Bueno... esta vez ando apuradita... asi que les dejo las canciones dignas del capitulo...
Three Days Grace - I hate Everythin About You: watch?v=p0Yt7YthU4k
Sarah Brightman – Eden: watch?v=DCJ9zPdXqEc
Alter Bridge – Down to my last: watch?v=qGI_I-8bey4
Sin mas... disfruten el capitulo
26. Guía
Era inevitable el no sonreír. Todo iba tal cual ella lo esperaba. Solo que había unos pequeños contratiempos con los que no contaba, pero aun así, ya tenía un plan de respaldo.
Observó la horda de creaturas que se aproximaba hasta ella, horda que le era extremadamente fiel, y sonrió más ampliamente.
Los Jotuns, quienes encabezaban el conglomerado, se inclinaron frente a ella, en señal de respeto y posaron su vista a lo alto, al improvisado trono donde la mujer residía.
— Estamos a su entera disposición, mi Reina — dijo uno de los Jotuns mientras llevaba su mano a su pecho en son de respeto.
La mujer apretó la roca donde descansaba sus brazos con ansias, mientras enfocaba su vista al horizonte, donde a lo lejos se podía ver las inminentes torres de Asgard alzarse.
— Ya es hora — pronunció mientras se ponía de pie y señalaba la ciudad dorada.
Las creaturas rugieron al unísono, como himno de batalla mientras alzaban sus brazos y armas al cielo. Tras esto, salieron en estampida con rumbo a su destino.
Amora no se pudo sentir más entusiasmada. Se giró, de vuelta a su trono hecho de piedra y oro, para después sentarse y comenzar a jugar con sus manos, mientras que los primeros rayos de sol iluminaban su pulcra figura haciendo resaltar el dije que colgaba de su cuello, rojo tan profundo, como si se tratara de sangre.
Aquello era algo que ni la poderosa Asgard podría hacer frente.
No se había dado cuenta de que estaba moviendo a Mjolnir de manera estrepitosa, hasta que Sif se lo había hecho notar y el cielo había comenzado a nublarse, mientras que los rayos comenzaban a asomarse en señal de que una tormenta se estaba aproximando.
Su estado de ánimo no era el más adecuado para el simular serenidad en esos momentos. De hecho, era obvio que todos se habían dado cuenta que era mejor no tratar nada ridículo con el dios, puesto que temían a como reaccionara. Mas eso no detuvo a Tony para haber hecho un comentario infantil sobre el nuevo estado Hulk-Dios que solo tenía punto de comparación con el monstruo verde en el que se convertía Banner, por suerte para el genio, Volstagg y Hogun lo habían hecho razonar antes de que pudiera lanzarse contra el mortal y arrancarle el cuello.
Pero era difícil para Thor el mantenerse sereno con toda la ansiedad, rencor y dolor que sentía. Su mente era un completo torbellino el cual no podía controlar, ya que esta quería liberarse de su interior. Más el rubio hacia todo lo posible para guardarlo y mantenerlo enfocado hacia un solo punto, o más bien una sola persona: Loki.
Su mente aún no alcanzaba a entender cómo es que aquel hombre tan apegado a su madre, mujer que parecía solo tener ojos para él, ojos que Thor siempre quiso impresionar mas solo obtenía un fuerte abrazo y un pequeño viva, pudo arrebatarle la vida. Era obvio que Frigga siempre prefirió la magia de Loki a la fuerza bruta de Thor, pero aun así, los amaba a ambos y demasiado, eso era algo que el rubio tenía muy presente. Más aun así, con tanto amor y tantas atenciones, Loki se había atrevido a dañar y matar a la mujer que lo cuidó y protegió durante cientos de años.
Y era por eso que estaba enojado, era por eso que estaba completamente irritable, porque quería justicia, quería hacer correr sangre, no le importaba que fuera su hermano, o quien fuera, se habían atrevido a dañar a un ser tan puro e inocente y el dios del trueno haría cumplir su venganza a como diera lugar.
El agarre sobre su mazo se atenuó mientras sus ojos se enfocaban en el portal que comenzaba abrirse frente a él. Su capa ondeaba a la par que el viento del desierto azotaba sobre el grupo de héroes y guerreros que se reunían en aquel punto de partida. El rostro del rubio se veía contorsionado en una mueca de molestia y fastidio. Solo podía contar los segundos para regresar a su querida Asgard. Necesitaba respuestas y solo en aquel reino las obtendría.
— Y bien... ¿Quién será el primero? — preguntó el genio mientras la máscara de su armadura se encontraba alzada, descubriéndole el rostro, el cual enseñaba una divertida sonrisa. — Debo recordarles que aún no la hemos probado del todo. Así que si alguien resulta con problemas de radiación de algún tipo, ni yo ni mi compañía nos hacemos responsables de dichas consecuencias.
— ¡Cierra el pico, Stark! — gruñó la pantera mientras sacaba las garras y lo amenazaba a distancia.
— ¡Está en el contrato que firmaron, ya no es mi responsabilidad! — continuó alegando el hombre.
La negación con la cabeza por parte de los doctores Banner y Pym se dio al mismo instante, acompañada por una ligera risa.
— ¡Yo me ofrezco! — exclamó irritado Thor mientras daba un paso al frente y se dirigía al portal.
Los guerreros imitaron su acción y lo seguían a unos pasos de distancia.
— ¡Perfecto! — aplaudió el billonario con entusiasmo. — Sabía que nuestro fortachón sería más valiente que el resto.
— ¡Eso es injusto! — exclamó con fastidio el arquero mientras se cruzaba de brazos. — ¡Ellos son inmortales! Ya les viene y le va si les pasa algo o no.
"Ojala fuera cierto" pensó Thor mientras se adentraba al portal y escuchaba a medias las palabras de ánimo por parte de Stark, no entendió bien que era lo que le había dicho, puesto que su mente estaba enfocada solo en llegar hasta Asgard.
Le pareció realmente impactante lo que vio. La eterna y radiante ciudad que él tenía en mente se encontraba en su peor momento. Los gigantes de hielo y las Askafroas —las cuales tenía tiempo sin ver— los estaban esperando, mientras que un grupo de gigantes de fuego y algunos orcos atacaban a la ciudad, la cual ardía en llamas por el caos causado.
Ante aquella vista, la guerrera lanzó un potente grito de batalla y arremetió contra los seres que les obstaculizaban el paso. Hogun activó los picos de su arma y se lanzó, en silencio y con agilidad, sobre uno de los Jotun, seguido por Volstagg y Fandral, quienes golpeaban con destreza.
— Nunca pensé que Asgard se viera tan... ¿Ardiente? — le sorprendió el genio mientras se posicionaba a su lado, seguido por el resto de los héroes.
— ¡VENGADORES UNIDOS! — exclamó con potencia el capitán su tan conocida frase, mientras alzaba su escudo al aire.
Los mortales se movilizaron, tratando de apoyar a los guerreros. Thor apretó con más fuerza su mazo y, con un grito, atacó a los seres que les impedían el paso.
Tras unos minutos, la batalla se tornó a favor de ellos. Los Jotuns que aún seguían en pie tuvieron que retroceder, dejándoles el camino libre.
— ¡Debemos llegar hasta la ciudad y pronto! — exclamó Sif mientras sacaba su espada de una de las Askafroas que yacía en el suelo.
La voz de la diosa apenas hizo eco en su cabeza y su vista apenas logró divisar a los individuos que venían a apoyar a los Jotuns que aún seguían peleando. A pesar de que golpeaba a diestra y siniestra de forma efectiva a todo lo que se atreviera a acercarse, su mente no podía enfocarse en otra cosa que no fuera su hermano. El nombre de Loki rondaba una y otra vez, arrastrando las interrogantes que poco a poco le iban destrozando el corazón. ¿Por qué lo había hecho? ¿Cómo es que siquiera se atrevió? Por más que lo intentaba no podía hallar respuesta aquello que lo atormentaba y enojaba.
Fueron adentrándose a la ciudad, a la par que iban derribando a sus enemigos. Los elfos eran aguerridos pero tanto la viuda como la pantera podían contenerlos. Hulk se estaba encargando de los orcos y de algunas creaturas de fuego de Helheim.
Cuando el golpeaba con su mazo a una de las mujeres árbol, uno de los Jotuns se había aproximado hasta él para golpearlo, más uno de los propulsores del genio lo derribó antes de que llegara a completarlo. Tony aterrizó a su lado mientras la máscara dejaba al descubierto su rostro, en el cual había una sincera sonrisa.
— ¿No crees que es muy pronto para agradecerte? — cuestionó con brusquedad el dios. — Aun puede no terminar bien esto…
El billonario marcó más su sonrisa, negando con la cabeza, para después extenderle algo con el brazo. El rubio alzó una ceja para luego tomar lo que el hombre le ofrecía. Observó el objeto con algo de extrañeza.
— Para esto sí quiero que me subas el ego agradeciéndomelo — le dio un puñetazo en el hombro. — Y dile a cuernitos que esto va de mi parte...
Thor pasó sus ojos del aparato al rostro del genio y de vuelta al mismo. El hombre suspiró mientras rodaba los ojos.
— El puntito rojo eres tú y la lucecita verde que se mueve es Loki — le decía mientras le señalaba con el dedo. — Es mejor que tu vayas, es posible que malinterprete el verme a mí, en lugar de a ti y no quisiera acarrearme más problemas.
— Gracias — soltó un tanto más relajado, mientras veía como la máscara volvía a su lugar y Tony salía despedido fuera de ahí.
Los ojos azules se posaron sobre el aparato que sostenía entre sus dedos. La luz verde titilaba con insistencia mientras parecía moverse por toda la pantalla negra que iluminaba. Inhaló con fuerza para después comenzar a girar a Mjolnir con velocidad alzándolo para salir volando del lugar, evitando uno de los ataques de los orcos.
Le era imposible el poder dejar de sentirse herido. De hecho, ni siquiera sabía cómo reaccionaría en cuanto viera a Loki, ¿Que haría cuando lo tuviera frente a él? ¿Se atrevería a hacerle lo que se había jurado a hacer a quien se había atrevido a matar a su madre? Podía asegurar que aún desconocía lo que le diría y el cómo lo enfrentaría. Tenía miedo y eso era ya mucho decir de su condición.
Cada vez que veía el punto verde moverse lejos del punto rojo era un respiro que daba, puesto que eso le daba más tiempo. Sumándole el hecho de que algunas creaturas de fuego voladoras que se interponían en su camino, retrasando lo que él sabía inevitable. Mas llegó el momento en el que vio como aquella luz se detenía a corta distancia de donde él se encontraba y fue ahí que la duda se disipó. Por más que amara a su hermano, por más que se culpara por todo el sufrimiento que había vivido Loki, le era imposible el no odiarlo por lo que le había hecho a Frigga, eso no lo remitía de todos sus atroces actos. Ya no.
Llegando hasta donde estaba el palacio, atravesó la pared con furia, destrozándola casi por completo, mientras rugía con potencia.
Observó la delgada figura de su hermano, quien sostenía con decisión la lanza de Odín, provocando su ahora creciente ira y los incontrolables deseos de hacer sufrir a Loki. Al parecer no solo había matado a su madre sino también al padre de todo.
— ¡LOKI! — gritó mientras impactaba y golpeaba con Mjolnir en el pecho, haciéndolo que golpeara contra la pared.
La delgada figura del moreno se desplomó sobre el suelo, mientras no apartaba la vista de él. Con decisión se acercó y lo contempló por unos segundos.
Ahora que lo tenía enfrente, el sentimiento de traición y dolor se intensificaron. Aun no era capaz de concebir que el hombre que estaba frente a él hubiera matado a la persona más importante en su vida. Su alma estaba dolida y podía sentir como le rasgaban la piel cada vez que respiraba el mismo aire del que una vez fue su amante.
Se agachó hasta donde estaba, lo tomó del cuello de la armadura y lo alzó con fuerza, golpeándolo contra la pared.
Lo miró fijamente a los ojos, mientras que el otro comenzaba a mostrarle una ligera sonrisa.
— Veo que… nuestros encuentros… siempre terminan contigo golpeándome — le dijo en son de burla.
Gruñó con molestia mientras intensificaba su mirada dura.
— Eres una sabandija, Loki.
El menor atenuó su sonrisa.
— ¡Vaya! Has aprendido nuevos insultos con tus preciados humanos…
Thor perdió el poco control que tenía por lo que golpeó con fuerza a Loki sobre el abdomen, después pudo ver como este se doblaba por el dolor, mas no había dejado de sonreírle.
¿Cómo era posible que nunca se tomara nada serio? Eso era una de las cosas que más detestaba de su hermano, el hecho que todo fuera una broma para él, hasta el hecho de haber matado a miles.
— ¡NO JUEGUES CONMIGO, LOKI! — le gritó en un rugido mientras lo sacudía de su agarre, su mirada se clavaba en la verde con decisión y fuerza.
El silencio se hizo presente por unos segundos, en los cuales la sonrisa del menor se fue desvaneciendo poco a poco.
— Yo nunca juego, Thor — soltó serio mientras sus ojos parecían arrogantes.
El dios del trueno lo atrajo hacia si, en un arrebato de furia, para después gruñir con fuerza. Sus ojos se clavaron de nuevo sobre el menor. No podía soportar el hecho de que Loki quisiera verse superior que él.
Quería decirle muchas cosas, como también hacerle otras. Mas lo único que logró decir fue lo que más quería evitar.
— ENTONCES, ¿DIME PORQUE MATASTE A NUESTRA MADRE? — la voz se le quebró al final, mas sin embargo su cuerpo supo racionar, por lo que volvió a impactar contra la pared al moreno.
Loki lo observó con asombro por unos segundos, los cuales le parecieron eternos. Mas luego, por una extraña razón, este comenzó a sonreír para luego estallar en carcajadas.
La ira de Thor se vio turbada por la confusión de no saber qué era lo que pasaba por la mente de su hermano.
— ¿De qué te ríes? — le preguntó con algo de confusión.
Las risas se fueron conteniendo poco a poco, hasta casi extinguirse. Por lo que el menor tuvo que comenzar a respirar para tratar de responder.
— Oh, de nada — su voz sonaba un poco ronca y su sonrisa se había ampliado más. — Es solo que a veces es muy complicado el distinguir la realidad de la ficción.
— ¿Qué? — preguntó confundido.
En eso, el cuerpo de Loki se le desvaneció de las manos en un abrir y cerrar de ojos, seguido por un fuerte golpe, el cual le había dado en la espalda.
Thor giró con rapidez, buscando a su atacante, su manó alzándose mientras llamaba a Mjolnir, el cual estaba en el suelo.
— Es tan ridículo que sigas cayendo con eso, Thor — las risas de Loki volvieron a resonar en el pasillo. Este se encontraba de pie, sujetando a Gungnir en son de ataque, mientras que sus manos estaban brillando de un color verde.
Thor lo amenazó con su mazo para después lanzarse sobre de él mientras soltaba un grito potente.
La lanza se movió, haciéndolo desviar su brazo hacia otro lado para que soltara a Mjolnir. Después, Loki movió su arma contra su pecho, más el rubio lo logró esquivar para soltarle un golpe en el rostro.
El menor retrocedió unos pasos, mientras se limpiaba la sangre con el dorso de la mano, tiempo que aprovechó para llamar a su arma.
Cuando lo iba a volver a golpear, la figura delgada saltó sobre el rubio, golpeándolo con Gungnir en el pecho. Thor se enfureció y le arrebató la lanza, mandándola lejos de él.
La sonrisa de Loki se hizo presente para después este desaparecer en una nube de humo verde, la cual comenzó a extenderse, rodeando toda el área donde se encontraba el mayor de los dioses.
La visión se le complicó, puesto que la espesura de la nube le comenzó a calar en la vista. Sintió como una daga, venida de la nada, se incrustaba en su antebrazo, haciéndolo soltar un alarido, en parte por el dolor y en parte por la sorpresa.
Las risas del menor retumbaron en sus oídos como rugidos de una pantera.
— Esta es la forma en la que siempre debimos enfrentarnos, hermano — soltó con malicia y un tono de voz grave, sonando burlesco en la palabra que hacía tiempo no escuchaba de sus labios. — Con todo nuestro poder.
Thor apretó con fuerza su preciado amigo de batalla y sonrió, como hace tiempo no lo hacía.
— ¡Que así sea! — gritó con potencia mientras alzaba en lo alto a Mjolnir y este empezaba a generar los conocidos rayos azules.
Sage siempre sufrió de un alto grado de escepticismo. Nunca fue muy devota, ni tampoco creyente de alguna deidad en específico.
Más sin embargo, con todo lo ocurrido y lo que estaba viendo le era imposible el no comenzar en creer en alguna solo por el afán de reclamarle la locura que sus ojos precisaban.
Su vista no se apartaba de la imagen del televisor, la cual, canal al que le cambiara, siempre mostraba la misma escena de destrucción pero en distintas partes del mundo.
Al parecer la tierra se encontraba sobre ataque y sus héroes más poderosos del mundo se encontraban fuera.
Los ojos de Reed Richards no se apartaban de la enorme pantalla que había en su laboratorio mientras terminaban de enviar un mensaje urgente.
El sonido de un teléfono lo sacó de su entera concentración, no por el hecho de que lo hubiera tomado por sorpresa aquella llamada, sino más bien porque la esperaba y podía adivinar de quien se trataba.
— Reed... Fury quiere hablar contigo — le dijo Sue mientras se asomaba por la puerta con el teléfono en la mano.
— Infórmale que ya hice las llamadas correspondientes y que ya todos están en movimiento — informó mientras seguía con la vista fija en el monitor y se cruzaba de brazos. — El protocolo de seguridad "New Avengers" ha sido activado.
Y al finalizar de decir esto, en la pantalla, donde la imagen reflejaba una ciudad siendo azotada por varios gigantes, aparecieron el grupo al que antes había contactado.
Al parecer, Stark tenía razón: el mundo siempre estaría en peligro, mas siempre habría la opción de defenderlo y vengarlo.
— Nadie nos sigue, deberíamos descansar un poco — suplicó la mortal mientras se detenía, recargando su espalda sobre la fría pared, la cual mostraba señas del deterioro.
La reina se detuvo frente a ella, seguido por la serpiente que ella conocía muy bien, el guardián que tiempo atrás le había hecho pasar varios sustos.
— Debemos estar en movimiento, no podemos quedarnos en un solo lugar — mencionó Frigga mientras se acercaba a la castaña y la tomaba de la mano. — Hay que llegar hasta la habitación de Odín, es el único lugar donde estaremos seguras.
Sophia se llevó una mano al pecho mientras buscaba regular su respiración. Nunca fue una deportista por excelencia, había contadas actividades físicas que su falta de coordinación motriz le permitía realizar, mas sin embargo, su cuerpo estaba acostumbrado a correr. Pero supuso que debido al embarazo, su condición física había disminuido por lo que ya no podria correr como antes.
Alzó su vista hacia la dulce mirada que la mujer le mostraba, para después posarla sobre la fría mirada del reptil. Una vez reguló su respiración, alzó de nuevo su vista hacia la dama y le propició una sonrisa, para después asentir.
Prosiguieron su andar de manera constante, solo apresuraban el paso cada vez que las paredes vibraban con insistencia y grandes estruendos se hacían presentes, retumbando los solitarios pasillos.
El castillo era digno de nombrarlo como un laberinto. Llevaban tiempo deambulando por este y aun no lograban llegar a su lugar de destino. Llegó a creer que era posible que la mujer mayor se hubiera perdido en su propio hogar, mas luego eliminó aquella idea por el simple hecho de que aquella mujer ya llevaba miles de años habitando el mismo lugar.
Las paredes se volvieron sacudir, lo que provocó que la ansiedad volviera a ella velozmente. Se apresuró hasta estar al lado de la diosa y le sujetó de la mano. Ambas mujeres se voltearon a ver y se compartieron una sonrisa mutua, para después girar su rostro para cerciorarse de que nadie las estuviera siguiendo.
Pero para cuando voltearon al frente se encontraron con la presencia de una enorme creatura la cual era de un repugnante color verde. Llevaba puesta una armadura que la hacía verse más grande y tosco de lo que en realidad podria ser. En la cabeza llevaba un casco con unos grandes cuernos manchados de rojo, al igual que los colmillos que sobresalían de su grande boca. En sus manos sujetaba una enorme hacha cuyo filo destellaba a la par con las lámparas que adornaban el pasillo.
Sintió la mano de Frigga aplicar más fuerza sobre la suya, mientras comenzaba a retroceder a pequeños pasos, sin apartar la vista del enorme orco frente a ellas.
La bestia verde solo las veía expectantes, como esperando cualquier movimiento marcado por parte de ellas para reaccionar. Sophia se quedó congelada ante la presencia de aquel ser, sus piernas no reaccionaban y su respiración se volvió de nuevo irregular. La rubia tiraba de su brazo, en un intento por hacerla reaccionar, mas ella no lograba controlar sus piernas, por más que lo ordenaba.
— ¡CORRE! — elevó con potencia la voz la mujer mayor mientras tiraba de ella, haciéndola reaccionar soltando un potente alarido.
El orco gruñó con fuerza mientras alzaba su hacha en dirección a las mujeres. Cuando las piernas de Sophia lograron reaccionar, ya era demasiado tarde, el hacha ya estaba a centímetros de cernirse sobre ellas, haciéndola tumbarse al suelo e intentar cubrirse involuntariamente con sus brazos.
Mas el ataque nunca se consumió. La menor se descubrió el rostro, para ver la verdadera razón de aquello. Una cúpula se había alzado a su alrededor, la cual había hecho rebotar el ataque del monstruo, haciéndolo retroceder.
Giró hasta donde antes se había encontrado la diosa y le sorprendió ver cómo era la mujer la que alzaba los brazos y de estos salía una chispa semejante a la que Loki creaba cuando hacia magia, mas esta era de distinto color, morado.
— ¡Me dijiste que no eras una hechicera! — fue lo único que pudo decir ante el pánico que la había azotado.
La rubia la miró de reojo por unos instantes mientras sostenía los brazos en el aire, aun emitiendo aquellas chispas moradas. El orco volvió, tras sacudir unos instantes la cabeza, alzando el hacha en lo alto, buscando de nuevo repetir su ataque. Pero la barrera volvió a devolverle el ataque, esta vez con menos intensidad.
Tras esto, la cúpula se cuarteó de donde recibió de lleno el impacto, soltando un ligero crujido. La mujer se inclinó un poco.
— Te dije que yo no había hecho aquel trabajo, mas no que no podria hacerlo — aclaró la mujer mientras su voz sonaba algo forzada. — Tengo conocimientos de algo de hechicería…
El orco soltó un potente gruñido para después volver alzar la enorme hacha.
— Y con dichos conocimientos, puedo asegurar que esta cúpula no resistirá otro impacto más — habló rápidamente la rubia, utilizando un tono de voz demandante, algo fuera de lo común en ella. — ¡Ponte de pie, mi niña, por favor! ¡Debemos irnos ahora!
Y tras decir eso, el monstruo se abalanzó sobre de ellas y, como había predicho la diosa, la cúpula cedió ante el golpe. Tanto Sophia como Frigga habían alcanzado a retroceder antes de que el arma hubiera impactado contra el suelo.
— ¡VAMONOS! — gritó Sophie mientras tomaba la mano de la mujer, quien parecía agotada, para después comenzar a correr.
La serpiente seguía al lado de ellas, aun con mirada ausente. No entendía porque dicho guardián estaba a su lado si este no cumplía con su labor, parecía estar solo de adorno.
El lugar volvió a sacudirse, seguido por el potente sonido de las paredes frente a ellas al estallar. El rugido del orco las exaltó, al igual que la creatura que apareció frente a ellas, acorralándolas.
Frigga se colocó frente a Sophia en forma protectora, mientras que unas chispas moradas comenzaban a formarse en sus manos. Su mirada se había transformado de una dulce a una seria y fría.
— Tienes que huir mi niña — le murmuró mientras su aura se encendía sobre toda ella, era de un perfecto color dorado y el dulce aroma a vainilla, proveniente de la mujer, le inundó las fosas nasales.
— No voy a dejarla sola — le espetó en voz baja mientras simulaba estar en posición de ataque, imitada por la serpiente. — Si me voy, usted vendrá conmigo.
La bestia de fuego frente a ellas rugió, acompañada por el orco, ambas creaturas dispuestas a atacarlas.
Sophia se sintió con miedo y deseó el poder apartarlas de alguna forma. Y, de forma instintiva, estiró los brazos, en un reflejo por apartar al orco frente a ella y sintió como una oleada de calor la recorría por completa, yendo desde la punta de los pies, recorriendo todo su cuerpo hasta llegar a la punta de sus dedos para ser expulsada.
Se sorprendió al ver como el orco salía despedido hacia la pared, impactando contra esta. Se giró hacia donde estaba la otra mujer y se encontró con el mismo escenario: la creatura de fuego yacía contra la pared, derrumbada sobre el suelo.
Frigga la observó expectante, asombrada por aquello y tratando de encontrarle respuesta. Sophia solo se encogió de hombros, bajó su vista hacia la serpiente y esta le sonrió de manera aterradora mientras dejaba de despedir un aura de color verde.
"Tú lo has hecho" le indicó aquel animal mientras se acercaba a ella y hacia ademanes con la cabeza indicando sus manos.
Fue entonces que recordó una de las lecciones de Loki sobre el uso de su magia como protección. Al parecer aquellas prácticas tan cansadas le dieron como resultado un acto reflejo contra aquellas situaciones.
"Seré tu conexión a Loki. Soy su magia y, mientras me necesites, estaré a tu lado para servirte". Así que para eso estaba la serpiente a su lado. Agradecía el pequeño dato omitido del dios de las mentiras, el cual lo haría pagar por aquello.
— Vaya, hasta que al fin dices algo — dijo entre dientes mientras bajaba las manos y observaba el suelo. — Deberíamos irnos…
— Nunca pensé que los mortales pudieran hacer magia — se escuchó una voz femenina la cual retumbaba en aquel pasillo, tras haber dado unos pasos. — Mas, viniendo de la mujer del hechicero, no me extrañaría en lo absoluto.
La mortal observó como la mayor se ponía tensa al escuchar aquella voz, algo que la confundió.
Frente a ellas la figura de una esbelta y hermosa mujer, de tez blanca y cabello largo y rubio, apareció. Usaba una túnica larga de color verde, ceñida a la cintura, realzándole el busto y marcando sus anchas caderas. Su andar, solo hacia resaltar su tan perfecta figura. Por un momento Sophia se sintió normal al lado de aquella hermosa mujer.
— Amora... — murmuró con furia la madre del dios.
— Y vaya, la antigua reina sigue con vida — sonó divertida mientras su sonrisa se ampliaba y dejaba mostrar su perfecta dentadura. — Al parecer nuestro querido rey sigue apegado a su mentirosa madre — se acercó a una distancia considerable de ambas, mientras que con un movimientos de manos uno de los orcos se levantaba y se dirigía hacia ellas.
Y, delineando su perfecta figura, un aura de color verde oliva surgió, haciendo sentir a la mortal de una forma insegura, mas no quiso adelantar cosas. Pero el penetrante aroma a ajo podrido proveniente del aura de aquella mujer le hizo creer lo contrario.
— Ahora esto se pondrá más interesante.
— ¿Alguien más se siente como si estuviera en una WOE en un servidor de Ragnarök? — preguntó Tony por el comunicador, agradeciendo que este si funcionara, no como el resto de su armadura, la cual debía de manejar con un servidor alterno o manual, puesto que el mando de JARVIS se había perdido una vez atravesó el portal.
— Yo no — respondió un tanto agitado el hombre hormiga, resaltando su gusto hacia los juegos de rol en línea.
— Yo ni siquiera se de lo que hablas, Stark — oyó decir al Capitán mientras lo veía pelar hábilmente con unos elfos un tanto extraños.
Tony Stark se consideraba un hombre bastante precavido. Había supuesto que en el momento en que cruzara el portal, la conexión con JARVIS seria interferida, ya que era una completa estupidez que los alcances de IA llegaran hasta ese lejano reino —aunque no dudaba que en cualquier momento haría que tuviera a su alcance el glorioso y mítico reino de Asgard—, razón por la cual había decidido implementar en su armadura un sistema alterno que funcionara con la energía del reactor en su pecho. No tendría la potencia con la que contaba JARVIS, pero sería suficiente para poder manejar la armadura sin ningún contratiempo.
— Eso tiene solución, Cap. Ve a cenar con Darcy más seguido y es posible que pronto te veamos en nuestro mundo de computadoras.
Habían pasado más de treinta minutos combatiendo contra las extrañas creaturas que estaban invadiendo la ciudad que al menos esperaba que estos hubieran reducido su número, mas sin embargo aún se mantenían parejos. Podía hasta asegurar que, de la nada, aparecían más cada vez que mataban a uno.
— Yo no lo veo como una WOE — comenzó a relatar la avista de manera un tanto alegre. — Es algo más como una partida de WOW.
— ¡Vaya! — sonrió Tony mientras pelaba con una creatura de fuego voladora, ¡Dios! Al parecer había de todo en Asgard. — La chica avispa es una gamer de closet. No dudaría que tú fueras la cuenta famosa de Lyrie8525.
Derribó a la vestía de fuego y se digirió hacia donde se encontraba un gran número de gigantes de hielo, en donde estaba Hank peleando a la par de estas. Las risas de la mayoría se hicieron presentes, mientras Tony golpeaba con uno de sus propulsores a uno de los Jotuns.
— De hecho, Tony — comenzó en son divertido el arquero. — Esa cuenta es mía. Adoro observar los personajes femeninos que hay en ese mundo.
— ¡Quieren dejar de hablar de juegos y ponerse a trabajar! — demandó la pantera sonando molesto.
— ¡Oh vamos, T'Challa! Que en tu país no tenga la necesidad de jugar ese tipo de juegos, no quiere decir que nosotros no nos daremos ese gusto — puntualizó el genio.
— ¡Cierren el pico, todos! — regañó Mis Marvel. — ¿Es que acaso no son conscientes de estas cosas no dejan de aparecer?
— Son demasiados para mi gusto — indicó a gran velocidad la avispa.
— Algo anda mal — mencionó el capitán en voz baja, pareciendo ser que se estaba ocultando de algo. — Stark, Danvers. Busquen desde sus posiciones algo que no cuadre.
Tony se elevó por los cielos, seguido por la rubia. Comenzaron a deambular por la ciudad y, desde el lugar donde lo vieran, el escenario siempre era igual: toda la ciudad estaba sumida en una pelea.
Los tres guerreros parecían luchar con mucho esmero desde su posición. Hulk iba saltando de gigante a gigante destrozando cabezas y cuerpos a diestra y siniestra. Tanto T´Challa como la viuda negra y el Capitán se encargaban de las creaturas de estatura normal haciendo un excelente trabajo al derribar a todos los que se enfrentaban, mientras que Hank y Janet surcaban los cielos, destrozando las gigantescas figuras de las mujeres árbol. Y, como si de un arma secreta se tratara, Clint disparaba a todas los elfos que se acercaran a cualquiera de los luchadores desde el lindo techo de una de las torres de aquella ciudad.
Todo se veía como debería de verse: como una guerra; y viendo el rostro de la rubia, podía apostar que ella había llegado a la misma conclusión. Más aun así, había algo que no cuadraba. Visualizó de nuevo todo el panorama, hasta que un pequeño detalle llamó su atención.
Surgió la casualidad de que en uno de los saltos que dio la enorme bestia verde que estaba de su lado, chocó contra una de las paredes de una de las casas de aquella parte de la ciudad, pero en vez de destruirse, como lo hacía normalmente todo lo que tocaba, esta se tornó como si de plasma se tratara. Fue entonces que se dio cuenta de lo que estaba pasando.
— ¡Estamos dentro de una ilusión! — gritó con fuerza por el comunicador, provocando que estos soltaran un chillido.
Todos los vengadores se estremecieron y se quejaron por el ruido.
— Más despacio, Stark — demandó Rogers.
El inventor soltó un resoplido mientras rodaba los ojos.
— Estamos en una ilusión — repitió en un tono más bajo. — Pero antes de que rezonguen déjenme enseñarles…
Redirigió su vuelo hacia el lugar en donde antes había estado Banner y comenzó a acelerar con rumbo al punto exacto.
— Por favor, no retiren su vista de mí.
— No es momento para que comiences con tus estúpidas necesidades de llamar la atención — lo regañó la pantera.
Stark sonrió ante aquello y aceleró aún más el impacto contra aquella pared. Una vez impactó con ella, una fuerza contraria lo hizo salir de aquella pared como si la hubiera atravesado, mas sin embargo, solo regresó por donde había volado antes.
— Increíble — señaló asombrado la hormiga.
— En verdad, nos han atrapado — puntualizó la viuda negra.
— El problema no es que nos hayan atrapado, Natasha, si no el cómo saldremos — acertó Carol, situándose al lado del genio, el cual había detenido su vuelo.
Ahora sí, sus problemas comenzaron a pesarle sobre los hombros.
El corazón de Sophia latía a mil por hora mientras se detenía a descansar en la pared de uno de los pasillos. Sus ojos no se apartaban de la creatura que yacía a sus pies, en el mismo estado que ella, cansada y agitada.
Aun no entendía cómo es que había aceptado aquella proposición, sin embargo, una parte de ella le decía que aquello estaba bien.
Si Frigga le había pedido que se pusiera a salvo lejos de ese lugar, era porque conocía el peligro que corría en presencia de aquella hechicera, la cual, por lo poco que le había alcanzado a murmurar la mujer, esta era la clase de personas que gozaba de ver sufrir a cada persona que conociera. Y por eso, y muchas razones más, Sophia era azotada por aquel terrible sentimiento de culpa que le decía que debía de volver y ayudar a Frigga. Mas cada vez que lo intentaba, la serpiente la frenaba, ejerciendo un poder sobre ella que le impedía volver hacia donde la mayor estaba.
— No… no podemos dejarla so-sola — dijo mientras aun le faltaba el aire por tanto correr.
Uróboros solo la observaba con aquella mirada fría que le podía calar hasta los huesos. A veces aquella creatura podria parecerle un tanto escalofriante.
"Yo solo tengo que mantenerla viva, y si para eso debemos dejar cosas atrás, así será" murmuró en su mente mientras posaba su mirada hacia otro lado.
Sophia gruñó por lo bajo, para después llevarse las manos a la cara y ocultar sus labios tras de estas.
— Me pregunto qué es lo que busca Loki al mantenerme con vida... ¿Si mantener su vida o su magia? — soltó para sí misma en voz alta tras haber soplado sobre sus manos, en busca de algo de tibieza.
"Simplemente, mantenerla a salvo" respondió a la pregunta sin ninguna vacilación.
— Al menos tenemos algo en común: los dos queremos que el otro esté a salvo — sonrió tras el comentario hilarante.
Pegó más su cuerpo a la pared y poco a poco fue deslizando su espalda sobre esta, hasta llegar al suelo. No quería seguir adelante y se sentía cansada. Esos fueron uno de los puntos importantes por los cual se había detenido, sumándole que el lugar estaba completamente desierto.
Recogió sus piernas hasta el poder llegar a recargar sus codos sobre sus rodilla y hundir su rostro en el espacio entre sus piernas. Debía de pensar en alguna forma en la que pudiera ayudar a Frigga sin que su guardián se opusiera. Era consciente de que no era de mucha utilidad para la diosa, pero tampoco era para abandonarla y dejarla sola frente aquel orco y la hechicera que amenazaba con matarlas a ambas. Sabía que la mujer mayor tenía conocimientos sobre hechicería, mas no estaba segura del poder que esta poseía y si el mismo era competencia frente al gran poder de la hechicera. Solo había alguien que posiblemente pudiera, mas no sabía en dónde encontrarlo.
— Necesito a Loki — murmuró mientras levantaba su cabeza ligeramente.
"No, usted necesita ponerse a salvo" le ordenó la serpiente.
— Uróboros, no podemos dejar a Frigga sola… — lo desafió la mujer con un fuerte tono de voz.
El aludido la observó mientras resoplaba por la nariz. Después desvió sus verdes ojos hacia su propio costado, el plumaje de aquella creatura se movió ligeramente ante aquel tosco giro. Por un momento dudó en hacerlo o no, pero al final acercó su mano para acariciar el lomo de aquella serpiente. Su plumaje era suave y agradable al tacto, algo que podria volverse adictivo de tocar, mas ahora no estaba en condiciones como para caer en aquella adicción.
Uróboros se alzó, acercándose más a la mano de la mujer, quien no cesaba sus pequeñas caricias, para después cerrar sus ojos y comenzar a respirar de forma pausada.
— Puedo ir hasta Frigga, mientras tu vuelves y vas por Loki — le presentó la mujer sin dejar de acariciarlo.
Los ojos de la serpiente lentamente se fueron abriendo, para después volverlos hasta la mirada avellana de la mujer.
— ¡Por favor! — suplicó la mujer elevando unas octavas su tono de voz.
Uróboros no apartó la vista de la mujer.
"Tienes cinco minutos antes de que me arrepienta" le informó la creatura, alejándose de ella para después comenzar a aumentar de tamaño. "Recuerda que tienes una mínima reserva de magia dentro de ti, úsala con sabiduría"
Sophie lo miró expectante, aun sin creer que dicha creatura hubiera cedido tan fácilmente.
— ¿Eres tan fácil de convencer que…?
"Cuatro minutos" le gruñó mentalmente con una mirada de molestia.
— Okey si — soltó mientras se ponía de pie se despedía de la creatura para salir corriendo de aquel lugar.
Sin detenerse para ningún descanso, la mujer había logrado llegar hasta unos escasos pasillos en donde parecía situarse una pelea entre la hechicera y la madre de Loki. Sus pasos se fueron disminuyendo hasta llegar a ser unos ligeros y silenciosos arrastres con la intención de escabullirse hasta donde estaba Frigga. Se posicionó en la esquina del pasillo que conectaba con el de la mujer y tomo un poco de aire antes de asomarse con suma precaución.
Logró ver a Frigga sobre el suelo, sosteniéndose con una de sus rodillas y sus manos. Podía ver como su respiración se tornaba agitada y el aspecto de su túnica estaba más andrajoso que antes. Todo parecía indicar que la hechicera iba perdiendo el duelo.
Sin embargo, la otra hechicera también mostraba señas de haber sido afectada en aquella pelea, pero su aspecto no era tan deplorable como el de la mujer mayor.
Sintió el impulso de lanzarse a auxiliarle, mas era consciente de que no debía de actuar sin antes analizar la situación.
La hechicera de túnica verde soltó una potente carcajada mientras se iba acercando a paso lento a la desvariada y legitima reina de Asgard.
— No entiendo porque una mujer tan débil como tú — se inclinó hasta estar a la altura de la de Frigga y la sujetó de la túnica para que esta alzara el cuerpo —, es considerada como la más fuerte y poderosa mujer en todo Asgard. El trono nunca debió de ser tuyo…
— Hay muchas formas de interpretar el poder y la fuerza, Encantadora — expresó la mujer, usando un tono de voz áspero y desafiante. — Y tú, hechicera, nunca podrás obtenerlo en verdad.
— ¡TENGO MUCHO MAS PODER QUE EL MISMISIMO PADRE DE TODO! — gritó hecha una furia Amora, mientras alzaba con fuerza a la otra mujer. — ¡Soy, incluso, mucho más fuerte que tu hijo predilecto en la magia! Los nueve reinos sucumbirán ante mi poder, seguido por el resto del universo. El trono recaerá en las manos de la mujer más hermosa y poderosa que nunca antes haya existido.
— El trono solo le pertenece a la verdadera realeza, no a las serpientes rastreras que se sienten bien solo por haber mordido a un león.
Amora aventó con fuerza a la diosa, haciendo que su cuerpo impactara de lleno contra el suelo. Frigga soltó un alarido doloroso, la cual le encrespo la piel. El odio hacia la otra hechicera fue en aumento.
Amora observó con furia contenida a la otra mujer, para después girarse y avanzar en torno al orco frente a ella.
— A veces las serpientes son más dignas de gobernar que los salvajes leones — y dicho esto hizo una seña con la mano. — Es hora de que todo llegue a su fin, querida.
El orco soltó un gruñido fuerte para después avanzar hacia donde estaba Frigga, con su hacha en mano, dispuesto a terminar con la vida de la diosa, quien aún seguía tumbada en el suelo, intentando ponerse en pie con lentitud.
Sophie sabía que en aquellas condiciones, la mujer no podria defenderse ni hacer la gran cosa contra aquella horrorosa creatura. Así que debía de actuar, ahora o nunca. Y en un arranque de adrenalina e impulso, se lanzó sobre la mujer en estampida y alzó las manos para impedir que aquella arma se blandiera contra la diosa. Recordó las enseñanzas de Loki sobre el cómo generar energía. Primero pensarlo y después proyectarlo.
Cuando el hacha estuvo en lo alto, listo para descender y atacarlas, la mortal cerró los ojos y deseó, con todas sus fuerzas, el poder detener aquel ataque. Un potente alarido surgió de su garganta mientras pensaba en protegerse de aquella arma.
Al no recibir golpe alguno, comenzó a abrir con miedo los ojos. Grande fue su sorpresa cuando alrededor de ambas había una barrera transparente que había amortiguado el golpe de la creatura, la cual también se mostraba llena de sorpresa.
Una enorme sonrisa se pintó en el rostro de la castaña mientras alzaba más los brazos, tratando de repeler el arma de la creatura. El orco apartó su arma del campo de fuerza mientras comenzaba a retroceder unos pasos.
— ¡¿Qué haces, bestia tonta?! — gritó con potencia la hechicera tras haber soltado un doloroso gruñido, se acercó unos pasos al orco mientras movía sus manos con desespero. — ¡Es una estúpida y simple mortal! ¡ELIMINALA AHORA!
Y tras decir esto, la creatura sujetó con fuerza su arma y avanzó con velocidad hasta volver a impactar su hacha sobre la barrera que había entre ellos dos.
Sophia sintió una fuerte opresión en su pecho y en su cabeza mientras la barrera era oprimida por la bestia, la cual no dejaba de hacer presión con su arma. Sentía como todo su cuerpo se comenzaba a sentir cada vez más pesado con más fuerza que ejercía el orco. Su vientre comenzó a dolerle, su respiración comenzó a acelerarse pero también a sentirse como si se estuviera ahogando con agua. Fue entonces que sintió como la sangre comenzaba a escúrrasele hasta llegar a sus labios y sentir aquel sabor metálico en su boca.
La risa de la hechicera inundó sus oídos, los cuales habían comenzado a zumbarle cada vez más fuerte.
— ¿Crees que tu esencia es más fuerte que la fuerza de un orco? — la mujer se fue acercando hasta la escena mientras que de sus manos comenzaba a subir unas chispas de color verde. — En verdad eres patética y estúpida.
Y de la mano de la mujer salieron disparadas unas pequeñas chispas que rompieron el escudo que había formado Sophia, para después, debido a la fuerza ejercida por el impacto, salir impulsada contra la pared de aquel pasillo. Trató de sostenerse en pie lo más que pudo, mas su cabeza le daba vueltas. Alzó una mano y trató de generar una bola de energía, la cual, una vez creada, lanzó en contra de la hechicera, quien se acercaba amenazadoramente sobre ella.
La rubia absorbió la energía y soltó una potente carcajada.
— Nada de lo que hagas servirá contra mí, ridícula mortal — la hechicera, con la energía que había absorbido con las manos, apuntó hacia ella mientras le mostraba una retorcida sonrisa y la energía en su mano comenzaba a crecer. — Solo adelantaste tu inevitable muerte.
Sophia se recargó sobre la pared, mientras su corazón comenzaba a latir a mil por hora. Todo su cuerpo se sentía cansado y algunas partes de su cuerpo le dolían por el golpe contra la pared, más aun así, aun luchaba contra sus propias piernas, las cuales le temblaban, para sostenerse en pie. Intentó generar más energía en su mano, pero no lograba concentrase puesto que su cabeza le daba vueltas por la presión que había sentido antes.
Amora soltó unas ligeras risas y disparó al mismo tiempo que ella cerraba sus ojos, en la espera del inminente final. Solo lamentaba tres cosas en esta vida: el hecho de que nunca se había atrevido a escalar el Everest gracias a su temor a las alturas, el no haber podido conocer a su hijo y el nunca haberle golpeado en la entrepierna a Loki por haberla abandonado.
El enojo de Fury iba creciendo mientras que su ojo no se apartaba de las pantallas frente a él que mostraban el desastre causado por las creaturas de Asgard y de los mismos héroes que intentaban retenerlas a como diera lugar.
De alguna u otra forma, haría pagar a Stark por la loca idea de abandonar la Tierra en un momento tan crítico como este.
El calor de otro cuerpo, impactando contra ella, la motivo a abrir los ojos. Al encontrarse con unos mechones de color dorado frente a ella la hicieron sentirse un tanto confundida, pero cuando la fragancia a Vainilla había vuelto a inundarle las fosas nasales entendió lo que estaba ocurriendo frente a ella.
Frigga se hallaba, a unos centímetros de distancia y estaba con los brazos extendidos. Sus hombros subían y bajaban lentamente a un ritmo que había comenzado a preocuparle. Y el aroma a metálico combinado con la dulce fragancia de la vainilla comenzó a hacerse presente en el ambiente.
El sonido de alguien escupiendo la sacó de su aturdimiento mientras que veía el cuerpo de la diosa tambalearse frente a ella. Intentó sostenerla en sus brazos, más la falta de fuerza y equilibrio en sus piernas hicieron que ambas mujeres cayeran sobre el suelo.
Sophia acomodó a la mayor entres sus débiles piernas mientras se percataba que en su abdomen y pecho había una enorme mancha de sangre que había vuelto a su roída túnica de color arena a una de color escarlata.
Los ojos de Sophia se abrieron grandemente mientras que su respiración se volvía agitada.
— Frigga — murmuró casi inaudible mientras llevaba una mano a la mejilla de la mujer, la cual estaba manchada con la sangre que había surgido de su boca.
Al parecer, la diosa se había interpuesto entre el ataque de la hechicera y ella. Pero, ¿Por qué lo había hecho? ¿Por qué salvar la vida de una simple mortal que solo era una carga?
La aludida le presentó una hermosa y débil sonrisa mientras comenzaba a lagrimear de sus ojos.
— ¿Nunca escuchas… e-escuchas cuando t-te dicen que… te alejes? — preguntó entrecortadamente con un tono de voz un tanto hilarante.
— Vaya, no creí que aún le quedara energía para transportarse a esa velocidad — espetó la hechicera con un tono de voz despreocupado.
La castaña hizo caso omiso del comentario y enfocó toda su atención a la mujer que estaba entre sus brazos. Comenzó a querer detener la hemorragia, cortando una de las mangas de su vestido y situándola sobre el vientre herido de la mujer. De inmediato la tela se impregnó con aquel rojo y caliente líquido que emanaba de la rubia. Sus labios nos dejaban de decir "Te pondrás bien" como si de una plegaria se tratase, mientras que sus ojos comenzaban a nublársele por las lágrimas.
— ¿Por qué? — preguntó después de tomarle el pulso y percatarse de que esta iba descendiendo rápidamente.
Frigga levantó, con algo de torpeza, su brazo derecho hacia la mejilla de la mortal. La acarició con ternura mientras sus dedos jugaban con los mechones rebeldes de su cabello que se habían pegado a su pómulo.
— Tú… y… tu… hijo… deben… de… vivir — y tras susurrar aquello, sus dedos índice y corazón se situaron sobre la sien de la mujer, iluminándose. Después descendieron hasta donde estaba su corazón e hizo presión con la poca fuerza que esta tenía.
La vista de Sophie se vio interrumpida, al igual que sus oídos. Por su cabeza había comenzado a correr imágenes en su mente, de las cuales solo ella era consciente. Y tras unos segundos, su visión y su audición volvieron, trayéndola de nuevo a la realidad.
— Te… lo prometo — y tras decir esto, la diosa comenzó a cerrar con pesadez sus ojos.
Loki observaba aquellos manchones de sangre seca que adornaban de manera divertida el rostro de Thor. Su respiración era agitada y sus latidos simulaban la batería de alguna de las canciones que Sophie escuchaba de vez en cuando.
Habían estado pelando usando todo su potencial y se sentía orgulloso de que el otro dios se mostrara igual o más derrotado que él mismo. Al menos podria presumir que había vencido limpiamente al dios del trueno.
Thor se sostenía de la pared con una mano, mientras que con la otra apenas y sujetaba a Mjolnir.
— Debo de aceptar que de todas nuestras peleas esta ha sido la más... Interesante — sonrió Loki después de recuperar la respiración, mientras comenzaba a avanzar hasta el rubio con la lanza en mano.
El dios del trueno se apartó y dirigió sus pasos hacia otro rumbo, lejos del camino que estaba tomando el moreno.
— Nunca antes había querido matarte como ahora — le indicó Thor con voz potente.
Las risas del menor no se hicieron esperar tras el comentario.
— Me siento alagado, hermano — mencionó Loki con sorna mientras se aferraba a Gungnir, buscando estabilidad, mas intentaba reflejar autoridad. — Entonces debí de haber hecho esto hace mucho tiempo.
Loki le sonrió desafiante mientras que el rubio solo reparó en gruñir y mostrar sus dientes de forma animal.
— ¡No tienes vergüenza! — rugió con potencia a la par que intentaba abalanzarse sobre el moreno. — ¿Cómo puedes haber matado a nuestra madre y vivir como si nada?
Era tan divertido el simular para Loki. Toda su vida se había basado en simular lo que realmente no era él, solo para obtener lo que quería. Y siempre había sabido controlar todas sus emociones y expresiones faciales para nunca verse descubierto. Mas ahora, mientras Thor lo veía de aquella forma tan patética, al dios le fue muy complicado el no controlarse.
Soltó unas potentes carcajadas. ¿Cómo era posible que este no supiera manejar su brazalete de forma adecuada? Dicho artefacto no solo servía como vínculo con su guardián y para unirse a su futura mujer de por vida, sino que también estaban ligados a sus padres. Mientras que el collar los unía a Odín, el otro les unía a Frigga y con ellos les era posible identificar el cómo se encontraban los dioses y su localización.
— ¡Tú nunca tomas nada en serio! — lo regañó mientras alzaba las manos en forma desesperada y se acercaba a él. — ¡Todo es una broma para ti! ¡Y disfrutas del sufrimiento de los otros mientras tú te ríes en su cara!
Se acercó hasta el moreno, lo sujetó del cuello y lo llevó, con una fuerza que Loki no creía que aun tuviera, hasta la pared más lisa que había en aquella habitación del palacio, mientras el menor dejaba sus risas de lado y simplemente lo observaba.
— A pesar de que engañas a todos con tus bromas, yo te conozco bien, Loki — comenzó su discurso. — Siempre he caído en tus bromas, pero conozco tus facciones y lo que tú siempre has sido, lo que realmente sientes y puedes llegar a ser… porque conozco tu interior y sé que todo tiene un propósito para ti, cada risa, cada lagrima, cada movimiento, todo. Así que… — acercó su rostro al oído del menor y, aclarando su garganta, le susurró: — Dime, ¿Qué es tan gracioso para ti?
Loki le sonrió divertidamente e imitó a su supuesto hermano en acciones.
— Frigga no está muerta. Ella vive.
Y tras decir esto, las manos de Thor comenzaron a temblar hasta que soltaron al menor del cuello, dejándolo libre. El rubio comenzó a retroceder mientras negaba con la cabeza, observando a su hermano a los ojos.
— Me estas mintiendo — comenzó en voz baja, una vez que se detuvo a una distancia considerada lejos del menor. — ¡Estas mintiendo!
— Seré el dios de las mentiras. Mas nunca mentiría en algo así — se encogió de hombros mientras le dedicaba una sonrisa divertida.
— ¡No! — negó con la cabeza mientras que su rostro era una divertida ruleta emocional, quería sonreír por la buena noticia, mas su interior le decía que todo se trataba de un engaño y su sonrisa se volvía una mueca dolida. — Sif me dijo que tú la mataste — terminó de decir mientras se acercaba unos pasos al otro dios y luego retrocedía.
— ¡Oh, por Yggdrasil! ¿Ahora que te estoy dando una buena noticia y diciendo la verdad, prefieres creerle a una tonta que a mí? — cuestionó irritado.
— ¡Tú nunca eres sincero Loki y lo sabes! — lo señaló con el dedo, de manera acusadora, mientras se establecía a unos pasos del menor.
— Siempre eres tan estúpido, Thor — comenzó a caminar hacia el rubio. — ¿Qué acaso no la sientes?
El rostro de Thor se volvió ahora de una completa confusión.
— ¿Qué?
Loki rodó los ojos y se posicionó al lado izquierdo del mayor. Rasgó con la punta de la lanza la prenda, llevándose una exclamación de sorpresa por parte del otro, y fijó sus verdes ojos en la mirada roja del ciervo alado que rodeaba las runas que indicaban el nombre del rubio. Acercó su mano en el brazalete y lo ayudó a conectarse con la esencia de la mujer.
Era algo muy sencillo de hacer, puesto que él estaba muy acostumbrado a realizarla, desde pequeño siempre lo había hecho. Y ahora ayudando a Thor a realizarla le era muy fácil, más aun así el rubio no entendía nada de aquello, algo que reflejaba en su rostro.
— Los brazaletes nos sirven como conexión con Frigga y así nosotros… — se calló cuando su mente fue consciente del estado de la mujer.
Pudo sentir el dolor que ella sentía, al igual que la agonía. El escozor en su pecho y la sensación húmeda que lo empapaba. Era sangre y era mucha. Frigga estaba gravemente herida.
"Pensé que nunca te darías cuenta" soltó dentro de su mente el guardián. Giró el rostro, por inercia, y se encontró con la serpiente, la cual lo observaba con un semblante serio. Si Frigga se encontraba así, eso quería decir que Sophie... Su pulso se disparó y un terrible miedo lo hizo sentir el sudor frío en todo su cuerpo, al igual que un vacío en su pecho.
Mas sus malestares fueron en retroceso cuando el guardián le negó con la cabeza.
Los ojos de Loki fueron rápidamente hacia Thor, quien tenía una mirada sombría y había comenzado temblar bajo su mano.
— ¿Que fue eso? — le preguntó con una voz temblorosa mientras sujetaba la mano del menor en un fuerte agarre.
— Es nuestra madre en estos momentos — murmuró tras un corto silencio.
Thor posó su mirada ausente y sombría sobre su hermano menor y, como si le hubiera leído la mente, Loki asintió y lo sujetó con fuerza del hombro.
— Loki...
Y tras decir esto, ambos dioses desaparecieron del lugar, tratando de llegar hasta donde aquella mujer se encontraba.
El ir de un lugar a otro con magia, se había vuelto un viaje tan común para el dios. Era una sensación para nada desagradable que lo hacía sentir más ligero, puesto que lo veía en un abrir y cerrar de ojos. Más sin embargo, en aquella situación, se sentía pesado y todo segundo lo veía como horas.
Sin darse cuenta, el agarre del otro dios había comenzado a entumecerle la mano, haciendo así aún más lento el viaje.
Aparecieron en uno de los pasillos del palacio que estaban cerca de las habitaciones de Odín, en donde se suponía debían de estar resguardada ambas mujeres. Pero en cambio, el lugar estaba totalmente destruido.
La figura de la reina, tendida sobre el suelo fue la primera que captó su atención. Se tendió sobre de ella a gran velocidad, sin darse cuenta que Thor lo seguía. La tomó entre sus brazos mientras veía como ella se quejaba del dolor, causado por la herida que tenía sobre el abdomen. Registró su pulso —hábito que intentaron inculcarle en el hospital— y logró percibirle una leve, pero presente señal de vida. Su respiración era pausada, pero constante. Loki llevó sus manos a la mejilla de la mujer, acariciándola y tratando de limpiar la sangre que había salido de su boca. La mujer comenzó a mover los parpados como reacción al movimiento hasta llegar a abrirlos. Aquellos azules orbes fueron de enfocar nada hasta posarse sobre la verde y dolorosa mirada del menor de los dioses.
— Loki — suspiró la mujer mientras le dedicaba una sonrisa tierna.
Las manos temblorosas de la mujer comenzaron a moverse y tanto él como Thor reaccionaron a sujetarlas, una cada uno. Fue ahí que reparó en la presencia del rubio.
Thor había acercado aquella débil mano, manchada con la sangre de la mujer y marcada con la edad de la misma, la besó y la pegó en su mentón, tratando de ocultar las lágrimas que parecían escurrir por sus ojos. Thor había comenzado a llorar en silencio mientras veía como la mujer que les había dado la vida comenzaba a dar sus últimos alientos de vida.
— Mis dos… hijos… al fin… juntos — les dedicó la mujer aquellas entrecortadas palabras mientras Loki veía como el labio le temblaba por la impotencia de no poder hablar con más fluidez.
— Madre… yo… — comenzó a balbucear el menor, más la mujer lo interrumpió.
— Cuanto… han… crecido — se detuvo para jalar todo el aire que pudo, puesto que se le dificultaba mucho el respirar. — Estoy… orgullosa de ustedes…
— Perdónanos madre — se apuró a decir Thor mientras se apegaba más a la mujer, su voz sonaba quebrada por el llanto que había comenzado a surgir desde su garganta. Tal vez no estuviera lloriqueando, más si se lograban ver ligeras lágrimas surgiendo de sus claros ojos. — No… No pudimos protegerte… Yo…
— Basta — le ordenó la mujer aun denotando su autoridad, haciendo que ambos hombres posaran sus ojos sobre la mujer, la cual comenzó a toser descontroladamente, mientras comenzaba a escupir sangre.
Ambos dioses se apuraron a mantenerla sentada para evitar que se ahogara con su propia sangre, más la mujer alzó sus débiles brazos en señal de protesta.
El dios del trueno llevó sus desesperados ojos hasta posarlos sobre la mirada verde que parecía perdida entre todo aquel barullo que estaba viviendo. Llevó una mano hasta el hombro del menor, intentado que reaccionara y le prestara la debida atención. Loki alzó sus ojos hasta los de Thor y logró ver como el terror y la agonía se asomaban por aquellos ojos en los que antes había visto odio y un deseo feroz de tratar de vengarse del hombre que había creído su hermano por el hecho que lo creía presunto culpable de la supuesta muerte de su madre.
— Loki tienes que curarla — le suplicó Thor mientras se aferraba más al hombro del menor. — Tienes… tienes que hacer algo — tartamudeó.
El aludido alzó sus manos a la vista de sus propios ojos. Estaban manchadas de la sangre ajena y estas estaban temblando.
— Yo… — balbuceó perdido en sus propios pensamientos.
Nunca había creído que aquella fuerte mujer, pilar de la ciudad, pilar de Odín y de él mismo, ahora se encontrara al borde de la muerte. Aquello era completamente increíble e imposible. Más lo que sus ojos le estaban mostrando era todo lo contrario.
Sus temores comenzaron a hacerse presente, toda aquella oscuridad que había conocido, lo estaban abrumando, ahogándolo en todo aquel dolor que su alma comenzaba a experimentar. Cada herida, cada abuso, cada humillación, cada traición comenzaron a bombardear su mente y a desgarrar poco a poco su alma. Sentía como, cada vez que posaba sus ojos sobre la enorme herida de la que siempre amó como su madre, comenzaba a caer en un agujero que cada vez lo iba inundando en una profunda oscuridad en la cual no podía verse liberado por más que lo intentara.
— ¡LOKI! — lo sacó de aquel ensimismamiento en el que se había recluido, haciéndolo volver a la realidad. — ¡TIENES QUE HACERLO YA!
Las manos de Loki se encendieron como reacción ante aquello. Llevó sus chispas hacia donde estaba la herida de la mujer y cerró sus ojos para lograr concentrarse. Trató con toda su fuerza el curarla. Por Odín que deseaba hacerlo, con todo su ser. No podria permitirse perder a una mujer tan importante como ella.
Pero el fuerte agarre sobre su muñeca lo hizo abrir los ojos. La mano de Frigga se aferraba con decisión sobre su muñeca y estaba deteniendo aquel proceso de curación. Posó su expectante mirada sobre el rostro de la mujer, en busca de alguna respuesta a la oposición al querer curarla. Mas el frágil rostro de la mujer, acompañado de una ligera y hermosa sonrisa, le indicaron con una negativa que se detuviera.
— ¡PERO TENGO QUE HACERLO! — gritó con fuerza el menor entrando en un estado de histeria, la cual iba en aumento, gracias a todos los sentimientos de culpa que guardaba dentro de sí. — No he sido más que un hijo maldito que solo acarrea problemas… por mí, Asgard está al borde del abismo y la locura… por mi culpa tú estas así…
Frigga levantó la mano y le tapó la boca a Loki, haciendo que este callara. La sonrisa de la mujer seguía firme en su rostro, el cual ya mostraba señas de sumo cansancio.
— Nada de esto es tu culpa — soltó corrido la mujer en voz baja, mientras llevaba su mano de la boca a la mejilla del moreno. — Digan lo que digan… Tú siempre… serás mi hijo… Mí muy amado hijo…
Los ojos de Loki se abrieron grandemente y las lágrimas comenzaron a brotar de estos. Lagrimas que había estado conteniendo desde que arribó a la escena. Una puñalada fría le atravesó el corazón. Fue entonces que cayó en la cuenta que todo lo que había hecho antes, tanto en Midgard como en Jotunheim y en Asgard, había sido un completo acto de estupidez. Ahora todo había carecido de sentido. Todo.
Frigga dirigió sus ojos a los de Thor y, con la misa sonrisa, le envió un beso.
— Cuida siempre de tu hermano… — le suplicó la reina. — Pues tanto él… como tú… Están destinados… a grandes cosas…
Los ojos de la reina fueron rápidamente a los verdes del menor.
— Nunca… vuelvas… a… perder… la… fe… en… él…
Y con estas palabras, la reina dio su último aliento, abandonando aquel cuerpo herido para llegar hasta el Valhala. La mano que tenía en la mejilla de Loki cayó sin reparo alguno sobre las piernas de la fallecida mujer.
Tanto Loki como Thor se quedaron inmersos en su propia mente, tratando de procesar todo aquello.
— Vaya estupidez romántica la de la familia real. ¡Creo que quiero vomitar! — escupió con descaró una voz que Loki identificaba bien.
El menor alzó los ojos hacia dónde provenía la voz de la hechicera. Unos gritos le siguieron a los pasos de la mujer, quien comenzaba a adentrarse hasta donde se encontraban ellos.
El dolor y la culpa del dios fueron rápidamente transformados en una creciente ira cuando frente a él se posó la rubia mujer que vestía de verde y le sonreía divertida mientras que en su mano izquierda sostenía del cabello a la mortal a la cual estaba ligada. Sophia se retorcía en un intento por liberarse del agarre de la mujer quien parecía no ceder ante los gritos de aquella mortal.
Llamó a su cetro, el cual había soltado en el momento en que había llegado y visto el cuerpo de Frigga, y lo sujetó con fuerza, apuntando hacia la hechicera. La mujer le hizo una mueca de burla para después jalar de nuevo a Sophia y aventarla el frente de ella. Loki no reparó en cerciorase del estado de la mujer, puesto que toda su atención estaba sobre la maldita hechicera que estaba frente a él.
— Nunca pensé que los Vanir fueran tan estúpidos para proteger a los mortales… Y menos uno tan fuerte como ella… — dijo con un tono de voz burlesco mientras señalaba a la mujer con la cabeza. — Pero… la vida sigue — se encogió de hombros y alzó las manos en son de inocencia.
El agarre sobre la lanza se acentuó y se dispuso a disparar, más el martillo de Thor se le adelantó, golpeando a la hechicera de lleno, haciéndola retroceder hasta la pared del pasillo. Thor se situó a su lado y, alzando la mano, llamó a su poderosa arma a su encuentro.
Loki observó al rubio por el rabillo de los ojos y pudo percibir aquella mirada que antes había estado en él, minutos antes de haberse enterado de la verdad de Frigga, más con una ligera diferencia: el odio y el dolor habían ido en aumento hasta alcanzar unos límites que ni él mismo concia del otro. Y su aura, aquella de un brillante y vigoroso color rojo, se había comenzado a motear con unas manchas negras, las cuales hacían que esta comenzara agitarse de manera salvaje.
Le fue inevitable el sonreír ante aquella escena. Posó sus ojos sobre la hechicera la cual comenzaba a levantarse de aquel ataque de Mjolnir, se acercó hasta ellos con un semblante molesto, creando unas chispas color verde olivo en sus manos, lista para atacar. Pero ambos dioses se le adelantaron, lanzándose sobre de ella, cada quien con sus respectiva arma. Y en una especie de unión que habían hecho ambos hermanos, soltaron un potente rugido y atacaron a la hechicera.
Loki, evitando que Sophia se viera inmersa en aquella batalla, los transportó a otro lugar, lejos de la cercanía de la débil mortal.
— Y pensé que la serpiente con cuernos en mi baño sería lo más bizarro que vería en toda mi vida — expuso el millonario mientras soltaba un ligero suspiro y se cruzaba de brazos.
— ¿Quieres callarte, Stark? — le ordenó el capitán a su lado mientras lo jalaba del brazo, tratando de ocultarlo detrás de la pared.
El resto de los vengadores se encontraban sentados en el suelo de aquella choza que habían encontrado mientras ideaban un plan para salir de aquel embrollo.
Desde muy pequeño, Steve siempre había sido muy devoto en todas su creencias. Nunca había celebrado ninguna celebración pagana debido a esa devoción. Estaba chapado a la antigua, eso era algo que hasta el mismo aceptaba.
Pero ahora, que se encontraba en aquel reino que desafiaba a todas sus creencias sobre la mitología y sobre su misma religión, había llegado a un momento crítico en su propia fe.
Pasó sus ojos por todo el lugar, vigilando cada uno de las acciones de sus compañeros. Natasha y Clint estaban vigilando todo lo que sucedía afuera, Bruce había vuelto a ser normal y se encontraba descansando en una de las esquinas del lugar, Pym estaba curando alguna de las heridas de Janet la cual no dejaba de hacer pucheros, T'Challa y Carol estaban situados uno a cada extremo de la habitación en la espera de alguna señal de alerta, al igual que los guerreros Asgardianos. Pero Tony, ¡Dios! Tony se encontraba paseando de un lugar a otro, moviendo las manos en seña de una creciente ansiedad que estaba comenzando a ponerle los nervios de punta.
— Digo, es que es realmente bizarro el encontrarte con algunas mujeres árboles que hablan y se mueven — continuó con sus ideas el genio mientras no dejaba de caminar. — Me hacen pensar que hemos venido a la Tercera Edad del Sol de la Tierra Media.
— ¿No estarás hablando enserio? — le cuestionó Mis Marvel mientras alzaba una ceja.
— Todo cuadra a la perfección. Solo piénsenlo, tenemos a Légolas de nuestro lado — señaló a Clint — y al resto del reparto, solo nos haría falta un hobbit y un enano… ¿Alguien se propone como candidato? — lanzó la pregunta a todos, mas nadie pareció interesado en aquello.
— ¿Nadie lo ve desde ese punto? — volvió a insistir.
— Guarda silencio, Tony, por favor — le volvió a ordenar el soldado para luego soltar un suspiro.
Había ocasiones en que no entendía todas las referencias que soltaban en la actualidad y debía de quedarse con la duda hasta que pudiera preguntarle a Darcy —quien siempre trataba de tenerlo al día con todo de lo que se había perdido en esos últimos setenta años en los había pasado congelado—, pero había otras en las que si entendía y realmente le parecía molesto, ya que, como en la mayoría de los casos, Tony siempre molestaba con aquellas cosas hasta el punto de hartarlo, como en aquellos momentos.
Optó por ignorar todo aquello y centrarse de nuevo en pensar en una forma de cómo salir, aprovechando que todo volvía a estar en un relajante silencio.
— Es increíble que nos hayan encerrado en una maldita ilusión — comenzó Tony después de un rato de haber guardado silencio, Steve solo optó por rodar los ojos. — Digo, somos los héroes más poderosos del mundo, no pudimos haber caído en algo tan estúpido como un encantamiento…
— Loki y Amora son unos maestros en el arte de la hechicería — le indicó uno de los guerreros, si mal no recordaba su nombre era Fandral, sin dejar su lugar.
— Si y yo soy un as en el uso de las ciencias y no se lo ando restregando a todo el mundo encerrándolo en una capsula ilusoria — alegó el moreno mientras se paraba en su lugar y movía las manos de manera exagerada.
— ¡Basta Tony! — lo regañó la espía mientras no dejaba de vigilar desde su ventana. — Compórtate.
— Y si, si lo haces — le indicó el arquero mientras se movía de su lugar. — Oh me dirás que ya no recuerdas la cámara de hipersueño en la que nos encerraste por "error" durante una semana, de la cual no salimos hasta que Fury presionó a JARVIS para que nos liberara, puesto que la tierra estaba bajo ataque.
— Cierto, aún tengo secuelas de esa vez — mencionó Banner alzando la vista hacia el centro de la habitación.
Todos posaron la vista sobre el genio, con el recuerdo muy presente de aquella ocasión que los había encerrado con engaños dentro de su nuevo experimento, mientras que este solo desviaba la vista hacia cualquier punto como si estuviera buscando algo importante.
— No vamos a conseguir nada si siguen discutiendo — habló con un cierto tono de molestia la guerrera de cabellos negros mientras se ponía de pie. — Necesitamos un plan para salir de esta ilusión.
— Ya hemos visto que pelear no sirve de nada, solo nos agota y las creaturas siguen apareciendo — apuntó Pym mientras volvía su vista hacia el resto del grupo. — Nos quiere mantener aquí hasta que terminemos muertos de cansancio.
— Necesitamos buscar un punto en donde la ilusión sea más débil y enfocarnos en este para tratar de derribarla…
— Es un buen punto, T'Challa — felicitó Banner mientras se cubría con una manta que habían encontrado en aquel lugar, ya que parte de su ropa había terminado casi destrozada y había partes en las que no cubría su cuerpo siendo él mismo, más si mientras era el otro tipo. — Pero aun así no resuelve la interrogante, ¿Cómo podemos derribarla?
— Muy sencillo — volvió alzar la voz Tony —: La estallamos con una bomba, eso siempre funciona.
— O esperamos que el hechizo se debilite como ahora — anunció la pelirroja mientras se ponía de pie y cargaba su arma en la mano.
Todos los presentes, a excepción de Tony, se dirigieron hacia la ventana. Natasha señaló con su arma el punto en donde la ilusión se iba desvaneciendo poco a poco, era una parte del cielo, el cual había pasado de ser un azul claro y volverse de un esplendoroso color rojizo.
— Esto es muy extraño, nunca antes un hechizo puesto por Loki había durado tan poco tiempo — señaló la guerrera mientras se apartaba un poco de la ventana, con un semblante confuso.
— Es posible que su magia se esté agotando — analizó la pantera.
— No — negó con rapidez la mujer. — Siempre es muy precavido, nunca drena toda su magia. El siempre trata de absorber de todo lo que hay a su alrededor para evitar este tipo de contratiem…
— ¡Eso es! — exclamó con entusiasmo Stark, interrumpiendo la información que estaba dando la mujer. — ¡Absorber es la respuesta! ¿Cómo no se me pudo ocurrir antes?
— ¿De qué demonios hablas, Tony? — cuestionó con curiosidad la avispa.
El genio, quien se había quedado en su lugar, había comenzado a moverse de un lugar a otro con una expresión de éxtasis mientras miraba hacia todos lados.
— ¿Ahora que te ocurre, Stark? — le instó el rey de Wakanda mientras se cruzaba de brazos, un tanto molesto.
— Es algo muy sencillo: Absorber — volvió a repetir.
— Explícate, Stark — ordenó Rogers mientras se posicionaba al lado de Pym, quien parecía estar tan perdido como él con las palabras del genio.
— ¡Dios, al parecer muchos carecieron de una estimulación temprana! — se detuvo el inventor, su rostro reflejaba algo de fastidio. — Mientras estuve con Loki en el laboratorio, aprendí muchas cosas sobre su magia, pude hacer varios campos de fuerza en contra de su magia, logré utilizar su magia como fuente de energía para un aparato y, lo más importante en estos momentos, utilizar su magia en su contra a través de un aparatito que logra absorber la magia y volverla energía para mi armadura…
Todos observaron atónitos al millonario mientras esta les sonreía con una estúpida sonrisa, la cual siempre utilizaba cuando ganaba en alguna partida de un video juego, cuando él tenía la razón o cuando se alzaba sobre el resto, en esta ocasión era la última.
— ¿Nos estas diciendo que puedes absorber la magia de Loki y utilizarla como energía de tu armadura? — preguntó un tanto seria Carol.
— A resumidas cuentas, sí.
— Y bien, ¿Qué estamos esperando? — soltó con más animo Janet mientras se encogía y comenzaba a volar por todo el lugar.
El sonido de aquel lugar comenzó a distorsionarse y el suelo empezó a temblar de manera agitada.
— ¡Creo que este sería justamente lo que estamos esperando! — alzó la voz Clint mientras sujetaba con fuerza su arco y se ponía en posición de ataque.
Al menos esta vez, las cosas se dieron sin planearlas demasiado.
La cabeza le palpitaba y su vientre le había comenzado a doler desde hacía tiempo atrás. Comenzó a incorporarse poco a poco, mientras se llevaba una mano a la cabeza en un intento infantil por detener las palpitaciones.
Analizó todo a su alrededor mientras su vista se iba adaptando de nuevo a la luz de aquel lugar. Las paredes estaban con marcas, el lugar estaba completamente vacío y, cerca de ella, había un charco de sangre.
Su mente despertó por completo al recordar lo que significaba aquel charco.
— ¡Frigga! — se levantó apresurada, aun con dolor en todo su cuerpo, y se tumbó al lado de la mujer, la cual estaba completamente inmóvil.
La tomó de nuevo entre sus brazos y le buscó el pulso. Dejó de respirar por unos segundos debido a que la mujer no mostraba ninguna señal de vida. Las lágrimas comenzaron a nublarle la vista y acomodó la mujer en el suelo, en un intento absurdo por tratar de reanimarla. Comenzó llevando sus manos sobre el corazón de la mujer, dando golpes constantes sobre su pecho, para después acercar su boca a la de ella e intentar darle respiración boca a boca.
— Vamos, por favor, despierta — decía con insistencia mientras repetía una y otra vez sus actos.
Pero por más que insistiera, por más que deseara que aquello fuera una mentira, la mujer sobre el suelo no abría los ojos, no reaccionaba ante nada. Significaba que la diosa había muerto y todo había sido por su culpa, por protegerla a ella, quien había sido tan tonta como para desafiar a una hechicera mucho más fuerte que ella.
La impotencia la inundó y no pudo hacer nada más que abrazarse a sí misma, tras haber recogido sus piernas. Hundió su cabeza sobre sus rodillas y dejó correr sin control lágrimas de dolor.
A pesar de que había conocido hace poco a la mujer, ya la estimaba demasiado y en verdad había deseado ese fin para ella. Sophia la quería a su lado, pero viva. Puesto que la mujer se había vuelto en aquella figura que la mortal había perdido hace ya casi tres años: su madre. Agregándole que la mujer también era importante para el dios. ¿Cómo reaccionaría Loki cuando supiera que su madre había fallecido y por culpa de ella? Posiblemente la odiaría y la dejaría de lado con la creatura. Pero algo en ella le hizo reflexionar sobre aquello, diciéndose a sí misma que eso era imposible.
"El nunca te haría un lado, y tú lo sabes" escuchó la voz de la serpiente la cual comenzó a rodearla con su pequeño cuerpo. Sophia no quiso alzar el rostro, mas agradeció aquel gesto por parte del guardián.
Unos fugaces recuerdos azotaron su cabeza. No eran precisamente recuerdos de ella, puesto que veía algunas partes del palacio en buen estado. La figura de una bella y rubia mujer apareció en aquel recuerdo, seguido por la presencia de un pequeño niño de cabellos oscuros como la noche que corría tras ella. Rápidamente identifico a cada personaje, eran Loki y Frigga hace mucho tiempo atrás. La mujer soltó una potente risa para después abalanzarse sobre el niño y aprisionarlo entre sus brazos con un potente y amoroso abrazo, el cual Loki parecía disfrutar mucho. Al cabo de unos instantes, la imagen desapareció.
Después le siguió otra y luego otra, tras otra. Pero en todas había un recuerdo semejante: Frigga abrazaba con cariño a Loki, aun cuando este fue prisionero de la ciudad que lo vio crecer y era considerado el enemigo número uno de Asgard, aun así, la imagen era la misma, Frigga abrazaba con todo su amor al menor de sus hijos.
Tras esto, las imágenes se detuvieron y la figura de Uróboros se hizo presente en su cabeza.
"Debes de estar con él, ahora que lo va a necesitar más" la voz sonaba seria y con un ligero tono de angustia. "Al igual que tú, se siente culpable de la muerte de la mujer".
— ¿Ya lo sabe? — susurró para sí misma mientras que en su mente la creatura asentía.
El corazón de Sophia se encogió ante aquello. Si quería ayudar a Loki en estos momentos, debería de ser un poco más fuerte. Ella ya había pasado por la pérdida de su madre, ahora debía de servir de apoyo para el dios que ahora se enfrentaba a la misma perdida.
Levantó el rostro y posó sus ojos hacia el rostro sereno de la mujer que estaba ante sus pies. Le dedicó una débil sonrisa, para después acercarse a ella y plantarle un pequeño beso en la mejilla.
— Gracias — murmuró a la mujer, con la tonta creencia de que aun podía escucharla.
"Debemos irnos y resguardarte en un lugar seguro" le sugirió el guardián.
Se dispuso a ponerse de pie, en un acto por obedecer a la serpiente, la cual se hizo a un lado para darle espacio, pero el sonido de otra respiración la alertó en instantes.
— Así que hay una pequeña niña perdida por aquí — el tono de voz era fuerte y lo podía escuchar muy cerca de ella.
Posó su vista hacia donde provenía la voz y se encontró con una figura alta, con una aspecto semejante al de Loki cuando se convertía en un gigante de hielo, por lo cual la hizo adivinar que se trataba de uno.
La creatura le sonrió divertida mientras se aproximaba a ella de forma amenazadora y en su mano comenzaba a formar una cuchilla hecha de hielo sólido. La mujer empezó a retroceder en un esfuerzo por distancia entre la creatura y ella, mas esta no dejaba de acercarse a ella. Alzó sus brazos en un esfuerzo por crear una barrera que la protegiera, más el cansancio del que ahora era consciente le impidió hacer algo verdaderamente sólido. No importaba que tuviera la magia de Loki con ella, si no era capaz de canalizarla y proyectarla, jamás podría utilizarla.
Fue en ese momento que el miedo comenzó a inundarla. Giró su rostro hasta donde estaba la serpiente, la cual estaba retrocediendo igual que ella, mas esta estaba frente a ella, en son protector. Cuando su cuerpo chocó contra la pared, impidiéndole seguir retrocediendo, el Jotun le dedico una ligera risa de satisfacción mientras la amenazaba con su cuchilla.
— Despídete de todo, mortal.
— ¡No, el que dirá adiós serás tú! — escuchó el grito de una mujer mientras veía que frente a ella el Jotun era cortado a la mitad por una cuchilla hecha de luz.
La sangre azul de la creatura la alcanzó, manchándole algunas partes del vestido que estaba usando, algo que hizo que Sophia se cubriera el rostro con sus manos.
Tras unos segundos, apartó sus manos y observó a quien le había salvado la vida. Era un individuo, que cubría su rostro con una capucha. Podría calcular que era, si acaso, unos centímetros más alta que ella. Sus manos despedían una luz color naranja, mas su cuerpo, era rodeado con un aura de color morado, seguido por una dulce fragancia de moras.
— ¿Quién eres? — demandó saber Sophia mientras no se apartaba de la pared.
Después de uno momentos, el individuo desapareció su magia y se retiró la capucha, descubriendo su rostro. Las facciones de una bella mujer iluminaron aquel pasillo. Tenía unos ojos de color azul y un hermoso cabello ondulado de color dorado. Su piel era pálida, ayudando a resaltar sus hermosos ojos.
Sophie abrió grandemente sus ojos, sorprendida por la imagen de su salvadora.
— Soy una vieja amiga — le sonrió la mujer con un tono de voz casi cantarín.
— ¿Estas de mi lado o de Amora? — preguntó algo temerosa.
La mujer dudó por unos momentos en responder.
— Soy alguien que ha venido a guiarte y protegerte — respondió con gentileza. — Tú sabrás como catalogarme. ¡Ven! Tenemos que irnos de aquí.
La castaña se mantuvo quieta por unos momentos mientras analizaba si acercarse o no a la extraña mujer. La creatura a sus pies, en cambio, no dudo en acercarse a la mujer, para después girar su rostro e indicarle que se acercara. Sophia caminó a paso lento hasta situarse al lado de la otra mujer.
— ¿Eres una diosa o algo así? — indagó.
La mujer soltó una ligera risa.
— La gente de Midgard es demasiado curiosa y desconfiada — señaló la mujer mientras se cruzaba de brazos. Tras un rato, comenzó a buscar con la mirada algo. — Se supone que Frigga estaría contigo, ¿en dónde está?
Una triste mueca se formó en el rostro de Sophia, junto con una ligera opresión el pecho. Señaló con el mentón donde yacía el cuerpo de la diosa sin vida. La mujer siguió su dirección y la mortal pudo captar como aquel dulce rostro se volvía en una especie de mueca de dolor y tristeza.
— Por Yggdrasil — soltó en un suspiro, mientras se llevaba una mano al pecho.
Acercó sus pasos hasta donde estaba la antigua reina y se inclinó hasta ella. Le plantó un beso en la frente para después tomarla entre sus brazos y comenzarla a alzar.
— ¡Necesito tu ayuda! — gritó la mujer un tanto ansiosa.
Sophia no dudó en acercarse, para después tomar el cuerpo de Frigga y ayudarlo a cargar a la otra mujer hacia una de las puertas que había en aquel pasillo. La rubia abrió como pudo la puerta y juntas se adentraron a la habitación. Dentro de aquel lugar había una enorme cama junto con algunos enormes estantes de libreros y unos cuantos escritorios donde había muchos objetos extraños para ella. La habitación estaba adornada con algunas sabanas de color verde, pero también tenía unos toques de dorado.
Al igual que el resto del palacio, el lugar estaba cubierto de polvo y algunos escombros que habían caído del techo.
La rubia la guió hasta la cama, donde depositaron el cuerpo sin vida de Frigga, la acomodó en una posición decente y la cubrieron con una de las sabanas verdes.
— Esto no es lo que se merece, mas es lo mejor que le podemos dar — mencionó la rubia tras haber soltado un suspiro. — Es hora de irnos.
La mujer a su lado se giró y comenzó a caminar hacia la puerta de aquella habitación.
— ¡Oye, espera! — le gritó Sophia un tanto confundida.
La mujer se detuvo en el umbral de la puerta y giró su rostro hacia donde se encontraba la castaña. Sus ojos azules se posaron sobre ella, pero por más que pareciera que la estaba observando de manera dura o fría, aquella mirada le reflejaba dulzura y compasión.
Sophie se acercó lentamente hasta ella y la miró con algo de valentía.
— No sé ni siquiera quien eres, ni mucho menos si puedo confiar en ti — comenzó con algo de decisión en su voz. — Pero al menos, si vas a protegerme, debería de saber algo que me haga confiar en ti.
La otra mujer la observó por unos momentos en silencio, mientras parecía meditar en lo que le iba a decir. Más tras unos segundos, soltó un prolongado suspiro.
— Soy una vieja amiga de Loki — reveló la mujer mientras le dedicaba una sonrisa. — Soy Sigyn, diosa de la Fidelidad.
— Y yo… Soy Sophie… ¿Mortal con Magia? — dijo con algo de modestia mientras se encogía de hombros. En verdad, le era muy difícil el competir con los dioses de este lugar, todos tenían un título muy elegante, que los hacia denotar su poder.
Sigyn sonrió divertida, para después girar de nuevo.
— Debemos avanzar, Lady Sophia, nuestro objetivo es encontrar a Thor para que te lleve de regreso a Midgard.
Sophie asintió y se posicionó al lado de la mujer. Tras esto, comenzaron a caminar, fuera de la habitación, por uno de los interminables pasillos.
— Pero antes, debemos llevarte a un lugar en donde estés a salvo hasta que logre encontrar a Thor — le indicó mientras le dedicaba una sonrisa.
Sophia la imitó, mas aquello se vio interrumpido por un fuerte mareo la abrumó, haciéndola tambalearse y perder el equilibrio. Por suerte la diosa la sujetó antes de que cayera sobre el suelo.
— ¿Se encuentra bien, Lady Sophia? — preguntó con preocupación.
— Me siento un poco cansada, eso es todo — respondió la castaña con una voz débil.
— ¡Oh, debe disculparme! — comenzó la mujer un tanto alarmada. — He olvidado por completo el restablecer sus energías.
— ¿Qué cosa?
— Quédese quieta mientras hago mi trabajo — ordenó la mujer mientras la recargaba sobre la pared, para después iluminar sus manos con aquella luz anaranjada.
Cerró sus ojos y aspiró profundamente mientras juntaba sus manos. Sophia se mantuvo callada mientras la observaba con algo sorpresa mientras que un fuerte aroma a moras invadía sus fosas nasales. Sigyn llevó sus manos al pecho de la otra mujer y ejerció algo de presión sobre este. La castaña sintió como un fuerte calor la comenzaba a inundar mientras que sus fuerzas volvían y el dolor desaparecía por completo.
Tras unos minutos de permanecer de esa forma, la diosa se apartó de ella y abrió los ojos, dedicándole una dulce sonrisa.
— Por favor, no le diga Loki que cometí este pequeño error, ¿de acuerdo? — le suplicó la mujer con aquel dulce tono de voz, a lo que Sophie no pudo más que sonreír y soltar una ligera risa.
— De acuerdo — aceptó.
Y luego de permanecer unos momentos en silencio, un fuerte estallido al lado de ellas las hizo ponerse en guardia. Una de las paredes del pasillo había sido destrozada, dejando un enorme hueco por donde había entrado una figura.
Ambas mujeres se acercaron con sumo cuidado mientras que la diosa comenzaba a generar chispas anaranjadas en sus manos. Pero grande fue su sorpresa cuando la figura que había entrado se trataba de un sujeto rubio, alto y con una imponente figura.
— ¿Thor? — soltó la mujer con algo de confusión.
— ¡Vaya, eso fue mucha más sencillo de lo que pensé! — soltó con algo de entusiasmo la rubia, mientras desaparecía de sus manos su magia.
El rubio dios sacudió la cabeza mientras comenzaba a ponerse de pie. Sus movimientos eran torpes y en todo su cuerpo había una fuerte señal de que el pobre guerrero no había hecho otra cosa más que pelear.
Cuando estuvo completamente de pie, observó a ambas mujeres con algo de confusión.
— ¿Lady Sigyn? ¿Sophie? — preguntó mientras se sostenía de la pared con una mano y sujetaba con fuerza a su mazo con la otra.
— Príncipe Thor, por orden del príncipe Loki, usted debe…
— ¡Loki! — soltó Thor saliendo de una terrible desorientación para ponerse en alerta. Algo en esas acciones hicieron que una pequeña espinilla de preocupación se comenzara a clavar en el corazón de Sophie.
— Si, Loki — volvió a decir Sigyn mientras se acercaba al hombre y lo intentaba ayudar.
Ambos dioses salieron de aquellos escombros que había provocado la repentina caída del dios sobre aquel extenso pasillo.
— El me ordeno que usted se llevara a Lady Sophia lejos de Asgard para que la pusiera a salvo — le terminó de decir la diosa mientras Thor se apartaba de ella un tanto descortés.
— Debo regresar con mi hermano — dijo el hombre mientras caminaba torpemente unos pasos para después desplomarse sobre el suelo de nuevo.
Amabas mujeres fueron a socorrerlo mientras el dios se negaba a que alguien lo ayudara.
— Por favor, quédese quieto, está muy herido — señaló la rubia mientras comenzaba a invocar de nuevo sus chispas de color naranja.
— ¡NO! — rugió un tanto molesto el dios mientras se soltaba de cualquier agarrare que ambas mujeres hicieran. — ¡Necesito ir a buscar a mi hermano!
Fue ahí la ansiedad y la angustia inundaron a Sophia, necesitaba saber porque era tanta la insistencia de aquel dios por volver con el moreno.
— ¡Thor, mírame! — lo sujetó la mortal del mentón, haciendo que este lo observara, la vista del rubio no se lograba enfocar en ningún punto y parecía estar completamente desorientado, era posible que hubiera sufrido una fuerte contusión que lo estuviera haciendo perder la orientación. — Dime, ¿algo malo le ha pasado a Loki? ¿Dónde está él?
Y tras unos cuantos segundos, los cuales le parecieron eternos a la mujer, le sobrevino lo que más temía escuchar.
— Amora… Ella capturó a Loki y lo tiene en un débil estado… Quiere torturarlo hasta matarlo.
El corazón se le encogió y no pudo más que caer sobre sus rodillas. Debía de hacer algo y rápido antes de que aquella mujer matara al hombre que más amaba.
Okey... Espero y no me maten por lo que acaba de pasar... Si Frigga murió y eso era justo y necesario. Todo lo que pasa tiene un porque... así que espero que logren entender y tengan la paciencia para lo que viene después...
Sobre agregarle olores a las auras... es algo que me inspiré leyendo la saga de " Los secretos del inmortal Nicholas Flamel" de Michael Scott, la cual recomiendo. La iniciativa "New Avengers" es algo que surgió mientras volvía a ver la serie de the avengers earth's mightiest heroes, un capitulo en el que los vengadores oficiales desaparecen y llaman a un grupo de individuos a salvar la tierra. Y por ultimo, no se si Sigyn pueda usar magia o no de esa forma, pero en mi universo si, puesto que la necesito de esa forma...
Bueno... les debo una enorme disculpa por no haber publicado antes, pero debo de señalar a la uni y a la falta de inspiración como las únicas culpables de mi retraso. Por mas que me sentaba en la computadora, ninguna palabra se escribía, tenia el capitulo en mente, todo lo que pasaría, mas mis manos no me dejaban escribir, y al fina siempre terminaba distrayéndome con cualquier cosa... Mas gracias a Dios, mi inspiración volvió y me volví a aventar un capitulo en casi tres días xDD...
Les agradezco profundamente cada comentario que hayan hecho, por el tiempo que pasaron leyendo y una enorme disculpa por el tiempo que pasaron esperando... No les podre agradecer por aquí, mas sin embargo le enviare un mp en el transcurso de la semana...
Gracias yuzurika, nazareth (gracias por tu divertido comentario, me encantó tu descripción de tus sentimientos xD), Pink-Lkz013, flipo12, Katherine (wow eres rápida leyendo, gracias por comentar), annie. m. c. 97, KariDz
Bueno, sin mas que decir... me despido...
Cambio Y Fuera ~
