Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son exclusivos de Rumiko Takahashi. Esta historia está libre de fin de lucro.

Nota: Episodio editado.


Tan humanos como cualquiera

Las densas pestañas se movieron repetidamente ante el constante parpadeo, el cual le ayudó a enfocarse y ver con más claridad en la oscura habitación. Desconocía las horas que eran, pero estaba segura de que ya pasaba de la media noche.

Su cuerpo se estremeció al sentir aquel cálido aliento chocar en su cuello y cómo un fuerte brazo le rodeaba la cintura.

Rin ladeó su rostro hacia la derecha, para encontrarse con ese rostro apacible y perfecto. Sesshōmaru se veía tan bien cuando dormía, toda esa actitud de hombre fuerte y de fría personalidad se borraba al estar profundamente dormido, ya que sus facciones se relajaban y se veía más humano que nunca.

Se mordió el labio frustrada, quería voltearse entre los brazos del hombre para quedar frente a él y poder tocar aquellas líneas tan armoniosas que el albino poseía. Pero no podía, tenía que alejarse de esos brazos y cumplir con su misión.

Era ahora o nunca.

Con sumo cuidado apartó el brazo de su novio, liberándose así de la agradable y confortable prisión en la cual la tenía encerrada. Se alejó de su lado lentamente, lo suficiente para no despertarlo. Al estar en la orilla de la cama se colocó sus pantuflas rosadas, agarro el celular que descansaba en el pequeño buro y salió de la habitación.

Con paso calmado bajó las escaleras para no tropezar. En el momento de abandonar el último escalón, sabía que había superado otro obstáculo más. En eso se encontró con Yako, que pasó entre sus piernas haciéndole casi caer. Mantuvo el equilibro por puro milagro, ese perro no entendía que sus extremidades no eran tan largas cómo las de Sesshōmaru.

Suspiró y caminó hacia el cuarto de lavado, siendo seguida por el perro blanco, cómo si fuera su guardián.

Al entrar, echó un vistazo para cerciorarse que el hombre no sé despertó y no la descubriera en el proceso. Al ver que todo estaba en orden, cerró la puerta con cuidado y se fue a sentar al lado de la lavadora, siendo rápidamente acompañada del canino que se acurrucó a su lado, apoyando su larga trompa en su pierna, viéndola expectante a lo que fuera hacer.

—Yako —susurró—, espero y no le cuentes nada a tu amo. Esto será un secreto entre tú y yo, ¿vale?

El perro sólo ladeó su cabeza y sin dejarla de verla.

Rin cubrió su boca para no reírse de sí misma por hablarle al perro, sabiendo que éste poco le entendería. Negó con la cabeza y prestó toda su atención al celular, donde checó la hora. Apenas pasaban de la una de la mañana, así que estaba en buen tiempo para poder llamar. Más que decidida, buscó el número que necesitaba y sin pensarlo mucho, realizó la llamada.

Sus ojos se cerraron con fuerza, esperando que la llamada no fuera atendida e irse a dormir al lado de Sesshōmaru, pero para su mala suerte, fue respondida.

¿Quién?

Rin se quedó muda, no sólo porque no entendió lo que le dijeron, sino porque esa voz tenía la elegancia y la fortaleza bien arraigadas.

¡¿Cómo podría enfrentarse a eso?!

No tengo tiempo que perder, ¿quién es? —Demandó con autoridad la femenina voz.

Respiró hondo, ella no entendía el idioma alemán, pero sin duda había hecho enojar a la mujer y eso le hizo tragar saliva. Era igual que el hijo, bien se lo dijeron.

—¿Me comunico con la señora Irasue Kaiser? —Preguntó con seguridad, aunque la realidad era totalmente diferente.

Ella habla —contestó en japonés—. ¿Acaso eres la mujercita de mi hijo?

—Sí, soy Rin Honjō…

Interesante, no me equivoque al pensar que tendrías la chillante y odiosa voz de toda japonesa —fue sincera—. Pero bueno, esas son nimiedades. Me alegra saber que te has animado a hablar con tu nueva madre —Su tonalidad cambió a la de una actriz especializada en el drama—. Mejor tú, que el ingrato de mi hijo —sollozó.

—Señora Kaiser…

Vas a ser parte de la familia, y pretendes llamarme señora —habló indignada—. Ustedes los japoneses y su maldita costumbre del respeto exagerado —comentó molesta.

—Lo siento —no sabía porque se disculpa, pero lo creía necesario—. Vera, le llamo para agradecerle la carta que me envió, realmente no me esperaba algo así —porque así era—, y por su apoyo y su aceptación.

Hmm… —Pareció no haberles tomado importancia a sus palabras—. Supongo que no le contaste a Sesshōmaru.

—Así es.

¿Por qué? —Preguntó ecuánimemente.

—Porque si le decía, lo más seguro es que fuera él y no yo, quien estuviera hablando con usted —trató de no reír—. Y lo que menos quiero es provocarle algún problema con su hijo.

Que considerada, querida —dijo sarcástica—. Pero tengo que reconocer que ya conoces bien a mi hijo.

—Supongo…

¿Estás nerviosa o así eres de tonta?

—Nerviosa —contestó sinceramente ofendida—, nunca pensé el tratarla de esta manera.

Te entiendo —suspiró excesivamente—. Sí al menos mi pequeño cachorro fuera más considerado con su madre, estarías aquí visitando a tu nueva mamá.

Rin no tenía palabras para expresar lo que estaba viviendo en esos momentos, no sólo porque fuera extraño el que estuviera llamando a escondidas, sino porque esa mujer cambiaba de actitud con cada palabra dicha. Irasue podía ser fría, para después pasar al cinismo en cuestión de segundos, sobre todo cuando Sesshōmaru era mencionado.

Al final de cuentas, creo que yo seré quien terminará visitándolos —comentó falsamente entristecida—. Mi hijo no entiende que yo ya no estoy para vivir estos altercados, ya soy una mujer que debe estar en perfecta armonía.

—¿Piensa venir? —Expelo asustada.

Lo estoy considerando —bufó aburrida—. Aunque tener que ir a ese país, no me alegra en absoluto. Sesshōmaru lo sabe y aun así es un desconsiderado, jamás se preocupa por el bienestar y la comodidad de su madre.

»Estoy segura de que no te ha mencionado nada de mí, ¿no es así?

—Ah…

Se estremeció al escuchar un fuerte lloriqueo por la bocina del celular. Esa mujer iba a matarla de un susto con esos bruscos cambios de humor.

Suspiró, sabía que su suegra no estaba llorando, comenzaba a creer que hasta carecía de lagrimales y eso que aún no la veía en persona.

—Tranquilícese —le pidió—, no piense mal de Sesshōmaru. Él solamente ha tenido mucho trabajo y…

No lo defiendas —le ordenó—. Lo que ocurre, es que ese hijo que tengo es un infeliz, sólo se acuerda que tiene madre cuando me necesita. Porque si fuera por él, hasta diría que ya estoy muerta —volvió a sollozar—. Pero eso ya no importa, ahora que te tengo a ti. Después de todo, siempre desee tener mejor una niña y…pues verás, me salió Sesshōmaru —suspiró resignada—. Supongo que la vida nunca te da lo que quieres.

¿Qué la tenía a ella?

¿Qué quería decir con eso?

Eso no le alentaba en nada, y menos al escuchar a esa mujer. Ahora ya conocía la razón por la cual su jefe tenía ese carácter. Que lidiar con una madre así, no debía ser nada fácil.

Cambiando de tema —volvió a su habitual tonalidad—, ¿para cuándo la boda?

—Sesshōmaru no me ha propuesto nada, aún…

Vaya idiota —rechistó molesta—. Al menos espero lo estés castigando y lo tengas en total abstinencia.

Rin quiso reír por ese comentario tan acertado.

Porque eso sí, no quiero nada de nietos fuera del matrimonio, ¿te ha quedado claro? —Fue amenazadora.

—Sí…

Que obediente —se burló—. Me alegra que me hayas llamado…hija. Pero tengo cosas más importantes que hacer, así que te dejo. Te mando mil besos, y no olvides que mamá te quiere —colgó la llamada.

Estupefacta, esa era la palabra correcta para definirse en esos momentos. Realmente la carta había sido una probada de lo que se echaría encima cómo su nueva familia.

¿Por qué no podía tener una suegra como Izayoi?

No, la vida era una desgraciada y le ponían cómo su próxima «madre» a la mujer más dramática, cínica, excéntrica y cruel del todo el mundo. Estaba totalmente arruinada, no había duda de ello.

—No sólo tendré que lidiar con el temperamental de tu dueño —le dijo a Yako, al acariciarle la cabeza—, sino también con su burlona madre —rió desganada—. Creo que mi destino era sufrir hasta el último día de mi vida —suspiró melancólica.

Se levantó del piso, el cual le había proporcionado una buena ración de frío en su trasero y piernas. Al menos tenía la consolación de su futuro esposo era muy calientito y le proporcionaba la calidez que a ella le faltaba.

Con los ánimos arrastrándole por el suelo mientras caminaba, se dirigió de nueva cuenta hacia sus aposentos. A pesar de ello, tenía que admitir que esa mujer tenía un humor que hacía reír a cualquiera, claro, si no eras la víctima en cuestión.

Abrió la puerta de la recamara y se encontró con Sesshōmaru, que salía del baño. Se paralizó, no sabía desde que momento el hombre estaba despierto y rondando el departamento. Sólo esperaba que no la hubiera descubierto.

—¿Lo desperté? —Trató de sonar lo más serena que pudo, dando paso hacia la cama.

—Me acabo de despertar —le hizo saber, también dirigiéndose hacia el colchón—. ¿Tienes mucho tiempo levantada?

—No, fui a beber agua —dijo mucho más relajada.

—¿Y para eso llevas el celular?

—Ah… —Tragó en seco—. Lo uso como linterna, para no tropezarme por la oscuridad.

—Hmm…podrías sólo prender las luces del pasillo.

—Que flojera —fue su mejor respuesta.

Sesshōmaru ya no alegó, se acostó en su lugar y apagó la lámpara que se encontraba a su costado. Rin, tan rápido como pudo, se acurrucó a su lado, buscando desesperadamente el calor que éste siempre le brindaba.

—Estás helada —se quejó.

—Lo sé, maldito frío —ignoró la queja del hombre y lo abrazó.

Sólo escuchó cómo su novio chasqueó la lengua y terminó atrayéndola más a él, proporcionándole la calidez que tanto necesitaba en esos momentos.

~O~

Rin corrió lo más que su ajustada falda le permitía, para llegar a su escritorio y contestar el teléfono, que empezó a sonar recién se abrió la puerta del elevador. Había ido al penúltimo piso por unos documentos que el extraño y simpático Tōtōsai le tenía listos a su jefe.

—Presidencia Takashima —habló lo mejor que pudo.

Rin, están buscando al señor Sesshōmaru.

—¿Quién? —Tomó asiento, mientras dejaba las carpetas sobre el escritorio.

Una mujer que se llama…Elrike Holbein —pronunció insegura.

—Hmm… —Suspiró—. Le aviso a mi jefe, y ya te regresó la llamada.

Sí.

Colgó la línea y marcó a Sesshōmaru, que no tardó ni un segundo en contestarle.

¿Qué quieres, Honjō?

—Señor, lo estaba buscando Elrike Holbein —pronunció tan bien como pudo.

Elrike Holbein —pronunció correctamente—. Que suba.

—Sí, señor.

Alzó los hombros desconcertada, desconocía de quien se trataba, era la primera vez que escuchaba ese nombre, el cual era bastante inusual. Estaba segura de que se trataba de alguna extranjera. Por lo tanto, la curiosidad le ganaba, ya que intuía que Sesshōmaru conocía muy bien a esa persona.

Vio las carpetas que había ido a traer, no sabía si dárselas de una vez, o, esperar a que atendiera a la persona que vino a buscarlo. Tal vez esa mujer era alguien importante, mientras que los documentos sólo eran el reporte semanal. Pero cómo la secretaria de Tōtōsai no se encontraba, ella tuvo que ir por ellos.

Las puertas del ascensor se abrieron, saliendo del cubículo se hizo presente una hermosísima mujer.

Alta, de cabellos platinados —un poco más oscuros que los de Sesshōmaru— sujetados en una coleta alta, piel nívea, un rostro conformado por elegantes y gráciles rasgos. Vestía un abrigo rojo el cual detonaba ser elegante y muy costoso; debajo un entallado pantalón negro, unas botas negras de tacón alto, guantes negros y para finalizar un pequeño bolso de mano color rojo.

Caminó con la elegancia de toda una mujer fina y de mundo. No sólo ella había quedado embobada por tan ejemplar del sexo femenino, sino todos los que trabajaban en el piso.

Rin apretó con fuerza su saco negro, arrugándolo en el proceso. Simplemente no le agradaba, que su novio-jefe tuviera contacto con mujeres así de apantallantes y con una belleza única, fuera de ese planeta.

—Buen día —le saludó gentilmente, al quedar frente a ella.

Rin rápidamente se levantó y encaró a la mujer, y con su debida reverencia saludo a la mujer.

—Buen día, señorita Holbein.

—¿Señorita? —Rió—. Favor que me haces, pero ya quisiera al menos tener la edad que tu tienes, Rin.

La pelinegra rápidamente levantó la mirada, para encontrarse con aquella amable sonrisa y unos hermosos ojos violetas. Jamás había visto unos ojos como esos, eran increíblemente bellos, cómo si el universo mismo estuviese en ellos.

—¿Me conoce? —Preguntó dudosa.

—No, pero he escuchado de ti —sonrió—. Después de todo, eres la novia de mi sobrino Sesshōmaru.

¿Sobrino?

¿Esa mujer era la tía de Sesshōmaru?

¿Pero cómo era eso posible?

—Un placer conocerte, yo soy Elrike Holbein —se quitó el guante derecho y le extendió la mano.

—Rin Honjō, para servirle —atendió el saludo y se encontró con una mano muy cálida y exageradamente suave—. La…la….acompáñeme, el señor Sesshōmaru la espera.

—¿Le dices señor? —Preguntó curiosa, al momento de seguirla.

—Sólo en el trabajo —sonrió apenada—. Ya sabe, por eso de que sigue siendo mi jefe.

—¡Oh! —sonrió.

Rin jamás se había embobado tanto por una mujer, sin duda era la más hermosa que había visto en toda su vida.

Abrió la puerta y con ello se encontró con su jefe, que estaba escribiendo algo en algunas hojas.

—Señor, la señora Holbein ya está aquí.

Se hizo a un lado dándole la entrada a la fina dama, que no tardó en hacerse presente ante su sobrino.

Sesshōmaru levantó la vista y se presentó tan estoico como siempre, sin duda ese hombre pasaba de su familia de manera magistral.

—Tome asiento —le ordenó—. ¿Desea algo de beber?

—No hijo, así estoy bien.

Sesshōmaru frunció el entrecejo al escuchar que le llamó hijo, pero pareciera que a la mujer no le afectaba aquellos gestos de desaprobación por parte de su sobrino. Parecía ser que esos dos se conocían muy bien.

—Te puedes retirar, Honjō.

—Sí señor, con su permiso —hizo una reverencia a los dos y salió del lugar.

Rin cerró la puerta y caminó pausadamente hasta su asiento, en donde se dejó caer. Nunca pensó que el albino tuviera más familia. Ahora se preguntaba si tenía primos y si eran igual de hermosos que esos dos ejemplares que se quedaron dentro de la oficina.

~O~

—¿A qué la mando mi madre? —La cuestionó al verla sentada, sin los guantes cubriendo sus manos y mirándolo fijamente.

—Que bien conoces a Irasue —sonrió—. Pero esta vez no actuó solamente porque ella me lo pidió. Debo decirte que tenía mucha curiosidad de conocer a tu nueva pareja —fue sincera—. Y realmente me tienes sorprendida, es una chica muy hermosa y agradable.

—¿Ha venido a inspeccionar a Rin? —Su ceño estaba fruncido, no le agradaba que su madre fuera a meter sus manos en donde no debía y menos usando a su tía como su títere, cómo era ya costumbre.

—No —sonrió—. Puede sonar muy extraño, pero tu madre no tiene queja alguna referente a tu futura esposa. Al contrario, está muy entusiasmada de que tú y Rin se unan en matrimonio.

—Que estupidez —escupió con acidez.

—Aparte, me pidió que le ayudara en todo lo que ella necesitara.

—No necesita nada —le hizo saber—. Así que ha malgastado su tiempo al venir hasta acá, tía.

—Creo que esa respuesta debe dármela Rin, no tú —sonrió divertida—. Sin duda no has cambiado mucho, sigues siendo el mismo arrogante y pretencioso niño que cuide hace años.

—¿Qué tipo de ayuda? —Chistó molesto, sabía muy bien que esa mujer no se iría, hasta cumplir con el objetivo que la loca de su madre le implantó.

—Lo que ella necesite para estar a tu altura —comentó negando la cabeza—. Sé que eso es tonto, pero ya conoces a tu madre. A pesar de que yo considero que ella ya está a tu nivel, es una linda niña —sonrió feliz—. Me alegra que al final encontraras a una chica cómo ella, y no una modelo más de colección.

—¿Así que no se irá?

—No.

Sesshōmaru miró fijamente aquellos ojos violetas y se encontró con la cordialidad y buenas intenciones que siempre le había entregado su tía. Dejó escapar un pequeño suspiro, no podría hacer nada. Ella se quedaría ahí, al menos que Rin negara el «apoyo» que le brindaba su madre por medio de Elrike.

—Veló por el lado amable, era Irasue o yo —comentó divertida—. Y sabemos muy bien, que prefieres lidiar conmigo que con tu madre.

—¿Cuánto tiempo se quedará aquí? —Ignoró el comentario.

—Lo necesario.

—Me gustan las cosas definidas —le recordó.

—Entonces esa respuesta sólo te la puede dar tu hermosa secretaria —delineó su ceja izquierda con dos de sus dedos—. Debo decirte, que me sorprende que aun tengas como tu asistente a tu futura esposa —lo miró directamente a los ojos—. Eso no es propio de ti, hijo.

—Ese asunto no le concierne.

—Lo sé, pero aun así… —Habló con mucha seriedad—. Estamos hablando de tu novia y futura esposa. Por lo tanto, debes darle el lugar que le corresponde, ¿no lo crees prudente y justo?

—No me gusta repetirme —agravó la voz.

—Está bien, está bien —sonrió—. Yo sólo decía.

—¿Tiene donde quedarse? —Cuestionó irritado.

—¿Me darás hospedaje? —Comentó entre una sutil risa—. Tranquilo, que no pienso darte ningún tipo de problema. Estoy instalada en un magnifico hotel.

—Hmm…

—Creo que ya sabes a cuál me refiero.

—Sí.

—Daisuke aún sigue detrás de tu madre —rió—. Y tu madre sigue sacándole ventaja al amor que le jura.

—No me interesa saber de los amoríos de mi madre —le recriminó—. Así que guardase sus comentarios.

—¿Es eso o celas a tu madre?

—No sea ridícula.

Escuchó como la risa de Elrike inundo el gran despacho, algo que le hizo sentirse incómodamente agradable. Su tía siempre había logrado confortarlo con su atrayente personalidad. Era el polo opuesto de su madre, y, quizás, por eso ambas podían soportarse sin problema alguno.

—¿No tienes ningún plan para hoy con Rin?

—No.

—Entonces no te importara que me acompañe a comer, ¿o sí?

Sesshōmaru observó bien a la mujer que tenía frente a él, que se mostraba apacible y sonriente. Fue ahí cuando se dio cuenta que su tía podría servirle como un distractor. Ahora que tenía asuntos muy delicados que atender, era preciso tener entretenida a su mujercita, y sin duda Elrike era la compañía perfecta. Al final, su madre no había errado al haber mandado a su tía como su detective.

—No.

—Bien —juntó sus manos emocionadas—. ¿A qué hora sale a comer?

~O~

Había pasado una semana, desde que había solicitado la información de Magatsuhi Kondo. Pero para su desgracia, lo que Hakudōshi había investigado para él, terminó por ser acertada. Sobre todo, cuando ese sujeto habló con Kōga, pidiéndole una cita con la dueña de las antiguas propiedades de los Ootori. Y ahora estaba ahí, enfrentándose a un enemigo más en la lista, uno mucho peor que el imbécil de Naraku.

Siguió al mesero, que lo guío hasta la mesa en donde se encontraba aquel sujeto. El lugar era discreto y elegante, uno de los restaurantes más exclusivos y difíciles de tener algún tipo de reservación.

Localizó rápidamente al hombre de albina cabellera y ojos escarlatas, con esa esa sonrisa cargada de cinismo, que incitaba a que se la borraran a golpes.

—Así que era cierto lo que me dijo el inútil de Naraku —habló con esa chillante y burlona voz—. El gran Sesshōmaru Takashima, protege los intereses de la simplona secretaria.

—Refiérete a ella con más respeto, a menos que quieras que te haga tragar el vino con todo y copa.

—Vaya, vaya —rió divertido—. Pero si habló el perro enamorado. Nunca creí que tuvieras corazón.

—¿Qué es lo que quieres?

—Así me gusta, ir al grano —su sonrisa seguía cómo si estuviera tatuada en su rostro—. Me interesan los terrenos de tu mujer.

—¿Acaso no te lo dijo el inútil de Naraku? —Lo imitó—. Esas propiedades no están en venta.

—Que lastima, pretendía pagarle muy bien por ellas.

—¿Dime en realidad lo que buscas, Magatsuhi? —Expelo sin miramientos.

—Así que lo sabes, ¿no es así? —Cogió la copa de vino—. En esas tierras se encuentran una valiosa perla, y la quiero para mí.

—La perla no está en esos terrenos.

—¿Por qué tan seguro?

—Porque la perla la tengo yo y es mía.

Fue ahí, cuando vio cómo aquella sonrisa autosuficiente se borró abruptamente. Había conseguido su objetivo, ser el centro de atención de Magatsuhi, y por lo tanto uno al cual no pensaría en atacar estúpidamente. El hombre sabía que meterse con un Takashima era complicado, sobre todo porque su padre lo intento con Inutaishō —lo cual fue un total fracaso—, y hacerlo con él, era un juego muy difícil de ganar. Después de todo, ambos eran letales, muy a sus respectivas maneras. La diferencia recaía en que él sabía hundir a sus adversarios sin necesidad de recurrir a las sombras cómo lo hacían Magatsuhi y Naraku.

—¿Tuya? —Apretó sus dientes—. ¿Se la compraste a tu mujer?

—Cómo la obtuve no importa, sino lo que tú puedas ofrecer por ella —sonrió sádicamente.

—Negociar contigo, es como hacerlo con la pared.

—Ya tienes tu respuesta —se levantó de su asiento—. Te sugiero que pienses muy bien lo que vas a hacer de ahora en adelante. No vayas a cometer el mismo error que llevó a la desgracia a tu padre.

—Tan temprano y con amenazas —una mueca parecida a una sonrisa se hizo presente.

—Es una advertencia —le aclaró—. Y sabes que la benevolencia, es algo que mi padre jamás pudo heredarme.

—Será divertido, esto atraerá los viejos recuerdos de una guerra sin sentido —volvió con su guasona actitud—. Hagamos esto más épico, Sesshōmaru.

—Hay hombres que simplemente no entienden de los fracasos vividos —se giró para retirarse.

Rin estaba fuera de la jugada, estaba seguro de ello. Cuando Magatsuhi centraba su atención en alguien, era difícil que apartara la mirada de su blanco. Tenía que reconocer algo de ese sujeto, que cuando dañaba no lo hacía perjudicando a terceros, él iba directamente por la cabeza de su contrincante. Y ahora él era el objetivo número uno de Magatsuhi, y eso era lo único que le importaba.

~O~

Ambas mujeres tomaron asiento frente a la sencilla mesa. Habían ido a unos de los restaurantes que más le gustaba a Rin, a lo cual la mujer accedió sin pero alguno. Parecía ser que a ella no le molestaba ir a sitios que no cuadraban con su porte y elegancia. Pidieron sus respectivos platos y el joven mesero se retiró.

—Es un lindo lugar —comentó Elrike—, me gustan los restaurantes que se apegan a su cultura.

—¿Le gusta la cultura japonesa? —La cuestionó con más familiaridad, la mujer incitaba a que así fuera.

—Un poco —fue sincera—, me hubiera gustado aprender más, pero el tiempo y las circunstancias no fueron las mejores en aquellas épocas.

—¿Por qué?

—El divorcio de Irasue e Inutaishō, fue lo que decidió mi rumbo.

—Oh…

Rin guardó silencio, la verdad no sabía si quería conocer los detalles de aquella separación y lo que ocurrió después de ello. Era algo muy íntimo, sobre todo para Sesshōmaru, que de seguro no querría que nadie tocara esa parte de su historia, aunque siendo tan joven, quizás ni la recordaba.

—¿Vino usted con su esposo? —Prefirió salir por la tangente.

—¿Esposo? —Cuestionó divertida—. Yo jamás he estado casada, Rin.

—Lo siento tanto, yo no quise ser una…

—Tranquila —le sonrió amablemente—, no tienes por qué disculparte por nada. Si tienes dudas, yo con gusto te sacare de ellas.

—¿En serio? —Le miró dudosa.

—Por supuesto.

Observó detenidamente a la mujer frente a ella, que le regalaba una gentil sonrisa y una mirada cautivadora. Sin duda era la primera vez que se encontraba con unos ojos como esos. Le estaba pasando lo mismo que cuando conoció a Inutaishō, quedando maravillada por esos extraños pero fascinantes ojos dorados.

—Sí usted es la tía de Sesshōmaru, ¿por qué no se apellida igual que la señora Irasue?

—Porque soy la hija bastarda de André Kaiser —dijo sin borrar la sonrisa de su rostro—. Mi madre fue una de las tantas amantes en turno de ese hombre. Lastimosamente para mi madre, fue la única que terminó embarazada.

—Yo no… —Rin apretó sus manos con fuerza en sus piernas, sin duda había metido las cuatro.

—Cuando Irasue se enteró de mi existencia, fue a buscarme —siguió su relato cómo si hablara del clima—. Ella me ofreció ser su asistente personal, a pesar de quien era y de ser menor de edad.

—¿Y el señor Kaiser estuvo de acuerdo? —No pudo evitar el preguntarlo.

—Por supuesto que no, pero Irasue era una joven que siempre se salía con la suya —rió divertida—. Fue contra las órdenes de su padre y los lamentos de su madre.

»Desde entonces estoy con ella, cumpliendo con mi trabajo de mano derecha de la Dama de Acero, Irasue Kaiser.

—¿Es decir que ella jamás la ha reconocido como su hermana?

—¡Oh, claro que sí! —Su sonrisa se amplió—. Ella siempre me ha presentado como su hermana menor y sin vergüenza alguna, siempre ha dicho que soy la hija que nació de una de las aventuras de su padre —rió—. Al principio era incomodo, pero después le fui tomando gusto.

—Pero su apellido…

—Yo no quise borrar el apellido de mi madre, así que es por eso no somos hermanas reconocidas ante la ley.

—¡Vaya! —trataba de adquirir esa información de poco a poco, pero era imposible—. Supongo que Sesshōmaru lo sabe, ¿no?

—Sí, desde que tuvo uso de razón sabe que soy media hermana de su madre.

—¡Oh!

En eso entendió lo poco que sabía de la familia de Sesshōmaru, al menos a lo que respectaba de su familia por parte materna. Ni de broma se le pudo haber cruzado esa idea por cabeza, y ahora escuchar que era real, simplemente la tenían anonadada.

—¿Sorprendida? —Inquirió alegre.

—Un poco —sonrió a medias—. Realmente conozco muy poco de la vida de Sesshōmaru y su familia.

—No me extraña, él siempre ha sido muy hermético en su vida privada.

—Ni me lo diga —rió—. Sacarle información, es como querer hacer que un mudo hable.

—Sin duda —comentó entre risas—, es algo muy propio de él. No importa cuántos años pasen, Sesshōmaru nunca cambiará.

—¿Quiere decir que siempre ha sido así de estoico? —Eso si no lo podría creer.

—Sí —asintió con un suspiro—, siempre fue un niño muy extraño —alzó los hombros—. Nunca nos dio guerra ni a mí, ni mucho menos a Irasue, siempre fue una personita muy pasiva.

—¿Es decir que siempre ha tenido ese carácter? —Ladeó la cabeza, no podía asimilarlo.

—La mayoría de las personas que conocen a Sesshōmaru, aseguran que su personalidad es algo que asimiló de Irasue, pero eso es una total mentira —habló con más seriedad—. Yo lo vi crecer y te puedo asegurar que ese pequeño, siempre se mostró antipático ante el mundo. No le gustaba jugar, a menos que fueran cosas recreativas y rara vez lo veíamos en el jardín jugando con una pelota. Jamás hizo ningún amigo, aquellos que se acercaban a él, los rechazaba. Le gustaba mucho de la soledad, sobre todo cuando intentaba leer los cuentos que más le llamaban la atención —rió divertida—. Era tan encantador cuando venía a Irasue o a mí, para que le leyéramos el cuento que no podía leer por sí mismo.

»Para Irasue, ese comportamiento no le parecía normal en un niño. Así que tomó la decisión de llevarlo con un psicólogo, para ver cómo podía hacer que Sesshōmaru se integrara con los demás niños y viviera una infancia normal —negó con la cabeza—. Fue una pérdida de tiempo, el psicólogo dijo que no había ningún tipo de problema. Sólo que era un niño con un carácter bastante desarrollado para su edad. Que esa era su manera de desenvolverse.

»Incluso cuando Inutaishō hablaba para platicar con él, Sesshōmaru lo descolaba diciéndole que tenía cosas más importantes que hacer —armar un rompecabezas o tratar de leer un libro— que atender a su tonto padre.

—¿En serio le decía eso? —Rió de sólo imaginarse un mini Sesshōmaru, con toda esa arrogancia que posee como adulto, simplemente era hilarante.

—Sí —rió—. Al principio eso le trajo muchos problemas a Irasue con Inutaishō, ya que éste pensaba que ella estaba poniendo al niño en su contra. De alguna manera, Sesshōmaru se enteró de esto, a pesar de que Irasue no comentaba de sus discusiones con Inutaishō. Sobre todo, porque ella lo hacía en despacho de la oficina, para que su hijo jamás se diera cuenta. Pero al final, Sesshōmaru encaró a su padre y defendió a su madre. No volvieron a ver más disputas al respecto.

—¿Entonces la señora Kaiser si fue una buena madre?

—Irasue es una mujer muy especial, no es afecta a dar demostraciones de cariños hacia nada y nadie. Así que si podemos decir que no fue una madre afectuosa, pero siempre estuvo al pendiente de Sesshōmaru. Lo cuidaba como nada en el mundo, él siempre fue su adoración —sonrió tiernamente—. Recuerdo cuando cancelaba citas importantes, para ver las presentaciones en auditorio de Sesshōmaru o cuando cargaba con el trabajo hacia la casa, para ser ella quien acostara al pequeño. Incluso, a veces, lo llevaba al trabajo, para ayudarle con alguna tarea que no llegaba a comprender. Supongo que desde entonces, a Sesshōmaru le nació la pasión por los negocios y las empresas. Aunque era consciente de que esa era el destino que su padre trazó para él.

—¿Sólo el señor Inutaishō? —Indagó curiosa.

—Irasue jamás presionó a Sesshōmaru en nada, ella quería que él se desenvolviera a su ritmo, por lo tanto, jamás se involucró en ese aspecto. Sesshōmaru es lo que es ahora, porque así lo quiso él. Consideraba que seguir los pasos de su padre era lo más loable y honorable que podía hacer por él y su familia.

—Es por eso por lo que ella no se opuso a que Sesshōmaru se fuera con su padre —bajó la mirada—. La señora Irasue, jamás se interpuso ante los deseos de su hijo.

—¿Inutaishō te contó sobre eso? —La miró curiosa.

—Sólo he escuchado fragmentos, nada claro.

—Ya veo —miró hacia la gente que les rodeaba—. Eso fue la decisión más difícil para mi hermana. Ella nunca estuvo de acuerdo de que Sesshōmaru se fuera de su lado, pero tampoco pudo impedirlo. Después de todo, su hijo también merecía convivir con su padre, aunque este ya tenía una nueva familia. Irasue temía que su hijo se sintiera menos, de que el trato fuera diferente ente él e Inuyasha —torció la boca—. Pero era algo inevitable.

»Inutaishō y Sesshōmaru sabían que eran padre e hijo, pero eran cómo dos extraños que se habían encontrado en el camino —suspiró—. Yo no puedo decirte mucho respecto a lo que mi sobrino vivió aquí en Japón. Las únicas cosas buenas que supimos, fue que había hecho un amigo, que se estaba independizando al comenzar a trabajar para un abogado y que se estaba convirtiendo en un hombre hecho y derecho. Cual fuera las complicaciones o altercados que tuvo con esa familia, es algo que sólo sabe Sesshōmaru y los que convivieron con él.

»Sesshōmaru no es un mal hombre, pero el tiempo lo ha hecho más duro y difícil de comprender. Para Irasue es muy complicado el acercarse a él, así que prefiere que las cosas se queden como están. Esta esperanzada a que algún día su hijo recuerde que tiene una madre, aunque sea sólo por la empresa que algún día será suya.

Rin sintió un nudo en la garganta y una fuerte opresión en el pecho, las ganas de llorar fueron fuertes. Hace unas horas habló con la excéntrica mujer y reafirmó que ella tuvo que ver con el proceder de ese enigmático hombre. Pero parecía ser que las cosas eran totalmente diferentes.

Irasue Kaiser sufría por su hijo, aunque lo disfrazara con esa actitud cínica y fría.

—No llores —le pidió la amable mujer—. Todo está hecho, y ahora sólo hay que seguir el rumbo que la vida nos dicta —sonrió feliz—. Ahora tú eres el maravilloso futuro que le espera a mi sobrino, y estoy feliz de que así sea.

~O~

Sesshōmaru sentía la insistente mirada de la secretaria, desde que había vuelto al trabajo había sido así, incluso ahora en el pent-house seguía con la misma actitud melancólica. Sólo esperaba que su tía no hubiera hablado de cosas que no debía.

—¿Qué ocurre, Rin? —Le preguntó, sin despegar su mirada del monitor de la laptop.

—¿Por qué no invitó a su tía a que se quedara con nosotros?

—Porque ella no quiso.

—¿Al menos se lo pidió? —Preguntó molesta.

—Ella lo sabe, no tengo que decirle nada.

—A veces uno espera que esa persona se lo pida, sabe.

—¡Rin! —La vio fijamente, no tenía ganas de alegar sobre el tema—. Si tanto te preocupa, pídeselo.

—Pero no es lo mismo —bajó los pies del pequeño sofá—. Después de todo, yo no soy su sobrina.

—¿Vas a seguir con esto o vas a dejarme trabajar? —Su paciencia se estaba agotando.

—¿Al menos tiene la delicadeza de llamarle a su madre para saber cómo está? —Se levantó y lo vio triste—. Ya veo que no.

»Siga con su trabajo, ya no le quito su valioso tiempo.

Y sin más, la mujer se retiró de la sala para ir al segundo piso, dejándolo asombrado por aquellas palabras que le escupió. No comprendía cómo esa mujer era afectada tan rápidamente por cosas que no le iban ni le venían. Lo que le haya contado Elrike, simplemente le parecía estúpido.

Se irguió tan alto como era y fue tras su pequeña mujer, no iba a quedarse con ese trago amargo, solamente porque a ella le entró la melancolía por la familia feliz.

Subió las escaleras de dos en dos, así llegando rápidamente a la recamara en donde vio un bulto debajo las cobijas. Una actitud jodidamente infantil por parte de Rin.

—¿Quiero que me digas lo que te pasa?

—¡Nada, mejor vaya a terminar su estúpido trabajo!

Bien, su paciencia ya estaba en ceros y no aguantaría ningún berrinche más.

Se acercó a la cama y jaló las cobijas con fuerza, dejando al descubierto a la pelinegra que estaba echa ovillo.

—¡Oiga! —Se quejó, al momento en que se enderezo.

—No estoy de humor para aguantar tus arranques de mocosa caprichosa, así que te sugiero que hables, o te saco las cosas por las malas, Honjō.

—Inténtelo —lo retó.

Sin pensarlo ni un segundo, la cogió del pie izquierdo y la jalo hacia él, aunque la secretaria trató de zafarse al retorcerse como un vil gusano. No la sujetó con fuerza, pero era suficientemente firme para que su berrinchuda mujer no se pudiera liberar.

—¡Suélteme! —Gritó, aunque comenzaba a escuchar pequeñas risas el escapar de los labios de la mujer—. ¡Lo voy a acusar por maltrato a la mujer!

Terminó por acercarla a él y tomarla entre sus brazos, ésta se remolinó haciendo que varios mechones se escaparan de su trenzado cabello. Fastidiado, se sentó en la cama, teniendo a la mujer sobre de él a horcajadas, mientras ella lo empujaba con sus dos manos, algo que no le servía de nada.

—¿Vas a seguir con tu actuación o vas a hablar? —Trató de platicar lo más sereno que podía.

Rin se detuvo y lo vio fijamente, los ojos marrones aun mostraban un dejo de tristeza, pero al menos ya no estaba enojada con él. A pesar de que desconocía la razón de su molestia, después de todo, no había hecho nada para que eso ocurriera.

—Odio que sea tan como es, y que al final termine gustándome así…

—¿Qué? —No entendió nada de lo que le dijo.

—Usted es muy malo —le echó en cara—, pero a pesar de eso, así me gusta… —Se sonrojo—. No entiendo su manera en que procede ante las demás personas que lo rodean. Usted es cruel con cualquiera, aun si se trata de su familia…

En eso los enormes ojos achocolatados se abrieron asombrados, cómo si lo que hubiera pensado le reveló los secretos del universo.

Sesshōmaru estaba perdido, no entendía porque hablaba de algo que tan obvio, cómo su carácter y el que mencionara a su familia. Sin duda, tendría una seria charla con su tía.

Repentinamente los delgados brazos abrazaron su cuello, haciendo que Rin se pegara totalmente a él, para después comenzar a reír dulcemente.

¿Qué rayos le pasaba a esa mujer?

¿Se había vuelto loca?

—Usted no es amable con nadie, sólo conmigo —susurró—. Ahora que lo sé, no quiero que sea amable con nadie más, ¿eso es malo? ¿Me hace una mala persona, al querer toda esa atención exclusivamente para mí?

¿Amable?

¿Él era amable con Rin?

Se quedó mudo, meditando aquella simple y odiosa palabra. Jamás se había puesto a pensar en su manera de comportarse con Rin, y ahora que ella decía aquello con tanta seguridad, se sintió expuesto y esa sensación no le gustaba.

¿En qué momento la secretaria comenzó a ser lo más importante para él?


¡Hola a todos!

Muy mal, les estoy quedando muy mal. Realmente los días cada vez se me pasan más rápido. El tener que atender las necesidades de toda casa y el escribir se vuelve un reto casi imposible. Pero bueno, ya estoy aquí, trayéndoles el nuevo capítulo que espero les guste tanto cómo el anterior.

Cómo siempre les doy las gracias a todos los que siguen la historia, los que la tienen en favoritos y sobre todo a todas esas lindas personitas que dejan su review, eso alegra mucho a este pequeño y amargado corazón.

Bueno, me despido y nos estamos leyendo el miércoles...o eso espero.

¡Nos estamos leyendo!