NOTA DE ANABELLA: VARIAS ACLARACIONES ANTES DE QUE COMIENCEN A LEER ESTE CAPITULO. POR DIVERSAS RAZONES HE DECIDIDO QUE ESTE ES EL CAPITULO FINAL...SI LA HISTORIA ESTA KE ES PROBABLEMENTE DE LAS MAS LARGAS KE HE ESCRITO HA LLEGADO A SU FIN. LA VERDAD ES KE SE ESTÁ ALARGANDO MUCHO Y YA NO KIERO KE PASE ESO...PODRIA HABER HECHO DE ESTE CAPITULO UNO MUCHO MÁS EXTENSO, DE LO KE YA DE POR SI ES, Y DIVIDIRLO EN DOS, PERO CREO KE YA SERIA EXCEDERME, AUNQUE TODAVÍA FALTA EL EPÍLOGO. OBVIE ALGUNAS ESCENAS POR FALTA DE INSPIRACIÓN PARA ESCRIBIRLAS, PERO CREO KE CUANDO TERMINEN DE LEER TOOOOODO EL CAPITULO COMPRENDERÁN, ME REFIERO A LAS ESCENAS DE KE ES LO KE LE SUCEDE A HARRY, PERO AL FINAL EL MISMO SE LO DICE A GINNY, ASI KE CREO KE LO ENTENDERÁN BIEN.

DE CUALQUIER MANERA SI HUBO ALGO KE SI ME GUSTO FUE SU RE ENCUENTRO, PORKE LA VERDAD ES KE INTENTE COMO CINCO VERSIONES DIFERENTES Y NINGUNO ME CONVENCIOOOOO...Y CREO KE POR FIN ENCONTRE UNO KE ME HIZO FELIZ :D ESPERO KE TAMBIEN LOS HAGA FELICES A USTEDES. KIERO HACER UN EPILOGO LARGO, TENGO IDEA DE KE ES LO KE KIERO PONER...IGUAL Y ESTARIA PADRE UNA COMPILACION DE LA FAMILIA, ESCENAS CON JAMES, AL Y LILY. SERIA UN BUEN EPILOGO, UNA FORMA DE HACERLO COHERENTE Y NO UN UNIVERSO ALTERNATIVO. EN FIN, PORFAVOR COMENTEEEEN PARA SABER KE KIEREN LEER EN EL EPILOGO.

EL EPILOGO VA A TARDAR UN POCO Y DESDE AHORITA KIERO AGRADECER A TOOOOODA LA GENTE KE HA DEJADO REVIEWS...Y PIENSEN, MIENTRA SMAS RAPIDO DEJEN REVIEWS A ESTE MÁS RAPIDO VOY A SUBIR EL EPILOGO. :D SIENTENSE PORKE ES UN CAPITULO LARGO. ESTOY TRISTE! PENSAR KE EMPECE A ESCRIBIRLO COMO EN 2008 :o y KE LA TRAMA SE ME OCURRIO MUCHO ANTES :O SALUDOS Y ESPERO KE LO DISFRUTEN.

SALUDOS ANABELLA.


Capítulo 25 : Mi Cielo Inglés

Molly Weasley era buena en muchas cosas, era una bruja bastante hábil, buena cocinera, cariñosa, buena esposa y valiente pero si de algo estaba orgullosa era que se jactaba de ser una buena madre. Y si de algo podía estar segura era de que algo le ocurría a su única hija, sabía que todo por lo que había pasado no era algo que tomar a la ligera. Si lo sabía alguien era ella, que había estado muy cerca de perder a un hijo más de una vez durante la guerra, pero sobre todo, que había creído perderla a ella, a su única hija. No deseaba aquella tortura para nadie. Pero por lo menos, y eso era algo que trataba de trasmitirle a su hija, ella tenía una tumba a la cual llorarle, y ella había podido despedirse de su hija, había podido decirle lo mucho que la amaba.

Había algo nuevo en Ginny que todavía no entendía de dónde provenía, Harry llevaba lejos poco más de dos meses y medio, y de acuerdo con Ron, ya no tardaría mucho en regresar. Y Molly anhelaba tanto su regreso, a ver si él podría explicarle ¿qué había poseído a su pobre hija?

"Ginny..." le llamó Molly a su hija, quien estaba ocupada haciendo lo último que creía que ella fuera a hacer alguna vez… ¡estaba tejiendo! Y peor tantito…estaba tejiendo a la muggle. Su hija, que siempre había odiado el tejer, siempre, de niña cuando había intentado enseñarle, nunca había podido lograrlo.

Ginny parecía ida, en sus pensamientos, sus manos moviéndose automáticamente.

"Ginny…"

Nada.

"¡Ginevra Molly Weasley!" exclamó la mujer.

Ginny pegó un brinco ante su nombre completo, se asustó tanto que casi se pincha el dedo.

"¿Qué sucede madre? ¿Tan necesario era sobresaltarme?" se quejó la joven, dejando a un lado su tejido. Molly la miró de cerca había algo…diferente en su hija, algo que no había visto antes en ella, algo que sólo había visto en si misma, varias veces. Notó concretamente dos cosas, algo en su mirada, y la manera en la que las caderas se le ensanchaban, miró a su hija con suspicacia.

"Tu padre no tarda en llegar, estoy algo atrasada con la lasaña ¿me ayudarías?" preguntó, caminando hacia la estufa.

Ginny puso su tejido sobre la mesita céntrica de la sala y siguió a su madre.

Pero fue demasiado para ella, para alguien que espera a un bebé a la mitad del primer trimestre, al ver la pasta preparándose, al ver la cuchara mágicamente moviéndose batiendo la salsa de tomate, sintió aquellas náuseas que tan familiares le habían sido durante aquellas semanas.

Su madre, la miró, pensando en que había hallado el tercer punto importante, náuseas, su hija se puso más pálida que una hoja de papel y la vio correr con ahínco hasta llegar al baño del primer piso; los ojos de Molly destellaron, ahora entendía todo, entendía porque Ginny había llegado por la chimenea en lugar de haberse aparecido, entendía porque le había costado tanto trabajo que su accio funcionara sobre los platos sucios del desayuno.

Cuando Ginny volvió a la cocina, miró a su madre, rogando en sus interiores que su madre no fuera tan astuta, como ella, Ginny creía que lo era. Trató de lanzarle una sonrisa, bastante falsa a su parecer.

"Er…algo del desayuno me cayó mal." Aseguró Ginny.

"Pero cielo si llegaste aquí a las 9 de la mañana, dijiste que no habías desayunado nada." Dijo su madre inocentemente, mientras verificaba que la pasta estuviera en su punto.

"Entonces…"mintió ella rápidamente "Seguro es la cena de anoche, yo creo que me cayó pesada, ya sabes me dio un antojo nocturno…"

"Pero tu jamás haces eso, cariño, odias la comida nocturna sabes que te cae mal." Le rebatió su madre, alzando una ceja, sonriendo sutilmente.

No sé porque presiento que su sonrisa se debe a que ya me descubrió se angustió Ginny.

Decidió no darle a su madre más excusas para que la desmintiera, así que optó por simplemente darse la vuelta y retomar su tejido.

"¿De cuándo acá te gusta tejer?" le preguntó su madre.

Ginny suspiró, a eso si tenía una buena respuesta.

"Le tomé el gusto cuando Aymee nació, mamá, después de todo siempre estuviste empeñada en que aprendiera. Y yo no tenía dinero en ese momento para comprarle ropita." Y era la verdad, y ahora comprendía lo falsas que le salían las mentiras. Pero su verdad había tenido buen efecto, puesto que su madre, al notar el semblante de tristeza de su niña lució algo culpable y omitió seguir por ese lado.

"¿Y para quién tejes, querida?" preguntó tratando de que su preguntara sonara más inofensiva.

"Para Emily…mi sobrina es un sol." Mintió con rapidez, aunque ya había pensado en aquella respuesta, quizá contestó, demasiado rápido.

Una vez que el olor a lasaña inundara el aire, Molly apagó el fuego y le ofreció una taza de té a su hija y otra más para ella misma.

Su hija le agradeció con la mirada y una disimulada sonrisa.

"Cada día te vez mejor, no sabes el gusto que me da." Confesó Molly, mezclando su té con varias cucharaditas de azucar.

"¿Te lo parece? Bueno, supongo que no podía quedarme aturdida para siempre." Dijo Ginny tratando de darle la menor importancia posible.

"¿Y cuándo piensas decírmelo cielo? Sabes que te apoyaré siempre." Le dijo la mujer, súbitamente seria, Ginny palideció y fingió confusión.

"No tengo idea de que me estás hablando mamá…" le dijo Ginny evitando su mirada, comenzó supuestamente a tejer, aunque a juzgar por los hilachos que estaba haciendo se estaba poniendo demasiado nerviosa. Tomó la varita para deshacer los nudos, maldiciendo por lo bajo pero su madre, la tomó de la mano.

"Tu magia está voluble, sólo lo quemarás…" le dijo sacando su propia varita y dejando el tejido perfecto. Ginny suspiró.

"¿Tiene algún caso que lo siga negando ante ti?" preguntó Ginny bajando la mirada, algo desanimada.

Molly le lanzó una sonrisa.

"A decir verdad no, corazón. Lo he vivido yo seis veces y lo he visto en mis nueras, en Hermione, en Fleur, era obvio que podría reconocerlo en mi propia hija." Le dijo con suavidad.

Los ojos de la pelirroja se llenaron de lágrimas.

"De verdad que no sé que es lo que me pasa." Se quejó la pelirroja.

"Sólo estás sensible…¿ya me piensas decir de cuánto estás y por qué lo has estado escondiendo?"

Ginny soltó otro suspiró, se limpió las lágrimas.

"Poco menos de tres meses…ay mamá, perdóname, pero es que yo…la verdad es que estoy tan confundida, después de todo lo que me ha pasado, que te juro mamá que no tengo idea de qué es lo que quiero, ni qué es lo que siento ni mucho menos si estoy preparada para tener un bebé." Molly la atrajo a sus brazos consolándola.

"¿Qué tal que me da otro lapso de locura? ¿Y qué demonios voy a decirle a Harry cuando vuelva?"

"Bueno vamos poco a poco, poco importa que estés preparada o no, vas a tener un bebé y ya es irremediable, y segundo, tu locura transitoria, ahora más que nunca tienes que ser fuerte corazón, tienes que pensar en tu bebé, aunque se que lo de Aymee siempre va a seguir doliendo, pero si hay algún momento en el que puedas salir adelante, créeme, es ahora. Y tercero, a Harry tienes que decirle la verdad, cuanto antes, tiene todo el derecho a saberlo. No te empeñes en complicarte más todo, hija, tu solita te lo haces más lío." Le dijo cariñosamente.

Ginny hipó.

"¿De verdad crees que voy a poder ser una buena mamá después de todo lo que me ha sucedido?" preguntó ella con angustia, sus ojos cafés lucían inmesurablemente tristes.

"Claro que si, y no vuelvas a salirme con otra preguntita de esas, cariño, que eres hija mía. ¿O qué no?" dijo tratando de hacerla reir, la joven lanzo una modesta risita.

Ginny contempló unos minutos sus propios pensamientos, la verdad es que por una parte tenía miedo, miedo de que Harry se enojara con ella, miedo de no ser una buena madre. Pero por otra parte, se dio cuenta de que ya no había razón para sentir miedo. No podía imaginar que quedara algo en el mundo que pudiera darle miedo, la peor tragedia ya le había sucedido, una de las pocas ventajas de haber perdido lo más importante.

"Gracias, mamá." Le murmuró.

Ginny finalmente se dio cuenta de que iba a sobrevivir, estaba alerta, sentía el sufrimiento, aquel vacío doloroso que irradiaba en su pecho y enviaba incontrolables flujos de angustia hacia la cabeza y sus extremidades. Pero podía soportarlo, podía vivir con él. No le parecía que el dolor se hubiera debilitado con el tiempo, sino que, más bien era ella quien se había fortalecido lo suficiente para soportarlo.

El tiempo pasaba, aun cuando pareciera imposible.

Una duda la atormentó, miró a su madre, se clavó en aquellos ojos idénticos que había heredado de ella. Los labios de su mamá se curvearon en una disimulado sonrisa, fue ahí cuando supo que estaban preguntándose exactamente lo mismo.

"¿Qué van a decir mis hermanos cuando se enteren?"


A Ginny le encantaba estar en su vieja habitación en la Madriguera, era mucho más modesta y humilde de lo que era la que tenía en casa, pero le daba calor de hogar, aunque no podía evitar la nostalgia, de pensar que en ese mismo cuarto había escuchado cuando niña, por primera vez, la historia de Harry Potter.

Se había terminado de arreglar, aquella tarde lo confesaría a su familia, tenía que hacerlo ya. No podía seguir ocultando aquella verdad, se acarició cariñosamente el vientre, que le daba la apariencia de tener un pequeño bultito. Se cepilló el cabello, y una vez que había terminado se miró en el espejo que tenía en su cuarto, traía pantalones de mezclilla y un bonito suéter color negro ligeramente flojo y botines, estaba muy sencilla, pero lo que más la sorprendió fue la determinación que vio en sus propios ojos, algo que hacía mucho no distinguía en ellos.

Escuchó a la perfección los gritos de Hermione, que apostaría iban dirigidos para su hijo mayor y para Victoire, podría jurarlo, que últimamente se habían hecho los mejores amigos.

Al escuchar movimiento en la planta baja no pudo evitar estremecerse, sintiendo la angustia en el pecho, las palmas le sudaban, y tenía dolor de estómago de nervios. No podía creer que estuviera tan nerviosa, tuvo que abanicarse con una hoja de pergamino. Iba a salir de su habitación, pero de pronto recordó algo, avanzó hacia su cama nuevamente y tomó su varita, ¿Cómo olvidarla? Cómo deseaba, ahora más que nunca que Harry estuviera a su lado.

Se hizo el cabello pelirrojo para atrás y dejó que este cayera libre en su espalda.

"Aquí vamos." Murmuró enteramente para sí.

Tan pronto como piso la planta baja, una melena rubia se arrojó a sus brazos, Ginny sonrió antes de besar a su pequeña sobrina.

"Victoire…" se quejó Felur escandalizada. "Que forma tan brusca y poco decorosa de saludar a tu tía."

Ginny enrolló la mirada, y le sonrió a la niña, reasegurándole que su madre sólo decía sandeces. Algunas cosas no cambiaban, y no obstante estaba bien obligada a soportar a su cuñada, la antipatía que sentía por Flema era algo invariable. Suspiró.

El resto de los presentes ignoraron el comentario de la rubia olímpicamente.

"Tía Ginny…" escuchó los gritos de Arthur, sonrió y sus sobrino se abrazó a su cintura. Ginny le despeinó el cabello.

"Mi niño, ya escuché los gritos que te ha pegado tu madre desde haya arriba, ¿qué has hecho ahora?" le preguntó risueña.

El niño sólo sonrió más ampliamente.

Ginny no pudo evitar pensar en Aymee con tristeza, lo dichosa que sería su niña si pudiera estar con ellos. Trató de hacer caso omiso del dolor que sintió en el pecho, tratando de aclarar su cabeza.

"Ginny ¿ahora si nos vas a decir para qué estamos aquí?" le preguntó Charlie sonriendo, sorprendiendo a su hermana menor dándole una flor color blanca.

Ginny le dio una sonrisa de agradecimiento y su hermano lo abrazó, de todos, era al que menos frecuentemente veía, sus dragones en Rumania lo tenía tremendamente ocupado, no lo había vuelto haber desde el entierro de Aymee.

"Sólo te diré que es una muy buena razón para que hayas dejado a los dragones un tiempo, se que es un gran esfuerzo para ti." Le dijo la pelirroja.

Su hermano le sonrió.

"Ya sabes, que ellos ocupan el primer lugar en mi corazón." Le dijo burlón. Ginny le dio un pisotón y luego alzó la ceja. "Sólo bromeaba hermanita, Merlín, todos hablaban en serio cuando decían que estabas más…temperamental."

Ella enrolló la mirada.

"Ginnykins…" escuchó detrás de ella, se volvió hacia Fred que le sonreía, ocultaba algo, estaba segura.

"Tenemos algo para ti." Volvió a escuchar detrás de ella, volviéndose hacia George.

"No hagan eso…" dijo molesta cruzándose de brazos. "Espera…¿dijiste que tenían algo para mí?" preguntó impaciente, ambos se pusieron frente a ella sonriendo. "Espero, algo se traen entre manos a mí no me timan…si es algo que me haga alguna broma a mí de mal gusto…tengan por seguro que…" estaba apunto de terminar de amenazarlos con un como moco murciélago, pero sus palabras se acallaron cuando George le extendió en la palma de su mano un pequeño animalito, un Soplido Pigmeo.

La cara de Ginny se enterneció inmediatamente recordando a Arnold, quien había huido durante plena última batalla, como olvidarlo. Adoraba a esa mascota. Se quedó sin habla.

"¿Y bien?" le preguntó Fred.

"Mamá, yo quiero uno así…" escuchó a Victoire antes de que Fleur hiciera una exclamación de asco.

Ginny sonrió y tomó a su nueva mascota entre sus manos.

"No sé que decir, esto es lo más lindo que han hecho por mi últimamente…¿Seguros que no tiene un as bajo la manga?" preguntó aún desconfiada.

Y esto lo hizo, desencadenó todo un drama por parte de los gemelos.

"Paren de ser melodramáticos, claro que se que tienen un buen corazón….en el fondo…" dijo ella sonriendo, acariciando a su animalito. "Te llamaré…" dijo meditando momentáneamente "Celso." Dijo sonriendo.

Hermione rió y los gemelos la miraron como si estuviera loca.

"¿Qué clase de nombre es ese?"

"Celsito…es tierno." Dijo sonriendo. "Gracias chicos." Ambos la abrazaron.

Metió al pequeño animalito en la jaula que acompañaba su regalo, haciéndole un último cariño.

"¿No estás media mayorcita ya para tener mascotas?" preguntó su hermano mayor Bill. Le abrió los brazos esperando un abrazo, ella acudió a su llamado y lo abrazó con fuerza.

"Cálmate anciano." Le dijo sarcásticamente antes de sonreírle.

Los miró a todos, a sus cuatro hermanos…momento, Charlie, Fred y George y Bill. ¿Sólo cuatro? Le faltaban dos, bueno Percy no cuenta.

"¿En dónde está Ron?" preguntó volviéndose hacia su cuñada. Hermione que tenía a su hija en sus brazos iba a contestarle, pero en eso, la chimenea resonó con una nueva llegada.

"Ya llegó por quien lloraban." Vociferó Ron. Hermione enrolló la mirada disimulando su sonrisa. El acudió a su lado y besó a sus hijos en la frente antes de darle un largo beso a su mujer, ganándose chiflidos por parte de los gemelos.

Hermione lo separó ruborizada.

"Envidiosos." Les dijo Ron por lo bajo.

Miró a Ginny y le dio un beso en la mejilla, su hermanita menor le sonrió.

"Enana ¿cómo te sientes?" le preguntó cariñosamente.

Ella mintió con rapidez. "Muy bien. Pero justo te estábamos esperando….tengo cosas importantes que decirles." Murmuró débilmente, suspirando con nerviosismo.

Ron la miró de arriba abajo, fijándose en su vientre, recordando las palabras de su mujer, Hermione le dio un codazo para que dejare de ser tan obvio, lanzándole una mirada de advertencia. Ron se hizo el disimulado. Ginny se dio cuenta del intercambio, de cualquier manera ya iba a decírselos.

La pelirroja se aclaró la garganta, sus nervios estaban en un estado crítico, ay no quería por ningún concepto perder el cariño de sus hermanos, después de tantas atenciones que habían tenido con ella.

"¿Voy a perderme de algo, hijita?" le preguntó su padre caminando hacia ella. Ginny suspiró, miró a su madre del otro lado de la sala que tenía lágrimas en los ojos y asintió tratando de inspirarle confianza.

"Yo…" murmuró Ginny, sus propios ojos chocolate se llenaron de lágrimas. "Por favor…yo fui a San Mungo y tuve bueno…tuvo un chequeo y…." No podía decirlo, maldición, todos tenían la angustia pintada en el rostro, y Ron estaba rojo.

"¿Pero qué es lo que tienes?" le preguntó Bill.

Hermione tenía a Ron fuertemente sujeto del brazo.

"Si hija….¿qué es lo que te pasa?" intercedió su padre lleno de preocupación, aproximándose a su hija. Inconscientemente Ginny acarició su vientre, dejando ver, para alguien observador el pequeño bulto en el.

Ron dio varios pasos para adelante.

"PERO ES QUE NO SE DAN CUENTA…" Gritó Ron, soltándose de su mujer.

Hermione se tapó el rostro. Ginny bajó la mirada. Todos los presentes miraban a Ron y a Ginny con ansias.

Hermione llevó a los niños al jardín, tratando de pasar lo más disimuladamente. Ginny le lanzó una mirada de auxilio y su amiga sólo le sonrió tratando de decirle que ella estaría ahí cuando la necesitara, ella y los niños salieron al jardín.

"¿De qué se trata esto?" preguntó su padre poniéndose mucho más serio.

"¿PERO ES QUE NO PIENSAS GINNY? ¿CÓMO PUDISTE NO HABER TENIDO CUIDADO? ¿CÓMO DEMONIOS LO DEJASTE IR ANTE ESTA SITUACIÓN?" Dijo su hermano enfurecido.

"Ya basta, Ron. Dinos qué es lo que está sucediendo." Le impuso Bill.

"Estoy embarazada." Fue Ginny la que respondió solemnemente, mirando a todos fijamente. Ya no había lágrimas en sus ojos cafés chocolate, sino que ahora sólo se acariciaba el vientre. "Voy a tener un bebé de Harry."

Charlie se quedó en shock, completamente sin habla, mientras que Bill arremetió palabrotas ante las cuales su mujer lució escandalizada, los gemelos miraban la escena con muecas divertidas y Ron….bueno Ron estaba siendo Ron.

Estaba luchando por ponerse bien la capa.

"Si los malditos alemanes no lo matan….voy a matarlo yo." Murmuró incoherentemente.

Ginny enrolló la mirada trató de acercarse a su hermano que la miró severamente.

"¿Por qué no pensaste bien las cosas, Ginny? Mira como está la situación entre ustedes y salen con esto. No tiene nombre." Se quejó el pelirrojo, aproximándose a la chimenea.

"¿Pero a dónde crees que vas?" preguntó la pelirroja siguiéndolo, había sacado la varita, sabía que la necesitaría.

"A la bendita capital alemana para traer a ese zoquete de vuelta…" se quejó Ron. "Para que me de un par de explicaciones."

"Ron, hijo, ya basta." Se escuchó la voz severa de su padre. Su madre había puesto sus manos sobre sus caderas viéndolo desafiantemente. Arthur se acercó a su hija y la abrazó, Ginny suspiró con tranquilidad, teniendo a su papá de su lado, ¿qué podría salir mal? Le dio un beso en la frente.

"Estoy tan feliz por ti, hija." Sus ojos azules no mostraban para nada furia, todo lo contrario le sonrio.

Bill comenzó a protestar pero Arthur lo silenció.

"Ya es suficiente…" dijo con severidad. "Si cualquiera de ustedes…" dijo mirando sobre todo a Ron y a Bill "se atreven a darle problema a su hermana o a Harry van a tener que rendirme cuentas a mí."

"¿Está claro?" cuestionó.

Bill asintió.

"Ron…" dijo Molly. "Por favor hijo, te advierto que si vas a algún lado en contra de los deseos de tu hermana, yo te retiro el habla. ¿Es eso lo que quieres?"

Ginny miró a sus padres con inmensa gratitud.

Ron se puso rojo de coraje y miró a su hermana con enojo. Pero finalmente asintió suspirando.

"Bien." Dijo de mala gana. "Pero Ginevra tiene que pedirle a Potter que vuelva, y tiene que hacerlo ya." Dijo mirando a su hermana, uy pensó Ginny, ya cuando Ron comenzaba a referirse a ella con su nombre completo y a Harry por su apellido, es que de verdad estaba enfadado.

"Todavía no sé bien que voy a hacer, Ron, todavía no sé si ya es tiempo de escribirle o…"

"¿Y cuándo va a ser tiempo? ¿Cuándo tu hijo vaya a Hogwarts?" dijo furioso.

Ginny ni le miró, no iba si quiera a dignarse a contestarle a su hermano, no cuando estaba en tal estado, jugaba con su varita, que ganas de hechizarlo.

"Yo estoy de acuerdo con Ron…" comenzó Bill.

"OI" se quejó Ginny, gruesas lágrimas cayendo por su rostro.

"¿Bueno en dónde quedó el acuerdo que hicimos?" dijo su madre enfadada. Acudiendo a lado de su hija, abrazándola.

Bill y Ron estaban callados.

Nadie se había dado cuenta que mientras los niños seguían persiguiendo a los gnomos de jardín, Hermione ya estaba en la sala. Miró con enojo a su marido.

"Ron está en problemas…" se burló George.

Fred soltó una carcajada.

"No me queda claro por qué estamos discutiendo sobre de esto, no es cómo que sea la primera vez que Harry hace de las suyas…" dijo Fred cruzándose de brazos. "No veo porque ahora tenemos que ir a cazarlo…además me cae muy bien."

"Estoy de acuerdo contigo hermano." Le dijo George. "Sería una pena perder a nuestro socio."

"Pero es la primera vez que tengo la oportunidad de romperle la cara…" murmuró Ron. Pero fue silenciado por la mirada de Hermione.

"Ron y yo nos vamos a casa." Se quejó Hermione. Ron la miró con incredulidad pero la mirada de determinación en su mujer era indicativo de que no estaba bromeando y PEOR de que estaba en problemas. La miró angustiado. Sus hermanos lo miraban divertidos.

"Pero Hermione…" se quejó el pelirrojo.

"He dicho que nos vamos." Dijo con decisión su mujer. "Voy por Arthur."

Antes de irse se dirigió a Ginny y la abrazó, la pelirroja sonrió.

"Estoy tan contenta por ti, amiga, cuestas con todo mi apoyo…" le dijo sonriendo, y le murmuró al oído "No te preocupes por tu hermano, que yo lo mantengo a la raya."

Ginny rió, tratando de convencerse a sí misma de que todo podría haber salido peor, de que todo iba pronto a mejorar y de que Harry iba a volver pronto a su lado.


Un par de días después Ginny estaba en casa de Hermione, tomando el té, le hacía tanto bien estar junto a su mejor amiga, preguntarle cosas, pedirle consejos, era el apoyo que necesitaba, sobre todo porque era la única persona que no la acosaba preguntándole si ya le había escrito a Harry.

No, todavía no lo había hecho.

No tenía idea del por qué, cuando él querría saber lo que estaba sucediendo y cuando lo echaba tanto de menos. Se acarició el vientre con suavidad, sonriendo.

"Es la primera vez en mucho tiempo que te veo con algo de paz." Le comentó su mejor amiga, dando un sorbo a su té.

Ginny reflexionó antes de contestarle.

"Bueno es que yo…no sé, este bebé, ha sido totalmente inesperado, pero la verdad es que poco a poco me ha devuelto la ilusión de seguir adelante, de pensar que existe la posibilidad de que quizá en un futuro yo pueda volver a sentirme feliz." Se quedó pensativa la pelirroja abrazándose a sí misma.

"Sabes que no quiero presionarte Ginny porque se que todo el mundo lo está haciendo pero ¿cuándo piensas…." Comenzó la castaña pero tal y como temía, los ojos de Ginny la miraron con algo de enojo y desesperación.

"Oh no…¿tu también?" se quejó la pelirroja.

"Lo hago porque creo que es lo mejor, mira Gin, de verdad…él querría saber, lo conoces tan bien como yo, y tu necesitas su apoyo ahora más que nunca, no eres una super heroína como para cargar con esto tu sola más tiempo. ¿Qué es lo que te impide escribirle?" preguntó Hermione mirándola esperando que su amiga pudiese finalmente confiar en ella.

"Yo…" comenzó Ginny, mirando a su regazo, bajando la mirada. Lo sabía y lo sabía bien, en el fondo se reducía a sus inseguridades. "Temo de su reacción, se que él me quiere ¿pero qué tal sino quiere a este bebé, Hermione? Ya tengo tres meses, ¿qué tal que me dice que quiere dejarme? No es como que las cosas entre nosotros hayan estado tan bien." Dijo resignada. "Y temo que una vez que yo le escriba, todo termine." Dijo con tristeza.

"Mira Ginny" dijo Hermione sonriéndole "Mi amigo Harry será muchas cosas, a veces arrogante, con ese irritante complejo de héroe, siempre queriéndose sacrificar por los demás, demasiado confiado en lo que él hace y cree que siempre va a estar ahí para salvar el día. Pero Ginny, de lo que si estoy segura es que él te adora, te adora como yo jamás he visto a ninguna otra pareja, tu viste la piltrafa humana que era cuando estabas desaparecida, él nunca aceptó tu muerte a pesar de los hechos, él sabía que tu estabas viva, lo sentía. ¿Cómo crees que te dejaría? Yo creo que te equivocas." Le dijo su amiga con sinceridad, a veces Ginny podía ser tan terca.

Ginny suspiró, sabía que Hermione tenía razón, pero por otra aparte no podía evitar sentir desconfianza, era parte de sí, hacía mucho que no se sentía digna de Harry, caray, había fallado en proteger a su hija, Aymee estaba muerta por culpa suya, y por si no fuera poco, le había hecho la vida imposible durante meses, y él sólo ponía la otra mejilla, no era remarcadamente hermosa, no había nada de especial en ella, y toda la alegría, la simpatía que podrían haberlo atraído hacia ella, ya no existía. Ella era otra persona ¿por qué se quedaría con ella? ¿por qué elegiría una vida a su lado cuando estaba claro que sólo eran capaces de causar destrozos estando juntos?

"Oye Hermione, ¿no estás muy tranquila? Es decir ¿no tienes que ir por Arthur?" preguntó Ginny pensativa.

Hermione sonrió como si hubiera hecho una travesura.

"Emily está con mi madre, me dijo que quería pasar un tiempo con su nieta y respecto a Arthur…Ron tiene que recogerlo de ahora en adelante hasta nuevo aviso." Dijo mirándose las uñas sonriendo.

"¿Y eso por qué?"

"Es parte del castigo de Ron, junto con el hecho de que ahora duerme en el sofá y además tiene que lavar los platos de la cena." Le dijo la castaña y Ginny soltó una carcajada.

"¿Y el permite que abuses de esa manera?"

"Pues es eso, o me voy a la casa de mis padres, y sabe que cuando hago ese tipo de berrinches, le toma meses contentarme, así que…prefiere obedecer y esperar para que la furia se me pase en unas semanas." Dijo ella poniéndose de pie, llevando las cosas al fregadero, las tazas junto a la tetera.

"Pobrecillo."

"Eso le pasa por ponerse loco contigo, ¿quién le manda a ser tan irracional? Mira que su estúpida idea de ir a buscar a Harry y decirle lo que está pasando, con un par de golpes antes…es una estupidez. Sobre todo porque es decisión tuya y tu hermano no tiene ningún derecho." Dijo Hermione mirándola con comprensión.

Ginny tuvo una sensación enorme de gratitud.

"Además aunque no lo creas también lo hago por su bien, si se le ocurre hacer semejante cosa e irse a golpes con Harry, ya sabemos cómo le va a ir, eso sin contar que tus padres también se enfadarían muchísimo."

"Y te olvidas de mi mocomurciélago." Le recordó a su cuñado.

Hermione rió.

Todo ello quedó en el olvido cuando se escuchó la voz de Ron que estaba afuera de la casa, se había aparecido con su hijo afuera y parecía que le regañaba.

"Arthur ¿pero cómo se te ocurrió? Espera a que tu madre se entere." Se escuchaba furioso, abrió la puerta de la casa, y Arthur entró, completamente cubierto de pintura.

Su cabello rojo estaba azul, su carita tenía manchas color amarillas y su pantalones y camisa tenían mezclas de manchas verdes, rojas y moradas.

A Hermione casi le da un ataque.

"Pero ¿qué paso? Explícame esto ahora mismo." Dijo enojadísima.

Ginny no sabía si marcharse de la discusión familiar o quedarse en dónde estaba.

"A tu hijo se le ocurrió iniciar una guerra de pinturas en la guardería." Dijo Ron sin pizca de humor. "La Señorita Clearwater esta enfadadísima, no quiere que se le ocurra volver en la siguiente semana, está suspendido."

Hermione se talló a cara.

"Pero mamá…." Comenzó Arthur.

Ella señaló la escalera.

"Ni media palabra Arthur, quiero que te marches a lavarte en este instante y a ponerte pijama, cenarás arriba en tu cuarto y nada de volar esta semana." Dijo enojadísisma.

Esto si hizo que a Arthur se le parara el corazón.

"¿Nada de volar? NOOO" Se quejó el niño cruzando sus bracitos.

"¿Quieres que sean dos semanas?" le preguntó furiosa su madre.

Arthur decidió quedarse callado bajó la mirada y echó a andar a asearse murmurando una sarta de berrinches.

Ron lo iba a seguir disimuladamente, pero Hermione se aclaró la garganta.

"¿No hay algo que tienes que decirle a Ginny?" murmuró Hermione severamente, estaban enfadados, y Ginny se apenó al saber que él era la causa.

Ron suspiró.

"¿Y qué sino quiero hacerlo?" refutó Ron enfadado.

"¿Cuánto tiempo más quieres dormir en el sofá, querido?" dijo Hermione muy molesta.

Ron volvió a suspirar, definitivamente no quería seguir durmiendo en el sofá por mucho tiempo, Hermione apenas y dejaba que se le acercara, y por otra parte…pedirle perdón a Ginny, pues no era tan malo, ya no estaba tan enfadado, lo que pasaba era que lo único que estaba severamente dañado era su orgullo.

Suspiró y caminó hasta quedar en frente de Ginny.

"Te pido que me disculpes, Ginevra…"

Hermione se aclaró la garganta otra vez.

"Te pido que me perdones Ginny…" lo arregló él mirando mal a su mujer, "Se que lo que hice no estuvo bien, se que fue estúpido, egoísta y machista de mi parte, y te prometo que no voy a interferir otra vez en tu relación con el idiota de…"

Hermione volvió a aclararse la garganta y le lanzó una mirada fulminante.

"Perdón…" corrigió él "No vuelvo a interferir en tu relación con Harry."

Suspiró como si esas palabras le hubiera costado todo el trabajo del mundo.

Ginny sonrió y suspiró, ¿algún día su hermano crecería?

"Te perdono." Le contestó la pelirroja

Su hermano le sonrió.

"Tengo algo para ti…" dijo Ron, sacando algo de su capa que Ginny distinguió como un sobre, parecía una carta, en el sobre estaba escrito su nombre y su estómago dio un vuelco cuando se dio cuenta de que era la letra desordenada de Harry.

Ella tomó la carta que su hermano le ofrecía.

"Pero creí que él no podía escribirme…" dijo la pelirroja un poco molesta, tres meses de haberse ido y la primera carta que recibía.

"Esta la envió de contrabando, no pienses mal, me alertó que yo recibiera la siguiente carta que enviara al Ministerio, para Kingsley, y bueno encogió la tuya y la metió dentro del sobre." Le explicó pacientemente.

"Entiendo." Aseguró Ginny, las manos le temblaban, acarició la carta y sonrió.

"Debes pedirle que vuelva, por tu propio bien." Comenzó su hermano, Ginny enrolló la mirada.

"Sólo dame un par de semanas." Pidió la pelirroja. "Por favor, Ron, él se fue porque necesitábamos tiempo, y si yo no le he escrito es porque todavía no me siento lista…" explicó ella.

"Yo creo que ya lo estás, enana, ya dejarás de tratarlo mal…."

"Pues a juzgar por las circunstancias, yo creo que no lo trataba tan mal." Dijo Hermione riendo.

Ginny se puso rojísima y le gritó "HERMIONE" molesta.

Ron parecía que iba a vomitar en cualquier momento y puso cara de asco.

Hermione rió y enrolló la mirada.

"Ya debo irme" dijo Ginny sonriendo, apegando el sobre contra su pecho, impaciente por leerlo. "Todavía tengo que escribir un artículo que tengo pendiente."

"De acuerdo…" accedió su cuñada. "¿Hay algo que mi maridito pueda hacer por ti antes de que te vayas?" dijo sonriendo maquiavélicamente.

Ron la miró con cara de pocos amigos.

Ginny contempló las posibilidades.

"Ahora que lo pienso ¿podrías por favor llevarme a casa un cono de helado de chocolate con menta?" dijo poniendo cara de súplica. "Es que tengo este terrible antojo y yo…ya no estoy para andando a trotes a Hogsmeade a la heladería."

Ron meditó el asunto. Su mujer le miró insistentemente.

Ron suspiró.

"De acuerdo, pero ni creas que voy a estar consiguiendo tus caprichitos, Ginny, te lo advierto, ya suficiente he cargado yo con los de Hermione." Dijo y Hermione lo miró ofendida "Así que más vale que vayas pidiéndole a Harry que regrese o pensando en hacer un sorteo para ver a quien le toca seguir con esto."


Ginny hizo lo que había acordado, fue a casa, la carta de Harry le quemaba la mano, se propuso hacer primero el trabajo que tenía que hacer, luego relajarse y leerla, pero a quien quería engañar, tan pronto como su delicioso helado llegó a casa optó por abrir la carta. Su corazón palpitaba con fuerza de la emoción, era la primera noticia que tenía de él en meses. Tuvo un deja vu, pensó con ironía en que ya había vivido exactamente el mismo sentimiento, cuando el se fue a terminar con Voldemort.

Mi querida Ginny,

No sabes lo mucho que te extraño, las maletas que he tenido que deshacer esta vez han sido las mías, pues mis pies todo lo que quieren es volver hacia ti. Te he echado tanto de menos princesa, no sabes cuánto, a veces todo lo que deseo es mandar todo al demonio y pedirte, suplicarte que estés lista ya, para que podamos estar juntos de una buena vez.

Por lo pronto estoy en una pieza, me ha dicho Ron que tu también has mejorado, que cada día te ve un poquito mejor, no sabes el gusto que me da y lo mucho que quisiera verlo por mí mismo. Pienso mandar esto al demonio en un mes o quizá un poquito más, pronto iremos hacia el Reino Unido, y de ahí, pase lo que pase yo quiero ir contigo. Me decepciona mucho que no me hayas escrito, pero lo entiendo, entiendo que sabes que yo no podré escribir de vuelta. Mi Ginny, no sabes lo mucho que te amo, cada vez que recuerdo lo última noche que pasamos juntos, quisiera aparecerme ahí, para decirte en persona lo especial que eres para mi y por qué creo que siempre debemos de estar juntos, porque tu ya eres una parte muy importante de mi.

H.J. Potter

Ginny suspiró y releyó la carta una y otra vez, eran pocas líneas, pero a la vez le trajeron un consuelo que se dio cuenta hace mucho que necesitaba. Ella también lo extrañaba, lo extrañaba muchísimo. Tenía que pedirle que volviera, que regresara a ella, o si no, iba a volverse loca.

Tomó pluma y pergamino, ¿pero qué le iba a escribir? ¿qué podía escribirle? Harry por favor, vuelve porque estoy embarazada…

No nada, sonaba bien. ¿Qué tal que el no querría volver? Tenía tanto miedo de que él no la quisiera ni a ella ni a su bebé.

Suspiró, se comió otra cucharada de su helado favorito, saboreándolo por completo.

Harry:

Yo también te echo muchísimo de menos, no sabes cuanto. Quisiera que estuvieras aquí a mi lado. ¿Mi amor en dónde estás? Como único medio que tengo de contactarte te escribo. Ya empecé a contar los días y luego los meses, desde que te fuiste, ahora si ya no cuento con nada más que la esperanza de que vuelvas pronto.

Se que hemos perdido mucho que nunca nos será devuelto. Nunca voy a sanar por completo de la muerte de nuestra hija y de todo el tiempo que ya perdimos. Todo lo que podemos hacer es aprender del pasado y hacer las paces con el.

Y si, esta es la carta que tanto has esperado, es la carta por la que te pido que si estás peleando dejes de pelear, si estás luchando deja de luchar. Regresa a mí. Regresa a mi es lo único que te pido y lo único que te suplico.

G.M. Weasley

Cuidadosamente dobló el pergamino y lo metió en un sobre, lo selló y escribió en el sobre el nombre de su destinatario, le dio un beso a la carta, al día siguiente se la daría a su hermano sin demora.


Así que Harry recibió su carta, estaba tan feliz después de por fin haber tenido noticias de su Ginny, la echaba tanto de menos que comenzaba a darse cuenta de lo estúpido que era no poder mandarlo todo derechito al infierno e ir junto a ella.

Ella finalmente le había pedido que volviera. Él la verdad es que estaba harto, echaba de menos Inglaterra, aunque ahora por lo menos ya iba con destino a Escocia, en una semana estaría en Edimburgo.

Y si Ginny le había pedido que volviera entonces eso era lo que iba a hacer, el viaje en tren era abrumador, pero al menos había tenido tiempo de pensar, pero ya había tomado su decisión y ya había notificado su renuncia.

Tan pronto como llegara a Edimburgo bajaría del bendito tren y se marcharía a Inglaterra, no seguiría dándole vueltas al asunto.

Había algo que le había llamado la atención, la conversación que había tenido con su mejor amigo…el pelirrojo estaba raro con él, y hasta algo enfadado. Y Harry había aprendido a identificar con precisión cuando su mejor amigo quería partirle la cara.

Y aquella era una de esas ocasiones, aun cuando la conversación que tuvieron por red floo fue de unos cuantos minutos.

Ginny se escuchaba verdaderamente desesperada porque el volviera, se lo suplicaba. Eso lo hubiera preocupado sino fuera porque Ron le había jurado solemnemente que Ginny se encontraba bien, que sólo lo echaba mucho de menos pero que como había estado en aquellos meses, iba en mejoría. Aunque Harry deseaba ver aquello, deseaba verlo con sus propios ojos.

No era que el jefe del escuadrón de aurores alemán hubiera estado complacido con la decisión de Harry, pero no tenía más que aceptarlo. Lo único que unía a Harry con aquella misión era ese deber de reciprocidad internacional que tenían, pero tampoco es como que Harry pudiera hacer más por ellos. Así que con el debido agradecimiento accedió a dejarlo ir cuando llegaran a acampar en Edimburgo.

Jamás se había sentido así, con tal necesidad y desesperación de volver a Inglaterra, y no era precisamente porque fuera un patriota, era la mujer que lo esperaba ahí lo que lo estaba enloqueciendo por volver a casa.


Habían pasado ya como dos semanas desde que había enviado la carta, Ron le había dicho que no se preocupara, que la cosa no iba a ser instantánea, que Harry tendría varias cosas que hacer antes de poder volver, así que no fuera impaciente.

Pero a Ginny no le gustaba para nada no haber recibido noticias de Harry, y la noche anterior había tenido una horrible pesadilla, había algo que la molestaba, un mal presentimiento.

Trató de eliminar ese malestar, aquel día estaba nublado, no que fuera raro en Inglaterra, suspiró, pero a decir verdad era junio, ya era de esperarse que hubiera aunque fuera un poquito de sol.

La verdad es que su embarazo iba viento en popa, aquellas dos semanas la había empleado yendo a comprar ropa de maternidad y cositas para su bebé, ropita y cosas para el cuarto. Hermione le dijo que estaba siendo absurda que aún faltaban varios meses, pero al verdad es que Ginny se entretenía sobre manera haciéndolo, además no veía por qué no. En todos aquellos meses difícilmente había tomado dinero de la cámara de Harry, más bien sobrevivía con su trabajo, así que no vio ningún problema empleando algo de ese dinero.

Terminó de tomar el té del almuerzo, estaba angustiada porque por la mañana había recibido una carta de su cuñada, pidiéndole que fuera a casa, que Ron y ella tenían una noticia muy importante que darle.

¿Era indicativo de que tenía que asustarse? Ciertamente no lo sabía por el bendito mal presentimiento no la dejaba tranquila.

Así que sin haber probado bocado, lo que era bastante raro en ella últimamente, fue para casa de su cuñada y lo que vio la dejó todavía más preocupada.

"¿Hermione estás llorando?" preguntó Ginny recién se había aparecido en casa de los Weasley.

"Ginny…." Dijo Hermione limpiándose con rapidez las lágrimas con las mangas de la capa. Su hermano Ron estaba sentado junto a ella, con una expresión de seriedad que era rara en él.

Fue muy claro para Ginny: Algo mal estaba sucediendo.

"Hermanita…iba a ir a buscarte justamente, tenemos que hablar." Le dijo su hermano, levantándose para darle un beso en la mejilla y luego sentándola en el sofá.

Cada minuto que pasaba, menos le daba buena espina a la pelirroja.

"Por favor, habla ya, no importa lo que sea que tengas que decirme, dilo ya." Murmuró la pelirroja, abrazándose a sí misma, protegiendo su vientre que día con día estaba poco más voluminoso. Sus ojos castaños se estaban nublando.

Ron se aclaró la garganta.

"Anoche el Ministerio recibió un informe. Parece ser que Harry y los aurores alemanes ya estaban en Escocia, pero algo malo pasó porque el tren en el que viajaban…Ginny….." la voz se le cortó. "El tren en el que viajaban explotó." Dijo sus ojos azules mostraron una gran tristeza.

Ginny derramó un par de lágrimas y bajó la mirada.

"¿Harry?" preguntó Ginny ansiosa, su voz era tranquila, era como si estuviera en un estado de shock. Nadie le contestó. "¿Harry?"

"Nadie sobrevivió al accidente Ginny, lo lamento." Le dijo su hermano.

Ginny sollozó, sintió como Hermione la abrazaba, Ginny quería pensar que todo aquello era un sueño, que nada era real, que era una pesadilla una pesadilla de la cual despertaría, que despertaría para encontrar que Harry ya iba hacia ella.

"Quiero verlo…"

"Ginny, por favor…"

Ginny negó la cabeza.

"Ron, si me dices que está muerto lo acepto, pero quiero verlo primero. Quiero ver su cuerpo, aún si es necesario que me lleves a la maldita Alemania, ¡no me importa! Necesito verlo…" diciendo esto último en un susurro, se había puesto de pie y había comenzado a caminar alrededor de la sala.

Ron soltó un suspiro. Miró a su mujer quien asintió.

"No encuentra su cuerpo Ginny, pero hay muchos cuerpos dañados por la explosión…sin embargo han logrado identificar casi a todos, lo siento mucho hermanita." Le dijo su hermano.

Pero la mirada de Ginny mostró algo de esperanza en sus ojos.

"Él no está muerto."

Su cuñada y su hermano la vieron como si hubiera perdido el juicio.

"Ginny…." Insistió Hermione.

"No, él no está muerto." Replicó ella. "¿Es que acaso no lo ven? Él me prometió qe volvería, que no me dejaría. Y ustedes no lo han hallado…y yo digo que está vivo…lo siento…lo presiento, él está con vida."

"Lo siento Ginny, pero las posibilidades son….remotas, la explosión fue de altas magnitudes, la posibilidad de que hubiera sobrevivido…"

"¿Y qué sino subió al tren?" preguntó ella, sus ojos brillando con un ápice de demencia.

Ron se talló los ojos azules exasperado.

"Lo siento Ginny….no sabes cuanto, él era mi mejor amigo…y tienes que aceptarlo, en cuanto nos entreguen su cuerpo…"

"MALDITA SEA RON! HARRY ESTÁ VIVO…" le gritó ella enfurecida, sus lágrimas eran de furia, de impotencia. Ron la miró con cansancio. "Cuando él les dijo que yo estaba con vida ustedes eligieron no creerle…y mira lo que ha sucedido, pues ahora soy yo la que se resiste a creer que él me haya dejado. Porque Ron, él me juró que volvería por mi, me lo prometió. No puede estar muerto…" su voz se cortó en un sollozo de dolor. Hermione la abrazó y sintió que ella se le desmoronaba.

Ron acudió a su auxilio y la acostaron en el sofá.

Gruesas lágrimas cayeron sobre el rostro pálido de la pelirroja y se las limpió con la manga de la capa.

"Él está vivo, Ron." Le sostuvo a su hermano. "Por favor, no le creíste a él hace años, créeme ahora a mi por favor. Por favor…sino vas a buscarlo tu a la maldita escocia o a donde sea necesario…lo haré yo Ron."

Hermione miró a Ron muy preocupada. Lo tomó del ante brazo y lo llevó para el otro lado del sofá, los sollozos de Ginny podían escucharse.

"Ella tiene punto, mi amor, hace años no le creímos a Harry porque no tuvimos fe…." Le dijo la castaña.

Ron enrolló la mirada.

"Las cosas ahora son diferentes, son circunstancias diferentes, Harry iba en ese maldito tren, no había razón para que no estuviera en él…maldición Hermione. ¿Tu crees que a mi no me duele? Perder a mi mejor amigo, y ver a mi hermana en ese estado…y embarazada. ¿Tu crees que yo no daría lo que fuera para cambiarlo todo?" dijo el pelirrojo sus ojos azules estaban enrojecidos.

Hermione suspiró.

"Yo nunca tuve fe en Harry, y ahora…se lo debemos Ron, le debemos un intento. Convence a Kingsley de que te deje ir a Escocia a buscarlo por tu cuenta…sino sabes que tu hermana irá a buscarlo y en su estado….no creo que dejarías que ella hiciera algo así."

Ron reflexionó apoyado en la pared, viendo como su hermana estaba sumergida en sus pensamientos aunque ya no habían lágrimas en sus ojos castaños.

"Pero es que…"

"Fe, Ron. Se los debemos, a ambos." Trató de persuadir Hermione.

Ron se quedó unos minutos callado y luego después de un profundo suspiro, asintió.

"Bien" se acercó a su hermana lentamente. "Voy a buscarlo y te juro Ginny que no voy a regresar hasta que lo encuentre, hasta que encuentre su cuerpo o lo encuentre con vida." Le dijo son seguridad.

"¿Lo prometes le dijo Ginny?"

"Te lo prometo."

Ginny estaba convencida de que él seguía con vida, estaba segura y no iba a empezar a llorarlo, no todavía.


Tres Semanas después...

Ginny entró a casa y dejó su capa en el perchero, miró con una sonrisa fantasmal la ecografía que le acababan de entregar en San Mungo, no pudo evitar que sus ojos cafés se llenaran de lágrimas. Como deseaba que Harry hubiera podido vivir eso con ella ¿por qué todo era tan injusto? ¿por qué el destino se empeñaba en separarlos? Acarició la ecografía y la dejó en la mesita de la entrada junto con sus estudios, suspiró. Era muy posible que su bebé naciera en Navidad, sería una navidad triste si Harry no estaba con ella. Se acercó a la heladera y vio que dentro estaba su helado favorito sonrió, por lo menos sus hermanos se preocupaban a tal grado por ella que no tenía que ir sola a conseguirse sus antojos, no estaba del todo sola.

Lo que le había dicho Ron la había descolocado, Harry no podía estar muerto, se trataba de recordar día con día. Ya habían pasado dos semanas más desde el accidente, y todavía no encontraban su cuerpo, sintió que su corazón se estaba rompiendo otra vez. Pero sabía que tenía que mantener la fe, lo sabía. Harry nunca se rindió cuando ella desapareció, ahora era su turno. Acarició su vientre con adoración, tenía que empeñarse en estar bien por su bebé, de lo contrario el podría sufrir sus consecuencias, por esos e había quitado el luto, por eso, había decidido no quedarse enclaustrada deprimiéndose por la ausencia de Harry. El bebé que cargaba en su vientre era lo único que la sostenía en aquellos momentos.

Fortaleza, trato de recordarse.

Sus ojos se desviaron a una fotografía de Aymee que estaba en la cocina, una con Harry, en la que ambos saludaban felizmente, recordaba haber tomado esa fotografía. No podía haberlos perdido a ambos, ya había sufrido demasiado habiendo perdido a su niña como además haberlo perdido a él.

¿En qué momento tanto dolor se detendría? ¿Y qué era lo que ella había hecho para merecer semejante tragedia? Nuevamente la existencia de ese bebé que cargaba en su vientre la volvió a reconfortar. Y pensar que en algun momento se había sentido insegura por estar embarazada, ahora parecía que esa noche que pasó con Harry fue lo mejor que le había podido suceder.

Fue como un milagro que quedara esperando.

Decidió que tenía dos opciones, hundirse en su depresión en aquella casa que cada día se hacía más fría y solitaria o salir a leer al parque de Valle Godric, un rato, el clima estaba agradable aunque sabía que no tardaría en llover. Tomó su capa de nuevo, se la puso y su libro favorito, pero antes de salir recordó que sus hermanos se ponían susceptibles si llegaban a buscarla y ella no estaba en casa; así que decidió escribir una nota.

Fui a leer un rato al parque que está a unas cuadras.

Ginny.

La dejó en el refrigerador de forma visible, suspiró, después de todo si alguno de ellos venía era para dejarle otro antojo. Sus ansias de comer iban de mal en peor.


Minutos después Harry llegó a casa, lo primero que hizo fue buscar a Ginny por todas partes, vociferar su nombre, sólo para llegar a la triste conclusión de que la casa estaba completamente vacía.

Dejó salir un suspiro de decepción.

Necesitaba encontrarla y necesitaba encontrarla ya. Ron le había dicho que ella seguía viviendo ahí, que se había rehusado a irse a otro lado. Ese pensamiento lo hizo sonreir. ¿Pero entonces en dónde podía estar? Se preguntó con desesperación.

Se dejó ver en el espejo que estaba en la sala, merlín, tenía una apariencia horrible, estaba palidísimo y tenía grandes ojeras e innumerables cortadas en el rostro, pero no le importaba no había estado dispuesto a quedarse en ese horrible hospital ni un segundo más y esa había sido su última palabra.

Algo en la mesita de la entrada le llamó la atención. Conocía esos papeles. ¿Pero qué hacia la ecografía de Emily Weasley en su mesita de entrada? La más pequeña hija de Ron y Hermione ya pasaba del año, ¿entonces por qué Hermione le había enseñado la ecografía de su bebé a Ginny? Que cosa tan rara, pensó él.

Recordaba la emoción de Hermione cuando se la mostró a él, estaba tan feliz que no cabía en ella. La tomó y la miró, pero detrás de la fotografía se cayeron otras hojas de papel, tenían el emblema de San Mungo en ellas. Las tomó con curiosidad.

Su corazón palpitó con fuerza y sus manos le sudaron, el estómago le dolió de nervios. Cuando vio que el nombre del paciente era nada más y nada menos que "Ginevra Molly Weasley", vio con desesperación los estudios, tratando de encontrarle sentido a todo lo que decían, sus ojos verdes se llenaron de lágrimas en la medida en que comprendía, pero no derramó ni una sola.

Iba a ser papá, iba a tener un bebé con Ginny.

Si había alguna noticia que pudiera hacerlo inmensamente feliz, era esa. ¿Pero cómo podía ser? Condenación, el bebé tenía 16 semanas…su corazón palpitó todavía más aceleradamente, tanto que creía escuchar sus propias palpitaciones. Sintió que iba a desmayarse, cuatro meses…los cuatro meses que él estuvo lejos…los cuatro meses contados a partir de….su cabeza se llenó con imágenes bastante vívidas de cómo había aprovechado la última noche en casa.

¿Pero quién se iba a imaginar que después de no haberla tocado en meses semejante milagro podía ocurrir? ¿Cómo se supone que él lo sabría? ¿Y Ginny por qué no le había dicho nada? Pero ahora entendía porque su carta denotaba tanta urgencia porque él regresara, ahora entendía a la perfección porque también el sentía que necesitaba regresar. Y por supuesto ahora entendía el enojo de su mejor amigo en contra de él, ahora lo entendía todo.

¿Cómo se sentiría ella en aquellos momentos? Pobrecilla, seguro creyéndolo muerto, se debía sentir tan sola, tenía que sacarla de su error, y tenía que hacerlo ya, no podía seguir esperando ni un segundo más.

Volvió a vociferar el nombre de Ginny por toda la casa y la buscó con desesperación en cada rincón, con los estudios en mano, pero no la encontró por ningún lado. Sentía la irrefrenable necesidad de hallarla y quería hacerlo ya.

Ella no estaba en casa, tuvo que recordarse por segunda vez.

Ni hablar, dejó los estudios sobre la mesita de entrada otra vez, iría a la casa de Ron y Hermione y a la madriguera a buscarla en algún lado tendrían que decirle en dónde estaba.

Pero la hoja de papel con la escritura de Ginny en el refrigerador le llamó la atención.

Fui a leer un rato al parque que está a unas cuadras.

Ginny.

Ginny se puso una capa calientita encima, tenía algo de frío, estaba cansada pero no se quedaría en casa llorando sus penas, por su bebe, por Harry y por ella misma. ¿Cómo podía hacerlo? Que ella se hundiera era lo último que Harry querría, además ella seguía teniendo fe, no sabía si ya se había vuelto loca o si sólo era un tonto atisbo de esperanza, pero había algo dentro de ella que le decía que nada era lo que parecía y que Harry seguía con vida y que pronto volvería a su vida.

Estaba triste, si, preocupada y con mucho miedo, pero iba a ser valiente. Últimamente le había agarrado gusto a merodear por el parque de Valle Godric, era hermoso y pintoresco, habían muchas familias de magos y brujas que muy seguido iban ahí por sus niños, eso era otra de las cosas que le encantaba, toda la cuestión familiar y los niños. Ella sonrió, sobre todo adoraba a la pequeña Katie, pero le recordaba mucho a Aymee, era una niña pelinegra lindísima, más dulce que la miel y su madre Joanne era también muy amable y gentil y divertida, era una fantástica amiga. A menudo acudía ahí y hablaba con ellas, Joanne no sentía curiosidad por su vida sólo por ser la novia de Harry Potter, como solía hacerlo la gente muy a menudo, hasta entendía lo terrible que debía ser para Harry tener a la prensa encima, suspiró, pero no, su nueva amiga sólo la escuchaba.

Encontró su banca favorita para leer y se sentó en ella, se acarició el voluminoso vientre, ya se le notaba el embarazo, ya cuatro meses pues no era para más. Lo acarició cariñosamente, ese pedacito de Harry era lo que la hacía levantarse por las mañanas. Tomó su libro y comenzó a leerlo intrigada, era una de sus novelas románticas favoritas. Se tapó con la capa porque hacía frío miró al cielo, presentía que iba a llover.

Unos minutos después llegaron sus tan esperadas amigas, primero la pequeña Katie quien le suplicó a Ginny que le dejara acariciar a su bebé, Ginny sonrió y se levantó discretamente el suéter para que la niña acariciara su vientre con su diminuta manita. Después llegó Joanne y charlaron amigablemente hasta que llego Peter, el padre de Katie, y se las llevó.

Ginny deseó tener eso con Harry, no pudo evitarlo, unas cuantas lágrimas brotaron de sus ojos cafés. Ya era algo tarde, comenzaba a obscurecerse pero ella se negaba a moverse, estaba cómoda a pesar del frío. El parque comenzaba a vaciarse, cuestión que agradeció, porque ya no pudo contener más sus lágrimas.

Deseaba tanto que Harry estuviera ahí a su lado. Lo echaba tanto de menos, y pidió un milagro, pidió que él volviera.

Pasó media hora, el parque había quedado por completo desierto, de pronto sintió una presencia detrás de ella, y miró a su lado en la banquita, un curioso ramo de flores del parque, pero la voz, esa voz que había escuchado en sus sueños, esa voz por la que ella se dignaría a caminar hasta por el infierno; por fin lo escuchó.

"Por favor ya no llores, ya he vuelto."


El parque de Valle Godric era pintoresco, habían flores sembradas por todos lados, y niños gritando y corriendo, Harry se preguntó si quizá esa era la razón por la que Ginny había optado por venir aquí.

Harry se adentró al parque de Godric's Hollow, sintió algo de nerviosismo en su estómago, iba a verla, por fin, por fin, iba a verla. Hacía frío, ya eran cerca de las cinco de la tarde y no tardaría mucho en anochecer por completo, no entendía qué era lo que Ginny hacía fuera de casa.

Su corazón se aceleró cuando la vio, ella estaba sentada en una banquita del parque, leyendo un libro, traía suelto el cabello, como de costumbre, pero notó con algo de alegría que ya se había quitado el luto. Permaneció detrás de la fuente, todavía no quería darse a notar, quería observarla un poco más. Sólo un poquito más.

Para su no tan gusto, ella lucía algo pálida, la vio dejar el libro a lado de ella y suspirar, se veía, pensó él, triste, preocupada, y se maldijo internamente por haberle causado esa preocupación. Ron le había dicho que ella se había negado a creer que él había muerto, ella estaba segura que él volvería y Harry se aseguró de cumplirlo.

Se tapaba con la capa, su regazo, como si tuviera frío, sus ojos cafés estaban pensativos, reflexivos, era como si estuviere esperando que algo ocurriera. Y justo cuando creyó que ya había tenido suficiente de observarla, su corazón se encogió cuando se dio cuenta de un pequeño- no tan pequeño- detalle que se le había escapado:

Debajo de su suéter color azul cielo, ligeramente holgado se asomaba una pancita que antes no estaba ahí, su corazón se aceleró y comenzó a sentir que las manos le sudaban. Miró cómo cariñosamente ella se acariciaba el vientre. Ató cabos, el sermoneo de Ron en el hospital, la felicidad de Hermione al verlo y decirle que "ya era tiempo de que volviera", y cuando le dijeron que Ginny "no era la misma que él había dejado." Ahora lo entendía: Ella estaba esperando un bebé, al bebé de ambos.

¿Pero cómo? Brillante, Potter, se contestó a sí mismo, cuando involuntariamente recuerdos de la última noche que pasó con ella pasaron por su mente. Tenía ganas de correr hacia ella, abrazarla, besarla y nunca dejarla ir, pero era como si se hubiera quedado en shock, estático, en su lugar.

Cuando vio que un pequeña niña se acercó a Ginny miró con curiosidad, la pequeña le sonreía y Ginny le sonrió de vuelta, parecía que se conocían, el corazón de Harry se aceleró con devoción cuando vio como su pelirroja se levantaba ligeramente el suéter azul dejando al descubierto su vientre abultado, la niña le sonrió y puso su diminuta mano sobre el vientre de Ginny, y soltó una carcajada. Segundos después vio como una mujer de cabello oscuro se acercó a Ginny y se sentó a su lado, indudablemente la madre de la niña, parecía que Ginny frecuentaba el lugar mucho más de lo que él se imaginaba, pues comenzaron a charlar alegremente.

Los ojos verdes de Harry seguían cristalizados, mientras seguía escondido detrás del monumento. No supo cuánto tiempo pasó, supuso que se acercaba la hora de la cena, porque el parque comenzó a vaciarse por completo. Todavía estaba tratando de registrar el hecho de que iba a ser papá otra vez, ni cuenta se había dado que sus ojos se habían humedecido. Por eso la urgencia de la carta que ella le había enviado, por eso quería que volviera tan pronto como le fuera posible, él suspiró.

Vio como un hombre rubio se aproximó hacia la banca en la que las dos mujeres y la pequeña estaban sentadas y cómo este saludaba a Ginny amablemente y cargaba a la pequeña en sus brazos quien le daba muchos besos. Indudablemente, la familia ya estaba completa. Miró como la mujer se había puesto de pie y los tres se despedían de Ginny quien se despidió amablemente sonriendo.

El parque se había terminado de vaciar, pero Ginny seguía inmóvil en el mismo lugar. Él se forzó a si mismo a moverse, a aproximarse hacia ella. Sintió como un golpe en el estómago cuando notó que ella estaba sollozando. Y sin duda, era por su causa, como siempre. Se acercó sigilosamente hacia ella, comenzaba a nublarse y el no tenía duda de que pronto comenzaría a llover. Tomó del parque tres azucenas y los arrancó, quizá era tonto pero no se veía llegando ahí con ella sin nada que darle, después de todo lo que ella estaba apunto de darle a él, un bebé. Se quedó de pie, detrás de la banca, ella parecía tan absorta en su tristeza y en sus lágrimas que ni siquiera se había dado cuenta de su presencia. Se talló los ojos con la manga de su capa, limpiándose las lágrimas, tenía la cabeza gacha y el cabello rojizo le caía alrededor, ahora que él estaba cerca, podía ver a la perfección como su vientre sobresalía, y la ropa que utilizaba era claramente de maternidad.

Lentamente colocó el ramo de azucenas sobre la banca, los ojos cafés chocolate miraron las flores con curiosidad. Iba a volverse hacia él cuando escuchó su voz.

"Por favor ya no llores, ya he vuelto."

Y el corazón de Ginny se congeló. Se puso rápidamente de pie y se volvió hacia él, aquella voz, aquella voz que reconocería en cualquier lado y aquella voz por la que iría hasta el infierno y de regreso. Lo miró, estaba igualito que hacía cuatro meses, tenía barba de unos cuantos días de no rasurarse, su cabello negro un poco más largo y revuelto que de costumbre, tenía algunos raspones en la cara, pero sus ojos verdes brillaban detrás de sus anteojos, iguales que siempre. Ella se tapó la boca con las manos para no permitir que un sollozo partiera sus labios, sus lágrimas de paz cayendo silenciosamente sobre sus mejillas.

"Estás vivo…" murmuró ella incoherentemente, casi para el aire.

En un segundo el ya estaba frente a ella, cerquita de ella y la estrechó en sus brazos con empeño.

Meses y kilómetros de distancia se vieron terminados en añicos, ahora que estaban juntos otra vez. Ella lo abrazó también y lloró en el hombro de él.

Poco importaba que ahora estaba lloviendo, ninguno de los dos se había dado cuenta. Ella seguía murmurando "estás vivo" a su oído y seguía abrazándolo con fuerza, él trataba de calmarla murmurando suavemente "te amo" y "ya he vuelto" a su oído.

Se separó de su abrazo para poder mirarlo a la cara, empapada por la lluvia, su cabello mojado y sus ojos también humedos. Le acaricio la cara con delicadeza y él le lanzó una sonrisa ligeramente triste, antes de que ella juntara sus labios con los de él, él la atrajó más por la cintura, mientras que ella le pasaba los brazos por el cuello, profundizando aun más el beso, respondiéndole. Podía sentir como la piel de ella estaba empapada y el cabello le goteaba en la cintura, un frío viento se dejó sentir y él la apretó más hacia él, sintiendo su vientre. Se separó de ella y le acarició el rostro limpiándo sus lágrimas y apartándole el cabello empapado de la cara, antes de volver a pegar sus labios con los de él. Cuando tuvieron la necesidad de respirar se quedaron así, abrazados, y él tenía su frente apoyada sobre la de ella. Ella aún tenía los ojos cerrados y una sonrisa de felicidad estaba pintada en sus labios. Cuando abrió los ojos se perdió en los ojos verdes de él, que la miraban embelezado.

"No vuelvas a dejarme, por favor." Le dijo con simpleza, sus lágrimas todavía cayendo sobre sus pálidas mejillas confundiéndose con las gotas de lluvia.

"Nunca más." Le refutó. Él sabía que tenían millones de cosas de que hablar, pero también sabía que de ahí en adelante, tendrían la vida entera para hacerlo. La sintió temblar de frío en sus brazos y por fin se dio cuenta de que estaba lloviendo a cántaros, y de que ellos parecían un par de locos debajo de la lluvia.

"Tenemos que hablar…" murmuró ella, parecía como ida, como en estado de shock, y a pesar de que temblaba de frío no se había dado cuenta de que la lluvia caía a cántaros sobre de ellos.

"Ya lo sé, pero estás muriendo de frío." Le contestó él, quitándose la capa con premura y envolviéndola en ella. Ella lo miró con adoración. "Voy a aparecernos en casa." Le dijo abrazándola.

Ella negó con rapidez.

"No puedo yo….tengo que decirte que…" pero él el cortó las palabras dándole un suave beso en los labios que le impidió seguir.

"Ya lo sé." Le dijo sonriendo. Ella suspiró, ni siquiera se había dado cuenta de que estaba reteniendo el aliento.

Él miró desesperado a donde resguardarse de la tormenta, y lo único que se le ocurrió fue un kiosko bastante amplio que estaba en el centro del parque, así que la tomó en sus brazos y corrio hacia él, ella se sostuvo de su cuello. Cuando por fin pudieron resguardarse, ella lo miró, él seguía sin bajarla.

"Puedes bajarme, estoy embarazada, corazón, no inválida." El sonrió y con toda la delicadeza posible la puso de pie. Era una hermosa vista, la tormenta alrededor de ellos, y el parque lucía imponente, las flores de todos los colores empapadas ante la tormenta.

Ella quería hablar, había tanto que tenían que decirse.

"Harry—" pero él no la dejaría hablar, le acarició los labios indicando que callase.

Ella bajó la mirada.

"Ahora no, mi amor, ahora no." Le discutió él. "En casa, ahora sólo quiero que me dejes abrazarte." Le suplicó.

Los ojos chocolate de ella brillaron con emoción contenida, y se estaba muriendo de frío, así que no iba a oponerse a que él la hiciera entrar en calor. Él la abrazó con fuerza, por la cintura, colocando sus manos sobre el vientre de ella, viéndolo con adoración, acariciando a su bebé, al bebé de ambos, y aún le parecía mentira. Ella suspiró al sentirse protegida en los brazos de él.

Y era cierto, a veces las palabras no eran necesarias, sólo el estar el uno con el otro, así como estaban, ella podría pasar así sin problema mucho tiempo.

Y de pronto algo pasó, fue como mágico, Harry sintió con su mano sobre el cuerpo de ella, un movimiento casi imperceptible, casi milagroso. Ella también lo sintió, su bebé, había pateado por primera vez, una gran sonrisa rompió en sus labios. Él la volvió hacia él y sus ojos se perdieron en los de ella. Sonriendo, feliz.

"¿Pateó?" preguntó él anonadado, como si fuera un milagro.

Ella asintió. "Primera vez, ahora que su papá está con nosotros." Dijo y su voz le tembló.

Y Ginny supo que en aquellos momentos ella estaba bien, que todo lo malo que les había sucedido, años de Voldemort, la última pela que tuvieron, su desaparición, los mortifagos, Will, Kennington y la muerte de Aymee, no seguirían haciéndola llorar, porque en aquellos momentos estaba con Harry en su lugar feliz.

Ginny se sentía tan afortunada de tenerlo con ella, de que él la quisiera tanto como ella a él, pero la forma en la que él la miró, la descolocó, como si ella fuera el premio y no más bien la que ganadora que tuvo la fortuna de conocerlo.

"Te amo, los amo a ambos." Le murmuró él al oído sonriendo. Ella le dio un beso suave en los labios y volvió a volverse esperando que la lluvia pasara.

La caminata a casa había sido corta, el hombre se había vuelto loco, quería llevarla cargando todo el camino, ella se lo impidió por supuesto y se rio mucho al respecto. Hablaron de todo y de nada, por fin le informó cómo se había enterado del bebé, le dijo que había sido por causa de la ecografía. Y le aseguró por todos los medios que él no planeaba irse a ningún lado.

Cuando llegaron a casa, él la besó otra vez, como si no hubiera nada mejor que hacer.

"¿Vas a decirme por qué tardaste tanto en volver? ¿En dónde has estado todo este tiempo? ¿Cómo fue que te salvaste del accidente?" le preguntó ella impacientemente, había tanto que quería saber, y que quería saber ya.. Él sonrió y rozó su nariz con la de ella.

"Creo que primero deberías salir de esa ropa mojada." Le dijo murmurando por lo bajo, mientras le acarició el cabello empapado. Ginny se sintió ahogada en una neblina de calor, sus hormonas estaban peor que nunca, y se avergonzó ante el hecho de que preferiría mil veces que él le hiciera el amor y dejar las charlas para después. Como leyendo el deseo en la mirada de ella, Harry la cargó al dormitorio, ella lo abrazó después de que él la pusiera sobre el piso otra vez.

"Tienes que dejar de cargarme Potter" le dijo ella "He ganado mucho peso…" le recordó ella.

Él sonrió y lentamente comenzó a besarle el cuello, ella dejó que sus ojos chocolate cayeron completamente cerrados, mientras disfrutaba de sus besos y de su respiración caliente.

De esa pequeña caricia, todo el mundo a los ojos de Ginny cambió. Cuando antes había sólo una cosa sin la cual no podía vivir, ahora habían dos de ellas. No había división, no era que su amor se hubiera separado entre el amor de su vida y su hijo en su vientre, no era así. Más bien sintió que su corazón se había agradado tanto, quizá al doble, tanto había cambiado, que la hacía marearse.

El fuego en la habitación comenzaba a calentarla, y ella tembló involuntariamente.

"¿Tienes mucho frío todavía?" le murmuró él al oído.

"No." Le contestó tajantemente "Son tus caricias." Admitió ella, desordenándole aún más el cabello empapado.

"Te deseo Gin, pero no haré nada que no quieras hacer." Le aseguró, pero sus manos le insinuaban a ella otra cosa completamente diferente, por la forma en la que le acaricia las caderas. Ella tragó duro.

"Yo también te deseo." Le dijo antes de hundir su rostro en el cuello de él.

Le quitó el suéter color azul empapado, y ella volvió a dejar caer su cabello mojado en su espalda, ahora desnuda, la abrazó para resguardarla del frío mientras que le desabotonaba el pantalón de mezclilla de maternidad, y lo dejaba caer, ella se quitó los zapatos inundados y deslizó sus helados dedos en los botones de la camisa de él mientras que él depositaba suaves besos en su clavícula.

Lo desnudó de la parte de arriba y él la miró, estaba tan bonita, la pancita de embarazada no le sentaba para nada mal, aunque ella parecía estar pensando totalmente lo contrario.

"Mi vida, te ves hermosa…."

"Mentiroso…" le refutó ella. Pero la manera en la que él la miraba parecía asegurarle que estaba siendo sincero. Le desabrochó el sostén y se lo sacó con rapidez, sus ojos verdes destellaron con lujuria, los pechos de ella estaban mucho más grandes por el embarazo, él se acercó y brotó besos en uno de ellos mientras que la sentaba en la cama, ella se acostó y el se colocó encima de ella, librándola del peso. Pero ella se incorporó y a él con ella, desabotonándole el pantalón con impaciencia mientras se besaban en la boca. Ella brotó caricias en el pecho de él que estaba húmedo por la lluvia, hasta que le insinuó que terminara de desvestirse.

Ella se acostó otra vez sobre la cama, sintiendo el deseo por él fluir en sus venas, su respiración agitada, él deslizó las bragas con suavidad desnudándola por completo.

Se acomodó sobre ella otra vez y ella enrolló sus piernas sobre la cintura de él. Él gruñó por lo bajo. Mientras que besaba sus pechos con devoción antes de besar su vientre con adoración, ella lo miró con ternura y suspiró cuando lo sintió haciéndole el amor con sus manos. Ella gimió moviéndose conjuntamente con las manos de él, mientras que él depositaba besos en su cuello. Ella lo besó en los labios otra vez, y cuando se separó de ella la miró, y fue la devoción con la que él la miró que la dejó ir por completo, gimió y se dejó caer sobre las almohadas.

Él la besó con dulzura.

"Por favor." Pudo escucharla murmurar en su oído.

Eso lo descolocó, se acomodó entre sus piernas, la piel de ambos estaba húmeda por la lluvia, y sus cuerpos sólo estaban iluminados por el fuego de la chimenea.

Cuando embistió con suavidad dentro de ella, ella sintió que estaba completa, se sintió completa por primera vez en aquellos meses. Ella lo besó en los labios y luego en el cuello, mientras que él hacía de sus embestidas un vaivén lento y suave.

Pero ella necesitaba más, lo necesitaba a él, le dio la indicación que él necesitaba para cambiar el ritmo, y él la hacía suya con más rapidez, ella gemía su nombre, y se perdía en sus brazos.

Y ahí estaban abrazados en la cama, le encantaba tenerlo así, abrazándola por detrás, su mano sobre su vientre. Ginny se sentía tan completa, tan feliz, si feliz. Una emoción que cuando perdió a Aymee creyó nunca volver a sentir. Se sentía como en una ola de felicidad, pero el hecho más significativo en ese tumulto de felicidad era el hecho más seguro de todos: ella estaría con Harry para siempre.

Lo sintió moverse con la intención de levantarse de la cama ella se estremeció.

"¿A dónde vas?" preguntó ella un poco molesta.

Él sonrió, se inclinó y le dio un besito en el cuello.

"Mi amor, voy a poner el agua para que te des un baño, no quiero que te enfermes." Le dijo con seriedad.

Ella enrolló la mirada.

"Hiciste un buen trabajo quitándome el frío." Dijo tratando de atraerlo de nuevo hacia la cama. Pero fue inútil, él se levantó.

"Una condición." Vociferó ella, se levantó de la cama, envolviendo su cuerpo desnudo en la sábana. Él la miró en el marco de la puerta del baño. "¿Te bañas conmigo?" le preguntó.

Él sonrió y fue así como terminaron en la bañera juntos, él la acomodó para que ella recostase su espalda sobre el pecho de él, para ella era quizá el mejor baño que había tomado en mucho, mucho tiempo. Él le lavaba el cabello con sumo cuidado mientras que le mordisqueaba el cuello de vez en vez y le acariciaba el cuerpo. Ella sólo suspiraba.

"Me vas a decir todo lo que quiero saber…" le murmuró ella. El silencio los envolvió y escuchó a Harry suspirar, y sintió sus grandes manos acariciar sus pechos y luego sus piernas, ella echó la cabeza para atrás. "Buen intento…pero tenemos que hablar."

Él rió y volvió a acomodar sus manos sobre el vientre de ella, ese era su nuevo lugar favorito.

"Hablemos…¿qué es lo que quieres saber? Por que yo también hay muchas, muchas cosas que quiero saber." Le dijo con seriedad. "Por ejemplo ¿por qué la prensa ha soltado habladurías de que estás saliendo con Dean Thomas?" gruño él detrás de ella.

"Porque seguramente que el que los esparció fue él, pobrecillo, nos encontramos una vez en Hogsmeade y desde ahí quedó empeñado en que quería una segunda oportunidad, ha sido…bastante irritante. Pero ahora que has vuelto supongo que se dará por vencido." Aseguró ella y sintió que los músculos de él se relajaron. "¿Eso termina con tus celos y te devuelve la tranquilidad?"

"Definitivamente que si." Le dijo dándole un beso en la oreja. "A decir verdad, en estos meses yo no podía quitarme la idea de que encontraras a alguien más…¿sabes? Después de todo lo que has sufrido por mi causa, nadie podría culparte."

Ella sintió la necesidad de hechizarlo. ¿cómo podía decirle una cosa así?

"Es una lástima…" dijo ella enroscando una de sus piernas con una de las de él. "Que mi tipo sean los pelinegros con ojos verdes, con complejo de héroe y con estúpidas inseguridades." Le dijo astutamente, él rió.

"Lo siento." Murmuró él sinceramente.

"Bien. Si tienes algo más realista que preguntarme…"

"Nuestro bebé…" murmuró él, y Ginny sintió algo recorrerle la espina vertebral cuando hablo en plural "Leí en la ecografía que tienes cuatro meses…él está bien ¿Verdad?"

Ginny sonrió.

"Perfectamente, nuestro bebé está muy bien, está sano…pero todavía no sé si es un él o un ella." Dijo risueña "Quiero que sea sorpresa."

"Yo creo que va a ser un niño." Dijo él muy seguro.

"Yo creo que será una niña." Refutó ella, se volvió ligeramente para que él le plantara un beso suave en los labios.

"Y yo aquí pensando en que quizá dejarías de llevarme la contra ahora que estabas mejor…."

"Oh…¿y qué hay de divertido en eso?" Dijo ella sonriente. "Ahora si vas a decirme, ¿cómo te salvaste del accidente de tren?"

Harry suspiró.

"Ya habíamos llegado a Edimburgo, paramos el tren en una zona estratégica, pero nadie sabía que en el tren había un traidor que había puesto una bomba muggle. Y nosotros que creíamos que el tren era un medio más seguro que uno mágico." Suspiró. "El hecho es que yo ya había a renunciado a la misión."

"¿Cómo?"

"Sí, cuando recibí tu carta pidiéndome que volviera yo…" murmuró él. "Decidí que ya había tenido suficiente y yo te juré que volvería cuando tu me lo pidieras así que…hice lo que tenía que hacer y renuncié. Habíamos parado para acampar y descansar, y sólo dos personas permanecimos abajo, yo…porque ya estábamos cerca de llegar a Edimburgo así que me pareció inútil seguir con el viaje preferí tomar mi camino desde ahí y…bueno…el traidor que estaba entre nosotros. El tren avanzó un apenas un kilómetro, era de noche, y de repente explotó. Por eso yo sobreviví, aunque si me vi afectado por la explosión, sobreviví. El traidor creyó que yo había muerto así que me dejó ahí, cuando desperté de mi estado de inconciencia traté de aparecerme más cerca de Inglaterra, pero no tuve las fuerzas necesarias y sólo aparecí a unos kilómetros en una zona rural, después un granjero muggle me encontró y me llevó a un hospital muggle, yo estuve ahí durante dos semanas inconsciente, no llevaba identificación, nadie pudo reconocerme en Escocia, y pues eran muggles…" suspiró. "Fue tu hermano quien me encontró, y yo recuperé la conciencia, y bueno…henos aquí."

Ginny se sitió de pronto angustiada por él, soltó un suspiro de tranquilidad.

"Cuando Ron vino a decirme que…estabas desaparecido y que podrías haber muerto, merlín Harry, no sabes cómo me puse…hasta que después me obligué a ser fuerte, pensé que tu serías incapaz de dejarme, que harías hasta lo imposible por regresar, tuve fe en ti….y nuestro hijo iba a sufrir las consecuencias si yo me ponía mal, así luché con todo por mantener bien, para que mi bebé no sintiera mi tristeza."

"Has sido muy valiente, tan pronto como recuperé la conciencia, no sabes mi desesperación por venir a verte…imaginé todo lo que estabas sufriendo y, todo lo que quería era venir a ti." Le dijo cariñosamente dándole un besito en la mejilla.

"No me gusta tu trabajo." Se quejó ella cruzándose de brazos.

Harry rió.

"Hablo en serio, eso de estar saliendo a tus benditas misiones me va a sacar canas." Dijo ella un poco enojada.

"Vamos a hacer un trato tu y yo corazón." Le murmuró al oído. "No más misiones, voy a hablar en el Ministerio para que de aquí a que nazca el bebé y tu te recuperes un poco me den….ese horrible trabajo de escritorio que tanto odio." Se quejó.

"¿Harías eso por mi?" le preguntó ella esperanzada.

"¿Tengo opción?"

"No." Dijo tajantemente. "Pero si haces eso por mi vas a hacerme muy feliz, y según creo hoy me has dicho muchas y muchas veces que tu única meta es hacerme feliz."

"Y lo digo sinceramente." Lo sostuvo. "¿Cómo es eso de que estás escribiendo para una revista?" le preguntó curioso.

"Estoy escribiendo en la sección de deportes en la revista de Luna de el "Quisquilloso." Pero cada vez me deja más trabajo, ya no está muy interesada en su revista." Le contó la pelirroja.

"Ni siquiera sabía que esa revista tuviera una sección de deportes…según yo es muy mala." Dijo Harry ganándose un codazo de su mujer que lo hizo reír. "Oh vamos, eso era antes de que tuviera tus artículos y créeme muero por leer uno."

"Más te vale."

"Encima de todo lo perfecta que eres, además escribes de Quidditch, definitivamente eras la mujer de mi vida." Le dio más besos en el cuello.

Ginny rió.

"Te amo, Harry." Murmuró Ginny acurrucándose más, estaba exhausta, y además después de haber hecho el amor con ese hombre y todas las emociones la estaban colmando, y el agua caliente era perfecta para relajarla. Suspiró.

"Yo te adoro, a ti y nuestro hijo." Suspiró. Dándole un masaje en los hombros y tarareándole una tonada que ella no pudo identificar.

Se quedó completamente dormida.

Harry tuvo que ingeniárselas para sacarla de la tina, secarla y acomodarla en la cama con ropa caliente y debajo de las sábanas sin despertarla. La miró, estaba completamente dormida, debía estar muy cansada. Se vistió y se echó a su lado, la miró, sabía perfectamente cuantas pecas tenía en la nariz y en las mejillas. Sonrió más para sí que para ella y le dio un besito en la nariz.

La acurrucó más hacia él y también se quedó completamente dormido, hundido en un solo pensamiento: Nunca más nadie los iba a separar.

FIN