Capítulo 25
Al agente Roger no le sorprendió que Marinette conociera al conejo blanco de la reina —incluso en los fondos marinos era conocido de vista por los ciudadanos y había cruzado palabras con frecuencia con los alcaldes y las fuerzas del orden en representación de su cargo—, pero sí esa reacción de fan enfebrecida.
Juleka la miró con el ceño fruncido, recordando con demasiada claridad las reacciones de Rose con el príncipe Alí. Sin quitarle la vista de encima a Marinette se preguntó si así eran las chicas de la superficie en general y esa efusividad no se trataba de una característica única de Rose.
—¿Lo conoces? —preguntó el agente, sin revelar ningún detalle.
—¡Oh, sí, lo conozco! Bueno, más o menos. Quiero decir… —la mirada escrutadora del agente Roger se acrecentó ante el disperso discurso de Marinette, que se puso aún más nerviosa al no encontrar las palabras—. Por encontrarme con él acabé aquí abajo.
—¿Pero no estabas con tu amigo el gato?
—¡Sí! ¡No! Quiero decir, es complicado. El conejo blanco me trajo hasta aquí, pero le perdí en el camino y me encontré con muchas cosas a medias y…
—Te encontraste con el gato en el camino hacia el conejo —terminó Juleka.
—Exacto —dijo Marinette, agradecida por la intervención. Aunque el agente Roger aún no le quitaba la vista de encima, parecía estar analizando la veracidad de sus palabras—. ¿Cree que podría decirme dónde está? Le estaría muy agradecida.
El agente Roger no las traía todas consigo, pero Juleka intervino.
—Si sabes algo es mejor decírselo. No parece estar teniendo un viaje fácil…
El agente Roger suspiró y descruzó los brazos.
—Siento decirte que no sé dónde se encuentra en este momento —dijo, desinflando los ánimos de Marinette—, pero puedo decirte dónde estará. Supongo que no habrá problema, su agenda es pública…
Con la rapidez con que los ánimos habían abandonado a Marinette, sus palabras le insuflaron nuevamente esperanzas. Tendría un camino a seguir. No estaría perdida en aquel loco mundo. Y estaba segura de que el conejo blanco tenía la clave para llevarla al origen de todo.
El agente Roger abrió la boca, a punto de decirle a dónde tenía que ir para encontrarse con el conejo, cuando una algarabía se montó en el exterior del edificio. Junto a otros oficiales, se apresuraron para acercarse a la salida y ver como una nube rosa y una risa estridente abarcaban todo.
—¡CERRAD LA PUERTA! —gritó el agente Roger, haciendo que los oficiales que estaban más próximos a la entrada la cerraran con un movimiento rápido, pese al esfuerzo que requirió ante la repentinamente revuelta marea. Lo hicieron justo a tiempo para impedir que la nube llegara a ellos.
La nube, como si estuviera hecha por arena rosa, se diseminó rápidamente en el agua al tiempo que las corrientes se calmaron. Desde el interior, observaron cómo los transeúntes se mantenían tensos en sus posiciones, con la mirada en lo alto, hipnotizados por la chica que flotaba sobre ellos.
—Lamento tanto haberos hecho esperar, ¡pero vuestra princesa ya está aquí! Y con el más delicioso perfume a flores —la chica suspiró, pletórica ante la visión de todos los rostros que la observaban, impregnados en su suave perfume—, ya era momento que este maloliente lugar fuera alcanzado por mi bello perfume.
La chica se mantenía flotando en el cielo sin hacer ningún movimiento, como si ni siquiera necesitara mover las piernas para nadar. Sin embargo, la falda de su vestido y el largo adorno de su pelo sí ondeaban con el agua, haciendo movimientos circulares en torno a ella. Sus incisivos ojos rosas no perdían de vista a la multitud.
—Yo, la princesa Fragancia, os ordeno a todos capturar a la sirena Juleka Couffaine, ¡es la prioridad número uno! Ya nos encargaremos luego del príncipe Alí.
Lunes, 2 de abril de 2018
