Fics de Naruto.
Quantum Ninja.
Capítulo Veintiséis: Mi Hermana Mayor… Mi Vida.
Hanabi y Hinata habían recibido una noticia que las había dejado estupefactas, el Naruto de aquel mundo, que había salvado a ambas hermanas a un a costa de su vida, al que todos habían creído muerto… estaba vivo. Hinata estaba sumamente feliz, las lágrimas no dejaban de fluir, pero no eran de tristeza, sino de felicidad.
Por su parte, Hanabi, quien se repuso más rápido que su hermana, tenía algunas ideas más, para su nuevo amigo el zorrito. Claro que primero, debía ayudar a su hermana mayor.
—Y bien.
—¿Bien qué?
—Como que bien que… Dijiste que Naruto-kun estaba vivo.
—Si, lo esta.
— Bien. ¿Dónde esta Naruto-kun?
—Lo siento, no estamos en el cubículo de información… para saberlo, ya sabes que debes hacer.
—¿Qui-quieres decir que debemos gastar un deseo?
—Aja.
El tono algo sarcástico del Kyubi, estaba incomodando bastante a Hanabi.
—Ni loca, quiero a mi hermana, pero te conozco. Maldito animal. En cuanto pida saber donde esta, me saldrás con alguno de tus trucos de… "Esta en Japón" o "Esta en algún lado escondido"
—Trucos, lo dice la niña del "Jutsu" de fuego.
—Que culpa tengo de que la Naturaleza de mi clan, no sea del elemento fuego.
—Si desea, te puedo cambiar tu naturaleza elemental…
—Ni loca, ni aunque me hicieras dominar los cinco elementos.
—Un Ninja normalmente no puede dominar más de tres elementos. Solo Jutsus especiales o el Bijuu de Cinco Colas permiten obtener esas habilidades.
—Oh. Oye, conoces donde están los otros Bijjuus.
—Lo, sé. ¿Para qué quieres saber?
—Tú crees que me quieran conceder un deseo si los encuentro.
—Este mundo no funciona así, niñita.
—Entonces. Oye, por cierto… ¿Cómo es que sabes tanto de mi mundo? —pero el Kyubi no contestó—. ¿No serás tú el gracioso que nos trajo aquí en primer lugar?
—No, simplemente se todo eso, porque soy una entidad que esta sobre el tiempo y espacio. Esas simples leyes de la Cuarta dimensión para mí, no son nada. Existo al mismo tiempo a través de todos los Universos y tiempos.
—Ah, si, ya entendí… Claro, las leyes de la cuarta dimensión… —Hanabi asintió con una cara de suma confusión.
—Se la creyó… —pensó el Kyubi aliviado.
—Oye Zorro.
—Dime enana.
—Enana tu ma… —Hanabi mejor se calló al ver a su hermana—. Tranquila Hanabi. Es por el bien de Hinata-neechan. Dime algo, hay alguna forma de convencerte de ayudarnos sin pedir un deseo.
—Tú que crees…
—Qué no.
—Din, Din, Din. Denle un premio a la nena —pero la actitud burlona y sarcástica, ya le había colamdo la paciencia de la pequeña Hanabi.
—Ahora si, te la ganaste. Zorro de nueve colas o no… ¡Me las pagas!
—Así, que harás enana que no puede usar bien ni un Jutsui…
—Ya vas a ver que puedo hacer…
Mientras Hanabi y su nuevo-viejo amigo, el Kyubi, peleaban; Hinata por fin lograba asimilar la idea, de que su querido Naruto-kun, quizás estuviera esperándola en el cuerpo del Naruto de ese mundo.
—Etto… ¿Puedo pedir yo un deseo?
Hinata sacó de su pelea a ambos "amigos".
—¿Nee-san?
—Con gusto. Dime tu deseo.
El talismán donde estaba encerrado el Kyubi, levitó y se posó sobre las manos de Hinata.
—Desearía poder encontrarme con Naruto-kun.
—¿Estas segura Nee-san?
—Tú cállate. El negocio es con ella, no contigo.
Hanabi estaba por golpear el talismán que contenía al Kyubi, pero por Hinata, no lo hizo.
—Si, es lo que más deseo. Deseo que me digas todo lo que puedas de Naruto-kun. Que paso luego del accidente, donde esta ahora y si esta bien. Por favor.
—Niña esos son más de un deseo, lo sabes.
—Por favor —Hinata estaba a punto de llorar.
—Esta bien —el talismán brilló y de inmediato, las rocas en el suelo, levitaron y se unieron creando una especie de pantalla, en la cual se proyecto las imágenes del accidente de Naruto.
—Genial, una película. ¿Dónde habrá palomitas?
—Hanabi-chan.
—Gomen.
—Como verás, el accidente no fue una falla, alguien lo provoco.
En las imágenes, se podía ver, cuando todos los alumnos estaban en su paseo de campo. Cuando el bus quedo solo, Hanabi salió de su escondite y corto la manguera de los frenos. Luego volvió a esconderse. No sin antes, sacar una pequeña bolsita de entre las cosas de Hinata y tirarla hasta el fondo del bus.
—¡Por Dios! Si que estoy loca —exclamó Hanabi al verse ahí.
—Ese era el regalo de Naruto-kun. Me preguntó que habría ahí.
—Señoritas, puedo continuar —luego de disculparse ambas hermanas por interrumpir, el Kyubi continuó—. Luego de los incidentes ocurridos, Naruto…
Se pudo ver, lo antes escrito en el diario de Hinata, solo que, luego de que Naruto rescatará a Hanabi y a Hinata, este cayó del risco, donde una muerte segura le esperaría, gracias a las filosas rocas que esperaban abajo. Por suerte logró sujetarse de una rama e impulsarse fuera de la dirección de las mortales puntas.
—¡Naruto-kun se salvó!
Por desgracia, la mara cede antes de lo calculado por el rubio y este se golpea la cabeza, antes de caer sobre una enorme roca, quedando muy malherido. Casi agonizando, el rubio es rescatado por unos chicos que practicaban deportes extremos, luego es llevado a un hospital para ser atendido. Por desgracia, cuando Naruto recupera la consciencia, no recordaba nada de lo que había pasado.
—¿Na-Na-Naruto-kun tiene amnesia?
Luego se vio como Naruto se acostumbro a su nuevo pueblo y poco a poco, fue formando parte de él. Aunque se lo veía feliz, en las noches lucía muy triste, como si le faltara algo. Hinata pensó en dejar a Naruto feliz en su nueva vida, pero a verlo mirando triste, lo que parecía ser la pequeña bolsa que antes Hinata había intentado salvar. La hizo cambiar de idea.
—Nee-san, te extraña.
—M-mi Na-Naruto-kun.
—Nee-chan, hay que ir a ver a Naruto-kun y devolverle la memoria.
—Si Hanabi-chan. Debemos ayudar a Naruto-kun. Pro aun no sabemos donde esta.
—Eso es sencillo, si tu hermanita lo desea, puedo ayudarlas a ir con él.
—Ni loca, no gastaré mi único deseo en algo tan sencillo. Además, vi muy bien el nombre de la ciudad, donde esta Naruto-kun. Gracias por el vídeo Zorrito.
—No sabes como te odio, niña.
—Yo también te "quiero".
—Entonces para donde tenemos que ir, Hanabi-chan.
—Veamos —Hanabi sacó un mapa—. Creo que debemos ir al sur. Si, a casi veinte kilómetros. Será un largo trayecto Nee-san.
—Que buena suerte que tenemos auto.
—El auto… ¡Yo conduzco!
—No tienes permiso, Hanabi.
Hanabi sonrió y entre sus cosas, sacó un permiso de conducir con su foto.
—Ves, si lo tengo.
—Ese permiso es de la Hanabi de este mundo. Aun no tienes edad.
—Ni tú la tienes, Nee-san. Ambas éramos niñas en nuestro mundo real.
—Esta bien, decidamos quien conduce con el modo tradicional.
—¿Papel, Piedra y Tijeras?
—Exacto.
Ambas hermanas pusieron su mano tras la espalda.
—Papel, Piedra… Tijeras.
La ganadora, para mala suerte de Hanabi, fue su hermana mayor.
—Rayos, nunca gano en esto.
—Bueno, nos vamos, Hanabi.
—Cuídate, zorrito.
Las hermanas se estaban hiendo, cuando el talismán voló a interceptarles el paso.
—¿Qué te pasa ahora?
—¿No querías tu deseo acaso?
—Na, cambie de idea. Mejor regreso luego.
—Pe-pero…
—Nos vemos en otra ocasión.
Pero el talismán del Kyubi, volvió a flotar frente a ellas.
—Bueno, ¿qué quieres?
—Llévenme con ustedes. Este lugar es horrible, no hay nada.
—No es muy diferente a vivir dentro de Naruto-kun.
—Cuando menos ahí veía lo que él y a veces… el me visitaba. Acá estoy muy solito.
—Llévalo Hanabi-chan. ¿Qué peligro puede causar?
Hanabi sujetó el talismán con su mano.
—Esta bien, te llevaré. Pero con una condición.
—La que sea, dime.
—Quiero que me concedas más de un deseo.
—Imposible. Aunque quisiera, no lo podría hacer. El conjuro de Minato que me selló, solo me permite conceder un solo deseo por persona. Así se aseguraría de que ayudará a mil personas antes de quedar en libertad.
—Mil, son muchas.
—¿Y cuántas personas llevas?
—Con Hanabi, serían cinco…
Hanabi estalló en risas al oír eso.
—No es divertido. Si al menos ese maldito de Minato no me hubiera dejado en un lugar tan recóndito, hace tiempo me hubiera liberado.
—Cinco… de mil… —Hanabi seguía riendo—. Solo te quedan novecientas cinco personas más.
—Hanabi-chan, mil menos cinco son novecientos noventa y cinco. Cuando lleguemos a nuestro mundo me encargaré de enseñarte matemáticas.
—Pero Nee-sama.
—Nee-sama nada. Debes tener en la cabeza algo más, aparte de pelear. No es lindo que una señorita sea una completa idiota.
—Vas a ver zorrito. Me las pagaras…
Hanabi tomó el talismán entre sus manos y de pronto… toda la cueva comenzó a retorcerse.
—¡Hanabi-chan! ¿Qué hiciste?
Hanabi soltó de inmediato el talismán.
—Yo nada, te lo juro. Ni siquiera lo apreté tan fuerte —luego se lo puso en las manos a Hinata—. Ves, esta intacto…
Pero el extraño fenómeno no ceso, al contrarió, se hizo más fuerte. Luego Hanabi y Hinata sintieron como si alguna fuerza, las arrancará de sus cuerpos y en un violento viaje, regresaron al mundo donde estaba Kurenai, hipnotizándolas.
—¡Qué fue eso! Casi vomito.
—Me da vueltas aun la cabeza.
—Hanabi-chan, Hinata-chan, están bien.
—Estoy bien, Kurenai-sensei.
—Y yo, aunque sig…si… con permiso —Hanabi corrió a encerrarse al baño.
—¿Le pasó algo a tu hermana, Hinata-chan?
—Solo esta mareada por el viaje… ¡Momento! ¿Me llamó Hinata?
Kurenai asintió, luego Hinata corrió a verse a un espejo, era verdad, había regresado a su cuerpo. Luego se escuchó el grito de felicidad de Hanabi, quien corrió a abrazar a su hermana mayor. Kurenai estaba muy confundida.
—Regresamos, Nee-san.
—Si, lo hicimos Hanabi-chan —el tón de voz de Hinata cambió totalmente—. Aunque me preocupa que sucedió en ese otro mundo.
—¿Quieres regresar, Nee-sama?
—Pe-pero tu… luego…
—Por mi no hay problema, ya se que esa Hanabi no era yo.
—No te incomodaría acompañarme, Hanabi.
—No, además… Ese Zorro me debe un deseo.
—¿Les sucede algo, chicas?
—Si, Kurenai-sensei, puede hipnotizarnos de nuevo.
—Por favor.
—Bu-bueno. No se que sucede, pero jamás me he negado a una petición.
Kurenai procedió a hipnotizar a las hermanas Hyuga, las cuales, quedaron en trance rápidamente. La misma escena se repetía, las hermanas Hyuga viajaban en ese vórtice torcido y llegaban al mundo, en el que habían estado antes.
O eso parecía…
—Soy yo… —Hanabi se comenzó a tocar, en efecto era ella, aunque no tenía activado el Byakugan, por lo que casi se cae al tropezar con algo—. Rayos, si esa otra Hanabi gastó mi deseo… quemaré a ese maldito zorro.
Hanabi por fin decide activar su Byakugan, le era bastante molestó moverse a oscuras. Pero cuando lo hace, descubre dos cosas muy raras en sus manos.
—¿Tengo el talismán? Pero se lo di a Nee-san. ¿Qué es este líquido viscoso que tengo en mis manos? ¿Y Nee-san?
Hanabi buscó en la cueva, pero no vio a su hermana mayor y cuando quiso preguntarle al zorro, este ya no respondía. Se asustó aun más, cuando se dio cuenta, de que lo que tenía en las manos era sangre.
—¿Nee-san, estas ahí?
Pero caminando, nuevamente Hanabi se tropieza.
—¡Maldito tronco tirado en el suelo! Momento, es una cueva, como habría un… ¡Hinata!
Hanabi rápidamente se inclinó a ver el objeto con el que se había tropezado, para su miedo, era su hermana mayor. Hanabi trató de oír los signos vitales de su hermana, pero no escuchaba nada. Lo peor, es que, Hinata estaba sangrando y sus ojos, no parecían reaccionar.
