-¿Vas a salir a enfrentarlo alguna vez?- preguntó una voz a sus espaldas.

Bella se encontraba sentada en su cama, con los libros esparcidos por todos lados y un lápiz entre los labios. Levantó la vista hacia Jacob, su compañero de habitación y lo miró confundida.

-¿Enfrentar a quién?- respondió desganada.

-A tu novio. Ha estado todas las tardes de la semana en la entrada del Instituto junto a su motocicleta.- contestó apuntando hacia afuera.- Debe haber hecho algo muy malo-

-¿De qué estás hablando?- inquirió asustada. Se levantó de un saltó y se asomó por la ventana que daba a la entrada del edificio. Ahí estaba él.

Edward se encontraba sentado en los escalones con las manos en la cabeza y los hombros caídos. Podía ver una luz entre sus dedos y humo rodeándolo.

Eran las ocho de la noche y llevaba casi tres horas ahí. Estos pasados días habían sido una tortura para él. Cada vez que la llamaba o le enviaba un mensaje, no recibía respuesta y lo tenía muy alterado. Decidió que venir y quedarse en Seattle hasta que las cosas se arreglaran sería una buena idea. Salvo que no contaba con su silencio.

-No tenía idea que estaba aquí- murmuró insegura mirándolo a lo lejos.- ¿Por qué no me contaste antes?-

-Pensé que lo estabas ignorando deliberadamente- respondió.- Se ve como la mierda- añadió sin saber si entrar en detalles. Ella tampoco se veía nada bien.

-Nosotros… nosotros hemos peleado hace unos días. Necesitaba espacio- comentó mirando el suelo.

-Si no quieres hablar con él, puedo decirle que se vaya- inquirió.

-¡No, no lo hagas!- replicó nerviosa. No creía que fuera buena idea. Necesitaba verlo. Ya era hora.

Le gustaba pensar que había estado esperándola todos estos días, acompañándola en estos momentos tan duros. Maldita sea, no tenía las agallas para enfrentarlo y contarle. No había contestado sus mensajes por miedo a confesarle su embarazo y echar todo a perder.

-No sé si estoy preparada para hablar con él-

-No debes hacerlo si no quieres. De seguro estará mañana- comentó Jacob desinteresado entrando en el baño, ajeno a todos sus problemas.

Sus piernas temblaban con ansiedad y sus manos cosquilleaban de anticipación. Lo extrañaba demasiado, a pesar de todo.

Rápidamente se calzó unos botines y salió a su encuentro. No tenía corazón para dejarlo solo, menos después de todos estos días en que ya lo había hecho.

Lo encontró aplastando la colilla de un cigarro con el zapato y jugueteando con las llaves de su moto entre los dedos.

Tragando fuertemente, se plantó frente a él con todo el coraje que pudo reunir.

-Isabella- susurró sorprendido al notarla. Se levantó de un salto y pasó sus manos por el rostro para quitar el cansancio de sus ojos. Bella le sonrió tímida, sin saber que decir.

-No tenía idea de que estabas aquí- musitó abrazándose por el frío. Sus dedos picaban a sus costados.

-No quería agobiarte… no realmente- comentó con una sonrisa a medias. Sabía que parecía un acosador durante estos días. Muchos estudiantes lo quedaban mirando cuando llegaba en su moto y simplemente se sentaba a esperar. Así fue durante unos infinitos siete días. No comía, no bebía nada, solamente fumaba sus Marlboros como si con eso fuera suficiente.

-No era necesario que lo hicieras, Edward- argumentó nerviosa.

-Necesitaba hablar contigo, pero no contestabas mis mensajes- añadió en su defensa.

-Te dije que necesitaba tiempo-

-Lo sé, pero no sé cómo vivir sin ti- respondió encogiéndose de hombros, rendido. A Bella se le hizo un nudo en la garganta. Siempre sabía cómo desarmarla.

-Edward, yo…- no sabía cómo dirigir esta conversación. Había tantas cosas por decir, cosas que cambiarían sus vidas para siempre.

-No necesitas decir nada, Bella. Solo quería asegurarme que estabas bien- ella lo observó detenidamente. Jacob tenía razón, no lucía nada bien. Sus ojos verdes estaban apagados, había ojeras en su rostro muy acentuadas y juraría que estaba más delgado.

-Tú no luces muy bien-

-Es porque no lo estoy- respondió estirando un brazo hacia ella. Solo necesitaba un pequeño roce. Bella ansiaba que avanzara la distancia y la tocara y que toda esta mierda terminara, pero Edward rápidamente bajó la mano en un puño.

Ninguno de los dos se atrevía a decir una palabra. Ambos estaban muy asustados con lo que podría pasar.

-¿Por qué no me dijiste cómo te sentías?- inquirió herida, recordando el porqué de su pelea.- ¿Por qué no me contaste?-

-No quería preocuparte con mis problemas. Pensé que lo tenía bajo control, pero como todo se me escapó de las manos- concluyó agotado, levantando los brazos.

-¡A la mierda con eso, Edward! Soy tu novia, por supuesto que todo de ti me preocupa- argumentó.- ¿Qué acaso no confías en mí? ¿Todavía crees que soy una nena de papá que no se interesa por nada? ¿Qué no me intereso por ti?-

-Por supuesto que confío en ti. Es en mí en quien no confío- respondió alterado. No estaba pensando con claridad en estos momentos, su cercanía lo ponía fuera de órbita.

-¿Te gustaría que no te contara lo que me sucede?- gritó exasperada, transmitiendo todos sus miedos de una vez.- ¿Cómo te sentirías?-

-Como la mierda-respondió sin espacio a dudas.- Bella, es diferente. Todo lo que te concierne me interesa-

-Pues para mí es lo mismo. ¿Todavía te quedan dudas de cuánto te necesito en mi vida?- preguntó con la voz quebrada. No podía llorar, tenía que ser fuerte.

-Isabella, por favor, no llores- murmuró desolado.

-Te necesito en mi vida- sentenció abrumada, juntando las agallas para decir lo que tenía que decir.

-Haría cualquier cosa por ser tu todo, Bella- musitó acercándose finalmente a ella. La abrazó entre sollozos y besó su frente. Extrañaba tanto su aroma, su cálido cuerpo. No la dejaría ir nunca más.

-Estoy embarazada- pronunció entre lágrimas. No podía aguantarlo más, no sola.

¿Qué? El mundo se detuvo por unos instantes. ¿Embarazada?

-¿Es…estás segura?- preguntó dudoso. Sintió su rostro volverse blanco y sus manos sudaban.- ¿No estás bromeando?- Bella lo miró como si quisiera ahorcarlo.

-¡Por supuesto que no estoy bromeando, idiota!- gritó colérica entre gemidos.- Tengo un retraso de dos meses-

-Pero… pero puede que sea un error- comentó confundido.

-Ya me hice tres pruebas de embarazo. Todas positivas- concluyó nerviosa. ¿Qué haría con su vida? ¿Con sus estudios y su familia?

Se sentó en los escalones y escondió su rostro entre las rodillas, no podía detener las lágrimas. Estaba tan perdida. Edward se acercó a consolarla rápidamente, envolviéndola entre sus brazos.

-Tranquila, mi amor- acunó su pequeño cuerpo entre sus brazos y la mantuvo ahí. Se sentía tan perdido como ella.- Yo cuidaré de ti, de ustedes- aseguró.

¿Iba a tener un hijo?

Una solitaria lágrima cayó de sus ojos, la cual limpió enseguida. No sabía si estaba preparado para algo así, para cuidar a otro ser humano, pero no pudo evitar sentir un tibio hueco en su corazón.

Iba a ser papá de alguien.