Ojalá sea de su agrado y les dejo muchos besitos.

Besitos ;).


Capítulo 25: Darse cuenta de las cosas.

A regañadientes, Luce había aceptado brindarle información sobre la vieja mansión donde ella y su hermana habían vivido durante años.

Que no pasaban en vano, se percató al aparecerse en los viejos terrenos. Las verjas casi se caían y el imponente sello familiar ya oxidado, le hizo pensar que la madre de Minerva tenía una gran fortuna y que quizá ese era el móvil del secuestro. Robar su dinero.

Sus pasos hacían eco en el silencio de una mansión casi en las ruinas. Mantenía su varita en alto e iluminándose al pasar, de vez en cuando se sobresaltaba al ver su reflejo en algún viejo espejo o si algún retrato se movía. La mayoría se había marchado ya y simplemente quedaban los marcos. Un poco de tierra en el suelo y macetas rotas. Asumió que podía tratarse de ratas o de algún otro animal nocturno. La mayoría de las habitaciones parecían cerradas con llave, pero quizás también lo estaban mágicamente.

Las paredes tenían un extraño papel tapiz que ya prácticamente no se podía distinguir por la suciedad y el polvo. Además del enorme árbol familiar que descolorido, adornaba la habitación principal.

Ni Minerva ni su madre figuraban en él, así que no tendría oportunidad de saber su nombre.

Qué se suponía que debía hacer, ¿sentarse y esperar a que Minerva y su captor o grupo de captores, aparecieran mágicamente?

Sentía que mientras más tiempo perdía, menos oportunidades de encontrarla con vida tenía. Tenía que actuar con celeridad o de lo contrario estaría acabado. Habría fallado.

Luchaba con una desagradable sensación sofocante en la boca de su estómago, que sentía haber experimentado antes. Aquel día en el que había perdido a Lily para siempre, se había sentido sin aliento, casi como muerto en vida. Dicha existencia perdía sentido a cada segundo en el que no se encontraba a su lado.

Se recostó de una vieja columna de aquella mansión, sintiendo que moriría asfixiado. Abrió un par de botones de su túnica de viaje y trató de mantener la calma. Quizá simplemente se trataba del poco descanso y alimentación que había tenido. Aparecerse en condiciones tan pobres.

Eso no podía ser amor, no estaba enamorado.

¿Lo estaba?

Se lo debía, por todo aquello que ella había hecho por él. Y volvía una vez más, con las manos vacías. Había inspeccionado cada habitación posible, pero no había respuestas o algo de valor que pudieran llevarse. Y Minerva había tenido razón, la zona era realmente callada y escalofriante. Llena de árboles, nieve y bosque hasta donde echara la vista.

Regresar a "casa" resultaba en verdad una desagradable sensación. Buscando por días, algo que sentía que jamás volvería a encontrar.

Que mujer podía estar involucrada y con qué motivo. No se trataba de Luce, no podía ser, además de ser muy vieja para semejante gracia.

- El amo Snape no tuvo éxito, Effy se lo imaginaba. ¡Seguramente la ama Minerva ya habrá muerto y todo es culpa de Effy!

- Minerva no está muerta, no puede estarlo... - negó con la cabeza y caminó alrededor del salón sin descanso. - ella no es tan débil, estoy seguro de que puede defenderse.

- Si no quieren el dinero de la ama, qué pueden querer de ella. Effy no entiende.

- Nada, sólo intentan retarme. Estoy seguro de que una vez que se dieron cuenta de a quién habían secuestrado, la entregarán a alguien más. A alguien que quiera verme perjudicado.

- Quién podría hacer algo así, amo Snape.

- El señor tenebroso me ordenó cuidarla, ella conoce todos los secretos de Hogwarts. Si muere, el señor tenebroso no podrá utilizarlos a su favor y pagará su ira conmigo. Su plan no era matarla precisamente, por eso me la entregó para que estuviera bajo mi cuidado. Sólo una persona parecía estar en desacuerdo y esa persona era...

Por supuesto...

Una mujer cubierta por una larga túnica negra, sonreía cínicamente al darse cuenta de lo que los carroñeros mantenían atado en una celda.

- Muy buen trabajo, me aseguraré de pagarles muy bien. Lo hemos hecho muy bien.

Cómo había sido tan tonto, si la respuesta era más que obvia.

- Bellatrix. Seguramente se la han ofrecido a un gran precio y como ella me detesta, no desaprovechará la oportunidad de hacerle daño. Yo...

Pero su marca había comenzado a quemar y muy pronto se encontró de vuelta en los terrenos de Hogwarts.

- Ah, Severus... - la voz del señor tenebroso se escuchó suave y distante, tuvo que hacer un gran esfuerzo para encontrarlo en la oscuridad. - espero no estar interrumpiéndote a ti y a tu esposa.

- En lo absoluto ¿en qué puedo serle útil? - dijo, haciendo una reverencia. Su amo sonrió, gesticulando que se pusiera de pie de inmediato.

- Supongo que ya lo sabes, se lo he comentado a mis fieles súbditos. Les he dicho que espero que seas el nuevo director del colegio, para éste nuevo año que está por comenzar. Confío en ti y sé que podrás mantenerme al tanto de todo lo que ocurre en la escuela. Asumo que a tu esposa no le importará que tomes el lugar que le corresponde, desde ahora. Fue en verdad, una hermosa boda.

- La forcé a ser mi esposa, de ninguna manera permitiré que escape. Además, ahora que los nuestros están por todas partes...

- Sí, has marcado tu territorio pero quizá no sea suficiente. Su cabeza tiene un muy buen precio, fue la mejor amiga de Albus y además, una de las más allegadas a Potter. Tiene un gran valor. Infinidades de secretos y hechizos de protección sobre Hogwarts. Me alegro haber puesto esa responsabilidad sobre tus hombros.

Caza recompensas. Seguramente esperaban un buen par de galeones, por devolverla viva.

- Pareces tenso, querido Severus. Acaso algo ha salido mal.

Tenía que encontrarla a toda costa. Maldita Bellatrix y sus sucios juegos.

- Así que estaba tratando de escapar, o Severus simplemente la abandonó a su suerte... ¿quizá? - el rostro de Bellatrix se contorsionó en una sonrisa infantil - amo cuando la casería da frutos. Y vaya que sí, Minerva McGonagall. Sabía que Severus fallaría, pero el señor tenebroso no quiso creerme. Dejar a una mujer tan importante como usted, sola y desprotegida. - murmuró, acercándose a su rostro y acariciándolo con uno de sus dedos, dolorosamente. - pero descuide, ahora estará a salvo... bajo mi protección.

- Nunca pensé que llegaría a arrepentirme de enseñar a algún alumno en la escuela. - murmuró Minerva con rabia. Ira que evitaba que siquiera despegara sus ojos de los de la mujer frente a ella. - pero contigo...

- Y yo qué culpa tengo, del descuido de su querido Severus. - dijo, haciendo un puchero.- ahora que Potter está muerto, éste mundo nos pertenece y podemos hacer lo que nos plazca. Usted estaba en mi camino y yo simplemente tomé la oportunidad. Tiene idea alguna de cuánto vale su cabeza, ¿cierto? Y por más que así lo quiera, no puedo matarla. Solo usted nos ayudará a romper todos los encantamientos del colegio y entonces, nuestro señor podrá tomarlo por completo. Todavía puede entrar, pero no quiere hacerlo de la forma tradicional, tomando un tren como si fuera un mocoso. Quiere entrar y salir a su antojo...

Minerva negó con la cabeza y Bellatrix sonrió, apretando su rostro, aún más fuerte.

- Severus es muy débil, pero yo no soy Snape.

Effy pareció entrar en pánico de inmediato.

- La ama Lestrange es muy peligrosa, ¡es capaz de cualquier cosa, amo Snape!

Lo sabía, conocía qué clase de mujer era Bellatrix Lestrange.

- ¡Crucio!

- ¡Basta!

Qué opciones tenía. Sabía que la única forma de vencer, era caer en su propio juego. Nunca era justo ni en igualdad de condiciones.

Tenía días sin dormir, tan solo echado sobre la cama y contemplando el tejado, acercándose al tiempo para volver a Hogwarts y sin un detalle muy importante.

Minerva.

Bellatrix no había dejado pistas y estaba seguro de que había pagado una importante suma a los carroñeros, por tener un nuevo trofeo para su colección.

- ¿El amo Snape desea alguna cosa? - la voz de Effy y la poca luz que se colaba del pasillo, a través de la puerta entre abierta, dispersaron sus pensamientos de inmediato.

- No, Effy. - fue su respuesta y la elfina doméstica, miró a su amo con preocupación.

- El amo Snape no ha comido en días, no duerme. El amo Snape enfermará..

- Estoy bien. - mintió y la elfina compuso un rostro de tristeza, dejando escapar un par de lágrimas.

- Effy tiene miedo. La ama Minerva ha sido tan buena y no merece morir.

No supo qué decir, mientras la elfina cerraba la puerta de la habitación, volviendo a sumirlo en total oscuridad. No había ni una sola luz en la habitación y sin embargo, un extraño resplandor iluminó el lugar. Los regalos de boda, sobre la mesa, tenían un extraño resplandor. Se inclinó para tomarlos.

El desiluminador brilló entre sus manos y una sensación de calidez, sobrecogió todo su ser de inmediato.

Recordaba vagamente lo que era capaz de hacer, pero jamás lo había experimentado. Recordaba la historia sobre magos perdidos que solían utilizarlo para encontrar su camino. Cómo funcionaba.

- Minerva... -susurró abriéndolo con una de sus manos y mirando a su alrededor como un tonto. ¿Qué se suponía que debía suceder?

De pronto, otro gran reesplandor, iluminó la habitación. La luz que podía ver debajo de la puerta, físicamente flotó a su alrededor y se extinguió en el desiluminador. También sucedió lo mismo con las luces de los faroles en la calle. Por un momento no hubo más que oscuridad.

Sintió una agradable sensación de calor que jamás había experimentado antes.

- Minerva... dónde éstas...

"Severus..."

Su marca había comenzado a quemar y su voz retumbó en su cabeza de inmediato. Se escuchaba débil y frágil. Parecía ahogada, como un débil soplo que podía extinguirse en cualquier momento. Se puso en pie y hurgando entre la oscuridad, por su varita, se arremangó la túnica hasta descubrir su marca tenebrosa. Apenas podía ver, pero sin embargo podía sentir a la serpiente, moverse intensamente a través de su piel.

Nunca había sentido un dolor así, pero muy pronto se vio opacado por el calor que sentía en todo su cuerpo. De pronto pudo ignorar la marca y el llamado de su señor, sin siquiera entenderlo.

Su corazón parecía estar en total paz, como si un halo de luz lo hubiese atravesado y supiera una gran verdad que había estado buscando por años. Se puso de pie de inmediato, desapareciendo en el acto.

Tenía el lugar exacto en mente.