Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.
Beta: Isa.
Fatherhood, Formula, and Other F Words
Capítulo 26: Por Bella
Pequeña decidió esa mañana que seis y media era una hora suficientemente tarde para despertarse, así que me despertó con sus balbuceos, aunque por alguna razón Bella no despertó. Ya que era su cumpleaños, yo felizmente me apuré en salir de la habitación con Pequeña y su pañalera, para que Bella pudiera dormir más. Obviamente no era el único regalo que le tenía, pero supuse que era una buena manera de comenzar el día.
El único problema de que ella durmiera más era que me quedaría solo con Pornstacho. Luego de cambiarle el pañal a Pequeña en la sala, fuimos a la cocina y lo encontramos en la mesa bebiendo café y leyendo el periódico.
¿Todavía había gente que leía periódicos? Huh.
—Buenos días —dijo asintiendo mientras yo dejaba a Pequeña en su sillita para poder preparar su desayuno.
—Buenos días, señor.
Cambió de página y Pequeña se maravilló ante el nuevo sonido. Ojos brillosos, y jodidamente alegre no alcanzaban a describir cómo se encontraba esa mañana. Ya estaba riéndose y aplaudiendo... todo por un periódico. Quizá yo estaba cansado, pero a veces mi niña era rara.
—¿Bella sigue dormida? —preguntó Charlie mientras yo me servía una taza de café, y luego me sentaba para darle a Sofía su papilla de fruta.
Asentí.
—Sí. Supuse que dejarla dormir en su cumpleaños sería un buen regalo de parte de Sofía.
Sonrió.
—Estoy seguro de que lo apreciará. ¿Durmieron bien?
—Sí, gracias. ¿Usted?
—También.
Y básicamente eso fue todo lo que nos dijimos mientras le daba de comer a Pequeña. Era un hombre callado, igual que Bella. Ya sabes, supongo que algo incómodo. Cuando terminó su taza de café se fue a la sala y escuché que encendía la televisión.
Luego de terminar con su fruta le di a Pequeña unas cuantas onzas de fórmula; estábamos solos en la cocina.
—Y, ¿cómo te va, Pequeña? —le pregunté mientras ella agarraba el biberón—. Espero que estés disfrutando del viaje.
Siguió bebiendo, me ignoraba como siempre.
—Es el cumpleaños de Bella, así que hoy debes comportarte mejor que nunca. Estoy seguro de que lo apreciará —sonreí—, aunque siempre eres buena con ella. Puse tu nombre en la tarjeta, para que lo sepas. Aunque el collar es sólo de parte mía. No creo que te moleste.
—Yo hacía eso —dijo Charlie, y alcé la cabeza de golpe. Mierda, era jodidamente sigiloso—. Hablaba con Bella sobre todo con la esperanza de que ella me contestara.
Se sirvió otra taza de café y se sentó de nuevo en la mesa mientras yo le limpiaba la boca a Pequeña y le regresaba su biberón para que se lo terminara.
—Siempre he hablado con ella —dije.
Asintió.
—¿Te ha contado Bella sobre la muerte de su madre?
—Uh, un poco. ¿Por qué?
—Tenía cuatro años cuando me la dieron. En realidad era una cosita. Estaba asustada a morir y no podía culparla por no querer hablar. Ella y Renee estuvieron en un accidente de carros.
—Lo siento mucho —dije sacudiendo la cabeza—. No sabía cómo murió. Bella no habla mucho de ella.
—Sí, no la recuerda mucho. Como sea, estuvieron en un accidente de carros. Bella estaba acomodada en su asiento de seguridad y salió con sólo un brazo roto, pero las heridas de Renée fueron fatales. Me llamaron porque Renée había puesto mi nombre en su testamento. Estaba... sorprendido —suspiró parpadeando—. Quiero decir, un segundo era soltero y estaba completamente solo, y luego de repente ya era el papá de una pequeña. Claro que di la cara, incluso aunque no entendí por qué Renee nunca me contó sobre ella.
—¿Cómo lo manejó? Me refiero a que Sofía es una bebé. No sabe qué pasa. No puedo imaginar que tan... terrible fue eso para Bella.
—Pues como dije Bells no me hablaba, ni a mí ni a cualquier otra persona. La llevé a un psiquiatra, y la mujer dijo que era su manera de lidiar con lo que pasaba. Me sugirió unas cuantas cosas y Bella estuvo viéndola algunos años, lo cual supongo que la ayudó. La sugerencia fue que hablara con Bells. Sin importar lo que estuviera haciendo, tenía que hablar con ella. Ya sabes, decirle que iba a sacar la basura o que iba a sacar algo del refrigerador. También le hacía preguntas. Un día me respondió y no fue sólo un encogimiento de hombros o un asentimiento —sonrió mirando su taza—. Le pregunté que si quería jugo de naranja; llevaba un mes haciéndolo y siempre se encogía de hombros, pero en esa ocasión susurró, "De manzana, por favor". A partir de ahí empezó a hablar más, bueno, no mucho más, pero comenzó a hablar lo que era normal.
—Sigue siendo muy callada —dije.
Asintió.
—Supongo que es igual a mí. Su madre era ruidosa —se rió.
Sonreí para mí al verlo hablar sobre la mamá de Bella.
—¿En serio?
—Sí, pero era maravillosa. Hoy en día sigo lamentándome por no haber ido tras de ella. Aprendí de la manera difícil que si amas a alguien, no debes dejarlo ir porque puede que no vuelvas a tener otra oportunidad. —Frunció el ceño aclarándose la garganta—. Bueno, tengo que ir a envolver el regalo de Bells. Pensé en hacer lo que siempre hacemos; una cena en The Lodge. ¿Te parece bien?
Asentí.
—Claro que sí. ¿Allá le damos los regalos?
Se encogió de hombros.
—Si quieres, hijo. Yo, uh... lamento si este viaje arruinó tus planes con Bella, es sólo que es mi niña y la he extrañado.
Sonreí cargando a Pequeña para sacarle los gases.
—Esto era lo que ella quería, y su felicidad es todo lo que me importa.
Cuando se puso de pie estiró la mano y me palmeó el hombro.
—Eres inteligente.
Charlie, Pequeña y yo nos sentamos en el sofá a ver un programa sobre pesca —que por cierto era aburridísimo— hasta las nueve. Bella bajó con una sonrisa y se sentó junto a mí, presionó sus labios sobre los míos luego de saludar a su papá.
—Feliz cumpleaños —le dije sonriendo.
—Gracias. Y gracias, Sofía. Anoche estuviste muy callada, e incluso logré dormir más.
Mecí la rodilla donde estaba sentada Pequeña mientras ella balbuceaba.
—Dice que no fue nada y que le alegra que te haya gustado su primer regalo.
Bella la cargó, levantándola sobre su cabeza para luego bajarla y darle un beso en la mejilla.
—Aww, qué dulce de tu parte, bebita. Pero primer regalo, ¿eh? ¿Qué tiene planeado tu papá?
Me reí haciéndole cosquillas a Pequeña en la pancita.
—Me alegra tanto que todavía no sepas hablar. Bella tendrá que esperar, ¿cierto?
Bella hizo un puchero y besó de nuevo la mejilla de Sofía antes de regresármela. Pasamos la mañana en la casa, más que nada jugando con Pequeña. Sólo diré que Pornstacho amaba a mi hija, incluso se sentó en el piso con ella y Bella, y la niña gateó hacia él. Se sentía atraída por su bigote, literalmente, en cualquier oportunidad que se le presentaba se lo jalaba, haciéndolo reír. El hombre en realidad no daba miedo como lo había imaginado, aunque probablemente era imposible dar miedo cuando dejabas que una bebé te dominara sólo para hacerla reír.
Luego de almorzar Pequeña se quedó dormida sin problemas. Incluso aunque no sabía cómo cambiar un pañal o darle de comer, Charlie aceptó quedarse con ella por una hora ante la solicitud de Bella. Yo me sentía un poco reticente, pero Bella quería enseñarme algo.
—Va a estar dormida, Edward —dijo preparando un biberón para más tarde—. Sólo tardaremos diez minutos, lo juro. Sabes tan bien como yo que en cuanto se duerme, casi siempre lo hace por dos horas.
Suspiré vacilante mientras asentía.
—De acuerdo, pero llamará si se despierta, ¿verdad, Charlie?
—Claro que sí —dijo—. Mantendré el monitor junto a mí y la televisión con el volumen bajo para no despertarla.
—Papá sabe primeros auxilios —dijo Bella sonriendo. ¿Por qué carajo creyó que eso me haría sentir mejor—. No es que los vaya a necesitar, por supuesto —agregó rápidamente al ver mi expresión—. Estará bien. Créeme.
—Bien, pero hablo en serio sobre llamarme.
Charlie se rió suavemente mientras asentía.
—Entendido. Diviértanse, y feliz cumpleaños de nuevo, Bells. —Se inclinó para abrazar a Bella.
—Gracias, papi. —Sonrió.
Resultó que el lugar al que Bella quería llevarme sí estaba a diez minutos saliendo por el porche de atrás. Iba agarrando su mano mientras seguíamos un camino a través del bosque y hablábamos sobre Pornstacho y Pequeña.
—La adora —dijo sonriendo—. Creo que es lindo que ella capture los corazones de todos.
—Es igual a mí, sólo que más pequeña —me reí.
—Oh, claro, eres el hombre más adorable del mundo —bromeó—. Pero sí, le agradas a mi papá, eso me hace feliz.
—¿Te dijo eso él? —pregunté cuando llegamos a un río.
—Pues no, pero no tiene que hacerlo. Puedo verlo. Ven, siéntate conmigo —dijo, jalándome hacia un tronco que estaba caído en un lado—. Y bien, ¿qué te parece?
Miré a mi alrededor sin encontrar nada remarcable. ¿Esto era lo que quería enseñarme? ¿Un río en medio del bosque?
—Um... está oscuro.
Respiró profundamente y cerró los ojos.
—Éste es mi lugar secreto. Solía venir aquí cuando era adolescente a... leer o pensar. A veces también venía a llorar.
Mi ceño se frunció y apreté su mano con suavidad.
—¿Llorar?
Sonrió con tristeza.
—Cuando extrañaba a mamá y sólo quería estar sola, venía aquí y hablaba con ella. Cuando tuve mi primer enamoramiento con un chico y él no me daba ni la hora del día, vine aquí y le pregunté por qué era eso. Quiero decir, obviamente no podía preguntárselo a papá, así que quería hablar con mi mamá. Claro que nunca obtuve una respuesta, pero por alguna razón me sentía mejor. Estoy segura de que piensas que estoy loca, pero de verdad creo que puede escucharme aquí.
Arrastré el pie entre la tierra mientras sonreía y miraba a mi alrededor.
—Hola Renée. Soy uh... Edward.
—Oh, ella te conoce —dijo Bella, acercándose a mí cuando la envolví con mi brazo—. Cuando vine aquí hace un tiempo, le conté de ti. De hecho pasé dos horas aquí. Le conté sobre lo mucho que habías cambiado, pero que aún así tenía ciertos miedos. Le conté que ya te amaba, incluso aunque no fuera una buena decisión. Y por supuesto que le conté sobre Sofía. Para cuando regresé a casa, tenía la sensación de que necesitaba escucharte, a pesar de seguir molesta contigo por haberme ignorado.
Asentí.
—Fue algo estúpido de mi parte. Entonces, ¿crees que le agradaría?
Se encogió de hombros.
—Si estuviera aquí y fuera como imaginó que es, diría que sí. Papá siempre dice que ella veía lo mejor de las personas, así que creo que vería lo que yo veo. Vería que eres un papá maravilloso, incluso aunque tú mismo no lo veas, y vería lo considerado que eres, aunque no te guste admitirlo. Creo que le encantaría tu sentido del humor.
Sonreí.
—Soy jodidamente gracioso.
Rodó los ojos sacudiendo la cabeza y con una sonrisa tironeando de sus labios.
—Sí que puedes hacerme reír, pero usualmente es algo que haces, no lo que dices.
Besé su cabeza.
—Lamento que no hayas conocido a tu mamá. Y ciertamente no creo que estés loca por pensar que puede oírte. Espero que sí pueda.
Asintió.
—Yo también, si no quiere decir que llevo años hablándole a los árboles —se rió con suavidad.
—Bueno, puede que eso sí sea de locos —me reí entre dientes y ella recostó su cabeza en mi pecho—. Y bien, sobre agradarle a tu papá... ¿cómo lo sabes?
—Pues aún no ha comenzado a limpiar sus pistolas frente a ti. Hizo eso con Jacob y con Eric, mi pareja del baile de graduación. En serio, tenía la pistola en mano cuando Jacob me recogió para nuestra primera cita.
Me reí.
—De hecho sí puedo imaginarlo.
—En realidad esperé que hiciera eso anoche cuando llegamos, así que fue una grata sorpresa ver las pistolas en el estante.
Pensé en el estante de pistolas que estaba en la sala de Pornstacho. Eran un poco... intimidantes, así como el cinturón para pistolas que colgaba de la barandilla.
—Me encontró hablando con Pequeña esta mañana y comenzamos a hablar de cuando eras pequeña.
Ladeó la cabeza.
—¿En serio? ¿Sobre qué?
—De que él hacía lo mismo, pero por diferentes razones.
Sonrió.
—Sí, recuerdo vagamente sus charlas que no tenían fin. Cambió de ser tan callado como un ratón a hablar sobre cada pequeña cosa que iba a hacer. Afortunadamente no duró para siempre. Supongo que se detuvo cuando las cosas estuvieron un poco más normales, cuando nos conocimos el uno al otro. Aunque fue duro. Él no sabía lo que estaba haciendo y sólo se dificultó más cuando empecé a crecer. Aún así intentó hacer lo mejor que pudo. Dios —se rió—, comprar mi primer sostén fue humillante para ambos.
Casi resoplé ante esa idea.
—Te voy a dejar eso a ti, para que lo sepas.
—Oh, qué bien, pero entonces las aves y las abejas son tuyas.
—Joder no —dije sacudiendo la cabeza—. Me encargaré de enseñarle a manejar.
Me ofreció su mano riéndose.
—¿Trato?
—Trato —dije dándole un apretón a su mano.
Sí, no había nada de raro en esa discusión. Después de decidir que queríamos un futuro juntos, ¿por qué habría de ser raro? Sí quería que Bella fuera la mamá de Pequeña, y por la forma en que actuaba, estaba seguro de que ella quería lo mismo. Aun así todavía no hablábamos bien sobre eso y me pregunté si sería demasiado pronto. También me pregunté si es que teníamos que hablar sobre eso. ¿Necesitaba preguntarle? Probablemente, pero decidí que eso podía esperar un poco más. Demonios, todavía ni siquiera vivía conmigo.
Nos quedamos sentados en ese tronco en medio del bosque por un rato más. Hablamos un poco más, pero más que nada disfrutamos del silencio y tranquilidad. También me di cuenta de que no tenía que mantener mis manos alejadas de ella, así que aproveché la oportunidad y la besé como quería mientras mis manos agarraban cosas que Charlie probablemente no querría ver. Tristemente ella dijo que sexo en un tronco sería peligroso, y no divertido como yo sugería.
Maldición.
Cuando llegamos a la casa Charlie dijo que Pequeña seguía dormida, aunque eso no evitó que fuera a verificar. Claro que ella seguía acostada en la cuna con la boquita abierta. Besé su frente y luego bajé las escaleras para unirme a Bella y a su papá.
—Y bien, Edward, ¿Bella ya te dijo sobre ir a pescar mañana?—preguntó Charlie cambiándole el canal a la televisión.
Bella abrió la boca, pero yo hablé primero:
—Nunca he pescado, señor, pero supongo que puedo intentarlo.
Ella sonrió entrelazando sus dedos con los míos a la vez que musitaba:
—Gracias.
¿De verdad quería ir? Demonios no, pero sí quería hacer feliz a Bella. Además, ¿qué tan difícil puede ser? Me sentaré en un bote por unas horas con una caña de pescar. Sencillo. Probablemente ni hablaríamos mucho. ¿No había una regla que decía que debes guardar silencio mientras pescas?
Charlie asintió.
—Qué bien, nos vamos a las cinco. Te prestaré algunas cosas.
Miré la sonrisa en el rostro de Bella para recordarme por qué hacía esto, porque cinco de la mañana me parecía jodidamente ridículo.
—Suena... divertido —mentí entre dientes con una sonrisa falsa.
Cuando Pequeña se despertó de su siesta, Bella y yo sacamos la carriola del carro y la llevamos a dar un paseo. Por una vez estaba soleado en esta parte de Washington. Bella dijo que no podía creerlo. La calle en donde creció parecía ser agradable, y unos cuantos de sus viejos vecinos estaban afuera haciendo cosas en sus jardines. Cuando pasamos frente a una casa, una mujer grande saludó a Bella y nos detuvimos para que pudieran platicar. Por su conversación descubrí que la mujer —cuyo nombre era señora Martha, por cierto— había cuidado a Bella cuando ésta era pequeña. Claro que la señora Martha rápidamente preguntó por Pequeña, y Bella le contó con felicidad todo sobre mi hija.
Alardeó sobre los logros de Sofía mientras dejaba que la mujer la cargara, que por cierto no me agradó mucho que lo hiciera. Aún así lo dejé pasar porque ver a Bella hablar sobre mi hija como si fuera suya me hacía jodidamente feliz. Me di cuenta de que probablemente yo sonaba como ella cuando hablaba sin parar sobre Pequeña en el trabajo. Demonios, incluso había comenzado a enseñarles fotos de ella a las enfermeras. Les encantaban esas mierdas.
—Bueno, tengo que regresar a mi trabajo en el jardín —dijo la señora Martha regresándole Pequeña a Bella—. Fue bueno volver a verte, cariño, y fue encantador conocerte a ti y a tu hija, Edward. Felicidades.
—Gracias —dije mientras Bella acomodaba a Sofía en la carriola.
Seguimos caminando mientras hablábamos sobre la infancia de Bella. Finalmente aprendí cosas que antes se había mantenido guardadas. De verdad se abrió a mí hoy. Cuando comenzó a hablar sobre su época en la preparatoria no pude evitar reírme de algunas de las cosas que decía.
—Oh, y en una ocasión Mike Newton intentó invitarme al baile de bienvenida —dijo—. Yo era tan torpe y accidentalmente machuqué su mano con la puerta de mi casillero cuando me lo preguntó.
Me reí.
—¿Supongo que no fuiste con él?
Sacudió la cabeza.
—Oh, no. Retiró la oferta bastante rápido. Me refiero a que le rompí la mano, lo cual lo sacó efectivamente del primer juego. Nuestro equipo de fútbol apestaba tal como era, pero sin él no tenían ninguna oportunidad. Sólo diré que después de eso recibí algunas miradas bastante desagradables —se rió—. Te dije que era torpe. La preparatoria fue horrible para mí.
—Entonces supongo que es algo bueno que esas mierdas en realidad no importen.
—En realidad mi papá me hubiera dicho eso. Me dijo "Que se frieguen, Bells" y luego me llevó a cenar tarta con helado para hacerme sentir mejor. Aunque ahora que lo pienso, creo que todo lo que él quería era comer tarta.
Sonreí.
—¿Al menos la tarta sirvió de algo?
—Sí, un poco —dijo asintiendo cuando giramos para regresar a casa de su papá—. Entonces, ¿cuándo me darás mi regalo? —sonrió.
Me reí entre dientes sacudiendo la cabeza.
—Eres muy impaciente. ¿Qué se siente tener veintiséis? Pronto cumplirás treinta —bromeé.
—A diferencia de ti, yo no tengo miedo de crecer. Además todavía me faltan cuatro años. Para entonces tú tendrás 34, no quiero ni pensarlo, viejito. —Se detuvo y alzó una mano—. ¿Es esa una cana?
Agarré su mano apartándola de mí.
—Eso no es gracioso.
Se rió soltando mi mano y envolviendo su brazo a mí alrededor.
—Estoy jugando. Tu cabello se ve más broncíneo que nunca.
Cuando regresamos a casa de Pornstacho, Bella le dio de cenar a Pequeña mientras yo me bañaba y me vestía. Cuando terminé ella se metió a bañar y yo me encargué de preparar a Pequeña para esta noche. Sorprendentemente se quedó quieta mientras le ponía el moño, aunque puede que eso haya sido porque estaba entretenida por las ondas de su vestidito rosa. Estiraba los rizos y se sorprendía al ver como regresaba a su forma original de onda. Su expresión era jodidamente adorable. Luego de ponerle los zapatos la cargué y saqué el collar de Bella de la maleta metiéndolo en el bolsillo de mi chaqueta.
—De acuerdo, Pequeña —dije mientras agarraba su pañalera—, bajemos para esperar a Bella y Charlie. ¿Sabías que te ves hermosa?
—¡Nahhh eee! —balbuceó aplaudiendo. Me reí y besé su mejilla antes de bajar las escaleras.
Charlie ya estaba sentado en el sofá listo para irse, con un regalo envuelto en su regazo. Me sorprendió ver que no estaba usando algo de franela, en lugar de eso iba vestido... formal. Huh. Quizá The Lodge era más formal de lo que imaginaba. Aun así no me sorprendería si tuvieran animales muertos colgando de las paredes.
Pornstacho nos miró y asintió sonriendo.
—El moño está un poco chueco.
Me senté y giré a Pequeña en mi regazo.
—Juro por Dios que estas cosas son imposibles. Me refiero a que, ¿de verdad tiene que usar moños?
Él se rió de forma ronca.
—Pues lo que sí es seguro es que se ve preciosa con los moños. Bella no era demasiado femenina, así que gracias a Dios nunca tuve que lidiar con eso.
Le quité el moño y después se lo volví a poner, intentando asegurarme de que esta vez sí quedara derecho.
—Ella no tendría ningún moño si no fuera por mi madre. Fue ella quien compró todas las cosas de Pequeña cuando me la entregaron. Hace un tiempo también se fue de compras con Bella. Compraron más moños y diademas. Ridículo.
—Entonces, uh... ¿qué piensan tus papás de la niña? Supongo que te apoyaron, ¿no?
Asentí.
—Sí, me ayudaron mucho. Mi papá esperaba que diera la cara, algo que sí hice, incluso aunque yo no creyera poder hacerlo. Aunque ahora no sé qué haría sin Sofía. —La alcé y besé su mejilla para hacerla reír.
Mientras esperábamos a Bella, Charlie y yo platicamos un poco, más que nada sobre Pequeña, pero también sobre Bella. Antes de que ella bajara y nos interrumpiera, él me estaba contando que Bella había heredado la torpeza de su madre.
—No soy tan torpe —dijo Bella mirando a Charlie con los ojos entrecerrados.
Él se rió poniéndose de pie.
—No puedo contar la cantidad de veces que te tropezaste de esas escaleras, Bella.
Rodó los ojos y me quitó a Pequeña para meterla al porta bebé.
—Gracias, papi.
—No es como si no lo supiera —me reí—. Quiero decir, ¿recuerdas cuando nos conocimos? Te tropezaste ese día y también está el incidente de boliche.
—Ja, ja, ja, todos ríanse de la torpeza de Bella. Es mi cumpleaños, sean amables conmigo.
Me incliné para besar su mejilla ya que Pornstacho nos estaba viendo. Una cosa era que ella me besara a mí, no quería faltarle el respeto al hombre en su propia casa, además nos habíamos estado llevando bien, no quería estropear eso.
En cuanto Pequeña estuvo lista para irnos nos subimos a la SUV de mamá con rumbo al restaurante. Charlie se sentó enfrente conmigo para irme dirigiendo. Me puso jodidamente nervioso. Tenía a un policía viéndome conducir. ¿Podría ponerme una multa aunque no estuviera en horas de trabajo? Por precaución manejé más lento que nunca y me aseguré de usar todos mis señalamientos. En cierto momento escuché su risa, pero no le di importancia.
Cuando llegamos a The Lodge —que juro por Dios era su nombre—, descubrí que tenía razón sobre los animales muertos. Sí, no eran para nada raros. Charlie fue recibido de manera cálida, todos le decían Jefe. Él sólo les dedicó un asentimiento mientras nos llevaban a nuestra mesa.
Acerqué una sillita alta y puse sobre ella el porta bebé de Pequeña para que pudiera vernos. Miró a su alrededor con una sonrisa en el rostro, admirando los nuevos paisajes y los nuevos rostros. Pequeña fue la protagonista cuando llegó la mesera, como siempre. También resultó que Bella había asistido a la escuela con esa mujer; Tracey.
—No tenía ni idea, Bella —dijo—. ¡Felicidades por la bebé!
Bella se sonrojó, sonrió y sólo dijo:
—Gracias.
Pudo haberla corregido, pero no fue así. Por otro lado, Pornstacho la miró con la ceja alzada. Ella se encogió de hombros y ordenó su comida, después ya no se dijo nada más. Me pregunté si a Charlie no le agradaría la idea de que la gente asumiera que Bella era la mamá de Pequeña. Quiero decir, puedo ver por qué no le gustaría; ella no era la mamá de Sofía, aunque yo la considerara eso.
Durante la cena Charlie y Bella hablaron mucho sobre su trabajo y los niños a los que daba clases este año. Él le preguntó que si había pensado en regresar a la escuela, y ella dijo que por ahora estaba feliz así. La forma en que hablaba de sus niños no dejaba duda de eso.
—¿Has considerado cuándo quieres retirarte? —preguntó Bella cortando su carne.
Charlie se encogió de hombros.
—No en un futuro cercano.
Ella suspiró suavemente. Ya habíamos hablado antes del trabajo de su papá. Ella quería que se retirara porque le preocupaba, pero el hombre no quería hacerlo. Bella dejó el tema y comenzó a preguntar sobre nuestro viaje de pesca de mañana, de lo cual él habló con mucha felicidad. Sonaba tan jodidamente aburrido. Estaríamos sentados en un bote durante horas sin hacer nada. No entendía cómo es que alguien podría encontrar divertido eso.
Supongo que era mejor eso a que me llevara de caza.
Cuando terminamos de cenar la mesera trajo el pastel. Nadie cantó, y supuse que si hubieran cantado, Bella hubiera muerto de vergüenza. En lugar de eso nos dejaron solos y Bella apagó las velas mientras cargaba a Pequeña, que se había puesto un poco renegona.
—Feliz cumpleaños —dije inclinándome para besar su mejilla.
—Feliz cumpleaños, Bells —dijo Charlie—. Gracias por venir a pasarlo con tu viejo.
Sonrió.
—No fue nada, papi.
Mientras comíamos pastel, Bella metió el dedo en el betún y Pequeña lo chupó con mucha felicidad. Le encantó, así que Bella le dio un poco más luego de preguntarme si me parecía. No le veía nada de malo, quiero decir, no es como si hubiera comido mucho. Además, las jodidas risitas y su expresión no tenían precio. Tenía que tomar una foto para mi mamá.
Cuando terminamos de comer Charlie fue el primero en darle su regalo. Fueron dos libros y un separador, que a Bella le encantó. Obviamente el hombre conocía a su hija. Luego de que lo abrazó y se acomodó en su asiento, yo saqué la caja del collar y se la di.
Pequeña vio fascinada como Bella arrancaba el papel. Cuando Bella abrió la caja se le desencajó la mandíbula y abrió los ojos como platos.
—Edward —susurró, pasando un dedo sobre el dije en forma de corazón hecho de pequeños diamantes.
No era nada grande, y mamá me había ayudado a escogerlo. La verdad no sabía qué jodidos comprarle a Bella para su cumpleaños, pero algo de joyería parecía ser una buena idea. Le había encantado el brazalete que le compré hace un tiempo —el cual llevaba puesto—, así que decidí que un collar sería una buena idea.
—¿Quieres que te lo ponga? —le pregunté sonriendo al igual que ella.
Asintió pasándome la caja.
—Sí, por favor. Edward, es hermoso. Gracias.
Me puse de pie y lo pasé alrededor de su cuello, sacándole el cabello de la cadena. Jugó con el dije y se lo enseñó a Sofía, que lo envolvió con sus deditos.
—De nada —dije, besando su mejilla una vez más. Giró la cabeza hacia mí y presionó sus labios sobre los míos—. Te amo.
Sonrió.
—Yo también te amo.
Disculpen la larga demora, espero que les haya gustado.
¡Gracias por comentar! ^^
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