Sam y Castiel se miraron después de llevar varios minutos esperando, sentados frente a frente, por el mensaje de Dean, de reunirse allí con él. No había dicho más y tan sólo se había tratado de un escueto mensaje de texto. "Ven al motel, necesito hablar contigo." Ninguno de los dos sabía de que iba aquello, que era lo que Dean quería decirles y mucho menos que fuera algo con los dos.

Sin embargo, en realidad, los dos tenían una ligera idea sobre lo que ocurría, aunque ni Sam ni Castiel dijeron nada. tan sólo se miraban, Castiel con total tranquilidad, como era normal en él, manteniendo la mirada fija en el cazador, si estaba nervioso o no, no era algo que se pudiera leer en sus ojos. Sam por su parte, estaba hecho un flan, los nervios estaban a punto de acabar con él y ni siquiera sabía como controlarlos por más que lo intentaba.

Volver del infierno había sido una dura prueba para él, no tener alma durante meses y sentir que le faltaba algo que le hacía ser realmente Sam Winchester, había estado cerca de volverle completamente loco. Ahora, después d que su hermano acudiera directamente a Muerte para devolverle a la normalidad, Sam se sentía raro, confundido incluso.

Era él, lo sabía, lo sentía, no había dudas en que su alma estaba en su interior, su corazón volvía a latir de una forma natural y los sentimientos desde los más positivos y románticos hacia su hermano, como el mayor de los temores a lo que pudiera ocurrir en el futuro, estaban ahí. Pero también al mismo tiempo, también había vuelto el miedo a la vida de cazador, a perder a Dean, a lo que pudiera ocurrirles, a los demonios que siempre les perseguirían. Todo su pasado, sus recuerdos, su miedo y su mayor alegría le acosaban y daban vueltas en su interior como si de una lavadora se tratara.

"¿Te encuentras bien?" Preguntó finalmente Castiel.

"Creí que como ángel podrías ver en mi interior." Castiel guardó silencio. "Lo siento, es que todavía no me acostumbro a todos estos sentimientos, estas emociones que son las que convierten en ser humano, recorriendo mi cuerpo. Me sería más fácil que vieras a través de mi, que tener que decírtelo por mi mismo."

Castiel mostró lo más parecido a una sonrisa que Sam le había visto nunca, aunque el cazador estaba seguro que Dean le habría visto sonreír mucho más cuando estaban a solas.

"Claro que puedo ver en tu interior, pero se que no debo hacerlo. Dean me lo enseñó, a los humanos no os gusta que indaguemos en vuestros corazonces con total impunidad."

Sam sonrió.

"Es muy propio de Dean decir eso y es cierto, pero ahora mismo, no tengo muchas palabras para expresarte lo que está pasando dentro de mi."

"Volverás a ser tu mismo, con tiempo y con Dean a tu lado."

Sam suspiró con fuerza y bajó la mirada a la mesa en la que tenía apoyadas las manos.

"A veces pienso que Dean hace demasiado por mi. Si fuera otra persona ya me habría dejado tirado. Pero él, cada vez se esfuerza más y más por mi, por devolverme a la vida, por traer de vuelta mi alma, por salvarme de Lucifer. No quiero que sufra por mi culpa."

"Es la forma que tiene Dean de decir que te quiere. No esperes que diga a menudo un quiero, Sam. Pero en cuanto tenga la ocasión arriesgará su vida para mantenerte a salvo."

Sam se dio cuenta que Castiel estaba hablando por si mismo, por como había visto que Dean se comportaba con su hermano, sino por lo que le había ocurrido a él, por el comportamiento de Dean con él.

La puerta de habitación se abrió un segundo más tarde y Dean apareció en ella, con un paquete de seis cervezas y un enorme bol de pollo. El cazador y el ángel le observaron en silencio.

Sin que Dean dijera una sola palabra, los dos sabían que le ocurría algo fuera de lo normal al cazador; pero ninguno dijo nada, esperaron a que fuera el propio Dean el que empezara a hablar.

"Veo que has recibido mi mensaje Sammy. Se que podía habertelo dicho cuando nos hemos separado esta tarde, pero no me acordé." Dean sonreía, no era normal en él aquella sonrisa tan amplia, como si fuera un niño en el día de su cumpleaños esperando todos los regalos. "Y Cass, por fin has aprendido a leer los sms, aunque suponía que si pensaban en ti y en que quería verte a esta hora aquí, vendrías de todas formas."

La sonrisa en el rostro del cazador se mantuvo, lo cual era más raro todavía, pero al mismo tiempo, demostraba que Dean estaba escondiendo algo. Dejó la comida y la bebida sobre la mesa, como si todavía no se hubiera percatado de las miradas de sus dos compañeros clavadas en él. se quitó la cazadora y comprobó el arma que siempre guardaba en su pantalón, estuviera perfectamente cargada.

"Voy a darme una ducha, estoy con vosotros en diez minutos."

"Dean, espera."

Sam se levantó de golpe e hizo que Dean se detuviera seco, aunque no lo estuviera mirando a los ojos, pues no podía hacerlo.

"¿Qué es lo que ocurre? ¿Qué te pasa? Este no eres tu."

"No se porque lo dices. He traído la cena, estoy contento por tenerte de vuelta, todo está bien, por primera vez en mucho tiempo, todo está bien, Sammy."

Gracias a que les daba la espalda, ni Sam ni Castiel eran capaces de ver su rostro compungido, del que había desaparecido aquella forzada sonrisa, dejando paso a unas mejillas enrojecidas por tratara de no llorar por todos los medios.

"No todo está bien Dean. Tu no estás bien. Te conocemos de sobra como para saber que algo no va bien contigo." Sam dio un paso adelante, pero se detuvo al ver que el cuerpo de su hermano se ponía tenso. Se dio la vuelta y miró a Castiel, pero el ángel negó con la cabeza, le había prometido a Dean hacía meses, que no leería su mente bajo ninguna circunstancia. "Dinos que te ocurre."

"Sam, no me pasa nada ¿Vale? Se que no es normal en estar feliz, tampoco he tenido muchas oportunidades en la vida para estarlo. Pero ahora…" Tragó saliva, le costaba conseguir hablar con normalidad, pero no permitiría que la pena se apoderara de él. al menos ninguno de sus dos amantes se habían dado cuenta de la situación en la que ahora se encontraba, eso le daba un poco más de tiempo, pero si finalmente lo contaba se arruinaría todo. "Ahora todo es perfecto."

Castiel se dio cuenta automáticamente, nada más escuchar aquello, Sam tardó cinco segundos más, pero en cuanto lo comprendió, sintió que el alma recién recuperada se le caía al suelo de golpe.

"Dean…"

"Sammy, por favor. Es sábado por la noche, hace tres días que no nos molesta ningún demonio y la guerra ahí arriba parece que se ha detenido, lo que me permite tener a Cass aquí conmigo un poco más. ¿Por qué no me dejas ser feliz un poco más?"

No pudo evitar echarse a temblar. Ya lo había dicho, ahora Sam y Castiel sabían lo que le ocurría, sabían que se le había echado el tiempo encima y el día que tanto había deseado que no llegara estaba allí, delante de él, amenazándole con hacer las cosas a su mundo y estropearlo todo.

Castiel se levantó y caminó lentamente hacia Dean. había estado tan preocupado con la guerra civil en el cielo y con recuperar el alma de Sam, que se le había pasado por completo, incluso a él, que era un ángel, que debería haberlo sabido, la promesa que les había hecho Dean a él y a Sam, antes del Apocalipsis y que ahora debía cumplir

"Porque ser feliz ahora, te producirá más dolor mañana." Dijo por fin el ángel. "No sabes cuanto lo siento. Creí que estabas bien, incluso pensé que… no tengo excusa Dean, prometí cuidar de ti, pero no lo he hecho como debía, te descuidé al volver Sam. Lo siento."

"No tiene importancia Cass, al fin y al cabo, este día tenía que llegar tarde o temprano."

"Dean mírame." Sam dio un nuevo paso hacia su hermano. "Míranos, estamos aquí por ti. Nos has mandado un mensaje y ya ves, aquí estamos, dispuesto a todo por ti." Era la primera vez que estaba siendo completa sincero desde que había recuperado su alma. "Dean."

Con movimientos lentos, como si fuera un condenado camino de la horca, Dean se giró, todo su cuerpo temblaba y sus ojos no se atrevían a encontrarse con los de su hermano ni con los de Castiel. Los nervios le obligaron a morderse el labio, gesto que sus dos amantes reconocieron perfectamente.

"No puedo hacer esto."

"¿A que te refieres?" Preguntó si hermano.

"No puedo elegir, ni siquiera quería hacerlo entonces, pero creí que…"

Se mordió una vez más el labio, hasta hacerse una gotita de sangre. Las lágrimas arrasaron sus ojos cuando ya no pudo más, pues estaba a punto de terminar con una de las mejores relaciones que había tenido en toda su vida, para no hacerles daño a ninguno de los, porque les quería demasiado.

"¿Cómo pudiste pensar que yo te dejaría morir?" Sam se dio la vuelta y miró a Castiel. El ángel no había leído el pensamiento del cazador, pero no le había hecho falta, simplemente llevaba mucho tiempo con él. "Juré protegerte, bajo cualquier circunstancia." A cada palabra pronunciada, Castiel daba un paso para acercarse a Dean. "He muerto dos veces por ti, ¿Crees que no iba a impedir verte morir, aunque tuviera que hacerlo yo?"

"Cass…"

"He ido al infierno por ti, hermano." Ahora fue Sam el que se acercó a Dean. Cada palabra de sus dos amantes, le estaba destrozando un poco, sentía que las piernas le fallaban, había practicado todo el día sobre lo que iba a decir, como lo iba a decir y cual sería la reacción de Sam y Castiel. Pero lo había hecho según como quería él que reaccionaran, no como iban a hacerlo realmente. "Y jamás me arrepentiré de haberlo hecho. Volvería a hacerlo sin dudar."

"Chicos, esto no es exactamente lo que había planeado." Dean sonrío, pero ahora se trataba en realidad de un gesto nervioso, pues a esas alturas de la conversación, se sentía completamente incapaz de controlarse. "Quería deciros…"

"A mi me da igual." La contestación de Sam, dejó congelado a su hermano. "Antes, cuando me di cuenta de lo que sentía por ti, me daba rabia verte con Castiel, ver que le querías a él y que yo no me atrevía a reconocer en voz alta que estaba enamorado de ti. Ahora todo es tan distinto, que no me quiero arriesgar a que elijas a Castiel. Preferiría no saberlo. ¿Tu que dices Cass?"

El ángel seguía mirando a Dean, como si le estuviera hablando mentalmente y Sam temió su respuesta. Desde el principio sabía que su hermano y él tenían un vínculo muy profundo, muy diferente a lo que Sam podía darle, por lo que si Castiel le decía que eligiera, tal vez su hermano no era el afortunado y eso le daba un miedo terrible.

Dean también esperó la respuesta de Castiel, si le pedía elegir, acabaría con él.

"Te dije hace mucho tiempo que tus problemas eran mi prioridad. Lo mantengo, pero también debes saber que tu felicidad es lo único que me importa. Podría dejar de lado el cielo si lo necesitaras." Dean dejó de respirar unos segundos, definitivamente eso no era lo que había planeado para esa conversación. "Estoy de acuerdo con Sam, si decidir te hace daño, si no puedes elegir entre nosotros, no te obligaré a hacerlo yo tampoco."

"Chicos, yo… no se que decir."

Sam y Castiel llegaron hasta Dean. Sam le abrazó, para un momento más tarde besarle intensamente en los labios. Castiel le acarició el cabello y en menos de un momento, los teletransportó hasta la cama.

Dean sonrió con picardía.

"¿Cass?"

"Las cosas son diferentes ahora, Dean."

"¿Qué quieres dec…"

El intenso beso que Castiel le dio le cerró la boca, mientras lo tumbaba en la cama con ambas manos. Por su parte, Sam le había quitado la cazadora, la camisa y ahora besaba su pecho desnudo.

"Cass tiene razón. Ahora es diferente."