Capítulo 25: Eclipse
Bella POV
Tenía miedo, mucho miedo. La visión de Alice nos deparaba un futuro terrible.
-Bells –susurró Edward ingresando en la habitación.
-¿Cuándo será? –pregunté ansiosa caminando de un lado a otro.
-Aún no lo sé –negó –El eclipse y una gran nevada lo anunciará.
-Tengo miedo –temblé.
-Lo sé –me tomó del rostro.
-¡No leas mi mente, Edward! –lo reté bufando.
-No puedo evitarlo –se disculpó avergonzado.
-¿Cuál es la solución a todo esto? ¿Qué vamos a hacer?
-No la hay… no podemos hacer nada. No esta vez.
-¿No hay nada que hacer? –me quedé atónita.
-No –negó.
-¿Acaso nunca terminará esta guerra? –me rasqué la cabeza.
-Ven a la cama –susurró acostándose –Mi padre está encargándose del tema con Demetri, le informarán todo a Smith. Mañana sabremos cual es el plan a seguir.
-No puedo calmarme… no puedo dormir. ¿Cómo puedes estar tan calmo, Edward?
-Ven –estiró su mano.
Me senté a su lado.
-Shhhh –acarició mi espalda –Tenemos que mantener la calma. No podemos hacer nada más.
-Lo sé, lo sé. Pero no puedo estar calmada. Me has dicho que todos moriremos ¿Y que si esta noche comienza todo?
-Te protegeré hasta la muerte –confesó con una profunda tristeza en sus ojos.
-¡Ni lo digas! ¡No permitiré que mueras! –sollocé.
-Te amo, Isabella Swan –jadeó besando mis labios.
Sonreí.
-Yo…
-Tú también, lo sé –me devolvió la sonrisa.
-Y sigues leyéndola –bufé mirándolo fijamente.
-Sabes que no puedo evitarlo –lanzó una carcajada.
-¡Bobo! –lo empujé y me lancé sobre él.
-La más hermosa mujer que he conocido –acarició mi mejilla.
-No es cierto –le saqué la lengua.
Rápidamente me dio vuelta y se puso sobre mí.
-Te tengo acorralada, Bells –musitó travieso.
-¿Qué harás? –arqueé mis cejas.
-Lo que me pidas –sonrió.
Lamí mi labio superior –Ahora puedes leer mi mente –indiqué.
-Pervertida –gimió.
-Pervertido tú –me sonrojé.
-Te amo –besó mi cuello.
-Te amo –respondí arqueando mi espalda.
Me olió profundamente –Amo el aroma de tu piel.
Mordí mi labio inferior –Grrr –gruñí.
-Grrrr –repitió quitándome la camisa.
-Te…
-Amo –terminó mi frase.
-Bobo –susurré.
-Boba –replicó.
-Hazme el amor, al menos si muero hoy lo haré a tu lado –lo miré a los ojos.
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A la mañana siguiente
-¿Cómo te sientes? –fui a visitar a Alice a la enfermería.
-Algo mal, nauseosa –explicó –Como de costumbre.
-Edward dice que no podemos hacer nada… Que todo lo que viste sucederá y no podremos frenarlo.
-Mi padre dice que debemos tener fe, pero yo creo lo mismo que Edward. No podremos cambiarlo, no esta vez.
-¿Se veía tan mal?
Asintió –Muy mal.
-¿Peor que Fenix? –la nombré algo incómoda.
-Mucho peor –susurró.
Tragué saliva.
-He repasado la visión una y otra vez en mi cabeza, y no puedo encontrar ningún detalle que me ayude a descubrir donde comienza todo. Solo sé que comenzará con un…
-Eclipse y una gran nevada –interrumpí –Lo sé, me lo dijo Edward.
-Hola –ingresó Demetri con un ramo de margaritas –Te las he traído porque sé que te gustan –sonrió mirando a Alice.
Demetri estaba perdidamente enamorado de Alice.
-Que dulce, Demetri –ella las aceptó.
-¿Han hablado con Smith? –pregunté ansiosa.
-Sí –asintió –Está organizando una tropa militar… pero no creo que sea de gran ayuda.
-No lo serán, todos moriremos. Es así –nunca antes había oído a una Alice tan negativa.
-¿Nos has visto morir? –me sentí curiosa.
-Bueno, no nos he visto morir, pero la visión es clara, el mundo se hará pedazos. Todos moriremos, la mutante nos extinguirá a todos, humanos sin poder, mutantes, animales, vegetación –frotó sus brazos.
-¿No habrá nada de vida? –Demetri la interrumpió.
-Nada. Solo ella en un mundo oscuro, es lo que he visto.
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Caminé alrededor del parque, me quedé observando el cielo, se veía extraño, algo violáceo.
-Isabella –susurró una voz.
Miré hacia atrás, no había nadie.
-Isabella –repitió la voz.
-¿Quién es? –miré a los lados, seguro algún estudiante me gastaba una broma.
-Isabella –la voz volvió a llamarme.
-¡Ya basta! ¡No me gustan estos juegos! –grité furiosa.
-Isabella, déjame salir… déjame salir.
La voz estaba dentro de mi cabeza.
-No, no, no –negué nerviosa –No es real, no es real –repetí agitada.
-¿Bella? –Leah me tomó del brazo.
-Ahhh –me asusté.
-¿Estás bien?
Asentí –Sí, estoy b-bien –se me trabó la lengua.
-Pareces muy nerviosa… ¿segura que te sientes bien?
-Debo irme –corrí hacia mi habitación y revolví mis pertenencias.
En una caja de metal tenía tres dosis de la cura.
Me hice un torniquete y me clavé una de las agujas en el brazo.
-Isabella, déjame salir –la voz me volvía loca, no lograba inyectarme.
-No es real, no es real, no existe, ya no.
-Isabella, Isabella, Isabella –la voz comenzaba a levantar el tono de voz.
-¡No! –grité apretándome la cabeza.
-¡Bella! –exclamó Edward ingresando –¿Qué diablos sucede? ¡Leah dice que te ha visto frenética!
Una lágrima recorrió mi mejilla.
-Cariño –se agachó a mi lado y me miró fijamente –¿Qué haces con esa jeringa? –me la quitó de la mano.
-Yo… es que… la he sentido. ¡Lo juro!
-¿Fenix? ¡Es imposible, Bells! –se alejó temblando.
-La he oído. Es ella… quiere que la deje salir.
Me tomó del rostro e intentó concentrarse –Has tomado más dosis de la cura que cualquier otro, es imposible, es tu imaginación.
-¡Ella intenta salir!
-Tu genoma se ha modificado, mi padre te ha hecho mil pruebas, Bella, ya no eres mutante.
-¿Entonces qué me sucede? ¡Dímelo!
-¡Un eclipse! –gritó Jasper abriendo la puerta sin pedir permiso.
Corrimos detrás de él. Afuera un eclipse cubría el sol, todo se volvía negro.
-¿Un eclipse? –preguntó Bree, una nueva mutante, ahijada de Smith.
-Comenzó –susurró Edward cerrando sus ojos, apreté su mano.
-¡Todos adentro! –exclamó Esme empujando a los niños.
Rápidamente Demetri contabilizó a los alumnos –¡Están todos!
-Todos a sus habitaciones, ya mismo –ordenó Esme.
-Quédense allí hasta nuevo aviso, no pierdan la calma. Todo estará bien –aclaró Carlisle con un megáfono.
Caminé hacia mi habitación, Edward se había quedado atrás con Esme –Isabella –la voz volvió.
-No, no –negué intentando ignorarla.
-¡Déjame salir! –gritó tensando mi cuerpo.
-Edward –susurré sintiendo que perdía la conciencia, Fenix deseaba volver.
