Silent Hill: Room 302 A Brand New Fear Is Coming.
End ~ Room of Angel.
"Really don't deserve it, but now there's nothing you can do, so sleep in your only memory. Of me, my dearest mother"*
Giré la vista, el demonio se debatía entre la vida y la muerte en medio de gritos, alaridos y exclamaciones contra Dios. Su carne abriéndose más, se estaba muriendo por dentro. Cayó al piso acompañado de un ruido sordo, no supe si había muerto o no. Al parecer no. Sus ojos de color negro se clavaron en mí y yo clavé los míos en él, de pronto el mismo ataqué que alguna vez sufrió Mark, lo estaba sufriendo yo. Percibí como, por dentro, mis entrañas se desgarraban, mi mente conjugaba frases incoherentes, dolía. Desesperada por detener aquella tortura, me revolqué por el suelo, mientras esa lluvia quemaba cada rincón de mi cuerpo.
Sentí como cada hueso se fracturaba, se hacían trizas a cada segundo. Como mis músculos se despedazaban y sangraban por dentro. Ahora aquel líquido rojizo salió de mi boca y nariz, saboreé el nauseabundo saborcillo a hierro. Era insoportable.
Grité como nunca antes lo había hecho, no había forma en la que pudiese reprimir el dolor, pedí ayuda al cielo, buscando una respuesta que jamás llegó, pero alguien tenía que escucharme, en alguna parte.
Alguien, en alguna parte.
En algún lugar.
No supe cuánto tiempo estuve en ese estado, pero ya no podía más. Finalmente terminé cediendo ante las inclemencias, lo último que pude distinguir antes de ahogarme con mi propia sangre fue una silueta femenina acercándose.
— ¿Ma-Mami?
«No quiero morir…».
Mi corazón se detenía, podía contar los latidos por minuto, eran menos, cada vez menos, la sangre poco a poco dejaba de circular por mi torrente sanguíneo, como una carretera que pronto se sume en la congestión en hora pico. Mi cerebro comenzaba a desconectarse lentamente, cada terminal nerviosa era arrancada de cuajo y sin miramientos. Percibí el vacío llenando mis extremidades inferiores, ya no podría ponerme de pie nunca más y ese pensamiento hizo que mi cuerpo convulsionara de frustración, las lágrimas rodaron desde la comisura de mis ojos hasta el cabello revuelto y las rejas en mi espalda «Mami ayúdame… por favor, ayúdame…».
Cerré los ojos tan lentamente que pareció una eternidad cuando la oscuridad se apoderó de mi cabeza, intenté tragar saliva y sangre acumulada en mi boca, no me importó mucho tener que hacerlo, era la única forma en la que permanecía consiente mientras el hormigueo se adueñaba de mis manos hasta hacerlas desaparecer. Sabía que mi cuerpo estaba llevando la sangre a otros puntos con tal de salvar los órganos vitales, sólo para asegura mi supervivencia unos minutos más.
De pies a cabeza estaba quedando inerte pese a los esfuerzos de mi fisiología, era como el poder de la mente sobre el cuerpo, cuando la mente decide no continuar el cuerpo sigue luchando contra ese sentimiento y eventualmente cede por la falta de reacción del cerebro ante los estímulos. Eso era lo que estaba ocurriendo conmigo en este momento.
Me había dado por vencida, había dado la orden a mi mente y ésta a mi cuerpo, pero él no quería irse sin dar una batalla primero. Lo odié por eso.
Jadeé y arqueé la cabeza suavemente, mis pensamientos se convirtieron en conciencia pura, las imágenes venían a mi mente, algo cercano al popular dicho de ver pasar tu vida en un segundo antes de morir. Superfluos e inmateriales los pensamientos en mi cabeza eran proyecciones inconexas de mi aventura e incluso de mi pasado, imágenes sin ningún sentido arrojadas como último recurso de cordura y una luz, tremendamente brillante y celestial. Y me esforcé por recordar que no es al cielo donde pertenezco, sino al mismísimo infierno, donde las almas son castigadas por sus pecados y jamás encuentran redención.
Hasta ahora me di cuenta de que siempre pertenecí allí, a aquel camino de espinas dolorosamente clavadas al cuerpo. A las llamas que queman, pero no hieren, con el único fin eterno de provocar dolor y nada más. A este mundo de cristal polarizado donde podemos ver a las personas, pero ellos no a nosotros. Donde los muertos reniegan que alguna vez vivieron, donde se pagan las culpas, donde todos temen ir.
"El infierno." Susurré admirando la belleza armónica y demencial del sitio, buscando una palabra que englobara ambas en una sola sin hallarla del todo. "Pero que deliciosa palabra ¿No crees? Sensual, casi rozando la vulgaridad, pero aun conservando un estandarte de elegancia. Aquellas sensaciones que jamás podrás olvidar, se te graban en la piel como las cicatrices que siguen sangrando, aquellas que nunca cerraran del todo y que siempre buscaran una forma de ser reabiertas. Tal vez el infierno, el nunca bien ponderado infierno, no es más que el reflejo del sufrimiento de aquellos que ya no viven."
Aquí todo parecer ser tan cálido, parece ser tan dantescamente hermoso.
De nosotros, los muertos.
Nosotros que abandonamos nuestro cuerpo material para trasladarnos a un lugar donde las inclemencias de la vida en realidad pasan a ser algo llevadero. Aquí es donde las personas se reencuentran. En este bosque que nos habla, en esta luna de color carmesí que parece llorar por nosotros, derramando lágrimas de sangre. Aquí donde las mariposas nocturnas son algo hermoso, brillan. Puedes escuchar el crujir de tus pasos sobre la tierra, se acercan, están cerca, muy cerca.
"¿Lo oyes? ¿Lo sientes?" Me pregunté cuando las ramas crujieron bajo mis pies, fue como susurrarme al oído en un intento de seducir a mi mente. "Los ángeles se niegan a venir aquí, nos temen. Ahora, aquí, no vamos a hacer ningún ruido."
Silencio.
"Hagamos de este sitio un silencioso infierno ¿Te parece?" Levanté los ojos para ubicar la voz secundaria con eco en toda la estancia. Más allá del prado de narcisos estaba la figura de Walter, esperándome, el fondo, un cielo anaranjado, parecía el perfecto telón para una parte del mundo tan especial como este. "La mejor y la más hermosa de nuestras pesadillas. Dame tu mano, te guiaré por el sendero que te llevara a lo más profundo del averno. Allí, donde el cielo parece aún más cercano. Donde tus inhibiciones quedaran atrás."
"He venido a tu mundo, aquí, donde todos somos inmortales." Él asintió, yo sonreí. Nuestra complicidad fue mágica, fantasiosa e infantil, por un momento solo fuimos nosotros hasta que el viento sopló con fuerza, levantando los pétalos blancos, la oscuridad se movió en medio de las varas rígidas de las flores. "Conozco un lugar sin nombre, un camino que no ha sido tallado, un nombre que jamás fue dicho. He visto fantasmas que jamás existieron ¿Quieres conocerlos tú también?"
"¿No tienes miedo?" Intentó persuadirme de manera fraternal, como si eso fuese suficiente para detenerme, cómo tener miedo estando muerta.
"No lo creo, estaremos más juntos que nunca, después de todo la familia se vuelve a reencontrar. El infierno jamás se vio tan bien." Contesté. "O es qué tú le temes a algo."
"Estás loca, vas a hacer que nos expulsen a ambos de nuestro propio paraíso." Sus labios se curvaron en una pequeña mueca de autosuficiencia, entrelacé mis dedos con los suyos, ya no podía distinguir si él estaba frío, ya que mis manos estaban tan heladas como las de él. Pero antes le dediqué una mirada en blanco al cuerpo sobre el piso. Mi cuerpo material sigue ahí en medio de las rejas, desangrándose, dando los últimos estertores. "Oh, pero que cara más triste."
"Es una pena, que ellos no estén aquí" Dije con algo de tristeza. "Al menos… ellos estarán bien."
"Claro que sí, déjalos que se regocijen en la gracia de Dios." Me tiró de la mano para que siguiéramos por el sendero lleno de flores. "¿O prefieres quedarte?"
"De ningún modo me quedaría." Negué y me dejé guiar por él. Algo se estremeció dentro de mi cuando franqueamos juntos el umbral hacia un lugar diferente. Descendiendo una escalera de caracol que nos trasladaba hasta la puerta del apartamento trescientos dos.
El lugar donde siempre pertenecimos.
La tormenta cayó furiosa sobre las calles de Ashfield, un trueno atravesó la ciudad tan estrepitosamente que nadie pudo oír cuando Laura dejó caer un vaso sobre la cerámica de la cocina del departamento trescientos dos. Una mano poderosa se aferró a su delgado cuello, elevándola apenas del suelo, intentó zafarse rasguñando la mano del agresor, pero fue inútil. El hombre alto de aspecto terrorífico, con cicatrices en la frente y el cabello gris apretó con más fuerza mientras blandía una pequeña daga curvada sobre el vientre de la mujer desde la boca del estómago hasta el ombligo. Laura sintió un dolor terrible antes de quedar quieta, con los ojos en blanco, sangrando por la boca y la profunda herida de su estómago.
Iudex la dejó caer como un costal de papas, observando el corredor del apartamento, sus pasos ligeros no se escuchaban por lo que no fue sorpresa ver la cara de Henry cuando el hombre ingresó al cuarto con la daga goteando. Henry se lanzó sobre Eileen cuando el atacante intentó dañar a la mujer. El resultado fue su propia muerte, con el pulmón perforado, ahogándose en su sangre y el colapso de todos los órganos.
Eileen intentó luchar, pero las fuerzas se habían ido hace bastante tiempo como para poner la resistencia suficiente. Iudex fue casi piadoso con ella, le dio una muerte rápida y se quedó a su lado cuando la muchacha dejó de moverse sobre la cama, sólo entonces se puso de pie, el ruido de las bisagras de la habitación le llamó la atención, en el umbral estaba parado Josh, a contraluz la quemadura en su rostro le dio un aspecto aterrador.
—Está hecho, el infierno se disipa. Todo vuelve a la normalidad —Susurró Iudex antes de sonreír al hombre parado en la puerta—. Parece que todo ha salido bien. Hayley también murió. Te dije que podías confiar en mí.
—Tal vez, quizás eras tú quien no debía confiar en mí —Iudex levantó los ojos para enfocarlos en Josh, frunció el ceño buscando el significado de las palabras del joven. Cuando Josh levantó un revólver hacia su rostro, él comprendió el mensaje.
—Carer…
—Mi nombre es Josh —Dijo antes de disparar el arma, el cuerpo de Iudex se arqueó sobre su eje y cayó sobre la cama junto al cuerpo de Eileen y Henry. Acto seguido Josh salió del cuarto con rumbo a la sala donde el agujero en medio de ella había desaparecido y la realidad se apoderaba de la estancia.
Tomó asiento en el único sillón que no estaba trabando la puerta la cuál era tocada frenéticamente por alguien en el exterior, parecían ser policías y su abuelo llamando a Hayley desde el pasillo. Josh levantó el arma posicionando el cañón todavía caliente bajo su mentón. Vio su reflejo en la ventana y le causó gracia a pesar de que sus ojos estaban cubiertos de lágrimas que caían sin control.
—Lo siento… —Susurró antes de apretar el gatillo.
—Este es Mr. Italian-Sauce con las noticias que no son para nada buenas. Existe gran conmoción en Ashfield por la tragedia ocurrida anoche en el edificio de apartamento de South Ashfield en el cual murieron cinco personas dentro de las cuales se encontraba el nieto del intendente del lugar, Josh Sunderland, quien desapareció la semana pasada. El informe preliminar de la policía dicta que el joven cometió suicidio, mientras que otras tres víctimas fueron asesinadas con un arma blanca hallada en el lugar, se dice que ellas fueron asesinadas por la quinta víctima, un hombre que sigue sin identificación y que recibió un disparo en la cabeza por la misma arma que usó el nieto del superintendente ¿Cómo ocurrió la seguidilla de hechos? Ese es un misterio que la policía sigue sin esclarecer. Un detalle bastante extraño era que ninguna de las víctimas era el propietario del departamento, incluso dos de ellos eran antiguos inquilinos del edificio, sin embargo, la dueña, identificada como Haley Mishell, fue hallada muerta en extrañas circunstancias en el gran incendio que azotó a la localidad de Silent Hill esa misma noche, aparentemente desangrada junto al pastor de la comunidad, el señor Mark Sullivan. Si ustedes me preguntan si esto es una coincidencia, yo diría que no lo es aunque eso me haga erizar los vellos de la nuca, sé que hay algo más oscuro detrás de todo esto —Hizo una pausa—. En fin, los funerales serán en tres días más, tiempo que tienen los médicos forenses para esclarecer las pistas del caso. La congregación eclesiástica de Ashfield y Silent Hill han unificado fuerzas y esta tarde se hará una gran ceremonia en memoria de las víctimas, a la cual todos están cordialmente invitados a un momento de oración y recogimiento.
Un mes más tarde Nikola apagó la radio del vehículo cuando aparcó en el estacionamiento a las afueras del casi derruido y abandonado edificio de apartamento de South Ashfield. Tras la muerte del superintendente una semana más tarde de los funerales de su nieto, el edificio había quedado sin administración y los inquilinos se habían marchado uno tras otros, aterrados por los extraños sucesos paranormales del lugar, como llantos y gritos en el apartamento trescientos dos, el fantasma de Josh rondando por las escaleras y el hall central, el aroma a carne putrefacta que emanaba de las paredes y los inexplicables focos de incendio que se formaban de vez en cuando en ciertas partes del complejo.
Nikola bajó del coche subiendo hasta el tope el cierre de su chaqueta, el lugar tenía un aspecto tan aterrador incluso con la luz del atardecer, ahora sólo era hogar de ratas y vagabundos demasiado gallardos para pasar la noche allí, se esforzó por recordar que la necesidad siempre tenía cara de hereje. Cojeó sobre el pavimento hasta la ventana rota en la entrada, usando su balance cruzó hacia el otro lado, los grafitis en la paredes decoraban el lugar y el aroma a orina se quedó atascado en su nariz. Las puertas estaban destrozadas y los colchones tirados por todos lados, las telarañas se acumulaban en las esquinas. El sonido de las ratas y el susurro del viento hacía del lugar mucho más aterrador.
Llegó al hall y se vio en la obligación de encender la linterna que había traído, el sonido del cuero de su chaqueta hizo eco y la iluminación espantó a las ratas y él esperaba que también a los fantasmas, al menos al fantasma que había llamado por teléfono esa mañana cuyo rastro electrónico le había traído directo al abandonado edificio.
La voz, que reconoció claramente como la de Mishell, dijo: "Trescientos dos, ven a buscarme, pregunta si estoy allí" todo en medio de la estática, tanto que la frase al final fue un compilado del sonido el cual infirió decía eso. Suspiró, quizás Tom tenía razón y esto era una tomadura de pelo, pero todo llevaba a este lugar y la curiosidad no siempre mataba al gato.
Con cautela de no tropezar subió cada escalón hasta el tercer piso, franqueando la puerta del lugar, viró en la curva del ala y se sorprendió al encontrar una luz encima de la puerta del trescientos dos encendida, como si el edificio tuviese aún electricidad, lo cual no era posible. La puerta del departamento era la única sin derruir y la única que parecía indemne al paso del tiempo, de los rayados con spray y los drogadictos. Nikola sintió que su corazón palpitaba más rápido cada vez que se acercaba hasta estar parado delante de la puerta blanca con los números metálicos empotrados sobre la mirilla. Sintió que alguien le mirada a través de ella. Fijó sus ojos en las hojas amarillas con extraños escritos y símbolos en color rojo debajo de la ranura de la puerta, se inclinó para recogerlos. Eran dibujos e imágenes incoherentes, nada que él pudiese entender.
Se estiró sintiéndose intimidado por la mirilla de la puerta, sin dudarlo nuevamente, levantó la prótesis del brazo para tocar la madera, el metal chocando contra ella era imposible de no escuchar, nada ocurrió, con su mano existente giró de la perilla, pero esta no cedió, al contrario, obtuvo el mismo movimiento de vuelta, dejó el artefacto para retroceder instantáneamente.
Alguien estaba dentro del apartamento. Mirándole. Esperándole.
El corazón casi se le salía por la boca y sus instintos seguían gritando que era mejor alejarse del lugar y jamás regresar, entonces ¿Por qué diablos seguía parado allí?
Pensó en las palabras de la extraña voz en el teléfono. Pregunta si estoy allí.
Nikola tragó duro antes de acercarse nuevamente a la puerta, decidido golpeó con la prótesis la puerta, más fuerte, más potente. Escuchó un sollozo de vuelta y se detuvo, lentamente acercó sus labios a la madera que olía como huevos podridos o carne en descomposición antes de poder articular algo.
—Mishell… ¿Estás allí? ¿Estás allí? —Preguntó en un susurro tan bajo que nadie hubiese podido escuchar si estaba del otro lado y Nikola sintió su sangre helarse cuando la perilla giró suavemente y la puerta se abrió despacio con el sonido desagradable de las bisagras.
Nikola abrió los ojos al notar como en el centro de la destartalada sala había un bulto comode una persona sobre sus rodillas, encorvada con el cabello ridículamente largo cayendo incluso hasta el suelo. La persona se balanceó enfermizamente y el hombre tuvo miedo, aun así continuó.
— ¿Haley? —Logró pronunciar, la persona dejó en el suelo un bulto pequeño envuelto en una manta manchada con sangre seca, suavemente la mano del extraño se posó sobre el bulto y lo corrió lejos de él. Nikola se acercó aguantando el olor a carne descompuesta, miró el pequeño paquete antes de darse cuenta de que se trataba de un bebé de apenas unas semanas—. ¿Haley?
Insistió, el extraño regresó su sucia mano con uñas llenas de tierra a su cuerpo, parecía que se abrazaba a sí mismo y eso estaba matando a Nikola, quien con un movimiento rápido y decidido rodeó al extraño para tocarle el hombro. La persona se inclinó sobre su eje cayendo sobre el suelo. Nikola retrocedió al notar como la persona no era más que un cadáver con el aspecto de una momia seca y el cabello tan largo que parecía haber sido sacado de una mala película de terror, la mueca de dolor en el huesudo rostro no la mejoraba en nada. Nikola tembló, dejándose llevar por pánico, esa cosa se había movido antes de caer inerte sobre el suelo, estaba viva antes de que él la tocara, pensó en la llamada, en la voz de Haley y los extraños sucesos que lo habían traído hasta aquí.
Entonces el bebé se puso a llorar. Nikola desvió su atención antes de inclinarse rápidamente sobre el pequeño bebé envuelto en la manta antes de salir corriendo como pudo del lugar para jamás volver. Cuando logró llegar afuera y sentirse a salvo miró hacia la ventana del trescientos dos donde le pareció ver algo por el rabillo del ojo y ciertamente no se equivocó, parada en la ventana estaba la figura de Haley Mishell, la maldita y muerta Haley Mishell con el rostro inclinado, una sonrisa siniestra en el rostro y la mano apoyada en el cristal como diciendo adiós a él o al pequeño. Nikola sólo atinó a correr para subirse a su automóvil y apretar el acelerador.
Al llegar casa le contó todo lo sucedido a Tom y aunque este no le creyó ni media palabra si le pareció extraño el aparecido bebé en su sala, un niño de ojos azules y cabello rojizo.
— ¿Le has puesto un nombre? —Preguntó Tom meciendo al pequeño bebé en sus brazos, Nikola bajó el vaso con agua azucarada totalmente impresionado de como Tom estaba ignorando su historia de terror.
— ¿Nombre? ¡Nombre! Esa cosa debe ser acto del mismo demonios ¿Cómo voy a ponerle un nombre? —Se puso de pie y Tom le miró fijamente—. No vamos a quedarnos con eso, no después de lo que vi y lo que viví en ese lugar.
—Me gusta el nombre Custos —Soltó Tom antes de sonreír. Nikola no supo qué decir—. Significa guardián. Iremos a comprarle ropa mañana.
Nikola pensó que era una broma de mal gusto hasta el día en que Custos se graduó de la universidad y se dirigió a una fiesta en Silent Hill, lugar de donde jamás regresó.
FIN.
N/A: Cuarto final y en lo personal mi favorito ya que es el malo y es increíble que haya llegado hasta aquí sin morir en el intento, al igual que ustedes. Lo siento sigo pegada con la canción de Lykke Li, I Follow Rivers XD por extrañas circunstancias que no vienen al caso (?)
(*) Fragmento de Room of Angel de Akira Yamaoka
¡Gracias a todos los que han llegado hasta aquí, el siguiente capítulo es especial para ustedes y nos veremos allí un poco más relajados, por el momento gracias por leer!
