LA SUERTE ECHADA

—Capítulo 26—

Perona daba vueltas una y otra vez sobre la cabeza de Mihawk intentando ver las cosas que se encontraba trabajando. —Zoro, ¡hasta qué hora piensas dormir! —exclamó molesta. Su jefe se había despertado temprano como siempre y llevaba largo rato perdido entre sus documentos. Podía escuchar de vez en vez cómo soltaba pesados suspiros y movía su cuello levemente de un lado a otro, seguía cansado. La chica se mordía el dedo pulgar sintiéndose impotente, cómo le gustaría estar ahí para ayudarlo. Sin embargo, al menos por ahora, dependía totalmente del peli verde para hacer su trabajo.

Algunas veces se dedicaba a pensar en lo diferente que hubiera sido su vida si Dracule Mihawk no le hubiera dado la oportunidad. «Ni si quiera lo intentes, ese hombre no tiene trato con nadie», le habían advertido una y otra vez. Incluso los primeros días en que había comenzado a trabajar en la mansión se mostraba distante con ella. Sin embargo, con el pasar del tiempo, fue comprendiendo que aquella actitud tan fría no representaba lo que realmente era. «Siempre se preocupa por nosotros y nunca ha permitido que nos falte nada». Realmente le tenía un gran aprecio.

Tras un largo rato su jefe bajó el libro de contabilidad que sostenía entre las manos y se puso de pie masajeando ligeramente sus hombros, salió de la oficina y para sorpresa de Perona se dirigió hacia el cuarto donde ella reposaba. La casa aún estaba vacía y sus pasos hacían un suave eco sobre el largo pasillo. Mihawk entró sin hacer ruido, como si no pretendiera despertarla.

El cuerpo de la chica gótica vestía un hermoso camisón que Bon Clay ya le había terminado. De no ser por el respirador artificial y por otros aparatos conectados a su cuerpo parecería que sólo estaba durmiendo. El hombre de los ojos amarillos se acercó a la ventana y corrió las cortinas para iluminar el lugar, se sentó junto a la chica y clavó su atención en la ventana que daba al jardín.

—Dicen que es bueno hablarles a las personas que se encuentran en coma, que parte de su cerebro sigue manteniendo la conciencia —soltó de repente. El espíritu se acercó a él con especial atención—. He tenido tanto trabajo que no me había hecho un tiempo para venir a confesarte lo mucho que extraño tu compañía, a fin de cuentas eres mi mano derecha y sin ti las cosas no son iguales.

Los ojos de Perona se llenaron de lágrimas, jamás le había dicho algo así. Su jefe se giró hacia ella y tomó entre sus dedos un pequeño bucle de su rosa cabellera para retirárselo del rostro y se lo acomodó detrás de la oreja —si hubiera tomado la decisión de formar una familia… me hubiera gustado tener una hija como tú: ambiciosa, inteligente y, aunque no lo demuestres abiertamente, con un gran corazón. Recupérate pronto, chiquilla.

Le acomodó levemente la almohada, revisó que todo estuviera en orden y salió de la habitación para regresar a su oficina.

El espíritu de Perona se quedó sollozando un largo rato sin saber qué decir. Mihawk era su mentor y lo más parecido a un padre que había tenido en toda su vida. Aquellas palabras la tocaron en lo más profundo «debo encontrar la forma de volver, en verdad… quiero volver», pensó mientras se acercaba a su propio cuerpo intentando una y otra vez conectarse con él sin lograr el mínimo resultado.

• • •

Zoro llevaba poco de haberse levantado y un par de grandes ojeras adornaban su rostro. Se encontraba bajo la lujosa regadera de la recámara principal disfrutando del agua que corría sobre su cuerpo y le ayudaba a aclarar sus ideas.

Había sido una noche difícil. Tras pensárselo una y otra vez había decidido seguir adelante. Debía guardar las apariencias con Mihawk y continuar con su vida. Si había pasado todos esos años escondiendo su secreto de Koshiro podría hacerlo nuevamente. «Fingir que nada más existe, fingir que soy una persona normal…»

Era triste saber que sólo Law y Basil eran capaces de verlo como algo más que un enfermo mental.

Tocó con suavidad los puntos de sutura que adornaban su muslo, a pesar de que su pierna todavía no estaba totalmente curada al menos ya podía caminar libremente y volver a moverse por su cuenta. Cerró la regadera y tomó una toalla. En cuanto abrió el cancel y puso un pie fuera pegó un fuerte grito de sorpresa,

—¡QUÉ HACES AQUÍ!, ¡LARGO! —se tapó rápidamente con la toalla sin poder esconder el rubor en sus mejillas. Perona se encontraba flotando por ahí, al verlo desnudo desvió la mirada y se cruzó de brazos,

—tranquilo, no vine a espiarte, sólo necesito hablar contigo… —Zoro chasqueó la lengua molesto,

—¿no podías esperar a que saliera del baño? —exclamó de mala gana mientras se reponía de la sorpresa,

—aquí podemos hablar libremente, así que deja de lloriquear.

El peli verde tomó asiento un instante y se rascó la cabeza —habla de una vez —demandó,

—necesito que vayas a mi departamento y traigas la libreta con la que siempre trabajo, si se la das al jefe creo que podrá serle de mucha ayuda, tengo un juego de llaves extra en mi escritorio, puedes usarlas para entrar sin ningún problema,

—¿eso es todo? ¿esa es tu gran urgencia? —preguntó el joven con sarcasmo,

—no… también necesito algo más… —la chica gótica entrelazó los dedos de su mano y comenzó a juguetear con ellos en forma nerviosa—, por favor… ayúdame a volver a mi cuerpo cuanto antes, ya no puedo esperar—. Zoro volteó hacia ella con cierta sorpresa, no recordaba haberla escuchado pedir algo de buena manera —no comprendo por qué eres el único que puede verme, pero nadie más puede ayudarme… hace rato intenté por mi cuenta acercarme al cuerpo, pero todo parece imposible — la fantasma se tragó su enorme orgullo e inclinó la cabeza con respeto—. Por favor, sin ti no puedo hacerlo.

El peli verde soltó un pesado suspiro, en parte estaba de acuerdo en terminar con ese asunto de una vez por todas. Tal vez, con el pretexto de ir a la ciudad por la libreta de Perona y por algunas de sus pertenencias, podría hacerse un tiempo para visitar a Basil y arreglar el problema… también debía ver a Law y a Corazón, estaba preocupado por el incidente de las flores.

—Está bien, sólo deja que termine de arreglarme —para su enorme sorpresa la joven le regaló una enorme y sincera sonrisa,

—gracias, ¡esperaré afuera!

El espíritu atravesó la puerta dejando finalmente que Zoro se vistiera, «dudo que algún día pueda comprender lo que sucede en su cabeza» pensó el peli verde. Por un momento aquella chica le había parecido una buena persona, cosa que estaba seguro que no era.

Tras hablar con Mihawk sobre la necesidad de ir a la ciudad el mayor aceptó sin oponerse, con la única condición de que llevara una escolta y fuera transportado en auto, pues tenía estrictamente prohibido tomar una motocicleta. Así que, por más rabietas que el joven pudiera hacer, no le quedó más remedio que aceptar.

Al salir de la mansión un auto negro ya lo estaba esperando con la puerta del copiloto abierta. El peli verde entró de mala gana y se cruzó de brazos, lo menos que deseaba era andar de un lado a otro con niñera.

Lo siento, Zoro-san, pero yo sólo sigo órdenes —exclamó Coby apenado—, usted dígame dónde necesita que vayamos y lo llevaré con gusto —Zoro miró por la ventana y soltó un suspiro, cómo le hubiera gustado manejar su vieja motocicleta, la sensación de viajar en auto no le resultaba tan placentera,

—por cierto, Coby, ¿qué pasó con mi moto después de la persecución? —hasta ese momento se había acordado de ella, el custodio se encogió de hombros apenado mientras echaba a andar el motor,

—se la robaron,

—¡¿QUÉ?! —el peli verde casi se le va encima al escuchar eso,

—¡lo siento mucho! cuando mis compañeros regresaron a la escena del crimen ya no estaba, ¡levantamos un acta pero no ha aparecido! —el peli verde se agarró el rostro con la mano derecha escondiendo su frustración, había ahorrado mucho para poder comprársela —perdóneme Zoro-san, no debí dejarla ahí tirada, pero usted sangraba demasiado y…

—no fue tu culpa, Coby, no tienes por qué disculparte —lo interrumpió—, esa persecución fue culpa mía.

El auto comenzó a avanzar y detrás de él, otro más lleno de custodios. Perona, que flotaba en el asiento trasero se acercó a Zoro —¿crees que sea prudente que todos ellos nos acompañen? A fin de cuentas vamos a ver a un espiritista ¿no es así?

—ya veré qué hago —susurró Zoro bajito, tendría que inventar un pretexto para ver a Basil sin que pensaran que era un completo lunático. «¡Eso es!», la idea se le ocurrió de repente.

El peli verde sacó su móvil y le mandó un mensaje a Law para que se reunieran en la casa de Basil, ahí no tendría problema para hablar libremente con Corazón.

—Coby, antes de pasar al departamento de Perona necesito ir a otro sitio, verás… Law ha estado bajo mucho estrés desde que recibió las flores y ha concretado una cita con su "asesor espiritista" —el joven custodio lo miró de reojo sin decir palabra—, lo sé, suena como un loco ¿no es así? Pero para él es importante verlo, así que deseo acompañarlo… ah, y por cierto, si puedes guardar esta información entre nosotros, te lo agradecería,

—de acuerdo, Zoro-san, como usted diga —Coby recordó las palabras que Hina le había dicho con anticipación, no debía entrometerse en la vida privada de sus clientes, si el pobre Zoro tenía un amigo loco no debía tomarle importancia,

—Coby, sólo quiero hacerte una pequeña advertencia, el lugar es algo… tétrico, por lo que será mejor que me esperen afuera —agregó con una sonrisa de lado viendo como el custodio tragaba saliva.

Zoro colocó las palmas de sus manos en la nuca y reclinó ligeramente el asiento, Law lo había utilizado un sin fin de veces para su propio beneficio, así que ahora era su turno. «Además, no creo que le importe», pensó. A fin de cuentas, gracias a Corazón, esa fama de loco ya la tenía.

• • •

Smoker llevaba toda la mañana dentro de una enorme hemeroteca revisando uno por uno periódicos antiguos que trataban noticias sobre magnicidios. Rocinante había tomado nota de la muerte de al menos cuatro competidores de Joker; y tras examinarlos detenidamente pudo descubrir que Doflamingo había desarrollado un patrón para llevar a cabo sus crímenes.

Primero se encargaba de generar algún escándalo para manchar el nombre de su oponente; tras la humillación pública era cruelmente asesinado. Su heredero o mano derecha resultaba ser el culpable del magnicidio, y la empresa, en caos total al quedarse sin dirigente, era vendida al mejor postor, quien por lo general resultaba ser el emporio de Donquixote.

Había buscado los expedientes de aquellos casos, pero todos habían desaparecido como por arte de magia. Dentro de los archivos policiales toda la investigación de Rocinante había sido borrada del mapa.

«Si ese hombre sigue actuando con el mismo procedimiento debería encontrar nuevos casos», concluyó.

Tras revisar por horas finalmente una noticia había llamado su atención. Hace dos años un magnate pesquero de nombre Edward Newgate fue asesinado por su hijo mayor, Marco. Tras un escándalo por vender peces en mal estado la empresa entró en un caos total y, justo como sospechaba, había sido absorbida por la «Donquixote Family», quien desde ese entonces controlaba casi todo el puerto comercial. «Una gran pantalla para el tráfico de armas», pensó.

Eso era, tenía finalmente un caso actual que podía investigar. Lo primero sería hablar con el joven preso y escuchar su versión de la historia. Después, encontrar el expediente actual del caso y averiguar quién en la estación de policía se encargó de inculparlo. Teniendo ese hilo podría empezar a desatar la madeja hasta descubrir quién de los altos mandos era el traidor a quien estaba buscando…

Ahora sólo necesitaba gente con quien pudiera contar, no podía ir él mismo a realizar aquella entrevista, pues levantaría demasiadas sospechas. Tomó su móvil, salió de la hemeroteca con una copia de la noticia y llamó a Dracule para ponerse de acuerdo en el siguiente paso.

• • •

Tras dar unas buenas vueltas intentando reconocer la dirección Zoro finalmente dio con el sitio que estaba buscando. Se trataba de un enorme terreno cuya cerca estaba tan tupida de enredaderas que resultaba imposible ver hacia adentro. Los dos autos se acercaron a la puerta principal, Coby acercó la mano al interfón para apretar el timbre, pero antes de que pudiera hacerlo la puerta se abrió sola.

—Pasen, los estaba esperando —se oyó una voz grave desde el aparato.

Las puertas revelaron un antiguo cementerio que rodeaba una casona que al parecer había fungido como iglesia mucho tiempo atrás. Coby sintió un terrible escalofrío recorrerlo por la espalda, se aferró con fuerza al volante y se encogió ligeramente.

—¿Seguro que quiere entrar aquí? —preguntó. Zoro lo tomó del hombro para darle ánimos mientras que el joven pisaba lentamente el acelerador. En cuanto los dos autos entraron los portones se cerraron tras ellos. El peli verde miró hacia el otro auto, donde el resto de su guardia parecía igual de asustada,

—bien, yo bajaré aquí, ustedes pueden esperar afuera de la casona si gustan o regresar por los portones que llegamos, lo que no les recomiendo es tomar asiento en las tumbas, puede ser de mala educación,

—e… esperaremos dentro de los autos, no se preocupe por nosotros —, comentó el joven custodio intentando parecer valiente. El viento comenzó a silbar de una manera fúnebre helándole la sangre—, es nuestro deber permanecer cerca de usted.

Zoro ladeó la cabeza impresionado, tenía que confesar que ese chico tenía agallas —está bien, no sé cuanto tiempo tarde, pero pónganse cómodos —bajó del auto, metió sus manos en los bolsillos y comenzó a caminar hacia la casa atravesando un pedazo del cementerio. Perona se acercó a él y comenzó a avanzar a su lado sin decir palabra, admirando las formas de las antiguas tumbas y atenta al silbido del viento.

—¿No te atemoriza un lugar como éste? —preguntó curioso al verla tan tranquila,

—la verdad es que me gustan los cementerios, son lugares apacibles —confesó la fantasma, sin embargo, cuando vio que la puerta de la casa se abría sola pegó un grito y se escondió detrás de Zoro,

—¡vaya! no te dan miedo las tumbas, pero sí una puerta eléctrica —se mofó el peli verde quien no pudo ocultar una sonrisa al entrar en aquel lugar.

Hacía ya un par de años que no se aparecía por la casa de Basil, pero al parecer nada había cambiado. El aroma a incienso y el calor de las velas siempre le había parecido reconfortante. Las paredes estaban tapizadas por pequeños muñecos vudú y por gran cantidad de artilugios relacionados con la magia y la adivinación.

—Roronoa, sabía que vendrías —al fondo de una enorme estancia divisó a Basil, quien al parecer estaba entretenido leyéndole las cartas a Law. Corazón, como siempre, curioseaba entre las vitrinas llenas de sellos y objetos malditos. En cuanto volteó hacia donde estaba Zoro pegó un fuerte grito de espanto,

—¡un fantasma! —exclamó al ver a Perona, cayó de espaldas y su cuerpo quedó atravesado por una de las vitrinas,

—¡tú eres el fantasma! —gritó la joven que también lo miraba sorprendida. Zoro se tocó la frente y soltó un fuerte suspiro,

—¿podrían los dos comportarse por un momento? —miró hacia Basil, quien bajó sus cartas atento a lo que sucedía a su alrededor,

—veo que has traído contigo un espíritu interesante —el rubio se acercó a Perona, quien corrió a refugiarse tras la espalda de Zoro,

—¿acaso él también puede verme? —le preguntó al peli verde,

—no puedo verte con la misma claridad que Roronoa, pero puedo sentir tu presencia y escuchar tu voz —contestó el médium,

—Zoro-ya, ¿qué está pasando? —preguntó Law, quien no comprendía en lo absoluto lo que sucedía a su alrededor. Zoro se tomó unos instantes para explicar lo que sucedía mientras que Basil paseaba alrededor de Perona con curiosidad.

—…Ella no está muerta, pero no sabemos cómo regresarla a su cuerpo —fueron las últimas palabras del relato. Corazón se acercó hasta Perona y estiró uno de sus dedos para tocarla atravesando su piel,

—¡déjame en paz! —exclamó la joven asustada,

—Perona, no tienes nada de qué temer, ambos son espíritus y no hay manera en que pueda hacerte algún daño —explicó Basil mientras tomaba asiento en una mesa redonda e invitaba al resto a hacerlo también,

—¡de todos modos dile que no me toque! —Corazón pareció ofendido y se fue a colocar al lado de Law con los brazos cruzados.

—Bien, ¿alguno de ustedes sabe lo que es un viaje astral? —preguntó Basil,

—tengo entendido que es la creencia de que el espíritu puede abandonar el cuerpo que habita, ¿no es así? —respondió Law,

—en efecto, el espíritu queda libre mientras el cuerpo está inconsciente, se cree que a través de una meditación profunda la gente puede desdoblar su alma para separarse… por lo que puedo sentir Perona se encuentra en esa situación. Es por eso que no despide un aura fría y tampoco es capaz de mover objetos, pues se trata de una proyección, no de un ser formado de energía,

—Cora-san tampoco puede mover objetos, sólo incendiarlos —comentó Law, quien recibió un fuerte toque frío detrás de su cuello a manera de escarmiento,

—un fantasma puede concentrar su energía en un punto y materializarla por fracción de segundos, es por eso que pueden mover objetos, en el caso de Rocinante su control es tan malo que sólo produce calor, ahí no hay nada que pueda hacer para ayudarlo,

—así que sólo es torpe —agregó Zoro con una sonrisa, Law soltó una suave risa provocando que al fantasma se le encendieran las mejillas.

—Si sólo soy una proyección, entonces, ¿por qué no puedo sentir mi cuerpo? —preguntó Perona retomando el tema. El médium tomó su baraja y comenzó a repartir el tarot dejando una carta frente a cada uno de sus visitantes. Volteó la primera que estaba frente a Perona y como si ahí estuviera la respuesta, prosiguió,

—tú no llegaste a ese estado por gusto, sino que fuiste expulsada de tu cuerpo, pero no todo está perdido, puedo sentir todavía el «cordón» que te une a tu ser —la joven empezó a mirar alrededor suyo sin poder encontrarlo—, no te preocupes, puedo ayudarte a reconocerlo, pero necesitaría ir a donde estás físicamente y colocar un sello sobre tu cuerpo,

—así que será necesario hacerte entrar en la mansión —exclamó Zoro, tal vez el mejor momento sería cuando Mihawk no estuviera, en definitiva Basil no pasaba por una persona "normal" y no deseaba que lo conociera.

El médium volteó la segunda carta que estaba frente a Corazón y soltó un pesado suspiro —Rocinante, ¿cuánto tiempo más planeas permanecer en este mundo? —el fantasma colocó ambas manos sobre los hombros de Law,

—ya te he dicho que no me iré, me quedaré hasta que así lo quiera —no sentía mucha simpatía por Basil, ya en el pasado había intentado colocarle un sello en la frente para hacerlo desaparecer,

—te he explicado lo que sucede con los espíritus que se niegan a partir, tarde o temprano tu memoria se irá borrando hasta que olvides el motivo de estar aquí, es un final triste —Corazón le dio un abrazo a su protegido helándole el cuerpo y acercó su dedo a la carta con la intención de prenderle el fuego, sin embargo, en cuanto tocó aquel objeto sintió una descarga eléctrica que le quitó la intención al instante,

—no es bueno que toques los objetos que uso para los exorcismos —advirtió el médium sin perder la paciencia—, menos si no puedes controlar tus movimientos.

La tercera carta que destapó fue la de Law, quien tragó saliva al ver que se trataba de «El diablo» ninguno de los presentes tuvo dudas sobre la identidad de aquel individuo

—Trafalgar, debes tener cuidado, hay alguien que quiere hacerte daño,

—lo sé —exclamó el médico con el rostro pálido. Zoro le colocó una mano sobre el hombro en señal de apoyo,

—Corazón, ¿quién entró al departamento mientras Law se bañaba? —el espíritu bajó la vista hacia la carta que acababan de revelar,

—fue mi hermano en persona. Venía acompañado de otros dos hombres corpulentos igual que él. Uno de ellos, apodado Diamante le abrió la puerta. Intenté detenerlo pero no pude, así que corrí hacia Law para alertarlo. Doflamingo colocó el ramo sobre las cobijas, estaba por irse pero escuchó la regadera y dio unos cuantos pasos hacia el baño con la intención de abrir la puerta, fue entonces… que conseguí darle un fuerte empujón y tirarlo al suelo —los presentes lo miraron con asombro, así que de vez en cuando lograba hacer bien las cosas—, mi hermano se sorprendió bastante, no sé si fue eso lo que lo convenció de salir, pero retrocedió y con el mismo sigilo desapareció. «Pronto nos veremos», fueron sus últimas palabras antes de cerrar la puerta.

Basil, que escuchaba sin hacer preguntas innecesarias, le lanzó una segunda carta, esta vez Perona tuvo que taparse la boca para no soltar un gemido.

Era "La muerte".

Tiró algunas más y comenzó a interpretarlas en voz baja para lograr llegar a una conclusión. "La torre", "El colgado" y por último "La fuerza".

Viene un momento oscuro —fue lo primero que dijo—, estas tres cartas se irán revelando en su debido momento, debes recordarlas, pues son ellas quienes te ayudarán a evitar que "El diablo" se haga contigo.

Un silencio casi sepulcral se hizo presente, Zoro intentó animar un poco a su amigo, no permitiría que nada malo le pasara, ni a él, ni a Mihawk.

Finalmente y tras barajar de nuevo las cartas destaparon la suerte de Zoro… "El loco", soltó un pesado suspiro al verla. —Así que esa carta me perseguirá por siempre —exclamó en voz baja. Su segunda carta tirada fue "El juicio",

—no malinterpretes tu suerte, pronto llegará el momento en que tengas que enfrentar tu destino.

Zoro soltó un suspiro, ahora recordaba el motivo por el cual siempre le afectaban las reuniones con Basil. Una y otra vez le salían las mismas cartas y su compañero contestaba exactamente lo mismo «llegará el momento».

«Sí, llegará el momento en que vuelva al psiquiátrico», pensó con sarcasmo.

Un hombre que ninguno de los presentes había visto se acercó hasta Basil con una pequeña nota, el médium le dio un vistazo rápido y soltó el aire con pesadez.

—Roronoa, hay un sitio donde necesito ir, por favor, acompáñame —el peli verde, se puso de pie y negó con las manos,

—¡no, no volveré a prestarte mi ayuda, cada vez que lo hago termino en problemas! —los demás observaron curiosos, ni siquiera Law había estado presente en algún trabajo de Basil,

—en una casa no muy lejos de aquí vive una mujer con su niña pequeña. Ahí habita un fantasma al que no he terminado de comprender, siempre que llego se niega a moverse o a hablar, permanece horas sentado en el mismo sitio, pero esta vez parece ser que atacó a la pequeña… su cuerpecito amaneció lleno de arañazos y temen que se vuelva más violento,

—para eso no necesitas mi ayuda —contestó el peli verde—, simplemente haz que se retire ¿no es el exorcismo tu especialidad?

—yo no soy un médium tan fuerte como tú, si no puedo saber la identidad del fantasma, me costará mucho más expulsarlo de la casa, necesito que te acerques e intentes dialogar con él antes de tomar la decisión,

—vamos Zoro, no puedes negarles tu ayuda —agregó Perona, Law también lo miró de reojo,

—no reprimas tu don, debes aprender a usarlo adecuadamente —insistió el rubio—, hazlo por esas dos mujeres que no pueden defenderse solas.

El peli verde, al sentir la mirada de todos sobre él, soltó un quejido resignado —de acuerdo, pero esta es la última vez,

Basil se puso en pie —entonces, andando.

Law y Perona parecían entusiasmados, ninguno de ellos habían presenciado la expulsión de un espíritu. Corazón, por su parte, no tenía muchos ánimos de asistir, sin embargo no tenía opción, seguiría a Law a donde él deseara ir sin oponer resistencia.