Naruto y sus personajes no me pertenecen.

"Pensamientos".


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Capítulo 25

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Aquel sofá, que estaba roto y descocido, estaba hecho para dos personas, especialmente para ti y para mí. Nunca creí que llegaría el día en que alguien más ocupara un sitio en él.

"¿Por qué?". Todo rededor parecía muy sospechoso. ¿Qué razones tenía Itachi para viajar hasta París, y además encontrarse con Hidan? Recordó las palabras que el hombre de cabello plateado le había mencionado el día que se despidieron. Él no es tan malo como piensas. ¿Se refería a Itachi? ¡Por supuesto que hablaba de él! Tendría que ser muy tonto para no darse cuenta.

¿Qué relación existe entre Hidan e Itachi?

Sasuke estiró las piernas, y sus pies quedaron colgados por el borde de la cama, después se tapó el rostro. Eran tantas preguntas y ninguna respuesta. Miró de soslayo a Ino, que preparaba algo en la cocina. Observó el movimiento torpe de sus caderas al bailar una ridícula canción en la radio, y sonrió a medias.

"Hay ciertas cosas que es mejor ignorar". Vivir en el presente junto a Ino era su mayor deseo, y por lo cual se estaba esforzando, porque no solo quería un presente, sino todo un futuro, un destino. No iba a permitir que la llegada de Itachi perturbara su vida ya reparada.

Caminó descalzo hasta Ino y se detuvo unos centímetros detrás de ella.

—Eres tan horrenda cuando bailas.

Ino brincó y el pan que tenía en las manos casi se le resbala entre los dedos.

—Sasuke, me asustaste —colocó la diestra junto al pecho y fingió molestia—. Tienes pies tan ligeros que, si no fueras músico, bien podrías ser bailarín.

Él frunció el ceño, como si lo hubiera ofendido.

—¿Le dices eso al hombre más tieso del mundo? —Ino rodó los ojos, dándole la espalda de nuevo, concentrándose en untar mantequilla en uno de los panes. Sasuke se quejó—. Deja eso.

Ino rió, y antes de que pudiera contradecirlo con alguna de sus frases optimistas, Sasuke la abrazó por la espalda. La rubia se sobresaltó ligeramente para luego reír muy seductora desde el hombro.

—¿Por qué eres tan fea? —susurró Sasuke en el oído de la ojiceleste y percibió que los vellos rubios de los brazos se le erizaban. Eso le gustó, y sonrió de medio lado. Apretó a Ino contra su cuerpo y acarició el vientre sobre la tela de su blusa—. Bastante fea.

Ino soltó una carcajada, girándose para echar los brazos a su nuca y darle un beso corto en los labios.

—Te odio —le espetó y Sasuke rió.

—Vayámonos a Japón. Vivamos juntos en Sapporo.

En ese momento, fue como si se cortara algo en el viento, porque Ino lo miró con verdadero desconcierto, como si de pronto se hubiera levantado una barrera entre sus cuerpos, al apartarse ella lo suficiente para analizarlo.

—Nos iremos, claro que nos iremos.

—No lo entiendes, Ino —también se separó, sentándose frente a la pequeñísima mesa que tenían en la cocina—. Vámonos ahora. Mañana, quiero decir.

—¿Mañana? —puso los brazos sobre la cintura y examinó al muchacho de manera firme. Sasuke no se dejó intimidar por sus grandes y hermosos ojos—. Sabes perfectamente que aún no he juntado el suficiente…

—Tengo mucho dinero, Ino. ¿No es suficiente?

Ino dobló la boca.

—Tienes dinero para ti.

—Y para ti también, si quisieras.

No pudiendo soportar más verla, porque Sasuke comprendía que una sola mirada bastaba para hacerlo flaquear, se escudó en su merienda. Así de grande era el poder que poseía Ino sobre él.

—Sasuke…

—Si vas a decirme que soy un egoísta, ya lo sé. Gracias —mordió un trozo de pan sin mantequilla, demasiado molesto—. He hecho las peores locuras a tu lado. Te seguí, aunque no estuviera de acuerdo, y resultó que no era tan malo. Me gustó, es verdad —endureció el rostro—. Esta vez soy yo quien te pide que hagas una locura a mi lado. ¿Puedes hacerlo?

La chica se mostró dubitativa, paseó brevemente de un lado a otro, pensando en una respuesta, y cuya respuesta fuera muy difícil de pronunciar, ella optó por ir junto a él.

—Está bien, tienes razón. Vayamos a Japón.

—¿Mañana mismo? —la tomó por la cintura y la sentó sobre sus piernas. Aspiró la esencia de su cuello y escondió el rostro entre los redondeados senos, besándolos poco a poco.

—¿Cuál es la prisa? —acarició su cabello oscuro, de tal forma que una madre haría con el menor de sus hijos. Y Sasuke se sintió seguro.

—Itachi está aquí. Él está en París.

Ino no dijo nada en un momento, simplemente se dedicó a besar sus labios apasionadamente.

—Debes quedarte —no pudo descifrar su gesto, pero la calidez que brindaba su cuerpo con el suyo, le hacía creerle—. Si huyes, en algún punto te alcanzará. No huyas y escúchalo, quién sabe lo que tenga que decirte —pasó ambas piernas a su cintura—. Pero acepto volver a Japón lo más rápido posible.

Terminó por acoger las palabras de Ino. Por mucho tiempo imaginó que Itachi estaba muerto, y ahora no estaba de acuerdo en desenterrar a su hermano mayor de la tumba que él mismo le había creado, y regresarlo a la vida. Sin embargo, le haría caso a Ino. Si en una semana no tenía noticias suyas (que esperaba que fuera así), viajaría hasta Sapporo con ella.

Sentía como si estuviera engañando a Sasuke. El Itachi que ella conocía era, sin duda, el mismo Itachi de Sasuke, estaba completamente segura de ello. Tal vez fue un error desde un principio.

Tal vez tendría que contarle todo a Sasuke. ¿Pero qué le diría él a ella? Su reacción no podría ser buena.

Honestamente, tenía mucha, mucha curiosidad al respecto. Era la oportunidad ideal para poder inmiscuirse en la vida de Itachi, y descubrir varios de los secretos que atormentaron por tanto tiempo a Sasuke.

Nada podría salir mal. Una salida inocente, un par de preguntas un poco íntimas y ya. No pasaría nada, ¿verdad?

—Te ves… diferente.

—¿Eso es bueno?

Itachi vestía pantalones vaqueros de color azul, camiseta gris y zapatos deportivos. Se veía muy guapo, Ino tenía que admitirlo, pues Itachi era el tipo de hombre que podría ponerse cualquier cosa y seguir luciendo atractivo. Y con su coleta amarrada, podía verse como un hombre maduro, pero también parecía mucho más joven de lo que era.

—Decididamente, te ves extremadamente bien —Ino rió, luego sonrojó por su propio comentario; quiso retractarse, pero hacerlo sería aún más vergonzoso—. Es decir… ¿a dónde iremos?

Itachi guardó las manos dentro de sus bolsillos, y por su extraña sonrisa, Ino dedujo que se divertía, o burlaba, con su comentario. Pero… sí que era bastante lindo.

—Tú eres la experta.

Ella se llevó una mano al mentón para repasar algunos de los lugares más emblemáticos de París, claro, a su mente llegaron imágenes de sitios que había visitado con Sasuke, pero cualquier cosa era demasiado… romántica. ¡Maldito romanticismo de París! Notó que Itachi la observaba casi sin pestañear, delató que sus ojos oscuros viajaban de los pies a la cabeza, y que se detuvieron fijamente en sus pechos. Quizás ponerse aquel vestido ligero no había sido buena idea. Ino fingió no darse cuenta, pero sonrió coqueta e Itachi desvió la mirada al instante.

¿Por qué le sonrió así? Ella no quería hacerlo, pero fue un gesto… ¿involuntario? Tendría que serlo, por supuesto. Sacudió suavemente su cabeza y sonrió de nuevo, esta vez sin coquetería.

—Sé a dónde ir, te gustará.

—De acuerdo. Soy tuyo.

Ella abrió los ojos. Itachi se aproximó un poco, pero ella se apartó rápidamente.

Empezó a caminar, mas, cuando el hombre se colocó a su lado, sintió la necesidad de alejarse unos centímetros. Las manos comenzaron a sudarle sin control, y aseguró que todo el cuerpo le sudaba también. De reojo veía a Itachi, tan apacible y serio.

Ino sacó temas de conversación mientras caminaban, prácticamente era ella quien hablaba sobre sus días de adolescente en Japón, esperando que él también dijera algo, pero nada.

Llegaron hasta el Arco del Triunfo, Ino tomó algunas fotografías. Quería tomarle una a Itachi, pero no era tan atrevida. Después fueron a un puesto callejero de Hot Dogs, recordando la ocasión en que Sasuke los había probado por primera vez; realmente estaba pensando mucho en él, y eso era bueno.

—¿Cómo se llama esto?

—Hot Dog. Es comida americana.

Itachi rió.

—No entiendo por qué comemos algo americano sentados en la calle, cuando podemos ir a un restaurante y comer algo francés.

—Vaya que eres ambicioso, como tu he… —se quedó callada abruptamente, y empezó a balbucear—, como TÚ eres hermoso, puedes darte esos lujos —se abofeteó, y con ganas, mentalmente. ¿Qué idiotez había dicho? Para nada era creíble.

Y para sorpresa de ella, Itachi sonrió de una forma que jamás había visto. Tan sincera, tan natural, tan bella, que no pudo despegar los ojos.

—¿Soy hermoso? Nunca nadie me había llamado así.

Se sintió pequeña y tonta. Podría apostar a que estaba sonrojada y ganar.

—¿Te está gustando?

—Pasar la tarde contigo en París es muy divertido —inesperadamente la tomó de la mano—. Me alegra haberte conocido.

—Itachi yo…

—No digas nada —besó delicadamente el dorso de su mano y la enfrentó con mirada fija. El corazón de Ino latió velozmente—. Apenas conozco nada de ti, y tú mucho menos de mí. Pero estoy… estoy feliz de haberte encontrado en el momento preciso.

Pasó saliva, con las mejillas ardiéndole con infinita fuerza.

—Yo… Itachi —probablemente se arrepentiría—. Yo hablaba de los Hot Dogs.

Esperaba que el hombre se decepcionara, pero para alivio suyo, Itachi únicamente carcajeó débilmente.

—Me gustan, puedo comer incluso unos tres.

El recuerdo de Sasuke comiendo Hot Dogs en ese mismo puesto, le hizo ruido en su mente. Si él la hallara con su hermano mayor, ¿qué pensaría? Definitivamente, no tenía que estar ahí. ¡No debía estarlo!

—Vamos, nos falta todavía un lugar.

Ella se puso de pie y le indicó al hombre que la siguiera. Itachi no desobedeció, pero insistió en tomarle la mano, e Ino fue incapaz de alejarlo. No sentía nada cuando Itachi apretaba su mano, sí, era un contacto muy suave y cordial, pero nada más, sin mariposas ni toda esa revolución de cosas que le causaba Sasuke.

Cuando llegaron a la Torre Eiffel, ya eran las 6 de la tarde. Se imaginaba a Sasuke preocupado, saliendo del departamento para ir en su búsqueda, y eso le oprimía el corazón.

Itachi fue el primero en sentarse en el césped, jalándola para que también lo imitara. El césped humedeció su trasero, pero la corriente de aire que chocaba contra su piel, provocó que ya nada más le importara.

—Tienes veintidós años. Eres fotógrafa, y tu sueño es viajar por el mundo y capturarlo en bellos retratos —la gruesa voz llamó su atención—. Sin embargo, te dedicas a cantar en público por razones que desconozco, y aunque tienes una voz preciosa, no es lo que buscas.

Escuchó cada una de sus palabras, y por dentro analizaba su propia vida.

—Si te digo la verdad, cuando me planté en la plaza por primera vez, no tenía ni idea de que cantaba bien. O sea, cantaba cualquier cosa de niña, pero nunca fue muy sorprendente.

Hubo un profundo silencio, pero no un silencio de esos incómodos, sino más bien un silencio que te da tiempo para pensar y adentrarte en ti mismo.

—¿Qué hay de ti, Itachi? ¿Cuántos años tienes?

—Veintiocho —posó sus ojos al frente, perdido en las luces que iban iluminando de poquito en poquito la Torre—. Administro una empresa en Japón. Soy el dueño, o algo así.

—¿Hablas del poderosísimo emporio Uchiha? —abrió ligeramente los ojos celestes.

—¿Tú conoces? —preguntó asombrado e Ino vaciló.

—Eres Itachi Uchiha, ¿cierto? —encogió los hombros—. Cuando viví en Japón, supe mucho de ti por las noticias. Además de que tu ropa costosa y elegante te delata. Mirarte es como mirar una estrella, inalcanzable.

—Entonces ya no hay más que decir —rió, entrelazando los dedos con los suyos—. Supongo que en este momento dejé de ser inalcanzable.

Lo ignoró.

—¿Tienes hermanos?

Él se quedó quieto. No supo interpretarlo, no estaba tenso, pero parecía una estatua.

—No.

Respondió seco y frío, tanto que la sangre de Ino se congeló.

—¿Estás seguro, Itachi?

Él rió.

—¿Por qué no lo estaría? —ella carcajeó—. Provengo de una familia horrible, ¿sabes? Alguien secuestró a mi madre cuando tenía cinco años, mi infancia fue dura y difícil, mi padre se enfadaba conmigo cada cinco minutos, fue de ese modo hasta que murió.

—¿Secuestraron a tu mamá? —se tapó la boca. ¿Qué sucedía? ¿Por qué Sasuke le había dicho que su madre los abandonó?

—Me convertí en el tipo de persona que fue mi padre, aunque yo lo odiaba. Y no fui tan bueno como él —continuó hablando, atrapado en el atardecer del cielo—. Y ya que no me has preguntado todavía por la bancarrota de las empresas Uchiha, es porque entonces no éramos tan famosos como pensé. Eso es buena señal.

—¿Bancarrota? ¿A qué te refieres?

—Eres muy preguntona.

—Y tú no respondes a ninguna de mis preguntas —se quejó.

Itachi la sorprendió al aproximarse a ella. Estaba tan cerca que podía observar los detalles de sus cejas y de sus labios. Sus labios eran muy finos, como líneas cuidadosamente dibujadas por pinceladas de artista. Sus ojos grisáceos brillaban con la poca luz que quedaba. Cada vez más cerca, y sintió sus dedos rozando en sus hombros.

—Eres muy hermosa, Ino.

Acarició su mejilla y los segundos se congelaron. Itachi respiraba cerca de su oído, y las piernas le temblaron. No podía hacer nada, porque se encontraba débil ante él, ante su cuerpo, ante su sola presencia.

Hizo a un lado el cabello rubio de su frente y se aproximó más. Itachi se atrevió a rozar la punta de su nariz con la suya.

En un segundo, Itachi tomó su nunca y la acercó más a sus labios. Podía oler la menta y saborearla. Él cerró los ojos y ella también.

La besaría en cualquier instante, casi podía sentir sus labios sobre los suyos, moviéndose lentamente, al igual que Sasuke la había besado tantas veces.

Abrió los ojos de golpe y se apartó violentamente, aventando a Itachi hacia atrás. Desesperada se levantó y buscó respirar aire limpio que le abriera la cordura.

—M-me voy.

Dijo y caminó con urgencia.

De inmediato, Itachi la siguió, interponiéndose con audacia en su camino. Tomó su codo y no la soltó.

—¿Por qué te vas? —fue duro.

—Ibas a besarme.

—¿Y qué con eso? Si no querías que lo hiciera, no debiste dejar, en primer lugar, que te tomara de la mano —frunció el ceño.

—Tienes razón, por eso me voy.

Forcejeó, pero él se aferró con más fuerza.

—Lo lamento, fui impulsivo —suspiró—. Escucha, en realidad no tengo mucho trato con mujeres. Cuando estoy con alguien tan hermosa como tú, me pongo nervioso.

¿Nervioso él? Ni lo aparentaba.

—¿Y sueles besar a cualquiera que te ponga nervioso?

—Tú no eres cualquiera —rodó los ojos—. Tienes algo que logra descontrolarme —finalmente la dejó, poniéndose serio nuevamente—. Te llevo a tu casa.

—¿Eh? —iba procesando todavía lo del beso que apenas y podía entender sus palabras—. No es necesario.

—Como digas, no voy a insistirte —se masajeó el cuello—. Iré a escucharte cantar pasado mañana. Supongo que es un hasta entonces.

Con la mano en lo alto se despidió e Ino sintió que por fin podía soltar todo el aire que habían acumulado sus pulmones. Se echó en el pasto.

¿Qué demonios ocurría? ¿Le gustaba a Itachi?

Era muy guapo, pero provocaba nada en ella, más que adrenalina.

Ino estaba rara, lo notaba fácilmente, porque parecía estar, pero en realidad no estaba. Su mente viajó hacia otra dimensión muy distante, dónde él no podía escucharla.

Estaba molesto con ella por haber salido sin avisar a dónde. No es que tuviera que rendirle cuentas, pero al menos se hubiera evitado esas larguísimas seis horas de angustia. Y cuando entró al departamento, se quitó los zapatos en la entrada, como si de pronto recordara las viejas costumbres japonesas, y anduvo con los pies desnudos por los pasillos y con la mirada enajenada.

Ni siquiera le habló.

No quiso reñirle, porque quería demostrarle que respetaba su privacidad, pero… Ella le hacía preguntas sobre su vida todo el tiempo, ¿por qué él no podría preguntarle a dónde estaba?

De cualquier forma, no hizo nada.

Durmieron los dos en la misma cama, pero no se besaron ni abrazaron, ni hablaron.

Sasuke intentó dormir, pero las primeras horas de la noche fueron tortuosas. En el fondo tenía miedo de que algo malo le volviera a suceder y él no estuviese presente para protegerla.

Frotó su cabello azabache y se giró para mirarla. Ino dormía tranquilamente, lo que era extraño en ella; casi siempre le echaba las piernas encima, o los brazos en la cara, pero ahora dormía con sus extremidades pegadas al cuerpo. Se quedó mirándola por un buen rato, hasta que cayó rendido.

Cuando despertó, el sol estaba sobre su cara, calentándola ferozmente. Abrió los ojos y las pupilas se hicieron pequeñas, tuvo que restregarse los parpados y quitarse algunas lagañas para poder ver bien.

Ino ya no estaba en la cama. Sasuke chasqueó la lengua, un poco enfurecido, pero no le tomó mucha importancia de todos modos. Se quitó la camiseta sudada y recorrió el cuarto semidesnudo.

Escuchó a la rubia en el baño y el alma le regresó al cuerpo. Al menos Ino estaba con él y no se había ido, otra vez, sin decirle nada. Cuando ella salió y sus miradas se encontraron, él la abrazó con ímpetu. La necesitaba, necesitaba ver sus ojos todos los días para sentir que todo estaba bien, necesitaba tocar su piel para él poder sentir que estaba vivo. La necesitaba, y en el fondo tenía pavor por perderla.

—Hey, galán, ¿qué sucede? —le dijo respondiendo al abrazo.

—¿Puedes callarte al menos una vez y disfrutar de esto? —recargó la cabeza sobre la frágil clavícula de Ino. Ella rió dulcemente.

—Sasuke, tengo que decirte algo —acarició su cabello.

—Yo primero —levantó la vista y la besó rápido en los labios—. Tengo que hacerte unas preguntas.

Ino abrió los ojos, pero asintió.

Sasuke entró al baño y se mojó el rostro. Con las gotas de agua escurriendo por sus mejillas, trató de formular correctamente lo que quería que Ino respondiera. No quería sonar rudo, ni mucho menos, pero quería ser lo suficientemente directo para que Ino respondiera con la verdad. No que creyera que le mentiría, pero sabía que ella podría librarse fácilmente de preguntas incómodas.

Mientras seguía lavándose el cuerpo, logró oír que llamaron a la puerta, y desde el exterior se filtró la voz de un hombre.

Se pegó a la puerta para escuchar mejor, sin asomarse.

—Vaya sorpresa.

—¿Qué haces aquí? —cuestionó Ino.

¿Acaso conocía Ino a aquel hombre? Sasuke pasó saliva para animarse y abrir lentamente la puerta del baño. Desde donde estaba no alcanzaba a divisar al extraño con quien hablaba Ino, pero sus voces fueron mucho más claras. Y conforme se acercó, iba endureciendo los músculos. La maldita voz de hombre, sonaba igual a la de…

—Itachi —masculló con odio.

El aludido lo miró de inmediato. Sasuke no pudo controlarse y caminó a velocidad hasta él, apartó bruscamente a Ino y tomó el cuello de la camisa de su hermano.

—¡¿Qué diablos haces aquí?!

Casi gritó, pero Itachi lo encaró con una dureza mucho más grande que la suya. Quitó su mano y la aventó, después acomodó su traje oscuro.

—Así que, es aquí donde vives.

—Vete.

—Tengo cosas importantes que charlar contigo. ¿Es que no puedes invitarle a tu hermano mayor ni un vaso con agua?

—No quiero escucharte. Tú y yo no somos hermanos.

Sasuke lo empujó hacia la salida, pero Itachi puso el pie antes de que cerrara la puerta.

—Apuesto a que quieres escucharme, hermanito, te conviene hacerlo.

—Sasuke, hazle caso —le suplicó Ino, apretando su antebrazo. La miró con desprecio, se sentía traicionado y no quería que lo tocara. Quitó su brazo y la alejó. Se dirigió hasta el sofá y le indicó a Itachi que pasara.

Distinguió el gesto doloroso en Ino, pero no le importó.

Itachi entró después de que Ino desapareciera en el balcón. Él observó cada rincón del departamento, los muebles, el piso, las paredes y hasta cada esquina.

—Supongo que el dinero que te di no te alcanzó para algo más decente —se mofó.

Sasuke apoyó la mandíbula en su mano derecha, sin mirarlo a los ojos. Itachi estaba de pie frente a él, escrutándolo todo.

—Hace meses que no me has depositado, tuve que buscar otra cosa donde vivir —mintió.

—Creí que ibas a reclamarme por lo del pago en algún momento —se acercó al sofá—, ¿puedo sentarme?

—No. Tiene chinches.

Él esbozó media sonrisa.

—Puedo ver una.

Sasuke crujió los dientes, irritado y molesto.

—¡¿Viniste a insultarme?!

—Hey, tranquilo, hermanito —aunque Sasuke no le había dado permiso, Itachi se sentó en el borde del sillón—. Platiquemos como cuando éramos niños. ¿Recuerdas cuánto me admirabas? Me abrazabas y me querías.

—Ese hermano murió.

—No, aquí estoy, ¿no me ves?

—¿Sabes qué, Itachi? No quiero escuchar lo que viniste a decirme, lárgate —se colocó a su altura y apuntó hacia la puerta.

—Sé que me odias, hermanito. Lamentablemente, esto me duele más a mí que a ti, lo veas cliché —miró hacia ningún punto—. Perdí algunos de los centros comerciales de Fugaku. Una mala inversión y todo acabó. Únicamente me queda uno: el más importante. El dinero se vio reducido y me fue imposible depositarte lo acordado.

—¿Qué? ¿Perdiste los edificios? ¿Cómo?

"No confíes en él. Miente". Gritó su conciencia.

—Me temo que no soy el gran hombre de negocios que todos imaginaban —rió amargamente y se encogió de hombros—. Tuve que usar parte de tu dinero para hacer este viaje.

—No te creo —se puso a la defensiva.

—Eso no me importa. Me creas o no, es tu decisión —con Sasuke de pie, Itachi se dejó caer en el sofá—. Anda, no te quedes callado, sé que tienes dudas.

Lo meditó brevemente. Claro que tenía miles de dudas, pero, ¿estaba bien confesárselas a él? Era el indicado, nadie más que él podría exponer lo que ocurría. Y observarlo ahí, con el traje un poco arrugado y el cabello más o menos despeinado, con ojeras debajo de los ojos, le hizo sentirse mal. Se dio cuenta que en ese momento no lo odiaba, le provocaba lástima. Ya no veía al hombre frío y lleno de éxito, veía a un hombre menor, que disfrazaba su fracaso en ironía barata.

Quiso preguntarle otras cosas. ¿Cómo estás? ¿Cómo es tu vida? Pero no tuvo el valor.

—¿Cómo conoces a Hidan? —dejó de lado su altivez.

—En realidad lo conozco desde hace mucho tiempo —se frotó el puente de la nariz—. Fuimos amigos durante la secundaria, iba dos grados más arriba que yo. Su familia tenía mala fama, se dedicaban a cosas chuecas. Eventualmente, fueron descubiertos y huyeron a Francia. Tu amigo Hidan tiene todo un historial delictivo desde muy chico.

—Él no tiene familia.

—No iba a quedarse a vivir todo el tiempo con ellos, ¿o sí?

—Supongo —frunció la boca—. ¿De qué hablaste con él?

—¿De qué sería? De ti —rodó los ojos.

—¿De mí?

—¿Crees en el destino y las casualidades, Sasuke? —se acomodó en el sillón—. Cuando tú te marchaste, contacté a Hidan. En ese momento pensé que era una gran suerte que nuestra madre y Hidan viviesen en la misma ciudad, pero la suerte no existe. Y si no es suerte, tendría que ser el destino.

—¿Por qué lo contactaste? No logro entender.

—Sasuke, piensa un poco —lo miró severamente—. No podría estar tan tranquilo al mandar a mi hermano pequeño a un país desconocido.

—¿Qué tratas de decir?

—Por dios, Sasuke. Hidan cuidaría de ti por mí —se cruzó de brazos y desvió los ojos—. Procura averiguar dónde está y mudarte cerca de donde viva. Cuida que coma bien. Vigila que no beba demasiado y que tome sus lecciones de música. Fue lo que le dije que hiciera, pero el desgraciado no evitó meterse en problemas, y míralo, finalmente está en prisión.

Hidan también le había mentido. Él no era su mejor amigo como le había dicho, simplemente seguía órdenes. La irá recorrió cada una de sus venas.

—No debiste hacerlo.

—Tienes razón, me decepcionaste —se sentó en el sofá con los pies tocando el suelo—. Te di libertad para que te convirtieras en el músico que siempre deseaste ser, y en cambio, te encerraste en ti mismo, y con llave —respiró hondo—. ¿Cómo crees que me sentí al saber que mi hermano estaba malgastando su juventud? Ni siquiera tenías amigos con quienes salir —movió la cabeza a los lados—. Al menos Hidan te hizo madurar un poco.

No. Hidan no lo hizo cambiar, fue Ino. Él era más humano gracias a ella. A Hidan no le debía nada.

—Es un maldito hipócrita, igual que tú.

Si pudiera escupirle en la cara, lo haría, pero sus escupidos nunca salían volando lo suficientemente lejos, siempre terminaba machándose la ropa.

—Te equivocas. Es cierto que al principio no eras de agrado a Hidan; solía decirme que te comportabas como un niño, pero un día simplemente le caíste bien, como suelen gustarle muchas otras cosas —Sasuke lo dejó prolongar—. Hidan te aprecia de verdad. Sin embargo, algo me dice que lo que en verdad te hizo sentar cabeza fue aquella chica rubia.

Sasuke se inquietó, sospechaba algo malo con aquella frase.

—Es mi novia.

—Es muy linda.

—Claro que lo es.

Lo estaba fulminando con la mirada, pero Itachi se puso frente a él. Sí era más alto, y sí se veía muy imponente.

—Como sea, no vine a interrogarte sobre tus decisiones —tocó su hombro—. ¿Dónde está?

—¿Quién?

¿De qué hablaba?

—Nuestra madre, Sasuke. ¿Dónde está? Hidan nunca la mencionó, y cuando le preguntaba no sabía qué decirme.

—¿Mamá? ¿Hablas en serio?

El corazón se le hizo pequeño, y los malos presentimientos inundaron todo su ser.

—Tengo ganas de verla, también soy su hijo y tengo el derecho —arrugó la frente—. ¿Acaso sigue viviendo en aquel convento?

—¿Sabías lo del convento? En realidad, es un orfanato —murmuró, e Itachi no alcanzó a oír.

—Por supuesto que sí. ¿Por qué no la trajiste a vivir contigo? —empuñó las manos como si fuera a golpearlo.

—Itachi… mamá está muerta.

Incluso al pronunciarlo, fue como si reviviera el dolor del pasado.

—¡¿Qué?! —Itachi pocas veces gritaba, pero Sasuke supo que él en verdad noestaba preparado para aquella frase—. ¡Eso es imposible!

—Murió incluso antes de que yo llegara a París.

Itachi se cubrió el rostro con las palmas de las manos. Tenía un semblante un poco perturbado y se preocupó por él.

—No es posible, Sasuke —repitió.

—Las monjas la vieron morir.

—¡No es posible, Sasuke! —posó ambas manos en los hombros de Sasuke y los apretó—. Eso no puede ser.

—No imaginé que te afectaría tanto…

—No, Sasuke —buscó precipitadamente entre los bolsos ocultos de su chaqueta y sacó una hoja de papel arrugada—. Hace un mes me llegó una carta de una de las monjas. Resumiendo, dice que Mikoto enfermó.

—¿Una carta? —extendió los dedos para tocar la carta, pero Itachi no lo dejó.

—¿Vas a repetir todo lo que digo? —aspiró fuerte—. ¿No lo entiendes? Alguien en París escribió una carta diciendo que Mikoto necesita atención médica, la fecha corresponde a este año, e iba dirigida a un hombre llamado Madara. Madara Uchiha.

La boca se le secó a Sasuke. ¿Qué estaba pasando? La cabeza empezó a punzarle y a darle vueltas. A su mente llegó su padre discutiendo con un hombre mucho más grande y de apariencia extraña, lo llamaba Madara, y siempre se alteraba ante su presencia; los había visto casi pelear a golpes en el despacho. No recordaba más.

—Itachi… —no tenía las palabras para hablar.

—Sasuke… nuestra madre está viva.

—Pero las monjas dijeron que…

—Te mintieron. Deben tenerla escondida, la cuestión es: ¿de qué la esconden?

—Son religiosas. Mentir es el peor pecado para ellas.

Itachi apuntó a la dirección que se encontraba en la carta.

—Aquí dice que se encuentra en el convento Sainte-Anne.

Todo fue mucho más confuso. Sasuke sintió que el corazón dejó de latirle por segundos que fueron eternos, y la sangre se le acumuló en la cabeza.

—No… no es un convento —carraspeó la garganta—. Sainte-Anne es un hospital.

—¿Qué? —Itachi estaba tan, o posiblemente más, anonadado.

—Sainte-Anne, es un hospital psiquiátrico.

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Continuará

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N/A:

Nos acercamos a ese capítulo donde podremos leer: FIN. Queda poco para terminar la historia, y no hay mejor momento para agradecerles por su apoyo, esperando que sigan disfrutando la lectura como yo al escribir el fic. GRACIAS!

¿Es mi internet o FanFiction esta terriblemente mal? Me tardé mucho para poder subir este capítulo.

Gracias a quienes tienen la historia en favoritos, a los lectores fantasmas (aunque creo que no hay ninguno), y especialmente a quienes se animan a comentar. Gracias infinitas a quienes leen fielmente: onlyalexis, Juvia, GrayWolf, Marlen, Ana de Uchiha y CharliMarie.


Respondiendo comentarios Guest

. Juvia: Yo también estoy en un dilema. Itachi ha sufrido mucho más que Sasuke, y Sasuke ha sido malcriado en algunas veces. Yo adoro a Itachi y de verdad quiero hacer que sea feliz al final; bueno, estoy segura que será feliz ;) Lamentablemente, te confieso que el ItaIno no fue mi prioridad cuando escribí este fic, pero ahora también me encariñé con Itachi. Veremos qué sucede después ;) Gracias por seguir leyendo.

. GrayWolf: Pues, ya quedó al descubierto la relación de Itachi e Hidan. Creo que queda claro ahora el por qué Hidan le dijo a Sasuke que Itachi no era malo. ¿Si queda claro, o solo fueron a figuraciones mías? xD Coméntame lo que opinas. Gracias por leer!

. Marlen: Sí, jaja. Me gusta escribir esas escenas sexuales entre ambos, aunque nunca se me ha dado bien lo del lemmon xD al menos trato de relatar un poco de su intimidad; es posible lo de la sorpresita ;) Muchas gracias por leer y por leer mis otros fics, eso me da mucho animo para seguir y seguir :D Al terminar este fic, me pondré a escribir inmediatamente otro, la continuación del drabble: Mi hijo. xD