Capítulo 26: Demasiado cerca

En ese preciso instante, si pensaba con detenimiento en las consecuencias de sus actos, sabía que estaba perdido.

Por ese motivo sólo le quedaba abandonarse al vértigo.

Para Remus el vértigo no significaba el miedo a caer, sino más bien esa sensación producida al encontrarse a mucha altura y sentir que el abismo que se abre bajo los pies te atrae de tal forma que la única manera de salvarte es asirte con todas tus fuerzas a cualquier objeto.

La atracción por caer es tanta que se desea con toda el alma, aun cuando la razón obligue a lo contrario.

Esa misma sensación podía trasladarla hacia Tonks en ese momento.

Una parte de él le ordenaba categóricamente que se detuviera, no obstante la otra parte prefería hacer caso a esa dulce voz que le susurraba que continuara imponiéndose sobre la primera…

La metamorfomaga le quitaba en ese momento el jersey al licántropo a lo que él respondía ayudándola también a desvestirse.

Acababan de abandonar en el suelo gran parte de sus prendas cuando a Remus se le hizo insoportablemente apetecible la curva de su cuello.

Jamás había sentido antes ese delirante placer mientras aquel hombre depositaba por todas partes, pero muy especialmente en su clavícula y detrás de las orejas, sus besos húmedos y calientes.

Echó hacia atrás su cabeza hasta dar con ella contra la pared al tiempo que cerraba los ojos para prolongar esa sensación sin importarle los leves mordiscos perpetrados por el hombre lobo. Si ese era el precio a pagar por ser una de ellos con gusto lo pagaría una y mil veces, pero sabía que Remus jamás profundizaría en aquel juego. Él nunca la haría daño. Aún así se sentía indefensa ante él: como un depredador en potencia que acababa de acorralar a su inocente presa, y eso era una sensación realmente… excitante.

Su primera reacción cuando le quitó el sujetador fue taparse con las manos, pero él se las retuvo hábilmente contra la pared mientras comenzaba a bajar sus labios y aquella lengua tan exquisita hacia sus pechos.

"¿De verdad he sido tan estúpida de haberme perdido ESTO durante tanto tiempo?"

Poco después continuó lentamente hacia su ombligo, pues no parecía tener ningún tipo de prisa por hacerle el amor allí mismo.

Realmente era como si hubiera vivido todo ese tiempo con el único propósito de hacerla feliz esa noche.

Con un gesto se deshizo del resto de su ropa interior quedando completamente desnuda ante él de nuevo, pero en esa ocasión era totalmente distinto. Al mirarla a los ojos febriles por el deseo y la expectación de no saber qué iba a ocurrir a continuación junto a sus mejillas sonrosadas, sabía que era verdaderamente ella; su amada Dora.

Sus zapatos volaron por la habitación mientras Remus se desabrochaba él mismo el cinturón que cayó junto a sus pantalones al suelo. Volvió a besarla con suma ternura y a acariciar su rostro para a continuación ir bajando poco a poco hasta llegar al núcleo de su placer.

… Fue como una pequeña descarga eléctrica que recorrió cada centímetro de su sistema nervioso. Jamás nadie le había tocado allí de esa forma como lo hacía en ese momento el licántropo.

Al sentir su convulsión contra la pared, Remus temía que fuera a rechazarle y a echarle de su lado, pero al ver que no hacia nada de aquello continúo con sus caricias con gran deleite.

Ella pronunció su nombre, solo su nombre, en un susurro colmado de excitación que terminó por volverle completamente demente.

En ese instante, atrajo hacia él su cintura haciéndole notar el bulto de su entrepierna; quería que sintiera que estaba listo para ella, qué siempre lo había estado.

No pudo evitar sonrojarse cuando Remus quedó completamente desnudo ante ella. El único miembro masculino que había visto entró en ella en la oscuridad y sin permiso, por lo que no era una experta en ese tipo de temas, pero lo que tenía claro era que Remus Lupin estaba bastante bien dotado; tanto que empezó a temer que pudiese hacerla daño involuntariamente.

El licántropo se dio buena cuenta de sus miedos e intentó establecer de nuevo contacto visual con ella.

-Solo mírame a los ojos-. La sonrió infundándole valor. Ella asintió y le devolvió una sonrisa tímida, pero al mismo tiempo decidida mientras se perdía en el color miel de su mirada.

Fue entonces cuando sin parar de acariciarla ni un instante la condujo lentamente hacia atrás lejos de la pared para acabar sentado él mismo sobre el extremo de la cama y hacer que ella se sentara sobre su regazo a horcajadas.

Incluso el acto más banal, como era el de quitarle a la joven sus pesadas botas, hacía que pareciera algo realmente erótico. Tonks se acordó vivamente del momento en que se conocieron; allí en Grimmauld Place cuando él con el mismo tacto y delicadeza le quitó la misma bota para sanarle el tobillo sin tener ni la más remota idea que sus ingenuas fantasías se haría realidad en una noche como aquella.

A pesar de las ganas que tenía de ella, Remus era plenamente consciente de lo que debía hacer pues su deseo estaba completamente dominado por su corazón. No quería que volviera a experimentar la impotencia y rechazo hacia sí misma cuando unos meses atrás se alejó de él al revivir el trauma de su primera experiencia. Por ese motivo permaneció besándola despacio al tiempo que creaba formas con la yema de sus dedos en su espalda desnuda.

Sabía cuales eran sus expectativas y lo que deseaba. Remus siempre pensaba antes en ella que en él mismo; esa falta de egoísmo y arrogancia masculina como había visto en la gran mayoría de hombres que habían aspirado a tenerla, le diferenciaba del resto porque a diferencia de todos ellos Remus Lupin la amaba de verdad.

Tonks deseaba demostrarle que sería capaz de renunciar a todo, de atravesar desiertos y mares solo por una mirada suya como la que en ese momento tenía ante sus ojos. Quería enseñarle que siempre había sido él, aun cuando no lo conociera, sabía que el destino lo había guardado para ella. Lentamente se incorporó de su regazo alzando sus caderas hacia su erección. Sintió cierto dolor al principio, sin duda fruto de su inexperiencia, pero no por ello dejó de moverse encima intentando abarcarle todo él en su interior pues poco a poco el dolor dejó paso a una sensación tan placentera como si todo su cuerpo se hubiese convertido en aire y flotase en su asombrosa levedad por la habitación.

La joven sonreía mientras le hacía el amor; no había sentido nunca antes nada más hermoso y excitante en toda su vida.

El licántropo siempre había cerrado los ojos cuando estaba con alguna de sus amantes porque era la única manera que tenía de conectar con un ideal, que la mujer en cuestión, no llegaba nunca a representar. Por ese motivo prefería perderse en la metafísica antes que en la realidad, pero en aquella ocasión no podía apartar ni un segundo la mirada de la joven metamorfomaga. Sabía que por fin había encontrado su verdadero ideal hecho realidad y no quería cerrarlos ni por un instante.

No hacían falta decir nada. Tonks se perdía en aquellos gemidos roncos que lograba sacarle con cada embestida y sus manos desnudas sobre su cintura, mientras que Remus no dejaba de sentir cada centímetro de su piel en ella hasta tal punto que no habría sabido diferenciar donde empezaba el cuerpo de él y donde terminaba el de ella. Ahora más que nunca se acababan de convertir en una única persona, un único ser, un único corazón.

El licántropo sentía como el vértigo que había experimentado al principio se habría más y más desde sus profundidades para atraerle directamente hacia el fondo. Sabía que iba a acabar muy pronto si seguía así. Fue entonces cuando puso a la joven boca arriba sobre la cama bajo su propio peso. Se hundió de nuevo en su cuello para emerger y besarle los labios, los ojos, mientras no paraba de abrazarla y moverse encima de ella. Tonks gemía suavemente contra su oído sintiendo que el clímax estaba a punto de llegar. Se agarró con más fuerza a sus caderas en el preciso momento que estallaba en un grito liberador de toda la pasión que había acumulado gracias a aquel hombre. A Remus solo le faltó un par de embestidas más después de sentir el cuerpo de la joven contraído por el placer para alcanzar por fin el esperado orgasmo.

Para cuando todo hubo acabado y aun con la respiración agitada, Remus temeroso de que ella sintiera vergüenza por lo que había pasado entre ellos hacia solo unos segundos volvió a mirarla; ella se encontraba con el cabello alborozado y una permanente sonrisa en los labios, la besó en la punta de la nariz para ver ese mohín que tanto le gustaba. Él también sonrió y pensó que la felicidad debía de ser eso.

No dijeron nada porque ambos sabían que en ese momento las palabras sobraban.

Él apoyó la cabeza sobre el pecho de la joven sintiendo su corazón bajo su oído mientras ella le acariciaba el cabello hasta quedarse profundamente dormido. Su último pensamiento fue lo agradable que debía ser caer en un sueño así todos los días hasta hacerse mayores bajo una casa color blanco al otro lado del Lago Negro.

Era tan agradable la sensación de tener el peso de él sobre su cuerpo, su respiración cerca de su corazón y poder abrazarle sabiendo que ahora estaban unidos más allá de las palabras que apenas pudo evitar conmoverse. Se veía tan indefenso dormido sobre ella como pocas veces le había visto, pero Tonks nunca dejaría de protegerle... Aun cuando las cosas que estaba haciendo eran cuestionables ella se convencía así misma de que era por su bien.

Mientras acariciaba su cabello le invadió una fría sensación de temor al comprobar que su antebrazo izquierdo permanecía desnudo y la negra marca se enroscaba sibilante con ojos rojos llameantes.

Remus había estado tan pendiente en amarla que ni siquiera se dio cuenta de que estaba yaciendo con su peor enemigo.


N/A: ¡Hola de nuevo! ¿Qué les pareció? Siempre tuve en mente que la primera vez entre ellos fuera algo explícito, pero a la vez delicado y bonito. Espero haberlo conseguido.

Un saludo:

Sisa Lupin