"Es tu culpa"

En el rayo de sol que te despierta todas las mañanas, en esa brisa de aire que te saluda al caminar, en la sangre que recorre tus venas… en tu cuerpo… en tu alma. Ahí estaré.

Seré esa piedra en el zapato que no te dejara en paz los trescientos sesenta y cinco días de año, las veinticuatro horas… sabrás que estoy ahí, me sentirás, me odiaras… me querrás expulsar de tu sistema, no… no te canses en intentarlo no podrás.

Justo ahora mientras sonriente caminas aquellos conocidos pasillos me sabes en tu cabeza, maldiciéndome e inventando infantiles manera de hacerme desaparecer, no puedo evitarlo incluso a mí me das pena.

Un paso y sabes lo que pasara, unos metros y sabes lo que vendrá… viene mi hora, mi tiempo, mi alimento. Lo sientes venir, lo puedo adivinar por la postura que pones, te encoges tocando tu pecho con una mano, como queriendo aminorar lo que pasara, es triste… por momentos quisiera que no fuera así, pero no me puedo mostrar compasivo, así no soy yo.

Mas saludos de personas que para ti pasan a ser desconocidos, tomas aire profundamente y yo me preparo, te adentras en aquel mar de gente donde no muchos te prestan atención, agradecías aquello, agradecías no ser tan apetecible como sus alimentos, era bueno, por lo menos guardarías tus falsas sonrisas para cuando fuera necesario. Y en pocos instantes y mientras avanzas hacia ellos esa falsedad llega a tu rostro.

Palabras sin sentido que sonaban a saludo salieron de tus labios mientras tomabas asiento, mientras yo quiero que lo hagas ya, exijo que levantes la vista, quiero que los veas a la cara a ambos, quiero que veas como se miran, como se tocan… como se necesitan, quiero que me alimentes… quiero atacarte.

Un largo suspiro escapa sin que puedas hacer nada por evitarlo, ellos te llaman y tú sin querer levantas la vista; gracias.

Corazón… alma… son mis puntos favoritos, justo cuando tu sonríes a aquellos mientras, sin tener idea de lo que pasa dentro de ti se toman de la mano, hablándote de algo que en ese momento carece de sentido, yo puedo hacer contigo lo que quiera.

Corazón, es gratificante sentir como gracias a mi aquel órgano de tu cuerpo se contrae en espasmos, sufre, muere… me gusta… me alimenta, lo gozo.

Alma, algo que puede ser llamado insignificante, algo que muchos dudan tienen, algo que de igual forma puedo dañar a tal punto que las lágrimas luchen por salir de tus ojos dejándote vulnerable; sufre… aliméntame, es tu culpa.

Un inocente beso por parte de la pareja que te obliga a elevar la vista hacia el techo y hacer desaparecer aquella lluvia de tus ojos, alguien te pregunta si estás bien, como siempre tú mientes.

— No es nada.

Después de eso y sin que ellos lo noten desapareces de ahí, no… no te vayas, quiero seguir yo... lo necesito.

Me ignoras, pronto te encuentras en un apartado lugar del castillo, tratando de sanar un poco el daño que en ese momento cause.

— Basta, ya no más.

Es tu culpa…

Las fuerzas te abandonan y caes sin remedio al piso, mientras yo por un momento de nuevo siento lastima por ti, pero no… no puedo hacerlo, yo no soy así.

— No más…

Un silencio roto sólo por tus sollozos, tal vez deba presentarme formalmente. Hola, soy el dolor de amar, soy la desdicha de no ser correspondido, soy el castigo por lo prohibido, soy ese pinchazo en tu corazón, sólo te pido no me odies, después de todo tú me mantienes vivo, tú me haces fuerte y por eso te digo gracias.

A tu mente llega la imagen de la cual tanto huías, y ahí voy de nuevo, creo que debo agradecer sean tan masoquistas, las lágrimas invaden tus mejillas y mientras ruegas pare yo sólo te puedo decir.

Es tu culpa.

Fin