—Bi... bienvenido... Eiri-sama... —masculló Hiro algo nervioso.

—Hola Hiroshi... K...

—Hola Eiri. ¿Cómo fueron tus pequeñas vacaciones? —preguntó el kaizoku a quien le extraño un poco la estupefacción de su amado.

—Bien. Espero que tú también hayas aprovechado el tiempo que te di —respondió con sarcasmo.

—Claro que sí —rectificó con una sonrisa pícara—. De hecho, Hiro quiere decirte algo.

Hiro tomó una de las manos del rubio con fuerza y comenzó a hablar.

—Yo... yo quería agradecerle este tiempo a solas con K-sama. Nos fue de mucha ayuda.

—No tiene importancia. Ahora lleva a Shuichi. Tengo cosas que hacer.

—Pero Hiro...

Antes de que Crawd pudiera decir otra cosa, Hiro apretó su agarre pidiéndole con la mirada que no dijera nada más.

—¿Sucede algo?

Yuki había detenido su andar.

—Si no te importa, me quedaré una noche más —improvisó Crawd.

—Claro. No hay problema.

Crawd le dirigió una mirada al pelirrojo en muda indicación de que hablarían más tarde.

—Vamos Shu.

Hiro puso una mano sobre el hombro de Shuichi y lo empujó suavemente por el vestíbulo hacia la escalera.

—K-sama... —dijo antes de subir el primer escalón—. ¿Podría acompañarnos?

—Por supuesto.

Shuichi se sorprendió por el hecho de que Hiro invitara a ese kaizoku después de todo lo que le había contado.

—Tranquilo Shu. Es de confianza —afirmó el pelirrojo.

Shuichi se le quedó viendo al rubio con una mirada inquisitiva para después caminar. Al llegar a la habitación, Shuichi se sentó sobre su cama mientras Crawd cerraba la puerta.

—¿Qué hace él aquí? —preguntó Shuichi con brusquedad a pesar de su inferior posición.

—Lo perdoné Shuichi —Los ojos de Shuichi se abrieron por la sorpresa.

—¡Pero él te engaño! —explotó levantándose de la cama por la exaltación.

—Todo fue un malentendido.

—¡¿Y le creíste?

—Pero Shu...

—Escucha Shuichi —Fue la primera vez que el rubio hablaba. Su tono imponente de voz hizo que ambos callaran—. Todo fue culpa de un kaizoku llamado Kaho, que yo mismo me encargué de eliminar.

Shuichi se sorprendió nuevamente. Nunca había escuchado que un kaizoku asesinara a otro. No estaba dentro de la naturaleza de los kaizokus el asesinar a un prójimo. Era una conducta vetada por el gran Seguchi Tohma. Era sencillamente increíble.

»Ambos estuvimos sufriendo durante años por culpa de un desgraciado que ahora está muerto. Finalmente pudimos aclararlo todo y ahora no pienso volver a separarme de Hiro.

Shuichi sonrió.

—Vaya Hiro... Qué suerte tienes. En verdad te ama...

Los aludidos sonrieron y Crawd no pudo evitar robarle un beso al pelirrojo. Entonces el kaizoku se puso frente al esclavo y extendió su mano.

—Empecemos de nuevo. Mucho gusto en conocerte. Soy Crawd Winchester.

Shuichi extendió su mano y estrechó la que el kaizoku le ofrecía sintiéndose raro por la conducta cordial de un kaizoku hacia un esclavo.

—Shuichi Shindo a sus órdenes.

Después de eso Hiro y Crawd tomaron asiento en un sillón que quedaba frente a la cama donde Shuichi estaba sentado.

—Entonces supongo que habrá que contarle todo a él.

—Si es que no te incomoda Shu.

—No hay problema.


Eiri estaba revisando nuevamente unos documentos. Con ellos en la mano, tomó el teléfono, marcando un número que prefería no recordar.

—Oficina central —respondió una dulce voz.

—Comuníqueme urgentemente con Seguchi Tohma.

—El señor Tohma no...

—Habla Eiri Uesugi.

La secretaría conocía ese nombre a la perfección. Eiri Uesugi significaba llamada inmediata, independiente mente de lo que estuviera haciendo el gran Kaizoku.

—En seguida lo comunico.

Cinco segundos después, una voz conocida le contestó.

Hola Eiri. ¿En qué puedo ayudarte?

—Necesito hablar contigo sobre las pruebas.

¿Quieres hablar de eso de nuevo?

—Así es.

Eiri, ya te dije que esas pruebas son reglamentarias.

—Hay unos aspectos que quiero discutir contigo

Por el auricular, Eiri escuchó un suspiro de resignación.

Está bien... Puedes venir a mi oficina mañana a las diez de la mañana.

Tohma escuchó como del otro lado de la línea se cortaba la comunicación, cosa que no le sorprendió en absoluto


En otra de las mansiones Uesugi, el dueño de la mansión y su esclavo habían llegado.

—Ryuichi...

El castaño volteó a ver a su amo, quien le dirigía una mirada de completa lujuria.

—¿Si amo?

—Descansa bien esta noche... Pues a partir de mañana espero que satisfagas mis necesidades.

—Ha... Hai...

Tatsuha subió por las escaleras principales hacia su habitación, dejando a un castaño con una cara de tristeza.

«Duele... duele mucho...».


Después de una hora de explicación, Shuichi llegó al punto del uso de las pastillas.

—Llevo cinco días sin tomarla y mi... amo estuvo algo... incontenible estos días.

A Shuichi aún le costaba pronunciar esa palabra. Crawd estaba sorprendido...

—Es increíble... Nunca había escuchado algo así... Entonces... ¿Puedes embarazarte?

—¿Cómo sabes qué es un embarazo? —preguntó con curiosidad—. ¿No se supone que los kaizokus están hechos en laboratorio?

—Así es, pero yo tenía un amigo que estaba obsesionado con la raza humana, sobre todo por nuestro parecido con ellos. Cuando lo visitaba, solía contarme muchas cosas y así fue como me enteré de que los humanos nacen del vientre materno. Aquí hay mucho control sobre las féminas, por lo que nunca verás a una esclava embarazada. Tohma no quiere que los kaizokus tengan ese tipo de conocimiento. Pero tú... Mitsu nunca me dijo que esto fuera posible.

—Eso es porque es un fenómeno que sólo se presenta en los varones de mi familia cada cinco generaciones, más o menos cada cien años. No es un hecho que anden difundiendo por ahí. Sólo imagina que ese conocimiento llegara a los kaizokus.

Shuichi tuvo un escalofrío al imaginar que su amo supiera que podría quedar embarazado.

—¿Y cómo le han hecho tus antepasados a la hora de parir?

—Bueno, a pesar de que mi padre mi dijo algunas cosas antes de morir, no me dijo ciertas cosas, pues él nunca pensó que yo llegaría a... necesitar esa información... Antes de venir aquí, me gustaban las mujeres... Lo que sí sé, es que hay una familia de doctores en los suburbios que siempre se han dedicado a atender a los varones de mi familia. Papá me contó de ellos antes de morir.

—¿Una familia?

—Sí. Siempre han sido doctores... Se pasan información de generación en generación o algo así.

—¿Y qué harás ahora Shu? ¿Seguirás tomando las pastillas?

—No lo creo... Fueron cinco días Hiro y más de una vez. Necesito una prueba de embarazo.

—¿Alguna en especial?

—No, cualquiera funcionará. ¿Crees que pudieras conseguirme una Hiro?

—Pues... Quizás sea un poco difícil. Tendría que ir con el amo Eiri para pedirle su autorización para salir de la mansión.

—Yo podría ir.

Shuichi y Hiro voltearon a ver al rubio con cara de estupefacción.

—¿Estás seguro?

—¿Porqué quisiera ir usted? —Ese kaizoku cada vez lo sorprendía más.

—Eres amigo de Hiro y si ayudándote Hiro es feliz, eso es suficiente para mí.

Shuichi sonrió con sinceridad.

—Gracias

—Bien, ¿qué tengo que hacer?

—Lo único que se me ocurre es que la compre en los suburbios.

—Pero Shu, un kaizoku en los suburbios sería demasiado extraño.

—Podría disfrazarse.

—Pero...

—Tranquilo Hiro —Hiro estaba nervioso al pensar que su amado iba a ir sólo a los suburbios—. Iré durante la madrugada, mientras todos duermen.

Se pusieron de acuerdo. Hiro conseguiría una capucha y otras cosas para que pasara desapercibido.

—Bueno, no te preocupes Shuichi, tendrás tu prueba de embarazo al amanecer.

—Muchas gracias. Por cierto...

—¿Sí?

—Sería mucho pedir si pudiera distraer a... mi amo... sólo por esta noche...

—Claro, cuenta con ello.

Hiro y Crawd salieron de la habitación dejándolo solo. Shuichi decidió tomar un baño, esperando a que su amo no decidiera tomarlo esa noche. Se sentía muy cansado y su cuerpo le reclamaba un merecido descanso.

Abrió las llaves del agua para regularla y que quedara ligeramente tibia. Se dirigió a un estante dentro del amplio baño y observó todos y cada uno de los botes multicolores que había ahí.

«No me vendría mal un baño con sales aromáticas».

Tomó un frasco que decía lavanda y vació una generosa cantidad en la tina. Quitándose todas las prendas de su cuerpo, se metió al agua y se sentó, dejando solamente su cabeza al aire. Aspiró el dulce aroma de las sales y sentía como éstas impregnaban su piel.

Media hora después, cuando el agua había alcanzado la temperatura ambiente, decidió que era hora de salir. Esperaba que el Winchester pudiera mantener la manos de su amo lejos de su cuerpo por lo menos esa noche, hasta que se pudiera hacer la prueba de embarazo, y en caso de saliera negativa, empezar a tomar la pastilla de nuevo.


—Eiri.

Crawd tocó la puerta del despacho, donde según los sirvientes de la mansión estaba el dueño de la misma.

—Adelante.

Entró en el despacho y encontró al kaizoku guardando unos documentos.

—¿Qué vas a hacer esta noche?

—Quisiera pasar un poco de "tiempo de calidad" con mi esclavo — respondió mientras cerraba un cajón.

—Déjalo descansar un poco Eiri —dijo el rubio en broma—. Mejor vamos a tomar algo.

Eiri suspiró. En ciertas ocasiones se le hacía muy difícil negarle algo a Crawd. Quizás podría considerarlo. Había visto a Shuichi muy cansado estos últimos días, así que un día no le vendría mal. Ni que fuera su hermano Tatsuha que no puede abstener ni un solo día.

—Está bien K. Vallamos al salón.

Ambos kaizokus se enfrascaron en una conversación de política, sobre su dirigente y otras cosas. Crawd trataba de siempre tener un tema de que hablar para que Eiri siguiera tomando y no considerara ir a la habitación de su esclavo esa noche.


Tatsuha estaba en su habitación recibiendo una felación de Takako. Éste se estaba esforzando demasiado, sin embargo, no lograba excitar lo suficiente al moreno.

¿Sucede algo amo? —preguntó Takako después de ver sus intentos infructuosos.

Tatsuha no lo escuchó. Sus pensamientos estaban enfrascados en el castaño que se había quedado dormido durante todo el trayecto, clara señal de un cansancio extremo.

»¿Amo?

—Vete de aquí Takako.

El esclavo puso cara de confusión.

—¿Lo estoy haciendo mal amo?

—Solo vete.

A Takako no le quedó más que obedecer pues sino podría ganarse un castigo. Sin embargo sabía de quien era la culpa.

«Ese maldito enano...».


Hacia las tres de la mañana, Yuki terminó de beber su última copa de whisky. Se sentía embotado de tanto alcohol, aunque no podía negar que se la había pasado bien. Decidió que era momento de parar.

—Estoy cansado K. creo que me iré a dormir.

Yuki se levantó de su asiento.

—Te acompaño Eiri.

Crawd también se levantó, dejando su copa a medio tomar y siguió al rubio fuera del salón. Ambos empezaron a caminar con rumbos diferentes.

—¿Qué habitación escogiste?

El de ojos azules se volvió de su andar

—La de Hiro... obviamente...

Eiri negó con la cabeza.

—No entiendo K.

—Lo harás pronto Eiri —contestó el rubio mientras se volteaba y comenzaba a caminar por el pasillo hacia la zona donde dormían los sirvientes.

«¿Qué lo haré pronto? ¿A qué se refería?».


—¿Estás seguro de esto K-sama?

—Estoy seguro Hiro...

Era la cuarta vez que Hiro preguntaba lo mismo, mientras terminaba de acomodarle un collar en el cuello.

—¿Y dónde conseguiste esto?

—En el mercado negro... después de... escapar.

Lo que Crawd estaba usando era un collar especial que podía crear una ilusión, cambiando la apariencia física de una persona en cuanto a pigmentación. Después de que Hiro presionara un botón, Crawd pasó de ser un kaizoku rubio, de ojos azules y piel blanca a un moreno, de ojos ámbar con la piel aperlada. Volvió a presionarlo y Crawd regresó a su apariencia natural

»¿Después de escapar?

—Si bueno... digamos que mi cabello era muy llamativo y... en esos momentos no quería que me encontraras... Minoru me ayudó.

—Supongo que fue útil... nunca te encontré.

Crawd se paró de la cama y se volteó para abrazar a Hiro y besarlo de forma hambrienta.

»No pienso volver a dejarte ir.

—Yo tampoco.

—Bien, debo partir.

Hiro le explicó a dónde debía de ir, la localización de la farmacia más cercana en los suburbios.

»Regresaré pronto Hiro.

—Cuídate mucho.

Escabulléndose entre las sombras, Crawd salió de la mansión sin ser detectado y subió a su limosina que había llamado durante la noche. Le ordenó a su chofer que lo llevara hasta los lindes entre la ciudad kaizoku y los suburbios bajos.

—Espérame aquí.

—¿Señor?

—Sólo espérame.

—Sí amo.

Crawd salió del vehículo y vio su destino. Un lugar sombrío, donde en ocasiones podía escuchar gritos o risas. Dio una profunda inspiración y comenzó a caminar con paso apresurado.

«Lo que se hace por amor».

Activó el collar que estaba usando, convirtiéndose en otra persona con ayuda del holograma. Veinte minutos después, estaba llegando a un lugar con apariencia de droguería. Entró y sonó una campanilla. Detrás de un mostrador, se encontraba una jovencita.

—¿Qué le puedo ofrecer?

Crawd se acercó al mostrador y habló.

—Necesito una prueba de embarazo.

La chica presionó un botón sobre el mostrador y se apareció una pequeña pantalla en un costado mostrando diferentes productos.

—¿Alguna en especial? Tenemos de las normales, con una o dos señales, detectores de hormonas, gonadotropinas, estrógenos, progesterona y otra variedad que detecta cambios en temperatura y mucosidad.

Crawd estuvo algo confundido por toda la información que le decía la chica. Según recordaba, Shuichi le había dicho que no importaba, así que decidió tomar la solución más lógica.

—Deme una de cada una.


Veinticinco minutos después Crawd estaba regresando a la limosina para ir directo de vuelta a la mansión, desactivando su collar holográfico. Estaba a punto de amanecer y quería descansar aunque fuera una o dos horas. Ya era lunes, y debía ir a NG a trabajar.

Llegó a la mansión y cautelosamente se dirigió a la habitación de su amado Hiro quien para su sorpresa, lo esperaba despierto.

—Pensé que estarías dormido.

—Quería esperarte.

Hiro se levantó de la cama, mostrando que estaba usando solo un sencillo camisón beige. Llegó hasta el kaizoku, y rodeó su cuello con sus brazos, plantándole un beso. Crawd arrojó la bolsa con las pruebas de embarazo sobre la mesa de la salita y abrazó a Hiro, juntándolo a su cuerpo.

A través de la delgada tela podía sentir perfectamente la estrecha cintura de su amado y la calidez que su cuerpo emanaba. Sería tan sencillo deslizar la tela hacia arriba...

«No creo que importe si no duermo mucho...».


Shuichi despertó la mañana siguiente completamente descansado. Había dormido profundamente toda la noche. Se despertó, preguntándose si la pareja de Hiro habría conseguido las pruebas sin ser detectado. Se levantó de la cama estirando sus embotados músculos y se metió a bañar. Cuando salió, se fijó en el reloj que estaba en su mesa de noche. Eran cerda de las nueve de la mañana. Si su amo no había venido a verlo, lo más seguro era que supiera de él hasta avanzada la tarde.

Lo que también se le hacía extraño era que Hiro no hubiera ido a verlo ya. Salió de la habitación y se encaminó a la de su amigo. Cuando estaba por tocar la puerta, ésta se abrió dando paso a un kaizoku rubio, ya bañado y arreglado.

—Buenos días Shuichi.

El esclavo estaba un poco impresionado, pero después pensó que no sería tan descabellado que el rubio hubiera pasado la noche en la habitación de Hiro.

—Buenos días K-sama.

—Justo iba a verte, conseguí estas en la madrugada, espero que te sirvan —decía Crawd mientras le pasaba una bolsa con varias cajas y cerraba la puerta de la habitación por que Shuichi pudo distinguir la silueta semi desnuda de Hiro sobre la cama.

—¿Hiro está bien?

—Sí, sólo un poco cansado. Te agradecería si no lo molestaras de momento. Eiri salió temprano pues tenía una cita con Tohma, entonces no veo la necesidad de levantarlo aún. Yo tengo que irme, tengo unas cuantas cosas que hacer.

—Hai. Gracias.

—De nada.

Shuichi se fue a su habitación mientras veía al kaizoku dirigirse al vestíbulo de la mansión. Llegó a su baño y volteó la bolsa sobre el lavabo. Había unas quince cajas, entonces una gota bajó por su nuca.

«Le dije que cualquiera funcionaría...».

Tomó la primera que vio y leyó el nombre.

Predico.

Prueba simple para predicción del embarazo.

La abrió y se encontró con una hoja que debía ser las instrucciones y un aparato extraño alargado que no sabía que era. Le dio una leída rápida a las instrucciones, entendiendo que debía colocar unas cuantas gotas de orina sobre un orificio en el aparatito. Si estaba embarazado debía de aparecer una línea rosa, si no, sería azul.

Dio una profunda inspiración y procedió a hacer lo que le decían las instrucciones. Listo. Ahora debería esperar cinco minutos...

Sólo cinco minutos...