Aoshi se apresuro a estar al lado de Misao, y estrepitosamente llego hasta allí, separando a misao del hombre extranjero, claro, no antes de propinarle un fuerte golpe en el rostro, cosa que sorprendió y alarmo a los asistentes allí. Enishi con la boca rota, se coloco en pie con una mirada llena de rabia y odio por aquel que le había magullado y preparaba muy afanosamente su matrimonio con la mujer que él deseaba, siempre había sido así, desde un principio, cuando la conoció, siendo una pequeña niña de 10 años, el se fijo como meta ser su esposo, el hombre al que ella le brindaría su amor, así esta no quisiera. Ya de mayor encontró la excusa perfecta para tenerla a su lado con el pretexto de respaldar las deudas de su padre.

Kaoru aun que se mantenía ocupada con el cuidado de su pequeño hijo también colaboraba en la preparación de la boda.

-Cariño, mejor ve a descansar- le susurro Kenshin a su mujer mientras contemplaba entre los brazos de esta pequeña mujer a su primer heredero, porque estaba seguro, ella estaría dispuesta a brindarle los hijos que deseara. A si tuviese el favor de muchas mujeres de su harem, nunca se fijaría en alguna otra que no fuera su esposa para tener los hijos que tanto anhelaba tener, no solo por preservar el nombre y poderío de su estirpe, si no por que buscaba tener una hija, y si poseía aquellos hermosos ojos zafiro de su madre, estaría más que satisfecho.

Entre tanto una de las mujeres del harem, trataba de prestarle atención a los moretes del rostro de Enishi que rápidamente se dibujaron en su rostro tras el golpe del fuerte puño de Aoshi.

-¿Te encuentras bien?- cuestiono Misao acariciando el rostro de su amado guerrero. Lo miro con cierto temor por lo que pudiera decirle con respecto a lo que acababa de suceder. La mirada azul de aoshi intimido la verde esmeralda de Misao quien no resistiendo el examen fijo de los ojos de su amado guerrero, dirigió la vista hacia el piso, pero su mirada no duro mucho clavada en el verde césped, la suave mano de Aoshi le tomo del mentón y le acercó a su boca depositando un suave y cortes beso sobre los labios femeninos.-Ahora estoy mas que convencido que quiero hacerte mi esposa- susurro notando en el rostro de Misao una picara sonrisa que le estremeció. ¿Por qué estás seguro de ello?-susurro mientras, contemplaba el atractivo rostro de su amado guerrero del desierto.-Por que te amo- susurro con cariño, mientras estrechaba a Misao entre sus brazos.- y así ese hombre que dice ser prometido tuyo, te quiera alejar de mi con miles de excusas, no lo permitiré-. Lo que no sabía aoshi era que aquella amenaza sobre sus padres por parte del presumido hombre era algo que no le permitiría llevar a cavo en paz su boda, la única manera de salvar a sus padres del escarnio público era regresando al lado del hombre de semblante altivo. ¿Cómo comunicarle ello a su querido guerrero?, de seguro él no le permitiría alejarse de su lado, aun que de ello dependiera su propia vida.