Al final decidí no terminarlo aquí, simplemente porque no supe como determinar un camino, desarrollo o forma de terminarlo aquí. No es que quiera seguir alargándolo, sino que no tengo ideas de cómo hacerlo. Como ya había pasado demasiado tiempo sin publicar, decidí que lo mejor era extenderlo un poco, o de lo contrario no me hubiese sentido muy bien conmigo mismo. Luego de pensarlo, aún no sé cómo terminarlo, pero debo terminarlo. Extenderlo solo lo hace aburrido y tedioso. Además, aún tengo una petición pendiente que atender, una que no me agrada del todo pero fue la única que me hicieron a su tiempo.

Kaede no se encuentra conmigo, ella y yo… tuvimos una ligera discusión por causa de su perro, nada grave. Yo ahora estoy en la calle, mandando esto. Decidí salir a despejarme a un cyber, ver algo de videos graciosos en el tutub, y mandar esto de una vez. Lamento la espera. Capítulo 26.

XXVI

Aunque Sakura le recomendó a Naruto dormir en su cama, él decidió tomar un sillón para que su amada durmiera cómoda esa noche, la primera noche al menos. Sin embargo de alguna forma no pareció quedarse tal como se había acordado. Cuando Naruto despertó esa mañana se encontró sentado en ese sofá (así se había quedado dormido), con algo de calor y a Sakura a su lado dormida y acurrucada. Podía sentir un fresco aliento acariciando su cara mientras que la piel de ella en un pijama de una camiseta y un pantalón corto calentaba su cuerpo y mente.

–Confirmado, o me ama o me adora.

Naruto se ciñó a su amada al cuerpo, mientras ella comenzaba a despertarse poco a poco, a lo que el rubio solo pudo ver como una oportunidad para amarla.

–Naru…

–Shshshsh –Naruto colocó un dedo sobre el labio de la dama. Una vez que Sakura volvió a acurrucarse junto a él mientras escuchaba en susurros a su novio–. ¿Qué haces aquí? ¿No se suponía que estarías durmiendo arriba?

–Increíble como ha avanzado nuestra relación: ahora tú me pides explicaciones. ¿Qué no te agrada despertar a mi lado?

–Me fascina, ni siquiera ha comenzado el día y siento que este ha sido el momento más increíble. Es solo que no comprendo el motivo para esto.

–No me malentiendas, es "cómodo" tu colchón de hule espuma, pero prefiero algo un poco más firme y suave que ello.

–Increíble, si no te conociera diría que esto es un sueño.

–De hecho no está muy lejos, mi Narukage.

–¿Cómo me has llamado?

La casa había cambiado, y aunque seguían en el mismo sillón, Naruto se encontraba en medio de lo que reconocía como el palacio imperial. Dos niñas llegaron corriendo a donde la feliz pareja: una de ellas era una niña de cabello y ojos negros que aparentaba tener unos cuatro años; mientras que la otra era una viva copia de Sakura a una edad de quizás dos años. Ambas se acercaron a Naruto, y subiéndose a su regazo y abrazándolo y llenándolo de besos.

–Papi, tengo hambre.

–¡¿Papá?!

–Quisiera desayunar dango, papá.

–Espera, ella se parece a Sakura, pero ¿y tú?

–Me parezco a papá, eso dicen todos los que me miran –Los ojos de la niña de cabello negro fueron cambiando de color a rojo, y uno a uno fueron apareciendo tres "," que le dieron a la niña una imagen Uchiha–. Creí que tú lo sabías ya.

Naruto despertó sudando en el sillón donde había decidido pasar la noche. El sol apenas parecía desear asomar su imagen, y el anciano Senju estaba fumando tabaco cerca de una ventana, observando hacia el oeste. Naruto se levantó aún sudoroso por la pesadilla de la que fue víctima, se acercó al anciano y se sentó a su lado.

–¿Pesadilla, Naruto?

–¿Cómo lo sabe?

–Algunos seres, incluso los animales, emiten sonidos mientras duermen. En nuestro caso son palabras.

–Ya veo.

–Tú en cambio gritabas mucho –Naruto bajo apenado la cabeza–. Si tienes pesadillas la noche en la que, según tu nos habías dicho, era la mejor noche de tu vida, significa que estas nervioso. ¿Me equivoco?

–No sé si se consideraría nerviosismo. Es por Sakura, siempre la vi tan lejana, y ahora está aquí a mi lado. A veces pienso que esto es un sueño del que terriblemente despertaré.

–Un sueño. Sí, es un sueño, Naruto. El amor siempre lo es. Has hecho tanto para llegar a donde estás que no crees posible que puedas darte un rayito de esperanza para ser feliz –el rubio Uzumaki se recostó boca arriba cubriéndose los ojos con un brazo.

–De verdad me agrada, me fascina… no encuentro mejor momento que este para ser feliz. Es solo que me temo que no pueda permanecer así por el resto de mi vida. "No bien obtienes algo tardas toda tu vida tratando de conservarlo".

–Sí, yo te dije eso mismo –plumas de paloma siguió fumando su tabaco tratando de templar su mente para ayudar al joven a su lado–. Bueno, si te sirve de algo, pienso que esto es lo único que podía decir que vale la pena proteger de por vida –Naruto se descubrió el rostro, se apoyó con ambas manos para incorporarse a medias y con sorpresa miró al anciano–. Te diré algo, chico: todos, absolutamente todos en la vida te harán sufrir. Amigos, parientes, conocidos, superiores. Pero hay personas por las que vale la pena sufrir.

–Comienza a hablar como uno de esos aldeanos del consejo.

–Supongo, por lo que he escuchado de Tsunade, que ya estabas preparado para enfrentar un futuro en el que Sakura se quedaría con Sasuke una vez llegara a poner un pie en la aldea. No estabas preparado para un destino tal como ser el objeto del amor de tu ahora pareja. Estabas tan empeñado en dejarla ir, que cuando la obtuviste no supiste que hacer con ella. Lo comprendo, y creo que deberías darte una oportunidad para ser feliz.

Confundido volvió a su mundo feliz, aquel que ahora vivía junto con Sakura, la primera mañana viviendo a su lado. Dándose valor, sonrió y le agradeció al viejo fumador, corriendo escaleras arriba, camino a su habitación. Con cuidado fue abriendo la puerta para evitar despertar a la dama que en su cama dormitaba, y con delicadeza fue entrando, en la habitación y entre las sabanas que cubrían a la chica, que apijamada con una camiseta de tela y unos cortos pantaloncillos de algodón, no se dio cuenta que estaba tan cerca de él. Supo de su presencia de forma inconsciente cuando el calor la hizo aferrarse a él. La noche anterior la habían pasado en vela por la mudanza de las cosas de la chica a algunos muebles que recibieron fiados del anciano.

La luz del sol parecía iluminar por fin la habitación, y una abertura de las cortinas dejaron entrar un rayito de luz que se posó sobre el hombro desnudo de ella. Conforme fue avanzando el sol, la luz fue subiendo por su cuerpo como acariciando con sutileza, hasta que fueron sus labios los que recibieron el beso de aquel a quien amaba. Como flor que busca el sol, Sakura seguía templadamente los labios de Naruto, que tras pocos segundos finalizó el beso. Al abrir los ojos, Sakura se encontró frente del hombre con el que ahora vivía, y lo entendió.

–¿Qué haces en la habitación?

–Quise verte despertar este primer día. La paciencia se me acabó y decidí provocarte un poco.

–Claro. ¿Por qué me estas tocando los costados?

–Para sentirte mejor.

Sakura usó su puño contra la cara de su novio, que con el dolor despegó las manos del lugar donde se encontraban y pasó a tratar de quitar o calmar su dolor. La pelirosada se puso de pie acomodándose el pijama, abriendo las cortinas y causando que la luz le cegara por un instante. Cuando por fin pudo volver a ver, ella quedó deslumbrada por la vista que la casa de Naruto tenía de la ciudad. Quizás, después de las oficinas principales, esta era la construcción con mejor vista.

–¡Increíble! –Exclamó asombrada–. Es maravilloso que una casa pueda tener una vista como esta. Hace mucho que debí haberme dado cuenta.

–Teniendo la oportunidad de construir una casa, se me ocurrió hacerla aquí. Antes de Pain, mi departamento no era sino un cuarto en el que podía dormir y descansar. Aquí puedo vivir.

–Eres un chico muy listo, Naruto.

–Solo es un deseo.

–Fueron los deseos los que nos unieron, ¿Qué no es así?

Naruto abrazó a Sakura por la espalda, besándole el cuello con delicadeza, respirando suavemente y causando que la dama se estremeciera de interés por él.

–Hablando de deseos, ¿tienes mi papel de deseos?

–Sí, pero no pienso devolvértelo aún. No hasta que mi deseo se cumpla, al menos.

–¿Y qué deseo es ese?

–Si te lo digo lo arruino. Deberás esperar que se cumpla, o de lo contrario no volverás a verlo.

Sakura se dio vuelta, sentándose en la ventana y abrazándolo del cuello buscó sus labios.

.

Sasuke estaba llegando a la aldea de la hoja. Atrás dejó todo el rencor y el odio hacia quienes entregaron a su hermano a una muerte segura. En compañía de todo Taka recorrió el imperio, entrando por la puerta principal de cada aldea: desarmado, tranquilo y en son de paz. Cada aldea tuvo sus dificultades, las mismas que fueron desmaterializando el equipo. Como bien es sabido, Suigetsu es un aspirante a espadachín de la niebla sangrienta, y existiendo con vida solo un espadachín, haría falta formar al joven guerrero. El guerrero de agua decidió quedarse en su aldea natal, y llegar a ser tanto o mejor espadachín de lo que fue su hermano. Muy en cambio, Jugo decidió parar un momento, realizar lo que él dijo una separación de la civilización. Sasuke lo tomó como un viaje de autodescubrimiento, abandonando el equipo en mitad del camino de regreso a Konoha. Así, los únicos que llegaron a Konoha fueron Karin y Sasuke. Tal como muchos pensaron, ese día.

–No puedo creer que se disolviera el equipo.

–Cada uno persigue metas distintas, Karin. Además, no se ha disuelto.

–Lo dices para hacerme sentir mejor. Acéptalo, Taka está muerto. Somos los únicos que quedan…

–El equipo siete no murió, mucho menos lo hará Taka.

–¿Qué te hace pensar que el equipo siete no está muerto?

–Naruto y Sakura siguen unidos, y Kakashi lidera la mayoría de las misiones de ambos. Estoy seguro que de la misma manera podrá sobrevivir nuestro equipo solo con nosotros dos. Eso, claro, si ambos seguimos juntos.

Karin enrojeció mientras una pequeña sonrisa se dibujaba a pasos contados en su rostro. Esas palabras le hicieron recuperar el buen humor. Quitándose los lentes comenzó a acercarse a Sasuke, tomándole el brazo, tratando de seducirlo con una frágil y aterciopelada voz (casi como siempre).

–Me halaga que quieras tenerme cerca, Sasuke. ¿Acaso no podría pensar en nada mejor?

–Karin, tienes desde que nos conocimos tratando esa táctica sin resultados.

Karin tomó a Sasuke por la solapa y comenzó a sacudirlo furiosa.

–¡¿Es decir que todo este tiempo has sabido que he querido seducirte y nunca has hecho nada al respecto?!

–No es la forma como puedes conquistarme, Karin. Todas trataron eso, siempre se toparon con un frio corazón que anhelaba la venganza. ¿Qué tienes tú que ellas no tengan?

Karin cerró distancia con Sasuke, besando y a la vez siendo besada por él. Ajeno de caricias fue ahondando el beso. Estas acciones debilitaron a Karin, quien a unos metros de pasar por las puertas de Konoha se dejó caer con el azabache al camino, ciñéndose a él como tela húmeda, y extrayendo de ese beso algunos años de represión romántica. Apenas finalizaron el beso, Karin le dedicó unas palabras a Sasuke, con lágrimas en los ojos y una sonrisa quebrándose.

–Te he dado mi vida, he arriesgado más que mi integridad solo por estar a tu lado. Escapé de Konoha como una fugitiva y me enfrenté a la muerte en aquella batalla en la cuarta guerra ninja. Sin mencionar mi completa sumisión y mí entrega total a ti por sobre de todo. Dime entonces, si eso no es suficiente, ¿Qué más quieres de mí?

–Quiero que estés a mi lado, incondicionalmente y sin juzgarme. Soy el último miembro de un clan extinto por su propia maldición de venganza. Incluso esa misma maldición cubre la descendencia que aún dudo tener. Si quieres ser mi mujer, tienes que estar dispuesta a entregar al clan tu vida y tu cuerpo a la posibilidad de padecer una maldición que consumirá todo a su paso, dejando solo una sombra de fuego que se extenderá por todos lados.

–¡Mírame, Sasuke! –Karin abrió parte de su camisa, mostrando el sitio donde Sasuke atravesó su pecho cegado por la sed de venganza–. ¡Esto me lo hiciste tú, sediento de muerte y dolor! ¡Cualquiera habría retrocedido al volverte a ver, pero yo no pude sino tratar de comprender el dolor que pasaste! ¡Esta cicatriz no es sino la prueba de que me he entregado ya a tu persona y al clan que posiblemente causará mi muerte! ¡Pero te aseguro que la muerte no es sino un cobijo que aún hoy día cualquier guerrero prefiere antes que la perdida de aquellos a quien ama, defiende y respeta! ¡Ese es mi camino ninja!

Sasuke abrazó a Karin. Orochimaru había extraído todo de él, dejándole solo un ligero espacio para el despliegue de sus sentimientos. Ese pequeño lugar ahora estaba siendo ofrecido a quien en mitad de la muerte, siguió pensando en él.

–Sasuke, parece que tienes un corazón después de todo.

Esa voz, la voz que no había escuchado desde la última vez que le enfrentó, casi arrebatándole la vida ese día, parecía iluminar el interior del joven azabache. Soltando a Karin se apoyó en sus brazos y la rodilla izquierda, observando a su primer maestro como Genin: Kakashi Hatake. Él seguía siendo el mismo, incluso leía el mismo libro que leyó durante ese entrenamiento en el campo de entrenamiento. Pronto se levantó auxiliando a Karin para hacer lo propio.

–Ha pasado mucho, maestro

–Vaya, no esperaría que me volvieras a llamar maestro, después de que ambos decidimos un día que debíamos matar al otro. Espero que no me guardes rencor. Creí que era lo mejor para Konoha, el equipo y para mi propia redención como maestro.

–Mucho ha pasado desde ese día –Sasuke bajó la cabeza un poco–. Le pido me perdone por haber fallado como alumno y como shinobi.

–No –Sasuke levantó un poco la cabeza, percatándose que su maestro estaba imitándole en acción e intención–. Yo te pido disculpas por no haber sido un buen maestro para ti. De haber sabido lo que estaba pasando por tu cabeza, tal vez pude haberte ayudado.

–Supongo que ambos están perdonados –dijo Karin levantándolos a ambos–. Veo que tiene un presente para Sasuke.

–Sí, de hecho. Espero que lo aceptes –Kakasi extrajo de su bolso de herramientas lo que parecía ser un pañuelo negro–. Espero que no te moleste haberlo elegido así, pero creo que te queda mejor el negro.

Cuando Sasuke tomó ese obsequio, supo que era nuevamente aceptado en su aldea: era un protector frontal (que casi nunca va en la frente) con la insignia de la aldea y una leyenda bajo ella (añadida justo después de la guerra). Esa leyenda era parte del significado base de su clan: "Voluntad del fuego".

–Nosotros, los Uchiha, somos ese brazal que aviva el fuego.

–Espero que esta vez podamos llevar una relación más tranquila. Quedarás en buenas manos, ahora que yo… he dejado de liderar su equipo –Kakashi se retiraba al interior de la aldea. Detuvo sus pasos un poco para dirigirle unas palabras–. Por cierto, al igual que cuando Naruto regresó, Tsunade ha pactado que ustedes dos pasaran por un periodo de prueba. Les estarán esperando en el campo de entrenamiento en la mañana. Cuídense y cambien un poco.

Kakashi seguía siendo el mismo, aunque para ser justos así lo querían muchos.

Para Sasuke apenas comenzaban los problemas en la aldea. Fuera de que la gente lo mirase diferente (algunos nada más) carecía de lo poco que tuvo cuando aún formaba parte de esta comunidad. Primero que nada, y lo más importante: un techo. Con la destrucción completa de Konoha a manos de Pain, el distrito Uchiha desapareció de la faz de la tierra, y con ello la casa de Sasuke.

–Encontrar un techo será nuestro primer objetivo. Tal vez debamos pasar la noche al intemperie. Tal vez en el campo de entrenamiento, o en el peor de los casos el bosque de la muerte.

–Y yo que había creído que los problemas de espalda se me quitarían pronto. Como sea, primero debemos buscar un piso aquí en la aldea. Si no lo encontramos pronto, oscurecerá. ¿Deberíamos buscar a Naruto?

–No quiero depender de él.

–Es tu amigo. Después de todo le debes un poco de confianza.

–Disculpen.

Una voz gentil se acercó a Sasuke y Karin, voz que solo ella reconocía. Era Aoi, que al escuchar la voz de su "maestro" se acercó a ellos tratando de saber el motivo de su mención. No tardó mucho en reconocer a Karin, aunque desconocía al otro chico que le acompañaba.

–Señorita Aoi, ¿Qué hace sola en la calle?

–Estaba camino a casa del maestro Naruto.

–¿Maestro? –Preguntó sorprendido el azabache.

–Naruto le prometió volverse su jounin líder cuando se vuelva genin.

–Ya veo. Ese favor, supongo, se lo otorgará Tsunade.

–Estaban hablando del maestro Naruto. ¿Qué ocurre? ¿Tienen algún problema?

–Estamos buscando un lugar para quedarnos. Verás, nosotros aún no tenemos casa.

–Eso es fácil. Vengan, les llevo a una casa donde creo rentan un lugar.

La niña salió corriendo por la calle, evitando estrellarse con los peatones que se encontraba. De lejos les hacía señas a los dos, indicándole que por allí era el camino. Al no tener ninguna otra idea, Karin comenzó a correr con una sonrisa y una carcajada sofocada en la garganta, indicándole a Sasuke que podían seguirla. Aun siendo pequeña, Sasuke podía admitir que poseía talento para pasar como el viento entre las personas, mientras que ellos apenas podían pasar removiendo a la gente. De un momento a otro, ambos perdieron de vista a la niña, quedando naufragos en un mar de gente.

–Sasuke, ¿Puedes verla?

No entre tanta gente. Veamos –Sasuke comenzó a usar su Sharingan para buscarla, pero carecía de la habilidad de rastreo que poseían otros dojutsus de la aldea. Cuando el rio de gente se calmó, ambos estaban en mitad de las calles, igual que como hace un momento.

–Oigan, que estoy aquí –Aoi se encontraba a tres calles de ellos, asomando medio cuerpo en la esquina hacia la derecha–. Dense prisa, que el maestro me espera a comer.

–Me da escozor cuando los niños presumen de sus talentos –dijo Karin acelerando el paso.

–Hubieras odiado al equipo 7 hace cinco años.

Sasuke y Karin alcanzaron a la niña, que a unos metros de que la alcanzaran volvió a pegar carrera dando pronto la vuelta en donde la calle hacía cuchilla en un puesto de cerrajería. Este sitio estaba lleno de puestos, letreros y gente, por lo que tanto Karin como Sasuke decidieron seguir a la niña por los tejados. Tras de algunos minutos, Aoi sintió que nuevamente los había dejado atrás, desacelerando mientras volteaba la cabeza a sus espaldas. Al no verlos, se detuvo para tomar un poco de aire. Vio cerca de ella una banca cerca de un puesto de té y Dango y tomó asiento para esperarles. Apenas se respaldó los dos cayeron frente a ella, haciendo que sobresaltara de sorpresa.

–¡Dios! ¡No hagan eso! ¡Creí que moría!

–¿Aún está lejos?

–¿Qué?

–La casa en renta de la que hablabas.

–¿Yo? ¡Ah, sí! Es la casa de allí, la de enfrente.

Sasuke y karin se dieron vuelta. Efectivamente, una casa de una planta tenía un letrero que decía "SE RENTA" en la puerta. No era lujosa un mucho menos modesta, solo era una casa de madera pintada de blanco con una franja azul alrededor del marco de la puerta y las ventanas. Sasuke se acercó a una ventana, mirando en el interior el contenido de la casa. Karin le alcanzó poco después, recibiendo la información de su ahora pareja.

–Parece una casa modesta. No hay muebles ni adornos pero parece tener electricidad y agua. Veo un recibidor, tal vez la cocina o comedor y una puerta solitaria que tal vez lleve a un sanitario.

–Lo que sea que supere a esa fúnebre cueva bastará de momento. Y, ¿Dónde estará el dueño?

–En el letrero no dice nada más que "SE RENTA" ¿Qué crees tú?

–Tal vez sea uno de esos pisos a cargo de una agencia inmobiliaria. Como de vecindad, pero separada.

–¿No has visto a nadie acercarse a la casa, niña?

–Mi nombre es Aoi, y solo he visto la casa y el letrero. En lo poco que llevo aquí jamás vi a nadie entrar o salir de ese lugar.

–¿Lo poco que llevas aquí? ¿Acaso no eres tú una niña que encontrara el caritativo de Naruto en la ciudad imperial?

–Sí, algo así, creo. ¿Quiere que le investigue un poco lo de la casa?

–Déjalo, ya le investigaremos nosotros –Sasuke se acercó a ella y le entregó una moneda de oro (ya sabes, ahorros dejados por el buen Kakuzu tras de su muerte)–. Te agradezco todo lo que has hecho por nosotros.

–Y dile a mi primo Naruto que pronto le visitaremos. En cuanto estemos instalados en algún sitio.

–Yo le digo –Aoi se bajó de la banca de un brinco y le regresó su moneda a Sasuke–. No se preocupen por recompensarme. Solo lo hago por ayudar. Nos vemos.

Y la niña se esfumó corriendo entre la gente una vez más. Sasuke y Karin habían encontrado un sitio, pero ahora solo hacía falta encontrar al dueño o responsable de la renta.

.

Naruto había sido invitado por la señora Haruno a compartir la mesa ese día para socializar con él como el novio aún no aceptado de su hija (ella le aceptó, ellos no). El nerviosismo de Naruto fue bastante evidente al principio, pero poco a poco la confianza fue creciendo. Kizashi había encontrado en Naruto un compañero de afición, aunque para esto el rubio tuvo que fingir tener pasión por los genjutsus (materia en la que Naruto no destaca especialmente). En cambio Mebuki ya había descubierto a un chico dedicado la mañana anterior cuando charló con él. El único tema que el joven jinchuriki no sabía cómo contestar era el tema que Mebuki y Kizashi trataron al final durante el postre.

–Dime, Naruto. ¿Desde cuándo te gusta nuestra hija? –dijo la madre tratando de atacarlo un poco.

–Siendo honesto con ustedes, desde que la conocí… bueno, casi.

–En serio. Es curioso que jamás hubieses venido a comer con nosotros.

–Mamá.

–Solo resalto esa curiosidad. Después de todo, cada buen amigo de Sakura ya había venido a compartir la mesa con nosotros.

Sakura comenzaba a enrojecer apenada con lo que seguía a continuación. Naruto ma miraba apenada y trató de pensar un poco, mientras Mebuki seguía contando las cosas que habían ocurrido en la vida de su hija con sus mejores amistades.

–Sasuke vino una vez, Ino ha venido constantemente. ¿Por qué no lo habías invitado a él hija?

–Bueno, yo… No quería que ustedes creyeran que estaba saliendo con él. Cuando Sasuke vino me avergonzaron diciéndole lo mucho que me importaba, y yo preferí que no ilusionaran a Naruto sabiendo todo lo que había hecho por mí y lo poco que había podido retribuirle.

–Comprendo.

–Además, no quería que creyeran que era muy ruda con él. Cada que me exasperaba no podía controlar mis deseos de darle un puñetazo. Era muy inestable en ese entonces. Luego se fue a entrenar, y después los periodos de batallas, las misiones, la guerra… apenas he podido convivir con él como me hubiese gustado hacerlo antes.

–¡A besuqueos! –dijo Kizashi soltando la carcajada y causando la ira de su hija–. ¡De verdad que así me hubiese gustado ser tratado en mi juventud!

–Así fuiste tratado, cielo.

–¡Es cierto! A tu edad tu madre no dejaba de besarme cada vez que nos reuníamos. Sus padres no le permitían estar mucho tiempo fuera, y por ello siempre que nos juntábamos era para besarnos o para cenar juntos. Esos tiempos los aprecio tanto, que hubiese preferido que duraran aún más. Cuando creces se vuelve muy difícil mantenerse igual a como se era joven. Tu sabes de lo que hablo: los vecinos, las obligaciones… coquetear con las jovencitas… esas cosas ya no son lo mismo.

–No, señor. No son lo mismo. Pero no por ello debe cambiar.

–¿Crees que debería seguir coqueteando

–Inténtalo si te atreves –Un aura oscura emanaba de dentro de Mebuki, causando dolor y miedo a su esposo sin que este la mirase.

–Jamás me ha detenido el qué piensen los demás. Soy quien soy y ni Sakura, ni la guerra pudieron cambiarme. Solo algo más fuerte que ellos dos juntos podrán cambiarme.

–¿Cómo la paternidad? –Mebuki aterrizó en un punto importante: Este era el motivo por el que ella había iniciado los ataques hacia su pretendiente a yerno. Naruto tragó saliva pensando lo que podría pasar en un futuro muy cercano.

–Mamá, por favor, no.

–Señor Naruto. Bien sabe usted que mi hija solo ha tenido, hasta ahora un amor platónico, algunos pretendientillos y solo una pareja hasta ahora.

–Sí, señora.

–No sabía lo que era capaz mi hija hasta hoy, que el mismo día que me dijo que ya tenía un novio me dijo que se iba de la casa, a vivir con él. Todavía no sé el motivo o razón de esto, pero debe saber que, en lo que a mí respecta, siempre se comienza a pensar por lo peor.

–No es la única, puedo asegurarlo –dijo Kizashi llevándose una cucharada de helado a la boca.

–No soy nadie para impedir la vida de mi hija como a ella le plazca, pero debo advertirle que quiero que la haga feliz en todos los aspectos habidos y por haber en una relación, sin llegar a faltarle el respeto o frenar sus aspiraciones como médico, kunoichi o persona.

–Ok…

–Quiero ser completamente clara: según tengo entendido tienen poco de haber iniciado una relación amorosa. Si me llego a enterar en los próximos meses de que voy a ser una joven abuela –por alguna razón Kisashi y Sakura se cubrieron la boca y voltearon a ver a sus espaldas–, le juro que no habrá lugar en la tierra en el que pueda esconderse de la ira de los Haruno.

–Si señora.

–Eso espero –El semblante serio y levemente amenazante de la señora Haruno cambió a una con una sonrisa. Se levantó de su asiento recogiendo los platos mientras se dirigía a su familia–. Me agradó mucho la cena, bastante animada.

Al abandonar el comedor para llevar los trastos sucios al fregadero, Kizashi, Sakura y Naruto quedaron mudos en la mesa, observándola irse. A ninguno se le ocurrió decir nada, hasta que fue Naruto quien rompió el silencio con una de sus propias observaciones psicológicas.

–Debió haber sido una chica linda de joven. Tal vez no fue fácil de cortejar para usted, señor.

–¿Por qué dices eso? –Preguntó Kizashi.

–Se parece un poco a Sakura.

.

A la mañana siguiente Karin y Sasuke llegaron al nuevo campo de entrenamiento, construido sobre un claro en mitad del bosque del país del fuego. Allí solo había tres nuevos postes, usados tal vez por los principiantes. Esperaron los dos a que llegara su rival. Esperaron durante un largo rato, hasta que el rival se presentó ante ellos. O mejor había sido decir: los rivales. Poco a poco se fueron acercando tres rostros familiares, aunque no eran quienes esperarían ver como evaluadores.

–¿Ustedes intentarán evaluarnos a nosotros? –preguntó Karin a tres personas delante de ellos: dos Shinobis y una Kunoichi.

–Naruto Uzumaki, Chunin de la hoja (Evaluado durante el viaje de Taka por el imperio).

–Sakura Haruno, Chunin de la hoja.

–Shikamaru Nara, Jounin evaluador de la hoja.

–De Shikamaru lo entiendo, antes de irme mostró cierta entereza –dijo Sasuke–. Pero ustedes dos…

–Somos sus rivales –dijo Sakura–. Aunque haya seres más capaces, Tsunade creyó que eramos los adecuados para enfrentarnos a ustedes, por comparación y lógica.

–¿Qué lógica puede haber necesaria para no traer a alguien más?

–Hasta ahora Naruto es el único que te ha enfrentado sin morir en el intento de derrotarte –intervino Shikamaru–. Y como Karin puede curar a una increíble velocidad, hacía falta traer a la mejor Kunoichi médico de la aldea. Pero nos conformamos con Sakura.

–Shikamaru ha venido aquí a observar y determinar virtudes y defectos. No falta decir que ambos son talentosos, pero para las misiones hay que clasificarlos. No podemos, por ejemplo, mandar dos médicos si ninguna puede ejercer otro papel. Sakura puede entrar en combate, pero no sé nada de Karin.

–Puedo hacerlo. Se los mostraré.

–De acuerdo. Tengo que darles unas cuantas reglas primero: Naruto, no puedes entrar en modo de chacra. Sakura, no puedes usar el sello divino.

–De acuerdo.

–Sasuke, no puedes matar a ninguno de los dos. Y Karin, no puedes ser mordida por Sasuke. Mi estómago no lo resistiría.

–¿Qué se supone que ha significado eso?

–Serán evaluados en Ninjutsu, Taijutsu y Genjutsu, lo que involucra también jutsu médico y prohibido, a lo que sugiero que no recurran. No sé lo que te hayan enseñado en tu tiempo con Orochimaru, Sasuke. Por eso me preocupa un poco.

–Descuida.

–Ustedes no la pueden ver, pero Ino está observándolos a todos por medio de algunos seres protegidos con sellos escudo por todo el lugar. Ella será mis ojos, permitiéndome ver lo que ella ve y así poder evaluarlos. Yo determinaré los rangos de ambos, entregando un reporte completo Si están listos, es hora de pelear.

Sasuke y Karin tomaron posición de guardia, mientras que Sakura y Naruto parecían estarse preparando apenas. Para cuando Sasuke atacó, los dos desaparecieron en una nube de polvo.

–Como odio ese truco barato de Naruto.

–Este es nuevo.

Sakura venía descendiendo a gran velocidad en picada, con el puño endemoniadamente apretado y a punto de acertar un golpe asesino. Fue Karin quien detuvo su descenso, convocando un Hashoumon (esas puertas endemoniadas que solia convocar Orochimaru). Aún con la protección, Sakura logró avanzar lo suficiente para tocar a Sasuke, que con algunos sellos de manos estaba por causar grave daño a quien estuviera cerca de él. Solo que unas manos bajo tierra le tomaron desprevenido, halándolo y enterrándolo bajo tierra.

–¡Naruto! ¡¿Es en serio?! ¡De todos tuviste que escoger este jutsu!

–Que te puedo decir. Me gusta avergonzarte en público y privado.

.

.

.

Esto es quizás el peor momento de toda relación, las discusiones en las que sales de casa para templarte. No sé qué hacer para regresar. Como sea espero no tener problemas al hacerlo. Ella debe estar esperando, preocupada porque no he regresado. Aún no sé si entrar en la casa, o dejarlo por ahora y dormir en casa de mi madre. Me preocupa lo que pueda suceder. Me preocupa ella, una discusión por nuestro amigo, el perro. No sé si sea suficiente para que termine nuestra relación.

–¿Qué escribes?

–Kaede, yo, no creí que vinieras a…

–"…Me preocupa ella, una discusión por nuestro amigo, el perro. No sé si sea suficiente para que termine nuestra relación". ¿Después de todo lo que te he aguantado crees que una discusión por Pero-Pero es suficiente para que terminemos? Debes alejarte de Feisbuk. Te atrasarás con tu fic. Todavía más.

–Acabo de enviar el siguiente.

–¿Terminaste el final?

–No, es… como un inter, no sé cómo terminarlo.

–¿Y por qué no pedir ayuda?

–Bueno, no quiero molestarte con esto.

–Kaito, los dos hemos escrito esto… bueno, tú lo escribes todo y yo te doy ideas, pero esa historia es prácticamente de los dos.

–¿No estas molesta, preocupada o pensando en cómo te desquitarás conmigo?

–Kaito, te amo. Cada pareja tiene discusiones. Pero no por eso voy a terminar esta relación. Eres el mejor novio que he tenido.

–Espera, ¿Cómo que el mejor?

–Oops, yo no dije eso en voz alta, o sí.

–Kaede, creí que yo era el primero.

–Bueno, hay… hay que terminar de enviarlo. Bien chicos, leer, favoritos, comentar… nos leeremos luego en otro episodio.

–Kaede, no me desvíes del tema.

–Sale pues, hasta luego.