N/A: No puedo prometer actualizaciones tan seguido como este capítulo, en esta ocasión la musa me inspiró para escribir rápido. Además de mi conciencia, Melikav (lean sus fics, os lo ordeno... Ok no pero lean, se los recomiendo mucho) que me levantó la moral de una forma que no creo que esté consciente de haberlo hecho.

Este capítulo va dedicado a Freiya, tu puedes con todo, no te rindas!

Y ya por último: respondo todos los reviews, pero para eso necesito que me dejen un correo o que firmen con una cuenta, de lo contrario será imposible. Ahora si, me cayo


Dragon Ball y todos sus personajes pertenecen a Akira Toriyaja y Toei Animation.

INFIDELIDAD.

CAPÍTULO26.

Meditar dentro de la cámara de gravedad, a intensa velocidad, le hacía despejar la mente. Pudo acomodar en bloques sus pensamientos y de esa forma estructurarlos. Cada vez que tenía algún sentimiento humano como dolor, culpa, añoranza; dejaba que una bola de ki le diera en el pecho. El dolor físico neutraliza al del interior, por lo menos por unas horas. Esa técnica para resolver problemas le resultó más práctica de lo que había imaginado.

En uno de sus bloques mentales estaba Myrna con sus mentiras además de la obsesión que podría convertirse en un peligro, después de la amenaza que hizo contra Bulma.

En otro estaba la misma Bulma con el insecto y su infidelidad. Era la primera vez que herían su orgullo de esa forma. Por lo menos si es que antes había pasado no le había tomado importancia. En todo caso le hacía sentirse furioso, era el efecto sobre el que menos control tenía, toda su vida se dejó llevar por ella, como un medio de transporte hacia la cima. Dejó de lado ese bloque, en una esquina apartada de su mente pues no estaba dispuesto a concentrarse en aquello que ocultamente le paralizaba.

El tercer bloque era acuoso, sin la solidez que debería tener y se trataba de su futuro. Sonrió ante esa perspectiva. No tener un destino que lo mantuviera atado era digno de él. De ese bloque podía extraer elementos o ponerlos dentro, era fácil decidir si los quería en él o no. E incluso el material del que estaba compuesto (la incertidumbre) era interesante y le gustaba. Se convirtió en su bloque favorito, el que brillaba con luz fosforescente.

Pero para llegar a él tenía que resolver el presente y eso quería decir terminar los asuntos que contenían los otros dos.

Había algo que mientras más lo meditaba, más seguro estaba: Myrna mataría a Bulma o por lo menos planeaba algo para hacerle daño. De esa forma se haría cargo por él de aquella mujer. No tendría que ensuciarse las manos y acabaría con el problema. Bulma se lo merecía.

Como si fuera una batalla, ella peleaba contra todos, incluido contra él mismo. No entendía por completo cuál era el objetivo de la mujer, pero fuese cual fuese, no se cansaba de perseguirlo; merecía cierto reconocimiento de su parte. Otro aspecto a su favor era forma en la que cerraba sus sentidos para convertir sus pensamientos en imposibles de leer, de esa forma no dejaba que el enemigo adivinara sus movimientos. Aunque por instinto Vegeta sabía que ella mentía, no podía asegurar en qué.

Apagó la máquina de entrenamiento y se dirigió a la cocina. El agua embotellada se estaba acabando así como la comida, pero no era su problema, si se terminaba antes de que Bulma regresara, se iría a otro lugar. Claro, si sobrevivía al ataque de Myrna. Torció la boca ante el pesado sentimiento de preocupación, escuchó en su interior un "no dejes que eso ocurra" pero al ser su parte más humana y por lo tanto la más patética, no quiso hacerle caso.


Yamcha mantenía abrazada a Bulma por la cintura, a pesar de que ésta se sentía un poco oprimida. No es que no le gustara su abrazo sino que estaba acostumbrada a respirar por sí misma. Por momentos se había sentido abrumada con tantas muestras de cariño que le brindaba su… ¿novio? Aún no le habían puesto una etiqueta a su relación, y para Bulma estaba bien, había aprendido a vivir sin títulos de propiedad sobre otra persona, incluso le parecía innecesario. Pero en algunos aspectos tenía que ceder, es decir, Yamcha lo daba todo por ella y en recompensa debía responder cariñosamente.

Dejar de lado a Vegeta le había costado mucho trabajo, de hecho aún venía a ella su imagen demasiado a menudo y el estómago se le revolvía de dolor al recordar por qué ya no estaban juntos. Pero respiraba profundo, sonreía a su amigo (o lo que fuera) y fingía que todo estaba bien, pensando que de esa forma, lo estaría.

Su teléfono sonó pero en ese momento, Yamcha estaba susurrándole palabras dulces al oído, mientras le besaba el cuello por la parte trasera, instándola a repetir los momentos especiales que habían estado viviendo en la cama. Olvidó el celular y se fue con el hombre.

Muy pronto estaban en el lecho, entre vaporosas caricias y besos, algunas palabras dulces para animar a su pareja y luego más besos. La boca del hombre parecía no tener saciedad. Pero cuando estaba a punto de subir a otro nivel, justo cuando su mano se metía rápidamente dentro del vestido de Bulma, ésta abrió los ojos y lo empujó muy suavemente, con ambas manos

-¿Qué pasa?- sin desear que se notara, Yamcha le preguntó frustrado

-Es que… tengo sueño- se excusó la mujer con lo primero que le vino a la mente. La realidad era que se sentía incómoda –perdón, continúa- pidió en voz baja y luego alzó el rostro para buscar sus labios, pero Yamcha se alejó un poco

-No te voy a obligar si no quieres hacerlo- su voz sonó seria y grave, trataba de leer los pensamientos de su compañera, no entendía por qué lo rechazaba. Y era la segunda vez, la anterior había sido mucho más sutil, según ella alguien había tocado la puerta principal después de cerciorarse de que no había nadie, no había vuelto a la cama a retomar lo que hacían.

-Vamos al cine- sonrió intentando desviar la conversación, recibió como respuesta la mirada seria de Yamcha durante tanto tiempo que estuvo a punto de bajar el rostro, amedrentada. Bien sabía que lo que quería el hombre no se parecía nada a ver películas.

-¿Estás conmigo por obligación?- la pregunta le sorprendió. No es que fuera obligada por alguien para estar con él, era más bien como algo lógico, una consecuencia o la reacción sobre la acción. Él la había ayudado y era claro que lo que esperaba era una relación. Ojalá Yamcha no hablara tanto sobre el tema.

-No- su respuesta al parecer no fue convincente, ya que el rostro del otro se volvió suspicaz

-¿Entonces por qué?-

-¿Vamos a discutir sobre el tema?- enarcó una ceja –en lugar de preguntarte la razón, simplemente vívelo ¿no es lo que querías? Estamos juntos ahora, en este momento, y es lo que importa. Deja de hacerte historias en la cabeza y vamos a vivir esta experiencia sin que importe el futuro o el pasado– Yamcha se dejó caer en la cama, boca arriba y se talló la cara con ambas manos. Después de varios minutos de silencio respondió, con un tono más liviano

-Antes debemos ir de compras, la alacena no se llena sola-

-Esa palabra me encanta- sonrió ante la sugerencia, aliviada de no continuar con el tema tan tenso, se recostó a su lado y apoyó el rostro en su pecho. Una hora después, tras una divertida plática sobre el pasado, ambos se desperezaron para salir. En ese momento Bulma recordó que había escuchado sonar su celular –adelántate- le sugirió –no tardo, voy a buscar mi celular y a retocarme un poco

-Está bien, te espero en el auto- resignado, Yamcha buscó las llaves y se adelantó


A una cuadra del nuevo domicilio de Bulma, alguien espiaba la puerta principal, esperando el momento propicio para llevar a cabo su plan. No llevaba nada en las manos, solo furia contenida que le hacía apretar los puños y los dientes. Esperaba poder utilizar ambos como armas.

-Tu demencia no te deja ver que es imposible que lo logres- si se sobresaltó por la voz que le hablaba desde atrás, no lo demostró. Respondió sin volver el rostro, con la mirada fija en su objetivo, aparentando tranquilidad

-No hay nadie que me detenga-

-Está con alguien que en su momento, fue guerrero-

-Tu me dijiste que incuso yo era más fuerte que Trunks-

-Nunca dije eso, dije que se te nota más entusiasmo que a él. Pero tu nivel es tan inferior que no podrías acercártele a un metro de distancia antes de que el insecto reaccionara- En ese momento Yamcha salió hacia su automóvil, provocando una sonrisa torcida en Myrna, que burlonamente respondió

-Ahí está mi oportunidad- Vegeta pudo sentirlo, la mujer incrementó su ki rápidamente, era insignificante pero tenía la cualidad de la furia irracional, que contra una mujer como Bulma, podía ser mortal. Era el momento en el que había meditado: Bulma sería asesinada y sus problemas se terminarían, era lo que más deseaba. No se detuvo a explicarse por qué si le importaba poco lo que hicieran ambas, estaba ahí, detrás de Myrna, viendo cómo su mano cobraba vida propia y detenía a Myrna por el brazo cuando esta arrancaba al ataque, con la cara descompuesta como un soldado que sabe que la siguiente batalla es por su vida -¡Dejame!- gritó fuerte e histéricamente volviéndose hacia el príncipe, intentando zafarse

-No intentes ni siquiera acercártele- Sin mirarla a los ojos, le advirtió, con un tono tan frío como un témpano

-¿O qué? ¿Me vas a matar para impedirlo? No te atreverías –ladró- hace mucho tiempo que dejaste de hacerlo- se burló de él, ciega de rabia, intentaba zafarse con todas sus fuerzas, cada segundo que pasaba era uno menos de oportunidad para atacar.

-Puedo recordarlo- respondió y un brillo rojizo apareció en sus ojos- es una sensación de poder que te alienta a seguir. Sentir la sangre y ver los órganos aún palpitando en los cuerpos…- esta vez la miró y sonrió de una forma tan torcida que le provocó miedo a la mujer. Sintió pánico a tal grado que la boca le supo a hierro, como si saboreara su propia sangre. Pero al mismo tiempo esa actitud tan aterradora le fascinó, el corazón le latió muy fuerte con pánico y excitación incrementando su ritmo cardiaco. Al fin recuperó el habla, frunció el seño y lo miró a los ojos.

-Te odio Vegeta, te odio por cuidarla, porque aún la amas a pesar de haberte engañado. Te menospreció y tu vienes a detenerme. Yo en cambio solo he tenido las mejores intenciones contigo y te ofrecí todo lo que soy- se zafó por fin de su agarre, pero en el rostro aún se le veía la fiereza propia de una bestia hambrienta –Tienes sólo una oportunidad más para volver conmigo, si la desaprovechas te arrepentirás el resto de tu vida- dicho esto, despegó dejando al saiyajin solo.

-Estupideces- desechó la amenaza sin tomarla en cuenta. Miró en el carro a Yamcha que seguramente esperaba a Bulma y tras cerciorarse de sentir el ki de Myrna alejándose, se fue de ahí


Levantó la vista de su celular a los vestidores, Bulma se estaba tardando demasiado y todavía debía faltarle más tiempo a juzgar por la cantidad de ropa que metió para probarse. Suspiró resignado y volvió a revisar los mensajes que tenía.

-Me sentaré aquí, si no te molesta. Los tacones me están matando- volvió a levantar la mirada, esta vez hacia la voz femenina que le hablaba. Abrió los ojos sorprendido por tal belleza, era una pelirroja exuberante, joven, bellísima.

-Claro que no me molesta- respondió amablemente, debía duplicarle la edad a la chica pero eso no le acomplejaba. Ella sonrió mostrándole los labios al natural, rojos como manzanas, ojos café claro y piel bronceada. Debía ser modelo, no cabía duda.

-Gracias Yamcha- el ex beisbolista no se sorprendió realmente de que lo reconociera, no era poco común debido a su pasado lleno de fama. Aunque le entusiasmó que esa chica tan joven lo supiera también –puedo llamarte por tu nombre ¿Verdad?- le tocó una mano provocando que éste se tensara, como una secuela del miedo que alguna vez le tuvo a las mujeres. Claro que de ese miedo no quedaba más que el recuerdo. Se relajó enseguida, le tomó la mano y sonrió varonilmente, mostrándose seductor

-Puedes llamarme como quieras-

-Cariño, qué encantador- meneó la cabeza hacia un lado mientras sonreía, nada en ella parecía mostrar que se trataba de una mujer atormentada por la ira. Cruzó las piernas mostrando un poco de sus muslos, detectó el rápido movimiento ocular del otro, la estaba analizando de pies a cabeza. Se inclinó hacia él, para facilitarle el análisis de su escote. Yamcha tragó saliva y ella sonrió mentalmente -¿Crees que este vestido me vaya bien?- preguntó con tono inocente –me gustaría saber la opinión de un hombre atractivo- en la frente, una fina capa de sudor ponía en evidencia la atracción que ejercía sobre el hombre al que estaba seduciendo

-Te ves muy bien- asintió intentando guardar la calma, todos sus instintos primitivos le exigían procrear con la hembra que estaba enfrente de él y que parecía querer lo mismo. Pero el raciocinio le indicaba que su pareja estaba muy cerca. Instinto vs. Civismo, una batalla muy dura.

-Gracias, es lo que necesitaba. Tengo que irme pero quiero darte mi número, siempre te he admirado y me gustaría platicar contigo algún día. Tomemos un café- de un pequeño bolso rojo, a juego con el vestido ceñido del mismo color y de tela de satín, sacó un bolígrafo, tomó la mano del hombre que no se resistió y anotó un número móvil. Luego le hizo una caricia mientras lo miraba a los ojos. Unos pasos más adelante, la puerta corrediza del probador se abrió. Myrna se dio cuenta al mirar de reojo y supo que no había tiempo –perdón por mi atrevimiento pero…- se acercó a él, sabiendo que no sería rechazada y lo besó apasionadamente, aferrándose a su pecho. Yamcha aunque se sorprendió pero no hizo nada por rechazarla… no podía hacerlo, le había despertado la excitación frustrada en la mañana-

Bulma se detuvo a un metro de ellos, había visto la escena desde que salió del vestidor y siguió caminando, sin querer creer lo que veía. Pero a tan poca distancia era imposible engañarse: esa cabellera roja era de la mujer que se apareció en su fiesta. Y el imbécil que se dejaba versar era Yamcha.

Desde que la conoció había tenido un solo temor y era que Yamcha conociera a la chica. Temía que hiciera una comparación entre ella y la belleza de Myrna y que cayera en sus redes como lo había hecho Vegeta, pensaba que mientras no se vieran nunca, estaría segura y podría creer en las palabras que tantas veces le había dicho. Y ahí estaban ahora, besándose.

Se preguntó qué había hecho en el pasado para merecer lo que vivía en ese momento. Tal vez la vanidad ciega de su juventud había generado karma. Tragó saliva para deshacer el nudo que se le formó en la garganta e hizo un ruido para que notaran su presencia. No tenía idea de qué iba a decir a continuación. Sin embargo la pareja no se separó, le pareció que incluso incrementaron la intensidad de los besos, escuchó claramente los ruidos que las bocas provocan. Pudo ver la mano de Yamcha acariciando la breve cintura de su enemiga y pasando por su espalda. Sintió asco.

-Así que este es el gran amor que me tienes- su voz sonó áspera. No se dio cuenta en qué momento había soltado la ropa que tenía en las manos.

Al escuchar su voz, Yamcha empujó inconscientemente a Myrna, volteando a ver a la de cabello azul. Su mente se quedó en blanco totalmente, a excepción de una sola palabra que aparecía cual anuncio luminoso de motel: idiota