Nota. La verdad Gabism es que a mí nunca me cayó muy bien Eloise, pero cuando pasó lo de Faraday me dió pena, yo creo que se quedó un poco amargada la mujer :( Las cosas se están poniendo difíciles pero espero no desanimaros ;)

15. UNA GARANTIA.

Fue difícil superar el horror de aquella entrevista, Kate apenas quisó explicar a Sawyer de que habían hablado, sólo le dijo que le había robado el cuaderno y que lo único que quería era olvidarlo.

Ojearon su contenido, un montón de fórmulas ininteligibles junto con unas anotaciones casi igual de incomprensibles. Costaba trabajo creer que eso sirviera para llegar a alguna parte, pero ninguno de los dos entendía de física o de matemáticas como para juzgar si tenía algún sentido. Al menos estaba claro que para la señora Hawkings era valioso.

Volvieron esa misma noche a Austin, en dos noches apenas habían dormido lo poco que habían cerrado los ojos en el avión, pero ninguno se sentía capaz de meterse en la cama. Era mediodía en Austin.

Sam los estaba esperando, Sawyer no sabía que pensaba que habían ido a hacer a Los Ángeles pero vio su mirada desilusionada y acusadora cuando los vio llegar con un simple cuaderno en las manos. Intentó evitarlo, no se sentía con ánimo para soportar lo reproches del padrastro de Kate.

Se metió en su estudio y esperó a que Kate entrase, no tardó en llegar.

- ¿Los has llamado, ya?

- Te estaba esperando.

Cogió el teléfono y llamó a Hegel.

- Dígame.

- Tenemos algo.

- Les felicito por su rapidez, crea que sabremos valorarlo en lo que vale. ¿Qué es?

- Son las fórmulas que necesitan para encontrar la ruta hacia la isla.

- Interesante ¿y de dónde las ha sacado?

- ¿Qué importa de dónde las haya sacado?

- Importa porque así podremos juzgar su valor.

- Eran de alguien a quién conocí en la isla, también trabajó para Dharma, llegó con Miles, era físico, Daniel Faraday.

- Mmmm. Parece prometedor. Tendremos que hacer que nuestros científicos lo analicen para descubrir su verdadero valor.

- De eso nada, no lo tendrán hasta que no nos devuelvan a Mary, y también a Clem.

- Equivoca los términos, sintiéndolo mucho no le devolveremos a su hija menor hasta que pongamos el pie en la isla, la mayor, puede creerme, es absolutamente libre de hacer lo que quiera. Es más, me temo que vamos a necesitar su compañía como garantía.

- ¿De qué demonios está hablando?

- Cuando lleguemos allí necesitaremos alguien que conozca la zona y además sabemos que tiene amigos en la isla, amigos suyos que no nos miran con buenos ojos, ya hubo malentendidos en el pasado, no queremos que se repitan, queremos que haga de mediador. En la medida de lo posible, claro.

- Si lo que está diciendo es que quiere que yo vuelva a la isla, ya puede irse olvidando.

Kate lo miró espantada, la expresión de Sawyer resultaba difícil de interpretar pero ella sintió como todo se tambaleaba a su alrededor.

Hegel olvidó su afabilidad y respondió con irritación.

- No sé porque cree que está en condiciones de exigir nada, puede quedarse sentado en su casa y esperar el momento en que pueda volver a ver a su hija, suponiendo que la reconozca el día que eso ocurra o puede colaborar. Usted decide. No nos hagan perder más el tiempo si no van a ayudarnos, estamos muy escasos de él.

Un silencio atroz se hizo en el estudio. Kate lo miraba angustiada pero él tenía la vista perdida en algún punto más allá de la habitación.

- Lo haré, los llevaré allí si es lo que quieren, pero tenemos que verla antes de entregarles el cuaderno. Y también tengo que estar seguro de que nos la devolverán cuando lleguemos allí.

- ¡Por supuesto! ¿Para qué querríamos nosotros después a su hija? Todo será distinto cuando estemos allí, esto ha sido un mal paso pero sabremos compensárselo. No lo olvidaremos. Esta tarde a las ocho les enviaré un mensajero, tengan preparado un ordenador.

Cerró el móvil. Seguía evitando mirar a Kate.

- No lo hagas, no quiero que vuelvas.

Volvió la vista hacia ella, su expresión revelaba una furia mayor de la que ella había visto en él hasta entonces.

- ¿Y crees que yo quiero volver, Kate?

- No. – Kate habló tan bajo que apenas se la oyó.

- Cuando tengas una idea mejor, házmela saber.´

Salió de la habitación. Necesitaba descargar la rabia que sentía o se volvería loco. Fue a la cocina y buscó la botella de whisky. Se sirvió un vaso y se lo bebió de un trago. Sintió el calor quemándole por dentro. Al volverse se encontró a Sam que traía a Jei de la mano, lo miró fríamente pero se limitó a darse la vuelta sin decir nada. Era más de lo que se podía pedir a cualquiera. Cogió la botella y la estrelló contra la pared, trozos de cristal y restos de whisky salieron disparados en todas las direcciones. Había sangre en su mano. Miró a su alrededor, todo estaba hecho un desastre. Se sintió mejor, al menos ahora estaba más acorde con su estado de ánimo.

El resto del día pasó lentamente, Sawyer se metió en el estudio y pasó la tarde en el sofá mirando al techo. Desde allí oía como Sam y Kate conversaban pero no lo suficientemente alto como para entender lo que decían. No hacía falta, podía imaginárselo. También escuchaba a Jei parloteando y más de una vez oyó como le llamaba. No se sintió con fuerzas suficientes para responderle. De pronto todo lo que era su vida, lo que pensaba que era su verdadera y deseada vida se desmoronaba como si fuese un castillo de naipes. Hubo un momento, no muy lejano, en el que había llegado a pensar que el tiempo que había pasado en la isla había sido una ilusión, un mal sueño que había que olvidar. Ahora se daba cuenta de que la ilusión había sido la vida que había tenido desde entonces. La isla siempre había estado ahí, esperando para reírse en su cara. Era irónico que tuviese que volver allí para salvar lo que más quería, y que el hecho de hacerlo fuese capaz de provocar que perdiera eso mismo que tanto amaba.

Miró el reloj, eran las ocho menos cuarto, sería mejor que se levantase, tenía que ver a Mary. Si simplemente se hubiese quedado en casa con él, igual que Jei… Maldita Clem…, un ramalazo de odio y culpa lo sacudió ¿cómo podía haber sido Clem capaz? Por muy sectaria que fuese la organización Clem era inteligente y madura, podía soportar que quisiese castigarlo, seguro que se lo merecía pero ¿Mary? ¿Cómo podía haber pensado siquiera en hacer daño a Mary?

Fue a la sala de estar, Kate aún seguía allí con Sam, era evidente que había estado llorando y la cara de él también era de preocupación, miró a Sawyer con un gesto que él no supo descifrar pero Sam desvió la mirada y él fue a asomarse a la ventana desde la que se veía la calle. Justo en ese momento, aunque aún no eran las ocho, llegó un motorista. Sawyer salió a la puerta y Sam fue tras él.

Era un chico de no más de veinte años que con toda tranquilidad les dio un paquete y les dijo que le habían dicho que esperase hasta que ellos le devolviesen otro. Entraron dentro, era sólo un sobre con un papel y escrita en él una dirección web y una clave para establecer una videoconferencia. Kate corrió a intentar disimular su mala cara mientras Sawyer se iba conectando. Kate volvió a la sala. Apareció una habitación vacía, el corazón de Sawyer amenazaba con salirse del pecho, Kate se había sentado delante de la webcam y se retorcía las manos. Se oyó un grito inconfundible.

- ¡Mamá!

- ¡Mary!

Mary apareció movida ante la pantalla, alguien que venía con ella pero que ellos no veían la dijo amable que se sentase en la silla. Mary se sentó obediente.

- ¡Hola! ¡Te veo, mamá!

- ¡Yo también te veo, tesoro! ¿Estás bien?

- Sí, muy bien, ¿cuándo vienes mamá? Te he estado todo el día esperando, Clem dice que no podemos ir a la playa hasta que tú no vengas, ¿a qué sí que me dejas ir, mamá?

- Todavía no, tesoro. Tienes que esperar un poco más, mamá va a ir enseguida. ¿Te lo está pasando bien?

- Sí, muy bien, hemos hecho un montón de juegos y he subido a un avión y no me ha dado miedo y he visto el mar pero estaba muy lejos, no me podía bañar porque Clem decía que estábamos demasiado alto para saltar.

- Eres muy valiente, Mary – las lágrimas se mezclaban con la risa en el rostro de Kate. - ¿Está Clem contigo?

- Estaba, pero ahora no ¿la llamó? ¡Clem! ¡Te llama mamá! – la niña se volvió a la pantalla de nuevo. - ¿Estás llorando?

- No es nada, me he hecho mucho daño con un golpe.

- Yo me he hecho hoy una herida y también he llorado un poco, pero muy poco. Mamá ¿cuándo vamos a ir a la playa?

- Pronto Mary, sólo espera un poco más.

- ¿Mañana?

- Ya veremos, Mary. ¿Dónde estás ahora? ¿Es un sitio bonito?

- Sí, no sé, - Mary miró a la mujer que estaba a su lado y la decía algo – Mamá dicen que tengo que ir a hacer los deberes, sólo me queda una hoja. ¿Y papá?

- Está aquí, Mary.

- ¡Papá, tráete mi pelota!, ¿vale?

Un nudo en la garganta evitó que pudiese responderla antes de que la pantalla se fundiese a negro. Los tres se quedaron incapaces de pronunciar palabra, pero un mensaje apareció en la pantalla. Eran sólo dos palabras. El cuaderno. Sam lo cogió y salió a la calle. El mensajero le hizo firmar un recibo que Sam firmó con mano temblorosa y se fue. No volvió a entrar a la casa, se quedó en el porche con Jei.

Sawyer se sintió como un idiota por sus sentimientos de esa tarde, ¿cómo se le había ocurrido pensar que su vida no era real? ¿Es que no era real esa Mary tan tranquila e inocente como si Clem la hubiese llevado a pasar la tarde al zoo? ¿Qué importaba que tuviese que volver a la isla? Aunque tuviese que ir al mismísimo infierno lo haría para traerla de vuelta, y que alguno de esos mal nacidos se atreviesen a ponerse en su camino para evitar que ambos volviesen a casa. En eso estaba pensando cuando Kate le habló.

- ¿Vas a volver allí?

La voz de Kate era tensa. Era difícil para todos, él sabía lo duro que era para ella, lo duro que era para los dos. No había sido de mucha ayuda esta tarde.

- No tenía que haber reaccionado así, Kate, tú ya sabes… Ya lo sabes. No cederán Kate, ya has oído lo que ha dicho, puede estar en cualquier parte, no tenemos más remedio que confiar en ellos.

- Yo no confío en ellos.

- ¿Y qué vamos a hacer, Kate? ¿Esperar a que Clem recuperé la cordura?

Kate lo miró glacial. Sin saber aún qué era Sawyer supo al instante que no le gustaría lo que ella iba a decir.

- Cuando vuelvas a hablar con ellos, diles que tú también exiges una garantía.

- ¿Qué garantía?

- Yo tengo que reunirme con ella.

Todo el ánimo que había logrado recuperar hacía un momento se vino rápidamente abajo. No era posible que ella pensase realmente hacer eso pero inmediatamente supo que si estaba decidida, él no la haría cambiar de opinión.

- ¡No puedes pensar eso en serio! ¿Vas a dejar sólo a Jei para ponerte tú también en sus manos?

- ¡Ya estoy en sus manos! ¿Es qué no te das cuenta? No importa que esté aquí o allí, allí al menos podré intentar protegerla y Sam cuidará de Jei, ya lo hemos estado hablando. Lo hará bien, estoy segura.

- No hagas esto, Kate, por favor. –Guardó silencio, le resultaba imposible pensar siquiera en lo que quería decir. – Si algo os pasará a cualquiera de las dos…, yo…, yo…Nada ya tendría sentido.

- Hace dos días que todo dejó de tener sentido, James. Los dos lo sabemos.

Kate se levantó y se fue hacia la puerta. Desde allí se volvió.

- Voy a preparar las cosas de Jei. Avísame si llaman.

Él se quedó allí derrumbado. Esa tarde había creído que las cosas ya no podían ser peores. No había tardado mucho en darse cuenta de hasta qué punto podía estar equivocado.