Todos los personajes son de Stephenie Meyer. Edward es de Bella (excepto los fines de semana y días festivos. Entonces es mío LOL). La historia es de mi autoría, así como algunos personajes que aparecen a lo largo de la misma.

Nota importante abajo


Capítulo 25

Ethan Jackson

Sentía las lágrimas corriendo libremente por mi cara. No estaba segura de cuántas horas llevaba llorando, pero eso era lo que menos me importaba. Me habían robado mi libertad, todo por un estúpido capricho de un vampiro loco.

-Flashback-

Tendría poco más de un año y medio, pero no lucía como tal. Mi papi decía que bien podía pasar por una niña de tres, tal vez cuatro.

- ¡Más alto! – chillé de alegría, mientras bajaba de regreso a los brazos de mi tío - ¡Más alto, tío Em! ¡Más alto!

Era divertido jugar con mi tío Emmett. Aunque a mi mami no le gustaba que me tomara como balón de fútbol, para mi era divertido que mi tío jugara conmigo de esa manera. Mi abuelito Carlisle decía que yo era 'irrompibile' como mi papi, así que no me podía pasar nada malo (pero de cualquier forma, a mi mami no le convencía)

Una vez más, mi tío me arrojó varios metros hacia arriba, lo que me hizo soltar más risitas tontas, y volví a caer en sus brazos. Yo podía saltar así de alto sin ayuda de nadie, pero eso no era divertido. Era mejor cuando mis tíos jugaban conmigo, hacíamos competencias sobre quién cazaba un oso más rápido o simplemente unas carreras por el bosque.

- Emmett, hijo, ¿me puedes ayudar a mover unos muebles del estudio? – se escuchó la dulce voz de mi abuelita Esme

- Voy, mamá – dijo mientras me ponía de vuelta en el suelo. Hice un puchero y agaché la cabeza. Yo quería seguir jugando (pronto iba a ser hora de cenar y luego no me iban a dejar jugar). Mi tío se arrodilló para quedar a mi nivel – Hey, Nessie, ¿qué te parece una carrera de regreso a la casa? Te apuesto a que yo llegaré más rápido que tú hasta el estudio.

Sonreí de vuelta. Mi tío era la persona más genial y divertida del mundo.

-Fin flashback-

Iba a extrañar todo eso. El convivir con mi familia día a día. Ahora no sabía si algún día los iba a volver a ver. Iba a extrañar a mis padres. A mi madre presionando constantemente para que me apegara a esa mitad humana dentro de mí. Felicidades, mamá, ahora se iba a cumplir tu deseo, pensé con cierta amargura. Si tan solo tuviera la oportunidad, me despediría de ellos como es debido. Les daría un beso a mis padres y les pediría que no se preocuparan por mí.

Parte de mí se aferraba firmemente a la idea de no querer hacer esto. Que era una estupidez y una locura. ¡No era seguro que yo pudiera concebir! Pero, estaba esa escena que me había enseñado Jack… y no quería eso. Por otra parte, me imaginé cómo tomarían mis padres esta noticia. Casi podía escuchar los bramidos de mi padre y escucharlo murmurar un "no pasará, a menos que estén primeramente casados, como es correcto".

Me concentré en recordar más a mis padres.

-Flashback-

Aprendí a tocar el piano desde muy niña, pero sin duda ver a mi papá tocándolo era mucho mejor. Él siempre decía que yo había sido su mejor alumna y disfrutaba escucharme tocar, pero yo nunca sería tan buena como él. Sí, con el paso de los años había perfeccionado y podía tocar con los ojos cerrados, pero no era lo mismo que escucharlo a él.

Todos, excepto mis padres, habían salido a cazar. Oficialmente, mi cumpleaños número seis (quince, basándome en mi apariencia) había terminado. Sin fiesta en grande, sin pastel, sin cosas ostentosas, solo un par de regalos de parte de mi familia. No tenía ni una pizca de sueño, así que bajé para ver qué podía hacer para entretenerme, cuando escuché la música del piano envolver la sala. Entré y me encontré a mi madre sentada en un sofá, leyendo un libro, mientras mi papá tocaba su nana. Sonreí. Esa había sido la primera canción que había aprendido a tocar en el piano.

- 'Quiero bailar' – pensé, casi gritándolo para que mi papá pudiera leerlo; y entonces la melodía cambió. Mi papá comenzó a tocar mi canción de cuna.

[River Flows in you – Yiruma]

La música de mi papá siempre me causaba dos efectos: o querer dormir o querer bailar. Era tan suave y confortante que no pude evitar comenzar a danzar alrededor de la sala, dando piruetas, saltos y vueltas. Disfrutaba improvisar mis pasos de baile. Mi mamá dejó su libro a un lado y empezó a verme bailar, haciéndome sonreír con orgullo. Mi abuelita decía que podía estudiar ballet si yo lo pedía, ya que era buena en eso.

Cuando la melodía llegó a su fin, me acerqué a mis papás (mi mamá se le había unido en el banquillo del piano) y los envolví en un abrazo. Era la mejor manera de terminar mi cumpleaños.

-Fin flashback-

- ¡Déjenme salir! – grité al aire, aún acostada en la enorme cama. Sabía que mis súplicas no eran ni siquiera escuchadas por los demás – Por favor, quiero irme a casa.

Necesitaba salir de aquí. No sabía cuándo planeaban hacer sus experimentos conmigo, y eso me causaba un miedo terrible. Cayo me había dejado muy en claro que esto no se trataba de amor; a él le daba igual si Ethan me era atractivo o me causaba asco. Así que quién sabe qué cosas tenían planeadas para mí. No quería ni siquiera pensarlo (al hacerlo, mi cuerpo convulsionaba del espanto).

Luego, como un relámpago, el recuerdo de Jacob llegó a mi mente. ¡Oh Dios! ¡Jacob! Ahora no había esperanza. No podía regresar a él y esperar a que me recibiera con los brazos abiertos después de haber estado con alguien más. El solo hecho de pensarlo me hacía sentir sucia, usada, indigna… él merecía algo mejor.

-Flashback-

Estaba un poco atónita todavía. Había besado a Jacob y luego él me besó de nuevo (aunque había sido algo pequeño). Había experimentado mi primer beso a su lado y ahora traía esa tonta sonrisita en la cara. Me abrazó una vez más y me sentó a su lado, para contemplar a la luna.

Recordé un poco lo que había dicho hace un momento, sobre mi disfraz de caperucita. Todo empezó a encajar en ese momento y comprendí la razón por la cual Alice había insistido tanto en que me pusiera este traje. Me puse a pensar en el libro infantil y decidí molestar a Jacob con uno de los famosos parlamentos.

- ¿Sabes?, estaba pensando en una cosa – dije con falsa inocencia – Si yo soy Caperucita y tu el Lobo feroz, ahora entiendo por qué escribieron así la historia.

- ¿A qué te refieres? – arqueó una ceja

- Digo, tienes unas manos grandes – dije mientras juntaba nuestras palmas. Sus manos, efectivamente, eran mucho más grandes que las mías.

- Son para abrazarte mejor – dijo rodeándome con sus enormes brazos y acercándome a su pecho. Yo solté una risita.

- Tienes unos ojos grandes – delineé el contorno de sus ojos con mi dedo índice, mientras lo veía fijamente.

- Son para admirarte mejor – dijo viéndome con dulzura, para después depositar un dulce beso en mi frente.

- Y tienes una boca grande – me ruboricé por mis palabras. Este juego ya no me pareció tan tonto como en un principio y había olvidado por qué lo inicié en primer lugar.

- Para comerte mejor – me jaló y me dio una pequeña mordida en el hombro. Jadeé por la sorpresa y, de repente, me sentí más osada. Lo empujé juguetonamente y me puse a horcajadas sobre su regazo. Una sonrisa burlona y torcida se dibujó en mi cara y, sin pensarlo dije…

- Alto ahí, Lobo Feroz. Yo soy la vampira en este par, yo soy la que puede dar las mordidas – antes de inclinarme a su cuello y dar una pequeña mordida en él. Solté una risita tonta y recordé cuando era niña y lo mordía todo el tiempo. Había extrañado demasiado a Jacob, después de todos estos años separados.

Desgraciadamente, el alegre tono de mi celular, hizo que la pequeña burbuja se reventara y me regresara a la realidad.

-Fin flashback-

Este recuerdo trajo una nueva ronda de lágrimas amargas. Todo lo que podía hacer era sollozar; total, sabía que no me iban a dejar ir así como así. No me importaba si volvía locos a todos en el castillo con mi actitud (al contrario, tal vez me dejaban libre antes de tiempo).

A pesar de todo, me sorprendió ver poco después a Ethan parado en el umbral de la puerta, con gesto aburrido, y sus brazos cruzados por encima de su pecho. No podía concebir la idea de que tenía que hacer eso con él para poder largarme de aquí. Rogaba e imploraba a los cielos que todo esto funcionara y poder cumplir con lo que me pedían. Me sentía molesta con todos en este lugar.

Ethan pareció no importarle mi enojo mental, ya que se acercó hacia la cama y se arrodilló para que su cara quedara a centímetros de la mía. Me miró fijamente y frunció un poco el ceño. Quería preguntarle que cuál era su maldito problema, y gritarle que yo no tengo monos en la cara para que me miren de esa manera. Pero opté por ignorarlo y seguir con mi vida. No pensaba involucrarme en ningún aspecto con él.

- Tienes que comer – soltó de repente

- No, gracias – dije antes de girarme y darle la espalda. Él ignoró mi actitud y rodeó la cama para volver a estar frente a mí. Rodeé los ojos.

- No puedes quedarte así, muriéndote de hambre – agregó. Lucía un poquito preocupado por mí. Sólo un poquito.

- Mírame – lo reté, cerrando los ojos para ya no tener que verlo.

- No seas terca. Sé que no eres feliz comiendo cosas "humanas", así que ven conmigo a la sala para que comas algo de verdad.

No me fiaba ni un poquito de sus palabras. No ayudaba el hecho de que sus ojos tuvieran motitas color carmín. Sabía a qué se refería con comida de verdad y con mayor razón me negaba a hacerlo. Apreté los ojos, como si con eso fuera a lograr que se lagara de la habitación.

- Si no vienes… – empezó y soltó un suspiro pesado – no me quedará otro remedio que llevarte yo mismo.

Dicho esto, sentí como un par de fuertes brazos me cargaban en vilo. Abrí mis ojos de la impresión y vi que él tenía una expresión burlona. Eso me enfureció aún más (si es que eso era posible). Y, como si fuera una niña pequeña, empecé a dar patadas y manotazos para lograr liberarme de él. Él únicamente me colocó sobre su hombro como si fuera un costal de papas.

- ¡Suéltame, bestia! – rugí. Sólo podía escuchar las carcajadas de todos a nuestro alrededor y sentí el cuerpo de Ethan convulsionándose de la risa.

- Eres tan cabezota. Si no vamos a hacer nada malo, vamos a comer. Ahora, deja de moverte como si fueras una lombriz.

¡Cómo si el pudiera decirme qué hacer! Me revolví con más fuerza. Golpeé sus brazos y trataba de patear su estómago. Entonces, no me di cuenta en dónde estábamos, pero comencé a tirar de su cabello con fuerza, tomándolo desprevenido y haciendo que ambos cayéramos (luego supe que Ethan iba bajando las escaleras. Demasiado tarde).

- ¡Agh! ¡Niña, por favor! – gritó. Me vi liberada unos instantes y corrí, pero fui atrapada nuevamente por sus brazos – Deja de jugar. Sino te comportas, tendré que amarrarte como a un perro.

Llegamos a la famosa sala. Noté que Cayo ya estaba ahí, junto a Jane, Alec, Félix y Jack. Me pregunté por qué estaban todos reunidos al mismo tiempo, pero mi respuesta llegó rápido. Una hermosa mujer entró a la sala, seguida por un grupo de turistas de distintos países. Todo esto me daba tan mala espina. Ellos parecían ajenos a todo lo que les rodeaba. Estuve a punto de gritarles "¿Qué hacen aquí? ¿Qué no ven que están rodeados de vampiros?", pero sabía que jamás me creerían.

Cayo se acercó a la mujer y besó sus dos mejillas antes de dedicarles una mirada codiciosa a los turistas. Sonrió ampliamente hacia nosotros y dio un asentimiento con la cabeza, indicándoles algo a los demás, pero no sabía qué era.

En ese momento, todos se abalanzaron sobre el grupo de personas, bebiendo de ellos como si fueran botellitas de agua. Me quedé estática en mi lugar, sin saber qué hacer. El olor de la sangre era delicioso, y tuve que contener la respiración para no caer en la tentación de beber de ellos también. Sí, de niña había bebido sangre humana, pero era sangre donada (aunque claro, los donadores no sabían que su sangre iba a ser bebida por una bebé semi vampiro), y poco después aprendí a seguir la dieta vegetariana de mi familia. Tenía casi toda mi vida bebiendo de animales.

- Renesmeé, querida – habló Cayo – ¿No vas a alimentarte? Ethan dijo que te veías algo hambrienta hace un momento.

Negué rápida y violentamente con la cabeza. Temía hablar y tener que jalar aire, ya que eso implicaba tener que oler la deliciosa esencia que se remolinaba en el ambiente. Él se acercó a mí y me rodeó los hombros con un brazo, como si fuéramos amigos de toda la vida. Me acercó (casi jalándome) hacia un chico que se encontraba en el piso, agonizando y pidiendo por su vida.

- Anda, pequeña. Bebe.

- Por favor, no – dije, sofocada.

- Cariño, si vas a quedarte aquí, es necesario que te adaptes a nuestras costumbres. No todos somos como tu querido abuelo Carlisle. Ahora… bebe – ordenó.

Temblando, me agaché hasta quedar a la altura del muchacho. Dolía demasiado, no sólo físicamente, sino también en mi corazón. Sentía que estaba matando a alguno de mis compañeros del instituto. O a Adam… o a Josh. Sentía que estaba traicionando a mi familia, a mis amigos…

- Por favor, perdóname – susurré en el oído del joven, antes de encajar mis dientes en su cuello y dejar que la sangre corriera libremente hasta llenar mi boca.

Sentí cómo el muchacho se retorcía de dolor por la herida que le había provocado, haciéndome que me encogiera de angustia. Yo no era ponzoñosa, no había manera de "anestesiar" a mis presas. Nunca había pasado por esto antes pero, como algo que yo simplemente no esperaba, el frenesí llegó y me golpeó por completo. Comencé a beber de él como si se me fuera la vida en ello. Noté que él había dejado de luchar y poco a poco la sangre se había terminado.

Quería más… me abalancé sobre una chica y repetí la vergonzosa hazaña. Estaba fuera de mí.

Cuando recobré el conocimiento, estaba a un lado de Cayo, jadeando violentamente por aire, siendo sostenida por Ethan y Alec. Ya habían limpiado la sala y no quedaba ni un rastro de la masacre que se había producido hace unos instantes. Ethan miró a Alec, indicándole que ya era seguro soltarme y me rodeó los hombros con un brazo, atrayéndome a él. Miré mi ropa, llena de sangre (imperceptible por el color negro. Pero sabía que ahí estaba), y el dolor por lo que había hecho me llegó de repente. Era un monstruo.

Rodeé la cintura de Ethan con mis brazos y escondí mi cara en su pecho. Me sentía terrible por lo que había hecho y el único consuelo que podía tener era llorar. Él besó la parte de arriba de mi cabeza y me volvió a tomar en brazos. Esta vez, me dejé hacer y dejé de pelear. No me importaba a dónde me llevaba. Yo lo único que quería era salir de esa cámara y olvidar todo.

Ethan me depositó suavemente en la cama y se sentó a mi lado, acariciando mi cabeza y cepillando mi cabello con sus largos y níveos dedos. Me dejó llorar todo lo que yo quería, sin chistar.

- Sé que no era lo que tu querías, pero era necesario. Esto te mantendrá fuerte.

- Todas esas personas… - sollocé.

- Lo sé. Renesmeé, si hay algo que pudiera hacer por ti, créeme que lo haría sin pensarlo. Yo… no quiero que la pases mal aquí. Sé que nuestra situación es un tanto retorcida, pero podemos, debemos salir adelante.

No respondí a su comentario. A pesar de sentirme completamente satisfecha, me sentía físicamente exhausta. Lo único que quería era dormir y pensar que todo esto no había sido más que una dolorosa pesadilla. Ethan entendió y pidió que me preparan una ducha caliente y ropa limpia.

Cuando desperté, era casi de noche. Nuevamente me habían cambiado de ropa y ahora traía un vestido largo en color verde (N/A Disponible en mi perfil). No recordaba en qué momento me habían dado un baño y me habían puesto ropa limpia, pero lo agradecía en el alma. A pesar de todo, me sentía terriblemente mal, por haber atacado a personas inocentes y haber acabado con sus vidas.

Me paré junto a una ventana que daba hacia la calle. Podía ver un pequeño bosque (o quizá un parque muy extenso) a unas cuantas cuadras del castillo. Era la hora del crepúsculo, casi podía adivinar. Aunque no se veía el sol, el cielo estaba bajo una densa capa de nubes que amenazaban con soltar lluvia de un momento a otro. Suspiré derrotada. Era obvio que jamás podré salir de este horrible lugar. En ese momento, alguien llamó a la puerta, haciéndome pegar un pequeño brinco del susto.

- ¿Puedo pasar? – preguntó Ethan desde el umbral. Simplemente agaché la cabeza y volví a mirar hacia la ventana. En un instante, él estaba a mi lado, tomando mi mano entre las suyas. Se veía orgulloso de sí mismo, con una sonrisa que mostraba todos sus dientes – Te dije que te iba a ayudar a hacer más amena tu estancia aquí ¿cierto? Pues, adivina. He convencido a Cayo de que te deje salir por un par de horas, para que conozcas la ciudad y los alrededores. Te gustará.

Lo miré dudosa. Aunque, de todos los que habitaban este maldito lugar, Ethan era el que mejor me había tratado, temía que todo fuera una trampa por parte del "maestro Cayo". Pero, él mantenía esa sonrisa boba en el rostro, indicándome que todo era seguro. Suspiré y decidí darle el beneficio de la duda, así que opté por aprovechar esta oportunidad (no sabía cuándo se iba a repetir).

Lo seguí por los enormes y larguísimos corredores del castillo, hasta que por fin llegamos a la puerta principal. Me sentí feliz de poder respirar aire fresco casi creo que salgo corriendo… salir corriendo. ¡Eso es! Ahora tenía que buscar la manera de estar sola por unos instantes para poder huir de este lugar. Ethan podía ser igual de veloz, pero mi familia decía que yo era la más veloz, como mi papá.

Una vez que estuvimos lejos del imponente lugar, me concentré en los movimientos de Ethan para aprovechar un descuido de su parte y poder correr. Comenzó a llover, y noté que él sacaba un amplio paraguas color negro y me ofreció su brazo para avanzar. Cruzamos la torre del reloj y unos cuantos lugares cuando él se distrajo, contemplando a un grupo de niños que brincaba en los charcos.

Era mi oportunidad. Sujeté mi vestido para no tropezar en mi carrera y salí disparada hacia el bosque. El camino era difícil, ya que el piso estaba cubierto por pequeñas piedras y depresiones que hacían complicado el caminar (sobre todo en zapatos altos) y, además, la lluvia no ayudaba en lo absoluto, y hacía que mi cabello se me pegara a la cara. Pero aún así corrí como si la vida se me fuera en ello.

Miraba asustada hacia donde Ethan se había quedado. Él estaba estático, pero con una extraña mirada en la cara. ¿Por qué no me seguía? ¿Me dejaría ir así de fácil? ¿Cuánto tardarían los Volturis en darse cuenta de mi ausencia y en cuánto tiempo estaría de vuelta en el castillo? Enfoqué mi vista de regreso al camino, ahora ya más cercana a los árboles.

Tenía muchas cosas en mi contra: el incómodo vestido largo, los zapatos altos, el suelo a desnivel y la lluvia. Pero, a pesar de todo, no me importaba. TENÍA que salir de este lugar. Llegar a algún pueblo y pedir ayuda, o no sé. Me tropecé dos veces durante mi huida; y en la segunda, me hice un corte algo fuerte en la rodilla. Esperé impaciente a que cicatrizara, pero tomaría algo de tiempo; así que, a pesar del dolor que sentía, seguí corriendo.

Ya no sabía hacia dónde iba. Comencé a correr en zigzag por los árboles, tratando de encontrar alguna salida. Ahora mi idea me parecía estúpida e irresponsable, pero sobre todo, me daba miedo al no ver a Ethan yendo por mí. A lo mejor había ido a pedir refuerzos al castillo.

Entonces, alguien me sujetó con fuerza del brazo, sacudiéndome y dándome la vuelta para quedar de frente. Era un furioso Ethan que me miraba con fuego en los ojos. Su agarre se hizo más fuerte (de seguro iba a dejar un moretón), pero lo que más me asustaba era esa energía que emanaba de su cuerpo. Sentía que me iba a despedazar con sus propias manos.

- No, no, no, no – rezongué, negando violentamente con la cabeza y tratando de zafarme de su agarre.

- ¿Ya te cansaste de jugar? – preguntó, irónico – ¿Has disfrutado tu salida al bosque? Porque, déjame decirte, esta será la última vez que verás el exterior en muchísimo tiempo, Renesmeé. Te lo aseguro. Te di la oportunidad de que salieras para liberarte del dolor de hace un momento y, tal vez, cazar a un estúpido conejo para liberarte de tu culpa de beber de un humano. Pero ya no más…

- No, por favor. Déjame ir – supliqué.

- ¡Nunca! ¿Me oyes? – apretó más su mano en mi brazo – ¡Nunca vuelvas a hacer algo así? ¿Acaso eres estúpida o algo? ¿No sabes lo que implica que tú decidas jugar a las escondidas? No tienes idea de lo que puede pasar si tu desapareces así como así. ¡Vámonos de aquí!

Me rendí y me encogí por sus palabras. Dejé que despotricara a su antojo, antes de que me jalara del brazo para llevarme de regreso al castillo. Antes de entrar, se arrodilló y levantó mi vestido, descaradamente, y se aseguró que mi herida ya había sanado antes de que alguien en el lugar pudiera oler mi sangre. Me congelé ante su acción, pero al ver que no tenía otra intención más que revisar mi herida, me relajé… sólo un poco.

Al entrar, Cayo nos esperaba. Tenía una expresión rabiosa en la cara, y estaba segura de que se había enterado de mi intento fallido de escape. Me miró con el ceño fruncido e hizo un ademán para que Ethan se acercara. Él, algo asustado, llegó hasta Cayo hasta quedar de frente. Me dio miedo lo que sea que Cayo pudiera hacerle a Ethan, después de todo, había sido mi culpa que me escapara de su cuidado.

- ¡Eso fue estúpido, Ethan! – gruñó – Se suponía que tú la ibas a cuidar, ¿y qué pasa? Ella corre por los bosques cual libre gacela. Esto no le hará gracia a Hellen, Ethan. Tu descuido tendrá consecuencias en ella.

- No – se rompió, temblándole la voz y soltando un par de lágrimas, sujetándose de la túnica de Cayo para no colapsar hasta el piso – Maestro, por favor no. A ella no le haga nada.

- ¡Ah! Niños… ¿Qué haré con ustedes? – suspiró – Esta bien, Ethan. Pero llévate a esta niña antes de que cambie de opinión.

- Gracias, maestro – dijo Ethan, agradecido con Cayo.

Me tomó nuevamente del brazo y me jaló hacia el pasillo. Llegamos a mi cuarto y me arrojó contra la cama. Aún no se le pasaba su enojo hacia mí. Me dedicó una mirada furiosa, antes de darse media vuelta y salir de mi cuarto. Poco después, entró Heidi (la chica que nos llevó la "comida") con algo que parecía ser una bata para dormir. Me di un buen baño, para quitarme el lodo y la tierra y me preparé para dormir.

Un par de horas después, me encontré dando vueltas como lombriz por toda la cama, incapaz de poder conciliar el sueño. Ahora no sabía cómo iban a ser las cosas con Ethan, después de haberme fugado de su cuidado. Él se había portado lo más decente posible conmigo y yo le había respondido de mala manera. Quería disculparme con él, pero no me quedaba de otra que esperar a que él viniera a mí. Si me aventuraba a buscarlo por mi cuenta, era seguro que me iba a perder.

Y, como si lo hubiera invocado, Ethan estaba parado en la puerta con la misma expresión sombría de hace un rato. Me dolía un poco saber que había arruinado las cosas. Bajo otras circunstancias, Ethan y yo podríamos haber sido los mejores amigos (claro, si hacíamos a un lado el hecho de que estábamos obligados a tener que hacer… eso).

- Yo… creo que te debo una disculpa – dije, poniéndome de pie para ir hacia él.

- Déjalo así. Sólo venía a asegurarme que Heidi te había entregado la ropa de dormir – dijo, con tono seco.

- Ethan, ¿por qué te tomas tantas molestias conmigo? Es decir, la ropa, los cuidados, el paseo que arruiné hace un momento… ¿por qué?

- Te lo dije, quiero hacer tu estancia lo más amena posible. Además, si nos ponemos a pensar, tu eres la que quedará peor parada de todo este asunto – dijo, con una sonrisa cínica – Pero, tienes razón, creo que no debería tomarme tantas molestias. Tú eres una niña mimada que sólo piensa en sí misma, y no le importa lo que le pueda pasar a los demás.

Eso trajo una nueva pregunta a mi mente. Cayo había mencionado a una Hellen y esto hizo que Ethan rompiera esa capa dura que lo cubría todo el tiempo (o casi todo el tiempo), dejándolo por primera vez vulnerable. Cayo había amenazado a Ethan con hacerle daño a ella y él se veía dolido con la mera idea.

- ¿Quién es Hellen? – solté de repente, haciendo eco a lo que estaba pensando.

- Eso… ella... no es de tu incumbencia, Renesmeé.

- Lo es desde el momento en que Cayo dijo que debía tener intimidad contigo para poder ser libre. – lo desafié – Mis acciones también la perjudican a ella, así que lo menos que merezco es saber de su existencia.

Suspiró derrotado y se acercó a mí. Me condujo hacia la cama nuevamente, y se sentó en el borde, viendo hacia la nada.

- Se llama Hellen Carter. Ella es mi… prometida. Aunque, se podría decir que ha sido también como una madre para mí. Verás, es extraño hablar de mis padres, puesto a que nunca los conocí. Al igual que en tu caso, mi madre era humana cuando se embarazó de mi padre, pero no tuvo tanta suerte como tu mamá. Ella murió al dar a luz. En ese momento, al estar tan vulnerable ante el mundo, Hellen me encontró, curiosa por mi naturaleza.

"Ella dice que se encariñó de mí al instante, así que cuidó de mí durante mi breve infancia. Ella… no comparte la dieta de animales, pero yo no sabía que podía beber otra cosa que no fuera sangre humana. En un principio era como que su hijo.

Sonreí levemente al ver el brillo en los ojos de Ethan cuando hablaba de ella. Aunque, me sorprendió en gran medida saber que él iba a casarse y ahora estaba atado a un compromiso, al igual que yo.

- Cuando llegué a mi madurez, empecé a verla de una manera diferente. Claro, ella es hermosa por su naturaleza de vampira, pero había algo más. Era amor. Ella ha estado a mi lado todos estos años, cuidándome y protegiéndome.

- ¿Cuántos años tienes? – solté de repente.

- Tengo este aspecto desde que cumplí los seis o siete años. Pero, si nos vamos a años "humanos", tengo casi veinticinco. Así que, como sabes e igual te pasará a ti, estoy estancado en el cuerpo de un muchacho de dieciocho o veinte años.

- Continúa, por favor.

- Un par de años antes de llegar a Volterra, me di cuenta que lo que sentía por Hellen era amor. No amor de un hijo a su madre, sino de un hombre hacia una mujer. No sabía si Hellen tenía una pareja o si pronto se decidiría a buscar una, pero no quise perder más tiempo. Busqué y planeé la mejor manera de pedirle matrimonio a mi compañera, lo cual me tomó casi todo un año.

"Cuando por fin lo hice, ella estaba que no cabía de la emoción. Me confesó que siempre me había amado y que estaba feliz y se sentía dichosa de decir que era mi prometida. Éramos muy felices juntos, así que decidimos recorrer el mundo para buscar el lugar perfecto para celebrar nuestro matrimonio. Hasta que llegamos a Volterra.

Recordé las palabras de Cayo cuando me explicó mi propósito en este lugar. Él me platicó cómo encontró a Ethan…

- Pero, entonces, se atravesó alguien en mis planes… Ethan. Un muchacho tonto que decidió cazar en el lugar y en momento equivocado. Pensé en ordenar que lo mataran, cuando me di cuenta de que había algo más en él… ¡era un híbrido!

Los Volturi habían capturado a Ethan y a Hellen mientras se alimentaban. Tenía razón, habían estado en el lugar y en el momento equivocado.

- ¿Dónde esta ahora? – pregunté, con cautela.

- En una mazmorra. La tienen encerrada como si fuera una delincuente. – su voz se quebró y su rostro se retorció hasta formar una mueca de dolor.

- Ethan. – empecé, aunque no tenía idea de cómo decirlo – Si… si tu y yo… tenemos descendencia… ¿nos dejarán libres?

- No lo sé. – suspiró pesadamente – El maestro Cayo me dijo que si nuestros hijos heredan alguno de nuestros dones, serviría muchísimo para la guardia.

- ¿Por qué crees que quiera esto? Es decir, tiene a Jane y a Alec. ¿No le es suficiente? Además, mi don no es nada del otro mundo, no es como el de mi padre que puede leer mentes o el bloqueo que tiene mi mamá. Es algo insignificante, y a veces un tanto estorboso. Puedo entender del tuyo. – dije con cierta envidia y admiración – Es un don realmente genial.

- Pienso que es algo de celos por parte de Cayo. Si no puedes tener un don, ¿por qué no crearlos? Quién sabe… a lo mejor y sea un niño con el poder de tu papá. Después de todo, es de tu sangre. – resoplé – Sí, te entiendo, es algo infantil de su parte. Pero, ¿qué podemos hacer nosotros? Sólo… aceptar. Así que, volviendo a tu pregunta, lo más probable es que nos dejen ir.

Asentí lentamente, mirando hacia el piso. Tal vez, si yo aceptaba toda esta locura, iba a poder ser libre para regresar con mi familila. Ethan y Hellen serían libres y podrían cumplir su sueño de casarse y ser felices. Pero… ¿a qué costo? No era seguro que nuestros hijos tuvieran las mismas cualidades que nosotros; corría el riesgo que fueran completamente humanos, completamente vampiros, o simplemente no tuvieran ningún don en especial.

Entonces, ¿qué pasaría, sino obtienen lo que desean? ¿Seguiríamos "intentándolo" hasta que por fin nazca un niño con las características que quiere Cayo? ¿Nos matarían? Eran demasiadas preguntas y todos mis miedos se centraban en las posibles respuestas.

Además, estaba el asunto de Jacob. Me aterraba la idea de que él me rechazara después de todo esto. En mi mente todavía se centraban las palabras impura e infiel. Pero, a pesar de todo, le explicaría mis motivos. Él merecía saber que todo esto ha sido para protegerlo a él, a mi familia, a mis amigos y a esta pareja de la mente retorcida de un vampiro.

- Yo… lo haré – dije, resignada.

- ¿Estás segura? Digo, yo sé que no tenemos mucha alternativa que digamos, pero… todo esto debe ser difícil de asimilar, Renesmeé. Sé que… - se ruborizó, callándose cualquier cosa que me fuera a decir. Esta era la primera vez que lo veía dudar (y ponerse rojo de esa manera) – Sé que es algo importante para ti. Digo, es tu… primera vez.

Me ruboricé, haciéndole segunda. Volví a asentir con la cabeza y me giré hasta quedar frente a él.

Entonces… ¿qué otra opción tenía? Ninguna, a decir verdad, más que… aceptar mi destino. Definitivamente no era la forma en que yo había planeado las cosas para mi futuro, pero ¿qué más podía hacer? No tenía alternativa. No cuando la existencia de mi familia dependía de esta decisión. Sabía lo que tenía que hacer.

Fin del capítulo



(N/A) ¿Qué tal? ¿Creen que merezca un review?

¿Por qué actualicé hoy? Por una simple y sencilla razón… ¡HOY ES MI CUMPLEAÑOS! Jejeje me emociona y mucho poder compartir algo de mi loca cabeza con ustedes, en este día importante para mí. Hoy puedo decir que soy legal en todo el mundo ;D ya tengo 21 años. Para las que me tienen agregadas al msn o al twitter, pues ya sabían (o más o menos se daban una idea), puesto a que tengo casi todo el mes gritándolo a los cuatro vientos.

Y, como si fuera poco, mi hermano me ha dado el mejor regalo… mi boleto para ir a ver New Moon. No iré al preestreno a las 12:01 como yo lo esperaba, pero el día 19 de noviembre estaré en el cine viendo la película que he esperado todo el año jeje.

Felicidades a Darla Gilmore por ser el review #250. Podrás pasar un fin de semana con tu vampiro y/o lobo favorito ;D

Ahora, regresando al capítulo, ¿qué les pareció? ¿Acaso esperaban todo eso? Ya ven que Ethan no es nada malo, solo quiere cumplir también con su parte para poder ser libre y poder casarse con Hellen (por cierto, me basé en mi querida amiga Elena para este personaje. Gracias a ella por todo lo que sé de la saga. ¡Hellen Cullen rules!).

Ya viene lo importante, ¿creen que Cayo logrará su cometido? ¿llegarán los Cullen a tiempo para evitar esto? *música de suspenso*

Lo averiguarán el próximo lunes 9 de noviembre (regresamos a las actualizaciones los lunes. Hoy porque es una fecha especial jeje). Así que, el domingo les mando sus adelantos. Ya saben, si no tienen cuenta, pídanmela por correo.

Y mi twitter /c_ linan por si desean agregarme. Por cierto, saluditos a las niñas del grupo fanfiction en el Twitter jeje. Son amor y platico con ellas súper genial (y hacemos pijamadas geniales hasta altas horas de la madrugada jojo). Me hicieron un par de regalitos demasiado geniales (los cuales los pueden ver en mi perfil).

Hasta el lunes.

Carliitha Cullen

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