Estimadxs… Aquí estoy de vuelta como les había prometido con un cap extra a modo de Epílogo. En esta ocasión podremos saber qué fue de la nueva familia tiempo después de la boda. Se trata de una escena cotidiana, que contiene de todo un poco, miel, lemon y reflexiones finales… Espero que les guste!
Recomendación: Busquen la canción del comienzo del episodio para complementarla a su lectura, en esta ocasión elegí una en portugués -espero que no tengan dificultades de interpretar el significado de la letra, si no pídanme la traducción y yo se las paso-. Se trata de "Menina da lua" ("Niña de la luna"), una canción de Renato Motha en versión de María Rita. Me parece preciosa esta interpretación, por el piano y la voz de la cantante, y también creo que la letra encaja perfectamente con la escena y con el cierre definitivo de esta historia… Ojalá les guste!
De nuevo GRACIAS por seguir y comentar día a día mis publicaciones. Deseo de corazón que volvamos a encontrarnos pronto con más historias y les adelanto que estoy por emprender un nuevo proyecto… La verdad es que descubrí que disfruto mucho de este hobby y después de esta primera experiencia mi imaginación empezó a volar más que nunca pensando en nuevas ideas! Estoy verdaderamente entusiasmada!
Bueno gente, lxs dejo leer en paz. Disfruten del cap! Y cuéntenme qué les pareció..
Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Abrazosssss! Y hasta pronto! :)
Bell.-
:: Epílogo ::
Un año después…
La flamante familia Chiba-Tsukino, compuesta por Serena, Darien y la pequeña Rini, vivía en el mismo departamento que antes había compartido la feliz pareja.
Era la noche de un tranquilo sábado. Serena estaba en la cocina preparando la cena y Darien se encontraba en la sala con Rini en brazos que lloraba nerviosa vencida por el sueño, pero él no conseguía hacerla dormir. Caminaba con ella meciéndola suavemente y tarareando una canción para intentar tranquilizarla, pero la beba no podía parar de llorar.
Serena dejó lo que estaba haciendo y fue hasta la sala para ayudar a Darien. —¿Qué pasa, pequeña? ¿Por qué estás tan enojada? —dijo al acercarse a ellos y regalarle un dulce beso a su hijita.
—Está muerta de sueño —dijo Darien preocupado—, pero no deja de llorar.
—Ven, princesita, ven con mamá —Serena la tomó en sus brazos y comenzó a mecerla—. Tranquila, hijita, estás cansada. Por favor, cálmate.
—Ya sé lo que quiere —dijo Darien y las besó tiernamente a las dos—. A mi pequeña Rini le gusta que papá toque el piano, ¿verdad? —la beba esbozó una sonrisa al ver la expresión graciosa de Darien, pero enseguida volvió a llorar—. Sí, mi princesita, eso es lo que quieres, ¿no es cierto? —y Serena reía por la forma en que él le hablaba.
Darien se sentó frente al piano y comenzó a tocar una bonita y delicada melodía. Rini automáticamente dejó de gritar y su llanto comenzó a disminuir al escucharlo. Serena seguía meciéndola entre sus brazos y tarareaba la canción que él interpretaba.
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"Leve na lembrança a singela melodia que eu fiz
(Lleva en el recuerdo la sencilla melodía que hice)
Pra ti, oh, bem amada
(Para ti, oh, bien amada)
Princesa olhos-d'água… Menina da lua…
(Princesa ojos de agua… Niña de la luna…)
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Poco a poco la beba se fue relajando y comenzó a dormirse.
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Quero te ver clara, clareando a noite densa deste amor
(Quiero verte clara, aclarando la densa noche de este amor)
O céu é teu sorriso
(El cielo es tu sonrisa)
No branco do teu rosto… a irradiar ternura…
(En lo blanco de tu rostro se irradia la ternura…)
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Cuando Rini al fin se quedó profundamente dormida, Serena la llevó hasta su cuarto, la acomodó lentamente en la cuna y volvió a besarla. Al regresar a la sala se sentó junto a Darien que seguía tocando y lo abrazó por los hombros. Lo acompañó con su voz en los últimos acordes.
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Quero que desprendas de qualquer temor que sintas
(Quiero que te desprendas de cualquier temor que sientas)
Tens o teu escudo, teu tear… Tens na mão, querida, a semente
(Tienes tu escudo, tu telar… Tienes en la mano, querida, la semilla)
De uma flor que inspira um beijo ardente… Um convite para amar…"
(De una flor que inspira un beso ardiente… Una invitación para amar…)
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Lo besó con dulzura en los labios. —Adoro esa canción —le dijo con una sonrisa.
Él le regaló otro beso. —Y yo te adoro a ti —y sonrió seductor.
Serena regresó a la cocina y Darien siguió tocando un rato más. Ella retomó los preparativos de la cena mientras continuaba tarareando la canción de Darien. Y estaba tan concentrada que no se dio cuenta de que él había dejado de tocar y se acercaba lentamente a ella para abrazarla por la cintura. —Hola, amor —dijo después de voltear para besarlo y continuó con su tarea.
Darien apoyó su rostro en el hombro de Serena y la abrazó con fuerza. —Eres una mamá muy hacendosa —ella rió, volteó para regalarle otro beso y retomó de nuevo la comida. Darien comenzó a besar su cuello y acariciar su piel bajo la ropa—. ¿No podrías darle alguna atención a tu pobre esposo? —murmuró en su oído.
Ella volvió a reír. —Pero si estoy cocinando para mi esposo.
—Es que a tu esposo se le antoja otra cosa —insistió él intensificando los besos y las caricias.
Serena no pudo resistir más y se dejó vencer por la forma en que él comenzaba a tratarla. Soltó los utensilios, llevó una mano al cuello de Darien y volteó otra vez para besarlo apasionadamente en los labios. Se besaban con calma pero con mucho deseo contenido. Se acariciaban con sus labios, recorrían sus bocas con sus lenguas y alternaban suaves mordidas. Serena tomó la mano de Darien que se había acercado a uno de sus pechos y le dedicaba lentos masajes para intensificar las caricias.
—Serena… —susurró Darien agitado—. Eres tan hermosa, Serena… —y tomándola de la cintura la hizo girar para tenerla de frente—. Te deseo tanto… —y volvió a su boca con besos desenfrenados.
Ella le respondía los besos con la misma intensidad, también lo deseaba con desesperación. Lo tocaba bajo la ropa con caricias intranquilas y finalmente le quitó la camiseta para poder estar más en contacto con su piel. Darien también le quitó la blusa con impaciencia, con un brazo empujó las cosas de la mesa arrojando varias al suelo y tomándola de nuevo por la cintura la levantó para hacerla sentar y tenerla a su altura. Ella enseguida rodeó su cuerpo con sus piernas y volvieron a besarse agitados. Se acariciaban enteros y gemían por el deseo y las excitantes sensaciones que ambos se provocaban.
Cuando Darien comenzó a descender con húmedos y cálidos besos por el pecho de Serena y desabrochó la prenda que la cubría, ambos se detuvieron de repente al escuchar los gritos de Rini. La beba se había despertado con los ruidos de las cosas que arrojó Darien al suelo.
Él suspiró frustrado, volvió a abrochar el sostén de Serena y se separó de ella. —Descuida, amor, voy yo —dijo ella con una sonrisa y le regaló un tierno beso en los labios.
Serena fue hasta la habitación de la niña y Darien recogió las cosas del suelo. Una vez que terminó de acomodar un poco el desorden, volvió a la sala y se acercó al piano para tocar otra vez. Tocar lo relajaba y también ayudaba a que su hija se tranquilizara para volver a dormirse.
Por suerte Serena logró hacer dormir rápido a Rini. Volvió a acomodar a beba en su cuna y le dio un dulce beso en la mejilla. —Descansa princesita. Te amo…
Cuando regresó a la sala se acercó a Darien y lo observó en silencio por unos instantes. Él tocaba y tarareaba con los ojos cerrados la misma canción de unos momentos antes. Ella lo miraba embelesada, mordiéndose el labio inferior al encontrarlo tan irresistiblemente atractivo con su torso desnudo y el cabello desordenado luego del encuentro de la cocina. Lo amaba más que nunca, era su compañero, su amigo, su esposo. Y la felicidad que sentía al compartir su vida con él le colmaba todo su ser.
—Amor… —dijo Serena cuando terminó la canción, Darien la miró con una tranquila sonrisa—. Ven conmigo, amor, quiero mostrarte algo —le tendió la mano, él la tomó y caminaron juntos hasta su dormitorio.
Al entrar en la habitación, Serena buscó un paquete en el armario y se lo entregó a Darien. —Es un regalo atrasado por nuestro primer aniversario —sonreía emocionada—. Y para nuestro nuevo hogar —próximamente se mudarían a una casa que habían comprado hacía unos meses, pero como era antigua tuvieron que hacerle muchos arreglos y remodelaciones y demoraron en poder instalarse.
Darien sonreía entusiasmado y desenvolvió el paquete con impaciencia. —Princesa —era una gran fotografía en blanco y negro—, es hermosa —apoyó la foto sobre la cómoda para verla mejor. Era una imagen de sus pies en el césped, con los piecitos de Rini en el medio de ellos.
Serena lo abrazó por la cintura. —¿Te gusta?
Darien estaba realmente conmovido con la imagen. —Me encanta, princesa —la abrazó con fuerza—. Gracias… Gracias por regalarme la oportunidad de formar una familia contigo —la miró a los ojos sin soltar el abrazo—. Soy tan feliz con ustedes… Te amo tanto, Serena… —y la besó en los labios.
Se besaron con ternura por unos instantes, regalándose sonrisas y suaves caricias en sus rostros. Pero poco a poco fueron retomando los besos más intensos y apasionados que instantes antes habían interrumpido. Se besaban y acariciaban con deseo, y el calor y la pasión volvían a recorrer sus cuerpos.
Serena empezó a caminar hacia la cama sin cortar los besos, y cuando se acercaron le quitó el resto de la ropa a Darien. Lo tumbó sobre la cama, se quitó su ropa y al quedar completamente desnuda comenzó a acercarse a él con una mirada acechante.
Se acercó a su boca. —Eres un papá muy sexy —susurró con una seductora sonrisa y lo besó. Empezó a moverse lentamente para acariciar su cuerpo con el de ella, rozándolo con sus senos, su abdomen, su sexo. Darien la acariciaba entera, recorriendo todo su cuerpo con las manos y respirando cada vez más agitado.
Serena comenzó a besar el cuello de Darien, acariciando la piel que recorría con sus labios y su lengua. De a poco fue descendiendo por su pecho, su abdomen sin dejar de acariciarlo con las yemas de los dedos por el costado y la cintura. Él se estremecía de pies a cabeza por las sensaciones, y sus músculos se contraían ante las caricias y los besos de Serena.
Cuando ella llegó a su entrepierna, tomó su sexo con una mano y empezó a acariciarlo. Darien se estremecía cada vez más y acariciaba el cabello de Serena. Ella acercó su rostro a su cuerpo y comenzó a besarlo. Lo acariciaba y lamía con suavidad hasta que finalmente lo introdujo en su boca. Darien soltó un ronco gemido y tiró de su cabello. Serena hacía lentos movimientos con su boca y seguía acariciando el cuerpo de Darien con las manos.
Él soltó el cabello de Serena y agarró las sábanas con las manos para apretarlas con fuerza entre sus puños. —Serena… —ella suavizaba los movimientos —Serena, te necesito… —ella cortó los besos y se incorporó. Al verlo de nuevo lo encontró con una expresión de sufrimiento, de necesidad y tan jadeante que se sintió satisfecha y decidió dejar de torturarlo. Se acomodó sobre él, con una pierna a cada lado de su cuerpo y él la tomó de las caderas para entrar lentamente en ella.
Ambos gimieron ante la unión y Serena comenzó a moverse de nuevo. Tomó una mano de Darien y la llevó a uno de sus pechos, que él comenzó a masajear y pellizcar el pezón entre sus dedos. Serena se ondulaba con mayor velocidad y él acompañaba su ritmo con su cuerpo. —Darien… —dijo ella entre gemidos cada vez más agudos—. Darien… —y antes de dejarla acabar, Darien la tumbó contra la cama y se acomodó encima de ella sin salirse de su cuerpo. Sus movimientos eran intensos, sus entradas profundas.
Ambos gemían agitados y desbordados de placer y deseo. Y se besaban con voracidad. —Serena… —la llamó Darien para que abriera los ojos y encontrarse con su mirada—. Te amo, Serena… —y volvió a besarla intensificando los movimientos y los gemidos para alcanzar juntos el orgasmo.
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Por unos instantes permanecieron en la misma posición. Después de darle un corto beso en los labios a Serena, poco a poco Darien comenzó a moverse y separó lentamente su cuerpo del de ella. Se acomodó a su lado y ella se recostó sobre su pecho. Comenzaron a respirar libremente y recobrar el aliento. Estuvieron en silencio, abrazados, regalándose suaves caricias hasta recuperar la calma.
—Princesa —dijo él mientras observaba la foto sobre la cómoda—, hay algo que quiero contarte.
—¿Qué cosa, amor? —preguntó ella.
—Los otros días, mientras te esperábamos en el parque con Rini, me sucedió algo muy extraño —relataba Darien—. Cerca nuestro había una joven pareja con un niño pequeño, de unos cinco o seis años. La mamá estaba sentada en el césped y observaba riendo al papá que jugaba a la pelota con su hijo. Una típica escena familiar —hizo una pausa—. Pero al verlos se me vino repentinamente a la mente un viejo recuerdo muy similar —suspiró emocionado—. Me acordé de mis padres.
Serena volteó a verlo a los ojos y notó una expresión melancólica en el rostro de Darien. —Recordé que poco tiempo antes del accidente —siguió él—, habíamos pasado un día de campo, no sé exactamente en dónde, pero se me hizo muy nítida una imagen muy parecida a la de esta familia. Yo jugaba con mi papá y mi mamá reía al vernos. Era un momento muy feliz, un lindo recuerdo.
Volvió a suspirar y continuó. —Y viendo a esta familia, con Rini en mis brazos esperándote a que llegaras del trabajo, comprendí que el dolor que me provocó perderlos lo llevé en mi interior por tantos años Socavando mis fuerzas y mis ganas de vivir, temiendo todo el tiempo ser abandonado de nuevo. Y sostuve por décadas una vida tan pesada y gris —miró a Serena a los ojos esbozando una sonrisa—, hasta que te conocí —la besó en los labios—. Sé que te lo dije muchas veces pero ahora más que nunca puedo darme cuenta de cuánto me ayudaste a aceptar ese dolor, a no tener más miedo de estar solo, a animarme a ser feliz. Y hoy puedo recordarlos de otra manera, recuperando recuerdos que creía perdidos y agradeciendo lo que me dieron, que aunque haya sido por poco tiempo, es muy valioso para mí.
—Amor, es muy hermoso lo que me estás diciendo —dijo Serena profundamente conmovida por sus palabras—. Sé lo duro que fue para ti y pocas veces me has hablado de esto. Pero me alegra tanto que puedas abrirte conmigo de esta forma y decirme estas cosas —lo besó con dulzura—. Darien, pudiste salir adelante con tu vida y a pesar de que haya sido tan doloroso para ti puedes tomar lo que te dieron, aunque quizás no haya sido suficiente, y tenerlos presentes en tu corazón y tus recuerdos —lo abrazó con fuerza—. Yo también estoy inmensamente agradecida con ellos, por haberte traído a este mundo. Y al encontrarte, ser la mujer más feliz a tu lado, pudiendo formar una nueva familia juntos —volvió a mirarlo a los ojos—. Te amo… —y se besaron largamente.
Escucharon que Rini volvía a llorar desde su habitación, él intentó levantarse pero Serena lo detuvo. —Voy yo, amor —volvió a besarlo en los labios y se levantó. Se vistió con una bata y fue hasta el dormitorio de la beba. Darien también se vistió con su pantalón de pijama y volvió a recostarse. Observaba pensativo la foto que Serena acababa de regalarle, recordando todo lo que acababan de hablar. Y sonreía aliviado al darse cuenta de lo tranquilo y feliz que se sentía con su vida.
Serena volvió a la habitación con Rini en sus brazos y mientras se sentaba de nuevo junto a Darien la beba dejó de llorar al verlo. —Lo que esta niña necesita no es dormir, lo que ella quiere son los mimos de su papá —dijo ella riendo y la acomodó en medio de los dos.
Darien empezó a hacerle cosquillas y gestos graciosos, y Rini comenzó a reír y balbucear contenta. —Hola, princesita. ¿Eres la niña mimada de papá? Sí, lo eres, y papá te ama mucho, princesita.
Serena reía emocionada al verlos. —Bueno, mis pequeños, los dejo jugando un momento así termino de preparar la cena, ¿sí?
—Sí, mamá, tenemos hambre, sí, mucha hambre —dijo Darien y Rini repetía los balbuceos intentando imitar a su papá y los tres reían contentos.
Serena si dirigió entonces a la cocina y al ver el desorden que había quedado sobre la mesa después del apasionado encuentro con su esposo suspiró cansada, ya que iba a tener que comenzar de cero con los preparativos. Acomodó las cosas lo más rápido que pudo y volvió a empezar.
Una vez que dejó todo listo, pensó que antes de encender el fuego para poner la comida a cocinar era mejor fijarse si los comensales estaban despiertos, porque hacía rato que no los escuchaba 'conversar' y reír desde el dormitorio.
Así que fue hasta la habitación y desde la puerta los observó por un instante. Ambos estaban abrazados y plácidamente dormidos. Sonrió enternecida por la escena que presenciaba, sus dos amores se veían tan tranquilos que no quiso despertarlos.
Se acercó lentamente y se recostó a su lado. Buscó las sábanas para cubrirlos a los tres, les regaló un tierno beso a cada uno y se acomodó lo más cerca de ellos que pudo.
Permaneció en silencio contemplándolos por unos minutos más hasta que sintió que el sueño también comenzaba a vencerla. Volvió a besarlos. —Te amo, Darien… Te amo, hijita… —susurró bajito y los abrazó.
Antes de dormirse miró una vez más la fotografía que estaba sobre la cómoda con una gran sonrisa. No podía sentirse más feliz y agradecida por la familia que tenía…
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FIN
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