Recomendación musical: silver mt. zion - Stumble Then Rise on Some Awkward Morning (si, es muy largo)

Suspiro, y atravieso la puerta. Madge está ahí. En la cama. Con los ojos cerrados y vendada hasta las cejas.

Quizás exagero. Quizás no. Al menos lo poco que deja ver la sábana está cubierto por finas gasas blancas, que casi se confunden con su pálida piel. Su rostro solo tiene una gasa en la mejilla izquierda, pero está intacto. Solo lo atraviesa una mueca de sufrimiento.

Me acerco a ella y me siento en una silla, a su lado. Me apoyo un poco en los bordes de la cama y maldigo por lo bajo. Todavía así me parece bonita. Ella es frágil, pero fuerte. Bonita, pero rota. Profundamente rota, rota por un dolor que traspasa la carne y llega a los sentimientos. Acerco un dedo a su rostro, y con suavidad intento relajar las pequeñas arrugas que oscurecen su pequeño rostro. Abre los ojos con pereza.

Cuando tiene los ojos completamente abiertos, esos ojos azules color de mar, o un poco más pálidos que el mar, me dirigen una mirada. Se abren. Se humedecen. Se oscurecen. Sus pupilas se dilatan por el terror. Se esconde debajo la sábana, como una niña pequeña. Madge, ella es una niña pequeña. No importa detrás de que se cubra, con lo que intente disfrazarse, ella es una niña a la que le arrebataron por fuerza la inocencia.

Suspiro inevitablemente y aparto mis brazos, los levanto, en señal de paz. Me mira recelosa. Carraspeo un poco antes de hablar.

—Como te encuentras, ¿Madge?

Ella tiembla debajo las sábanas. Se cubre con ellas. La escucho sollozar. Qué tortura.

—Madge… escúchame. Puedes mirarme, solo un momento. No te haré daño, te lo juro por… por mis hermanos, por mi madre por… quien quieras

Poco a poco se destapa un poco, mostrándome sus torturados ojos, que están un poco llorosos después de todo. De repente no puedo evitar que mis mejillas se sonrojen y que el corazón me retumbe en los oídos. Siento la sangre acelerarse. Sin embargo sigo manteniendo la vista en Madge, concentrándome en ver más allá de sus ojos, averiguar cómo se siente. Doy unas bocanadas de aire y me preparo para confesar.

—Madge… yo… bueno, siento… lo siento… siento lo sucedido. De verdad. Odio lo que Liar te hizo. Es terrible. Pero tranquila, no volverá a hacer daño a nadie más…

Parece tranquilizar los músculos, sus ojos muestran un poco de alivio. Continúo. Aquí viene lo difícil.

—Cuando… cuando supe que no estabas yo… me sentí… mal, bueno, horrible. Porque… porque yo te… esto, yo te quiero mucho…

Aparto la vista porque ya no puedo más, pero entonces un sonido me sorprende. La vuelvo a mirar y se ha destapado un poco, me mira con esperanza, tiene la boca hasta un poco abierta. Sus ojos brillan. Con ello siento la esperanza de nuevo. Pero se va pronto.

Sus ojos se oscurecen de nuevo y cierra la boca abruptamente. Se deja caer en la almohada y aparta la vista, mirando abajo. Intenta hablar, pero le cuesta hacerlo. Cierra los ojos muy fuertes. Dolor. Sufre. No quiero que sufra. Esto está mal. Empieza a hablar con voz grave y floja, como la última vez.

—Gale…

Oír cómo dice mi nombre extrañamente me reconforta. Me gusta. Pero pronto vuelve a hablar.

—…sé que me odias. Se lo dijiste. Se lo dijiste a Finnick y a tu madre… les dijiste mil veces, les dijiste que estabas enamorado de Katniss… que ella era especial… que yo no te importaba…

Esto es absurdo.

—¿Qué? Te equivocas Madge… yo no dije nunca eso. Yo no te odio, claro que no. Te lo acabo de decir. Yo no quiero a Katniss…

Parece enfadarse.

—¿Cómo que no? ¡Lo dijiste! ¡Lo he escuchado muchas veces! …A mí no me gusta, Finnick. Ya te lo he dicho… No mamá, ya te lo he dicho mil veces… Claro que me acuerdo de Katniss… si, ella es especial… que no, que ella no me importa… -Dice, haciendo una pobre imitación de mi voz.

Reconozco las palabras. Sé que las dije. Pero no tenían el significado que ella les da, que Liar les dio. Empiezo a tener ganas de matar a Liar seriamente.

—Tranquila… te engañaron, Madge. Yo no dije eso… al menos no quería decir lo que tú crees que…

—¡MADGE!

Esa voz. Esa voz melodiosa, un poco grave. Esa voz que podría reconocer en cualquier lugar y situación. Esa voz que sé que me odia.

—¡KATNISS! –Exclama efusivamente Madge.

En ese momento sé que sobro. Me levanto y dejo que Katniss ocupe corriendo mi lugar. Peeta se queda junto a mí, mirándome interrogante. Yo solo encojo los hombros. Me sonríe. Le sonrío sin darme cuenta.

Me giro a ver a Katniss. Está muy desmejorada. Los dos lo están. Todos lo estamos. Habla con Madge efusivamente y lágrimas trascurren por sus ojos. Aparto la mirada y salgo, dejándoles intimidad.

Me dejo caer en una silla del pasillo del hospital. Busco la siguiente estrategia, el siguiente paso. Mi mente está en blanco.

—¿Qué puedo hacer?

—Vaya por dios, ¿sufriendo otra vez por amor?

Levanto la cabeza y aquí está, el irreverente Finnick Odair. Tiene los brazos cruzados y me mira con una media sonrisa. Annie, su mujer, nos mira con una de sus medias sonrisas rotas y entra corriendo en la sala. Ha engordado notablemente desde que la vi, eso o…

—Finnick, ¿Annie está…?

—¡De siete meses! –Me dice, ilusionado. Sus ojos brillan notablemente al decir eso.

—Felicidades, sardina

—Gracias, Carboncillo mío… aunque veo que necesitas ayuda

—¿De qué?

—Que corto eres, si no me equivoco detrás de esa puerta se encuentra aquella chica… Madge, ¿no?

—Pues sí

—Y esa chica te gusta

—¿Cómo...?

—Yo lo sé todo, de todas formas a esa chica también parecías gustarle… ¿cuál es el problema?

—El problema es que un loco la raptó, le hizo creer que la odio y ahora le doy miedo y asco ¿Qué hago?

—Mph… difícil situación.

Entonces una enfermera entra en la sala y hecha a los visitantes de Madge. Peeta, Katniss y Annie salen de la habitación, un poco mosqueados, y concentran sus miradas en mí. Katniss habla primero.

—¿Qué le ha pasado?

—Un loco explotó el hueso de nuevo, la raptó y le hizo creer que…

—Te odia y te teme, ya me he dado cuenta –concluye.

—¿Cómo estáis? ¿Cómo está el doce?

—Bien

Katniss aparta la mirada. Sé que tengo que arreglar esto. Me levanto y me enfrento a ella, algo que debería haber hecho hace tiempo. Pero primero me disculpo.

—Katniss. Lo siento. Siento haber diseñado todas esas bombas. Siento que Coin usara una de ellas en contra de los niños en el Capitolio. Siento haber participado en la muerte de Prim. Siento no haber hablado contigo, pero no me atrevía a decírtelo. Pero es cierto.

Me echa una mirada irada, pero Peeta le estrecha un poco el brazo. Me vuelve a mirar y me escruta con la mirada, con esos ojos grises, buscando algo. No sé si lo encuentra, pero al fin dice, con voz llorosa.

—Te perdono

Sonrío. Es lo máximo que puedo esperar de ella después de todo.

N/A

Llevaba tiempo queriendo meter a Katniss de nuevo en el asunto. Tenía que aparecer, era un cabo demasiado suelto. No abra ninguna clase de romance entre los dos, aviso ahora. Lo siento para los que quisieran. No me gusta el Galeniss.

Bueno, ¿cómo estáis? Aquí os traigo "disculpas". Qué decir del capítulo… lo de siempre. Que mi inspiración está un poco ida y que vuestras ideas son un regalo.

Gale definitivamente ha puesto en orden sus sentimientos, ahora ha de conquistar a Madge. Tarea difícil.

Gracias por las reviews, nos vemos en: Confusión.