Disclaimer: los personajes le pertenecen al mangaka Kazuki Takahashi. Sólo los uso para escribir mis ideas.

Nota: Este fic es una historia alterna de otro fanfic mío llamado "Dos eras, un solo amor". Se pueden leer de forma independiente.

Capítulo 26

-¿Qué? ¿Qué yo qué?-preguntó Kisara sorprendida.

-Tienes un poder sorprendente en tu interior-dijo Seto en la sala real acompañado de Mahad, Mana y los demás sacerdotes.

-¿Por qué siguen insistiendo en eso cuando no es verdad?

-Tu poder solo es liberado cuando estas inconsciente.

Kisara abrió los ojos con sorpresa.

-Cuando fuiste atacada quedaste inconsciente y entonces fue cuando liberaste al dragón de tu interior.

-¿Dragón?

-Sí, tienes en tu interior el poder del gran dragón blanco de ojos azules.

-¿Dragón blanco?

Por la mente de Kisara pasaron unos recuerdos donde vio su tierra destruida y en medio del fuego estaba un gran dragón blanco. Se llevó las manos a la cabeza sintiendo dolor.

-¿Qué te sucede?-preguntó Seto.

-No es nada, estoy bien, señor.

-A partir de ahora haré todo para que tus poderes me pertenezcan.

-¿Qué?-Kisara lo vio sorprendida.

-He decidido que usaré tus poderes para proteger a Egipto.

Kisara no supo qué respuesta dar y prefirió callar, de cualquier forma no podía volver a su tierra natal aunque estaba preocupada por sus conocidos.

-Faraón Seto, no me haga esto. Ni siquiera conozco sobre esos poderes.

-Precisamente mi idea es usarlos y al mismo tiempo enseñarte a usar esos poderes que por lo que he notado no sabes cómo utilizarlos así que haré lo posible para que conozcas tu potencial y me sea útil al mismo tiempo.

Kisara miraba a Seto, la mirada del faraón era fría y un tanto triste pero no le quedó de otra que aceptar en contra de su voluntad.

-Faraón, si piensa tenerme aquí entonces haga el favor de buscar a mi familia para que yo pueda saber si están vivos.

-De acuerdo, pero tú no saldrás de aquí.

-Está bien, como ordene.

Kisara se inclinó y Seto sonrió con cierta malicia, Mahad no podía evitar seguir pensando que Seto estaba haciendo las cosas mal por sus resentimientos hacia la vida.

Cuando todos salieron de la sala real Kisara se alejó caminando por el pasillo cuando escuchó una voz que la llamaba.

-Señorita.

Al mirar a la persona que la llamo vio a Mana, una mujer de piel morena muy amable que se le acercó con una mirada muy dulce y amistosa.

-Tu nombre es Kisara ¿verdad?

-Sí, así es.

-Te mostraré todo el lugar y donde dormirás. Además quiero hablar contigo para que te sientas más cómoda con nosotros.

Kisara aceptó con un movimiento de cabeza aunque no comprendía aún el cambio tan drástico que su vida acababa de dar. Siguió a Mana que la llevó a su cuarto y le iba explicando las reglas del palacio y donde se encontraba cada lugar.

-Este será tu cuarto. No es muy grande pero al menos es cómodo.

Kisara se distrajo y no escuchaba todo lo que su acompañante decía sino que se limitaba a mirar la habitación, el palacio y los alrededores.

-¿Puedo preguntar algo?

-Claro, lo que gustes.

-¿El faraón Seto es malo?

Mana calló por un momento quedándose sin palabras, en esos momentos ella dudaba mucho que Seto fuera bueno, ya no era el mismo niño dulce que ella crió tras la muerte de los reyes egipcios anteriores a él, ahora era un hombre hasta cierto punto tirano que solo pensaba en él y no en los demás.

-No, solo se siente un poco cansado y agotado. En estos últimos 4 años no ha tenido una vida fácil y como gobernante de un país es difícil tener una vida tranquila.

-A veces siento que parece como si algo le lastimara y no dice.

Mana abrió los ojos dándose cuenta que Kisara era una chica inteligente.

-No piense mal de él. Él es así con todo mundo no es nada personal.

-Aun así creo que se comporta mal con todos.

Mana decidió callar y dejar en paz el asunto, Kisara siguió mirando por la ventana sabiendo que tendría que convivir con el rey de Egipto que no era nada agradable.

Al día siguiente, Seto y Kisara se reunieron en el patio del palacio.

-Muy bien. Trata de invocar al dragón sin quedar inconsciente.

Kisara fijó sus ojos en él.

-¡Hazlo!-ordenó Seto enojado.

Kisara cerró los ojos, hizo lo posible porque su poder y energía se liberaran pero no lo consiguió y calló al suelo rendida.

-No puedo hacerlo.

-Debes de hacerlo. Tienes que sacar el poder del dragón.

Los ojos de Seto mostraban una mirada sin piedad y con cierto recelo, Kisara supo que esto tomaría mucho tiempo, ¿cómo podía liberar un poder que ni ella misma sabía que tenía hasta ayer?

-¡HAZLO!

El grito de Seto hizo que Kisara se sobresaltara y tuviera que hacer otro esfuerzo por liberar su poder pero de nuevo fracasó.

De pronto Mahad apareció ante Seto.

-Faraón, necesito informarle de algo.

-Ahora no, tío Mahad.

-Es sobre este asunto.

Seto miró a Mahad y noto la seriedad de su rostro indicando que iba en serio lo que pensaba decirle.

-Kisara, descansa por hoy, mañana intentamos de nuevo.

Kisara respiró hondo cuando el faraón se alejó junto con Mahad.

-¿Qué has averiguado?

-El dragón de la chica está conectado con su alma.

-¿Qué quieres decir?

-Todos los monstruos que tenemos se forman por la oscuridad en nuestro corazón pero podemos liberarlos y ser libres. Sin embargo, el monstruo de esta chica está unido a su alma por eso no puede liberarlo sin estar dormida.

-¿Eso qué significa?

-Que si le quita el dragón blanco ella morirá automáticamente.

Seto abrió los ojos con sorpresa, por alguna razón no estaba de acuerdo en la muerte de Kisara, ella le era útil.

-Y otra cosa.

-¿Qué más?

-Hemos recibido un reporte y descubrimos que la tormenta de arena acabó con la familia de esta chica.

-¿Con la familia de Kisara?-preguntó Seto sorprendido.

-Así es, no quedaron vivos.

Seto se llevó la mano a la barbilla analizando todo lo que acababa de escuchar.

-No lo hagas.

-¿Qué cosa?

-No le digas nada a Kisara.

-Pero Faraón…

-Obedece. Hazle creer que no sabemos nada de su familia.

Mahad lo miró y le dedicó una reverencia.

-Como usted diga, Faraón Seto.

Mahad se retiró y Seto miró a Kisara que se encontraba descansando tumbada en el suelo.

-Así que te has quedado sola. Eres como yo. Estamos solos y no tenemos a las personas que amamos.

Seto no dejo en ningún momento de contemplar a la hermosa chica de cabello blanco y ojos azules. Aún no sabían lo que el destino les deparaba a ambos tanto en el tiempo antiguo como en el actual.

Continuará...