Disclaimer: Ningún personaje de Full Metal Alchemist me pertenece.
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Final. ¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Y acá está el epílogo que les prometí subiría hoy, aunque me da algo de penita despedirme... disfruté mucho escribiendo esta historia y espero que les haya gustado también. Como dije, y a penas esté lista, estaré de regreso con una nueva historia de esta pareja por si a alguien le interesa. De todas formas, quería agradecerles de todo corazón por haberla seguido de principio a fin, por haberle dado una oportunidad en primer lugar, y por haberme alegrado el día todas esas personas que se tomaron la molestia de dejarme un amable review. Gracias. A todos. Y, si no es demasiado pedir, me encantaría saber qué les parece el epílogo, que es realmente el final, y qué les pareció la historia en general también. Dado que aspiro a mejorar un poco día a día y su opinión resulta muy valiosa para mi. No los aburro más, ojalá les guste... Los agradecimientos especiales van al final. ¡Nos vemos y besitos!
Elección
XXVI
Epílogo
Se detuvo en seco, observando el lugar completamente vacío con sus ojos negros. Los pisos de madera lustrosa, el ambiente más espacioso, la gran ventana que daba a la ruidosa calle de Central, a dónde había sido recientemente transferido, con el nuevo rango de general, tras haber permanecido tres años siendo general de brigada en el Este. El camino era largo, y aún faltaba para que lograra alcanzar su ansiado objetivo pero de una forma u otra estaba convencido de que las cosas resultarían a su favor. Al menos las posibilidades eran altas, y siempre que tuviera a subordinados leales como los que tenía consigo, y siempre que la tuviera a ella cubriendo su espalda con esmero, como siempre, las posibilidades continuarían aumentando. Lo sabía. No, estaba convencido. Llegaría el día en que alcanzara la cima y se convirtiera en Fuhrer, y aún entonces la tendría junto a él ayudándolo a reconstruir el país. Incluso si un día lejano fueran condenados por los crímenes que habían cometido en Ishbal o no. No importaba realmente. Ese era el camino que los dos habían elegido recorrer, juntos. Y lo seguirían hasta el final.
Inhalando, atravesó el espacio vacío y se detuvo frente a la ventana, observando los coches ir y venir y la gente atareada moviéndose por las calles de Central y a través del cristal. Personalmente prefería el Este, no lo negaría. Era más calmo y generalmente el papeleo era menor, pero sabía que tarde o temprano terminaría en la capital de Amestris si lo que deseaba era convertirse en la piedra angular y aún con todo lo sucedido y el tiempo transcurrido realmente deseaba serlo. Si, aún sería feliz si tan solo pudiera protegerlos a todos con sus propias manos, y a eso era a lo que estaba apuntando ahora. Estaba más cerca, no lo negaría, pero aún tenían demasiado trabajo que hacer como para dormirse en los laureles. Incluso con su nuevo ascenso. Ishbal era uno de esos trabajos, pero afortunadamente el proyecto había evolucionado correctamente y las cosas estaban resultando bien con la reconstrucción de la ciudad. Sin mencionar que las negociaciones y relaciones continuaban en buenos términos, gracias a Scar –por más que odiara admitirlo- y al mayor Miles. Y gracias a la dedicación que todos ellos habían dedicado en construir un futuro mejor entre ambos.
Era optimista, no lo negaría. Hughes lo había llamado idealista e incluso entonces no le había importado. Ni siquiera le afectaba que lo llamaran simplista, porque podía serlo. Y podían llamarlo ingenuo o simplista por sus pensamientos e ideales. Por sus ambiciones. Por sus objetivos. Podían llamarlo como quisieran, pero cuando realizara aquello, sus ideales se convertirían en nada más que "algo que es posible". Eso había dicho a Hughes que haría, y por él, y por todas las personas que lo habían empujado hacia arriba, hasta donde estaba y hacia la cima, lograría su objetivo. Lo alcanzaría. Estaba determinado a hacerlo. Ciertamente que sería muy excitante llegar allí, Hughes.
Una voz severa lo sacó de sus cavilaciones —General, me alegro que disfrute la vista, pero aún hay demasiado que hacer —le reprochó. Volteándose, con una sonrisa arrogante en los labios, observó a su subordinada. La cual cargaba una caja en brazos. Detrás de ella venían Breda, Havoc y Fuery, los tres cargando cajas también.
—Sin duda una agradable vista, ¿no cree, teniente?
Riza exhaló y aferró firmemente la caja entre sus manos —Así es, general. Pero no tenemos tiempo. Aún debemos regresar al cuartel general, si mal no recuerda.
—¡Eso es Jefe! —se quejó Havoc, asomándose por detrás de la gran caja que cargaba. Cigarrillo apagado, como siempre, en la boca—. Y yo tengo que regresar al Este.
Roy frunció el entrecejo —Cuanto antes termines, Havoc, más rápido podrás marcharte.
Hawkeye negó con la cabeza —Esto es abuso de poder, general. No había necesidad de ordenarles también a los tenientes segundos Havoc y Breda y al sargento mayor Fuery que cargaran cosas. Nosotros podíamos hacernos cargo perfectamente de todo.
Havoc asintió —¡Eso, Jefe! Escucha a tu-
—Cierra la boca, Havoc —ordenó—. No podré descansar hasta estar completamente instalado.
Riza exhaló con calma observando al resto de los hombres ingresar con cajas también en sus manos. Fuery, maniobrando dificultosamente, se detuvo un instante —Ah... ¿A dónde quiere esto, general?
Roy señaló un rincón —Por ahí está bien, sargento. Aprecio su esfuerzo.
Los ojos de ella se suavizaron ligeramente —Gracias, sargento.
El joven sonrió amablemente y se enderezó tras depositar la caja con calma sobre el parqué lustroso. Sus lentes resbalándose por el puente de su nariz y hacia abajo —No es nada, teniente primera Hawkeye —aseguró. Se oyó un grito, y Breda apareció caminando rápidamente intentando escapar de Black Hayate que continuaba trotando alegremente tras el pelirrojo y meneando la cola, acompañado de la Shiba Inu hembra que habían decidido conservar dado que Hayate se había apegado demasiado a ésta. A la cual Riza había llamado White Nadare (Blanca Avalancha), en contraposición a Black Hayate (Negro Huracán) para consternación de su superior quien aún sostenía –desde que había nombrado a Black Hayate- que su teniente primera era terrible para elegir nombres. Mientras que a los cachorros los habían reubicado, dado que no podían conservar a los tres también. En poco tiempo la perra se había vuelto igual de disciplinada que Hayate.
Havoc rió, observando a Breda —Esto nunca cansa.
—Cierra la boca, ¡¿por qué demonios están estas cosas aquí?
Riza exhaló con calma —Aquí es donde vivirán, si mal no recuerda, teniente segundo. Y apreciaría que no llamara a mis perros, cosas.
El pelirrojo bufó y abandonó el apartamento para buscar más cajas y, más factiblemente, para huir de Black Hayate y White Nadare. Fuery y Havoc lo siguieron segundos después. Riza avanzó aún con la caja en manos, sólo para chocarse con su superior —General, está en mi camino —señaló con voz seria.
Roy tomó la caja que ella sostenía, apoyando sus palmas contra los dorsos de las manos de Riza. Una sonrisa arrogante en el rostro, mientras hacía girar con su dedo índice la banda dorada en el dedo anular, de la mano izquierda, de ella —Déjeme ayudarla, teniente. Después de todo, es mi deber —añadió, aún sonriendo y repitiendo palabras que ella había dicho muchas veces en el pasado.
Ella sonrió con calma —No recuerdo que estuviera entre los votos, general.
Él le quitó la caja y se inclinó rápidamente para besarla, antes de que ella le dedicara una mirada de reproche y le denegara el breve gesto —Estoy seguro que lo decía por algún lado, teniente. Algo sobre llevar cajas... ¿o era en mi contrato con la milicia? ¿Sobre cargar las cajas de mi subordinada?
Riza negó con la cabeza con calma —Estoy segura que en ninguno de los dos, general. Y no frente a los demás —le reprendió. Roy sonrió complacido de haber al menos robado ese mero gesto, dado que Riza aún se mantenía firme en eso de nada de demostración de afecto en público. Así como lo llamaba por su rango siempre que estaban de puertas para afuera (y a veces puertas para adentro también, generalmente cuando la enfadaba, o él optaba por usar los rangos en algún comentario) pues lo consideraba inapropiado de lo contrario. A pesar de que el mismo Fuhrer había asegurado que no había problema alguno en la unión de ambos (de hecho se había mostrado bastante entusiasta, lo que había generado ligeras sospechas en Hawkeye que habían quedado allí afortunadamente). No había esperado menos de ella, de todas formas. Hawkeye siempre había sido una persona privada y siempre había optado por mantener su vida privada, privada (valga la redundancia), y la profesional en la oficina. Y ese era el trato que él había aceptado también. Al que había accedido, cuando había decido unirse con ella legalmente y de la última forma en que podía hacerlo.
—Puedo cerrar la puerta, teniente. Si eso prefiere —sonrió. Y ella le dedicó otra mirada severa mientras tomaba la caja nuevamente y la depositaba encima de la que Fuery había dejado en un rincón.
Por supuesto, sus subordinados se habían mostrado entusiastas al respecto (demasiado entusiastas), mascullando algo sobre ya no tener que esconder sus mujeres del coronel por miedo a que éste fuera a arrebatárselas. Lo cual era absurdo. La sola idea de arrebatarle la teniente segunda Catalina a Havoc le daba casi tantos escalofríos como la idea de él saliendo con Olivier Mira Armstrong y dudaba que Breda y Fuery tuvieran una que ocultar de todas formas. Aún así, le había irritado el excesivo entusiasmo manifestado (algunos en el cuartel lo habían felicitad apasionadamente también, sospechaba que en el pasado les habría arrebatado alguna que otra novia) y se había recordado conseguirse subordinados mas leales una vez que se convirtiera en Fuhrer. A veces debo recordarme por qué elegí a estos hombres para que me apoyaran y siguieran hasta la cima. Se repitió por segunda vez, que eran hombres confiables cuando no estaban cometiendo una estupidez o abriendo la boca. Muy confiables.
Pero había resultado únicamente lógico para él, y para ella. Después de todo, ella le había entregado su vida, su dedicación y su espalda y le había confiado sus secretos todos esos años atrás y él había hecho lo mismo, depositando su vida en manos de ella para que juzgara sus acciones y le disparara por detrás de ser necesario. Y con ello habían cerrado simplemente el trato, sellado formalmente la promesa de continuar avanzando, recorriendo el mismo camino, sin importar a dónde terminara éste (o cómo lo hiciera), juntos. Y habían hecho todo el trámite de forma discreta, tal y como ella lo había querido. Alegando que aún tenían demasiado que hacer, demasiado trabajo y esfuerzo, como para estarse preocupando y deteniendo por trivialidades como bodas (a pesar del manifiesto desacuerdo de la teniente segunda Catalina) y demás cosas que sólo retendrían su avance. Y él había simplemente sonreído, y estado de acuerdo, porque no había esperado menos de la práctica y siempre responsable Hawkeye.
Y aún con todo, no era un secreto. Y suponía que nunca lo había sido. Por lo que simplemente habían hecho las cosas simples –tal y como ella había querido- y habían continuando avanzando y trabajando duro hasta el día en que finalmente alcanzaran la cima, juntos. Con ella a su lado, protegiendo su espalda con esmero. Si, había parecido únicamente lógico, y natural. Incluso para él.
Sonriendo, la observó mover una caja y se concentró en la alianza dorada alrededor de su largo dedo –áspero, de años de cargar armas consigo-, la misma alianza que estaba en el suyo —¿Sabe, teniente? Creo que Havoc tenía razón...
Ella lo observó de reojo, acomodando otra caja en el rincón del nuevo lugar —Eso parece poco probable, general. ¿En qué?
La sonrisa arrogante en los labios de él se extendió un poco más —Dudo que otra mujer me hubiera tolerado como mi teniente primera.
La expresión de Riza se tornó en una sonrisa leve y calma, casi invisible —Yo también lo dudo, general. Pero yo tengo la ventaja de que puedo dispararle cuando lo crea conveniente.
Él dejó una caja en el suelo y se acercó a ella, tomando unos mechones cortos de la nuca de ella y retorciéndolos suavemente. Lamentando la ausencia del resto del cabello dorado y largo que había cortado recientemente —Comienzo a pensar que es por eso que funciona, teniente. Y definitivamente prefería tu cabello largo.
Riza exhaló y sonrió con calma —El cabello crece, señor —señalando lo obvio.
Roy se inclinó y besó la comisura de su boca, lenta y suavemente, para luego enderezarse y caminar de nuevo hasta la ventana. Sus ojos negros fijos en determinada dirección. El edificio en que Gracia y Elicia vivían, el edificio en que Hughes había habitado junto a su familia —Ese idiota hubiera hecho un alboroto, de estar vivo.
Riza caminó hasta quedar a su lado y observó la dirección en que Roy estaba observando. Su semblante suavizándose levemente —Eso parece algo que haría el general de brigada, si.
Roy pasó una mano por su cabello, acomodándolo hacia atrás, y manteniendo los ojos fijos en el exterior del cristal. Su garganta se contrajo por un segundo. ¿Vas a abrazar a la mujer que amas con esas manos cubiertas de sangre? Su boca se secó. ¡He aprendido esto en el campo de batalla! ¡Vivir con la mujer que amas es una felicidad que puede existir en cualquier lugar! ¡Pero es la mayor felicidad que te puedas imaginar! ¡Haré cualquier cosa por conseguir esa felicidad! ¡Voy a sobrevivir! —Maldición... ese idiota... —dijo con la voz ahogada ligeramente. Hughes siempre había sido ridículamente exagerado, entusiasta y cursi. Incluso en Ishbal, incluso con esos ojos de asesino, había sido capaz de serlo. Lo cual, si lo pensaba, era ridículo también. Lo que hecho aquí... ¡Tomaré todo lo que he hecho aquí para mi mismo! ¡Y voy a sonreír cuando esté delante de ella! La voy a hacer feliz... Pero había estado en lo cierto.
Riza lo observó de reojo, Roy tenía la boca torcida firmemente en una línea y los ojos oscurecidos por la sombra que proyectaba su cabello sobre su frente —¿General?
Cerrando los ojos con calma, negó con la cabeza ¡He aprendido esto en el campo de batalla! ¡Vivir con la mujer que amas es una felicidad que puede existir en cualquier lugar! ¡Pero es la mayor felicidad que te puedas imaginar! ¡Haré cualquier cosa por conseguir esa felicidad! ¡Voy a sobrevivir! —No, no es nada, teniente —si... Quizá, Hughes había tenido razón. Y sospechaba que lo había hecho desde el inicio.
Si... el idiota de Hughes había tenido razón desde el inicio...
Sonrió —No es nada...
Alzando la vista de sus brazos cruzados sobre la mesa, parpadeó soñoliento. Se había quedado dormido, otra vez. Últimamente siempre se estaba quedando dormido, pero suponía que era entendible. Hasta que el ladrido de un perro lo despertó. Incorporándose, caminó hasta la puerta. Sus ojos dorados parpadeando aún e intentado salir de su estado de sopor. Su mano derecha rascando su nuca desprolijamente, desarmando su trenza —Ah... Maldición... es demasiado temprano... ¿quién demonios puede ser? —abrió la puerta, y una sonrisa se dibujó al ver a Den sobre el cartero, como de costumbre. Y debía admitir que, para variar, era agradable no ser el que estaba debajo de la gran perra blanca y negra. Esa pata de automail pesaba toneladas.
El pobre hombre se removió bajo el animal en vano —A-Ah... correo...
Ed sonrió y agarró las cartas de la mano libre del hombre, ordenando a Den a que se quitara de encima —Lo siento —sonrió, rascando su nuca avergonzado—. Heh... A veces hace eso...
El cartero se puso de pie, se limpió los pantalones y se marchó antes de que el can volviera a aplastarlo. Ed, observando una de las cartas con la ceja enarcada, regresó al interior. Girando el sobre de un lado al otro, sólo para ver que lo único que había en éste era el sello del cuartel general de Central.
La voz de Winry se oyó desde la habitación contigua —¡¿Ed, era otro cliente?
Sentándose en una silla de la cocina, volvió a examinar el sobre —No —oyendo los pasos de Winry acercándose hasta él, y el rostro de ella –curioso- asomándose por encima de su hombro para observar lo que estaba viendo.
—¿Del cuartel general de Central? —murmuró pensativa en voz alta, los largos mechones rubios a ambos lados de su rostro cayendo sobre el hombro de Edward.
El mayor de los Elric chasqueó la lengua —Más le vale a ese coronel bastardo que no esté pensando nada gracioso... —refunfuñó de antemano, abriendo el sobre blanco con torpeza. Sin embargo, parpadeó al ver que sólo se trataba de fotos y ninguna nota ni carta había sido adjuntada con éstas—. ¿Huh? ¡¿Qué demonios?
Winry señaló con un dedo —Son fotos.
—Ya sé que son fotos —se quejó, avergonzado. Como si él no lo supiera—. Seguro que es otra idiotez de ese coronel idiota.
Tomando la primera, la observó con determinación. Era una foto del sargento Fuery, sonriendo a la cámara, con una camisa celeste y manipulando una radio con auriculares sobre las orejas. La segunda, por otra parte, era una en la que se encontraban tres personas. De izquierda a derecha: El teniente segundo Havoc, de pie nuevamente, cruzado de brazos, con una ligera barbita rubia crecida en su mentón y el mismo cigarrillo apagado en los labios. Junto a él, en medio, Rebecca Catalina, con ambas manos en la cadera y vestida de civil con un vestido, una chamarra con piel arriba y aros de perla y un collar haciendo juego. Y a la derecha, el teniente segundo Breda. Con la misma cara aburrida de siempre. Todos en la tienda de objetos de Havoc.
Una foto del perro de la teniente primera echado plácidamente sobre una perra de su misma raza, blanca, y tres cachorros. Y finalmente dos del coronel y la teniente. La primera, de cerca, donde se veía a Mustang de pie, erguido y solemne, mirando al frente, con su uniforme y sombrero y un abrigo negro. Y junto a él, un poco más atrás -como siempre- se encontraba Hawkeye mirando a la cámara con expresión seria. Ambos visibles únicamente hasta los hombros. La segunda, por otro lado, era la misma foto sacada desde más lejos, donde se los observaba por completo, y un brillo dorado en las manos de ambos.
Ed sonrió de lado —Heh. Parece que el coronel bastardo finalmente dejará de preocupar a la teniente primera con sus tonterías.
Winry sonrió con calma —Riza-san se ve bien —observando a la mujer que había venido escoltando al hombre que se llevaría a Ed y Al a la milicia y recordando sus exactas palabras. A decir verdad, a mi tampoco me agrada la milicia. Después de todo, hay momentos en que debo asesinar personas. Cuando ella le había preguntado porque lo había hecho entonces, unirse a la milicia. Hay alguien a quien debo proteger. Pero nadie me obliga a hacerlo. Sólo lo hago por voluntad propia. Yo escogía asesinar a las personas... hasta el día en que la persona a quien debo proteger logre su ansiado objetivo.
En aquel entonces, Winry había admirado –aún cuando sólo la había conocido por unos instantes- a Riza Hawkeye, porque ésta era fuerte. Y capaz de hacer lo que ella jamás había podido, proteger a aquellos que eran importantes para ella. Ed y Al lo habían perdido todo, y ella solo había sido capaz de verlos sufrir y llorar por ellos. Cuando habían perdido sus cuerpos e incluso cuando habían quemado su casa, pero nunca había podido hacer por ellos nada más. Y ellos no le decían nada tampoco. Riza, sin embargo, había hecho lo imperdonable por esa persona. Había arriesgado su propia vida, e incluso había matado. Solo por ayudarlo a alcanzar su objetivo.
En aquel entonces, Winry había creído que esa devoción, era amor. Ahora sabía que había estado en lo cierto.
Atrás de la foto, había algo garabateado con una letra familiar. Ed la dio vuelta y sonrió. Pronto estaré recuperando mis 520 cenz, Acero. Ese coronel bastardo aún era un idiota. Firma: General Roy Mustang. Si... un idiota.
Observando a Winry, sonrió -su abdomen abultado creciendo día a día- mientras ésta tomaba las fotos y las colgaba en la plancha de corcho sobre el mueble junto al pasillo, con el resto. Con las fotos de ella y de Al y de él de niños y con las fotos de Pinako también frente a las tumbas de Trisha Elric y Van Hohenheim. Y de las quimeras y de Al y May en Xing. Todas las fotos. Todas las personas que los habían ayudado y visto recuperar sus cuerpos. Incluso el bastardo coronel Mustang y la teniente primera Hawkeye.
Una lección sin dolor no tiene sentido. Eso es porque no se puede ganar algo sin sacrificar nada a cambio. Sin embargo, una vez que hayas soportado el dolor y lo hayas superado, ganarás un corazón más fuerte que todo lo demás.
Y todos ellos habían aprendido su lección. Todos habían perdido algo, pero habían ganado algo a cambio
Si... Todos habían ganado algo...
...nunca más estarían solos...
Así es... Un corazón de acero...
Nunca lo habían estado realmente
Agradecimientos especiales a: inowe, Lucia991, Sangito, Anne21, Evelyn Fiedler, HoneyHawkeye, okashira janet, Alexandra-Ayanami, Noriko X, Arrimitiluki, kaoru-sakura, Maii. Hawkeye, yoake. laberinto, Eiserne Lady, isidipi, Sunako Jigoku, licht.2, anónimo/a, Demona 0, lizzie kinomoto, Winly Elric y Elizabeth992. Gracias, a todos. Por sus amables reviews y por haber agregado mi historia a Alerts y Favorites, respectivamente. ¡Gracias!
