Steve parpadeó cuando vio lágrimas en los ojos de Grace. Era una reacción más inesperada de lo que había imaginado, especialmente de una niña tan tranquila y dulce como ella. Tuvo el impulso repentino de ir con ella y abrazarla, pero se detuvo cuando vio la expresión de Danny. No estaba tan seguro de a cuál de los dos quería darle un abrazo con más urgencia.

—Déjala —le dijo Danny, claramente viendo lo desgarrado que estaba—. No vayas a buscarla.

—Nunca la había visto tan...

En vano, buscó una palabra.

—¿Fastidiosa? ¿Caprichosa?

—Iba a decir tan Danny Williams, pero lo pensé mejor viendo que tienes un arma blanca a tu alcance.

Danny le dio una larga mirada pero un poco del dolor que había en su mirada se había desvanecido, dando paso a una suave diversión. Steve esperó a que se diera la vuelta y siguiera lavando los trastos.

—¿Qué pasa con ella? —preguntó finalmente. Lanzó una mirada en dirección a la habitación de Grace.

Danny suspiró.

—Pasa que fue hija única durante diez años y ahora tiene que compartir a su mamá tiempo completo. También tiene que lidiar con el hecho de que sus papás no están juntos y que además hay problemas en medio que antes no había. — Su boca se torció—. Es mucho para tomar, incluso sin contar con que un viejo conocido de su padre la secuestró hace no menos de un mes... La terapeuta dice que es normal, ¿sabes? Pero es...

La culpa en su rostro era tan clara que Steve la podía sentir dentro de su corazón. Habían cometido muchos errores ese año, todos.

—Difícil.

—... Sí.

—Ella es fuerte, Danno —susurró—. Puede que necesite tiempo, pero la ayudaremos en todo lo que podamos y saldrá adelante. No está sola.

Ninguno de ellos lo estaba.