Hola queridos amigos, seguidores y lectores casuales.
¿Me extrañaron?
Lamento mucho la tardanza pero a no desesperar porque es cierto que hoy es jueves y capítulo de entresemana significa relleno pero este es también el último capítulo de este arco y este domingo les traigo el primero del siguiente reanudando ya la trama principal.
¡Espero lo disfruten!
Asuntos Amorosos II
Cuando el calor matutino se hizo presente en Suna, Yakumo abandonó su departamento con rumbo a la Academia Ninja dónde presentaría el examen para ascender a genin. La dama de ojos café no se encontraba nerviosa en lo absoluto. Gaara tenía una reunión importante con los proveedores de armas de la Aldea de la Arena por lo que le resultaría imposible asistir al examen de su asistente. Sabedora de esta situación, los nervios no llegaron a mellar en la castaña, era verdad que ni Temari ni Yukata estarían allí pero Reiko le había prometido ir a apoyarla.
No obstante, las ansias por terminar con ese asunto apresuraron sus pasos y terminó llegando al establecimiento educativo veinte minutos antes de lo estipulado. Por esa razón decidió esperar en la biblioteca leyendo cualquier libro que lograse distraerla de realidad y tan inmersa se encontró en su lectura que ni siquiera puedo ser capaz de distinguir la voz de Kankuro conversando con otra en el pasillo.
El marionetista había concurrido a tal lugar con el objetivo de llevar a cabo parte del papeleo que Temari usualmente realizaba y del que había sido despojada por orden de la máxima autoridad de la Aldea de la Arena, esperando que de esa manera la primogénita de los hermanos Sabuko No le dedicase a su novio el tiempo que se merece.
Así que, pese a que el papeleo no le apasiona a nadie y mucho menos a Kankuro, el castaño se encontraba recopilando datos de los docentes para posteriormente elaborar el informe semanal con el mejor semblante posible. Sin embargo, su rostro se vió realmente aliviado tan solo al salir del lugar para volver a las oficinas pertenecientes al palacio del Kazekage, donde se sentía mucho más a gusto.
De camino hacia la salida no pudo evitar notar que el patio donde los niños jugaban se encontraba completamente vacío debido a que, en ese momento, transcurría el horario escolar. Y ese factor fue el que le ayudó a identificar con mayor facilidad a la dama de cabellera dorada que se adentraba por allí a paso firme con rumbo al edificio estudiantil.
-¿Reiko? –Masculló el titiritero deteniendo sus pasos y, al ver que ella lo imitó cuando tan solo un metro de distancia los separaba, cuestionó– ¿Qué haces aquí?
-Yo podría hacerte la misma pregunta –espetó ella con frialdad sin poder disimular la sorpresa en su mirada. Ciertamente la Academia no era su lugar favorito ya que le traía demasiados recuerdos de épocas más oscuras y, para empeorar la situación, no esperaba encontrarse al Jounin allí.
-Viene a cubrir una parte del papeleo del que suele encargarse Temari –explicó él llevándose las manos a los bolsillos, a pesar de saber con certeza que ella no estaba interesada en oír sus motivos porque la obligaba a revelar los propios.
-Yo vine a apoyar a Yakumo en su examen de ascenso a genin –sintetizó apartando la mirada para posteriormente interponer una excusa que le permitiera terminar rápidamente aquella pequeña platica que habían entablado– y, hablando de eso, ya se me está haciendo tarde.
-Oh con que es eso –soltó Kankuro de manera pensativa mientras la dama de ojos dorados continuaba su camino pasando junto al Sabuko No sin intensiones de voltear a verlo.
No obstante, prontamente advirtió que el castaño había cambiado por completo su rumbo y ahora la seguía a una distancia de unos pocos pasos a ritmo constante.
-¿Qué… qué crees que haces? –inquirió escandalizada apresurando sus pasos mientras lo miraba de reojo.
-¿Eh? ¿Acaso eres la única que puede apoyar a Yakumo? –indagó con arrogante ironía el marionetista, deshaciéndose de esa supuesta falsa exclusividad que Reiko jamás había establecido.
-¡Pero si ya te estabas yendo! –siseó ella apretando los dientes, rozando pero sin caer por completo en el egocéntrico pensamiento de creer que las acciones de Kankuro tenían por único objetivo el llegar a irritarla.
-Porque no sabía que Yakumo presentaría el examen –profirió él como si ese fuese motivo suficiente para cambar sus planes.
-Hump, haz lo que quieras –terminó por decretar la rubia mientras sus pasos cobraban más fuerza de ser posible una vez que ingresó al hall central.
Se adentraron en silencio por el ala este de la escuela esperando encontrar a alguien disponible que pudiese informales sobre en cuál de las numerosas aulas se llevaría a cabo el examen extraordinario. La tensión entre ellos era palpable y, quizás, fue esa la principal razón por la cual les costó tanto dar con otro ser humano. De solo percibir el aura tajante que emanaba de ellos las pocas personas que se encontraban por los alrededores optaban por evitarlos y hasta esconderse de ser necesario.
-Sabía que la habías estado entrenando últimamente pero me sorprende que una mujer como tú venga a verla –comentó Kankuro con buenas intenciones, intentando de esa manera alivianar el ambiente que se había generado entre ellos aunque, por desgracia, tuvo el efecto contrario.
-¡¿Qué insinúas?! –amedrentó la oficial, sin poder percatarse de que su interlocutor estaba resaltando el vínculo que se había generado entre ellas en poco tiempo y no criticando su personalidad.
-Tsk, solo fue solo un comentario Reiko –estableció él comprendiendo que se había producido un mal entendido y, volviendo sobre sus palabras, notó que su frase se prestaba para tal confusión. Aun así, Kankuro no tenía la intención de aclarar tal suceso por lo que no medió explicación a la hora de mitigar– no hace falta que te enojes por eso.
-No soy tan insensible como crees –recalcó ella aun ofendida por el comentario anterior y luego reprochó– además, no soy la única que hace cosas extrañas últimamente ¿no te parece? –indagó sugestivamente, dándole a entender que ya sabía sobre su noche de borrachera.
-Esperaba que no te enteraras de eso –manifestó él, sintiéndose abochornado de aquel percance por primera vez.
-Entonces no debiste hacerlo en Suna, y mucho menos en la taberna de Misao-san –enunció ella sin molestia en la voz. De hecho, lo dijo en un tono tan estoico que logró llamar la atención de su interlocutor quien no vaciló al momento de examinarla con la mirada, como pidiendo mayor explicación. Pese a este gesto, que fue inmediatamente percibido por la dama, dichos motivos no fueron mencionados– de cualquier modo, supongo que deberías saber que Gaara también se está comportando de manera extraña –informó con el único propósito de cambiar de tema con rapidez.
-¿A qué te refieres? –curioseó él sin olvidarse de lo anterior y, aun así, eligiendo seguirle la corriente para no quebrar el dialogo que tan difícilmente habían reanudado.
-¡¿No puedes averiguarlo por tu cuenta?! –reclamó ella sintiendo que se estaba inmiscuyendo más de lo debido en un asunto que no le concernía.
-¡¿No puedes solo decirme?! –riñó él elevando su tono de voz para equiparar el de ella.
-¡Bien, bien! –Cedió Reiko percatándose de que su paciencia era sumamente limitada cuando se trataba de Kankuro– cielos, ni siquiera parece que fueran hermanos –acotó ante la evidente desinformación que se gestaba entre ellos– Anoche se apareció en el Distrito Kono para entrenar a Yakumo –mencionó dejando que el Sabuko No sacara sus propias conclusiones.
-Vaya –fue todo lo que pudo exclamar primeramente ante la sorpresa y, luego de vacilar un momento, reconsideró– bueno eso no es tan extraño.
-¿Qué dices? –Cuestionó la rubia un tanto desorientada ya que jamás había escuchado que el Kazekage se tomara ese tipo de molestias para con una mujer. Si bien había servido como sensei cuando la Academia Ninja aún estaba en construcción, el pelirrojo nunca volvió a entrenar a nadie después de aquello– ¿Estás seguro que estamos hablando del mismo hombre? –corroboró aun pasmada.
-Creo que Gaara y Yakumo hay un vínculo especial, como una especie de química –le explicó Kankuro expresándose de una manera tan elocuente que logró impresionar a la dama de ojos dorados– Gaara se ha obsesionado con descubrir de que se trata puntualmente pero aún no lo descubre, o mejor dicho, no quiere descubrirlo del todo.
-Si no quisiese percatarse de algo así ¿por qué se ofrecería a entrenarla de ahora en más? –indagó ella sin poder hallar la coherencia en esa parte de su hipótesis.
-¡¿Quieres decir que lo seguirá haciendo incluso si Yakumo aprueba hoy?! –preguntó el castaño sobresaltándose un poco ante la novedad.
-Por lo que dijo ayer así parece ser –respondió la policía y fue entonces que diviso a una de las pobres almas que no había sido capaz de encontrar escondite a tiempo– ¡oh mira, allí hay alguien! –exclamó la dama mientras señalaba con el dedo al infeliz.
El sujeto primeramente intentó escapar, sin embargo, no logró llegar muy lejos puesto que Kankuro inmediatamente utilizó hilos de chakra para detener su huida al manipularlo como si se tratase de una marioneta.
-¡Oi! ¿A qué viene esa actitud? –se quejó Kankuro atrayendo al sujeto hacia donde ellos estaban.
-¡Sumimasen Kankuro-dono! –Se disculpó con rapidez el aterrado sujeto– no era mi intensión ofenderlo pero… e-es que…
-Pero ¿qué? ¡Habla de una vez! –presionó Reiko al ver que el nervioso sujeto le daba muchas vueltas al tema y, para hacer la situación aún menos grata, comenzaba a tartamudear.
-Es que cuando ustedes dos están juntos… b-bueno no-no es que tengan mal carácter p-p-pero… –relató de manera ambigua el profesor pero lo suficientemente clara como para que sus oyentes se hicieran una idea de lo que sucedía.
-Eso explica porque esto está más despoblado que el mismísimo desierto infernal –suspiró Kankuro deshaciendo sus hilos para liberar al sujeto
-Ya hemos perdido mucho tiempo dando vueltas –se quejó Reiko dejando fluir aquella sádica ira e intimidante mirada que por sí solas bien le hubiesen valido un puesto entre los ANBU de Suna– escúchame bien inútil –ordenó tomando al docente por el cuello de la camiseta de manera amenazante.
-Tenías que hacerla enojar ¿no? –Exclamó el castaño con pesadumbres junto a nuevo suspiró que parecía presagiar que las cosas no terminarían bien.
-Dime donde se realiza el examen extraordinario de la asistente de Gaara-sama y tal vez, solo tal vez te deje conservar tus órganos vitales después de despellejarte –amilanó ella al sensei que bien podría haber empezado a llorar del temor en ese mismo momento sin que nadie tuviese el valor de reprochárselo.
-Aula 3-F, aula 3-F, aula 3-F –repetía el hombre sin cesar aun después de que ella soltara su tan bien impuesto agarre y se retirara con el castaño hacia el mencionado salón de clases.
Y como si de un pacto tácito se tratara, ninguno de los dos habló del altercado que había surgido con aquel maestro durante el tiempo que les llevó atravesar todo el colegio.
-Yakumo aprobará hoy –exclamó Reiko en un momento dado y Kankuro no fue capaz de percatarse de que la oficial estaba retomando aquella conversación inconclusa.
-¿Huh? –masculló él sin comprender.
-Dijiste: "si Yakumo aprueba hoy" pero no hay posibilidad de que falle –aseveró con sus dorados ojos clavados en el frente.
-Sé que tú, Maki y Temari se encargaron de ella pero ¿no te parece que la confianza que le tienes es excesiva? –resaltó el marionetista un tanto escéptico de tal afirmación.
-Tan ingenuo como siempre –alegó ella altaneramente.
-¡Oi! –le llamó la atención su interlocutor considerando que la ofensa estaba de más.
-Cualquier persona es capaz de lograrlo si alguien cree en ella –opinó ella con avasallante convicción– así que será un juego de niños para alguien tan talentosa como Yakumo.
-Sobre eso… –iba a exclamar el castaño pero se silenció al oír una femenina voz llamándolos.
-¡Kankuro-san, Reiko-san! –exclamó alegremente Yakumo al extender su mano en el aire a modo de saludo.
-Ohayo –saludó Reiko con una pequeña sonrisa de por medio y luego cuestionó– ¿Llego tarde?
-Llegamos –corrigió Kankuro irritando un tanto a la rubia con su actitud.
-Lo dices como si viniéramos juntos –se quejó la dama de ojos dorados frunciendo levemente el entrecejo.
-¿Y no es así? –preguntó la castaña puesto que al verlos llegar al mismo tiempo se había imaginado por un momento que así era. Kankuro y Reiko se miraron desafiantemente entre ellos antes de responder y, volviendo a ver a la especialista en Genjutsu, hablaron al mismo tiempo aunque con respuestas contrarias.
-No –sentenció la oficial.
-Si –alegó el marionetista.
Nuevamente sus miradas se cruzaron, exhibiendo esta vez una apariencia más combativo y, ante la expresa algarabía en el rostro de Yakumo, volvieron a responder.
-No –enfatizó Reiko con determinación.
-Si –siseó Kankuro de manera dominante.
-Deja de mentir –ordenó la rubia dirigiéndole una mirada acusadora al Sabuko No.
-Eres tú la que miente –bregó el castaño para luego argumentar– no nos encontramos precisamente en este pasillo.
-¡Eso no significa que…! –iba a argüir la policía cuando la puerta del salón de clases 3-F se abrió para dar paso a uno de los senseis que allí se encontraba.
-Estamos listos para tu examen Yakumo –informó la mujer de lentes desde el marco de la puerta para posteriormente hacerse a un lado y permitir que la aludida ingresara.
-¿Crees que podríamos presenciarlo también? –cuestionó el marionetista a la mujer de unos cuarenta y tantos, quien no se mostró complacida de tal solicitud.
-Generalmente los exámenes extraordinarios son cerrados –comentó la maestra, mostrándose inconforme por tener que lidiar con el hermano del Kazekage– pero tratándose de usted, Kankuro-dono, haremos una excepción –resolvió con un suspiro de hastío y, moviéndose al igual que lo había hecho segundos antes para que Yakumo ingresara, exclamó– pasen por favor.
-¿No te alegra haber venido conmigo en estos momentos? –murmuró Kankuro victorioso, de modo tal que solo la rubia pudiese oírlo.
-Hump, solo recuerda que la habitación es pequeña así procura evitar sofocarnos con tu ego –remató ella sin hacer ninguna concesión.
-Muy bien Yakumo –habló un hombre que aparentaba ser aún mayor que la profesora junto a él– Para comenzar debes realizar un Clon de Sombra.
-Hai –apuntó la Kurama y tras los debidos sellos de mano invocó un clon exactamente igual a ella.
-Bien –aminoró la profesora de lentes buscando apresurar el examen, probablemente porque no tenía ningún interés en estar allí– ahora queremos ver un jutsu de Sustitución sobre el Clon.
-Hai –repitió la castaña y cambiando sus sellos manuales creó disfrazó su clon logrando que hasta el más mínimo detalle imitara el aspecto de la líder de la policía civil.
Con una Reiko basta, dos sería un infierno –pensó Kankuro de manera jocosa y cuando iba a susurrarle su crítica a la rubia borró de inmediato la sonrisa que había en su rostro, conteniéndose además de hablar– está muy concentrada en Yakumo y hasta parece que está sonriendo maternalmente. ¿En qué estará pensando ahora mismo?
-Perfecto –felicitó el docente y luego solicitó– Ahora muéstranos tu capacidad en la disciplina que hayas elegido.
-Hai –accedió Yakumo y sin realizar ningún sello manual cerró sus ojos y concentró su chakra para crear un escenario diferente, uno que mostraba un paisaje primaveral lleno de flores y animales propios de los espacios forestales.
-Esto es un Genjutsu –reconoció el sensei al instante a pesar de que la ilusión era completamente equilibrada, desde texturas, colores y sensaciones, todo se percibía extremadamente real.
-Ciertamente se ve muy real –admitió la mal humorada profesora– sin embargo, es extraño ¿no le parece Suishiro-san?
-Es verdad, no es para nada atemorizante –concordó el otro examinador.
-Dime niña –solicitó con cierta prepotencia la mujer de lentes– ¿qué clase de ninja utiliza este tipo Genjutsu? ¿No es un poco inútil? –indagó con mordacidad.
-Go-gomenasai –se disculpó la castaña primeramente planeando explicarles el motivo a continuación pero la rubia se adelantó.
-No te disculpes Yakumo –pidió Reiko dando un paso adelante al tomar la palabra para enfatizar con desdén– con todo respeto, deberían juzgar mejor a los estudiantes que les fueron confiados.
-¡Reiko-san! –Se escandalizó la mujer de mediana edad y luego advirtió– sinceramente espero que pueda explicarse inmediatamente.
-Si esta ilusión fuese tan solo un poco aterradora estaríamos todos muertos –aseguró la dama de ojos dorados sin titubear.
-¡¿Qué dices?! –vociferó la cuarentona considerando que las barbaridades que la insolente uniformada decía debían ser falsas.
-Intenten salir de ella si tan hábiles son –retó la oficial socarronamente sin abandonar ni por un momento su postura.
Ambos senseis se miraron entre sí y sin decir una palabra asintieron en señal de afirmación.
-¡Liberación! –exclamaron realizando el sello manual correspondiente para que la regulación de chakra tenga lugar en el interior de sus cuerpos.
-¿Eh? ¿Cómo es qué…? –iba a cuestionar el maestro pero su ensimismamiento no le permitió terminar de formular la pregunta.
-Liberación –se escuchó a Kankuro exclamar sin obtener mejores resultados– yo tampoco puedo.
-¿Qué clase de Genjutsu es este? –indagó finalmente la profesora sintiéndose timada por un truco que escapaba su comprensión.
-El más poderoso que verán –alardeó Reiko cruzándose de brazos sin desvanecer aquella gloriosa sonrisa.
-Sumimasen, los sacaré de él en un instante –exclamó Yakumo considerando que ya había sido suficiente para una demostración– liberación.
-Asombroso –calificó el maestro sabedor de que las técnicas ilusorias son complejas y requieren tanto practica como habilidad– dime ¿es su estudiante, Reiko-san?
-No, es de Temari-sama –señaló la dama de ojos dorados.
-Sorprendente, incluso para Temari-sama –habló de manera entrecortada la mujer de lentes sin poder quitarle los ojos de encima a la Kurama.
-Eres merecedora de esta banda y mucho más –felicitó el examinador confiriendo la insignia de Sunagakure a la chica de Konoha– tus habilidades se equiparan con facilidad a las de un Jounin.
-Sin embargo, el trabajo en equipo es importante –exclamó la mujer de punzante sin darle un respiro a la castaña– no digo que tomar los exámenes Chunin es mala idea, pero aun te queda camino por recorrer.
-Arigato, haré lo mejor que pueda –manifestó la dama de ojos castaños con una reverencia de por medio mientras estrechaba con un poco más de fuerza la banda que yacía entre sus manos.
-Felicidades –exclamó Reiko colocando una mano sobre el hombro a la especialista en Genjutsu, quien se volteó mostrando una despampanante sonrisa y, sin contenerse la abrazó con fuerza aunque esa señal de gratitud estaba dirigida a más de una persona.
-Muchas gracias, se lo debo a ustedes –manifestó la Kurama llena de emoción– esto significa mucho para mí.
La mira sin celos algunos hasta parece que le profesa empatía –se percató el Sabuko No sin poder dejar de analizar a la rubia desde que vió su rostro en pleno examen– está feliz porque Yakumo logró lo que ella no pudo.
-Lo sé, me alegro por ti –le respondió la rubia sonriendo mientras la castaña se apartaba de ella.
-Deberías ir a contarle a Gaara y Temari –sugirió Kankuro, no porque le interesara que sus hermanos se enteraran de inmediato sino porque había surgido en su mente lo que él consideraba sería la idea perfecta para revivir su amistad con Reiko de manera definitiva.
-Hai, iré ahora mismo –accedió sin aun motivada por la adrenalina del momento y sin detenerse a meditarlo en detalle se retiró– con permiso.
La oficial de policía se encamino hacia la puerta sin decir una palabra. El examen había sido todo un éxito así que tenía una buena razón para afrontar el día laboral con una sonrisa en el rostro. Sin embargo, cuando el marionetista se percató de su intención no pudo evitar detenerla.
-Nee Reiko ¿puedes esperar afuera un segundo? –preguntó logrando que la rubia se detuviera abruptamente sin poder llegar a imaginar el motivo de tal petición.
-¿Huh? Tengo que ir a la oficina –se excusó la dama sorprendida de que aun tuviese asuntos pendientes con los senseis que allí se encontraban hablando amenamente entre ellos.
-Solo un segundo –enfatizó el castaño su petición incomodando a su interlocutora, quien no pudo hacer otra que dibujar una expresión de curiosidad en el rostro y soltar un hondo suspiro.
-Más vale que sea de vida o muerte –le advirtió a modo de afirmación.
-Genial, no me tardo –prometió el castaño mientras la rubia salía del aula para recostarse en una pared cercana.
A este paso voy a perder toda la mañana –pensó Reiko mirando su reloj de bolsillo y fue entonces que no solo comenzó a impacientarse sino también a enfadarse– en todo caso ¿qué demonios estoy haciendo aquí? –se preguntó a sí misma sorprendida de su amabilidad para con alguien que no era cordial en lo absoluto– Debería irme de una vez ¿qué importa si le dije que lo esperaría?
-Ya termine –exclamó el titiritero al salir al cabo de unos minutos, portando una orgullosa mirada.
-¡Magnifico! –soltó la rubia sarcásticamente, con falsa y exagerada alegría para luego exclamar con su típico tono neutral– me voy.
-¡Espera! –Solicitó el Sabuko No al ver que ella comenzaba a caminar hacia la salida– ¿No quieres saber de qué estaba hablando con ellos? –preguntó siguiéndola al comprender que ella no iba a ceder en su decisión.
-Sinceramente no –respondió ella con cruda honestidad.
-¡Oi! –reclamó Kankuro intuyendo que ya no podría volver a captar su atención por lo que decidió decírselo sin rodeos– Les pedí que te dejaran hacer el examen genin sin restricciones.
Reiko se detuvo por completo para procesar lo que había escuchado y, sin creerlo en verdad, se volteó impulsivamente aun encontrándose boquiabierta por el razonamiento de Kankuro, quien esperaba la alegría propia de tal noticia.
-¿Disculpa? –cuestionó ella sin querer creer la estupidez que el castaño acababa de cometer.
-Lo que oíste, ya no me opongo –repitió él con una simpática sonrisa– ahora podrás presentar el examen como una persona normal ¿no te alegra? –indagó con entusiasmo. No obstante, supo que algo andaba mal cuando Reiko se cubrió el rostro con la palma de la mano y agachando un poco la cabeza su cara ocultó por completo su rostro.
-Estoy cansada de estar enfadada y aun así te las ingenias para hacerme enojar más y más –acotó la dama aun en aquella posición que buscaba evadir el contacto visual con el castaño para no asesinar al hermano de su querida Temari-sama.
-¿Eh? –masculló él desorientado.
-¡¿Acaso no te das cuenta que ya no lo necesito?! –vociferó la dada de ojos dorados y ceño fruncido mientras apretaba los puños con fuerza– La razón por la cual quería convertirme en una kunoichi era para proteger Suna al nivel de Maki-san y Temari-sama pero, como te convertiste en un obstáculo para mí, alcancé mi objetivo por otros medios –explicó de manera acelerada sintiendo como las palabras se aglomeraban en su garganta y salían cargadas de desprecio debido a que Kankuro la había lastimado y, sin importar cuanto dijera que ya no importaba, que ya lo había superado, la realidad era que aún le dolía– estoy orgullosa de ser una oficial de policía, mi trabajo me complace completamente y por nada del mundo lo cambiaría para convertirme en una kunoichi regular.
-No lo entiendo –expuso el Sabuko No sintiéndose perdido al no saber qué era lo que había hecho mal o en que momento su razonamiento se había distanciado del de ella– hace unos minutos te veías sumamente feliz, casi como si hubieses sido tú la que se hubiese graduado.
-Fue nostálgico ¿sí? –confesó la dama de ojos dorados para luego explicarle su padecer– no sé cuántas veces presente ese examen a la perfección sin lograr superarlo así que lógicamente me sentí feliz por ella y ver el rostro de esa vieja bruja sorprenderse al estar frente a alguien tan capaz como Yakumo fue placentero, pero eso no quiere decir que desee seguir los pasos de Yakumo.
-Gomen –se apresuró a decir el titiritero comenzando a ver todo aquello que había ignorado para proteger su propia decisión– lo malinterpreté ¿de acuerdo? –Se excusó sintiéndose avergonzado de sí mismo ya que consecuentemente reconoció– me equivoqué.
-De nuevo, te equivocaste de nuevo –enfatizó ella para dejar en claro que este no era su primer error y fue entonces que reanudó su andar. No obstante, el shinobi no tuvo tiempo para deprimirse ya que ella agregó con voz clara– y eso está bien.
-¿No estas molesta? –cuestionó automáticamente el castaño sin dejar que la sorpresa entorpeciera sus apresurados pasos que buscaban alcanzarla.
-¿No me escuchaste decir que estoy cansada de estarlo? –repreguntó como si estuviera mencionando lo obvio mientras lo miraba de reojo.
-Sí, justo antes de decir que sigo fastidiándote –recalcó él estableciendo que la discusión que le prosiguió había bastado para que cualquiera se confundiera un poco.
-De acuerdo, acepto eso –exclamó ella sin enfadarse por la crítica y luego esclareció– pero el caso es que ya no quiero estar enojada todo el tiempo.
-¿Eso significa que volvemos a ser amigos? –indagó él aturdido y hasta levemente emocionado por el modo en que habían dado las cosas.
-Hump ni sueñes –estableció ella un tanto gruñona y otro tanto soberbia– nunca te perdonaré por lo que sucedió –le aclaró antes de que surgieran nuevos malos entendidos– pero me parece bien mantener un nivel básico de cortesía.
-Tan simpática como siempre –calificó Kankuro con sarcasmo sabiendo que la noticia había sido demasiado buena para ser verdad– ¿y qué pasa con el "Kankuro-dono"? –cuestionó refiriéndose a ese horrible honorifico que podría tolerar de cualquiera menos de un amigo cercano.
-Puedo quitarle el "dono" y agregarle el "baka" si quieres –sugirió Reiko con seriedad a pesar de ser una broma.
-Prefiero simplemente "Kankuro", gracias –decretó él antipáticamente.
-Que aburrido eres –se quejó atravesando en el umbral de los límites de la academia y, sin despedirse, dio media vuelta para encaminarse a la estación policial mientras realizaba un ademán de manos a modo de despedida.
-Por cierto, esa falda está muy corta, puedo ver tu celulitis a un kilómetro de distancia –gritó el Sabuko No logrando que la rubia se detuviera y volteara exasperada para agitarle el puño.
-¡Ocúpate de tus asuntos! –ordenó abochornada mientras sus mejillas adquirían un tono rojizo.
Maldito Kankuro, le doy la mano y me toma el hombro –pensó Reiko aun furiosa por el comentario– además se trata del uniforme –meditó considerando que no tenía más opción que utilizar el atuendo reglamentario y suspirando nuevamente deseó– solo espero no haber cometido un error con todo esto.
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Esa tarde, al igual que la anterior, las hojas de los arboles continuaban tiñéndose para celebrar el otoño naciente. Algunas incluso caían despacio, haciendo círculos y se elevaban levemente al revolotear cuando los pasos de los habitantes de Konoha generaban una pequeña brisa que lograba impulsarlas. No obstante, no solo la flora autóctona percibía el cambio de estación, por esos coloridos días, los shinobis de la Hoja también experimentaban grandes sucesos aparejados de intensos cambios.
Para comenzar, Sai finalmente había terminado de leer todos y cada uno de los libros sobre relaciones personales que la biblioteca de Konoha tenía para ofrecer. Por lo que el proceso sobreviniente no pudo ser otro más que el de analizar en retrospectiva sus interacciones con las personas más allegadas a él, empezando por sus compañeros de equipo y terminando con la chica que más atención le había prestado desde que se unió al equipo siete y su vida social comenzó, hablo por supuesto de Ino Yamanaka.
Supongo que le gusto, me ha dado todas las señales que indican los manuales –resolvió mentalmente sacando conclusiones en base a lo aprendido– ¿ahora que tan conveniente puede ser que yo le corresponda? Una novia toma mucho tiempo y esfuerzo, sin contar que requiere de muchas atenciones y detalles –meditó en profundidad mientras retiraba del templo del conocimiento unos cuantos manuales de consulta por si acaso los requería más tarde– por otra parte, una novia de seguro me ayudaría a terminar de entender bien todo esto.
El antiguo shinobi de Raíz tenía una idea bastante acertada sobre dónde podría ubicar a Ino. Más de una vez había visto a Sakura alarmase sobre cuán tarde estaba llegando para recoger a la Yamanaka por la florería de su familia. Casi parecía ser que el establecimiento comercial era su segundo hogar, por lo que el moreno consideró que sería apropiado probar suerte allí.
Al salir de la biblioteca el shinobi se encamino hacia la florería Yamanaka sin prestar atención a sus alrededores. Algo dentro de él le decía que esto sería por demás sencillo puesto que Ino siempre se había mostrado interesada a ese tipo de consumación sentimental.
Indudablemente se alegrará escuchar una confesión de parte del hombre al que siempre ha estado observando con anhelo –resolvió el pálido sujeto ansiando llegar al negocio de flores para cortejar a la dama según las indicaciones de los libros.
Y así fue como, entre pensamientos optimistas, llegó a la florería cuando la rubia estaba colgando el cartel de cerrado.
-Sai –soltó Ino asombrada de contar con la presencia de tan inusual cliente– ¿necesitabas algo de la florería? –cuestionó dispuesta a retrasar unos minutos el cierre del comercio por hacerle un favor a su visitante.
-No precisamente, solo quería hablar contigo –reveló el azabache generando curiosidad en su interlocutora– ¿tienes un minuto?
La Yamanaka se volteó para observar la hora en el reloj de pared que pendía tras el mostrador y luego volvió a mirar los oscuros ojos de su visitante– sí, aún tengo un poco de tiempo.
Por esos momentos, Kiba ya casi llegaba a la florería. El Inuzuka había acordado con Ino que compraría entradas para una película sin decirle cual, e irían a verla esa tarde sin quejas de por medio. Al terminar la función irían a cenar a donde la Yamanaka dispusiera sin rechistar, manteniendo de esa manera la armonía en todo momento de la cita mediante la tolerancia necesaria para sobrellevar no solo la velada sino cualquier tipo de relación. Lo que sin dudas sería una sorpresa ese día eran las intenciones del domador de canes, mismas que se centraban en pedirle a la rubia la formalización de su situación amorosa.
-Bueno, entonces, le muestro las entradas para esa estupidez romántica que quería ver y luego le pido que sea mi novia –planeaba en voz alta el castaño mientras miraba la desconcertada expresión en el rostro de su can– tienes razón, mejor primero le pido que sea mi novia y luego le muestro las entradas, de otra manera podría pensar que la estoy extorsionando.
El ladrido de Akamaru no hizo más que incrementar sus nervios e incertidumbre, produciendo en él la necesidad de generar un tercer plan para tener en cuenta.
-¿Y si le pregunto durante la cena? –Indagó con inseguridad imaginando la situación– es más casual de esa manera ¿no te parece?
Sin embargo, este problema pronto se apartó de su mente cuando, al doblar en la esquina para llegar a la florería, divisó a la protagonista de sus pensamientos platicando con su antiguo interés amoroso. A pesar de saber que no era correcto, Kiba instintivamente volvió sobre sus pasos para esconderse de ellos y antes de advertirlo se encontraba escuchando su conversación.
-¿A qué te refieres con que yo te gusto? –Preguntaba la Yamanaka un tanto asombrada y otro tanto ofendida– ¿Cómo es que alguien decide eso de repente?
-Pensé que estarías feliz al saberlo pero te ves anonadada –señaló Sai sin delicadeza alguna.
-¡Pues claro que lo estoy! –Exclamó ella exasperada por el poco tacto que demostraba el shinobi– me ignoras durante años y de pronto un día decides que quieres salir conmigo ¿cómo esperas que no me sienta confundida?
¿Confundida? ¿Dijo confundida? –se preguntó el Inuzuka a sí mismo mientras todos sus músculos se tensaban.
-No solo quiero salir contigo, quiero que seas mi novia –corrigió el azabache dejando boquiabierta y sin habla a la rubia.
Kiba contuvo el aliento por un instante, una parte de si quería quedarse a escuchar su respuesta pero sabía que no sería capaz de hacerlo. Su corazón no podía soportar escuchar cómo, una vez más, era desplazado por Sai. Así que sin querer interrumpir y sin ser visto, tomó las entradas para el cine y las estrujó entre sus manos convirtiéndolas en un rugoso bollo de papel para posteriormente dejarlas caer como si fueran la cosa más insignificante del mundo. Luego palpó la cabeza de su compañero y con gesto de mano le indicó que volverían por donde habían venido.
No quería ir a su casa ya que sabía bien que su madre lo inundaría con preguntas que él no estaba dispuesto a responder y no quería vagar por las calles porque corría el riesgo de encontrarse con algún conocido que, sin dudas, le preguntaría el porqué de sus ojos brillosos y abatida expresión facial. Por ese motivo, el domador de canes se dirigió a un parque cercano para sentarse en un columpio, lugar que se encontraba desierto por la caída de sol que plasmaba colores anaranjados en el cielo y les indicaba a los niños que era momento de regresar a casa. Akamaru se sentó frente a él, consternado por lo cabizbajo que se veía su dueño.
-No mires así, tampoco es para tanto –mitigó el castaño con una deprimente sonrisa– deberíamos estar feliz por ella, finalmente podrá estar con quien siempre quiso y yo… bueno, yo tendré los recuerdos, fue un verano divertido.
El blanco perro colocó una de sus patas frontales sobre la rodilla de Kiba a modo de consuelo y ese pareció ser el detonante necesario para que por la mejilla del castaño corriera una amarga lágrima.
Es como una astilla en el corazón –se percató el Inuzuka sosteniendo la zona de su pecho que protegía aquel órgano vital– aun así no es tan malo, de saber el resultado volvería a vivir este verano tal y como sucedió, sin cambiar nada. No quiero arrancar ese sentimiento de mi pecho por más que sea doloroso.
Akamaru terminó acostándose a los pies de su amo, aguardando el momento en que estuviese listo para levantarse y volver a casa pero los minutos se sucedieron sin piedad y, antes de poder notarlo, las luces de las calles comenzaron a resplandecer haciéndolo frente a la noche que había caído por completo sobre la Aldea de la Hoja.
Y al igual que la metamorfosis que el cielo había exhibido con soltura, los ojos de Kiba se habían hinchado y deshinchado, sus mejillas se habían humedecido y secado, su llanto finalmente había cesado. Para cuando Akamaru movió una de sus orejas al percibir un sonido familiar, Kiba ya estaba completamente desecho, se había quedado sin lágrimas que llorar.
-Llevo mucho buscándote –se escuchó resonar la voz de una dama que captó la atención tanto del can como del shinobi.
-Lamento no haber llegado hoy –se disculpó él sin confrontarla visualmente mientras la rubia tomaba asiento en el columpio junto al que utilizaba el castaño.
-Pero si llegaste, ¿verdad? –corroboró Ino con voz calma, mostrándole las arrugadas entradas que él había comprado para el cine– Kiba yo…
-¿Vienes a despedirte? –Preguntó el ansioso ninja interrumpiéndola, levantando la cabeza para verla a los ojos y, al considerar que sus palabras habían sido un tanto toscas, se corrigió apresuradamente– es decir, está bien si así es. Lo entiendo, en serio –agregó con una triste sonrisa que dejó ver sus bestiales colmillos de entre la comisura de sus labios.
-No vine a despedirme, viene a buscarte –contradijo ella sonriéndole cálidamente– esperaba poder retomar lo que queda de nuestra cita, es tarde para el cine pero aún podemos ir a cenar –reprogramó rápidamente ante los asombrados ojos negros que vibraban sin cesar.
-Pero, ¿no vas a…? –quiso preguntar el shinobi de marcas rojas en las mejillas pero las palabras lo eludieron deliberadamente.
-¿Salir con Sai? ¿Ser su novia? –intentó completar la dama de ojos celestes un tanto risueña al imaginar con claridad lo que Kiba estaba pensando.
-¡Sí, ambas cosas! –exclamó poniéndose de pie casi de un salto para verla de frente e intentar averiguar qué demonios estaba pasando.
La florista se levantó para quedar a una altura más acorde a pesar de que ella era cinco o seis centímetros más baja que él. Entrelazó con grácil naturalidad sus brazos alrededor del cuello del despistado ninja y, tras dedicarle una mirada amorosa y un roce de narices, la dama imprimió un suave y amoroso beso sobre los labios del castaño y, tan solo entonces, Kiba logró relajar su rígido cuerpo. Y sin separar mucho sus labios de los del joven, la Yamanaka agregó– No puedo salir con él porque hay alguien que me gusta más.
-Ya veo –acotó el bestial y aliviado sujeto con una sonrisa que expresaba la más pura de las felicidades.
-Pero no creas que porque elegiste la película que yo quería ver puedes elegir donde cenaremos –advirtió la rubia retirando sus brazos del cuello del Inuzuka para cruzarlos a la altura del busto y darle fuerza a sus palabras.
-No pretendía un trato especial por la función del cine –se apresuró a argumentar Kiba dejándole ver que lo había mal interpretado.
-¿Ah no? –cuestionó ella aun escéptica mientras él negaba con la cabeza.
-Solo pensé que te divertirías si veíamos algo que te gusta –explicó desviando la mirada al ser consciente de que se estaba ruborizando– puedo soportar una o dos horas de cursilerías.
Enternecida por el gesto, lo tomó del brazo recargando su cuerpo parcialmente su cuerpo sobre el del domador de canes y con una mirada traviesa propuso un intercambio– En vez de eso, soporta una noche conmigo –pidió seductoramente apreciando como el rubor de Kiba se convertía en un notorio e intenso sonrojo que le cubría toda la cara– solo los dos.
-Todas las que quieras –accedió él rascándose la nuca para mitigar su nerviosismo y de inmediato se pusieron en marcha para disfrutar de lo que quedaba de un día que se había prestado tanto para confusiones como para revelaciones.
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Al día siguiente, mientras Ino y Kiba se despertaban debido a los primeros rayos de sol que resplandecían con más fuerza en el invernadero perteneciente a la florería Yamanaka, el último Uchiha esperaba impacientemente por su habitual compañera de caminatas matutinas.
Este extraño acontecimiento se había suscitado una mañana como cualquier otra, cuando el Uchiha y la Hyuga se encontraron de casualidad. Por ese entonces, Sasuke recorría sin rumbo las calles de Konoha intentando adivinar si su prueba había sido suficientemente convincente como para ser aceptado dentro de los escuadrones Anbu o bien calmar su imperceptible ansiedad, lo que sucediera primero. Mientras que Hinata simplemente había salido temprano de su casa para cumplir una misión como mensajera del clan Hyuga. Aun no salía el sol para cuando se toparon el uno con el otro y la falta de concurrencia en la vía pública configuró la excusa perfecta para no pasar de ser percibido y cruzar un par de palabras cordiales.
Caminaron algunas cuantas cuadras juntos, acompañados de una conversación que no los involucrara directamente. Hablaron de sus equipos, recordaron sus días como Genins, compararon a sus senseis y, antes de que la plática se tornara personal, se separaron sin acordar absolutamente nada.
Llámenlo instinto, suerte o destino según lo prefieran, pero el caso es que, al día siguiente, ambos volvieron al lugar donde se habían encontrado la mañana anterior. No hizo falta interponer alguna excusa sobre el motivo por el cual estaban allí, ambos los sabían a la perfección, lo leían en los ojos del otro así que cruzar mentiras para aparentar era algo cínico y hasta grosero, algo a lo que jamás recurrirían con tanta facilidad. Prontamente, el hábito se volvió costumbre con espontánea naturalidad, razón por la cual todas las mañanas concurrían al mismo lugar para intercambiar breves charlas, ya que Hinata debía volver a su hogar antes de que el desayuno fuese servido y notasen su ausencia.
Sin embargo, esa mañana la primogénita de uno de los clanes más prestigiosos de Konoha llevaba unos elegantes minutos de retraso y esto provocó que el Uchiha comenzara a impacientarse, aunque lo negaría contundentemente de ser cuestionado.
-Gomen Sasuke-kun –se disculpó la pelinegra desacelerando ese apresurado ritmo que sus pasos habían tomado al percatarse de la hora– se me hizo tarde.
-Solo por cinco minutos –mitigó su interlocutor, quien se encontraba recostado contra la valla de protección que dividía el armonioso paisaje, que tomaba por protagonista al río, de la ruidosa pero aun dormida Konoha.
-Sí, pero siempre llegas temprano –recalcó ella recuperando el aliento paulatinamente hasta normalizar su respiración– de seguro llevas varios minutos esperando.
-Te digo que no importa –insistió él alejándose de la valla para enderezarse y, encaminándose hacia la ruta habitual que tomaban durante sus caminatas, simulo desinterés en el tema. No obstante, no pudo con su genio y, al ver que Hinata lo acompañaba en silencio con la mirada perdida en el paisaje matutino, supo que ella no daría mayor explicación por lo que inconteniblemente agregó– pero no me molesta oír la razón por la que llegaste tarde.
-Sabía que preguntarías –soltó ella volviendo la vista sobre él para anonadarlo con su actitud y sonrisita traviesa.
-¿Eh? –Masculló él al ser tomado por sorpresa, pero reponiéndose velozmente argumentó con falsa apatía– solo me llama la atención que hayas venido cuando normalmente debes volver a tu casa para esta hora.
-Mi padre y Hanabi están en una misión diplomática fuera de Konoha por lo que hoy no tengo que cumplir horarios –comentó primeramente para posteriormente explicar el motivo por el cual no había podido llegar a tiempo– por esa misma razón me retrasé, tuve que esperar a que ellos se fueran de casa para poder salir.
-¿Eso significa que pasarás el día conmigo? –corroboró secamente el Uchiha, casi como si estuviera hablando de algo normal. No obstante, la Hyuga no lo tomó tan trivialmente y no pudo evitar sonrojarse cuando las orbes negras del joven se posaron sobre ella para pedirle una respuesta de manera silenciosa.
-Yo-yo… bueno –tartamudeó levemente al principio y logrando reponerse al clavar la vista al frente la pelinegra continuó con más elocuencia– no es que no disfrute de tu compañía pero de seguro tienes cosas que hacer y no me gustaría entretenerte más de lo necesario.
-Tengo que esperar a que me llamen así que en el entretiempo estoy libre –acotó él desmantelando el argumento de la dama que lo acompañaba.
-¿Te llamen? –repitió ella comprendiendo que finalmente le habían dado los resultados de su examen de ingreso a las filas Anbu– Eso significa que…
-Sí –se adelantó el poseedor del Sharingan y luego explicó– ayer por la tarde me llegó el pergamino de Kakashi.
-Oh, esas son grandes noticias –exclamó Hinata alegrándose sinceramente– felicidades Sasuke-kun.
-Gracias pero aun no contestas mi pregunta –presionó el azabache para volver al punto que le interesaba.
-Se supone que Neji me ayudará a entrenar hoy así que debo estar en casa antes de las cuatro de la tarde –manifestó ella dándole a entender que el hecho de que su padre estuviese fuera no la eximía de todas sus responsabilidades.
-Supongo que eso es un no –bufó Sasuke en señal de disconformidad.
-No lo puedo creer, el gran Sasuke Uchiha está desistiendo –siseó ella con una expresión divertida en el rostro mientras se cubría los labios con los dedos para encubrir su sonrisa.
-No desisto, me apego a los hechos –difirió él para luego resumir– no es no –estableció aparentando indiferencia.
-¿Y si como regalo de felicitación cocino el almuerzo para ti y para Juugo hoy? –sugirió Hinata proponiendo un punto medio entre lo que él deseaba y lo que a ella le era posible. El Uchiha se detuvo por completo para mirarla a la cara con el objetivo de corroborar que no se trataba de una broma sino de una oferta genuina y, al comprender que la Hyuga estaba hablando en serio, se sintió revitalizado.
-Eso suena tentador –acotó él primeramente, reanudando el paso con una media sonrisa en los labios para luego aceptar tácitamente– ¿te acompaño a comprar los ingredientes? –se ofreció considerando que si eran muchas bolsas sería un problema para la dama cargar con todo hasta su casa.
-No es necesario, puedes adelantarte si lo deseas –mitigó la peliazul desconcertándolo y luego esclareció– de esa manera puede avisarle a Juugo.
-¿Estás segura? –insistió el shinobi ya lógicamente que prefería disfrutar de la compañía de la dama unos minutos más que volver a su casa y esperarla.
-Hai, es mejor así –sentenció ella deteniéndose en la puerta de un mercado que recién abría sus puertas al público.
-Nos vemos después entonces –se despidió el joven y, una vez que la ojiperla se encontró dentro del local, emprendió el trayecto que lo conduciría hasta su hogar.
Hinata comenzó a tomar los ingredientes que se encontraban en los pasillos más estrechos pensando que esos lugares configurarían un espacio propicio para que gestara aquella charla que no podría evitar. Sin embargo y a pesar de las oportunidades que se esmeró en propiciar, aquella persona que la había seguido desde su paseo con Sasuke parecía no tener interés en abordarla. Por esa razón, cuando el último ingrediente se encontró en su posesión y ya solo le faltaba pasar por el mostrador para pagar sus compras, decidió tomar la iniciativa.
-Sakura-san –saludó la Hyuga de manera natural a una bien escondida pelirosa– llevo tiempo sin verte.
-Lo mismo digo –respondió con nerviosismo y sobreponiéndose con rapidez cuestionó– dime, ¿cómo has estado?
-Muy bien, últimamente no he tenido mucho que hacer así que me he dedicado a entrenar –comentó Hinata vagamente percibiendo la tensión en el cuerpo de su interlocutora.
-Oh ya veo, salir a caminar a la mañana debe ser una buena forma de entrar en calor –opinó Sakura mordazmente sin desearlo en verdad. Tal y como pensó Hinata, parecía ser que ese era un tema que no se podría evitar.
-Mis paseos matutinos no tienen nada que ver con mi entrenamiento –sentenció con calma pero rigurosa mirada la ojiperla.
-No quiero entrometerme en tus intereses ocultos –negó la Haruno sin ánimos de confrontarla. Sin embargo, su tono de voz hacía que sus frases sonaran mal intencionadas y cada palabra que decía parecía buscar una pelea.
-Claro que si –arguyó la peliazul con espeluznante seguridad.
-¿Qué dices? –inquirió la ninja médico sobresaltándose por tal afirmación.
-Desde que me separé de Sasuke-kun me seguiste buscando una oportunidad para tener esta charla casual –reveló de manera tan natural que lejos estaba de considerarse una acusación, casi parecía que estaba hablando de algo perfectamente normal.
-Yo no te seguí… ¡tú no me viste! –se trastabillaron las palabras de la dama de ojos color jade sobre la marcha y, sin saber cómo salir de una situación tan bochornosa, se percató de que comenzaba a enfadarse.
-Sasuke-kun no te vio, yo si me di cuenta pero no le dije nada –corrigió la de cabellos largos calmando un poco los nervios de su interlocutora sin lograr aplacar de igual modo su ira.
-¿Por qué? –preguntó desafiantemente la alumna de Tsunade considerando que se trataba de un truco o artimaña.
-No me gusta que haya mal entendidos entre nosotras –detalló la Hyuga sencillamente sacando de quicio a Sakura, quien comenzaba a apretar los puños con fuerza para contenerse– así que pregúntame lo que quieras ahora que estamos a solas.
-Tsk, no actúes como si fueras tú la que juega limpio ¿quieres? –solicitó la Haruno buscando desmantelar lo que ella creía era una pantomima de niña buena– solo haces que mi estima hacía ti se desmorone.
-¿Jugar limpio? –Repitió abriendo sus blancos los ojos de par en par y sin poder comprenderlo indagó– ¿De qué estás hablando?
-Yo fui sincera ¿lo recuerdas? –Consultó la pelirosa buscando mellar en su orgullo– Te dije claramente que quería salir con Naruto y ni bien te doy la espalda empiezas a salir con Sasuke como si fuera la cosa más sencilla del mundo –reprochó frunciendo el entrecejo.
-Con todo respeto Sakura-san, mi vida no te pertenece –dictaminó Hinata haciéndole saber que tenía necesidad ni interés en infórmala sobre su vida amorosa, y no satisfecha con eso agregó– y si alguien aquí tiene derecho a sentirse traicionado, ese es Naruto-kun.
-¡No metas a Naruto en esto! –le advirtió la ojijade perdiendo los estribos y sin detenerse a meditarlo en profundidad diferenció la situación– esto es entre nosotras y la cruel manera en la que me apuñalaste por la espalda.
-¿Recuerdas lo que te dije cuando me comentaste que saldrías con Naruto? –cuestionó la aun calma pero rigurosa Hyuga.
-Sí, lo recuerdo bien –respondió la Haruno despectivamente y con desdén. No obstante, esa charla que habían tenido en aquella ocasión resonaba en su cabeza con claridad.
-Pues es buen momento para que recuerdes quien es el hombre que siempre te ha querido y quien nunca lo ha hecho –sugirió la pelinegra buscando que los pies de su oyente tocaran la tierra y sus ojos se abrieran para ver la realidad.
-¡Hinata! –reclamó Sakura, espantada ante tal insinuación. Sin embargo, la Hyuga ya no tenía absolutamente más nada que decir por lo que decidió dar por terminada la conversación.
-Si me disculpas, tengo un almuerzo que preparar Sakura-san –se excusó la primogénita ante la pasmada kunoichi y, dando media vuelta para dirigirse hacia la caja registradora, se apartó de la boquiabierta dama.
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Para cuando Hinata llegó a las tierras pertenecientes al casi extinto clan Uchiha, Sasuke llevaba un buen rato recostado en el umbral que separaba la mencionada propiedad de la vía pública.
-Bienvenida –exclamó el azabache acercándose a la dama para tomar algunas bolsas de sus manos y cargarlas por su cuenta– por aquí –solicitó adentrándose por el lugar hacia la única residencia habitada.
-Gracias –acotó la peliazul siguiendo a su anfitrión con unos pasos de diferencia mientras examinaba el lugar superficialmente. Nunca había estado allí antes, se consideraba un lugar maldito cuando ella era niña por lo que no era usual que la gente rondara las cercanías. Sin embargo, ahora que se tenía la oportunidad de ver el lugar por su cuenta no le resultaba aterrador en lo absoluto.
-Son muchas cosas –opinó Sasuke mirando a su invitada de reojo sin voltearse completamente y luego cuestionó– ¿qué tienes pensado preparar?
-Pollo con salsa de tomate y verduras –informó ella clavando la vista en la espalda de su interlocutor– espero que a Juugo le guste.
-¿Juugo? –Repitió él un tanto desconcertado y, volviendo la vista al frente, preguntó de manera retórica– ¿que no es mi regalo?
Hinata rió imperceptiblemente por lo bajo antes de explicarse– tu adoras el tomate así que dudo que te desagrade, pero no conozco las preferencias de Juugo.
-Aun así… –farfulló Sasuke levemente inconforme sin intensiones de completar su frase al ver que Juugo los esperaba en el marco de la puerta de su hogar.
-Oh Hinata –soltó el hombre de ojos color café al constatar visualmente la llegada de la mencionada– Sasuke me contó que cocinaras para nosotros, es un lindo detalle opinó abriéndose paso para que la peliazul ingresara en la residencia de los jóvenes.
-Es lo menos que puedo hacer después de que Sasuke-kun lograra su meta –respondió ella con amabilidad mientras dejaba las pocas bolsas que cargaba sobre la encimera de la cocina, justo al lado de donde el Uchiha había dejado las suyas– ¿podrían prestarme un delantal? –solicitó mientras se lavaba la manos y al terminar, Juugo le entregó tal prenda de ropa.
-¿Necesitas ayuda? –indagó Sasuke al ver que, luego de amarrar el trozo de tela a su cintura, la mirada de la Hyuga recorría sus alrededores buscando elementos con los cuales comenzar la preparación.
-Solo para encontrar los utensilios –limitó la ojiperla con una sonrisa nerviosa.
El Uchiha se inclinó para retirar de una puertita bajo el lavabo una serie de elementos, entre ellos una olla grande, una sartén y una tabla para picar verduras. Luego se incorporó en toda su estatura y de un cajón extrajo un cucharon y una chuchilla.
-¿Con esto basta? –indagó el azabache sin estar seguro de haber propiciado todos los elementos necesarios.
-Hai, arigato –exclamó ella y de inmediato comenzó con la preparación.
-¿Quieres que te ayude con los vegetales? –inquirió Juugo a pesar que la destreza de la dama en la cocina lo había impactado. Se desenvolvía tan fluidamente que parecía haber vivido en esa casa durante toda su vida.
-No es necesario, Juugo-san –respondió ella sin detenerse.
-De acuerdo, cualquier cosa que precises no dudes en llamarme –resolvió el hombre de gran porte y considerando que sería mejor darle a Sasuke un tiempo a solas con su invitada añadió– estaré afuera colgando ropa si me necesitan.
-Gracias Juugo-san –manifestó la poseedora del Byakugan remitiéndose al silencio. El ahora Anbu se sentó en una silla frente a la mesa desde donde observó a la dama picar y sofreír algunos ingredientes por unos minutos.
-Te ves tensa –opinó abiertamente el pelinegro y luego preguntó– ¿te sientes incómoda con Juugo cerca?
-No, claro que no –negó ella contundentemente, esperando no haber dado tal impresión– ¿crees que él haya pensado eso?
-Lo dudo –habló con desinterés el Uchiha y sin querer dejar pasar el tema instó– ¿sucedió algo que quieras decime?
Debería calmarme de una vez, hasta Sasuke-kun presiente que hay algo raro en mí –pensó Hinata respirando hondamente para calmar las palpitaciones de su corazón, mismas que ella consideraba producto de su encuentro con Sakura sin percatarse de que la Haruno no tenía nada que ver.
-Nee Sasuke-kun –llamó ella pensando que sería buena idea decirle que esa impresión que él tenía era producto de su imaginación. Sin embargo, sus labios y su mente se desconectaron y terminó diciendo– ¿alguna vez sentiste algo por Sakura-san?
¡Maldición! –Se reprochó mentalmente mientras su rostro adquiría un notorio tono rojizo– ¿eso lo dije o lo pensé?
-¿Sakura? –repitió él sorprendido mientras su interlocutora solo deseaba ser tragada por la tierra o sufrir de un desmayo que la sacara de aquella bochornosa situación es la que se había metido por error.
-¡O-Olvídalo! –Pidió con dificultad la dama repentinamente para posteriormente soltar una risita nerviosa que buscaba desviar el tema– estaba pensando en otra cosa, no sé porque dije eso.
-Creo que Sakura es una buena persona –respondió él de todos modos captando por completo la atención de su oyente– y de seguro se esfuerza para hacer feliz a quien ama pero no es el tipo de mujer que me gusta.
¿Por qué me siento aliviada? –se preguntó la Hyuga sintiéndose aún más avergonzada que cuando le preguntó a Sasuke sobre sus sentimientos minutos antes– pensé que estas palpitaciones me estaban tratando de decir algo sobre Sakura-san, pero ahora creo que están intentando decirme algo sobre mi misma.
-¿Acaso no me crees? –preguntó Sasuke ante el prolongado silencio de Hinata.
-Claro que te creo, confió en ti –aclamó ella con naturalidad cayendo en la cuenta de que había perdido por completo el control de los pensamientos que comunicaba. Y, al percatarse de esto, tuvo que voltear levemente el rostro para constatar que Sasuke no se lo haya tomado a modo personal. Sin embargo, al ver que la vista del shinobi intentaba eludirla y que sus músculos parecían tensarse a la par que sus mejillas adquirían color supo que nuevamente había hablado de más.
-Arigato –masculló el Uchiha sin poder disimular su rigidez y sin saber cómo actuar.
-¿Por qué no vas por Juugo? –sugirió la pelinegra apagando el fuego de la estufa– esto ya está listo.
-Sí, buena idea –soltó con inusual prisa el joven mientras se ponía de pie para ir por su compañero de casa.
00000
Durante la tarde de ese mismo día Sakura no pudo seguir lamentándose de lo sucedido a solas así que, sin pensarlo dos veces, se dirigió hacia el negocio de su amiga en busca de consejo. No bien entró en la florería Yamanaka, Ino percibió la lúgubre aura que parecía rodear a la pelirosa.
-Vaya, te ves terrible –siseó sin filtros la rubia mientras su amiga se aproxima al mostrador donde ella estaba.
-Me siento terrible –aclamó la Haruno informando que no se trata de un mero asunto superficial.
-¿Por qué? ¿Qué sucedió? –preguntó la Yamanaka mientras le ofrecía a su interlocutora un asiento tras la caja registradora junto a ella.
-Es solo que vi a Sasuke con Hinata esta mañana –comenzó a relatar Sakura y luego hizo una pausa para enfatizar su incredulidad al cuestionar– ¿tu sabías que tienen paseos matutinos?
-Creo que Kiba me comentó algo de eso –respondió Ino como si se tratase de algo normal lo cual desorientó más a la pelirosa.
-Pues para mí fue una sorpresa y termine siguiéndolos –confesó la dama de ojos color jade un tanto abatida.
-Oh Sakura –exclamó la florista sintiendo un poco de pena por su amiga.
-Ya sé, ya sé, no debería molestarme –se adelantó la Haruno sabiendo que sería reprendida de otra manera y luego agravó el panorama al agregar– en especial ahora que mi relación con Naruto marcha a la perfección pero aun así me molesta, ¿crees que soy una persona horrible por salir con Naruto y celar a Sasuke? –cuestionó sintiendo que no sería capaz de lidiar consigo misma.
-Claro que no –indicó la dama de ojos celestes un tanto enfadada por aquella actitud derrotista que presenciaba– aunque lo que hiciste no fue correcto, no dudo de tus sentimientos por Naruto –estableció brindándole su confianza y luego alentó al decir– tampoco creo que estés enamorada de Sasuke, más bien creo que extrañas lo que sentías cuando estabas enamorada de Sasuke.
-¿Lo que sentía? –preguntó la alumna de Tsunade un tanto confundida ante aquella premisa.
-Quisiste a Sasuke durante toda tu adolescencia, cuando él no estaba aquí –acentuó Ino para posteriormente explicar las consecuencias que ese detalle trajo aparejado– así que, durante todo ese tiempo, te imaginaste un hombre a tu medida y créeme que Sasuke es muchas cosas pero no es un hombre perfecto –sentenció con dureza y naturalidad, como si se tratara de un hecho de conocimiento público y luego explicó otro factor relevante– sin mencionar que las emociones en esa edad se sienten más intensas y tendemos a exagerar un poco.
-Así te sentías con Sai –comprendió Sakura instantáneamente, vislumbrando la razón por la cual dejo de prestarle atención al pálido ninja con tanta facilidad.
-Sí, Sai fue importante para mí –concedió la Yamanaka sin pudor ni arrepentimiento– pero afianzarme a un recuerdo es estúpido porque solo inmortalizamos lo bueno del pasado –detalló de manera enroscada sintiendo la necesidad de esclarecer la hipótesis con un ejemplo verídico– Sai me rechazó una infinidad de veces y, aun así, eso es lo último en lo que pensaba cuando iba a buscarlo.
-Y por perdurar el recuerdo de ese sentimiento me comporte como una idiota –razonó repentinamente la Haruno recriminando su propio comportamiento– por Kami-sama, no quiero ni pensar en cómo se hubiese sentido Naruto si me hubiese visto perseguir a Sasuke y Hinata como una estúpida –manifestó imaginando el peor escenario posible para deducir con autocriterio– estoy siendo egoísta y descuidada.
-Al menos no lastimaste a nadie –mitigó la rubia quitándole seriedad al asunto.
-No estaría tan segura –difirió la pelirosa atormentándose con aquella discusión que había protagonizado.
-¿A qué te refieres? –cuestionó la florista demandando detalles y su amiga no pudo hacer más que soltar un hondo suspiro.
-Terminé confrontando a Hinata como si me hubiese traicionado –soltó Sakura de una sola vez esperando que su tormento fuese menor de esa manera.
-¡Baka! –Calificó Ino casi instantáneamente para luego ordenar– tienes que disculparte.
-Lo sé pero estoy tan avergonzada que no sé ni que decirle –profirió la ojijade sintiéndose insegura de como sobrellevar el enredo en el que se había metido– y para empeorar las cosas probablemente yo sea la última persona que quiera ver ahora mismo.
-Estoy segura de que te perdonará si le explicas que lo hiciste sin maldad –animó la Yamanaka considerando que su amiga exageraba– no soy una experta, pero es sabido que Hinata no es rencorosa.
-Tienes razón, arreglaré todo este tema más tarde –sentenció Sakura buscando cambiar de tema antes de perder por completo la razón– ahora ¿quieres decirme cómo es que estas tan sabia últimamente? –indagó insinuante.
-¿Qué te puedo decir? Alguien tiene que ser la lista del trio Ino-Shika-Cho mientras Shikamaru no está –argumentó la dama de ojos celestes y prontamente agregó– además ayer tuve esa experiencia de la que hablamos antes.
-¿Eh? ¿Paso algo con Sai durante tu cita con Kiba? –curioseó la Haruno, imaginándose un drama de novela.
-Más o menos –alegó un tanto indecisa la rubia para inmediatamente después relatar– antes de que Kiba y yo nos encontráramos, Sai se apareció por aquí para pedirme que saliera con él.
-¡¿Y lo rechazaste?! –preguntó Sakura concluyendo que, según la charla que había tenido minutos antes, eso es lo que había sucedido.
-¡Claro que sí! –Afirmó Ino contundentemente y un tanto ofendida fundamentó– No entiendo por qué te sorprende, Kiba no es mi segunda opción ¿sabes?
-Lo siento, lo siento –se retractó la pelirosa, después de todo ella sabía bien que su amiga no lastimaría a Kiba de esa manera– es solo que todo esto me parece tan irreal, es decir, que elijas a Kiba sobre Sai es tan extraño como…
-¿Cómo tu eligiendo a Naruto sobre Sasuke? –Ejemplificó la Yamanaka para comparar– ¿O Hinata eligiendo a Sasuke sobre Naruto?
-¡Sí! –afirmó ella comenzando a sentirse extrañamente cómoda en ese mundo que estaba cabeza abajo– supongo que todos hemos cambiado un poco.
-Los cambios son buenos –decretó la rubia con una sonrisa cálida en el rostro– nos ayudan a crecer y pueden ser muy interesantes –añadió pícaramente despertando interés en su oyente.
-¿Qué es lo que no me estás diciendo? –preguntó Sakura acusadora y perspicazmente.
-¡N-Nada! –exclamó la ojiazul con nerviosismo ya que su madre estaba regando las plantas en el invernadero en ese momento y, si bien estaban separadas por una gruesa pared, no quería tener esa conversación llegase a sus oídos.
-Ino, no me mientas en la cara –advirtió prepotentemente la Haruno para luego ordenar– dímelo de una vez.
-Bien, bien, lo diré –accedió sabiendo que la insistencia de su amiga podría alertar a su madre– Nuestros planes para la cita de ayer se frustraron un poco –comentó bajando la voz– así que solo fuimos a cenar pero, en lugar de volver a nuestras casas después de comer, vinimos aquí a charlar un rato a solas, ya sabes, para recuperar el tiempo perdido y antes de darnos cuenta…
-¡No me digas que pasaron la noche aquí! –articuló sorprendida y sonrojada la ojijade.
-Shhhh, ¡baja la voz! –Ordenó Ino marcando la irritación en su susurro– ¿quieres que medio Konoha se entere? –Regañó con molestia y, luego de ver como su amiga se cubría la boca con los dedos, admitió– terminamos durmiendo juntos.
-Oh por Kami –profirió Sakura aun emocionada pero de manera más discreta y luego preguntó– ¿y, qué tal?
-¡No esperaras que te de ese tipo de detalles! –vociferó la Yamanaka de tal manera que terminó cubriéndose la boca con sus propias manos.
-Vamos, no tienes que entrar en detalles –incentivó la Haruno con una mirada lujuriosa– puedes solo decirme que se siente y no preguntaré nada más al respecto.
-¿Te refieres a que tú y Naruto no han intimado aun? –inquirió Ino sorprendida debido a que hacía un buen tiempo que ella salía con el Uzumaki.
-Hemos estado cerca un par de veces pero siempre me pongo nerviosa, ya sabes que mis pechos no son exactamente atractivos, y en un santiamén comienzo a sentirme insegura –detalló la pelirosa colocando sus brazos frente a su pecho para tapar su busto.
-Que no sean voluptuosos no significa que no le resulten atractivos –diferenció la rubia para luego argumentar– además estamos hablando de Naruto, ya sabes que se emociona con facilidad y deja de prestarle atención a muchas cosas.
-Es verdad, pero también es cierto que te las arreglaste para desviar el tema Ino-cerda –recalcó la dama de ojos verdes queriendo volver a la conversación principal.
-Ya no presiones frente de marquesina, aun no sé cómo explicarlo –se defendió la Yamanaka irritándose levemente.
-Pues ve buscando las palabras, no tengo todo el siglo –presionó un poco más esperando mellar en su amiga.
-De acuerdo, de acuerdo –mitigó Ino ruborizada al recordar el momento en detalle– es extraño, doloroso y placentero a la vez –calificó visualizando con perfecta claridad los castaños mechones de Kiba, que iluminados por la luz blanquecina de la luna, se habían mecido sobre ella, cosquilleándole el rostro– cuando su respiración hacía eco en todo mi cuerpo supe que sería agradablemente adictivo.
-Vaya, suena como toda una experiencia –opinó sonrojándose al imaginarse en una situación similar con el Uzumaki– quizás si apago la luz pueda ganar el valor que necesito para unirme a Naruto de esa manera.
-Él es tu novio, deberías confiar en él sin necesidad de recurrir a trucos –regañó Ino arrepintiéndose al instante al considerar que estaba siendo muy dura con su amiga– pero supongo que por algún lugar se empieza.
-¿Si sientes tanta confianza por qué no formalizas tu relación con Kiba? –retó Sakura a modo de defensa.
-¿Quién te dice que no lo he hecho? –preguntó la rubia con una sonrisa pícara asombrando a su interlocutora.
-No pierdes el tiempo ¿eh? –fue todo lo que la Haruno pudo articular– no te veo un día y al siguiente me entero de que Kiba y tu son novios, dime ¿le dijiste a tu madre?
-Aun no, principalmente porque no es mamá quien me preocupa –confesó Ino mostrándose un tanto preocupada por aquel asunto.
-¿Tsume-san? –adivinó la pelirosa a lo que su amiga asintió. No era para menos, Inuzuka Tsume era una mujer tan intimidante y temida que no fue una sorpresa que el padre de Kiba huyera de su casa cuando éste aún era un niño.
-Ya sabes que ella un poco… eh bueno es…–masculló la Yamanaka sin poder encontrar un calificativo suave.
-¿Malhumorada? –sugirió Sakura.
-¡Si! –Concedió la rubia y luego explicó– Y si no doy una buena impresión a la primera dudo que tenga una segunda oportunidad.
-No creo que Kiba vaya a dejar de quererte si su madre no te aprueba –imaginó la Haruno sabiendo que el bestial shinobi adoraba a Ino– no es que sepa mucho sobre él pero se ve distinto desde que sale contigo.
-¿Distinto? –repitió Ino considerando que se trataba de una observación demasiado ambigua.
-Ya sabes, antes siempre parecía molesto –señaló la dama de cabello corto para luego diferenciar– al menor comentario se lo tomaba como si fuera una ofensa y ahora está más tranquilo y hasta maduro.
-De todas maneras no quiero que tenga problemas con su familia por mi culpa –declaró la mujer de una coleta decidiendo terminar con el drama al desviar la conversación de sus preocupaciones– en ese sentido tienes suerte, de seguro tus padres se alegraron al saber que sales con Naruto.
-Pensé que la noticia los iba a tomar por sorpresa –conmemoró la pelirosa molestándose un poco pero mostrándose calma– pero, en lugar de eso, los desgraciados se compadecieron de Naruto –contó arrancándole una carcajada a su amiga, misma que pronto se hizo extensiva y ambas terminaron riéndose de las ocurrencias de los padres de Sakura.
-De seguro tu padre bromeó a expensas tuyas –supuso acertadamente Ino sosteniéndose el estómago por el punzante dolor que las risas habían dejado.
-¿Acaso estabas allí? –Cuestionó la ojijade en broma para luego recriminar– Pudiste haberme prestado un poco de apoyo moral de haber sido así ¿no te parece?
-¿Estás loca? –Preguntó la Yamanaka manifestando su desinterés en meterse en una situación tan peligrosa– Ya tengo que lidiar con Tsume-san, créeme que es suficiente como para agregarle además a Mebuki-san.
-De seguro te trataría mejor que a mí –exclamó la Haruno exageradamente.
-Oh maldición –soltó Ino al ver el reloj de pared que colgaba a sus espaldas en la pared– se supone que tengo que estar en el hospital en quince minutos.
-Y yo en el palacio del Hokage en una hora –se alarmó Sakura al constatar la hora– espero poder encontrar a Hinata antes.
-Creo que Kiba me comentó que, por las tardes, Hinata entrena con Neji en su casa –informó la rubia sabiendo que tal dato le sería de utilidad– prueba suerte allí.
-Eso haré, gracias Ino –se despidió poniéndose de pie igual que su amiga y encaminándose a la puerta se despidió– nos vemos después.
-No te preocupes –profirió Ino acomodando algunas cosas antes de salir– solo no seas tan cabeza dura la próxima vez que hables con ella –mencionó antes de despedirse– adiós.
Sakura solo tenía una cosa en mente y esa era llegar a la residencia Hyuga cuanto antes. Tenía que solucionar el asunto sin dañar su orgullo, es cierto que se había equivocado y ahora tendría que pagar el precio de tal error pero eso no significaba que se iba a humillar. Y con esa simple meta en mente caminó a paso apresurado hasta la residencia Hyuga donde golpeó la puerta principal sin titubear.
-Ohayo –saludó a la dama de la rama secundaria que salió a recibirla para luego informar– estoy aquí para ver a Hinata.
-Hinata-sama está terminando su entrenamiento en estos momentos –comentó la mujer sin perder esa acartonada postura perfecta ni la rectitud en su tono de voz– ¿podrías esperarla en el recibidor?
-Claro, no hay problema –accedió la pelirosa intentando ignorar el hecho de que la mujer con la que estaba hablando parecía un soldado.
-Por aquí por favor –solicitó la Hyuga adentrándose en la morada seguida de cerca por la visitante y, al llegar al recibidor, agregó– le informaré Hinata-sama de su presencia de inmediato –estableció antes de retirarse.
La Haruno tomó asiento en uno de los sillones que allí se encontraban, y comenzó a recorrer el no tan estrecho cuarto con la mirada.
Todo esta tan limpio y ordenado –pensó la dama de ojos color jade– La disciplina se refleja en todo, hasta en el andar son rígidos –consideró recordando a la mujer que la había escoltado– Hinata desencaja mucho aquí y tengo que darle crédito por eso.
-Sakura-san –llamó la peliazul secándose con una toalla la transpiración, mostrándose sorprendida por la presencia de la mencionada– ¿se te ofrece algo? –cuestionó con precaución deseando que no surgiera una nueva discusión.
-Yo quería pedirte disculpas por lo que pasó hoy –anunció la dama de cabello corto mirando directamente los perlados ojos de su interlocutora– esta mañana me comporté como una niña maleducada y odiosa, yo tampoco quiero que haya malos entendidos entre nosotras así que…
-Sakura-san –interrumpió la Hyuga considerando que ya había oído bastante– ¿te quedas a cenar? –invitó aceptando tácitamente sus disculpas sin necesidad de otra explicación.
Después de todo, todos cometemos errores por diferentes motivos y el hecho de que Sakura mostrara la voluntad para arreglar las cosas entre ellas era suficiente para que Hinata la perdonara sin importar el motivo que tuviese para comportarse como lo hizo. La pelirosa sonrió ampliamente primeramente, encantada por la actitud de la ojiperla pero tuvo que denegar tal ofrecimiento.
-Se supone que debo ir al palacio del Hokage ahora –se excusó la Haruno buscando reprogramar otro encuentro para no perder la oportunidad de consumar ese encuentro– pero, si estas libre mañana, podemos salir a cenar
-Me parece buena idea –aceptó de inmediato la pelinegra con una sonrisa cálida de por medio.
-Perfecto, entonces me voy –se despidió encaminándose hacia el pasillo por el que había venido– hasta mañana, Hinata.
-Buena suerte Sakura-san –respondió la Hyuga cortésmente.
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-Volviste a perder –acotó Sasuke al ver las deprimentes cartas que el mazo había arrojado para Naruto.
-¡Ya me di cuenta! –Se quejó el rubio considerando que el comentario estaba de más– maldición, no puedo tener tanta mala suerte –exclamó exasperado.
El Uzumaki divisó al Uchiha desde la ventana de su hogar y al llamar su atención lo invitó a subir. Después de eso, los shinobis habían pasado dos horas jugando cartas en el apartamento de Naruto.
-No entiendo porque jugamos esto, tu eres terrible –señaló el azabache sin delicadeza alguna– además ¿qué gracia tiene un juego donde dejas todo librado a la suerte?
-Relájate, es solo para pasar el tiempo –mitigó el estruendoso shinobi barajando nuevamente las cartas y repartiéndolas. Sasuke hizo una mueca de inconformidad ante aquella premisa y le echó un vistazo a sus cartas.
-Lamento haber sido tan duro contigo –exclamó el poseedor del Sharingan sin querer darle especial importancia a tal disculpa.
-Lo regular es que, cuando le das una paliza de esta magnitud a alguien en un juego, en lugar de disculparte lo dejas ganar –profirió Naruto al ver que nuevamente la suerte lo eludía.
-¡No hablo de este estúpido juego de cartas! –bufó con molestia el Uchiha.
-¿Eh? ¿De qué hablas entonces? –cuestionó el desconcertado shinobi de ojos azulinos.
-Ya sabes –insinuó Sasuke sin lograr que su interlocutor comprendiera o intuyera algo, por lo que no le quedó alternativa más que especificar– cuando te presioné para que salgas con Hinata en lugar de Sakura.
-Oh ya veo –soltó Naruto al caer en la cuenta del tema que estaban tratando– ¿estás celoso? –cuestionó en broma con una maliciosa y triunfal sonrisa.
-¿Qué? No, claro que no –estableció el Uchiha contundentemente mientras el Uzumaki comenzaba a darle la seriedad que el tema requería– solo que no te di un buen consejo esa vez, intentaba decirte lo que era mejor para ti –relató con solemnidad aquel hilo de pensamiento que lo había hecho carecer de sincera empatía– cuando solo estaba pensando en voz alta que es lo mejor para mí.
-¡¿A ti te gusta Hinata?! –preguntó abierta y ruidosamente el rubio.
-No lo sé, ¿tal vez? –siseó el confundido pelinegro.
-No creas que no me he enterado de tus caminatas por la mañana –exclamó con picardía Naruto insinuándole la respuesta a la pregunta que él mismo había realizado y luego, con mayor mesura, alegó– ¿quieres oír un buen consejo? Sé sincero contigo mismo y luego sé sincero con ella, se lo merece ¿no crees?
-No lo sé –acotó Sasuke con incertidumbre exponiendo su pesar– si decido que no me gusta no podría romperle el corazón como tú lo hiciste.
-¡Oi eso no fue apropósito! –Replicó el Uzumaki tomándose el comentario como un regaño– no podía corresponderle cuando no me sentía de la misma manera que ella.
-Ya lo sé no te estoy juzgando –diferenció el azabache al ver que su oyente se lo había tomado a modo personal– solo digo que yo no podría hacerlo.
-Sin embargo a Sakura-chan si se lo has hecho, repetidas veces –enfatizó el hiperactivo shinobi para luego mencionar– ¿será que Hinata te importa tanto como para tomar esos recaudos?
-No lo sé, no quiero seguir pensando en eso –sentenció el de las orbes negras queriendo cambiar de tema sin que le fuese tan fácil.
-Quizás si la quieras después de todo –insistió el jinchuriki sin poder dejar de pensar en eso.
-Mejor concéntrate en esto –sugirió Sasuke volviendo a ganar en el juego y con mordaz sinceridad añadió– que es la séptima vez que pierdes.
No obstante, Naruto no tuvo tiempo de enfadarse ya que la puerta de salida comenzó a retumbar anunciando la presencia de un visitante inesperado. Ambos ninjas se miraron entre sí, era raro que el Uzumaki tuviese visitas sorpresa por lo que reaccionando lerdamente, el rubio se dispuso a recibir al sujeto que allí se encontraba
-¿Sai? –exclamó con sorpresa el hombre de ojos celestes después de abrir la puerta.
-Oh me alegra que ambos estén presentes –soltó el antiguo miembro de Raíz reconociendo a Sasuke detrás de Naruto– así puedo oír dos puntos de vista diferentes.
-Pasa –invitó el Uzumaki haciéndose a un lado para permitir la entrada del pálido shinobi.
-Gracias –exclamó adentrándose para sentarse frente a la mesita de centro donde aún descansaban las castas con las que habían jugado los jóvenes con anterioridad.
-¿Opinión sobre qué? –Curioseó el rubio sin poder contener el impulso de preguntar.
-Sobre este manual –especificó mostrando el libro, mismo que fue entregado a Sasuke para que le echara un vistazo y comprendiera la situación– se supone que el exceso de atención es una clara señal de interés amoroso o eso dice el libro –explicó para que Naruto vislumbrara la situación puesto que ambos azabaches sabían que el jinchuriki no tenía ningún interés en ojear el libro como lo estaba haciendo el Uchiha.
-¿Cómo puedes tomarte en serio esta cosa? –cuestionó el poseedor del Sharingan mirando de mala manera el libro, como si estuviese desacreditándolo.
-No es el único que señala los puntos que mencioné –explicó estableciendo que su razonamiento no provenía de una fuente unilateral de conocimiento y, con cierta desesperación, agregó– necesito ayuda.
-Estás demasiado nervioso –manifestó Naruto al contemplar el semblante del artista por lo que sugirió– ¿por qué mejor no te calmas y nos cuentas que sucedió?
-Ino me rechazó ayer y he pasado todo el día de hoy intentando descubrir la razón –reveló el dibujante, aún inmerso en la perplejidad que le produjo la respuesta de la dama.
-¿No hubiese sido más fácil que se lo preguntes? –inquirió con simpleza el Uchiha, como si se tratara de lo más normal del mundo. Sin embargo, Naruto fue quien atinó a sofocar el aturdimiento de Sai de la manera más efectiva posible, es decir, diciéndole la verdad. Para tal tarea se puso de pie y esbozó una expresión de absoluta gravedad.
-Sai, yo te diré porque Ino no quiere salir contigo –anunció induciendo al aludido a pararse con rapidez.
-¿Tú lo sabes, Naruto? –Cuestionó el shinobi de piel blanquecina mientras era tomado desde los hombros por su interlocutor mientras éste asentía. Tal seguridad logró generar cierta duda en el artista por lo que desvió la vista un momento para buscar explicación en la expresión facial de Sasuke.
-No me mires así, a mí también me tomó por sorpresa –aseguró el Uchiha notando el gesto de Sai, por lo que decidió apresurar la explicación del Uzumaki al pedirle con sarcasmo que continúe– edúcanos Romeo.
-Ino sale con Kiba –aseveró el jinchuriki dejando boquiabierto al hombre cuyos hombros soltó.
-¿Estás seguro? –fue todo lo que pudo articular Sai.
-Cien por ciento seguro –insistió Naruto sin dejar lugar a la duda al mencionar sus fuentes de información– ella y Sakura-chan son amigas, así que…
-No digas más –pidió Sai con estoica actitud a pesar de que se sentía completamente convencido de las palabras de su amigo Y dirigiéndose al último Uchiha con su habitual y falsa sonrisa pidió– Sasuke-kun ¿podrías devolverme ese libro? –Logrando que silenciosa pero atentamente el pelinegro le entregara el dichoso manual, pronunció solo una palabra más– Gracias –acto seguido se dirigió a la ventana del apartamento y, abriendo el libro en una página irrelevante, comenzó a arrancar trozos de papel de la misma para posteriormente arrojar los papelillos por la ventana en lo que configuró un mar de confeti sobre las calles de Konoha.
Todos los capitulos de relleno llevaran este nombre, lo hago así por si no se acuerdan que sucedió o en que nos quedamos con las parejas secundarias. Así lo pueden rastrear con mayor facilidad si lo quieren releer. Besitos y hasta el sabado!
Reviews
Tem: Pensaste que te tomaría siglos leer el capitulo xD Es la primera vez que no escribo gaamatsu, no es que matsuri sea mala en realidad sino que más bien esta obsesionada con gaara y por eso se comporta de manera irracional, viste que no admite que se separaron porque gaara no la amaba. Si se necesitan mucho, no son nada sin el otro y lo saben pero no por eso se contienen de pelear un poco xD Ya no habia espacio en este cap para kankuro por eso no salió además estaba intentando evitar a su hermana para que no lo siguiera regañando jajaja. Eso es, odia a Kirimaru con todo tu ser asi apoyas a shikamaru y temari, que para eso lo cree, él tiene que ser un deposito de odio. No entiendo porque carajo sigue enviando cartitas cuando nadie le responde, es decir, ya esta hombre, date por vencido y entendé que no le interesas. Besos y que estes bien!
Mari: Hola! lamento mucho los retrasos, yo también las extraño pero escribir consume mucho tiempo T.T Podrías imaginarte en el lugar de Yakumo y así ya no la odiarías tanto XD la verdad es que siempre he escrito gaamatsu, saino y demás asi que en este fic cambié todos mis parejas legendarias. La verdadera importancia de Yakumo aun no sale a la luz pero será un factor determinante para la consumación del shikatema. Pasa que Shika es humano también, va a tener sus momentos en los que flaqueará y será entonces cuando más necesite de Temari. No llores, intentaré no demorar tanto pero no prometo nada. Aun no viste mi lado más malvado, es solo un aviso xD Besitos!
fruit993: Si, Gaara finalmente dejará de ser un expectador y Matsuri no podría estar más obsesionada pero haya ella. Me alegra haberte enternecido yo tambien espero poder actualizar pronto. Besitos!
aika kaze: me alegra que te guste! espero te sigan gustando los caps ^^ besitos.
loveotaku17: Hola! Solo un poco de falta de sueño pero no es nada que no se pueda arreglar, aunque tengo que decir que el cariño que ustedes me dan al seguir la historia capitulo a capitulo hace que valga la pena. Siii en el cap anterior vimos a un Shikamaru más vulnerable y humano, en cuanto al asunto femenino mensual, me costó mucho encontrar a un hombre que lo entendiera y aunque no fue exactamente lo que relaté lo que hizo si se comporta de manera similar. Es que para Temari tampoco es facil dejar de lado su orgullo e invitarlo a dormir xD Fue Kishi quien hizo a Yakumo artista, segun Naruto, así es como manifestaba conscientemente su genjutsu, mediante cuadros que cobraban vida, asi que no puedo tomar el credito por eso. jaja Gracias por comentar! Besitos y hasta la próxima.
haruka: hola! me alegra que te haya gustado. Matsuri no es "mala, mala" solo esta un poco obsesionada pero ya se le pasara. Reiko tuvo que dar el primer paso porque sabia que Kankuro no lo haría, ya veremos como resulta todo entre esos dos. Muchas gracias por comentar! esperaré poder traer más shikatema pronto, besitos!
animacenas: Hola corazón! vos sabes que no importa cuando llegue el review ya que soy afortunada de que me dejes uno a cada cap y mucho más ahora que no puedo actualizar semanalmente. Pues si fue bastante tiempo, pero estaba complacida con el resultado, no es de mi caps favoritos pero tiene un monton de cosas que TENIAN que pasar para el futuro desarrollo de la historia así que espero no se les haya hecho muy insoportable, lo compensaré con el siguiente o eso intentaré. Me alegra oir que mis descripciones son detalladas porque no quiero dejar ningun cabo suelto, quiero que se imaginen la situacion tal cual lo hago yo sin tener que recurrir a la propia para llenar huecos. La situacion del cap anterior con Temari y Shikamaru, apuntaba a mostrar un Shikamaru más humano ya que hasta ahora solo hemos visto en profundidad el lado debil de Temari y no tan así el de Shikamaru. Claro que puede ser todo lo debil que quiera porque Temari siempre estará allí para apoyarlo sin importar lo que suceda. Creo que el amor y la confianza van de la mano así que me alegra haber podido dar esa impresion de dualidad. Muchisimas gracias por comentar y seguir leyendo mi historia, muchos besitos! PD: de haberme dado cuenta de que tenias tumblr te hubiese seguido mucho antes xD
danu: muy bienvenida! me alegra que te hayas tomado la molestia de comentar, significa mucho para mi que te hayas tomado el trabajo de hacerlo. Me alegra oir que te gusta la historia, cualquier cosa que te desagrade o no le encuentres coherencia sentite libre de decirmelo. Lamento ya no ser capaz de actualizar semanalmente pero si continuaré escribiendo y espero que sigas leyendo. ¡Besitos!
wicked charming: hola querida! Me alegra que te haya gustado el capitulo de san valentin porque algunas partes me sacaron canas verdes, como la descripcion de la musica que me le alegra haya salido bien pero estuve tres días con eso :'D igual valió la pena, me gusta dejar nada librado a la creatividad de ustedes sino que se imaginen a lo mismo que yo al escribirlo. Pobre Gaara es eficiente en todo lo que hace pero el amor no es precisamente su campo de accion ni el de kankuro xD mejor deja descansar a tus hermanos que me van a linchar un dia de estos! Aunque es verdad que el sarcasmo es el idioma oficial en su mundo. Si Yakumo y Reiko acuerdan que es son impredecibles y que por eso siempre es divertido estar cerca de esos dos. No te preocupes sobre los capitulos de anime donde salen esos dos que nos pasa a todas, estamos tan a la expectativa que no le prestamos atencion al resto del cap, por eso termino viendolo dos veces. En fin muchas gracias por comentar, me alegra que te haya gustado el cap y espero que eeste tambien sea de tu agrado a pesar de que sea relleno. Besitos!
Mitchel0140: Hola! Gracias me alegra que te guste, ultimamente no he tenido mucho tiempo disponible pero aqui esta la continuacion, espero te guste. Besitos!
