MLB: Arenas de Tiempo

Capítulo XIX: I Just Want To Be Happy

(Sólo Quiero Ser Feliz)

Hola mis Ladies y mis Lords.

He aquí el capítulo que todos ustedes han estado esperando con tanto esmero.

El día de hoy quiero informales algo que me paso hace unos días cuando entre a mi cuenta de Wattpad. (Si, tengo cuenta en Wattpad también).

Estaba revisando tranquilamente mis notificaciones cuando de pronto descubrí algo impactante y difícil de creer.

ME HABÍAN NOMIDADO PARA LOS #PREMIOS SHIPPHISTORY 2017 de MarinetteNoirAgreste.

Y NO ADEMÁS HABIA SIDO ESO SINO QUE MI HISTORIA RESULTO SER UNO DE LOS FINALISTAS DE SHIPP.

La verdad cuando vi esto empecé a gritar como loca que hasta mi mamá y mi hermano pensaron que me había golpeado o asustado con algo, y no además de eso casi rompo la silla en la que me encontraba sentada cuando caí de espaldas debido a la emoción que me dio.

Ay la verdad es que aún no puedo superar esto ni tampoco creérmelo, es la primera vez que alguien domina mi historia y también llegue a ser una finalista.

Bueno no les quito más de su tiempo, espero que disfruten de la lectura ;D


Al día siguiente Basilisa se fue junto a su padre del reino de Avaris, con el corazón en la mano y el orgullo aplastado. No volvió a dirigir la mirada o la palabra a Aten simplemente ella ignoró su presencia junto con aquella azabache a quien nunca dejaba de abrazar. La mirada esmeralda del príncipe no dejaba de notar el lenguaje corporal de la romana estaba deshecha, avergonzada y con el orgullo lastimado y destruido. Quería decirle algunas palabras de perdón por el hecho de haberla tratado como una prostituta desde aquel día en que ella se quería ofrecer hacia a él, pero, no quería meterse en problemas con su padre ni con su tío, ni mucho con Maat quien de seguro lo tacharía como un hombre infiel hacia su esposa.

El día en que Basilisa se fue, había sido una gran felicidad y celebración para Chione. Una rival menos en su camino, pero todavía no era momento para celebrar, pues, la pelimarrón aún tenía una rival más en su lista: Maat. Chione sabía perfectamente que separar a Maat de Aten no sería tarea fácil, pero eso no quería decir que ella tenía en mente algunos planes que resultarían perfectos para separar a la feliz pareja.

Sólo tendría que tener el apoyo de unas cuantas personas, eso incluyendo al mismísimo Akenatón.

Chione esbozó una fría y dilatadora sonrisa que quien la viera le causaría un tremendo escalofrío. Tendría que planear el plan perfecto si ella quería convertirse no además en la esposa de Aten sino que también en la Reina Madre de toda Tebas.

*…*…*…*…*…*…*…*…*

Akenatón no dejaba de observar a Maat platicando a gusto con su hija-esposa, el hombre disimulaba una y otra vez en tomar su copa para así poder observar cada expresión de la hermosa princesa. Pero hubo algo que le hizo incomodar y molestar al Faraón de las Coronas; su sobrino Aten no dejaba de mirar a su amada esposa mientras le robaba a ella uno que otra sonrisa, a la vez que el rubio le decía hermosas poesías sobre su belleza e inteligencia. Akenatón apretó con suma fuerza sus manos y mandíbula mientras no podía evitar con controlar su ira cada vez que veía a Aten besar la mano de su mujer y que ella le dedicará a él una mirada de amor puro y sincero, aquello hizo que el hombre recibiera una punzada en su pecho, tenía que hacer algo para separar a esos dos y así tener por completo a Maat para él solo. No le importaba el alboroto que tendría con Ajesenamón y Garai si descubriesen su atracción por la esposa de su sobrino; él tendría a Maat costará lo que le costará.

– Padre. – llamó Ajesenamón a su primogenitor haciéndolo volver a la realidad.

– ¿Qué sucede Ajesenamón? – preguntó sin emoción el hombre a su hija-esposa.

– Quiero que me des tu autorización para pasear en las aguas del Nilo junto con mi hermano, mi primo y su esposa. – dijo la hermosa princesa a su padre.

– ¿Para qué motivo quieres que te dé esa autorización Ajesenamón? – preguntó el hombre en un tono de indiferencia y profunda.

– Hoy hace un hermoso día y bueno la princesa Maat se le ocurrió esa idea en disfrutar este hermoso día dando un paseo por bote en las aguas del Nilo.

Akenatón miró a Maat perdiéndose en aquellos hermosos ojos azules como las aguas del Nilo, en ellos se podía ver las ansias junto con la inocencia y esperanza; una perfecta combinación en una mujer como ella. Y sólo ella. El hombre se quedó por unos segundos en silencio, los hijos de él junto con sus invitados pensaron que él estaba pensando si en darle o no el permiso a su hija de ir en ese paseo, pero, lo que nadie sabía era que Akenatón se perdía en aquellos hermosos azules de la azabache; como si ella lo estuviera hechizando bajo sus inocentes y, a la vez, astutos encantos.

– Está bien. – sentenció el hombre mientras veía a su hija pero sobre todo a Maat emocionadas. – Tienen mi autorización en ir a recorrer las aguas del Nilo bajo la supervisión de los guardias reales.

– Si es la voluntad de mi Señor entonces que sea dicha. – dijo Ajesenamón a su padre.

– Faraón. – el hombre se estremeció al escuchar su nombre a través de la dulce y encantadora voz de Maat. – Gracias. – dijo ella dedicándole una sonrisa sincera y de agradecimiento a él, ocasionando que el Gobernador de las Dos Coronas se le escapara el aire y, a la vez, causándole un fuerte aceleramiento en su corazón.

– No tienes nada de que agradecer Maat. – todos en el comedor se quedaron impactados de la sorpresa cuando escucharon al hombre nombrar el nombre de nacimiento de la princesa, que por supuesto a ella no le incómodo. – Y ya hemos hablado, puedes llamarme por mi nombre. Después de todo ya somos familia. – comentó Akenatón dedicándole una sonrisa sincera y cálida a la muchacha, cosa que sorprendió aún mucho más a los familiares de él. Más en especial a sus hijos y su primo.

Nadie dijo ni una palabra más, ni siquiera Ajesenamón o Tutankamón; la pelicastaña tomó de la muñeca a la azabache mientras ambas salían del salón, al igual que también lo hicieron Aten, Tutankamón, Chione, Nour y Auset. Garai y su primo fuero los únicos quienes se quedaron en el salón, la mirada grisácea del Nafeer de Tebas observó fijamente a su pariente, algo dentro de Garai sentía que estaba ocurriendo algo extraño en el comportamiento de Akenatón, el Faraón de Tebas debía poner cartas en el asunto sin quería descubrir de lo que intenciones tenía su primo con su nuera.

*…*…*…*…*…*…*…*…*

Entre tanto, una vez que Ajesenamón y Maat se encontraban lo suficientemente retiradas del salón de banquetes la mirada castaña de la Princesa de Avaris observó con una expresión incrédula a la esposa de su primo.

– ¿Qué fue todo eso Maat? – preguntó la pelicastaña a la azabache. – ¿Por qué mi padre te dio su permiso de llamarlo por su nombre?

– Hace unos soles y lunas atrás el Faraón y yo tuvimos una pequeña charla en el jardín real, al principio todo era un caos pero luego la calma comenzó a reinar en nuestra platica, cuando tu padre me dijo que yo ya soy parte del linaje de la familia real más poderosa de todo el Alto y Bajo Egipto él decidió, o más bien me dijo, en que yo podía dirigirme a él nombrándolo por su nombre. – explicó cada detalle la Princesa de Menfis a la hija-esposa del Faraón.

Ajesenamón hizo una expresión de sospecha pero a la vez de extrañeza.

– Entiendo. – dijo la hija-esposa de Akenatón.

– Ajesenamón si te molesta en que diga el nombre de tu padre frente a tu presencia entonces no lo diré más. – comentó Maat apenada e incómoda en aquella conversación.

– No, no me molesta Maat. Es sólo que me sorprendió lo que había dicho mi padre en la sala de banquetes es todo, digo, la única persona quien podía llamar al Faraón por su nombre fue mi madre. – confirmó Ajesenamón. – Si mi padre te dio su autorización de llamarlo por su nombre entonces no tenga nada que decir al respecto.

– Entonces… ¿No te molesta?

– No me molesta Maat, es más me alegro de que el Faraón te acepte ahora como alguien importante de la familia ahora, digo, no todos tienen la oportunidad de hablar del tú con el Faraón, ni siquiera su primo o conmigo; así que no desaproveches tu suerte. – dijo con ánimos la Princesa de Avaris. – Bien, será mejor arreglar todo para el paseo en el Nilo. – replicó Ajesenamón.

– Sí. – asintió levemente Maat. – Iré a vestirme para el paseo.

– ¿Para el paseo o para tu marido, Maat? – un sonrojo se apodero en el rostro de la joven mencionada ocasionando que la Princesa de Avaris riera divertida. – Por tu silencio eso significa que es un "sí".

– ¿A qué te refieres? – preguntó la azabache.

– Se nota mucho que amas demasiado a mi primo, mi querida Maat. – comentó Ajesenamón.

– ¿Tanto se nota? – preguntó nerviosa la Princesa de Menfis.

– Sí y mucho. Pero dejemos esta plática para el paseo. Nos vemos en la entrada del palacio Maat. – dicho esto la joven soberana se alejó de la azabache dejándola completamente sola.

– Aten. – al susurrar el nombre de su marido pudo sentir sus mejillas arder y su corazón latir a mil por hora. – Mi querido Aten, mi querido Khepera. – susurró aquello para sí misma sin que nadie la escuchará.

A lo lejos se podía ver a Chione escondida entre los pilares, su rostro estaba rojo de la ira y su mirada estaba lleno de rabia y cólera; de tan sólo escuchar aquella conversación de las dos esposas reales, en especial de Maat, sólo la llenaban de cólera y rabia. Tenía que hacer algo para separar a Maat de Aten y rápido. Al principio creyó que sus planes habían sido arruinados por aquella chica romana Basilisa, pero ahora que ella se fue ya no tenía más competencia, a excepción de Maat.

– Debo separar cuanto antes a esa asquerosa arpía de Aten. ¿Pero cómo? ¿Cómo? – siseó con rabia la pelimarrón. – Tiene que ser un plan perfecto, aprovecharé que los hijos del Faraón Akenatón, la arpía esa y Aten vayan a ese estúpido paseo para así idear mi plan perfecto. Sí, eso es lo que haré.

*…*…*…*…*…*…*…*…*

Antes de que Maat fuera a su habitación decidió en hacer una parada a la habitación de la griega Dione.

Al abrir la puerta de la habitación se encontró con la hermosa mujer comiendo algunas frutas que le trajeron las sirvientas. Al sentir que alguien la observaba, Dione giró su cabeza sobre su hombro izquierdo y vio en la entrada de su recamara a la hermosa princesa.

– Princesa. – nombró la griega el título de la azabache mientras que ella entraba a la habitación.

– ¿Cómo te encuentras Dione? – preguntó Maat.

– Me encuentro bien, gracias por preguntar Princesa. – replicó educadamente la griega. – Las heridas en mi espalda ya no duelen tanto como lo de aquella vez.

Aquello hizo sentir a la Portadora de la Mariquita un golpe en la boca del estómago. Sintió culpa y rabia por el mal trato que había recibido esa inocente mujer.

– Lamento que tuvieras que pasar por ello Dione. – dijo con sinceridad y, a la vez, tristeza Maat.

– Princesa no se culpe, usted no tiene nada de que culparse ni mucho menos preocuparse de una extranjera.

– Claro que debo hacerlo. – espetó la azabache sorprendiendo a la mujer. – Aunque usted sea una extranjera de otras tierras no debieron haberla tratado de esta forma inapropiada, mira que culparla de un crimen que usted no cometió. Aun no puedo creer que esas mujeres egipcias no tengan vergüenza o el descaro de disculparse por sus crueles actos que le hicieron pasar.

– Y yo aún no entenderé en porque prefieres defender a un extranjero y no seguirle la corriente a tu pueblo. – comentó Dione a la chica, fue en ese momento en que Maat le dio su respuesta clara y justa.

– Te diré porque lo hago. Porque no quiero que gente inocente sean aborrecido sólo porque sean extranjeros y que provengan de otras tierras. Todos merecemos el mismo respeto y ser tratados como personas; se me hace tan injusto y estúpido que mi propio pueblo trate a los extranjeros como si no valieran nada en este mundo. En tan sólo pensar y ver eso me llena de cólera y rabia; es por esa razón que quiero hacer cambiar los pensamientos de mi gente, quiero que ellos vean que los extranjeros son iguales como nosotros; personas que tienen derechos y sentimientos.

– Si te llegan a escuchar decir eso te van a una mujer loca y traicionera. – sonrió débilmente la griega a la Princesa de Menfis.

– Prefiero que me consideren una mujer loca y traicionera a ser una mujer ignorante e hipócrita. – replicó divertidamente Maat.

– Eres rara y muy diferente a las demás mujeres egipcias que he conocido.

– ¿Y eso significa? – alzó una ceja Maat mientras que Dione esbozaba una sonrisa divertida.

– Que me agradas. Como dije, eres diferente a las demás egipcias; ellas deberían aprender mucho de ti Princesa. – alagó la griega.

– Sólo dime Maat cuando estemos solas. – aclaró la azabache a la mujer.

– Pero sí lo hago estaré en problemas si alguien me llega a escuchar nombrarla así. – dijo con un cierto tono de temor Dione pero Maat la calmó.

– Entonces tendrá que pasar sobre si alguien osa con lastimarte Dione. Es más, sí alguien osa levantar tu mano contra ti descargaré mi furia contra el atacante.

– No sé qué decir en estos momentos. – la griega miró agradecida a la princesa mientras que ella le dijo.

– No tienes nada que agradecer Dione, es más, quiero invitarte a dar un paseo por el Nilo en bote. – la expresión de la mujer decía mucho; su mandíbula parecía chocar contra el suelo y su mirada estaba completamente dilata que en cualquier momento sus ojos le saldrían de sus cuencas.

– ¿Usted? ¿Quiere invitarme a mí, a una extranjera, a un recorrido en el Nilo en barco? – la pobre griega estaba completamente anonadada haciendo que Maat riera divertida.

– Así es. Has estado por muchos días en reposo de estas cuatro paredes de la habitación que mereces tomar aire fresco. ¿Qué te parece la idea?

– Pues… no sé qué decir… digo es la primera vez que alguien de la realeza me invite a dar un paseo por el Nilo. – comentó Dione entre emocionada y sorprendida.

– Pues no se diga más. Enviaré a alguien a que te vista de la mejor tela, yo más tarde vendré por ti para llevarte a nuestro paseo. – comentó Maat mientras veía un brillo de emoción en la griega.

– Gracias Maat. – agradeció la mujer a la egipcia.

– Por nada Dione. – replicó ella antes de salir de la habitación.

– Fue un lindo gesto de tu parte invitar a Dione a ese paseo en bote Maat. – comentó Tikki a su portadora.

– Así es… sólo espero que esto no le moleste a Ajesenamón y su hermano. – suspiró ella preocupada.

– No lo harán Maat, desde que Dione piso el palacio tanto Ajesenamón como Tutankamón han cuidado de ella porque ellos vieron en ti lo bondadosa que eres con las demás personas. – dijo la kwami con muchos ánimos.

– ¿Tú crees eso Tikki?

– Por supuesto Maat, tienes un gran corazón y se nota que te preocupas muchos por los demás.

Maat miró con cariño a su amiga mientras le acariciaba tiernamente su cabecita mientras que ambas se dirigían a la habitación para que la azabache se arreglara para el paseo.

*…*…*…*…*…*…*…*…*

La familia real junto a Chione y Dione se encontraban navegando y disfrutando su paseo en barco por las tranquilas del Rio Nilo. La pareja de esposos y los hijos del Faraón escucharon tantas anécdotas divertidas y sorprendentes que Dione les contaba cuando ella aún vivía en Grecia; desde su infancia hasta su juventud. Entre tanto Chione tenía una mala cara de tan sólo ver a Maat siendo abrazada por su ex-prometido no podía evitar sentir una rabia y, a la vez, sentir su sangre hervirle de los celos.

Tenía que idear un plan y rápido, el tiempo corría rápido y cada minuto que pasaba era su perdición de capturar nuevamente el corazón de Aten. Pero qué.

¿Qué plan debía poner en marcha para separar de una vez y por todas a Aten de Maat sin que éste la despreciara?

En ese momento una sonrisa macabra y fría decoró sus labios carnosos mientras que su mirada observaba fijamente a Maat, ya tenía el plan perfecto para separar a esa azabache del Príncipe de Tebas; sólo tenía que esperar la hora en que ella se separara del grupo y, así, llevar a cabo su plan.

Poco tiempo después Maat le avisó a Aten que ella iría a estirar las piernas debido a que éstas ya las sentía dormidas después de estar tanto tiempo sentada, el príncipe le dijo a su esposa que la acompañaría; pero ella se lo negó pues Aten se encontraba en medio de una conversación junto a su amigo relatando su tierna y divertida infancia, cosa que a Auset y a Dione les dieron bastante ternura aquella historia de ambos amigos; en fin; cuando le había negado aquello a su marido éste volvió a insistirle pero luego de unos segundos Maat le había convencido de que ella sólo caminaría un rato y que luego regresaría a su lado, antes de que la Princesa de Menfis se retirara de la mesa inmediatamente el Portador del Gato le implanto en un beso en los labios de su mujer haciendo que ella se sonrojara al extremo mientras lo regañaba por aquella ocurrencia y, bueno, también porque los parientes y amigos de ellos lo miraron con picardía y ternura, a excepción de Chione.

Una vez que Maat se había retirado del lugar, la mente de Chione comenzó a procesar el plan que tenía ocurrido en ese momento; la chica decidió por esperarse unos segundos o minutos para también retirarse de la mesa, al cabo de uno o dos minutos la pelimarrón se levantó del lugar fue en ese momento en que Auset la vio pararse.

– ¿Chione sucede algo? – preguntó la sacerdotisa.

Maldita sea de esa sacerdotisa entrometida, ¿Y ahora qué digo? – se preguntó así misma Chione mientras comenzaba a improvisar su mentira. – N-No m-me siento nada bien, i-iré a recostarme un rato. Ustedes sigan con su plática y diversión.

– ¿Está segura Chione? Sí quieres podemos regresar al palacio. – comentó Aten a su amiga mirando como ella comenzaba a palidecer.

– ¡No! – gritó ella sorprendiendo a todos, luego volvió a recomponerse para luego decir en un tono calmado. – Quiero decir, no es necesario que hagas eso Aten; además no quiero que por mi culpa hagas sentir mal a Maat, después de todo la de la idea de pasear en bote por los ríos del Nilo fue de ella. ¿No es así?

El Príncipe de Tebas puso expresión culpable mientras que su corazón se oprimía a su pecho al imaginarse a su esposa con una mirada triste y decepcionada.

– Tienes razón Chione, sería de egoísta de mi parte que le haga eso a Maat. Es por eso que una vez que ella regrese de caminar le preguntaré si volvemos al palacio; por el momento dejaré que disfrutemos el viaje que ella nos hizo. – dijo con toda claridad el muchacho.

– Gracias por entender. – dijo Chione mientras se retiraba de la mesa para luego irse al otro extremo del barco en donde se encontraría un dormitorio.

Pero claro que ella no entraría ahí sino que la pelimarrón comenzó a buscar a la azabache por algunas partes del barco no tardo menos de 20 a 25 segundos cuando por fin la encontró en la parte trasera del barco y observando el bello y exótico panorama del reino de Avaris; Chione, oculta de la vista de los guardias y de los sirvientes, se aseguró de que nadie la viera ahí mismo espiando a la Princesa de Menfis, al ver que no había moros en la costa, ella caminó directamente hacia Maat sigilosamente.

La hermosa azabache no había notado la presencia de Chione, su mirada azulada se encontraba hipnotizada por el bello paisaje de la ciudad a través del viaje en barco. Entre tanto, la pelimarrón se acercaba muy sigilosa y cuidadosamente hacia la princesa sin que ésta aun no notara de su presencia; Chione revisó por última vez si no había en el entorno del barco esbozando a la vez una sonrisa llena de malicia y fría, la muchacha aguantó su respiración mientras sentía como el corazón comenzaba a acelerarle que hasta sentía retumbar sus oídos de la adrenalina. De un momento a otro, Chione empujó con todas sus fuerzas a Maat a la borda que a su vez ella alcanzó a soltar un fuerte grito que apenas se alcanzó a escuchar alarmando a algunas del barco. La pelimarrón corrió apresuradamente mientras que su mente procesaba de lo había hecho, aquella imagen de aventar a Maat al Nilo le había sorprendido. Sin que ella se diera cuenta había llegado a la mesa donde se encontraba los amigos y familiares de Aten.

– Chione, ¿Te encuentras bien? – preguntó Ajesenamón un tanto confundida de ver a la amiga de la infancia de su primo completamente pálida, sudorosa e hiperventilando como nunca antes.

– Yo… s-sí. – tartamudeó ella.

– ¿Estás segura? Estás pálida. – dijo Aten a la muchacha.

– Debe ser porque estoy… – al momento en que ella iba a mencionar algo los gritos de algunos sirvientes y guardias llamaron la atención de la familia real y los invitados.

– ¡Príncipe Akhenaten! ¡Príncipe Akhenaten!

– ¿Qué sucede? ¿Por qué gritan de esa manera? – preguntó el rubio a los sirvientes y guardias algo confundido, pero, una parte de él comenzaba a alarmarse.

– ¡Es su esposa! ¡Jumoke-Meri-Maat ha caído a las aguas del Nilo! – gritaron alarmados las personas.

Algo dentro de Aten comenzó a temblar y poco a poco derrumbarse, mientras que un profundo miedo empezó a recorrerle por todo su cuerpo. Inmediatamente él corrió hacia la dirección donde los guardias le habían dicho en la dirección donde había caído su esposa; la imagen de su mujer ahogándose en el Nilo lo alarmo más al príncipe que al momento de llegar a la borda él rápidamente se lanzó al río, sin importarle de que él perdiera algunas de sus joyas o que sus finas y caras ropas se mojaran y se arruinaran, lo único que a él sólo le importaba era el bienestar de su esposa.

En ese momento, la buena suerte de Aten estaba de su lado apenas vio a su esposa intentando conservar la calma a la vez de contener un poco de aire cuando las aguas chocaban contra su rostro.

– ¡MAAT! – gritó el nombre de su amada mientras nadaba hacia a ella.

– ¡Aten! – gritó ella el nombre de su marido aliviada.

– ¡Maat sujétate bien! – dijo con seguridad y seriedad el príncipe mientras tomaba a su mujer con fuerza de la cintura, entre tanto ella se aferró al cuello de su marido, con la ayuda de la débil corriente el rubio nadó hacia la orilla mientras que la adrenalina aun recorría por todo su sistema.

Al llegar a la orilla del río, Aten trato de separarse de su esposa para saber si ella no estaba gravemente lastimada, entre tanto Maat aún continuaba aferrándose a su marido mientras temblaba del miedo.

– Maat, necesito que te sueltes de mí para revisar si no estás herida. – comentó el Príncipe de Tebas pero ella se había negado.

– N-No quiero hacerlo.

– Maat. – la llamó él con un poco de seguridad. – Estamos a salvo, ya no estamos cerca del río, por favor, necesito que te sueltes de mí y revisarte amor. Necesito saber si estás bien.

La Princesa de Menfis poco a poco se empezó a separarse de su esposo, Aten, al ver que la mirada azulina de su mujer reflejaba miedo, pánico, pavor y sobre todo temor no pudo evitar sentir una rabia, cólera y tristeza en su ser. El rubio empezó a revisar cada parte del cuerpo de su amada azabache y al no encontrar ni una cortadura o un golpe en su cuerpo él suspiro aliviado.

– Gracias a Ra que estás bien. – dijo él aliviado mientras abrazaba nuevamente a su esposa. – Nunca vuelvas a hacerme esto de nuevo Maat… por favor.

– Lo siento. – dijo con una voz entrecortada la joven mientras se aferraba al abrazo protector de su esposo.

Al cabo de unos minutos la guardia real junto con los amigos y familiares de los esposos llegaron hacia el lugar en donde se encontraban ellos; Auset abrazó inconsolablemente a su amiga mientras que las lágrimas de la sacerdotisa no paraban de salir de sus ojos, por el simple hecho de que pensó que ella hubiera perdido a su mejor amiga y casi hermana en aquel viaje; Ajesenamón suspiró aliviada al saber que tanto Maat como su primo se encontraban sanos y salvos; Tutankamón miró sospechosamente a cierta pelimarrón quien con su faceta de niña "preocupada" y "aliviada" pudo ver en su mirar rabia, desprecio, enfado y aborrecimiento hacia la azabache.

Tendré que hablar muy seriamente con ella. – se dijo para sí mismo el Príncipe de Avaris sin quitar la mirada de encima de Chione.

– Será mejor regresar al palacio cuanto antes querido hermano, Ra ya está en el punto más alto del cielo y Jumoke necesita descansar después de lo que acaba de pasar. – sugirió un Ajesenamón a su hermano Tutankamón.

– Tienes razón querida hermana, ha sido un día de muchas emociones para la esposa de nuestro primo. – concretó el Príncipe de Avaris a su hermana.

– Por favor no se preocupen por mí, ustedes pueden seguir continuando con el viaje. – interrumpió en ese momento Maat pero antes de que Aten pudiera decirle algo a ella Auset se le adelantó.

– ¡Por el amor de Isis, Maat! ¡¿Acaso estás loca?! ¡¿Cómo puedes decir algo como eso?! ¡Casi te ahogas en las aguas del Nilo!

– Auset tiene razón Princesa Maat, por este viaje casi usted pierde la vida. Gracias a Ra e Isis que la protegieron en ese momento junto al Príncipe Akhenaten. – comentó Nour a la azabache.

Por mí que se muriera ahogada y siendo devorada por lo cocodrilos. – pensó Chione con rabia y sin quitar aquella faceta de niña "buena" de su rostro. – Y a todo esto, ¿Maat cómo fue que terminaste en el Nilo? – preguntó sin descaro la pelimarrón.

– ¡Chione! – todos llamaron la atención de la muchacha, pero Maat optó por decirle su punto de vista.

– Resbale.

– ¿Cómo que resbalaste Maat? – preguntó Aten a su mujer, ella lo miró fijamente y le dijo.

– Así como lo escuchas Aten, estaba tan sorprendida de la belleza de Avaris que me no medí mi distancia de la superficie del bote y caí. – explicó ella detalladamente.

– Pues debido a eso casi mueres. – el corazón de la azabache se le encogió al ver la tristeza, el dolor y el miedo en la mirada esmeralda de su marido.

– Lo siento. – dijo ella con tristeza.

Aten soltó un leve suspiro mientras que su corazón volvía a tener una tranquilidad de alivio, abrazo a su esposa y le dijo al oído en un tono bajo y tranquilo.

– Volvamos al palacio Maat.

La chica no dijo nada solamente afirmó ella con su cabeza.

*…*…*…*…*…*…*…*…*

Al llegar al palacio, Aten llevó a su esposa a su habitación mientras que Ajesenamón y Tutankamón se dirigieron en dónde se encontraba su padre sobre al respecto de lo que había pasado en el paseo a barco; cosa que para Akenatón le enfureció y, a la vez, le preocupó por el bienestar de la azabache. Entre tanto, Chione, quien ya se encontraba en su habitación, estaba hecha humo mientras mascullaba con rabia miles de maldiciones hacia la esposa de su ex-prometido. Gruesas lágrimas de rabia y cólera se deslizaron por sus mejillas mientras que su molesto y lastimado corazón se estrujaba cada vez más a su pecho.

– Maldita seas Maat, ¿Por qué no te moriste en el momento justo? – gruñó llena de rabia la pelimarrón. – ¿Por qué tuviste que entrar en la vida de Aten y en la mía? Si no te hubieras entrometido, si no hubieras nacido… en este momento… en este momento Aten y yo ya estaríamos casados y gobernando felizmente Tebas. Pero no. Tuviste que ultrajar mi lugar como la Esposa Real. ¿Por qué no puedo ser feliz tan siquiera un poco a tu lado Aten?

La chica sollozó con suma cólera mientras cayó de rodillas en la soledad de su habitación.

Mientras tanto en la habitación del matrimonio…

– ¿Aten cuantas veces tengo que decirte que dejes de exagerar? – preguntó una irritada Maat encontrándose en cama y siendo abrazada sobreprotectoramente por su marido.

– 59 veces y contando. – comentó él ridículamente. – No te soltaré por ningún motivo alguno Maat.

– Aten, el peligro ya paso. Además nada malo me va a pasar mientras que este aquí en la habitación y en el palacio resguardado de guardias. – comentó ya bastante irritada por tratar de separarse de su amado pero le había sido inútil por realizar ese cometido.

– Di todo lo que quieras Maat pero no te soltare. – comentó el príncipe aferrándose más a ella.

– Argh, tan siquiera déjame tomar algo de agua que estoy muriendo de sed. – grabe error a decir eso Maat grave error, pues debido al escuchar eso por parte de su esposa, Aten, se alarmó.

– ¡No! ¡No permitiré eso! ¡No voy a permitir que mi amada esposa sufra o muera de sed! – gritó paranoico Aten mientras se había separado de Maat, lo cual para ella fue un gran alivio y un peso menos de encima.

– Por fin. – agradeció ella enderezándose sobre el colchón.

En un santiamén el Portador del Gato ya se encontraba a un lado de la cama con una copa de agua entre sus manos y ofreciéndosela a su amada azabache.

– Aquí tienes Maat.

– Gracias. – ella tomó la copa y bebió la fresca de ella. – Vaya que estaba sedienta, la copa ya está vacía.

– ¿quieres que te llene la copa Maat? - preguntó su esposo por la cual ella se lo negó.

– Estoy bien así, gracias por todo lo que has estado por mi Aten. – ella le dedicó una tierna y cálida sonrisa haciendo que el corazón del príncipe le latiera a mil por hora a la vez de que un rubor decorara sus mejillas.

– No tienes nada de que agradecer Maat, eres mi esposa y mi única mujer; sería un mal marido si no atendiera a las necesidades de la mujer a quien amo y cuido con todo mi ser. – Aten se incoó a un lado de la cama y tomó con sumo cuidado y gentileza la mano de su esposa mientras le depositaba en ella besos infinitos. – Lo que paso en el Nilo fue un gran golpe y susto que siempre llevaré en mi memoria, pensé que te perdería Maat… pensé que sería el siguiente hombre quién perdería a su esposa; mi padre perdió a su esposa más amada, al igual que mi tío también perdió a la mujer a quien siempre amo y amará por toda la eternidad. En tan sólo de pensar que casi te pierdo de brazos juro que sentí que algo dentro de mi iba a corromperse del dolor y de tristeza; no quiero volver a pasar por eso otra vez; no quiero ni siquiera imaginarme qué es lo que sería de mi sin ti Maat; no quiero volver otra vez a la soledad.

– Aten… – unas lágrimas cayeron de los ojos azulinos de la princesa al escuchar aquellas palabras destrozadas y tristes de su marido, ella colocó sus manos sobre su pecho mientras podía sentir su propio corazón estrujándose del dolor y lástima que le profanaba hacia su marido.

– Lo siento, te he hecho llorar por mi culpa. – Aten retiró aquellas lágrimas de su amada mientras que de un momento a otro ella se abalanzó contra a él para abrazarlo tierna y protectoramente.

– No… soy yo quien debería disculparse contigo Aten, por culpa te he hecho sentirte mal y triste… juré que jamás te lastimaría y mira lo que hago… he faltado a mi palabra hacia mi marido. Perdóname, perdóname por haberte hecho sentir mal Aten. Si no hubiera sido tan descuidada y distraída probablemente esto no te estaría pasando… soy una pésima mujer y esposa que no debería…

Para en ese entonces Aten la calló con un beso en los labios, se separó de ella y la miró entre serio y gentil a la vez.

– Jamás vuelvas a decir eso de ti Maat, no quiero volver a escuchar negatividades sobre ti misma. Todos cometemos errores en esta vida, nadie, ni siquiera nosotros somos perfectos Maat. Si hay un culpable aquí ese soy yo porque mi deber como esposo es proteger y velar el bienestar de su esposa. – comentó el Portador del Gato a la Portadora de la Mariquita quien no dejaba de observarlo con vergüenza y culpabilidad.

– Ja, ambos somos culpables de nuestros actos… ¿No es así? – rió débilmente Maat.

– Tú no pero yo sí lo soy. – susurró el rubio mientras le depositaba otro beso en los labios de su mujer.

La princesa se separó de su marido y ella lo miró y se perdió en aquellos preciosos orbes cual esmeraldas hermosas parecían brillar con los reflejos de los rayos del sol. El corazón de la azabache no podía de parar de latir a mil por hora mientras que sus mejillas adquirían de un color carmesí en ellos. Ella acarició los cabellos de su marido mientras retiraba algunos mechones de su frente, entre tanto, Aten se dejó llevar por la tentativa y gentil acaricia que su esposa le dedicaba a él, sólo a él.

Aten cerró sus ojos mientras se dejaba llevar por aquel desliz de esas manos perfectas y pequeñas que su esposa poseía, luego él sintió como unos labios suaves y cálidos le habían depositado un beso en su frente haciendo que al príncipe suspirara relajado y soñadoramente.

– Te amo Aten. – dijo Maat a él.

– Yo también Maat. – replicó Aten a ella.

Ambos se fundieron en un abrazo y, a su vez, en un beso.

Sólo eran ellos dos y nadie más.

Marido y mujer.

Maat y Aten.

Ladybug y Khepera.

*…*…*…*…*…*…*…*…*

Entre tanto en la habitación del príncipe Tutankamón, el mencionado se encontraba sentado muy seriamente en su sillón de oro; mientras que su mente procesaba todo lo que había pasado esa misma tarde en el paseo a bote. Mientras que su mente procesaba aquellas imágenes del "accidente" de la esposa de su primo, Rui se acercó a su portador preocupado.

– ¿Qué es lo que te pasa Tut? Desde del accidente con la esposa de tu primo no has quitado esa cara de serio.

– ¿Y cómo no hacerlo? Hay algo que no cuadra bien en historia Rui. – comentó el Portador del Zorro a su kwami.

– ¿A qué te refieres con eso Tut? – preguntó el zorrito.

– En que Maat no haya resbalado del bote sólo porque sí, es más, a mí se me hace que esto fue intencional. Alguien debió haber empujado a Maat del bote para que así ella cayera al Nilo. Y yo ya tengo mi sospecha de quien fue el causante de todo esto.

Cada vez la seriedad de Tutankamón iba incrementando haciendo que a Rui comenzará a preocuparle y a la interesarle por el comportamiento de su portador.

– ¿De quién sospechas Tutankamón? – volvió a preguntar Rui.

– Chione.

– ¿Chione? ¿No es esa la niña chiflada que tiene como voz de grulla? – el príncipe asintió.

– Si, esa misma. Aunque eso de decirle voz de grulla es algo ofensivo para esas aves.

– Creo que nos estamos desviando un poco del tema Tut, pero enserio dime, ¿Por qué sospechas de ella? – Rui se acercó a su portador mientras que él soltó un suspiro cansado.

– Según lo que yo recuerdo de mi niñez, es que Chione nunca se le ha despegado de encima de Aten cuando eran pequeños, y bueno, antes de que Aten se casará con Maat; él estaba comprometido con Chione, pero su compromiso fue anulado por mi tío para que mi primo se casará con la Princesa de Menfis. – explicó detalladamente Tutankamón a su kwami.

– Además de chiflada, con voz de grulla, es obsesiva y loca. – comentó burlonamente el zorrito.

– ¿Qué te he dicho de que no ofendas a las grullas Rui? Aunque con todo lo demás que dijiste de Chione tienes toda la razón. – rió divertido Tutankamón.

– Bueno cambiando de tema. ¿Qué piensas hacer con Chione? ¿Le dirás a tu primo sobre lo que ella trató de hacerle a su esposa? – el príncipe se quedó pensativo, no por la pelimarrón sino por su primo y su esposa.

– Es muy interesante tu comentario Rui, pero, sí acuso a Chione con mi primo de que ella fue la causante de tratar de matar a Maat probablemente ella se defienda sin ningún problema. A lo que me refiero, es que no hay ninguna prueba de que ella fue la causante de "accidente" contra Maat.

– ¿Y qué es lo que piensas hacer entonces Tut? – preguntó el kwami.

– Simple. Estaré al tanto de lo que haga Chione, sí ella intenta hacerle algo a la esposa de mi primo entonces es ahí que yo la delataré. – sentenció el Portador del Zorro.

– Eso suena interesante, pero hay algo que me preocupa Tut, ¿Cómo vas a saber que Chione intente atacar de nuevo a la Princesa Maat?

– De eso no te preocupes mi querido y pequeño amigo, ya tengo todo planeado para que Chione no siga molestando o intente con lastimar a la esposa de mi primo. – dijo divertidamente el Príncipe de Avaris mientras acariciaba con la punta de su dedo índice la cabecita de su amigo.

– Eso es bueno de escuchar, pero aún sigo pensando que deberías de contárselo a tu primo o a su padre sobre lo que intentó hacer la niña chiflada con voz de grulla. – replicó Rui.

– ¿Cuántas veces debo decirte que dejes de insultar a esas majestuosas aves? – resopló Tutankamón mientras que el zorrito reía divertido.

Mientras tanto en los aposentos del Faraón, Akenatón se encontraba frustrado mientras pensaba en aquella joven de cabellera azabache; al saber que la vida había peligrado un remordimiento junto a la furia se juntó en el ser del hombre. Un recuerdo vago del pasado había sido desenterrado en la mente del Faraón, aquella memoria que por muchos años había intentado de olvidar había regresado a él después de escuchar las anécdotas de sus hijos al decirle sobre el "accidente" que tuvo la Princesa de Menfis en el Nilo. Akenatón soltó un frustrado suspiro mientras recorrió una mano sobre su desnuda cabeza, un nudo se formó en su garganta mientras que en su mirada mostraba una lluvia de sentimientos encontrados y nuevos por así decirlo.

– Maat. Mi hermosa y adorada Maat. Gracias a los dioses que nada malo te ha ocurrido… pero… aun así debí haber estado contigo a tu lado y haberte protegido de las garras de Anubis que por poco te arrebata la vida amada mía. – poco a poco aquella voz calmada fue reemplazada por la rabia y ceguedad de la locura cuando Akenatón se acordó de su sobrino. – Maldito seas Aten, por culpa tuya y por tu descuido casi pierdo a la benévola joven de mis sueños, tú, no deberías ser más su esposo. Ella necesita de un verdadero hombre que la cuide y la proteja de todo aquel que intente hacerle daño. Y yo soy ese hombre quien deba cuidarla y protegerla como el más grande tesoro de todo el Alto y Bajo Egipto.

Noroo al ver todo lo que estaba pasando a su portador comenzó temblar del miedo; el pequeño kwami sintió como un poder oscuro y maligno comenzó a rodear el cuerpo de Akenatón, la pequeña luz que aun mantenía intacta aquel hombre se había extinguido completamente sin quedar nada de aquella existencia de bondad, calidez, esperanza y, sobre todo, del amor que alguna el hombre poseía dentro de su corazón. Una lagrima resbalo de la mejilla de la pequeña mariposa mientras que la esperanza que había resguardado en su corazón se rompió por completo siendo reemplazado por el temor, la tristeza y la decepción hacia a aquel hombre que alguna vez había sido de buen corazón; pero ahora; no era más que sólo un recuerdo del pasado que nunca volvería a ser el mismo de siempre.

– Debo tenerla, debo tenerla, debo tener a Maat. Debo tenerla ahora. – repitió un sinfín de veces el Faraón perdiéndose completamente en la locura y la obsesión.

– La última señal… la corrupción del alma y del corazón. – dijo con tristeza y dolor Noroo mientras lloraba en silencio por la pérdida de su amo. – Ya no hay vuelta atrás, ha sido corrompido por la oscuridad completa y cegado por la locura.

Noroo, oh, pobre alma en desgracia que ha caído en un abismo de tristeza, de dolor y de desesperanza. Tú, pobre alma, que aun piensas que tu destino es ser un esclavo de eterna oscuridad, sin sueños y sin esperanzas; no temas más pequeño Noroo, pues, todo ese dolor, toda esa tristeza, toda esa desesperanza que piensas que tú llevas cargado en tu corazón se desvanecerán; pues; la luz alumbrará cada rincón de ese reinado de oscuridad, la esperanza reinará sobre la desesperanza, y la tristeza se convertirá una vez más en alegría, al igual que el odio se transformará en amor.

No temas pequeño Noroo, pues el bien siempre triunfará sobre el mal.


Y hasta aquí hemos dado por concluido el capítulo de hoy.

Nuevamente les pido a todos ustedes por la todo este periodo que me he estado tardando, pero, debido a que ya estoy a pocos meses de graduarme del cole, la verdad se me ha vuelto muy difícil esto de escribir mis historias y empezar con trabajos, actividades y proyectos que me encargan la escuela; y aún más porque como estoy haciendo prácticas en una primaria salgo muy tarde que llego a mi casa muy cansada.

Pero bueno muy pronto tendré mi recompensa después de todo este tiempo de sacrificio que h estoy haciendo para salir adelante en mis estudios.

En fin, cambiando de tema.

¿Qué les pareció el capítulo de hoy? ¿Ahora que Tutankamón sabe que Chione intentó matar a Maat tendrá el valor de confesárselo a su tío o a su primo? ¿Qué planes tendrá Akenatón para poseer a Maat?

Acepto cualquier tipo de críticas, comentarios, sugerencias, pastelazos, tomatazos, zapatazos, pedradas, cubetazos, o lo que tengan a la mano.

Que tengan un buen día, tarde o noche.

Bye, bye petite papillion.

Atte.: Queen-Werempire.