No violence no cry

A Emma le costó despertarse esa mañana. Tras haberse despertado y vuelto a dormir varias veces, alzó la cabeza completamente despierta de repente. Bostezó mientras escrutaba la inmunda habitación que había tenido que alquilar para quedarse en Nueva York, como Gold le había pedido.

Hizo una mueca mientras se pasaba la mano por el rostro, pero repentinamente una sonrisa apareció en las comisuras de sus labios. Rumpel Gold había tenido éxito, había logrado obtener exactamente lo que quería a pesar de los ataques de Whale con cada nueva petición.

Ver a Regina cuatro horas al día: ¡aceptado!

Tener una semana de plazo para volver a estudiar el caso: ¡acordado!

Y…última petición que había arrancado un suspiro al abogado de la acusación antes incluso que aquella fuera pronunciada…un nueva pluma para hacer firmar a la acusación algunos papeles.

Emma se había echado a reír sintiendo cómo la alegría la invadía poco a poco. Con Rumpel Gold en sus filas, tenía el sentimiento de que nada podría impedirles ganar. Aunque no confiaba en él, sabía que lo intentaría todo para ganar el caso aunque fuera para disfrutar de la publicidad que eso le produciría.

Se levantó para abrir las cortinas que habían conocido tiempos mejores. La nieve había seguido cayendo durante la noche y el sol apenas conseguía atravesar las nubes y la polución que se abatía sobre la ciudad. Emma se encerró en el cuarto de baño para vestirse, pero antes de acabar, alguien llamó a la puerta haciéndole fruncir sus cejas claras. Dio un respingo de sorpresa al encontrarse frente al abogado de Regina, que entró en la habitación sin ni siquiera pedir permiso.

-¡Buenos días también a usted!- murmuró la rubia, obligada a apartarse para dejarlo deslizarse hacia el centro de la estancia.

-Señorita Swan, va a tener que cambiarse de ropa, tiene un gusto particular en lo que concierne a la moda.

Ella lo miró de arriba abajo y dudó sobre comentar el sentido de la moda que él parecía tener, pero no dijo nada, pensando que su insolencia no la ayudaría en nada.

-¿Qué hace aquí?- preguntó, sin embargo, ella

-Traerle su ropa, que aquí está- dijo tendiéndole una bolsa de papel –Y comenzar mi trabajo con usted

-¿Su…trabajo? ¿No debería estar enfrascado en el caso de Regina?

Él esbozó una sonrisa que casi la hizo temblar y apuntó el cuarto de baño con su bastón. Comprendiendo el mensaje, ella se metió dentro para cambiarse.

-Usted es el caso de Regina- lo escuchó decir tras la puerta

-¿Cómo es eso?

-Oh…cálmese- dijo con voz tranquila –No todo recae en usted, pero sí una gran parte y nos va a ayudar con los medios.

Ella gruñó mientras se ponía el pantalón de vestir que él le había traído y se asombró al ver que había adivinado perfectamente su talla.

-¡No soy precisamente fan de lo que los medios cuentan sobre mí y Regina!- informó sacando una blusa blanca de la bolsa en la que estaba envuelta.

-Que sea fan o no, no me importa, señorita Swan, lo que quiero es únicamente utilizarla para que los medios sean fan de usted.

Ella salió poniéndose la chaqueta a juego.

-Usted sí que sabe hablarle a las mujeres…¿y qué entiende usted por «fan de mí»?

-Bueno, digamos que vamos a hacer que los medios dirijan su atención sobre usted y para ello necesito que esté perfecta.

Él dio una vuelta alrededor de ella e hizo una mueca mientras la escrutaba. Pareció reflexionar un segundo, como si ella fuera un caso desesperado, después reviró los ojos y saltó un gran suspiro.

-Entonces…Sea…no sé…¡Haga algo con sus cabellos!

-¿Mis cabellos?

-Sí…recójalos o…

Emma se preguntó por un momento si intentaba ser delicado con ella o si simplemente quería tomarse tiempo para analizar la situación. Decidió no esperar.

-Bien, haré algo con mis cabellos, pero, ¿puede explicarme lo que me va a obligar a hacer?

Él sacó una pequeña caja del bolsillo interior de su abrigo y la abrió delante de ella.

-¡Oh no!- gimió ella sentándose en la cama aún sin hacer

-Se lo ruego, señorita Swan, tiene que poner un poco de su parte

El pin era redondo con un cisne con una corona.

-¿Qué es lo que espera de mí?

-¿No es evidente? A partir de hoy, le va a hablar a los medios, se va a acercar a ellos. Oh…y ayer ha comenzado con un movimiento para luchar contra el maltrato a las mujeres

-¿Perdón?- exclamó ella, con los brazos en el aire cepillándose el pelo.

-Tendrá que lanzarse en ese asunto, señorita Swan, porque eso hará que los medios se inclinen a nuestro favor.

-¿Realmente los necesitamos?- suspiró ella

-Para su cabecita de estudiante descerebrada, ciertamente esto no sirve para nada, pero en mi trabajo, tiene que saber que controlar a los medios es muy útil. Ellos van a permitir crear una presión sobre el tribunal que nos será de gran ayuda.

Emma plantó sus manos en sus caderas observando al hombre fijamente.

-Diga, ¿podría ser usted un poco menos amable?

Sus labios se estiraron en una sonrisa. Apenas estaba comenzando y ya la sentía preparada.

-Esta noche tiene una aparición en uno de los talk show más vistos de América, se va a vestir como si fuera una estrella…

-No comprendo, entonces, ¿por qué me ha dado esta ropa?

-Porque antes, dará una «conferencia»- dijo haciendo comillas en el aire –Los medios ya están listos para preguntarle por la causa que acaba usted de comenzar. Pero no se inquiete, vamos a prepararla.

Emma tenía las manos heladas y húmedas a la vez. La fatiga parecía haberse instalado en todos los miembros de su cuerpo durante la tarde agotadora que había pasado con los medios, pero lo mayor iba a jugarse ahora. Gold se lo había repetido bastantes veces durante los ensayos de ropa que había hecho, transformándose en estrella bajo la mirada del abogado. Acababa de salir de maquillaje y sentía aún el olor de los diferentes productos que le habían puesto en el pelo. La habían conducido amablemente por los pasillos de la emisora y le habían pedido que esperara uno momento, el tiempo que tardara en dejar el plató la invitada anterior, una célebre actriz que participaba en una serie de la ABC.


Tenía la impresión de estar fuera de su cuerpo, los consejos de Gold se mezclaban en su cabeza, las prohibiciones también. Escuchó al público reír de las bromas del presentador y se dio cuenta de que la iban a echar a la arena donde los leones no dudarían en devorarla. Le pasaron una botella de agua fresca.

-Euh…Gracias

-Es para sus manos, apriete la botella hasta que Nelson la llame, entonces devuélvamela, así, sus manos no estarán mojadas y evitará una broma por eso.

El rostro de Emma se iluminó y agradeció cálidamente a la mujer que le había dado ese sabio consejo.

Algunos minutos más tarde, la colocaron delante de una puerta que no era sino una delgada pared que la separaba del resto del mundo. Las cámaras, el presentador, el público estaba detrás. Inspiró profundamente y devolvió la botella de agua como le habían aconsejado. Se concentró con todas sus fuerzas en lo que estaba diciendo el presentador.

-Vamos a recibir a una joven mujer de la que todo el mundo ha escuchado hablar, pero que nunca había tenido el coraje de venir hasta nosotros. ¡No se fíen de su edad, ya está escarmentada de la vida! Yo me la he cruzado hace un momento por los pasillos, ella no me vio, pero me dije: «¡Vaya! ¿Por qué soy hetero?»

Risas del público y algunas voces de mujeres se alzaron para calentar un poco el ambiente.

-¡Gracias, señora!- dijo él al escuchar a una de ellas –No, ahora en serio, esa jovencita tiene muchos combates abiertos y sin embargo, encuentra tiempo para venir a saludarnos. Algunos de sus seguidores están aquí, en el público. Si una cámara puede enfocarlos, porque esto es un delirio.

Risas del público.

-¡Señoras y señores, recibamos con un gran aplauso a la bella, a la magnífica, al pequeño cisne de América, EMMA…SWAN!

Las puertas se abrieron gracias a un mecanismo accionado por dos técnicos y ella se obligó a sonreír.


Gold observaba su televisor con un gran interés y se dio cuenta que, ya desde la entrada, Emma había escuchado sus consejos, era una muy buena alumna.


-¡Es Emma!- gritó Henry saltando delante de la televisión mientras aplaudía.

Daniel lo cogió y lo sentó en sus rodillas, pero el pequeño se removió para bajar y correr a sentarse delante de la pantalla.

Mary Margaret, con la boca abierta, lanzó una mirada a David que parecía tan asombrado como ella. Ruby, por su parte, se echó a reír al a ver a su amiga aparecer en la pantalla.


Emma alzó los brazos y movió sus manos para saludar al público, después caminó hacia el presentador a quien había previsto estrechar la mano, pero él la abrazó sin previo aviso. No dejo aparentar su sorpresa y él se separó dejando una mano sobre su brazo.

-¡Oh Dios mío, está temblando!- dijo hundiendo sus ojos oscuros en los de ella

-¡Sí, un poco!- contestó ella riendo

-Y bien, ¿soy yo quien la asusta de esa manera?- preguntó mientras la acompañaba a un sillón de cuero negro.

Ella no respondió, y de todas maneras, él no le dio tiempo a hacerlo.

-¡Dios mío, miren esta belleza!- exclamó Nelson MacGuson aún con su mano en la de ella.

Hizo que diera una vuelta ante el público que seguía aplaudiendo.

-Emma, ¿me permite que la llame Emma?- preguntó inclinándose hacia ella para que pudiera escucharlo debido a las aclamaciones.

-¡Solo si yo puedo llamarlo Nelson!- replicó ella


-¡Señor, se pensaría que ha hecho esto toda su vida!- exclamó Granny subiendo el volumen de la televisión para que se oyera sobre el ruido de la cafetería. Miró a Mary Margaret, David, Daniel y Ruby. Tenían los ojos clavados en Emma que giraba sobre ella misma a petición de Nelson MacGuson. Se había puesto un largo vestido rojo que le dejaba la espalda al descubierto, permitiendo de esa manera ver su columna perfectamente recta y sus omoplatos bellamente esculpidos. El tejido del vestido seguía los movimientos de la rubia con algunos segundos de retraso dando la impresión de estar flotando.

-¡Qué bella está!- exclamó Ruby ganándose todos los «shhhhhh» de la cafetería.


-¡Oh boy!- dijo Nelson permitiendo que Emma se sentara –¡Bueno, me encantaría convertirme en lesbiana al momento!- dijo él provocando ataques de risa.

Emma se conformó con sonreír mirándolo maliciosamente.

Nelson dio unos pasos para sentarse tras la mesa donde tenía colocada una taza en la que estaba dibujado un cisne con una corona. El público dejó de aplaudir y Emma sintió una presión más grande pender sobre sus hombros.

-Francamente, Emma, creo que debió ponerse el vestido al revés, estoy seguro que se habría ganado a la gente para su causa más rápidamente- bromeó él

Emma rio de buen grado, moviendo la cabeza, pero replicó de todas maneras

-¡Veo que no tengo gran cosa que hacer para «ganármelo a usted para mi causa», Nelson!

Ella señaló la taza con el dedo y él asintió, sorprendido de que ella diera vuelta al asunto tan rápidamente.

-¡Exacto, Emma! Hay que decir que esta noche está aquí para hablarnos de una causa que ayer lanzó en las redes sociales.

-Sí, es verdad

-¿Ese movimiento se llama…?- preguntó él cediéndole educadamente la palabra

-Se llama No violence no cry- respondió ella

Gold le había enseñado la lección a fondo y le había explicado que Belle había sido de gran ayuda con esto. Haciéndose pasar por Emma, había conseguido que mucha gente se adhiriera a la causa.

-¡No violence no cry! ¿Todo junto?

-¡Exacto, Nelson!- confirmó ella

-¿Con un hastag?

-¡Con un hastag!- rio ella

-¡Ahora vamos a dar paso a una pausa publicitaria y volveremos inmediatamente para hablar de No violence no cry todo junto y con un hastag y sobre todo con la sublime Emma Swan! ¡Hasta ahora, quédense con nosotros!

La grúa de la cámara se acercó por encima de ella, pero Emma no tuvo tiempo de mirarla mucho porque Nelson le agarró delicadamente un brazo para que ella se inclinara hacia él.

-Relájese, Emma, todo saldrá bien

-Oh, sí…lo siento, no dejo de temblar- se excusó ella

-¿Quiere beber algo?-propuso - ¿Un té? ¿Un café?

-¡O vodka caramelo!- bromeó ella

Él se echó a reír y ella lo siguió como si fueran dos viejos amigos.

-¿Parece que le gusta bailar?- le susurró él mientras una horda de técnicos arreglaban lo que hubiera que arreglar para que todo estuviera perfecto a continuación.

-¡Sí, pero solo con mi novia!

Nelson frunció el ceño y golpeó amablemente su mano.

-¿Querría de todas maneras concederme ese placer? No tengo nada emocionante que contar en mi vida, así que podría decir que casi he encantado a Emma Swan, créame, ¡sería un gran honor!

Emma se echó a reír y se levantó tendiéndole la mano. Ella pisoteó su timidez y observó que una de las cámaras estaba filmando, seguramente para poder mostrar esas imágenes tras la pausa publicitaria. Ella decidió entrar en el juego, sobre todo porque Nelson la estaba ayudando a sentirse confiada. Él hizo una señal a la dirección que metió Unchained Melody. Nelson torció la boca y observó al público reírse al mismo tiempo que Emma.

-Creo que en dirección no han comprendido que yo quería tontear

El público rió una vez más y Emma dudó en comenzar un baile, pero Nelson no se movió, observando a la regidora para hacerle comprender a sus técnicos que tenían que cambiar de música.

Una música que Emma no conocía se escuchó y las luces se tamizaron bajo las risas del público.

La joven agarró la mano de Nelson que la acercó a él colocándose perfectamente para que las dos cámaras pudieran filmarlos.

-¿Todo bien, Emma?- preguntó cuando alguien por el pinganillo le informó que los micros estaban cortados.

-Sí, estoy en un plató de televisión con Nelson MacGuson bailando…euh…¿qué?

-Se supone que es Jasmine Thompson- respondió él encogiéndose de hombros –Me encanta, ¿la conoce?

El vientre de Emma se cerró. ¡Qué bella ironía! La última vez que había bailado con Regina fue exactamente con una canción de esa cantante.

-Sí- respondió ella con su voz embargada por una repentina tristeza.

-¡Venga, Emma, sonría!- murmuró él suavemente para darle ánimos –Solo una hora más, y después, podrá volver a hacer un buen jogging

Ella rió débilmente mirándolo y frunciendo el ceño.

-¿Me imagina vestida de jogging?- dijo asombrada

-En todo caso, no creo que se vista así- añadió señalando su vestido -¡Aunque le queda de muerte!

Varias canciones se sucedieron y la última, antes de volver a antena, fue más movida para hacer bailar al público. Volvieron a sentarse en sus sitios y Nelson soltó una frase anunciando la vuelta al plató. Después encadenó otra broma.

-Y bien, queridos espectadores, casi le he pedido la mano a Emma Swan durante la publicidad. ¡Hemos bailado un maravilloso tango!

Risas del público. Tras ellos, las imágenes de su lento fueron proyectadas y Emma se giró para descubrirlo a la vez que todo el mundo.

-¡Wow! ¡Qué caliente!- dijo él girándose hacia una cámara –¡Bien, hablemos de esa causa, noviolencenocry, Emma!

-¡Sí!

-Ayer por la tarde lanzó esa causa y esta tarde dio una conferencia mediática para hablar de noviolencenocry. ¿En qué consiste esto?

Tras ellos, desfilaron fotografías de Emma en traje y chaqueta enarbolando su chapa, posando orgullosa con los periodistas.

-Bueno, Nelson, es un movimiento que lucha contra toda clase de violencia, ya sean física como psicológica, esa violencia a menudo queda silenciada y pongo en marcha esta causa para que ninguna mujer tenga necesidad de esconder sus hematomas y para que menos mujeres sufran presión por parte de sus familias o maridos o incluso esposas.

Nelson movió repetidamente la cabeza.

-¿Piensa usted que un movimiento como este puede cambiar las cosas? Ya sabe, sé que hay escépticos en el público y pienso, personalmente, que un movimiento como este es algo bueno si aporta algo más.

-Bien, aporta algo más porque…cuando se imagina a una mujer golpeada, enseguida se piensa en marcas de hematomas por su cuerpo, pero hay otras cosas que una mujer puede sufrir sin que sea visible…

-¿Quiere decir que pone a la gente en guardia sobre la potencial violencia psicológica?

-¡Sí! Quiero decir que si alguien tiene la más mínima duda, puede hacer algo, solo le llevará cinco minutos de su día, incluso menos y eso evitará que una mujer llore la muerte de una hija o la muerte de su madre, o de una hermana…

-Se la nota muy conmovida, Emma, y podemos adivinar por qué se ha lanzado en tal causa

-¿Ah sí?- fingió Emma sin querer engañar a nadie

-¿No será a causa de esta belleza?

Él señaló la pantalla de atrás y al girarse, se sorprendió al ver una foto de Regina, que Emma no había visto nunca hasta ese momento, ser presentada a lo grande. Había sido tomada en París durante una visita en la que parecía que Regina indicaba a sus alumnos que miraran algo. Tenía un gesto gracioso y esa expresión apasionada en su rostro cada vez que enseñaba algo a sus alumnos. Tuvo la impresión de recibir una bofetada en pleno rostro y tardó varios segundos en volver a girar su cara hacia la cámara.


-¡Mierda, se va a echar a llorar!- exclamó Ruby inclinándose hacia delante

-¡Ruby!- gritó Henry poniéndose las manos sobre la boca ante la palabrota que acababa de pronunciar la joven.


Emma se mordió el labio inferior.

-¡Ah…sí, es por ella!- dijo con voz trémula

Nelson posó una mano sobre la de ella y la apretó brevemente.

-Sé que no podemos hablar del caso, pero hemos sabido que el nuevo abogado de Regina Queen ha decidido desvelar al jurado la violencia que su novia sufrió con su anterior compañera.

-Exacto

-Podemos comprender por qué esta causa le llega tanto, pero algunos de nuestros telespectadores se preguntan seguramente qué tiene esa causa que la hace diferente a las otras.

Emma rápidamente borró una lágrima.

-¿Espera que yo responda que el amor con una voz infantil y ñoña?

-¿Puede usted poner una voz infantil y ñoña?- replicó él haciendo reír de nuevo al público.

-¡Ahh! ¡Podría!

-Honestamente, responda a la pregunta- pidió él poniéndose serio

-Bien, somos nuevos, noviolencenocry ya está aliada a asociaciones y francamente, no tenemos nada más si no es haber accedido a venir a los platós de televisión como el suyo para hablar de aquello con lo que estamos comprometidos hasta el fondo y difundir el mensaje más ampliamente.

-Emma, gracias por haber venido a este plató

-¡Gracias a usted, Nelson!

-Noviolencenocry es lo que ha traído a Emma Swan a nuestro plató y estamos contentos por haber pasado ese momento con ella, nos vemos mañana a la misma hora con un nuevo invitado a quien descubrirán a la vez que yo porque mañana, ¡es invitado sorpresa!

Se soltaron los títulos de crédito y Nelson se levantó para cerrar los micrófonos y quitárselos de su camisa.

-¡Bien! ¡Se ha sabido desenvolver como una veterana, Emma!- la felicitó él

-¡Gracias, usted me ha ayudado!- reconoció ella esperando que vinieran a quitarle los cables que había por su vestido.

-Creo que hay gente del público quiere verla- dijo él señalando a una masa cerca del cordón de seguridad.

-Yo…¿debo ir a verlos?- preguntó ella insegura

-¡Venga, yo la acompaño!

Él posó una mano en su espalda desnuda y la guio hacia la pequeña muchedumbre que ya estaban con los brazos extendidos sujetando hojas y bolígrafos.

Nelson firmó algunos autógrafos mientras que Emma respondía a las apremiantes preguntas sobre el movimiento noviolencenocry.

-Emma, ¿nos das un autógrafo?- pidieron dos jóvenes con sus ojos colmando juventud e inocencia.

La rubia frunció el ceño, ciertamente no estaba ahí para eso, no quería convertirse en ídolo de los jóvenes. Buscó la mirada de Nelson que le mandó una sonrisa tranquila. Habría podido ayudarla, pero ella vio claramente que él quería ver cómo saldría de ese mal trago.

-¿Cuál es tu nombre?- preguntó ella acercándose lo suficiente, pero no como para coger la hoja que le tendía

-¡Evy!

-Bien, Evy, si fuera una estrella, créeme, te firmaría ahora mismo, pero no lo soy

La joven frunció el ceño y miró a su compañera.

-¡Por favor, entonces tengo un consejo que pedirte!

Emma se acercó un poco más al ver la turbación de la joven.

-¿Cómo le dijiste a tus padres…que eras gay?

Nelsón se giró enérgicamente hacia Emma, él había leído suficientes artículos en los que se decía que la rubia era huérfana de nacimiento y si él no había intervenido hasta ese momento, debía confesar que ahora tenía ganas.

Emma se humedeció los labios antes de pellizcarlos, desolada por la joven.

-Yo…no tengo padres, así que para mí fue más bien fácil- bromeó observando la expresión asustada de la joven.

-Oh…lo siento, no quería…

-¡Lo sé, no te preocupes! Pero contestando a tu pregunta, creo que hay que esperar a estar preparada antes de hablarlo con tus padres, cuando estés preparada, podrás anunciarlo con orgullo.

Un pequeño silencio tomó el lugar y Nelspon no esperó a que las dos chicas se lanzaran con una nueva pregunta, agarró el codo de la rubia para sacarla de allí.

-Bien, amigos, Emma tiene muchas cosas que hacer, pero podrán encontrarla en Twitter

Él la llevó hasta el ingeniero de sonido que se encargó que quitarle los cables de su vestido.

-¿Y si la llevo a cenar, Emma?- propuso Nelson.

El restaurante al que Neslon la había invitado era de precios desorbitados y Emma no se atrevió sino a pedir una ensalada. Respondió amablemente a sus preguntas, y hablaron del movimiento en las redes sociales. Ella confesó su miedo de que el juicio pudiera acabar mal y un velo cayó sobre su rostro cuando evocó la posibilidad de perder a Regina en los pasillos de una prisión. Nelson la escuchaba, intentando hacerla reír tomando con ella un lado paternal mientras la acunaba con la mirada. Se parecía a David Nolan cuando intentaba poner esa voz de papá atento.

Ella le dio las gracias otra vez por haberla invitado al programa, pero él le quitó importancia con un movimiento de manos.

-Hace tiempo que quería conocerla. Solo he aprovechado la ocasión.

-¿La ocasión?

-Sí…la pequeña manipulación de los medios que intenta llevar a cabo su abogado- explicó él poniéndola incómoda de repente.

-¿La…manipulación?

-Oh…no soy tonto, Emma. Maniobras como esa hay muchas, y su abogado si tira de la cuerda corre el riesgo de romperla.

-¿Qué quiere decir?

-Que si decide hacer de usted una victoria, bien, pero si quiere convertirlas en mártires, entonces no creo que sea nada bueno para usted…

Emma dejó el tenedor en el plato, habiendo perdido repentinamente el hambre. Su vientre, cerrado ahora por un fuerte angustia.

-¿Piensa que es eso lo que él quiere?- preguntó ella poniéndose pálida

-No lo sé, Emma. Pero si puedo darle un consejo, prepárese para esa posibilidad…

-¿Cómo?- exclamó ella -¿Cómo podría prepararme para la posibilidad de que mi abogado me engañe?

Él se encogió de hombros mientras bebía un sorbo de vino.

-Un juicio es no algo banal, Emma, aunque salgan de eso, la relación podría no soportarlo, aunque salgan de eso, puede que nada sea igual y si por casualidad hay cosas que salgan a la luz durante el proceso, puede que no pueda hacerle frente a la avalancha de los medios. Es perentorio que su abogado tenga un as bajo la maga…

-Pero…él debe actuar buscando mi interés, ¿no?

-En teoría…


Gold se inclinó un poco más sobre las hojas esparcidas bajo su mirada y se pinzó los labios dándose cuenta de que la acusación lo tenía todo a su favor para encerrar a Regina Queen hasta el final de sus días.

Suspiró. Hacer que Emma subiera al estrado era una idea que no había que descartar, pero ¿cómo interrogarla, por qué vía llevarla? Se levantó con ayuda de su bastón, sintiendo cómo su vieja herida se tensaba en su pierna y se acercó cojeando a la ventana. La noche ya había caído desde hacia unas horas, pero no pensaba en irse a dormir. Siempre era así cuando un caso le daba quebraderos de cabeza. No dormía y esperaba a que los pájaros cantaran con las primeras luces del día para beber un café antes de irse a trabajar.

Su teléfono móvil comenzó a sonar con fuerza, rompiendo la calma del apartamento. Se inclinó para cogerlo y descolgó, reconociendo el número. Solo soltó un gruñido para que su interlocutor hablara, pero adoptó una expresión concentrada.

-¿Cuándo?...¿Cómo está ella?...¿Cómo que radiografías? Creía que estaba bien…¿Qué hospital?

Tras colgar, cogió los paquetes que había comprado la víspera y salió al frío glacial de Nueva York. Miró los escaparates de Navidad débilmente iluminados donde los niños pronto irían a pegar sus narices llenas de microbios. Cogió un taxi y le pidió que lo llevara al hospital Bellevue donde se encontró con su clienta, echada en una camilla. No tenía sino una bolsa de hielo sobre la cabeza y de su labio inferior, partido, corría un hilo de sangre que ella regularmente se quitaba con un golpe de lengua. Al mirar una esquina de su muñeca, pudo observar que estaba con seguridad rota. El guardia encargado de vigilarla la había atado a la camilla para poder dormir tranquilamente a su lado. Ella lloraba en silencio, pero cuando se cruzó con la mirada de Gold, su expresión enseguida se alivió.

-¡No puede ser verdad!- dijo él furioso

Dio un bastonazo en la pierna del guardia que se despertó sobresaltado, listo a saltar sobre el que lo hubiera arrancado de su sueño.

-¡Las llaves de las esposas!- ordenó él tendiendo una mano hacia el oficial

-S…señor Gold, ¿qué…?

-Las-llaves

El hombre las sacó de su bolsillo en tiempo record y el abogado pudo soltar las esposas para liberar a la morena.

-Ahora, sea amable, vaya a buscar las mantas que están allí y tráigamelas- ordenó dirigiéndole una furibunda mirada.

Él se giró a continuación hacia la joven que había aferrado su mano para que no se alejara bajo ningún pretexto. Él apartó un mechón de su cabello para ver mejor su rostro y descubrió un hematoma que empezaba en su ojo y acababa en su mandíbula, él adivinó la escena, debieron aplastarla violentamente contra los barrotes de la celda.

-Por Dios…¿qué ha pasado?

Fue interrumpido por el guardia que le tría las mantas y se dio prisa en tapar a su protegida cuidando que el frío glacial no se infiltrara. El guardia, que había dejado que su manta cayera al suelo, la cogió para volver a sentarse, pero el abogado se la arrancó de las manos.

-¡Creo que el frío lo mantendrá despierto!

-¡No!- murmuró Regina tirando de la manga de Gold

Gold agarró a una doctora que pasaba por allí.

-¡Podrían ocuparse de ella en lugar de verla agonizar! ¿A qué esperan? ¡Quizás tenga una conmoción!

-Me permite, pero la gente de bien pasa antes que los delincuentes y los ex presidiarios.

-Yo solo permitiré consideraciones en cuanto a edad, enfermedad o discapacidad…- soltó Gold con voz rápida y severa.

-¡Suélteme!- dijo asombrada la doctora mirándolo como si él estuviera loco.

-…ni creencia, ni origen étnico, ni sexo, ni nacionalidad, ni afiliación política, ni raza, ni orientación sexual, ni estatus social ni otro criterio se interpondrá entre mi deber y mi paciente. ¿Le sueña el Juramento hipocrático?

-¿Es usted médico?

-No, abogado, y le garantizo que si decide no ocuparse de mi cliente, ¡pondré una denuncia contra este servicio!

La doctora hizo que la soltara.

-¿Sabe usted cuántos pacientes debo ver en una noche?

-¡Me da igual!- escupió él -¡Acaba de confesarme que no se ocupa de ella porque lleva el uniforme de la prisión!

Ella se alejó murmurando que enviaría a alguien en un momento, dando tiempo a que Gold se girara hacia Regina para colocarle bien la bolsa de hielo.

-Entonces, ¿qué ha pasado?

-Me duele- susurró ella intentando evitar la masa fría

-Regina, déjelo donde está, eso evitará que su cabeza se parezca a…en fin…¡bueno, dígame lo que ha pasado!

Ella sacudió la cabeza de derecha a izquierda poniéndose en posición fetal.

-No quiero hablar de ello, estoy…cansada, y me…duele

Cuando la llevaron a examinarla, Gold se giró hacia el guardia para saber más.

-Solo escuchamos sus gritos, cuando llegamos a la celda, estaba en el suelo, las otras tres dijeron que no habían tenido nada que ver, supusimos que se lo había hecho sola.


Los días siguientes siguieron el ritmo de las entrevistas de Emma y cada periodista deseaba conocer más sobre la relación que había mantenido con Regina Mills. La rubia tenía la impresión de estar viviendo a través de una pantalla de agua, alejada del mundo y de sus amigos que se habían quedado en Maine. No respiraba y no tenía ni un minuto para poder aprovechar una visita a la cárcel. Incluso Gold había dejado la ciudad para convencer a algunos testigos de subir al estrado, y aunque Emma había intentado enterarse de más, él no había dejado transparentar nada, contentándose con mirarla desdeñosamente.

El lunes por la mañana, la sala de la audiencia parecía estar repleta con nuevas cabezas, nuevos periodistas llegados para constatar el cambio de abogado de Regina Queen. Emma esperaba nerviosa ante la sala caminando de un lado a otro cuando una voz familiar la llamó. Se encontró con la mirada azul de David Nolan que la tomó en sus brazos para estrecharla contra él.

-¡Todo va a ir bien!- le murmuró al oído mientras ella asentía, petrificada ante la idea de que lo contrario fuera posible.

Les hicieron entrar en la sala y sentarse en los incómodos bancos.

Cuando Emma vio a Regina dirigirse a su sitio, observó el yeso que rodeaba su delicada muñeca y el corazón se le paró al ver el hematoma amarillento que le cogía la sien.

Desgraciadamente, no tuvo tiempo de hacerse más preguntas porque la sesión comenzó.

David fue escuchado como testigo y tras las preguntas básicas, el abogado de la acusación entró de lleno en el tema.

-¿Su compañera ya ha mostrado atracción por el peligro?

-¿Disculpe?- dijo asombrado David frunciendo el ceño

-Reformulo la pregunta, ¿su compañera ama el peligro?

David lanzó una rápida mirada a su amiga antes de sacudir negativamente la cabeza.

-No, no que yo sepa

-En ese caso, ¿cómo llama al hecho de que un profesor se alíe con un alumno miembro de una banda criminal?

David tragó saliva.

-Ella no estaba aliada, ella…

-Responda sencillamente a la pregunta- ordenó el abogado -¿Cómo llama usted a un profesor que permite que su alumno se comunique con una banda criminal?

Para Emma, no había ninguna duda, Whale hablaba de Killian, y presentía que de un momento a otro vendría el golpe bajo.

-Puedo responder a su pregunta- declaró David con voz serena –¡Un profesor que se alía con un alumno miembro de una banda para sacarlo de esa banda es un buen profesor! Y Regina es la profesora que permitió que Killian Jones sacara la cabeza del agua durante un tiempo, ella le incitó a que no huyera y…

-¡Señor Nolan, sabemos que todo eso es falso! La profesora Mills, ya que es así como ella se hace llamar, debió haber avisado a las autoridades competentes. ¿Debemos recordar que el pobre joven del que hablamos acabó en un hospital, con un brazo amputado?

-La mano- rectificó David -¡Lo que pasa fuera del instituto no nos atañe! No podemos controlar todo lo que…

-¡Precisamente lo que yo digo! Debió haber llamado a las autoridades competentes. Una última pregunta, señor Nolan, ¿cómo llamaría usted a un profesor que se acuesta con una alumna?

David no supo qué contestar y un gran y pesado silencio se apoderó de la sala.

-Es lo que me parecía- concluyó Whale volviendo a su sitio

Los testigos desfilaron durante toda la mañana, agobiando a Regina, a veces incluso sin quererlo. Gold mantenía una calma relativa, pero sus manos saltaban a veces sobre su pluma para apuntar una palabra, un nombre, una expresión.

Sobre las once, Whale extendió sus labios en una sonrisa maquiavélica y una expresión de malicia apreció en sus ojos.

-¡Llamo al estrado a Cora Queen!

Regina tenía el corazón a punto de saltarle por la boca y miró a Gold garabatear algo en su cuaderno. No objetó nada y ella se inclinó hacia él para murmurarle ferozmente

-¿Estaba al corriente?

Asintió sin ni siquiera mirarla. Ella posó una mano sobre su brazo para captar su atención. Ella era consciente de que los miembros del jurado tenían sus miradas clavadas en ella.

-Creo que voy a sentirme mal- susurró ella tragando para evitar vomitar

-En ese caso, piense en cosas agradables- replicó él soltando suavemente su brazo

Ella posó su mano en su vientre, sintiendo cómo se retorcía violentamente. Su madre se encontraba ahí, no lejos de ella, sentada en el asiento del estrado, como si se tratara de un trono. Las palabras que pronunció fueron increíblemente claras, punzantes y dolorosas de escuchar, pero llegaban a Regina a través de una espesa confusión.

Por su parte, Emma escrutaba al monstruo que había echado al mundo a su novia e inundó sus ojos con cada detalle para grabar esa imagen en su memoria. Madre e hija se parecían, aunque Regina tenía los cabellos y los ojos más oscuros. Emma sabía que iba a asistir a un desgarro familiar y sintió, de repente, ganas de tomar a su novia en sus brazos. Una mano se posó en la suya y vio que David Nolan se había sentado en el banco donde ella estaba. Se sorprendió ante ese repentino gesto de afección, pero volvió a centrar su mirada en la morena que parecía a punto de desmayarse. El interrogatorio de la madre continuaba.

-¿Cómo era Regina en su adolescencia?- preguntó Whale posando una mano en la madera que rodeaba a Cora Queen.

-¡Oh…era insoportable! Mentía, salía sin permiso, creo que quería encontrar sensaciones que no tenía en casa

-¿Tenía ataques de cólera? ¿Comportamientos peligrosos?

-Sí, a menudo. Bastaba con que le impidieran montar a caballo o verse con su novio para que se atacara terriblemente. No escuchaba nada más de lo que le dijeran, y era casi imposible tener una conversación con ella. Mi difunto marido y yo misma nos preocupábamos por ese comportamiento…

-Pido perdón por preguntarle eso, pero ¿podría hablarnos sobre la noche en que su marido murió?

Cora fingió sentirse afectada y Regina se hundió en su asiento. La sala comenzaba a darle vueltas en su cabeza y su respiración se bloqueaba en su caja torácica.

-¿Qué intenta hacer Whale?- preguntó David inclinándose hacia Emma que de repente se había puesto tensa.

-Mi hija decidió ir a una fiesta y las cosas se desmadraron, ella…esa noche, mi hija decidió acostarse con un chico y después de eso llamó a mi marido para que fuera a buscarla. Murió en el camino de vuelta.

David parecía turbado por enterarse de la muerte del padre de su amiga de una forma tan fría.

-¿Qué dijo Regina cuando se la llevó a casa?

-Que había sido violada

Regina dejó resbalar las lágrimas por sus mejillas enflaquecidas mientras clavaba sus dedos en los reposabrazos de su asiento. David frunció el ceño, escrutando el rostro de Emma para saber más, pero la rubia no se ocupaba de él, muy interesada en el juicio.

-¿Piensa usted que pudo decirle eso para que se apiadara de ella?

-Sí, Regina hacía eso a menudo, hacerse la víctima cuando hacía todo por lo posible por llegar a donde quería.

-Detenga esto, por favor- murmuró Regina sin poder respirar apenas

Ella había colocado sus dos manos en la madera de la mesa y jadeaba, sin poder volver a su ritmo normal de respiración.

Gold giró la cabeza hacia ella y por primera vez, se inquietó de verdad.

-¿Regina?- la llamó para que alzara la mirada

Pero ella fue incapaz. Whale continuó su interrogatorio.

-¿Qué ocurrió después de esa noche?

-Nueve meses más tarde dio a luz a un niño

-¿Lo abandonó como suelen hacer las mujeres que dan a luz niños frutos de una violación?

-¡Stop!- suplicó Regina ahora llorando

-No, quiso quedárselo…Su novia de entonces estaba confundida, creo, pero por amor hacia mi hija, la siguió en su delirio…

-Su novia de entonces era Narcissa, ¿verdad?

Cora asintió con la cabeza y Whale hizo una pausa dramática.

-Creo que llamó a su hijo como su marido, ¿cree usted que lo pudo hacer…

-¡Pare!- gritó entonces Regina levantándose

-¡Señorita Queen, pode favor vuelva a sentarse!- ordenó el juez severamente

-¡No hables de él!- gimió ella apuntando con el índice a su madre

-¡Señorita Queen!

-Oh…Regina…

Gold hizo sentarse a la morena reprendiéndola como si fuera una niña que estuviera pidiendo demasiado dulce.

Los miembros del jurado tenían sus miradas fijas en ella, pero a ella le daba igual, tenía demasiado calor, o demasiado frío, sus ropas le apretaban.

Gold se giró hacia Emma que estaba justo detrás de Regina y le hizo una seña para que arreglara la situación. Rápidamente, Emma se inclinó hacia su novia, extendiendo su brazo para presionarle el hombro. Al cabo de varios minutos, Regina consiguió regularizar su respiración a pesar de las lágrimas que aún resbalaban. El fin del interrogatorio llegó y Gold pidió un receso en vista del estado de su clienta. El juez asintió y declaró que la sesión se retomaría al día siguiente por la mañana.

-¡Es usted un cretino, Gold!- soltó Emma estrechando a Regina que la apartó porque necesitaba aire.

Ella no podía creer lo que veía cuando observó una sonrisa en los labios del abogado.

-¿Qué es lo que está mal en su cabeza?

-Miss Swan, cuando prometo a alguien ayudarlo, cumplo mi palabra, créame, así que no sea tonta.

-Fue…¿usted sabía qué iba a pasar? ¿Lo había calculado todo?- dijo ofendida Emma aferrándose a la barra de madera que la separaba de él.

-Sí, es mi trabajo, miss Swan, ahora, creo que usted tiene alguna declaración que hacer a la prensa

-¡Regina!- gritó Emma al verla tambalearse

-Quiero…marcharme- murmuró ella

Los oficiales que la escoltaban la sujetaron en el momento que cayó desvanecida.