Nota: Chicas, sinceramente esperaba ejercer presión en Candyfan72, pero, luego reflexioné, no me había dado cuenta que sus historias tienen años de proceso, así que tienen razón las pocas que publicaron, no es justo dejarlas sin dos historias, así que espero pronto pueda ver publicado nuevos capítulos de Candyfan72, y mientras disfruten esto.
Mil gracias especiales a mi querida amiga que me apoya en toda esta locura y hace este proceso más loco y ameno.
Un abrazo para todas
Capítulo 26.
Albert despertó ante el suave roce de una mano por su mejilla y un corto beso en sus labios.
¿Qué haces en ese sillón? – le preguntó una suave voz femenina, y el alud de imágenes de lo sucedido el día anterior lo asaltaron.
Abrió los ojos para encontrarse con una Candy sonriente observándolo con franca curiosidad. Parecía que nada de la noche anterior había ocurrido.
¿Cómo te sientes?
Perfectamente, después del té dormí como si nada…voy a ver que queda en la canasta de picnic para hacerte de desayunar. – le dijo después le dio un beso travieso en la nariz y salió en dirección de la cocina.
Albert la escuchó tararear y trajinar en la cocina, y por un momento se preguntó si todo había sido un sueño, pero al mover su brazo sintió ardor y se dio cuenta que estaba arañado, un pequeño recordatorio de la noche anterior.
No podía posponerlo más, había pensado que lo mejor era que se recuperara físicamente primero, pero tal vez debía iniciar su terapia.
Candy regresó con un sándwich y un poco de jugo para él.
¿Qué comerás tú?
Me hice un té…
Debes comer algo.
Espera a que beba mi té, y después veré que es lo que mi estómago acepta… pero te prometo que comeré algo.
En la alacena debe haber malteadas…
Odio esas malteadas…
Lo sé, pero anoche no tomaste vitaminas, ni cenaste. – le dijo mientras se ponía en pie para traerle la malteada.
Cuando le extendió el bote Candy notó los rasguños en su brazo.
¿Cómo te hiciste eso?
Seguramente ayer mientras cabalgábamos… ¿Quieres volver a casa? ¿O prefieres quedarte todo el día acá?
Volvamos a casa, no me gusta que Tía Elroy esté sola todo el día, vino por nosotros…
Lo sé, para asegurarse de que no deshonremos a la familia.
Su cumpleaños es la próxima semana… ¿Volveremos a Chicago para celebrar?
No le he preguntado que quiere hacer, pero si no, estoy seguro que los muchachos, Annie, Patty, Allistear y Diana vendrán… no creo que la tía quiera una gran fiesta…
¿Qué hay de la novia de Anthony?
¿Qué quieres saber exactamente?
Porque no la trae…
Porque apenas están conociéndose…
Albert, sí es por mí, por favor dile que puede traerla, el cumpleaños de la tía es un evento familiar y la pobre chica debe sentirse excluida al ser dejada cada fin de semana en Chicago.
Es decisión de Anthony, Candy… Nuestras ropas se han secado con el fuego de la chimenea en la sala, vamos a cambiarnos y regresemos a casa.
Ella se puso de pie y discretamente dejo su bote de malteada en la mesita.
Bebe la mitad de eso Candy.
Un cuarto,
La mitad
Albert….
No, ningún puchero me convencerá, apenas has logrado recuperar dos kilos, y sé que es un proceso lento, pero no debes pasar largos periodos de tiempo sin comer.
Candy vio que no tenía opción y bebió lentamente la mitad del bote. Después se vistió y salió de la cabaña tomada de la mano de Albert, montaron a Nazgul y cabalgaron de regreso.
Elroy Andrew los vio llegar desde un ventanal del segundo piso, y suspiró, hacía casi un año que el compromiso entre ellos había sido anunciado, y ella había luchado por mantener a raya al consejo, pero se preguntaba cuánto tiempo más resistirían sin amenazar de nuevo.
De todas formas, no había nada que hacer, ella jamás permitiría una boda mientras Candy no estuviese recuperada, no era justo para Candy, ni para Albert.
Siguió sumida en sus pensamientos, alguien llamó a su puerta, y ella dio permiso de entrar.
Tía, buenos días.
Buenos días hijo, ¿Cómo la pasaron?
No sé qué decirte…
¿Qué sucedió?
Ella recordó cosas anoche, entró en shock y se quedó dormida, y esta mañana despertó como si nada, no recuerda nada de lo que pasó.
¿Tiene que recordar algo en especial?
No tía, no hicimos nada, comenzamos… pero algo hice que la metió en shock… se puso como loca, gritó, pataleó, me rasguñó…
Debe ir a terapia William, me da terror pensar que pasará si un día recuerda todo sin el apoyo de un terapeuta.
Tal vez tienes razón, es solo que, quería verla mejor físicamente, porque tal vez una vez que recuerde habrá un retroceso… y no creo que su corazón o sus riñones aguanten tanto estrés físico y emocional…
Tal vez debamos decidir cuándo regresar a Chicago…
¿Qué te preocupa tía?
Me preocupas tú, necesitas tu espacio, y has vivido para ella estos dos meses…
Tía, me olvidé de ella por siete meses y mira todo lo que le pasó, no me moveré de su lado hasta que ella esté bien.
Será como tú digas, solo creo que tal vez en un mes más ella deba reintegrarse un poco a la vida, Stear y Patty se casarán en menos de un año, y ella querrá asistir, y tal vez no esté lista para manejar tanta gente si no la llevamos de vuelta a Chicago.
No por ahora tía…
Vete a descansar William, tienes una cara de cansancio que no puedes con ella, anda, que de seguro no pasaste buena noche.
Voy al…
No, ve a tu cuarto, yo iré al cuarto de Candy y velaré su sueño mientras tu duermes.
Gracias Tía.
Elroy caminó al cuarto de Candy y se sentó en uno de los sofás con un libro, la realidad es que tenían un equipo médico completo, pero ni Elroy ni Albert querían que ellos fueran quienes la despertaran en caso de una pesadilla, les parecía demasiado frío, así que ella se acomodó y leyó por cerca de cuarenta minutos antes de que Candy comenzase a moverse inquieta en la cama, lloraba, balbuceaba incoherentemente, los médicos les habían dicho que esperaran un poco a ver si por si sola se despertaba, y si eso no sucedía, entonces la despertaran.
Los minutos de espera eran dolorosos, se sentó a su lado en la cama y esperó un poco de tiempo, Albert normalmente la abrazaba hasta que se calmaba, pero para él era fácil contenerla, Elroy comenzó a alisar su cabello y a hablarle en susurros consoladores, muy pocas veces en la vida se había permitido expresar tanta ternura, pero no le importaba, todos esos meses había enmascarado lo que estaba sintiendo, con tal de mantenerse firme, y de apoyar a William y a los chicos, pero en ese momento, sola, viendo a la joven que había acogido hacía tantos años en la familia, a la que le debía la vida de su sobrino, la que deseaba algún día se convirtiese en la matriarca de su clan, su corazón se resquebrajaba, había tanto dolor en su llanto, vacío y soledad, y la verdad era que Candice nunca había estado sola, se habían mantenido a distancia, pero el corazón de cada uno de los Andrew sangraba por ella.
Hija, tranquila, shhh, no estás sola, aquí estoy contigo, nadie te hará daño, y te juro que los que te hicieron daño pagaran, vamos a hacer de su vida un infierno… - la voz de Elroy se quebró, estaba furiosa, quería tener frente a ella al malnacido que había lastimado de esa forma a Candy, y hacerlo pagar ella misma. Quería abofetear a Derek Dupont por haber salido con la grandiosa idea de llevarla a la India. Mandar al diablo al consejo, por salir con su idea del matrimonio arreglado, zarandear a William por haberlo aceptado, y sobre todo regresar el tiempo, poder cambiar lugares con Candy, o acogerla con amor en su casa desde el primer día, porque al final del día la más culpable de todo era ella, Elroy Andrew.
En algún momento Candy se había aferrado a su cintura y lloraba desconsoladamente sobre su regazo, Elroy dejó que sus propias lágrimas corrieran mientras seguía susurrando promesas y consuelo, y acariciaba el cabello de Candy para calmarla. Le tomó cerca de media hora lograr que ella despertara, no la despertaban de golpe por temor de acrecentar su amnesia.
Poco a poco los sollozos disminuyeron, y Candy comenzó a calmarse.
¿Estás bien?
Sí…
¿Recuerdas que soñaste?
Recuerdo lo que siento, siento terror, impotencia, dolor… me siento humillada, sucia, sola…
Candy, estás segura, estás a salvo, y una Andrew siempre sale adelante hija, no estás sola, eres hermosa y tienes gran dignidad, haz a un lado toda esa basura mi niña. – le dijo Elroy clavando sus ojos grises en los de Candy.
Gracias Tía… ¿pero ¿qué pasa si todo esto no son sueños?
Nada, los enfrentas y te fortaleces de ellos, te conviertes en una mejor persona.
¿Me estoy volviendo loca?
No hija, es solo un tramo difícil que superar, pero lo superaremos juntas. ¿quieres comer algo?
Sabes que no tía…
Bueno déjame replanteo las cosas, vamos a que comas algo.
Sólo si me dices que quieres para tu cumpleaños.
Nada Candy, que tú estés aquí es suficiente.
Entonces haremos una fiesta.
No hija…
¿Una fiesta pequeña?
¿En verdad quieres planear una fiesta?
Una pequeña cena, con algo de música…
Solo familia…
Define familia.
Los chicos, Annie, Patty…
¿La novia de Anthony?
Sí Anthony quiere traerla…
¿George?
Por supuesto, sí es que ya está de regreso.
¿Quieres que invitemos a alguien más? ¿miembros del consejo…?
No Candy, solo nosotros.
Albert las observó caminar, Candy pretendía sostener a la tía para ser apoyo, pero la realidad era que estaba siendo al revés, caminaban pausadamente rumbo a la escalera principal, Albert las seguía de cerca, no había dejado que Candy bajara esas escaleras ella sola, eran muy grandes, pero quería ver cómo era que pretendían resolverlo su tía y ella.
Llegaron a las escaleras enfrascadas en su plática, y comenzaron a descender despacio. Descendieron toda la escalera y cuando Candy llegó abajo tenía una cara radiante.
¡Lo logré Tía!
¿Qué cosa hija?
Bajé todas las escaleras yo sola… Albert nunca me deja… - le faltaba el aliento, pero se sentía feliz, que irónico, ella que antes había bajado los últimos cuatro escalones de un brinco, ella que había corrido en minutos escaleras arriba en tacones y vestido largo, estaba feliz de bajar pausadamente las escaleras principales de la mansión de Lakewood, tomada del pasamanos y colgada del brazo de su tía.
Candy insistió tanto en planear la fiesta que ni Elroy ni Albert se lo negaron, pensaron que mantenerse ocupada sería bueno para ella, así que Candy se encerró en el solarium para llamar a los proveedores que normalmente contrataban, diseñó los arreglos, planeó el menú, ordenó el pastel favorito de la tía, llamó a sus primos, a los Cornwell, a sus amigas, a George, y a Sophie Deveraux.
Aló…
¿Sophie?
Sí…
Habla Candy, la prima de Anthony, no sé si me recuerdes.
¿Cómo olvidarte? Se preguntó Sophie.
Sí, claro, ¿cómo estás?
Bien, gracias, te llamo porque mi tía cumple años y estoy planeando una pequeña cena familiar, y me gustaría que nos acompañaras.
No estamos comprometidos.
Lo sé, pero creo que es buena oportunidad de que convivamos contigo.
Jajajajaja. – (si supieras que la causa de la no convivencia eres tú)
¿Dije algo malo?
No querida, es solo que tu llamada es inesperada.
¿Vendrás?
Claro, ¿A Lakewood?
Sí, estoy planeando que sea formal, sabes que la tía adora que nos arreglemos, black and white. Él sábado a las 9, pero por supuesto puedes llegar desde el viernes si gustas.
Bien, gracias… ¿puedo llevar a alguien?
Solo será familia, me preocupa que se sienta incómodo…
Es una amiga que es socia de los Andrew, su familia está en Inglaterra…
¿Es nuestra socia de negocios?
Sí…
Entonces no le veo problema, por supuesto, será un placer recibirlas, pediré dos habitaciones… ¿llegan desde el viernes?
Sí, gracias Candy.
Un placer saludarte Sophie, ciao.
La puerta del solárium se abrió y Albert entró, la observó sentada en el mullido sillón con el teléfono a un lado y fotografías y hojas por doquier. Pensó en que así había soñado que fuera alguna vez, ella relajada, disfrutando planear las actividades familiares, tomando el rol de la matriarca.
¿Cómo vas princesa? – cada vez había un poco más del tono que él usaba con ella antes de que todo sucediera.
Bien, ya todo está listo… solo…
¿Solo?
El tema es black and white… necesito un vestido blanco o negro… ¿sabes en donde debo buscar?
Vamos de compras.
No… ¿en verdad entre los cientos de vestidos que se debo tener no hay algo que pueda ponerme?
No creo que haya uno que te quede…
Lo olvidaba… mañana es miércoles, podemos ir y venir a Chicago, o bien regresar el jueves… ¿Crees que la tía esté de acuerdo?
No veo porque no… ¿estás lista para ir de compras?
No pierdo nada con intentarlo…
Usaremos la silla de ruedas…
Albert…
Mi vida, andar de una tienda a otra es extenuante…
Haremos citas en las boutiques que me gustan, e iremos a esas, llevamos la silla en la camioneta y si es necesario la usamos… pero no quiero ir en la silla todo el tiempo…
Bien.
Candy y Albert salieron rumbo a Chicago al día siguiente temprano, las citas en las boutiques estaban programadas a partir de las tres de la tarde, habría tiempo suficiente para que Candy descansara un rato en la mansión y luego salieran de compras.
Candy vestía leggins color negros, botas largas sin tacón, y una camisa de mezclilla, llevaba unos enormes pendientes dorados, y la réplica del anillo de compromiso, porque el original se le caía. Sus rizos se veían adorables, revueltos, despeinados, brillosos, sedosos y sensuales. Caminaron hacia una de las camionetas y Candy observó su Mercedes y sintió ganas de manejar, de ser ella nuevamente.
Quiero manejar
¿Qué quieres manejar?
Tu Lamborghini… y estrellarlo en un árbol.
Sólo una vez en la vida se hace eso, y tú ya lo hiciste… además… - le dijo el ofuscado ante el recuerdo de esa noche.
Jajajajajaja, solo te molestaba, quiero manejar mi camioneta, la silla cabe sin problemas.
¿segura?
Sí, pero no sé dónde…
Las llaves están junto con las de los demás autos, voy por ellas. –
Candy manejó con precaución, se sentía rara y maravillosa a la vez, Albert estaba embelesado con la felicidad reflejada en su rostro. Fueron a la primera boutique y no encontraron nada que les gustara, para la cuarta boutique Candy comenzaba a mostrar signos de cansancio, Albert la tomó del brazo y la llevó a sentarse en un sillón, un par de ojos azules los observaban de lejos, no podía negar que él era un devoto de ella, y que ella a pesar de su evidente fragilidad era hermosa.
¿No nos acercaremos a saludar?
No, y además creo que arriesgamos mucho con lo que propones, sobre todo tú.
Ella fue quien me dio permiso de invitarte.
¿Y eso le dirás a Anthony?
Pretendo que ella sea quien se lo diga.
Sophie…
Monica, voy a ser la esposa de Anthony Andrew, y quiero a mi lado a alguien que sea mi aliada, ser parte de la familia no es un juego, o más bien es un juego de estrategia, y pretendo jugarlo bien.
Las dos mujeres se quedaron observando a la pareja de rubios dentro de la boutique, ella estaba sentada en un sofá, mientras Albert le enseñaba toda clase de vestidos, cuando hubo decidido por algunos, la ayudó a ponerse en pie, y la acompañó al área privada de vestidores, Mónica y Sophie se marcharon en ese momento, pero a lo largo de su vida Mónica recordaría perfectamente la mirada de devoción, el cariño y el genuino interés que el mostraba por Candy, sobre todo porque era algo que ella, Mónica Ainsworth, aun habiendo jugado bien sus cartas nunca lograría tener de William Andrew.
Cuando por fin hubieron terminado sus compras Albert la convenció de llevarla en la silla de ruedas, y ella no opuso resistencia, estaba demasiado cansada como para protestar.
El viernes la familia llegó a Lakewood, ese día tendrían una cena semi formal, Candy se encontraba en la entrada recibiéndolos junto con Albert, apenas era alrededor de las 4 de la tarde, Ella se veía linda, vestía mallas azul marino, con botas café, un holgado vestido color vino y una chalina del mismo tono que sus mallas, su cabello estaba un poco más largo, y lo llevaba suelto, al cuello llevaba un moderno collar de cuentas de cristal en color dorado, un toque bohemio a su atuendo, junto con largos pendientes dorados.
Candy, te ves hermosa mi querida sobrina, dime, ¿Cuándo será que mi primo decida por fin casarse contigo?
Allistear…-
Ya sé William, ya sé que esperaran, pero es tan hermosa que temo que te la roben.
Jajajajaja, padre, deja de coquetear con Candy, y ten por seguro que no hay forma de robársela a Albert, lo intentamos y morimos en el intento. – le dijo Archie en son de broma.
Archiebald, si te escucha Annie te devolverá el anillo.
No te preocupes gatita, sabe que la adoro, solo le hago ver a mi padre que no tiene por qué preocuparse de que te vayan a robar.
Eres imposible Archie, pero pasen, el té será servido en el solárium, y después cada quien es libre de hacer lo que quiera, podemos montar, y luego arreglarnos para la cena. ¿Sabes a qué hora llegará Anthony?
Vino con nosotros, pero se detuvo en el portal de rosas, tu sabes…
¿Y Sophie?
Sophie dijo que llegaba mañana a la fiesta, tiene cosas que hacer en Chicago.
La familia entró en el solárium, y pasaron la tarde entre pláticas, risas, bromas, Stear había llevado un invento inservible por supuesto, que terminó llenando de humo la habitación.
Elroy observaba feliz a su familia, todo parecía estar en paz, estaban juntos, a salvo, George se integró a la reunión, y después se dispersaron, algunos fueron a cabalgar, o a descansar un rato, Candy fue a su habitación con Annie y Patty, Albert tenía cosas que hablar con George, y ella necesitaba descansar, así que las chicas le hicieron compañía.
En la biblioteca Albert y George se encerraron con un vaso de whisky y el informe que George llevaba con él.
¿Pagaste?
Por supuesto, se supo que era traficante de niños dentro de la prisión. Eso tiene su precio ahí dentro.
Mantente al tanto, no quiero que salga por nada del mundo.
William, termina de leer el informe.
Ya veo, bueno un cretino menos en este mundo…
¿Destruirás los documentos?
Sí, pero primero quiero que la tía lo lea… ¿Cómo están nuestros hombres?
Bien, ya se han reintegrado al trabajo.
Albert se puso en pie y guardó el informe en la caja fuerte, no quería dejarlo por ahí. El lunes hablaría con la tía para mostrárselo, y darle paz mental.
Vamos George, habrá que cambiarse para la cena.
¿Cómo está ella William?
Mal, cada vez más cosas la hacen entrar en shock, no ha subido mucho de peso, puede caminar un poco más, pero aún se cansa demasiado, y tiene pesadillas, de las cuales no recuerda nada, pero la angustian en sobre manera.
Debe ir a terapia… ¿Cómo estás tú? ¿la has perdonado?
¿Qué le perdono George? Esa chica de allá arriba no tiene ni idea de lo que hizo, no sabe que pasó…
¿Le has perdonado a Derek?
Vuelvo al punto, ella no tiene ni idea… además con todo lo que vivió… George, debía haber ido por ella después del primer ataque, pero nadie me informó…
Anthony fue por ella.
¿Por qué?
Porque estabas destrozado William y ella en actitud necia, no queríamos que sufrieras más.
Qué más da, los hubiera no existen George, pero la amo, la amo con todo mi corazón, así que haré lo que sea por hacerla feliz, por ayudarla a estar bien.
No estás solo.
Lo sé, gracias.
Los hombres se dieron un abrazo masculinamente afectuoso y salieron de la biblioteca, cada quien tomó su lado y se reencontraron para la cena, todos elegantes, alegres, felices de ser una familia completa una vez más.
Albert y Candy se retiraron temprano, ella llevaba un vestido rojo de seda, con un corte exquisito pegado al cuerpo hasta la cintura y de ahí una falda amplia que caía hasta la rodilla, no tenía nada de especial, no había adornos, pero hacia lucir a la hermosa mujer que lo llevaba verdaderamente cautivadora. No calzaba tacones, aún eran un imposible para ella, requerían demasiado esfuerzo, pero unos elegantes flats color oro viejo completaban su silueta.
Llegaron a la habitación, la enfermera tomó los signos vitales de Candy, le dio sus medicamentos, le puso un poco de suero y la ayudó a desvestirse.
Albert había deseado toda la noche besarla, se veía tan hermosa, se acercó a ella con cuidado, vestía un piyama de satín color tinto, pantalón y camisa, le quedaba holgado, pero la textura de la tela se pegaba a su cuerpo causando un efecto alucinante.
¿Cómo te sientes?
Bien, cansada, espero que todo este cansancio me permita dormir sin despertarte.
No me molesta que me despiertes.
Albert, debes estar agotado, no has dormido una noche pareja en dos meses.
Dormiré cuando tu estés bien, esto es solo una etapa.
Gracias, por todo lo que haces por mí, por tu paciencia, por tu amor.
No tienes nada que agradecer, ¿sabes que te veías increíble esta noche? – le dijo en un tono grave.
¿sabes que tú te veías demasiado guapo? Agradezco que solo seamos familia, no sería nada fácil quitarte a las mujeres de encima, y en mis pobres condiciones sería demasiado complicado. El anillo de compromiso no es suficiente, también necesito usar el Luckenbooth.
No tienes que quitarme a nadie de encima, no quiero a nadie más ni a mi lado ni sobre mí. Puedes usar el Luckenbooth, adoraba vértelo puesto, está guardado en la caja fuerte, luego te lo doy.
Jajaaja ¿Cómo lo haces?
¿Cómo hago qué?
¿Cómo logras seguir a mi lado, coqueteándome, a pesar de lo inestable que estoy, de todo el peso que he perdido, o de que no puedo complacerte?
Mi amor, no solo veo el presente, veo la mujer que eras, y la que un día serás, hoy, este presente es solo parte de nuestra historia, la parte que nos hará más fuertes. – le dijo él mientras se acercaba a abrazarla suavemente, la deseaba con cada fibra de su ser, pero ella no estaba lista.
Candy levantó la mirada para verlo, se puso de puntitas, rodeo su cuello con sus brazos y lo atrajo a ella para besarlo, se besaron larga y concienzudamente, Albert puso freno a su deseo, y simplemente la hizo sentir amada, hermosa, deseada, y fuera de peligro.
Durmió con ella en brazos, pensando en que habría muchos mañanas, muchas noches más, incontables abrazos y besos, pero la cuenta regresiva había comenzado.
