieres me detendré. – Dijo mientras detenía el movimiento de sus manos y las apoyó en la pared. Me petrifiqué en un segundo al ser preso de la fija mirada en sus ojos ahora que él había juntado nuestros rostros para impedirme huir de mis verdaderos deseos.
– Y-Yo… – Fui incapaz de ocultar la sorpresa reflejada en mis ojos causa de una actitud que no esperé ver en él.
Era terrible que él pudiese leer mis anhelos en una sola mirada pero que tuviese que hacer ese tipo de comentarios cuando mi resistencia le era tan obvia que no se sentía en la libertad de continuar por esa sensación errónea de forzar las cosas. Pero gracias a ese pensamiento pude llegar a otro más mucho más insólito. Había llegado por mi mismo a la conclusión de que Sensei era un hombre que jamás frenaba en sus pasiones y ni siquiera la más tempestiva de las tormentas podría hacerle desistir cuando su propia tormenta se desataba en su interior.
Me avergonzaba el saber que estaba errado, y a la vez me conmovía y agradecía que él mostrara interés en preguntar y no forzarme. Aunque era incorrecto decir que me obligaba a hacer algo que no quisiese, mi ser entero temblaba tan sólo por la antesala a los hechos, pero mi mente no dejaba de contradecir con vehemencia los impulsos de mi carne, ¿Por qué debía de hacerme la vida tan difícil? Ni siquiera yo mismo lo sabía.
– Alice… Alice está aquí. – Recordé al instante, intentando creerme yo mismo la excusa y la razón de mi propia contradicción. – Ella podría escucharnos… De nuevo… – Desvié la mirada avergonzado, al igual que mi tono de voz descendió acorde con mi bochorno.
– ¿Alice? – Hizo un gesto de molestia que me hizo temblar en la antesala de lo que estaba a punto de desatarse a continuación. – Tienes razón, nos puede escuchar. Y no queremos que se entere de lo que cualquier pareja normal hace, es más, ni si quiera pasó por su mente el que nosotros hacemos el amor. – Dijo con obvio sarcasmo. – Pobre Alice, de seguro le incomoda que lo hagamos, ¿Por qué molestarla? – ¿Molestarla? ¿A Alice? Creo que el calor de la ducha le afectó. – Es mejor que siga pensando que nos tomamos de las manos solamente, ¿No? – Me sonrió y luego salió de la ducha y buscó una toalla para secarse.
– ¿Q-Qué? – Una expresión confundida se postró en mi rostro al escuchar las palabras que mi mente no era capaz de procesar como realidad. – Espere ¡Por supuesto que no es por eso! – Lo seguí justo por detrás y le arrebaté la toalla que había encontrado para secarse y así frustrar sus intentos para irse.
En verdad debía pensar cuidadosamente cada una de mis palabras antes de decirlas, pero temía que no aguantar el llevar tal pesada tarea.
– Es más que obvio que ella sabe lo que hacemos, pero se equivoca si piensa que la he mencionado por que eso dañe su sensibilidad, que en realidad dudo que tenga en casos como estos… – Dije casi para mi mismo al recordar sus oscuros intereses. – Es capaz de estar detrás de esta puerta en este preciso instante, intentando grabar lo que pueda, para después subirlo a quien sabe qué lugar oscuro de la web, y no sé usted pero no quisiera que mi intimidad se filtrara allí, pero dejando eso de lado… – Tomé una pequeña pausa para tranquilizar mi respiración, me había puesto frenético intentando hacerle llegar un poco de razón a su densa cabeza. – Vamos a tener un serio problema aquí si voy a tener que cuidar cada una de mis palabras para evitar que usted no lo malinterprete y se enoje. No voy a vivir siempre con el temor de decir algo que lo moleste y suscitar una nueva pelea sólo porque usted está indebidamente celoso por alguien de quien ni siquiera debería de preocuparse, así que… Ó intenta controlar sus celos sin razón, Ó no sé qué pasará con nosotros. – Concluí firmemente, aunque mi corazón palpitaba a mil por hora, y mis rodillas amenazaban con flaquear. Pero debía mostrarse serio y decidido, lo amaba como nunca antes había amado, pero me había jurado a mi mismo el jamás volver a vivir bajo el yugo de nadie y él tampoco sería la excepción a la regla.
Sensei se mantuvo largos segundos en silencio, donde su fija e inexpresiva mirada logró abrir un agujero en mi corazón para así llenarlo de ansiedad y miedo. La manera en la que me mira, tan… Distante y fría, es inclusive más mortífera que ser clavado al suelo por filosas dagas envenenadas.
– Espero que lo mismo aplique para ti cuando me veas junto a Takahashi-kun en Japun. – Me quitó la toalla y se dispuso a secarse.
¿Así que pretende usar a ese pobre e ingenuo chico? Eso es bastante cruel Sensei, y más si sabe lo mucho que me acompleja lo que él tiene y de lo cual yo desgraciadamente carezco.
– Disculpa mis celos "sin razón". No volverá a pasar. – Dijo con un tono seco y vacío. Sentí la indiferencia de su voz penetrar profundo en la debilidad de mi corazón, más mantuve inquebrantable mi temple al igual que aquella mascara que por tanto tiempo había sido genuina en mí. – Tienes razón, estás mucho mejor viviendo con alguien que es capaz de violar tu intimidad y espacio personal que conmigo, además de que te ahorras compartir con un celoso incontrolable. – Sé está comportando de una manera tan…
– Está exagerando bastante las cosas, lo sabe ¿No? – Lo miré con algo de cansancio. Sabía que cuando se enojaba solía ser irónico y hablar de sí mismo como algo digno de rebajarse, por lo general era una imitación de la imagen que él pensaba yo tenía de su persona. – Se está comportando como un niño al enfurruñarse por algo como esto, y sólo porque las cosas no siempre se van a hacer como usted quiere, eso es algo que siempre puede pasar, debería de saberlo. – Desaprobación bañaba la mirada de mis ojos que se lanzaba cual daga en su persona al regañarlo por su actitud infantil. Todo está bien mientras no rebase los limites, y él los está sobrepasando, si no le llamo la atención permitiré que continué con esa actitud y terminaré cediendo a sus caprichos.
– ¿Un niño…? – Contestó confuso y molesto por la comparación. – Está bien hacer lo que tú quieres pero, ¿Está mal hacer las cosas como yo quiera? Siempre, siempre termino cediendo ante ti. Y no exagero las cosas, tú eres el que no le da importancia. – Me acusó con seguridad indestructible en la voz.
– Me arriesgo a decir que soy mucho más maduro que usted como para que mi voluntad sea la más acertada a llevar a cabo que la suya, después de todo, ¿Qué significa ese tipo de razonamiento? –
Maldición me estoy enojando… Hace mucho que no me sentía así de molesto con él.
– No puede exigir con una excusa tan pobre como lo son los celos sin sentido. A las cosas les doy la justa importancia que se merecen. – Tomé una de las toallas para anudarla en mi cadera. – Creo que todo lo que debía decirse, se ha dicho ya. – Fije mi profunda mirada por largos segundos en la suya, buscando que él comprendiera la simplicidad del asunto que nos había hecho pelear, pero al no encontrar rastro de reconocimiento en su voz o rostro, decidí salir del baño en busca de espacio y silencio para calmar mi enojo.
Encontré mi apoyo físico al sentarme en el borde de la cama, pero mi apoyo mental había escapado por una ventana imaginaria, al tragarme las ganas inmensas de liberar lágrimas de genuino enojo. Estaba ardiendo de impotencia y frustración por ser incapaz de hacer algo para cambiar la perspectiva distorsionada de su mente, o cuando menos encontrar alguna fisura en él que me ayudara a encontrar la luz de una reconciliación, pero mi propio orgullo me impedía pensar en claro y llegar a una respuesta que no fuese manchada por mi propia soberbia.
No iba a ceder ante él, no importaba qué, si él no tenía la razón yo no me dejaría manipular por sus escenas de enojo o indiferencia. No me convertiría en un muñeco capaz de manejar a su antojo cual niño caprichoso que reía encantado por sus propias travesuras. Nadie jamás iba a tener esa clase de poder sobre mí, ni siquiera él.
Estaba tan perdido en mis propias reflexiones, que noté que largos minutos ya habían marcado el reloj y él aún no salía del cuarto de baño. Escuché el débil sonido del agua caer en el suelo y supe que pretendía alargar su aseo por largo tiempo, posiblemente con la esperanza de no encontrarme a su salida. Quise complacer su deseo, y procedí a cambiarme y salir de la habitación, lejos de él, y de sus malditos celos que eran capaces de llevarnos a una banal pelea sin sentido.
– ¿Qué sucede, Shizu-Chan? ¿Problemas en el paraíso? – La jovial y despreocupada sonrisa de Alice me recibió al instante en que salí y cerré la puerta tras de mí.
La razón de nuestra pelea era totalmente ajena a saberlo, aunque posiblemente por mi cara y el no haber escuchado… "Nada" Ya sabría que algo había ocurrido.
– Espero que no hayas quemado el desayuno. – Me limité a decir, mientras me sentaba en una de las sillas, y me servía un poco de café que ella había preparado.
– Déjame adivinar… Estaban bastante "ocupados" allá en la ducha, cuando a ti se te ocurrió ponerte mojigato y entonces se te escapó mi nombre con la excusa de que no querías que los espiara. Sensei, seguramente lo malinterpretó y pensó que lo decías en un sentido bastante comprometedor, discutieron un poco, se dijeron algunas cosas, y ahora estás aquí con tu cara más amargada de lo normal, ¿Me equivoco? – La miré en silencio por varios segundos. Bien… Ha aprendido sobre mí en estos 7 años.
– Muy bien Alice, ahora, ¿Podrías decirme el pronóstico del clima para hoy? – Pregunté con sarcasmo.
– Se van a reconciliar… Siempre pasa. Es posible, inclusive para ustedes que parecen pareja de novela en horario estelar. – Comentó con una sonrisa, y puso en la mesa tres platos con comida. – Anda, ve a decirle a tu Mangaka que venga a comer si ya se le pasó el enojo. – Prácticamente me levantó de la silla para empujarme hasta la puerta de mi habitación.
Quizás debería pensar mejor lo de seguir viviendo con Alice… Hace enojar al lobo de manera indirecta y después me ofrece justo en sus fauces en bandeja de plata
– Sensei, ¿Ya terminó? Está listo el desayuno. – Llamé a la puerta de mi habitación. Por nada del mundo deseaba entrar y quedarme a solas con él por alguna mala casualidad del destino. Eso seguro sería incomodo.
Abrió la puerta luego de unos segundos que me parecieron largos e incómodos años.
– No pienso comer nada que no hayas preparado tú. – Dijo al instante de salir de la habitación. – Me voy a casa, Kibou pasó solo una noche entera, se ha de sentir ansioso. – Agregó con más calma y me sentí aliviado de notar un poco de la tensión liberada.
– Pues se pierde de mucho ¡Esta vez no quemé nada! – Expresó Alice, con una sonrisa orgullosa de sí misma y sin mostrar atisbo de molestia por el comentario de Sensei.
– Le estoy hablando a mi novio… – La miró con cara de pocos amigos. Y si las miradas fueran dagas, quizás me hubiera pasado toda la mañana intentando limpiar la sangre del piso. – Ven a cenar a casa esta noche. – Se dirigió esta vez a mí y me estremecí en una mezcla de anhelo y miedo cuando él revolvió mi cabello en un gesto que derrochaba cariño. –…Te amo… – Escuché tristeza en el bajo susurro de su voz y pude saber que era debido a la abrupta forma en que le dimos la bienvenida a la mañana y la manera en la que al parecer la despediríamos, más Sensei parecía desear y hacer su mejor esfuerzo por endulzar la amargura a la que nuestra pelea nos hundió.
¿Por qué teníamos que discutir de esa manera a causa de simples nimiedades? No había encontrado razón lógica a sus celos desmedidos e infundados. Me era amargo el tener que tragar una realidad donde yo tenía más razones para hundirme en los celos y que a pesar de eso, no me encontraba haciendo rabietas y peleas sin sentido por algo pasado. Aunque yo expresaba mi molestia de una manera distinta, prefería mil veces alejarme para mantenerlo fuera del desastre que eran mis emociones que atacarlo con duras palabras de las que después me arrepentiría.
¿Por qué él no puede hacer lo mismo? O más bien… ¿Por qué no es capaz de ver con claridad que sólo le amo a él y nadie más? Quizás yo no esté haciendo bien las cosas. No me sorprendería que la combinación entre mi personalidad e inexperiencia en el amor fueran el resultado perfecto para sembrar la semilla de inseguridad en mi pareja que más tarde germinaría en rabiosos celos. No quiero cosechar los restos de lo que pudo haber sido un futuro junto a él, pero entonces… ¿Qué se supone que debo de hacer para desaparecer esas inseguridades? Podría jamás conocer la respuesta y concluir esta historia con un trágico final y la vuelta de una hoja que me atravesaría el corazón para asesinarlo sin esperanza a resucitar.
No quiero que nada de eso ocurra, pero para evitar eso yo debería… Debería…
– Hey, Shizu-Chan… – El chasquido de dedos y unos verdes ojos que me miraban cansados me arrancaron de mis profundas y preocupantes cavilaciones. – ¿Qué te pasa? Estás haciendo una expresión que da miedo, bueno… Más de lo normal. – Aclaró.
Noté la relajación en mi entrecejo que se había mantenido fruncido por la fuerte intensidad de los pensamientos en mi mente y me di cuenta que Alice había sido espectadora en primera fila de mi silenciosa crisis amorosa.
– ¿No me digas que estás preocupado por Sensei? – Vi como una relajada sonrisa nacía en sus labios. – Oh vamos, no tienes por qué. Lo tienes comiendo de tu mano como un cachorrito fiel a su amo. – Hizo un gesto con la mano para restarle importancia a mi actual problema.
– Los perros muerden Alice. – Rectifiqué con sombrío tono.
Pero debía ser sincero y decir que temía mucho más de mis posibles acciones que de las suyas. Si él seguía con esa actitud controladora con respecto a mí, estaba seguro que sacaría el lado sediento de libertad en mí, el cual, haría cualquier cosa por salvaguardar mi propio derecho para decidir qué pasos dar y qué camino tomar. Y me dolía, me aterraba en realidad… El pensar que mi naturaleza podría ser capaz de alejar mi sendero del suyo. Aún si sólo fuese por un tiempo antes de que yo cediera a sus caprichos o él reflexionara sus acciones, yo no deseaba llevar ese tipo de vida, que sabía, terminaría por desgastarme emocionalmente.
– Pero después lamería tus heridas, arrepentido. – Agregó Alice con una amable sonrisa que me dijo en silencio que comprendía el miedo que intentaba desarmar mi valor.
Sí, ella tiene razón, y yo… Le dejaría hacerlo, aunque eso con el tiempo termine por matarme.
¿Morir de tristeza por estar lejos de la persona que amas o morir en sus brazos por el dolor que te provoca…? Sin lugar a dudas a la vida le gusta jugar con nuestras debilidades.
– Es bueno que estés aquí, Alice. – Cambié de tema para ahuyentar las sombras que oscurecían un futuro que no hace mucho miraba prospero y claro.
– Extrañabas mi hermosa presencia, ¿Verdad? – Sus ojos se iluminaron al igual que la sonrisa en su rostro.
– No. – Rechacé sin expresión alguna. – En realidad pensaba que quizás tú me podrías ayudar a localizar a alguien… – Tanteé el terreno al observar con atención las reacción en su rostro, pero la pregunta en sus ojos y el cómo ladeaba la cabeza cual cachorro confundido me dijo que ella no tenía idea de lo que decía.
– ¿Te volviste a meter en problemas, Shizu-Chan? – Preguntó con cansada resignación en la voz y por un momento ella me pareció como una madre regañando a su hijo que volvía a equivocarse o cometer un error característico suyo.
– No, esta vez no acertaste. – Refrené mi impulso de mostrar algún signo de molestia en mi rostro. ¿Por qué todos los que me conocen tenían que coincidir exactamente con eso? – Verás… –
Me decidí a contarle todo lo ocurrido aquella noche que había sido atacado por aquellos hombres que jamás había vuelto a ver pero que sus acciones habían logrado despertar el desconsuelo y la patética resignación a la que me entregué con la esperanza de darle fin al infierno personal que había creado tan sólo para mí. Le confesé sobre aquel misterioso hombre que en la miseria de mi soledad se había apiadado de mí para ofrecerme su mano y una nueva oportunidad para seguir luchando pese a todo. Le expresé mi profundo deseo de conocerlo y hacerle saber lo mucho que agradecía aquel simple acto de su parte que había significado la diferencia entre la vida y la muerte. Concluí al comunicarle mi última proeza de haber logrado arrancar su nombre de las garras de aquel despreocupado doctor que era profesor suyo y el cómo había sido lo suficientemente despiadado al no dar su brazo a torcer para darme un poco más de información y dar con su paradero.
– Aja, entiendo todo eso pero… ¿Qué tengo yo para que pienses que te puedo ayudar a encontrarlo? – Preguntó. Al parecer aún no había comprendido su cabida dentro de todo esto.
– No lo sé… Quizás el hecho de que en realidad no seas una chica común y corriente que vive cual asalariada… – Indiqué, en obvia referencia a su personal deseo de vivir por cuenta propia y costearse sus gastos a pesar de que sus padres poseían una fortuna. Aunque ese hecho la convertía en alguien digna de mi respeto y admiración, pero claro… Nunca le confesaría algo como eso.
– Oh… – Noté como intentaba sofocar una estrepitosa risa, de esas que le daban cuando escuchaba un muy buen chiste. – Shizu-Chan, es cierto que mis padres tienen muchas conexiones e inclusive yo misma podría utilizarlas a mi antojo, pero… Jamás se te ocurrió qué… – Se interrumpió a ella misma pues el sofocar la risa le impedía hablar claramente. – Olvídalo. – Se levantó de la silla en la que estaba sentada y fue hacía su habitación. – Voy a buscar mi súper y exclusiva conexión tan sólo para ti. – Me guiñó el ojo antes de desaparecer de mi vista y tuve la sensación de que me iba a tomar el pelo.
Ella salió a los pocos segundos con su laptop en brazos y la colocó sobre la mesa para abrirla y mostrarme una simple página de internet que cualquiera conocía y…
– Shizu-Chan, te presento a Google-Sensei. – Presentó a la página con ambas manos como si fuese el deseado premio de algún concurso barato de televisión.
– Alice, si ibas a hacer algo así… –
– Calma. – Ella me interrumpió antes de que continuara. – Shizu-Chan, primero que nada tienes que comprender que no todo en esta vida se resuelve de la manera más elaborada o difícil. Verás… – Sentí como si ella me estuviese hablando como a un niño que se le dificultaba entender algo, pero refrené mis objeciones tan sólo por querer saber si podría darle respuesta a mi pregunta. – En la mayoría de los casos, cuando quieres buscar a alguien tienes una gran herramienta a tu alcance que es el internet. – Dijo eso último como si se tratara de un gran misterio al alcance de pocos. Aunque si ella tiene razón, deberé de aceptar que lo era para mí.
– No pensé que podría investigar con algo tan a la mano. ¿Qué ya no hay privacidad? – Objeté, bastante disgustado con ese hecho.
– Es que hoy en día ya nadie la quiere. – Rodó los ojos como si fuese lo más obvio del mundo. – En fin, ¿Cómo se llama? –
– Inoue Kenji. – Dije al tiempo que escuchaba sus dedos presionar el teclado. – Pero no creo que se pueda encontrar a alguien por… –
– ¡Lo encontré! – El grito de victoria de Alice fue una gran bofetada en mi rostro.
– ¿Cómo es eso posible? – Acerqué mi silla a la suya para ver con más atención la pantalla y los resultados que el buscador había arrojado.
El nombre que sobresalía en color en cada uno de los títulos de noticias coincidió con el que buscábamos y las imágenes que acompañaban la nota encajaban a la perfección con el hombre que habitaba en mis recuerdos.
– Oye, yo lo conozco. – El reconocimiento en la voz de Alice me sacó de mi propio asombro por lo fácil que había sido el hallarlo. Siempre estuvo tan cerca y yo estuve perdiendo mi tiempo haciéndome la vida difícil. Ahora entiendo porque Alice se estaba riendo. Aunque él parece ser una persona sonada en la prensa, estoy seguro que si él fuera alguien común y corriente no hubiese sido tan fácil pese el pensamiento de Alice.
– ¿Lo conoces? – Pregunté, con la duda en mi voz y un poco de incredulidad mezclándose en ella.
– Bueno… Nunca lo había visto en persona, ni sabía cómo era. Pero su nombre me era familiar y si lees aquí, él se hace cargo de una reconocida agencia de publicidad, no sólo a nivel nacional, sino también mundial. Mis padres han contratado esta agencia en muchas ocasiones para que haga la campaña de publicidad para nuestros vinos. – Explicó y pude escuchar la emoción en su voz. – ¡Shizu-Chan! – Alice me tomó de los hombros y comenzó a zarandearme con vehemencia. – ¡Tienes que prometerme que si conoces a ese hombre le pedirás un autógrafo de Panchi! – Exclamó, invadida por la agitación de sus desenfrenadas emociones.
– ¿Panchi? – ¿Quién demonios es ese?
– Sí, Panchi, el perro del comercial de las frituras. ¿No me digas que no lo has visto? – Me miró de una forma que creí, sería suficiente para convertirme en cenizas. Intenté hacer memoria y ciertas imágenes llenaron mi mente junto con un escalofrío en mi piel.
– ¿Te refieres a ese estúpido comercial con ese "sospechoso" y perturbador perro? – Pregunté, y recordé lo bizarro de aquel comercial que algunas veces tuve la desdicha de ver cuando algún aparador de electrodomésticos lo emitía en todos sus televisores en oferta. – ¿Por qué tu familia contrataría una agencia de publicidad que hace cosas como esa? – Me negaba a creer que alguien con simple sentido común se arriesgara a dejar su publicidad en manos como esas.
– ¡Tú no sabes nada! Ese comercial es genial, y gracias a él, las ventas de esa marca subieron. Demás está decir que la publicidad que se les vendió a mis padres también aumentó nuestras ventas. – Defendió a ese terrible comercial a capa y espada y en realidad fue tanta su fiereza y devoción a dicha publicidad que no tuve el valor de decir algo más, motivado por mi deseo de auto preservación.
– Bien, bien, conseguiré el autógrafo de… Panchi… – Me sentí estúpido al repetir su petición y más al aceptarla, pero debía de hacerlo. – Pero a cambio necesito que me ayudes en otra cosa. – Aclaré.
– ¿Me necesitas de nuevo por mis conexiones? – Se volvió a mofar a costa mía.
– No, te necesito porque lo que te pediré sólo alguien estúpido estaría dispuesto a hacerlo. – Le regresé su comentario.
– Entonces somos dos estúpidos porque el de la idea eres tú. – Me sonrió de oreja a oreja y en ese instante supe que desgraciadamente tenía razón. – Dime de una vez que quieres que haga. –
– Bien, escucha con atención… –
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– He cubierto todo el perímetro y no hay indicios de objetivos sospechosos, numero 42. – Me estremecí al escuchar un muy bajo susurro cerca de mi oído y tuve que darme la vuelta para observar el rostro de Alice, quien vestía de pies a cabeza con ropa negra y que inclusive llevaba puesta una obvia peluca.
– ¿Alice, qué estupidez estás haciendo? – Le exigí y por alguna razón yo también comencé a hablar en susurros como ella. La estupidez era contagiosa.
– No lo sé. Dímelo tú que estás escondido entre estos arbustos. – Dijo con honesta inocencia al hacer referencia al lugar donde nos encontrábamos, protegidos de los ojos de los demás, gracias al frondoso follaje de los arbustos.
–…– Me dejó con la boca abierta y una replica que jamás pudo crearse en mi mente para ser expresada. Bien, definitivamente estoy comenzando a contagiarme, fue lento el proceso, pero por fin se han mostrado las consecuencias de 7 años a su lado.
– ¿Por qué nos tenemos que esconder, Shizu-Chan? ¿No puedes simplemente presentarte como lo hacen las personas normales? Aunque bueno, espiar es mucho más emocionante, sabes. – Sus ojos brillaron con genuina emoción por la actividad tan inusual, y más, viniendo de mi parte.
Le había pedido a Alice que saliendo de la editorial me acompañara a buscar a ese hombre afuera de las oficinas de la empresa que dirigía, y aunque siempre le dejé en claro que íbamos con intención de "recabar información" no pude evitar pensar que tal vez ella no esperaba que fuese tan fiel con mi deseo de "anonimato"
Esto que estamos haciendo en verdad es estúpido, pero…
– No sé como acercarme. No cuando sé que él prefirió mantener su identidad oculta de todos. Quizás… No le agrade el que lo haya buscado. – Confesé, y esta vez el susurro de mi voz era causado por el miedo que me obligaba a quedarme escondido de los demás, y con el deseo de que verlo cuando menos una vez, sea suficiente para mí, cuando menos por ahora.
– Pobre Sensei. – La mención de él me confundió bastante.
– ¿Qué tiene que ver él con todo esto? – Pregunté, sin la menor idea al porque.
– Es que acabas de sonar como cliché de uke acosador y cobarde. Pero con el Seme equivocado. Cuidado con las infidelidades. – Me aconsejó, plenamente preocupada.
– ¡Yo no…! – Me detuve al escuchar el propio volumen de mi voz, y siguiendo el estereotipo de Alice, temí que alguien me descubriera. – En fin, no tiene nada que ver. – Deseché su errónea idea. – Más importante, ¿Trajiste lo que te encargué? – Demandé, y mis ojos comenzaron a buscar lo pedido en cuestión.
– Por supuesto que lo traje. Esto no serviría de nada sin las herramientas adecuadas. – Fingió sentirse ofendida, y de su bolso sacó una pequeña caja de…
– ¿"Mi primer kit de espionaje"? – Leí el nombre que tenía la colorida caja que mostraba a unos niños, totalmente "equipados" para una misión de espionaje.
Saqué de la caja lo que obviamente era una copia barata de unos pequeños audífonos de plástico junto con su correspondiente radio, y finalicé al tomar unos pequeños binoculares que claramente eran de juguete.
– ¿Compraste un juego para niños, Alice? – Le recriminé con la mirada y me era imposible creer hasta donde era capaz de llegar.
– Pero aquí en la caja dice "Resultados 100% asegurados y divertidos". – Señaló la leyenda en sí en un último intento por limpiar su nombre. – Y además, ¿Cómo crees que podría costearme algo como esto? Son muy caros. ¿Por qué no le pediste dinero a tu novio millonario? – Me reclamó, molesta por las exigencias de mí hacia ella. Bueno… Puede que tenga razón, pero pudo haberme dicho desde el principio que no tenía dinero, así se hubiera ahorrado el comprar un juego para niños. – Ah, cierto… Se me olvidaba que él no sabe que le estás siendo infiel. – Agregó con fingida pena hacia Sensei.
– Alice, entiende que yo no… –
– ¡Ahí está! – Ella hizo que me olvidara de toda replica y me fijara de nuevo entre los arbustos para localizar mi objetivo.
No me fue difícil encontrarlo entre las pocas personas que entraban y salían del edificio. Observé su figura saliendo por la gran puerta del edificio y mi aliento quedó atrapado al momento en que esa imagen y la de mis recuerdos por fin encajaban en la realidad. Aunque a diferencia de la primera vez que lo vi, su largo cabello había desaparecido al haber sido cortado, más el platino casi blanco que lo caracterizaba allí seguía, al igual que las serenas y equilibradas facciones que constituían el rostro iluminado en mis memorias. Ante mis ojos tenía a la persona que por mucho tiempo había causado que mi razón y recuerdos se pelearan por el debate sobre la veracidad de su existencia, más mis ojos ahora constataban la victoria de mis recuerdos al volver a contemplarlo una vez más.
– Umm, en persona es mucho más sexy. Tienes buen gusto, Shizu-Chan. – Escuché la aprobación en su voz, y me sorprendió mucho más que ella reconociera la belleza de un hombre que el hecho de que me acusaba de tener algún otro tipo de interés en él. – ¿Qué? – Se percató que la miraba fijamente, y tuve la impresión de que era visible en mis ojos la sorpresa que su comentario me provocó. – Que diga que los hombres son unos bastardos no evita que me dejen de gustar o que sea incapaz de decir si uno es guapo o no. – Se defendió, claramente ofendida por mi honesta reacción. – Veamos que tan "equipado" está. – Tomó los binoculares de juguete y los utilizó para poder enfocar su…
– Espera, ¡¿Qué estás haciendo?! – Intenté quitarle los binoculares pero ella se estiraba lejos de mi alcance para así comenzar una lucha donde intentaba arrebatarle el juguete pero ella, siendo mucho más ágil, lograba esquivar todos mis intentos. – No sé en qué estás pensando, algo como eso es… – Comencé a regañarla una vez que logré quitarle el objeto en sí, y al sentir el calor de los rayos del sol sobre mí tuve la terrible realización de que ya no estábamos ocultos entre los arbustos, sino en…
– ¿Se les ha perdido algo, niños? – Una suave y profunda voz masculina se hizo paso entre los gritos de peligro en mi mente, y me arriesgué a quitar los ojos de Alice para dirigirlos hacía el hombre que habíamos espiado y que ahora estaba arrodillado frente a nosotros, con una sonrisa en sus labios, y una divertida mirada en sus ojos que expresaba el saber perfectamente lo que estábamos haciendo. Al parecer nuestras acciones le había parecido todo menos molestas, en realidad parecía bastante entretenido con la escena.
Increíble, acabó de hacer el ridículo frente a esta persona y de todos los posibles escenarios, jamás imaginé uno tan bochornoso como este.
– Tu amiga corre muy rápido. – La voz que volvió a hacerse presente me sacó de mi vergüenza para notar que la chica que había estado a mi lado, ya no estaba más. Tan ocupado estaba lidiando con el hecho de haber sido capturado haciendo una estupidez que ni siquiera me percaté cuando ella echó a correr.
Será mejor que olvide el autógrafo de ese perro perturbador.
– Le pido disculpas por nuestra actitud. – Me puse de pie y me incliné en una disculpa para él, debido a nuestra falta de respeto.
– No tienes porque disculparte. – Él de igual forma se puso de pie, y los tenues rayos de sol que se colaban por su blanco rostro me permitieron ver el exquisito y brillante ámbar en sus ojos, pero…
Es diferente, sólo uno de ellos era color ámbar, no los dos… Más el rostro amable y sereno que tengo frente a mí es el mismo que miré en un pasado mucho más oscuro, y esta emoción que hormiguea bajo mi piel es como el grito incesante que lo reconoce como el único dueño de la identidad de mis memorias. Es él… Definitivamente es él, y hoy por fin estoy cara a cara frente a él.
– Usted… ¿Me recuerda? – Las palabras salieron liberadas de mis labios sin el consentimiento de mi mente, pero en ese momento mi emoción por haber alcanzado mi meta era lo único que me controlaba.
– Por supuesto que te recuerdo. Nunca podría olvidarte. – Observé resplandecer un cálido brillo que abrigó su mirar, y pronto me vi capturado por el hechizo de ellos. Era como si desearan decirme tantas cosas pero que a la vez debían mantenerse encerrados en el secreto de un silencio que los atormentaba segundo a segundo.
– Entonces, ¿Por qué? – Mi voz fue tan sólo un bajo susurro que pronto fue asesinado por los ruidos de la activa ciudad que nos envolvía.
No sabía ni siquiera que estaba diciendo, ni tampoco a que me refería exactamente con mi pregunta. Había imaginado este momento tantas veces en mi mente que pensé que cuando realmente llegara a la realidad sería tal y como lo había planeado, con mis emociones controladas y mi mente tan centrada y fría como normalmente era. Más sin embargo, ahí me encontraba yo, después de haber protagonizado una bochornosa escena donde fui descubierto en un acto de pobre espionaje con juguetes para niños. Y por si no fuera poco, mi mente era un desastre donde mis pensamientos revoloteaban sin orden alguno haciendo de mis acciones actos fuera de mi control y deseo.
¿Qué será lo que este hombre piensa sobre mí ahora? Quizás ahora ni siquiera me permita hablar con él, y mucho menos aceptará mis agradecimientos, aún si eran lo más sincero que había sentido desde mis sentimientos hacia Sensei.
– Esa pregunta podría tener muchas respuestas, y me temo que algo largas para explicar en este momento. – Observé la disculpa en su mirada y me temí lo peor. – Esto es algo inesperado en realidad. – Me sentí culpable de nuevo por la manera en que nuestro encuentro se había concebido. Por supuesto, nadie espera ser espiado por otra persona, y menos entre unos arbustos. Debí de hacerme la vida difícil como siempre. – Pero eso no significa que no me alegre. Jamás pensé que podría ser buscado por ti. Debió de haber sido difícil. – La culpa fue ahuyentada por la calidez y amabilidad que había en su profunda voz al hablarme. No entendía bien a qué se refería, ni porque decía ese tipo de cosas pero en aquel momento el lado calculador de mi mente estaba bajo el hechizo de un profundo letargo que le impedía atar cabos y dejaba a mis emociones a cargo.
– Entonces, ¿Me lo dirá todo? – Pregunté con el deseo de confirmar lo que sus palabras sugerían.
Él estuvo a punto de contestar, pero alguien en la lejanía llamó su atención y lo observó por una fracción de segundo. Supe que esa era su llamada para retirarse.
– Te lo diré todo. No ahora, pero pronto… Ishi-Kun. – Hubo tal confianza y firmeza en su voz que casi logró desviar mi atención del hecho de que él sabía mi nombre.
Estuve a punto de contestar algo, pero cuando abrí la boca noté como su espalda alejándose era lo único que mis ojos podían captar.
Nada de esto tenía sentido, ni las palabras de ese hombre hacía mí que parecía conocerme desde antes, ni tampoco el desorden que aún estaba al mando en mi mente y que no me dejaba analizar con cautela y frialdad la naturaleza de dicho extraño encuentro.
Lo único que sabía es que lo volvería a ver… No importaba cuando ni como, sus palabras cargadas de solidez y honestidad habían hecho nacer al instante la confianza que por lo general tardaba años en construirse hacía otra persona. Sus ojos habían sido un claro espejo de la naturaleza característica de un alma capaz de prestar su luz a aquellos quienes se encontraran bajo el yugo de su propia oscuridad.
No me había equivocado, él es… A quien yo estaba buscando.
Continuará…
Como ya se estarán imaginando, a Sensei no le va a gustar nada de esto LOL, este nuevo personaje es uno de mis favoritos y tendrá un papel muy importante en esta nueva etapa del fic, causará unos cuantos problemas pero no se dejen llevar por las apariencias, ya verán por que lo digo. Sus comentarios, en breve les daremos respuesta, ya saben, cualquier duda, comentario sugerencia, lo que sea, están en la libertad de dejarlo en comentario. A mi en lo personal me gustaría saber qué piensan que sucederá en este nuevo arco de la historia, es muy interesante saberlo. Muchas gracias por leer y seguirnos!
Saludos!
PD: Quizás algunos lo ubicaron, y otros no, pero cuando Alice se refería al perro del comercial de frituras llamado Panchi, se estaba refiriendo a un comercial japonés "consome panchi" que estuvo rondando mucho la red como un comercial "creppy" o "perturbador" aunque a mí no me lo pareció XD por si quieren verlo, sólo pongan en Youtube consome panchi, y se reirán un buen rato o se ganaran un nuevo trauma, ustedes deciden lol
