Hola a todos, como siempre una disculpa por la demora.
Disclaimer: bleach no nos pertenece.
Reflexiones sobre el mañana
Al resplandecer un destello azul, el hollow desapareció.
Desde lo alto de una azotea, Ishida Uryuu era testigo de cómo aquella luz se desvanecía lentamente. La brisa nocturna mecía sus ropas y con ojos severos dirigía su mirada a la tienda de Urahara. No tardó y pronto apartó su orgullosa mirada para volverse en dirección contraria.
—Parece que las batallas han terminado —soltó al aire Ishida—. Seguro que Kuchiki-san y kurosaki estuvieron en la pelea que se llevó a cabo en la tienda.
—¡Ishida-kun!, ¿le sucedió algo a Kurosaki-kun y a Kuchiki-san?
Ishida se volvió para ver de dónde venía la voz, y al bajar la mirada, una torpe expresión apareció en su rostro. Orihime Inoue estaba parada allí, sostenía un par de bolsas en las manos y le miraba preocupada.
—Ellos están bien —contestó altivamente el Quincy empujando sus lentes—. Al parecer libraron una gran batalla, pero ninguno de los dos resultó herido.
—Me alegro de que él… ellos estén bien —pronunció corrigiéndose en el acto.
La expresión de Ishida se suavizó. La joven respiró aliviada al tiempo que posaba una mano sobre su pecho. Ya no podía saber que era lo que sucedía a los alrededores porque no tenía poderes espirituales. Ishida sabía muy bien lo que se sentía, por eso hacía lo que estuviera en sus manos para apoyarla.
—¿Qué estás haciendo por aquí a estas horas? —inquirió el muchacho, causando que la joven diera un respingo, y se volviera hacia él levantando sus bolsas y sonriendo abiertamente.
—Quería un bocadillo nocturno, ¡así que decidí ir de inmediato a la tienda! —replicó sonriente.
Ishida le sonrió en respuesta mientras Orihime le mostraba cada una de sus adquisiciones.
—Quedará delicioso, ¡no puedo esperar para llegar a casa!
—Te acompañaré a tu casa —le interrumpió Ishida, y de un salto se paró frente a ella. Orihime se sobresaltó cuando el joven caballerosamente tomó las bolsas que ella sostenía en las manos—. No es seguro que una chica ande sola por la calle a estas horas.
—Oh no, no hay prob…
—Insisto —replicó firmemente el Quincy, y adelantó el paso.
Inoue sonrió agradecida antes de apresurarse para darle alcance.
—Muchas gracias, Ishida-kun… —dijo suavemente, y el aludido asintió en respuesta. Mientras ella caminaba a su lado, cerró los ojos y siguió sonriendo— ¿Por qué no te quedas un rato?, ¡compré suficiente comida y puedo cocinar para los dos!
—¿Eh…? —balbuceó el joven al ser tomado por sorpresa.
—¡Puedes probar mis deliciosos platillos! —agregó la joven entusiasmada.
Inoue no se dio cuenta, pero la cara del Quincy palideció en ese instante.
En otra parte de la ciudad, dos figuras levitaban sobre un enorme cráter. Grimmjow se masajeaba una mano y dirigía una escalofriante mirada al suelo, Nell por su parte se deshacía de los restos de su túnica roja. Parecía que ninguno de los dos había sufrido el menor daño.
—Sabes… si reportamos este fracaso, es probable que se molesten —pronunció Nell mirándole fijamente—. Eso podría poner la Sociedad de Almas en riesgo.
—La Sociedad de Almas puede cuidarse sola —espetó Grimmjow volviéndose hacia ella con una mirada severa—. Mientras nos deshagamos de estos sujetos y de la amenaza que representan para nosotros, ¡nada más me importa!
Nel Tu permaneció en silencio un instante.
—Un mundo habitado sólo por Hollows suena maravilloso, ¿no lo crees? —susurró rompiendo su mutismo.
Grimmjow respondió con un gutural sonido expresando así su descontento; entre gruñidos, se apresuró en abrir una garganta.
—Eso es lo que la mayoría de nosotros pensamos que Aizen nos daría. Él era un sujeto que no temía a nada, sus palabras eran poderosas, pero al final… todo lo que decía no eran más que estupideces —dijo Grimmjow volviéndose hacia ella—. Incluso ahora… esos sujetos están usando la misma táctica para arrastrarnos a esta guerra, ¡nos obligan a iniciar otra batalla por supremacía y poder!
Los puños del hombre se tensaron.
—Cazar y ser cazado, así es como debe ser la existencia de los hollows. Nos hacemos más poderosos cuando nos devoramos entre nosotros o consumimos almas humanas, luchamos entre nosotros y con los shinigamis para asegurar nuestra supervivencia —tras decir eso desvió la mirada—. Los shinigamis nos cazan para preservar el balance de los mundos, para continuar el ciclo que aquellos intentan romper… no ven que si destruimos a los Shinigamis… eventualmente nos estaremos destruyendo a nosotros mismos.
Al finalizar sus palabras encaró de nuevo a la mujer, sus pupilas estaban dilatadas y disipó su frustración maldiciendo entre dientes.
—Por mucho que los odie… ¡pelearé a su lado si con eso puedo preservar nuestra raza!, sea shinigami o hollow, ¡yo mataré a cualquiera que se interponga en mi camino! —gritó preparándose para ingresar al portal—. Si algo me enseñó la última guerra, fue a luchar por lo que yo creo que es correcto, ¡al diablo todo lo demás!
Nel Tu sonrió y también entró al portal.
—Bien dicho amigo mío.
La garganta se cerró inmediatamente después de eso.
El amanecer llegó pronto, la luz del nuevo día se filtraba a través de las cortinas de la tienda. Rukia, quien se encontraba descansando en un futón, por fin despertaba perezosa. Sus sutiles movimientos no parecieron perturbar al joven que se encontraba sentado a unos metros de ella.
La muchacha soltó un bostezo al incorporarse en el futón, y se esforzó para ajustar sus ojos a la luz. Aún se sentía cansada por el ejercicio de la noche pasada, y cuando sus orbes recorrieron la habitación se topó por fin con la cara de la fresa durmiente.
—¿Ichigo? —pronunció en voz baja.
Caminó hacia él y lentamente se arrodilló frente al joven. Viéndole dormir tan pacíficamente, sus labios se curvaron e una suave sonrisa. Ichigo dormía profundamente, su cabello estaba más despeinado que de costumbre, su pecho subía y bajaba rítmicamente, su boca estaba levemente abierta y una línea de saliva resbalaba por una de las esquinas.
Ichigo comenzó a moverse, y a abrió sus ojos lentamente; la pereza pareció vencerle y los cerró de nuevo por un instante, sólo para reabrirlos de golpe cuando se percataron que un par de orbes violetas le observaban de cerca. La sorpresa hizo que cayera al suelo, y la joven no pudo evitar mirarle con un gesto de confusión.
—¿Sucede algo malo? —inquirió la shinigami. El muchacho suspiró olfateando el amaderado aroma del suelo en el proceso.
—Nop, no pasa nada —replicó.
—Bueno… en ese caso… —la joven se levantó y se estiró desperezándose — debemos prepararnos para regresar a la Sociedad de Almas.
Ichigo se giró para verle de frente y se levantó.
—¿Deberíamos irnos ahora? —preguntó al tiempo que se incorporaba.
—Deberíamos ir a ver a tu familia primero —contestó ella dirigiéndose a la puerta—, a tu padre también, por supuesto.
El joven frunció el ceño, pero la siguió hasta la salida
—¿Tenemos que hacerlo? —le inquirió con fatigado tono.
Cuando regresaron a la casa de la familia Kurosaki, fueron directamente a por sus cosas. En silencio Ichigo empacó lo necesario, y sacó de un cajón a cierto animal de felpa. Le observó por un segundo antes de ponerle la soul candy en la boca.
—Vas a decirle, ¿verdad?... sobre lo que discutimos cuando veníamos hacia acá —le interrogó Rukia apareciendo a sus espaldas. El aludido asintió antes de introducir la soul candy. El león de felpa cobró vida en su manos, intentó zafarse de su agarré y le miró con furia.
—¡Bastardo!, cómo te atreves a tenerme encerrado durante casi dos semanas —exclamó con dramatismo—. ¡Te odio!, Te od…
Ichigo le tapó la boca y le miró con expresión severa.
—Cállate… o te dejaré al cuidado de Jinta —aseveró amenazante.
Kon asintió, pareció sudar frío a raíz de la amenaza. Ichigo lo colocó en la cama y le dirigió de nuevo una severa y seria mirada.
—Te quedarás en el mundo real —dijo Ichigo, haciendo que la boca de Kon se abriera desmesuradamente.
—¡Qué!, ¡!yo no…!
—Cuídalos mientras yo estoy fuera. Si algo sucede y mi papá no está cerca, quiero que vayas a la tienda de Urahara —le interrumpió el joven—. Cuento contigo, Kon.
El animal asintió lentamente y se hizo a un lado, Ichigo continuó empacando. Era raro que el shinigami le pidiera a alguien más que protegiera a su familia, y era por eso que Kon estaba más que feliz de ser solicitado para la tarea. Eso demostraba cuanta confianza tenía Ichigo en él.
Pronto los jóvenes estuvieron listos para marcharse.
—Nooooooo, ¡no se vayan! —gritaba Isshin haciendo un melodrama, y aferrándose a la pierna de su hijo. El joven continuó caminando arrastrando a su padre en el proceso.
—¡Dejame ir!, ¡infame bastardo! —gritó Ichigo tratando de deshacerse del agarre del padre—, ¡tú no te pusiste así la última vez!
—Es que quiero estar cerca cuando Rukia chan dé a luz a mis ni…
—¡No te atrevas a terminar esa frase! —gritó furibundo.
—Mah… deja que Ichi-ni se vaya —terció Karin mientras Yuzu trataba de separar a su padre de la pierna de su hermano.
—Lo lamento, oji-sama… de verdad tenemos que irnos… —se disculpó Rukia jalando a Ichigo por un brazo.
—¡Suéltenme los dos! —grito el muchacho cuando ambos lados lo jalaron con fuerza.
Los shinigamis cayeron cuando Isshin sin previo aviso soltó la pierna que sostenía. Antes de tocar el suelo, el joven tomó a Rukia por la cintura intentando evitar que se golpeara y protegiéndola con su propio cuerpo. Isshin aprobó la acción alzando alegremente ambos pulgares.
—¡Hijo mío! Ese fue un magnifico intento de …
— ¡No debiste jalar tan fuerte! —gritó cuando se levantó. Rukia recibió el reclamo y respondió con una mirada llena de furia.
—¡Tu debiste fijarte por donde caías, neandertal! —replicó igualmente enojada.
—¡Te acabo de salvar y evitar que te golpearas! —soltó enfadado. Ambos volvieron a intercambiar miradas furibundas y maldiciones.
Los shinigamis continuaron su infantil discusión mientras los tres presentes contemplaban la escena con caras de desconcierto.
—¡Debes de perder peso! —gritó ella apuntándole.
—¡Y tú debes ganar altura! auch —fue lo que alcanzó a decir antes de que sintiera que alguien aplastaba uno de sus pies.
—Oh cielos, parece que te lastimaste un pie cuando caíste —exclamó Rukia con una voz fingida.
—Tú… infame… —murmuró el ofendido dando un vistazo al pie afectado.
—¡Los veremos pronto!, ¡cuídense! —dijo Rukia despidiéndose con la mano, Ichigo le miró frunciendo el ceño cuando ella pasó a su lado sin siquiera mirarlo.
—Oi, yo aún no he terminado cont… —su frase quedó incompleta porque una mochila lo atacó cual proyectil. Y así fue como la mochila de la shinigami le puso fin a esa discusión.
De regreso en la sociedad de almas. Sentado en la rama de un árbol, sin prestar atención al entrenamiento de los nuevos reclutas y con los ojos centrados en el instructor que les mostraba las nociones básicas de la técnica, estaba Hitsugaya Toushirou .Un mormullo se escuchó, cuando alguien utilizó el shunpo para acercársele.
—Parece estar sintiéndose mejor estos días, ¿no lo cree? —pronunció Matsumoto Rangiku apareciendo tras de él—, ¡parece más feliz ahora!
—Mmm —replicó Hitsugaya endulzando levemente su mirada—, pensé que irías a ver a Ichimaru.
—Sólo quería ver como estaba mi capitán —respondió con voz juguetona, y sin perder el buen ánimo puso una mano en su boca y gritó el nombre de la chica que estaba enfrente—. Oye, ¡Hinamori-chan!
La joven giró al escuchar su nombre, y miró hacia donde estaban ellos.
—Rangiku-san, Hitsugaya-kun —exclamó Hinamori saludándoles.
—¡Holaaaaaa! —soltó Matsumoto agitando su mano frenéticamente.
—El tercer recluta del fondo aún necesita mejorar su posición de ataque —apuntó Hitsugaya frunciendo el ceño.
—¡Entendido! —contestó Hinamori sonriéndole antes de volver su atención al recluta. Matsumoto también miró a su capitán por un leve instante, y sonrió antes de desaparecer usando el shunpo. Hitsugaya siguió observando en silencio, y poco a poco se fue relajando su expresión.
Cuando Matsumoto se dirigía hasta su destino, se sumergió por completo en sus pensamientos.
—Me pregunto que le gustaría a Gin para comer…
—Ouch
Matsumoto sintió que su pie aplastó algo suave cuando trataba de tomar impulso. Al girarse para ver de qué se trataba, lo único que vio fue a Renji con una enorme marca en la frente.
—¿Abarai?
Renji masajeaba su frente adolorida.
—¿Dime cómo te hiciste eso? —le inquirió Matsumoto con una expresión de consternación.
—¡Tú sabes muy bien cómo fue que me lo hice! —exclamó el teniente sin poder creer el descaro de la mujer.
Matsumoto soltó la carcajada, y el hombre le miró completamente indiferente.
—Lo que sea… Ya que estas aquí, dime, ¿cómo qué hora crees que sea? —Matsumoto elevó sus ojos al cielo levantando su mano y apuntando al sol con su dedo.
—Creo que es como medio día… ¿por qué? —el teniente le ignoró mientras se ataba su banda y la cinta de su cabeza.
—Rukia e Ichigo deberían llegar pronto —dijo finalmente, y esbozó una sonrisa al mirar de frente las puertas de la senkaimon.
Más tarde aquel mismo día, las puertas del portal se abrieron, y tras ellas emergieron un par de mariposas infernales, siguiéndolas de cerca estaban Ichigo y Rukia, quienes aparecieron en medio de un resplandor y finalmente pisaron el suelo de la Sociedad de Almas.
—Deberíamos regresar a los cuarteles de la 13º división —pronunció Rukia mirando a Ichigo de frente.
—¿Cuál es la prisa? —espetó una voz y ambos shinigamis se volvieron para ver de quien se trataba.
—¿Renji?, ¿qué estás haciendo aquí? —inquirió Ichigo
—Vine a darles la bienvenida… —dijo acercándose a ellos— pero parece que ustedes ya están recibiendo ordenes.
Rukia se giró hacia una mariposa infernal que se dirigía hasta ella. La joven extendió una mano y el insecto se posó sobre ella para transmitirle su mensaje. La muchacha permaneció seria por un instante.
—Parece que te veremos luego, Renji —dijo Rukia cuando la mariposa había emprendido su camino de vuelta—, ahora debo ayudar a Ukitake Taichou con los estudiantes de la academia.
Ichigo rascó su cabeza y después le dirigió una mirada a Renji
—Bien… nosotros iremos a entren…
—Tú… —enfatizó la shinigami— tienes mucho trabajo esperando por ti en la oficina, Kurosaki fukutaichou.
La víctima suspiraba mientras era prácticamente arrastrada, Renji por otro lado sonreía.
—Los chicos quieren ir por un trago antes de que empiecen los exámenes de capitanía— vociferó el pelirrojo apuntando hacia el Rukongai—. ¿Contamos contigo, Ichigo?
El aludido no parecía prestar verdadera atención.
—Sí, seguro, sólo pasa a avisarme antes de que te vayas —contestó, y de inmediato se apresuró para darle alcance a su compañera. Renji miró la escena con leve desconcierto.
—¡Oi, Rukia!
Poco crédito daba Renji cuando vio a Ichigo coger a Rukia por un brazo.
—Te acompañaré hasta el cuartel —dijo con severidad, haciendo que la joven le mirara fijamente.
—No, está bien —replicó ella sonriéndole levemente.
Al mirar esa escena los puños de Renji se tensaron, era inevitable que sintiera algo de celos al ver la forma en que hablaban e interactuaban. De alguna forma se habían vuelto más cercanos… una vez más… la forma en que actuaban, las cosas que decían…
—Está bien, idiota —dijo Rukia alzando levemente su tono—. Sólo asegúrate de terminar tu trabajo.
El pelinaranja asintió pero era evidente su molestia.
—Hacer papeleo apesta, preferiría sólo andar por ahí contigo —replicó despreocupadamente.
… eran mucho más afectuosas que antes…
Mientras se alejaban, Renji pudo notar varias cosas… como el hecho de que Ichigo caminaba lentamente… el hecho de que ahora caminaban más cerca el uno del otro… y como Rukia sonreía cuando él no la estaba mirando.
El pelirrojo se dio la vuelta, y tomó su propio camino intentando esconder el dolor de su rostro. Definitivamente esa noche bebería hasta ahogarse.
—¡Kanpai! —resonó la voz de un animado Ikkaku.
Renji echó un vistazo alrededor, sonreía viendo como todos sus amigos se embriagaban más y más. Kira ya había llegado a su límite y ahora estaba inconsciente en el suelo. Shuhei seguía bebiendo, y platicaba alegremente con Yumichika. Ikkaku tenía el rostro completamente rojo y retaba a todos a un duelo a muerte. Pero Renji también ya comenzaba a sentir los efectos del alcohol invadiendo su cabeza.
—Ikkaku, parece ser un borracho que no controla su carácter —dijo Renji dirigiéndose al teniente pelinaranja—, ¿no lo crees, Ichigo?
El cabeza de zanahoria estaba casi inconsciente en la mesa, una mirada con ojos vidriosos fue lo que le devolvió a su amigo.
—Mah… tú también estás ebrio, ¿verdad? —agregó Renji sonriendo.
— Cállate… —espetó Ichigo intentando levantarse. Apuntó con un dedo hacia su interlocutor, pero no pudo sostenerlo en el aire— tú no me dijiste que esta cosa fuera tan fuerte…
Ichigo cayó de nuevo en la mesa al terminar su frase. Su amigo le miró con simpatía, ya que el sake de la Sociedad de Almas era más fuerte que cualquier cosa del mundo humano, e Ichigo lo había probado por primera vez hace apenas unas semanas.
—Oi, Ichigo… —comenzó el pelirrojo.
Renji de nuevo tomó asiento y elevó sus vidriosos ojos hacia el cielo.
—prométeme algo…
El aludido arrastró su cabeza hasta poder encarar a su amigo.
—Haz aquello que yo no pude hacer… —agregó cerrando sus ojos— cuida de Rukia… hazla feliz…
Ichigo trató de asentir.
—Puede que ahora mismo no me comprendas, ¿o sí? —le inquirió sonriendo; después se inclinó hacia la mesa y cogió la barbilla del cabeza de zanahoria—. Eres un bastardo con suerte, ¿sabías eso?
El teniente se levantó y acomodó a Ichigo sobre uno de sus hombros. Prácticamente lo levantó en peso, y lo empujó hasta la puerta.
—¡Me llevo al cabeza de Zanahoria a su habitación! —exclamó Renji, avisándole a los demás—, alguien debería ayudar a Kira antes de que se ahogue en su propio vómito.
Así finalmente empezó el agitado viaje hasta los cuarteles de la 13ª división. Una vez allí Renji siguió arrastrándolo, porque Ichigo prácticamente estaba inconsciente. Esto dificultó el trabajo de Renji, que por poco se tropieza y hace que ambos vayan a dar al suelo.
—¿Renji?
Se volvió para ver quien le hablaba y le sorprendió ver a Rukia parada en el corredor.
—¿Qué estás haciendo aquí?, —inquirió la joven acercándose hasta él— ¿es eso, Ichigo?
—Sí, el pobre imbécil se embriaga muy rápido— dijo Renji, pero Rukia no le prestó mucha atención, y se apresuró en abrir la puerta de la habitación.
—Aquí, esta es su habitación —dijo haciendo una ademán con la mano, e indicándole que lo hiciera pasar.
Renji dejó a Ichigo en su futón y después le echó un vistazo a la habitación. El lugar estaba casi vacío, y había un enorme agujero mal cubierto en el techo. Rukia cubrió a Ichigo con una manta y secó el sudor de su frente con una toalla.
—Deberías irte a dormir, Rukia —apuntó Renji encaminándose a la puerta—, Ichigo estará bien.
—Me quedaré aquí otro rato —replicó la muchacha frunciendo levemente el ceño—. Si mañana despierta con una gran resaca, me aseguraré de que reciba su merecido por haberme preocupado.
Renji sonrió levemente, y por un momento fugaz se quedó observando el semblante de preocupación que portaba la morena. Finalmente se decidió a salir cerrando lentamente la puerta tras él.
—Si alguna vez te atreves a lastimarla, juro que no te perdonaré… —murmuró para él mismo mientras se alejaba.
Rukia sacó un medicamento de alguno de los gabinetes, soltó un bostezo antes de arrodillarse frente al shinigami, y observarle detenidamente.
—Idiota… deberías darte cuenta antes…
Los ojos de la shinigami se cerraban sin que se lo propusiera, había seguido cuidándolo y ahora su cabeza se desmayaba sobre su pecho a causa de la fatiga. Pronto sintió que el sueño le ganaba la partida y lo último que vio fue una confortante oscuridad envolviéndola.
A la mañana siguiente, luego de abrir los ojos, Ichigo se llevó la mano a la cabeza y se palpó una enorme protuberancia que latía como si tuviese vida propia. Cuando oyó un ruido se volvió rápidamente hacia donde provenía y encontró a Rukia ajustando su espada al cinturón.
—¿Rukia? —inquirió con voz ronca. La aludida se volvió hacia él y le miro frunciendo el ceño —¿Estás bien? —preguntó el muchacho cuando notó que se veía algo molesta.
—¡Gracias a tu pequeño incidente con el alcohol, ahora llegaré tarde a mi reunión con los reclutas! —soltó furiosa, abrió la puerta de prisa y antes de salir agregó—: Hay medicina en el gabinete de arriba por si te sientes mal… regresaré después y te despertaré a eso del medio día, justo antes del anuncio del general.
Le dirigió una última mirada a su compañero y después salió a toda prisa.
Ichigo dejó escapar un suspiro antes de acostarse de nuevo. Cuando giró su cabeza a la derecha, fue inevitable que oliera su almohada. Al hacer esto, la confusión pareció invadir su rostro, se levantó de nuevo y tomó el artefacto en sus manos.
"¿Por qué la mitad de su almohada estaba impregnada del olor de Rukia?"
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Hasta la próxima actualización, gracias por sus amables reviews!
