El valle es tranquilo y apacible, la nieve cae de forma tranquila, pero la muerte ronda en el bosque teñido de blanco. Jet tendrá que arriesgar su vida, nuevamente, en favor de sus nakama.
One Piece, su mundo y sus personajes pertenecen a Eiichiro Oda.
Las espadas de Jet y Katsuro se separaron finalmente. El pirata sabía de la habilidad de Akuma no Mi que poseía su rival y por ello no podía pelear con libertad. Le era imposible separarse de la reina Yuki, pues si luchaba frente a frente con Katsuro, éste podría teletransportarse hacia donde estaba ella, y Shinta no podría ser una resistencia eficaz.
Jet hacía lo que podía mientras Katsuro aparecía de uno y otro lado. Hasta ese momento, el pirata no tenía ninguna herida, pero esto cambió cuando el villano aumentó la velocidad de sus teletransportaciones y pudo hacer una herida en el pecho, del lado derecho, cerca del hombro. Entonces el rubio se dirigió a dañar a la reina y aunque Shinta estaba listo para protegerla, Jet pudo recuperarse y bloquear al invasor.
Katsuro lució sorprendido, aunque al mismo tiempo reía divertido –¿te crees un salvador de los inocentes o algo así? –preguntó casi burlón– si desde aquí puedo ver que no eres más que un asesino, que tus manos se han manchado de sangre una y otra vez. De hecho eres un desalmado que seguramente busca venganza, busca la masacre para calmar tu mente, ¿y ahora te la quieres dar de buena gente frente a tus "amigos"? Ellos deberían saber que no eres un héroe, sino simplemente un espadachín que asesina personas.
Jet no se inmutó demasiado ante las palabras de su rival y sólo se limitó a mirar a Yuki y a Shinta de reojo para ver si estaban bien. No iba a responder a Katsuro, no le hallaba sentido a ello. Sin embargo, la reina fue la que tomó palabra antes de que el combate continuara.
–Niño… –se refirió a Katsuro –tú crees que en nuestra mente todo es color de rosa y no sabemos de muerte y sufrimiento, ¿verdad? Nosotros sabemos, y mejor que tú, que este mundo está lleno de infortunios y que sangre brota por todos los agujeros de la tierra y las corrientes del mar. He visto cosas que tú no tienes ni la menor idea, así que no intentes hacernos ver de una u otra manera a alguien. Jet es un espadachín, un guerrero que mata personas, pero está de nuestro lado y eso es lo único que nos importa en este momento, ¡¿quién diablos eres tú para juzgar? –sonrió ella luego con algo de soberbia– si no eres más que un traidor, que incluso obedece a un traidor aún más grande que él mismo.
El rubio vio de reojo a la monarca y un instante después desapareció sin dejar rastro. En una situación tan peligrosa, Jet no podía dejar a Yuki al cargo total de Shinta y entonces tenía que mantenerse cerca de ambos para protegerlos. No terminaba de pensar en ello cuando su hombro izquierdo fue herido por una espada; de no ser por sus reflejos rápidos, probablemente habría perdido el brazo, pero aunque era un corte algo profundo, no supondría una herida mortal o tan grave como pudo haber sido.
La niebla era más espesa y no podía saber de dónde aparecería Katsuro quien de pronto sonreía, pero era más para despistar a su enemigo el cual se vio de nuevo herido. Esta vez no fue un corte, pues pudo bloquear la espada del rubio, pero éste aprovechó para golpear sus costillas del lado derecho con el lado sin filo de la espada. Aun así, Jet no cayó y sólo retrocedió un instante, empuñando su Kangaishii para proteger a Yuki y a Shinta.
Sin embargo, el pirata no aguantaría demasiado tiempo y repeliendo por muy poco tres siguientes ataques, cayó con una rodilla en el suelo y respirando con dificultad; además de la herida en el hombro izquierdo y el golpe en las costillas, Jet tenía un rasguño en el cuello del que brotaba algo de sangre y otra herida más cerca de la cadera, aunque ésta última no era de consideración. Su vista empezaba a nublarse y se sentía débil y desorientado, nada que no le hubiera pasado con anterioridad, pero jamás ante un rival con tanta fuerza y una habilidad tan difícil de contrarrestar –"si me viera, seguro me regañaría por dejar que mi vida termine apenas unos días después de que ella me la volvió a dar" –pensaba el espadachín en Ayaka y en ese momento supo que no podía rendirse. La rubia se encontraba en una situación más difícil que él, en medio de los miembros del Ouka Shichibukai, la flota pirata más fuerte del mundo y toda la potencia de los cuarteles generales de la Marina, él no podía quejarse y, además, deseaba volver a verla, por lo que además de que ella debía salir con vida de aquel infierno, él tenía que seguir adelante.
–Yo no puedo perder aquí –dijo mientras se incorporaba. Sentía muy poco su brazo izquierdo, era como si se le estuviera congelando, pero seguramente era a causa de la herida. Tenía dolores en el torso, pero su brazo derecho, cuya mano apretaba con fuerza su katana, así como sus piernas, estaban en buenas condiciones, además estaba recuperando una óptima visión.
Katsuro quiso atacarlo antes de que se recuperara por completo, pero el pirata bloqueó la espada de su rival con la suya e intentó patearlo, pero éste desapareció para ir en contra de Shinta y la reina; sin embargo, Jet intuyó las intenciones del rubio y volvió a interceptarlo para evitar que cumpliera su objetivo, con lo que Katsuro desapareció de nuevo. Jet caminó unos pasos, alejándose un poco de Yuki y Shinta, tratando de adivinar dónde se escondía el rubio. El pirata entonces adoptó una posición distinta, separó más sus piernas y flexionó un poco la derecha, estirando la izquierda, levantó su brazo derecho, flexionando su codo, haciendo que la espada, aún apuntando hacia el frente, tuviera la empuñadura a la altura de su rostro, muy cerca de éste, mientras que, con un gran esfuerzo, levantaba su brazo izquierdo hasta que sus dedos estaban cerca de tocar la punta de la hoja de su katana, como si esa mano fuese la mira de un arma de fuego.
Yuki y Shinta lo veían, apenas exhalando, nerviosos, pues el ruido se había ido por completo de ese lugar. Jet giraba un poco, como si fuese a disparar su espada sin decidirse la dirección. El pequeño tirador pirata notó los ojos de su nakama como nunca él los había visto, ésos eran los ojos de un asesino.
Como un latigazo, Jet giró hacia una dirección muy cercana a sus compañeros y se lanzó con su mano derecha al frente. Shinta no se dio cuenta de lo que sucedía hasta que la espada de Jet chocó con la katana de Katsuro, partiéndola en el acto y luego perforando el cuerpo del rubio hasta empalarlo en un árbol cercano. El pirata se acercó a su enemigo indefenso, sostenido en el tronco de la conífera sólo por la espada que le cruzaba el torso casi al centro de éste, un poco orientado hacia su derecha, evitando el corazón, pero perforando el pulmón inevitablemente. Jet tomó la empuñadura de su Kangaishii y luego la retiró, para recibir un pequeño baño de sangre de su rival en el rostro y parte del cuello; Katsuro cayó lentamente en el suelo, sentado, apoyado en el árbol, todavía vivo.
El rubio sabía que estaba derrotado así que volteó a ver a la reina Yuki y le habló –tal vez preferiría no ir al palacio –le dijo, sonriendo un poco– se va a llevar una sorpresa muy desagradable –ella no se inmutó, estaba claro que le importaba bastante poco lo que el rubio pudiera decir– no diga que no se lo advertí –habló ya con dificultad, entrecerrando sus ojos– si usted va, yo me estaré riendo desde donde me encuentre –y fue lo último que dijo. Le dedicó una mirada a Jet, ésta era de pena por verse derrotado, pero no odiaba a su rival, simplemente se habían puesto en el lado contrario y tampoco le parecía mal morir de esa forma. Segundos después, cerró los ojos, y murió.
La reina Yuki se acercó a Jet y sacó un pañuelo para limpiarle el rostro. Mientras tanto, Shinta veía con horror la expresión de su nakama, con el espeso líquido rojo goteando por su barbilla y orejas, sus ojos entreabiertos que todavía denotaban la excitación -buena o mala- de haber matado a alguien, las manos, la izquierda temblorosa pero la derecha firme, aún con su espada en las manos. Sólo la casi divina imagen de la reina, vestida de blanco y con gesto preocupado, aligeraba tal escena. El tirador tenía miedo de su propio compañero.
Cuando terminó de limpiarle el rostro, Yuki atendió como pudo la herida del hombro a Jet. De inmediato el espadachín, sugirió seguir, aunque antes, como pudo, enterró a Katsuro, aunque fuera con la incesante nieve, que de cualquier manera, nunca deja de caer en tal país.
No quise demorar demasiado en un combate. No soy demasiado bueno para escribirlos, aunque creo que éste en particular no me ha salido tan mal, creo.
Agradezco las lecturas hacia la historia y en especial los review de Ofidus e Ilet Moratar, a quienes he respondido ya por mensaje, muchas gracias y un saludo.
