—Necesito esconder el cuerpo, no pueden encontrarlo hasta después de la subasta o todo estará perdido. —me decía mientras sacaba su teléfono y marcaba un número.—Necesito que se hagan cargo de algo urgente en donde me encuentro, sí, en la bodega, tuve una pequeña dificultad. Esperaré. —y colgó.
— ¿Y ahora?
—Ahora, esperamos.
Diez minutos más tarde se abría la puerta de la bodega y se escuchaban unas voces. Christian hizo que me escondiera una vez más y el junto conmigo.
— ¿Dónde está el maldito pájaro?
—Aquí atrás chicos. —les dijo mientras salíamos de nuestro escondite. —Todo suyo. —dijo tirando de mi mano rumbo a la salida.
Christian aferraba mi mano fuertemente mientras salíamos del club hacia nuestro auto. Podía sentir la tensión en su agarre. Y podía decir por su expresión que estaba molesto. Regresamos a nuestra habitación del hotel y en cuanto entramos a la habitación Christian se sacó la chaqueta frustrado lanzándola hacia el sofá.
— ¡Mierda! —dijo mientras se sacaba la pistola y la lanzaba al sofá también.
— ¿Qué sucede?
—Que las cosas no salieron como pensaba, ahora como vamos a saber dónde será esa maldita subasta. —decía mientras caminaba por la habitación pasándose las manos por el pelo.
Aguanté las ganas de reírme.
Me acerqué hasta él y lo tomé por las manos. Christian se detuvo y se quedó mirándome fijamente.
— ¿Quieres que te ayude a relajarte? —le dije sonriéndole mientras tiraba de él hacia el sofá.
—Solo podré relajarme cuando sepa donde será la maldita subasta.
—Pues sentémonos a esperar que nos avisen. —le dije empujándolo levemente haciendo que se sentara.
Y yo rápidamente me senté sobre él. Veamos cuánto tarda en reaccionar a mis palabras. Christian rápidamente se quedó mirándome fijamente.
— ¿Qué quieres decir con esperar a que nos avisen? ¿Qué fue lo último que hiciste con el teléfono?
—Hackear uno de los que estaba allí, así que solo debemos esperar que nos avisen donde será la subasta.
— ¿De quién fue el teléfono que Hackeaste?
—No tengo idea, solamente accedí al primero, pensé que no iba a tener mucho tiempo para lograrlo. Pero hay una forma de saberlo. —le dije levantándome y buscando la laptop de Christian. —Voy a necesitar tu teléfono. —le pedí mientras abría la laptop.
Me senté a su lado y cuando Christian me tendió el teléfono comencé a hacer mi magia. Christian se sentó a mi lado y me observo pacientemente. Pero este trabajo era algo que nunca había tenido que hacer, y sería algo complicado. Media hora más tarde Christian ya se había cansado de verme introducir códigos y se encontraba recostado hacia atrás en el sofá, con los ojos cerrados. Negué con mi cabeza. Solo unos pasos más y…
— ¡Voila! —le dije después de media hora.
Christian abrió los ojos y se acercó a la laptop.
—Elena Smirnova. —leyó en alta voz mientras examinaba detenidamente la foto con la información que le estaba mostrando. — ¿Imagino que no necesito saber cómo accediste a la base de datos de la CIA?
—Nop. —le dije mientras le devolvía el teléfono. —Necesito una ducha relajante.
—Ahora te acompaño, necesito revisar esto.
Me encaminé hacia la habitación, me desnudé y me metí en la ducha.
Veinte minutos más tarde me paré frente al espejo, me coloqué mis espejuelos, me envolví en una toalla y salí del baño, me había cansado de esperar a Christian. Lo encontré donde mismo lo había dejado. Me recosté al marco de la puerta mientras lo observaba mirando fijamente la pantalla. Levantó los ojos y se me quedó mirando entrecerrando los ojos. Y después miró nuevamente hacia la pantalla de la computadora. Y me sonrió.
—Podría funcionar. —escuché que murmuró antes de dejar la laptop a un lado y acercarse donde yo estaba.
— ¿Qué es lo que podría funcionar? —le pregunté mientras me cruzaba de brazos.
Christian me sonrió más ampliamente cuando llegaba frente a mí.
— ¿Sabes que me recuerda verte así con una toalla y cruzada de brazos? —me dijo mientras se paraba frente a mí.
—No. —le dije aunque imaginaba hacia donde se dirigían sus pensamientos en esos momentos.
—New York.
—Lo imaginaba. Entonces, que es lo que decías que podría funcionar.
—Un plan que he comenzado a armar desde que te vi ahí recostada. —me dijo mientras enredaba un mechón de pelo en su mano. —aunque pensándolo bien, no creo que funcione.
— ¿Porque no?
—Porque solo funcionaría si supieras hablar ruso fluido. —le sonreí.
— Почему вы думаете, что я не говорю?2—le dije con mi mejor acento ruso. 2: ¿Que te hace pensar que no lo hablo? Hacía tiempo que no lo practicaba, pero me había salido bastante bien.—A cada instante me sorprendes más Ana, no sabía que hablaras ruso.
—Y algo de francés. —confesé mientras Christian me miraba sorprendido.
—Pero aún deberíamos hacer algunos cambios contigo. —me decía mientras me tomaba por el brazo y me hacía dar una vuelta.
— ¿Me contarás que estás planeando? —le dije cuando terminaba de dar la vuelta.
—Olvídalo, no creo que sea buena idea Ana, es peligroso. —dijo negando con su cabeza.
—Cómo voy a saber que es peligroso si no me lo cuentas. —le pedí sonriéndole.
—Es una mala idea, se me ocurrió que como te pareces a la hermana de Elena podríamos infiltrarte en la subasta en lugar de ella y ver como se desarrollaba todo.
— ¿Estás hablando en serio? —le pregunté incrédula.
—Olvídalo quieres, es muy peligroso.
— Опасный и захватывающий3. —le dije mientras me acercaba a la laptop.3: Peligroso y excitante.
Y me quedé mirando la foto que tenía abierta. Caterina Smirnova. Y él tenía razón. El parecido era increíble. Solamente cambiar el color y la textura del pelo.
—Podría funcionar. —le dije mientras Christian me miraba fijamente.
— ¡Dios te has vuelto loca! No Ana, solo fue una idea. No pienso ponerte en peligro. —lo miré alzando una ceja. —Al menos no en esta clase de peligro.
—Creo que sería más fácil a la hora de infiltrarnos. Yo de Caterina y tu como mi sexy y apuesto guardaespaldas. —Christian me sonrió ante el comentario de sexy y apuesto.
Se acercó donde yo estaba y me sonrió.
—Tienes razón, haría todo mucho más fácil, pero eso no depende de mí, tendría que hablarlo con mis superiores, que dudo que acepten poner a un civil de por medio.
—Pues para luego es tarde. —le dije tendiéndole el teléfono.
Christian cogió el teléfono de mis manos negando con la cabeza.
—En que me estoy metiendo. —dijo muy bajo antes de apartarse de mi lado.
—Te escuché. —le grité para que lo supiera.
Christian se giró brevemente sonriéndome antes de dirigirse hacia la habitación.
Y no lo iba a interrumpir, sabía que necesitaría algo de privacidad para lo que iba a hablar. Así que me quedé allí leyendo todo el perfil que tenían sobre Caterina Smirnova. Christian regresó donde yo estaba 15 minutos más tarde. Dejé la laptop a un lado y me puse de pie acercándome a él. Venía muy serio y se me quedó mirando fijamente.
—No estoy muy feliz con esta decisión Ana. —me decía mientras tomaba mi rostro entre sus manos, su mirada perdiéndose en la mía. —Mis superiores han aceptado que te hagas pasar por la hermana de Elena, pero han puesto ciertas condiciones que vas a tener que seguir y cumplir al pie de la letra.
— ¿Qué condiciones?
—Vístete con algo cómodo, no tenemos mucho tiempo y quiero mostrarte al menos lo básico y más importante. —me dijo dándome un beso en la frente y empujándome hacia la habitación.
Estaba intrigada. ¿Cuáles eran esas condiciones que me exigían? Me vestí con la ropa más cómoda que pude encontrar y salí en busca de Christian.
—Lo más difícil sería corregir el color de los ojos. —le dije pensativa cuando llegué a su lado.
—Solo necesitarás unos lentes de contacto para corregirlo.
—Te recuerdo que ya uso lentes y que sin ellos no veo nada. —le dije frustrada.
—Corregimos el color con lentes, y usaras tus gafas normales, nadie conoce mucho de Caterina, así que no tienen por qué saber que usa gafas.
Me tomó de la mano y salimos rumbo al parqueo subterráneo y de allí rumbo a algún lugar que Christian no me quiso decir.
— ¿Me dirás dónde vamos?
—Te voy a enseñar como disparar con un arma. —me dijo mientras yo lo miraba incrédula. —Necesitarás aprenderlo por si te hace falta.
Christian conducía hacia algún lugar de Chicago. Algún lugar donde podría enseñarme como disparar un arma a esta hora de la noche. Y para mi sorpresa parqueó frente a una estación de policía.
Salimos del auto y tomándome de la mano me condujo hacia el mostrador de recepción de la estación de policías.
— ¿Buenas noches en que puedo ayudarlos?
Christian sacó su billetera y la abrió mostrándole la identificación que había en su interior.
—Sí, ya estoy al tanto. —descolgó el teléfono y marcó un número. —Lionel, ya están aquí…sí, bajan enseguida. —colgó el teléfono. —Tomen el ascensor hasta el sótano, Lionel los está esperando.
—Gracias. —Christian guardó su identificación y nos dirigimos hacia el ascensor.
—Pensaba que no tenías permitido mostrar tu identidad a nadie. —le dije una vez en el ascensor.
— ¿Y quién dice que se la he mostrado? —Christian presionó el botón del sótano y las puertas se cerraron.
—Ah no. ¿Entonces que le mostraste?
Christian sacó su billetera y me la tendió. La abrí y pude ver la identificación que le acababa de mostrar. Era de los marines, y no tenía su nombre real, decía Ryan Chasting. Le devolví la billetera.
—Es usted un hombre de muchos talentos ocultos Sr. Chasting. —le dije sonriéndole.
—No tienes idea. —me susurró en el oído mientras las puertas se abrían en el sótano.
Y justo frente a nosotros apareció un uniformado.
—Buenas noches Sr. Chasting, soy Lionel, si me siguen los llevaré al campo de práctica. —nos dijo mientras daba media vuelta.
Salimos del ascensor y comenzamos a seguirlo hasta que llegamos al campo donde haríamos las prácticas de tiro.
— ¿Con que modelo desea que entrene?
—Creo que con una P228 estará bien. —le contestó Christian.
— ¿Usted también practicará?
—No. —y Lionel nos dejó solos para ir por el arma.
— ¿Una P228? —pregunté con curiosidad.
—Si es un arma parecida a la mía, es la que utiliza la policía.
En ese momento regresó Lionel y le tendió un arma a Christian junto con un cargador.
—Vamos. —me dijo mientras me conducía por un pasillo donde habían varias casillas separadas cada una por un panel. —Aquí. —me dijo mientras nos deteníamos en uno más amplio que los demás.
Christian cogió unas gafas y me las colocó seguido de unas orejeras.
—Esto, es una Sig Sauer P228. —entonces se encendieron las luces de la estación de tiro. —Y aquello es el blanco al que tendrás que tirarle. —me dijo mientras me señalaba un blanco a unos cinco metros de donde yo estaba. —Pero primero te voy a mostrar cómo funciona. Este es el seguro. —me dijo señalando una pieza al lado izquierdo del arma. —Lo primero es quitar el seguro. —me dijo mientras lo presionaba. —Después debes poner el cargador. —me dijo mientras metía el cargador en el arma. — Después debes rastrillar el arma, y se hace moviendo esto hacia atrás, de esta forma. —Christian sujetó el arma por la parte de arriba y la echó hacia atrás. — ¿Entiendes?
—Sí. —le dije mientras yo miraba todo lo que él hacía sin perderme ni un detalle.
—Bien veamos si lo entendiste. —y en un movimiento rápido sacó el cargador y colocó nuevamente el seguro dejándola como se la habían entregado.
La colocó sobre el mostrador junto con el cargador.
—Coge el arma y has todo lo que te acabo de mostrar.
