Durante el día escolar, Adrien había tenido ganas de hablar con Marinette. Ahora que sabía que ella era Ladybug, sentía más deseos que nunca de conocerla cada vez más, de acercarse a ella y no separarse jamás.
Pero tampoco podía acercarse tan repentinamente, porque no quería tener problemas con ella o quizás levantar sospechas. Por mucho que quisiera pasar toda una tarde con ella, debía tomar medidas, debía ser cuidadoso. Y tenía una idea.
Por lo que le escribió una nota.
"En el atardecer, por favor ven a está dirección..." —escribió y adjuntó una dirección también.
Había planeado algo especial. Algo genial para pasar el tiempo con su Lady. Estaba seguro de que iría como Ladybug.
—¿Me podrías dar un sándwich de queso? —preguntó Plagg que observaba todo lo que su portador estaba haciendo.
—No haré emparedados de queso camembert, ¡es asqueroso! Necesito que esto sea perfecto, Plagg.
—Me gusta todo tipo de queso, ¡dame uno o meteré un calcetín en la canasta! —amenazó.
—¡No! —Adrien a regañadientes le dio uno de los emparedados a su kwami y luego prosiguió con los preparativos —, ¡te dije que todo debe salir perfecto!
Una vez que tuvo todo preparado, se convirtió en Chat Noir y fue al lugar que tenía en mente. Entonces, simplemente subió al techo y disfrutó de la vista que le regalaba la naturaleza, y el hermoso lago que tenía ahí.
Luego deshizo la transformación y sentado en el techo esperó a su Lady.
—Es un lugar bastante tranquilizante —comentó Plagg.
—Lo sé, por eso me gusta tanto. Ella y yo nos merecemos un descanso.
Luego de unos quince minutos, Ladybug apareció. Se sentó y antes de decir algo, apreció el hermoso lago que tenía en frente.
—¡Esto es maravilloso! —exclamó sorprendida.
—No es todo, toma.
Adrien le extendió un sándwich. Era pan con palta y un poco de mayonesa, sabía lo mucho que le gustaba a su Lady.
Ella observó el mantel colocado en el techo, y la canasta que él tenía a su lado. ¿Acaso era una cita?
—Gracias —respondió recibiendo el sándwich —. ¿Acaso esto es una cita? —sus mejillas se tiñeron de rojo al formular aquella pregunta.
—Es una cita en el techo —respondió sonriente.
—¿Cita en el techo? ¡eso no es normal! —rió un poco, él se unió a las risas.
—Nosotros no somos normales, My Lady.
—En eso tienes razón.
—Mejor comencemos a comer, para después nadar un rato.
Y así fue como la cita en el techo comenzó.
