Parte XXVI

Redel se encontraba listo para la batalla. Se colocó en un extremo del campo de medidas oficiales, hacía ya tiempo que no peleaba en uno de esos. Eliza por su parte esperaba a ver el desenlace, confiaba en que Redel ganaría, pero no sabía el cómo. En lo que todo se preparaba se le acercó un muchacho algo gótico.

-Hola… Mi nombre es Martin, soy el principal entrenador de este gimnasio-le dijo el chico.

-Ah, sí hola Martín- le contestó algo confundida. "¿Por qué rayos me habla?" se preguntó ella.

-Tu amigo, no tiene oportunidad, la conexión entre ella y sus pokémon es muy fuerte- dijo él Martín.

-Sí, eso, no creas, Redel es muy fuerte- Eliza le contestó. Ella empezó a pensar en sus creencias antiguas sobre la "conexión" entre los pokemon y humanos, y como Redel le enseño un camino alternativo.

-Uhm… Ya lo veremos-dijo algo molesto.

Todo se encontraba listo, el campo estaba despejado y todos se pusieron detrás de unas gradas que normalmente se encuentran plegadas, pero que en ocasiones especiales, como cuando se prevé un espectáculo o la pelea se podría tornar peligrosa para los no entrenadores se despliegan. Después unos Mr. Mime, que realmente no parecían encajar con el lugar, crearon unas barreras una vez que todos excepto los entrenadores Redel y Miriam se sentaron en las gradas. La mirada de ambos era contrastante, la de él era retadora, con un toque de malicia. La de ella era de decisión y seguridad. Redel empezó sacó de su pokebola a su Cacturne el cual tenía una mueca similar a la de su entrenador. Por su parte Miriam saco un Grumpig.

-¡Ahora, Grumpig!- Gritó ella.

-¡Ataca Cacturne!-Gritó el.

La arena se levantaba lentamente como un como un remolino, mientras los ojos de Grumpig se pusieron azules, así como los de Miriam. Eliza se preguntaba que estaba pasando.

-Esa es la conexión de la que hablaba, mira la coordinación de mentes, es simplemente perfecta.-dijo Martín.

-Pero es un psíquico contra un oscuro, no tiene oportunidad- dijo Eliza.

-Las peleas pokemon son más que tipos, ahora lo veras-le contestó.

El ambiente se volvió pesado, la cara de Miriam se reflejaba el sentimiento de su pokemon, el cual se encontraba desconcertado, ante las diferentes sombras que lo rodeban de entre la tormenta de arena. Cada vez que intentaba dar un golpe se encontraba con un puñetazo directo a los puntos débiles de su cuerpo, las expresiones de dolor eran notorias, pero la resistencia mental que le daba su entrenadora le permitía continuar. Finalmente esquivó uno de los espinosos golpes y todo se ilumino de una luz amarilla saliendo de una de sus perlas, un shock tan fuerte que todo el gimnasio se tambaleo, la tormenta de arena se disipo y los clones desaparecieron. Antes de que se pudiera ver algo más que sombras, la luz cambio a un color verde brillante enfocándose en un cacturne que se encontraba tirado en el suelo pero no vencido. Así que el haz de luz continuo, Miriam y su Grumpig gritaron con fuerza y el ataque fue subiendo de intensidad, hasta que el cactus andante perdió la consciencia. Eliza estaba en anonadada habían vencido a Redel, con un Grumpig no menos. Redel regreso a su cacturne a la pokebola.

-Veo que has mejorado, aunque siempre has estado llena de sorpresas-dijo Redel. Miriam no se dignó a contestarle.

Eliza se había quedado sin palabras, Martín la miro con un gesto que señalaba un claro te lo dije.

Redel sacó de su pokebola a un flygon.

-Mordidas, ataca- dijo con confianza Redel ante la sorpresa de Eliza a la que llamó la atención ese nombre. Todos se rieron. Pero en cuanto salió y escucho las palabras su mirada cambio a una de un cazador y una de sus garras brillo de un color azul casi místico. Y le dio un arañazo fulminante a Grumpig, el cual fue lanzado varios metros y quedo derrotado. Hubo un gran silencio.

-Grumpig, esto me lo pagaras Redel- dijo frustrada Miriam.

-Alto Mordidas- la mirada asesina del flygon cambio a una tranquila, o por lo menos más tranquila que la de antes. Su respiración era profunda y algo cansada. Como si lo hubiera dado todo en un solo golpe.

- ¡Esto no ha terminado!- le gritó su oponente. Sacó de su pokebola un absol. Ambos la chica y el absol cambiaron la apariencia a una de total ira. La bestia blanca miró a su entrenadora por unos segundos y al parecer hubo alguna clase de indicación no verbal entre ellos, era como si toda esa ira los conectara de alguna manera profunda y todo el poder de es absol se desencadeno.

-¡Mordidas ataca!- grito desesperadamente redel y la mirada de flygon cambió de nuevo.

Flygon dio el primer paso y se acercó aceleradamente, pero recibió un golpe que lo aturdió antes de poder continuar su embestida. Después movió sus alas tan rápido que produjo un sonido bastante extraño y confuso. La disonancia hizo que absol se confundiera y golpeo varias veces la cabeza contra el suelo, hasta que salió de ello con una sacudida de cabeza y le dio un golpe directo a la garganta de flygon. Este retrocedió unos pasos y en un instante se recuperó. Entonces flygon se movió de manera extraña pero antes de terminar su danza recibió un golpe de la bestia blanca y de alguna manera copio el movimiento que antes estaba haciendo y al terminar se vio más fuerte y se movía más velozmente. Entonces le dio un corte con su cuchilla al bicho, el cual salió herido profundamente, hizo una mueca de dolor y un grito mudo salió de su boca, ya que no podía hacer sonido alguno. El absol continuo, un corte tras otro, hacían a flygon retroceder, la pelea parecía decidida. Pero antes de caer la garra del bicho brillo con esa luz mística, pero la bestia lo detuvo, pisando su garra con una de sus patas, lo miró hacia abajo y con desdén. Finalmente le dio un último golpe que lanzó a flygon por los aires. Al caer esté intentó levantarse, pero fue incapaz. Había sido derrotado. Redel estaba frustrado. Eliza no lo podía creer, era Redel del que se estaba hablando aquí y estaba perdiendo.

-Lo vez Redel, creo que ya sabemos quién va a ganar aquí- dijo Miriam llena de sí. Redel permaneció callado. Saco de su pokebola un jolteon

-¡Jolteon ataca!- el perro amarillo empezó a tirar rayos en todas direcciones creando un espectáculo de luces increíble. Absol no estaba impresionado. La bestia corrió de velozmente, pero se topó con las espinas de Jolteon las cuales se enterraron en sus ojos cegando al pokemon el cual intentaba con su pata quitarse esas cosas. El perro por su parte corrió casi sin dirección como ganando velocidad e hizo un haz de luz pero de color verde, definitivamente no un arco eléctrico, al impactar al absol este chirrio de dolor y dejaba marcas realmente graves de quemadura en su blanco pelaje. Luego de diferentes direcciones siguió atacando, mientras más se acercaba a tratar de dar un golpe recibía otro impacto verde o eléctrico, cada uno mermando más y más la estamina del pokemon, hasta que no le quedo nada de ella y cayó al suelo. Jolteon iba a rematar, pero Redel gritó.

-¡Alto!- Y Jolteon se calmó. Eliza sabía que si continuaba ese absol hubiera muerto o hubiese estado muy cerca de ello. Miriam devolvió a su pokebola a absol. Estaba aliviada de que el muchacho lo hubiera detenido en ese momento. Entonces la entrenadora saco a su ultimo pokemon.

-¡Gengar ve!- Gritó nuevamente la líder de gimnacio, sacando de una ultrabola un Gengar.

Gengar salió de manera juguetona y empezó a atacar lanzando esferas de un color oscuro por todas partes que explotaban con cada impacto, pero en cuanto Redel dijo "ataca" Jolteon esquivó cada una de ellas respondiendo con rayos cada vez más precisos, los cuales hacían que el fantasma se distorsionara como un holograma. Justo cuando todo parecía perdido, Miriam se dijo a sí misma, "No, no puedo perder. No contra él. No contra ese monstruo. No en mi gimnasio." Los ojos de la entrenadora se pusieron blancos y tanto Gengar como ella brillaron con un aura azul-morada.

-No puede ser… había escuchado de esto pero nunca lo había presenciado… Al menos no en este grado- dijo Martín.

-¿Qué? ¿Qué está pasando?- le preguntó Eliza.

-La conexión de almas, cuando un fantasma y su entrenador tienen un vínculo especial sus almas se entrelazan, es más fuerte que el lazo psíquico o instintivo de los oscuro, ya que literalmente el fantasma y ella son uno en el nivel más profundo, esto es extremadamente peligroso. Esta pelea debe significar mucho como para tomar ese riesgo.- contestó con tono de preocupación.

Redel se puso nervioso,

-¡Estás loca mujer! ¡Cómo puedes hacer esto! La victoria significa tanto para ti, Joleton ¡ALTO!-Redel estaba a punto de rendirse. Sacó un pañuelo blanco de su bolsillo.

-No te atrevas a rendirte, Redel, este es NUESTRO encuentro, si lo haces jamás te lo perdonaré- dijo en voz escalofriante y sincronizada tanto el Gengar y Miriam. Redel no sabía qué hacer, Eliza le grito de las gradas:

-Solo se moderado Redel-

"Moderado…" Pensó Redel. Le dio órdenes de dar onda trueno, pero no fue fácil. Gengar desaparecía y aparecía, tirando esferas de sombra al perro amarillo el cual se retorcía con cada impacto. Finalmente acertó una onda y este se quedó en su lugar. Miriam se hinco, igual que el fantasma, al recibir el golpe. Luego le gritó Redel:

-Esto ya se terminó, Miriam, ¡detente!-dijo Redel con preocupación.

-¡NUNCA!-Gritaron tenebrosamente tanto ella como su pokemon tirando una bola oscura, el reflejo que tanto le había inculcado Redel a su Jolteon se desencadeno y empezó a lanzar rayos a su oponente. Redel grito desesperadamente "¡Alto!" Una y otra vez, pero sin respuesta, incluso intentó meterlo de nuevo a su pokebola, pero el perro lo evitaba. La chica no dejaba de gritar con cada descarga. Redel estaba lleno de angustia al ver su creación haciéndole daño a alguien que le importaba, corrió hacía el Jolteon pero este le alejo con un arco eléctrico. Hasta que Eliza, desesperada, gritó "¡Alto!" y como una onda de poder se sintió en el cuerpo de todos humanos y pokemon. Jolteon se detuvo y Gengar cayó y regreso automáticamente a su pokebola. Miriam se desmayó. Redel se fue corriendo hacia ella y trato de darle RCP.

-Miri, no, Miri, es mi culpa Miri-Redel tenía lágrimas en los ojos. Miriam abrió los ojos. Le dio un golpe.

-Casi me matas idiota- le dijo enojada y por dentro asustada, por lo que casi le ocurría. Se había dejado llevar por el calor del momento, y con consecuencias casi fatales. Pero recordó ese poder que sintió antes, era el aura de la chica, le debía la vida.