Capítulo XXVI:
No me quiero enterar
Había esperado mucho tiempo para tener sexo con Eiri, y vaya que había valido la pena. Extrañaba esa forma en que lo tomaba, le hacía gritar y caminar por planetas desconocidos admirando paisajes increíbles. Sí, Shuichi podía ser un poco cursi al explicar sus sentimientos, sin embargo, no se apenaba por esas pequeñeces pues todo se centraba en tener a su amante a su lado en esos momentos.
El rubio se revolvió entre las sábanas, después de la sesión amorosa quedó dormido; al cantante le dio risa e imaginó que descansó durante el vuelo para tener un poco de energía y después de semejante actividad sus niveles de cansancio le cobraron factura y ahora parecía un cachorrito recién nacido con esa pose tan tierna y diferente de la habitual.
Caminó hacia la sala con la esperanza de encontrar a su cuñado y ofrecerle una disculpa, pero no estaba por ningún lado, incluso se acercó a su cuarto para tocar un par de veces, pero la puerta muda le hizo saber que tampoco se hallaba ahí. Entró sin permiso y miró un montón de libros tirados, también unos folletos con marcador rojo y unas cuantas hojas en romaji. Se sentó en la cama y pensó en el poco tiempo que le tomó al moreno demostrarle que tenía más cordura de la que creyó podía tener.
El muchacho posó su mirada en un mueble improvisado y observó la foto por la que los hermanos se habían enfrascado en una pelea sin sentido alguna vez y se lamentó porque ninguno de los fotografiados conservaba esa sonrisa y ese brillo en los ojos, era como si algo se los hubiera arrancado de cuajo sin ninguna consideración.
"Odio ese nombre", recordó las palabras del monje en el parque cuando él nombraba al culpable de las violaciones de su hermano. "Ya no lo diré más", le prometió a alguien que no lo escuchó.
Empujó la puerta y besó a Haku, sin saber porqué, pero con muchas ganas. El otro no puso demasiada resistencia al sentir la unión de sus labios; Tatsuha no pensaba, quería besarlo, arrancarle la ropa, tenerlo, desecharlo, odiarlo, demostrar que seguía vivo, que podía provocar a alguien. Sintió sus labios suaves y los mordió, el otro soltó un gritillo de insatisfacción por la acción tan repentina del monje, pero supo callarlo cuando rosó con sus labios su cuello.
Cerró la puerta de una patada, mientras empujaba brusco a Haku para recargarlo en ésta. Lo miró a los ojos castaños, grandes, con un brillo especial, y por un instante de lucidez su cerebro le dijo que no debería estar a punto de acostarse con él, pero lo cierto es que al monje no le interesaba pensar en filosofías de la moral cuando ya sentía palpitaciones de su miembro exigiéndole un mayor contacto.
La duda se disipó con rapidez, entonces metió su pierna entre las del muchacho, para poder acariciar su entrepierna con su rodilla, no demoró en sentir la virilidad de su compañero despertar, eso avivó más sus deseos y sus preguntas existenciales se fueron a la borda. Lo besó nuevamente, en la boca, en el mentón, descendió hasta el cuello.
Haku tampoco perdió el tiempo, su mano izquierda se colaba por debajo de la playera del monje acariciando una espalda que desde tiempo atrás buscaba un poco de calor, mientras que su mano derecha resbalaba ágil, librando una pelea con el pantalón y el cinturón que no dejaba pasar a sus dedos a donde él quería explorar.
Pero Tatsuha no iba a ser el pasivo en esta ocasión, no porque le molestara o tuviera algún problema por dejarse hacer. Simplemente, necesita desfogarse y quería sentir poder, y de manera infantil se prometió mentalmente que él llevaría la batuta en esto, lo pasearía por lugares nunca antes conocidos. Lo haría gritar su nombre.
Detuvo la mano del hombre, la apretó un poco y en un movimiento rápido y brusco colocó los dos brazos por encima de la cabeza de Haku y ejerció fuerza con una mano para no dejarlo escapar. El muchacho ronroneó algo como "Te gusta rudo", pero lo ignoró porque vio el cuello inocente y le dio pequeñas mordidas aplicando mayor fuerza.
Mientras su boca trabajaba, su mano libre tomó con fuerza el bulto en los pantalones, sintió nuevamente las palpitaciones, lo acarició por encima de la ropa provocando un sonido de frustración, ya se había cansado de los preliminares, así que lo soltó para susurrarle, de manera poco romántica pero con mucha excitación: "Te la meto aquí o prefieres llevarme a tu alcoba". Los labios sonrosados del muchacho murmuraron un: "Es por aquí".
La cama era grande, por lo menos más que la suya, empujó al hombre sobre esta y él comenzó a desabrocharse el pantalón a la vez que el moreno arrojaba la chamarra a un lado, junto a la playera, mostrando un pecho bien formado; no se detuvieron a admirarse —no da tiempo cuando la urgencia de tener otro cuerpo amenaza con la locura—. Haku se desabotonó de un jalón la camisa que traía, y completamente desnudo se sentó en la cama para ayudar a Tatsuha a bajarse los pantalones.
De un tirón terminaron de caer las ropas que estorbaban. Haku no perdió el tiempo y comenzó a jugar y meter aquel miembro a su boca, masajeándolo; al monje le gustó la forma en que lo hacía y un pensamiento fugaz respecto a hacerlo compañero de juegos apareció en su cabeza, pero después lo desechó, cuando unos dientes juguetones lo devolvieron a la realidad, al departamento de su compañero de clase.
Lo separó lo suficiente para arrojar el pantalón en una esquina de la habitación, entonces se inclinó para besarlo. "Acuéstate", le susurró , el hombre hizo lo que le mandaba y Tatsuha comenzó a jugar con un dedo, luego dos, y terminó por aburrirse; dejó de preparar para actuar, así que lo sentó en sus piernas para estar dentro de él. "Aún no", dijo Haku, pero al otro no le interesó y un gemido por parte del otro fue el banderazo de inicio, Tatsuha se movió afanosamente. El monje olvidó el porqué había tomado la decisión de acostarse con este joven, tampoco le interesó porque empezó a cansarse por la posición, y aunque su compañero se movía con libertad, a Tatsuha se le antojó cambiar, así que le ordenó ponerse boca abajo para tomar apoyo de la cama y penetrarlo de espaldas, y eso fue lo que hizo mientras estimulaba el miembro del otro. Embistió cada vez con mayor fuerza, mientras escuchaba los jadeos y sonidos del joven.
Su mente quedó en blanco, su cuerpo se movía solo, cuando tuvo conciencia estaba justo en la tensión antes de terminar, vino esa ola de calor mezclada con desesperación y placer, sintió cómo sus manos se manchaban por el éxtasis de Tanaka. Agradeció al cielo de la existencia del sexo, porque era mejor que hacer yoga.
El cuerpo sudado y cansado de Tatsuha se dejó caer sobre un agitado Haku, permaneció así por varios segundos, hasta que se quitó y adoptó una pose boca arriba mirando el techo como si este le fuera a dar las respuestas del universo. Aún respiraba con dificultad por la actividad anterior, poco a poco su corazón comenzó a latir de la manera común en la que trabajaba.
—¡Qué polvo! —pronunció Tanaka con una voz cansada, y se incorporó lo suficiente poniendo de apoyo su antebrazo para mirar al monje. Esperó unos segundos y terminó de hablar con algo que no se esperaba Uesugi—. Pero no volverá a suceder.
Tatsuha lo miró sorprendido y sonidos guturales salieron como respuesta, pero ni un sí o no que pudiera interpretarse de ellos. No esperaba aquello, es más, se imaginaba a un muchacho rogón, pidiéndole cada vez más amor, meloso, incluso algo posesivo, y no alguien tan… ¿natural, sincero consigo mismo?
—No necesitas decirme que viniste porque de pronto te diste cuenta de que me amabas, o por lo menos te gustaba. Vamos, somos hombres, puedo afrontar el hecho de que estás aquí por despecho o porque simplemente necesitabas cogerte a alguien...
—Esto es incómodo.
—...No necesitas decirme frases lindas... lo entiendo... —esas palabras se quebraron en su voz, pero de inmediato salieron otras más puras, sin un atisbo de próximo llanto—. El hecho de que me gustes, más de lo que te puedas imaginar, no significa que me convertiré en alguien para calentarte las noches —guardó silencio como si escogiera las frases precisas—. Hoy fue una excepción... hoy fue una prueba.
—Entonces no te gustó y por eso me prohíbes volverte a tocar— dijo en tono bromista pero con grandes dosis de nerviosismo mal disimulado.
—De hecho, es todo lo contrario, por eso no puedo permitirme continuar con un juego que no terminará bien para mí. Eso lo sabemos perfectamente los dos —le sonrió
—Perdón.
—No necesitas decir algo así, no quiero hacerte sentir mal, sólo quiero poner límites y sobre todo clarificar esta situación— dijo, mientras se levantaba y comenzaba a vestirse dándole la espalda. Y aunque el monje viera una espalda fría, el joven Tanaka sintió romperse algo dentro de sí, no su corazón o su razón, era parecido a una ilusión, esa extraña barrera formada por el misterio y la esperanza de un tal vez ... transmutado en un no será.
—Haku —el otro muchacho volteó cuando escuchó su nombre—, eres más maduro de lo que pensé... te envidio —Tatsuha sonrió esta vez de la manera más sincera y contenta que tenía.
Yuki apagó el maldito aparatejo. Sonaba sin cesar y odió con todo su corazón sacar su brazo de las mantas calientes a las frías temperaturas del cuarto. Una vez completada su misión se acurrucó en busca de su amante... pero no estaba, entonces hizo un berrinche mental y se negó a abrir los ojos.
Shuichi, por su parte, terminaba de cocinar el guisado de la mañana, ya habían pasado tres horas desde la irrupción de su amante y tenía hambre. Se sirvió un poco en un plato y se sentó a comer sólo. Tuvo la tentación de despertar al escritor, si embargo, de sólo recordar las horribles miradas que le lanzaba cuando se atrevía, desistió al instante.
El pelirrosa estaba muy contento de estar con su novio, no obstante, sentía un extraño sentimiento de que algo estaba a punto de ocurrir, como ese residuo de sueño cuando caminas rumbo al trabajo o cuando miras una película de terror y la música tensa te obliga a estar atento a cada uno de los ruidos o movimientos alrededor del protagonista.
Después del encuentro y la despedida con el gemelo —y amante de las bermudas y las camisas con motivos floreados— su camino tomó rumbo hacia la casa de Mamoru. La ebullición de sus sentires se había apaciguado con lo dicho por Haku. Un monje sorprendido no paraba de recordar los hechos y se golpeaba mentalmente por comportarse como un idiota.
La actitud de su compañero de clase le demostraba, una vez más, que él era un pendejo al haber sufrido tanto por un imbécil arrogante ídolo de barro, sumergirse en alcohol e incluso haberse tragado unas nueces... Sí, Tatsuha Uesugi era un (redoble de tambores hecho con sus manos) estúpido.
Tocó la puerta y Masami Chiba, el padre de su amigo, con unos lentes y cara de pocos amigos, le abrió, pero su rostro cambió de inmediato cuando vio de quién se trataba. Al hombre le caía bien ese muchacho, su hijo no tenía muchas amistades en Japón y de pronto, de una extraña manera, se volvió inseparable con aquel jovencito, así que él estaba bien con eso.
—Pasa, Uesugi-kun, pasa... —una sombra se deslizó con rapidez, era su hijo que ya estaba abrazando de manera exagerada a su amigo
—¡Oh mi querido y fiel Tat-chan! —se separó de él—, no tuve ni siquiera que marcarte —el monje arqueó las cejas y los miró con algo de indiferencia.
—Si te quitas podré pasar… —el muchacho dejó de abrazarlo y le dio paso para que fueran a la habitación. Tatsuha se despidió del padre con un movimiento de cabeza; el hombre se extrañó de que su hijo fuera de pronto tan amigable: usualmente era seco y evitaba el contacto (como buena mezcla de inglés y japonés), pero de unos meses para acá le daba por abrazar a medio mundo.
Cuando llegaron al cuarto de Chiba, el monje notó las cajas llenas de libros y cosas personales, como si se tratara de una mudanza, no encontró un lugar para sentarse.
—Parece que te cambias de casa —le echó una mirada general a la habitación.
—Sí, eso hago...
—¿Qué? Gracias, amigo, por avisarme. Y luego dicen que yo soy el cerrado —habló con resentimiento.
—Ni te quejes, que hoy me enteré —antes de que el joven le debatiera, Mamoru continúo—. Resulta que mi padre se consiguió una novia y ya se cansó de coger en hoteles, así que supongo que la quiere traer aquí. Ese mal hombre me había "sugerido" —dibujó las comillas con sus dedos— conseguirme un departamento para volverme independiente... Si soy sincero, nunca creí en la veracidad de sus palabras y, pues, hoy me dijo —hizo una voz grave—: "Hijo mío ya te tengo el departamento, mañana viene el camión de mudanzas para que te traslades espero que hicieras caso y recogieras todas tus cosas". Eso fue hace como dos horas, así que, heme aquí, pensaba llamarte pero el poder del amor lo hizo por mí y aquí estás...
—Esto... en realidad… este... pues... tenía algo que contarte...
—¿Tenías o tienes? Anda, cuéntame. Pero antes quiero que guardes los libros que están en el librero a tu izquierda en esa caja —le indicó los libros y la caja con su mano, como si fuera un jefe de obras—. Están en orden alfabético, así que no quiero que los desordenes... ¿Sabes qué? Mejor lo hago yo, aquel anaquel es de los próximos libros que leeré así que si te equivocas no habrá problema.
—¿Sabías que a eso se le llama trastorno obsesivo-compulsivo? —contestó el monje malhumorado.
—Déjate de palabrerías y cuéntame.
—Me acosté con Haku.
Masami revisaba unos papeles en su escritorio cuando escuchó un sonido fuerte salir del cuarto de su hijo, se asustó pues pensó inmediatamente en un accidente. Corrió rumbo a la habitación y sin pensarlo abrió la puerta, miró a Mamoru en el suelo y a Tatsuha intentando levantarlo, todos los libros arreglados con afán estaban regados en el suelo, al parecer había jalado el librero, que al balancearse creó todo el desastre que sus ojos veían.
—¿Estás bien Scott? ¿Uesugi-kun? —temió que alguno de esos libros decidiera caer cerca de un disco vertebral o lo que sea que fuera sumamente peligroso para matarlos o dejarlos sin caminar, como había visto en programas como Mil formas de morir—. Eso será difícil de ordenar nuevamente… —murmuró conociendo a su hijo.
—Estamos bien —explicó, y el hombre se dio por complacido con esa respuesta marchándose de inmediato.
Una vez solos, Mamoru se quedó mirándolo con mucha atención a Tatsuha, como si algo en él le fuera a revelar en cualquier momento que ese no era su amigo, sino un impostor, alguien deseoso de gastarle una broma. Pero no descubrió nada extraño, era el mismo estúpido amigo de siempre... o su tan sabio e inteligente compañero. ¡Demonios! ¿En qué momento se acostó con Haku? ¿Por qué? ¿Cómo?... la verdad no quería saber detalles, ¿o sí?
—Esto ha sido demasiado para mí —sacó una botella escondida entre otros libros cerca de su cama y bebió directamente de la botella—. ¿En qué momento empezamos a meternos con el gemelo Tanaka?
—Desde que Eiri regresó y sentí la necesidad de acostarme con alguien porque no soportaba estar en casa viéndolos besarse... ¿Eso es alcohol? ¿Qué clase de estudiante modelo esconde una botella en su cuarto? —dijo con un tono tranquilo mientras levantaba los libros y los metía en una caja, sin mirar a su interlocutor o pensar en algo, quería expresarlo, pero no razonarlo.
—¿Quieres decir celos? —tentó el medio inglés.
—No, definitivamente no son celos, eso significaría...
—Significaría...
—Que no quiero hablar del tema.
Mamoru miró con atención a su amigo y sonrío de lado, bebió un poco de su botella, se acomodó el cabello alborotado, y se la pasó a Tatsuha mientras se agachaba a meter más libros en una caja, acomodándolos con cariño. Guardó silencio por unos minutos y cuando ya llevaba la segunda caja levantó la vista para ver al monje que realizaba la misma tarea que él.
—No eres un niño, sabes perfectamente que los celos son indicadores de que te gusta Shuichi. Como buen amigo, debo decirte que esto no terminará bien si sigues alimentando ese crush hasta convertirlo en amor no correspondido. Pero, si tu deseo es seguir por esa senda, no me queda más que decir: ¡Ganbate kudasai! —se quedó callado después de decir las últimas palabras.
Luego, observó a su amigo, lucía pensativo, y creyó que procesaba toda la información que le había contado. Se sintió un poco mal por no ser el mejor hombre del mundo para dar apoyo, y jugó por unos instantes con la cruz que llevaba en el cuello desde hace mucho tiempo. Le preguntó el por qué del silencio.
—Entiendo esa frase motivacional —le mostró un manga para niñas considerado muy cursi y el medio inglés se carcajeó y pensó en lo estúpido que suena decir Ganbate kudasai.
—Me sentí personaje de manga shoujo. Gracias por desquebrajar mi ilusión de ser el "príncipe de la colina"... —el moreno le lanzó su pantufla, que se estrelló en su nariz, si bien no le provocó un mayor daño sí le dejó un dolorcillo punzante.
—¡Oye, imbécil! —se quejó.
—Eso fue por intentar animarme como quinceañera, Scotty... —se burló del primer nombre de su amigo, entonces cerró los ojos y cruzó los brazos para enfatizar su punto, continuó— ...por hacer referencia a animes viejos y, sobre todo, porque en lugar de un: "Haz tu mejor esfuerzo", me hubieras ofrecido un revolcón con látigos y ... —las demás palabras no se escucharon, el internacionalista le regresó su pantufla de la misma forma que el chico había utilizado minutos antes.
Ryuichi comenzó a notar cosas extrañas en sus pensamientos... como la presencia de personajes que antes no estaban ahí, parecían espías enviados por los malos para molestarlo, para dañar su estabilidad. Eso era irritante. Cada vez más, las quimeras invadían momentos sagrados, como cuando se imaginaba una vida con Shuichi, esas historias ya no fluían con facilidad. Como si su inconsciente, aburrido de ellas, buscara boicotearlo mandándole imágenes bizarras e impensables.
Tatsuha había pensado la propuesta de su amigo sobre irse a vivir con él, no le desagradaba la idea, pero nunca hizo una vida aparte, fuera de su familia y tampoco la imaginó, siempre deseó estar con su padre y ver a sus hermanos. Ridículo, tal vez, pero le gustaba cuando todos estaban en la mesa y peleaban por tonterías o Mika cocinaba y Eiri comía a regañadientes, molestándola por su pésima sazón.
Esos tiempos habían desaparecido con el paso de los años, pero tenía la esperanza —vana— de volver a vivirlos. Quizá con Shuichi, con su sobrina... movió la cabeza sacudiendo esos pensamientos, abrió la puerta y se permitió hablar en voz alta, seguro de no ser escuchado.
—Casi como la familia perfecta de comercial.
—¿Quiénes? —preguntó el pelirrosa, quien estaba hincado frente a la mesa de centro con unos tarjetas encima de ésta.
El monje dio un saltito por el susto.
—Nadie… —aventó sus llaves en la cómoda dispuesta a un lado de la puerta—. ¿Y mi hermano? —se acercó al cantante, dio una mirada rápida, se trataban de tarjetas de presentación—. ¿Y eso? —señaló con un gesto del rostro.
—Fans —contestó de inmediato y esperó unos minutos para sacar las ideas guardadas—. Perdón, creo que fue algo grosero ignorarte…
—No te preocupes, si tuviera un amante al que no veo por casi medio año, pues supongo que también hubiera ignorado al visitante incómodo —sonrió de mala gana y se aproximó a la cocina.
—Tatsuha —el joven volteó cuando escuchó su nombre—, no eres eso. Bueno, al principio sí, no te conocía, pero ahora ni siquiera es porque seas mi cuñado, es porque eres mi amigo, quiero decir, no eres incómodo —le regaló una sonrisa que el monje conocía, esa que le regalaba a sus personas más cercanas.
Su corazón se aceleró, le dio la espalda a Shuichi y siguió su camino, el pelirrosa pensó que continuaba molesto. El menor Uesugi ocultó un leve sonrojo.
Ryuichi lo vio. Se molestó. No hacía su trabajo, estaba hablando por teléfono y rayoneaba hojas, decía algo estúpido sobre un examen estúpido y una escuela y carrera estúpida. Pensó en entrar y decirle que desquitara el dinero de su pago. Pero se detuvo en seco cuando escuchó la conversación.
—¿A Eiri? Claro que no, si supiera mis intentos por entrar a la universidad se reiría de mi diciéndome lo tonto que soy... ¿Mika? Menos ¿Acaso quieres que me llene de maestros particulares? Shuichi es idiota, Maiko está loca, Nakano podría ser una buena opción... después de todo iba a ser médico, creo que en esas materias podría ayudarme… Si, es una pena que no sepas ni qué es el hidrógeno —el muchacho río y a Sakuma le recorrió un sentimiento de empatía.
El vocalista de Nittle Grasper entró y se sentó a un lado del monje, éste, asustado, se despidió y colgó; nervioso le preguntó el porqué de su presencia y si necesitaba un reporte, un café, jugar, esconderse, perder el tiempo o algo verdaderamente importante para ir hasta su oficina improvisada.
—En realidad, no necesito nada...—el silencio fue incómodo, al menos para el muchacho que le desesperaba no tener idea de los objetivos nuevos perseguidos para sacarlo de su guarida y tenerlo a su lado.
Ya hace un tiempo no veía con buenos ojos cuando se le acercaba Ryuichi, no porque lo tomara como una mala persona sino porque entendió que cuando el castaño quiere algo, él movería el mundo para conseguirlo y eso era tan cansado. Muy caprichoso para su gusto.
—Entonces… ¿No quiere que le consiga un helado del lugar más prestigioso de Tokyo, hecho con leche de vacas supersónicas? —lo miró con duda.
—¡Claro que no! Yo sólo quería ayudar... —puso ojos llorosos pero el moreno no se conmovió, eran esas palabras las que solía decir para convencer a las personas. Suspiró pesado y le preguntó exactamente en qué deseaba ayudar—. En tus estudios —no le dio tiempo de reaccionar y tomó una guía de estudio y comenzó a leer las preguntas, pero de una manera seria y natural que a Uesugi le sorprendió.
—Saku-sakuma-san, ¿sabe las respuestas?
—No —contestó con una mano en la barbilla y otra sosteniendo la guía de examen—, pero sé cuáles son los libros que debes consultar —dejó el cuaderno a un lado y tomó una hoja para apuntar cada uno de los autores y libros donde esos temas se abordaban de manera seria, pero sin ser solemnes y técnicos.
—¿Cómo conoce de biología, física y química? —el muchacho tomó el papel y lo miró sorprendido.
—Antes leía mucho del tema, yo quería estudiar zoología —habló de manera natural, casi amistosa, sin la fachada el personaje del niño lindo bipolar o el egoísta—. Mi madre decía que esas ciencias eran muy necesarias para entender la vida, pero aunque estudié sobre el tema terminé por olvidarlo, creo que fue culpa de la economía.
—¿Economía? ¿Qué tiene que ver con la biología y esas cosas?
—Que al final tuve que estudiar eso, para heredar la empresa de mi padre —le dijo como si se tratara de algo verdaderamente lógico y sabido por todos.
—Su biografía no dice nada de eso; habla de sus estudios de canto y expresión corporal... además...
—Eso lo escribió Tohma —interrumpió— porque no quería que pareciéramos unos novatos improvisados, lo cierto es que estudie Economía en New York y no la terminé hasta unos seis años después de consolidarse Nittle Grasper porque Tohma y Noriko me obligaron, pues fui el único en tener trunca una carrera —se rascó la cabeza—. Fue una verdadera molestia pero puedo presumir mi título, ¿quieres verlo? Aunque la verdad no recuerdo dónde lo dejé —soltó una risilla traviesa.
—Gracias —contestó el menor, y le regaló una sonrisa.
Y el cantante sintió un chispazo en su corazón, pero lo ignoró.
El escritor se sintió renovado, esas semanas sin su amante le parecieron eternas y aunque eso no significaba que hubiera sido un fiel empedernido, al contrario, a él no le iba eso de abstenerse y suponía que Shuichi debería leerlo entre líneas o por lo menos sospechárselo, y si no era así, ¡mejor!
Caminó por la casa. No había nadie, el pelirrosa y el monje habían ido a trabajar o estudiar, no le interesó mucho las actividades de su hermano. Sonrió. La belleza y alegría de estar en su casa era tan sublime y acogedora, imposible de describir.
Cocinó un delicioso banquete para sí mismo, para festejar su exitosa gira y la promoción para su nueva novela, a punto de ser la ganadora del premio Empitsu —porque ¿a quién le mentía? No había rival para él—, tomó la revista de literatura a la cual estaba suscrito y leyó una reseña de sus rivales, murmuró algo como "perdedores", y después de su opípara comida fue a bañarse para salir con su editora y dar por terminado sus asuntos de la promoción.
Cuando Shuichi llegó la casa estaba vacía, le sorprendió la salida de Eiri, pues después de sus giras solía quedarse en su estudio como animal asustado, quizás en esos meses había madurado un poco y ahora sería un ser social medianamente común, pues no podía exigirle al rubio sensatez en el comportamiento con otros seres vivos.
Aventó la mochila cerca de la puerta sin detenerse a pensar que alguien podría tropezar con ella, se sentó pesadamente en la sala y estuvo tentado de subir los pies en la mesita de centro, pero si le hacía un rayón el rubio se enteraría con los súperpoderes de monje que tenía y seguramente lo obligaría a comprar una nueva con un precio exagerado de alguna tienda de esas a las que sólo las familias más ricas de Japón podían acceder.
Tomó el control de la televisión pero no logró encender el aparato pues el teléfono sonó y corrió a contestarlo pensando que era algo interesante que venía a sacarlo de su rutina.
—¿Hola? —intentó decir con elegancia, pero no le salió de todo.
—¿Shindou-san? ¿Me comunicas con Eiri? —se escuchó la voz de un hombre maduro.
—Pues no está, pero si me dice quién es yo le paso su recado y le digo que le llame —contestó gentil.
—Soy su padre. De casualidad ¿no estará Tatsuha por ahí?
—No, él se fue a la escuela y después a trabajar, llegará hasta tarde porque se irá con unos amigos —dijo inmediato—. La verdad no sé dónde está Eiri, pero seguramente fue con su editora —el hombre de la otra línea quedó callado por un rato, el pelirrosa quiso colgar pero saber que era el papá de su novio no le daba la libertad para realizar lo que pensaba.
—Shindou-san, ¿puedes decirles algo por mí? —habló por fin y el otro asintió con miedo, luego hizo un sonido afirmativo cuando se percató de que el hombre no lo podría ver—. Hago una fiesta con motivo de mi cumpleaños, esta vez la adelantaremos por cuestiones que no dilucidaré contigo, pero me gustaría que les avisaras que será dentro de dos semanas, es por eso que los esperamos para esas fechas en la casa principal de Kyoto —pronunció el hombre con voz pausada.
—De acuerdo les diré —comentó, porque no estaba muy seguro de si iría su novio, pues desde que lo conocía sólo dos veces había asistido.
—Shindou-san, la invitación también es para usted, además es independiente si quiere ir Eiri o Tatsuha, será bienvenido aunque ellos no estén presentes.
Shuichi quedó en silencio por la sorpresa, jamás pensó en llegar a oír eso del padre de su amante, no supo bien si lo hacía porque era una forma de impulsar a que sus hijos asistieran, pero de todos modos agradeció el gesto:
—Lo tendré en mente, gracias.
El gran monje se despidió y el muchacho se quedó mucho tiempo escuchando el sonido intermitente.
—Estos libros son muy buenos, hasta yo puedo entender eso —Mamoru se emocionó y empezó a tomar notas en un cuadernillo.
—Pero si no necesitas tomar apuntes, deja eso... ¿o lo haces para mí?
—No, definitivamente es para mí, por fin sé qué significa la física y para qué sirve, no quiero olvidarlo.
—Estás loco.
El moreno suspiró. Y es que entre el abanico de obsesiones de Chiba se encontraba hacer apuntes de cualquier cosa, "por si alguna vez lo necesitaba". ¿Por qué no tenía amistades decentes?
Tatsuha entró al departamento, llegó a tiempo para la cena. Olió la comida preparada por su hermano y se sintió contento de tenerlo de regreso, su sazón era única. Los encontró en el comedor sirviendo la comida, Shuichi le dijo que se sirviera para comer con ellos y aunque su aniki hizo un gesto de "largo de mi casa", a él no le interesó. Hizo lo que dijo el pelirrosa y degustó encantado.
—Su padre llamó por la tarde y dijo que su fiesta será dentro de dos semanas, los espera en la casa principal de Kyoto... lleven un buen regalo —mencionó Shuichi como si nada y metió comida a su boca, masticó tranquilamente mientras el par de hombres levantaban la ceja en un gesto idéntico—. Bueno, lo último lo agregué yo, pero creo que es lo correcto —comentó mientras metía más alimento a su boca.
Tatsuha gritó de la emoción: amaba esa fiesta, todo mundo se reunía y el bebía todo lo que quería porque nadie lo vigilaba. Es más, llevaba algunas botellas a su cuarto y disfrutaba del día anual del "vodka patrocinado", y lo disfrutaba demasiado.
—No iré —el escritor interrumpió las fantasías de su hermano.
—Pero, aniki —habló molesto—,hace dos años que no vas, deberías ir, padre no es un monstruo... Shuichi, dile que tiene que asistir —fueron patadas de ahogado.
—Eiri es lo suficientemente grande para tomar sus decisiones —respondió Shuichi, y comió el resto de los alimentos de su plato, agradeció por la cena y se levantó para dejar los trastos sucios en el fregadero.
—Ve, tonto, yo me quedaré con el idiota en la casa —dijo Eiri autosuficiente, luego sacó un cigarro y lo prendió para comenzar a meter humo en sus pulmones.
—Lo siento, pero no me quedaré contigo, tu padre me invitó y como no está condicionado a tu presencia, no le haré el desaire —sonrió el músico, al tiempo que traía una tarta y la ponía en la mesa—. ¿Alguien quiere postre?
No le contestaron. Ambos estaban sorprendidos.
Saludos marsupiales queridos lectores...
Me pregunto ¿por qué el 14 de febrero debe estar lleno de chocolate?
Si el mundo fuera perfecto, mi alergia se curaría y no tendría que ver como todos se llenan y tragan chocolate delante de mí... extraño su sabor, pero bueno, eso pasa cuando se come en cantidades industriales. Esa es la enseñanza de este día, no exageren, todo con medida.
En lo que respecta a temas más interesantes agradezco a Pet por su beteo, a mi jefe porque no revisa mi computadora, por lo tanto, puedo tener y descargar documentos que nada tiene que ver con mi trabajo, etc, etc. Quiero expresar mi dolor por la desaparición de Megaupload, quiero exhortarlas a la información antes que a la especulación. Y si, es un discurso al estilo del Oscar.
No, ya en serio, espero y les guste el capítulo y me digan que piensan sobre él... ¿Tatsuha podrá lidiar con este nuevo sentimiento? ¿Qué sucederá en la fiesta del padre? ¿Kumagoroh pondrá fin a toda esta maraña de ideas? No se pierda el Cap XXVII de "Las desventuras del monje vividor".
P.D después de casi dos años de mi incursión en este sitio... aún no sé porque los asteriscos desaparecen
