Dejaron una nota a Snape y Hermione y llegaron al hospital en menos de cinco minutos. Juntos. A ninguno se le ocurrió que debieran separarse. Cuando Lucius vio a Draco sentado solo al fondo del pasillo, empezó a correr hacia él.
El joven estaba sentado, tenía la cabeza apoyada en sus manos, aún no se creía que su madre hubiera intentado acabar con su vida. Levantó la cabeza esperanzado al escuchar unos conocidos pasos corriendo hasta él. Su padre había venido. Pero la sonrisa que estuvo a punto de formarse en su boca, se perdió al ver quien venía a penas dos pasos detrás de Lucius.
-¿Qué hace ella aquí?- grito antes de darle tiempo siquiera a acercarse.
Lucius se paró asustado al oírlo gritar. Pero tras una breve pausa decidió que lo mejor era no contestar. -Draco. ¿Dónde está tu madre? ¿Cómo ha sido?-
-La están atendiendo los medimagos de urgencia.- Contestó el muchacho fríamente.
-Draco por favor, cuéntame lo que pasó exactamente.- suplicó el hombre.
-No quiero hablar delante de ella.- dijo Draco escupiendo la última palabra. Casi enseguida se arrepintió, quizás había ido demasiado lejos. Pero para su sorpresa, Lucius miró a Jean Granger como pidiéndole por favor que los dejara solos. La mujer asintió y fue a sentarse en unas sillas que había a mitad del pasillo.
-Intentó envenenarse.- Empezó a contar Draco habando con dificultad. –No paraba de decir que no quería seguir viviendo si tú te ibas, pero no la tomé demasiad en serio.
Por la noche me levanté a pedir al elfo un vaso de agua cuando la oí respirar demasiado fuerte en su cuarto. Llamé a la puerta, y entré rápidamente al no recibir respuesta de su parte.
Mamá estaba tumbada en el suelo y se agarraba el cuello. No me dio tiempo a pensar, y casi por instinto cogí el bezoar que hay guardado en vuestro cuarto y se lo metí en la garganta.
El médico dijo que de no ser por eso no habrían podido hacer nada por ella.- Acabó el chico mirando al suelo.
Lucius estaba pálido y se tapó la boca con las manos, miró a Draco. Seguía mirando al suelo, y estiró el brazo para acariciarle el hombro y reconfortarlo, pero súbitamente el muchacho lo miró con los ojos llenos de lágrimas de furia.
-¡Y todo por tu culpa! ¡Si no te hubieras ido esto no hubiera ocurrido! ¡Podría estar muerta por Merlín! ¿Te das cuenta de lo egoísta que eres?- Lo culpó.
Lucius comenzó a llorar sin poder evitarlo.
-Lo siento hijo. Lo siento…- le dijo entre sollozos.
El tono de Draco se suavizó, aunque empezó a llorar más intensamente.
-Si lo sientes vuelve papá. Aún no es tarde.- Lucius lo miró a los ojos.
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Jean estaba sentada sola. Desde su posición los veía hablar pero no podía entender lo que decían. Estaba terriblemente nerviosa, y no sabía exactamente porque.
Lucius comenzó a llorar de nuevo, allí junto a su hijo. Quiso levantarse y abrazarlo, pero no se sintió con fuerzas de volver a intervenir, después de todo, era él quien le había pedido que los dejara hablar. No estaba molesta, pero sí muy inquieta.
Padre e hijo se abrazaban en ese momento y Jean se sintió sola, muy sola.
Como si su sentimiento los hubiera traído, aparecieron tras la esquina Hermione y Severus corriendo hacia ella. Abrazó a su hija.
-¿Qué ha pasado Jean? ¿Lucius está bien?- Severus estaba muy pálido.
Solo les habían dicho que iban al hospital.
-Sí. No se trata de Lucius. Ni de mí.- añadió al ver que los dos la miraban analizándola. –Es Narcissa. Intentó suicidarse.-
-¡Oh Dios mío!- exclamó Hermione.
Severus sin embargo puso los ojos en blanco. –Hipócrita retorcida…- susurró con fastidio. Jean y Hermione lo miraron asombradas.
Severus sonrió con tristeza. –La iba a dejar ¿verdad?- Jean asintió sin cambiar su expresión de sorpresa, Hermione soltó un gritito.
-La última vez hizo lo mismo. El numerito del suicidio es muy práctico. Así consiguió casarse con él, y que reconociera a Draco.-
-¿Reconociera a Draco?- preguntó Hermione.
-Luego te cuento.- dijeron a la vez Severus y Jean.
-Solo espero que esta vez él sea un poco más listo. Narcissa sabe muy bien como controlarlo.- siguió Severus. Jean se dejó caer en una de las sillas de plástico.
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-Prométeme que no me dejarás. Mi vida no vale nada sin ti.
Sé que a veces soy cruel contigo, no me merezco que te quedes lo sé. Pero es que no tengo fuerzas para seguir sola con Draco, con todo, no tengo fuerzas para enfrentarme al mundo sin ti a mi lado.
Y pensé que nunca te irías. Nos juraste fidelidad a mi hijo y a mí. Pensé que nunca te irías y por eso no te valoré lo suficiente. Quédate Lucius. Somos tu vida. Y tú eres la mía."
Lucius comenzó a llorar al ver a Narcissa hablarle entre lágrimas. Aún así, una parte muy dentro de él le decía que no volviera a caer, una parte dentro de él gritaba el nombre de Jean. Cada vez más y más fuerte… Levantó la cabeza para enfrentarla, pero entonces le llegó la voz de Draco.
-Por favor Papá…- El nombre de Jean dejó de oírse. Él había hecho que en menos de veinticuatro horas una familia casi se destruyera.
Por su culpa Draco sufría, y Narcissa casi muere. Lucius ya sabía que ella era un ser frágil, dependía de él. Igual que ese chico.
-Sí hijo. Volvamos a casa.- dijo con triste determinación.
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Las sonrisas de ánimo de Jean, Severus y Hermione, desaparecieron al ver la expresión de él.
Lucius hablaba. Al rato Jean bajó la cabeza. Hermione intentó hablar pero acabó colocándose al lado de su madre, con la misma expresión. Severus lo zarandeó, le gritó, le repitió hasta la saciedad que se equivocaba.
Pero Lucius estaba lejos. Hundido en su propio sentimiento de culpabilidad. No atendía a razones, ni siquiera al, por primera vez claro y enérgico, consejo de su mejor amigo.
No importaban sus propios sentimientos. Y Jean lo olvidaría con el tiempo y sería feliz. Ella era una mujer fuerte.
Narcissa en cambio, era una pobre mujer, trastornada, quebradiza. Una pobre mujer que dependía de él.
Lucius se dio la vuelta y se fue. A su mansión. Guardó bajo llave la cajita de terciopelo verde. Bajó a cenar, y sonrió a su familia.
Sus ojos estaban vacíos de sentimiento, pero a ninguno le importó, era una sonrisa. Las cosas iban volviendo a la normalidad.
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